¿Qué es la Biblia Vulgata?

2 may

¿Qué es la Biblia Vulgata? 

Vulgata, realizada por San Jerónimo de Estridón por encargo de San Dámaso I.

La Biblia latina utilizada antes de la Vulgata, la Vetus Latina, no fue traducida por una única persona o institución y ni siquiera se editó de forma uniforme. La calidad y el estilo de los libros individuales variaba. Las traducciones del Antiguo Testamento provenían casi todas de la Septuaginta griega.»[0]

«Vulgata (en latín vulgata editio, ‘edición popular’), edición de la Biblia latina calificada de ‘auténtica’ por el Concilio de Trento. En su acepción original, el nombre se atribuyó a la ‘edición común’ de la Septuaginta griega utilizada por los primeros padres de la Iglesia. Más tarde se trasladó a la antigua versión latina (la Ítala) del Antiguo y del Nuevo Testamento utilizada con gran frecuencia durante los primeros siglos de la Iglesia occidental. La actual composición de la Vulgata es en esencia obra de san Jerónimo, doctor de la Iglesia.

En principio, san Jerónimo recurrió a la Septuaginta griega para realizar su traducción del Antiguo Testamento, incluyendo partes de los deuterocanónicos; más tarde consultó los textos hebreos originales. Elaboró tres versiones de los Salmos, llamados Romanos, Galos y Hebreos. El Salterio Galo, basado en una transliteración griega de un texto hebreo, es el que hoy puede leerse en la Vulgata. A petición del papa Dámaso I, en 382, Jerónimo se había encargado con anterioridad de una revisión del Nuevo Testamento. Corrigió de forma exhaustiva los Evangelios; pero los especialistas no se ponen de acuerdo acerca de si las ligeras verificaciones realizadas en el Nuevo Testamento son o no obra suya.

Durante los 12 siglos siguientes, el texto de la Vulgata fue transmitido cada vez con menor precisión. El Concilio de Trento reconoció la necesidad de un texto latino auténtico, y autorizó el examen de las versiones corruptas que habían perdurado. En 1546, se decretó que la Vulgata sería el único texto latino autorizado para la Biblia. Esta revisión es el texto en latín básico que todavía utilizan los especialistas. Una moderna reelaboración del mismo, a instancias del papa Pablo VI como resultado del Concilio Vaticano II, fue completada en su mayor parte en 1977. Se utilizó para elaborar los nuevos textos litúrgicos en latín que representaban el fundamento de las liturgias vernáculas decretadas por el Concilio.»[1]

«Probablemente fue en el año 382 que el Papa Dámaso I le pidió a Eusebio Hierónimo, conocido ahora como San Jerónimo, hacer una revisión de las versiones latinas de la Biblia comúnmente usadas. El año siguiente este erudito entregó al papa su primer trabajo, la revisión de los Cuatro Evangelios, indicando que había comparado el viejo latín y el griego. En el Antiguo Testamento empleó la Septuaginta pero después decidió que debía traducir del hebreo original.

Así nació la Vulgata, realizada por San Jerónimo de Estridón por encargo de San Dámaso I. Jerónimo, quien nació aproximadamente en el 345 d.C.: en Strido (Dalmacia), al Noroeste de Grecia. Siendo adulto, se consagró a la vida cristiana asceta.

En el 382 d.C.: el obispo de Roma le solicita organizar las varias versiones del latín. En compañía de sus amigos, Jerónimo viajó a la tierra Santa y se estableció su residencia en Belén, donde pudo completar el Antiguo Testamento. En el 384, Jerónimo, terminó su revisión de los cuatro evangelios. Para poder hacer la traducción, consiguió la ayuda de unos rabinos judíos. Los muchos cambios que hizo en el latín viejo motivaron varios ataques por parte de críticos enojados. ¡Aun Agustín temía que al emplear el texto hebreo del Antiguo Testamento, Jerónimo había puesto en tela de duda la inspiración divina de la versión LXX! Pero al fin la superioridad de la nueva versión conquistó el reconocimiento que merecía, de manera que llegó a llamarse la Vulgata, o sea la versión “común.”

Para poder hacer la traducción, consiguió la ayuda de unos rabinos judíos. Los muchos cambios que hizo en el latín viejo motivaron varios ataques por parte de críticos enojados. ¡Aun Agustín temía que al emplear el texto hebreo del Antiguo Testamento, Jerónimo había puesto en tela de duda la inspiración divina de la versión LXX! Pero al fin la superioridad de la nueva versión conquistó el reconocimiento que merecía, de manera que llegó a llamarse la Vulgata, o sea la versión “común.” Vulgata, significa “común” o “comúnmente aceptada”. En el tiempo de Jerónimo, Vulgata se aplicaba o a la Antigua Versión Latina o a la Septuaginta (la traducción griega del Antiguo Testamento); las dos eran comúnmente aceptadas. En el 1546, en el Concilio de Trento, esta versión recibió el titulo oficial de Vulgata, pero había sido recibida generalmente mucho antes de esto. Según la enciclopedia wikipedia” La versión toma su nombre de la frase vulgata editio (edición para el pueblo) y se escribió en un latín corriente en contraposición con el latín clásico de Cicerón, que San Jerónimo dominaba. El objetivo de la Vulgata era ser más fácil de entender y más exacta que sus predecesoras.

San Jerónimo en su estudio, fresco de Domenico Ghirlandaio, 1480 (Ognissanti, Florencia)

Al pasar el tiempo, la Vulgata pasó por varias revisiones.

Jerónimo elaboró tres versiones de los Salmos, llamados Romanos, Galos y Hebreos. El Salterio Galo, basado en una transliteración griega de un texto hebreo, es el que hoy puede leerse en la Vulgata.

El Doctor Gonzalo Báez-Camargo comenta que «La autoridad otorgada por la Iglesia a la Vulgata, en sus ediciones sucesivas, hizo que los escrituristas occidentales fueran perdiendo interés en el texto griego. Casi hasta nuestros días se seguían haciendo versiones sólo del latín de la Vulgata. No obstante, se siguieron sacando copias del texto griego siglo tras siglo hasta la invención de la imprenta, y aun después, como se ve por algunos códices en minúscula que datan nada menos que del propio siglo XVI. A diferencia de las autoridades religiosas judías, las cristianas no instituyeron un textus receptus griego. Fue el texto latino de la Vulgata el que se consideró oficial. Con el resurgimiento de las humanidades clásicas y del estudio del griego antiguo que el Renacimiento trajo consigo, vino también un gran florecimiento escriturístico. Bajo la influencia de eminentes humanistas como Lorenzo Valla y Erasmo -que era a la vez el primer helenista y escriturista de su tiempo-, y de otros, se hizo destacar la anormalidad, porque eso era, de que se estuvieran haciendo retraducciones del latín de la Vulgata, en vez de traducciones directas de los textos hebreo y griego de la Biblia a las lenguas modernas. Dramáticamente, Santos Pagnini llevó la cuestión al punto de producir una versión del Antiguo Testamento directa del hebreo al latín contemporáneo, la cual Reina utilizó mucho en su versión. » [2]

En el siglo XIII en París surgió la necesidad de una Biblia para ser usada más fácilmente. Stepehn Laugton, un teólogo destacado de la Universidad de Paris, arregló la Vulgata en la moderna división de capítulos. La Vulgata suma ahora 10.000 manuscritos o más. Ha sido copiada mas que cualquier otro libro en al era cristiana. Después de la septuaginta es la traducción más importante que se ha hecho. La Vulgata predominó como la Biblia de Europa occidental por 1.000 años cuando al final de la Edad Media la demanda de conocimiento de la Escritura aumentó drásticamente, fue la Vulgata la que primero fue traducida a los idiomas del pueblo. La Vulgata fue el primer libro importante en ser impreso. Alrededor de 1450 Joham Guttenberg de Mainz, Alemania, perfeccionó el uso de los tipos movibles. En 1546 fue publicada la Biblia Guttenberg.

La enciclopedia Wikipedia comenta que «San Jerónimo tradujo por primera vez directamente del hebreo al latín todo el Antiguo Testamento. En cuanto a los Salmos, hay tres versiones de Jerónimo, el salterio Romanum de 384, que revisó la Vetus latina ajustándola a la Septuaginta; el Gallicanum de 391, que usa como fuente la Hexapla de Orígenes; y el Hebraicum traducido

completamente del hebreo en 405. Jerónimo usó manuscritos arameos en la traducción del libro de Tobit y Judith, en tanto se limitó a recoger las versiones existentes de los otros deuterocanónicos o apócrifos, que colocó en una sección aparte. No se sabe con seguridad si tradujo todo el Nuevo Testamento o simplemente revisó las antiguas traducciones latinas, cotejándolas con los manuscritos griegos.» [3]

«Jerónimo procuró ser fiel al texto hebreo que tenía; sin embargo, la Vulgata tiene varias desventajas para el trabajo de la crítica textual. Una de ellas es la libertad con que tradujo Jerónimo. Tenía el decidido propósito de producir una traducción en buen latín, y por lo tanto la Vulgata no es una traducción literal. Por esto, con frecuencia es difícil determinar con precisión el texto hebreo del cual se tradujo.

Por otra parte, la versión fue hecha después que se uniformó el texto hebreo. Por lo tanto, en los pasajes en donde se puede reconocer cuál fue el texto hebreo traducido por Jerónimo, este generalmente concuerda con el texto hebreo que hoy se conoce; y en aquellos pasajes en donde difiere, debe reconocerse la probabilidad de que el texto haya recibido la influencia, directa o indirecta, de la Septuaginta.» [4]

Ese hombre de Dios, «pasó a la historia por su traducción de la Biblia al latín, versión que fue conocida por el nombre de Vulgata y que la Iglesia católica, tras reconocer como auténtica en el Concilio de Trento, usó durante muchos siglos. » [5]

Conservación

«Un número de manuscritos tempranos que atestiguan la Vulgata sobreviven hoy. Fechando al siglo VIII, el códice Amiatinus es el manuscrito completo más antiguo. El códice Fuldensis, que data aproximadamente del 545, es anterior aunque los evangelios son una versión corregida del Diatessaron. En la Edad Media la Vulgata sucumbió a los cambios inevitables forjados por el error humano, en el copiado incontable del texto en los monasterios a través de Europa.

Desde sus días más tempranos, las lecturas del Vetus Latina fueron introducidas. Las notas marginales fueron interpoladas erróneamente en el texto. Ninguna copia era igual a la otra. Cerca del año 550, Casiodoro hizo la primera tentativa de restauración de la Vulgata a su pureza original. Alcuino de York supervisó esfuerzos para copiar una Vulgata restaurada, que él presentó a Carlomagno en 801. Tentativas similares fueron repetidas por Teodulfo Obispo de Orleans (787? – 821); Lanfranc, Arzobispo de Canterbury (1070-1089); Esteban Harding, el abad de Cîteaux (1109-1134); y del diácono Nicolás Maniacoria (sobre el principio del siglo XIII). Aunque el advenimiento de la imprenta redujo mucho el potencial del error humano y aumentó la consistencia y la uniformidad del texto, las ediciones más tempranas de la Vulgata reprodujeron simplemente los manuscritos que estaban disponibles fácilmente para los editores. De los centenares de ediciones, la más notable es la de Mazarin, publicada por Johann Guttenberg en 1455, famosa por su belleza y antigüedad. En 1504 la primera Vulgata con variantes de lectura fue publicada en París. Uno de los textos de la Biblia Políglota Complutense fue una edición de la Vulgata, hecha con los manuscritos antiguos y corregida para convenir con el griego. Erasmo publicó una edición corregida y cotejada con el griego y el hebreo en 1516. En 1528, Robertus Stephanus. La edición crítica de Juan Hentenius de Lovaina siguió en 1547.» [6]

Versiones de la Vulgata

Vulgata Clementina:

«La Vulgata Clementina (Biblia Sacra Vulgatae Editionis Sixti Quinti Pontificis Maximi iussu recognita atque edita), fue la edición más familiar a los católicos que antes de las reformas del Concilio Vaticano II. Después de la reforma protestante, cuando la iglesia de Roma se esforzaba contradecir los ataques y refutar las doctrinas del Protestantismo, la Vulgata fue reafirmada en el Concilio de Trento, como el texto latino autorizado de la Biblia. Para reforzar esta declaración, el Concilio comisionó al Papa editar un texto estándar de la Vulgata. La primera edición de este texto autorizado apareció hasta 1590. Fue patrocinada por papa Sixto V (1585-90), se basó en la edición de Stephanus y fue conocida como la Vulgata Sixtina. Pronto fue substituida por una nueva edición tras advenimiento del papa siguiente, Clemente

VIII (1592-1605). Esta nueva versión revisada se basó más en la edición de Hentenius. Se le llamó la Vulgata Sixto-Clementina y hoy se le conoce simplemente la Vulgata Clementina. la edición de 1592 se convirtió en la oficial para la Iglesia Católica hasta 1979 » [7]

Nueva Vulgata 

«La Nova Vulgata o Neovulgata es actualmente la versión latina oficial publicada y aprobada por la Iglesia Católica. En 1965, hacia el final del Concilio vaticano II, el papa Pablo VI designó una comisión para revisar la Vulgata de acuerdo con estudios textuales y lingüísticos, mientras que a la vez se preservaba o refinaba su estilo latino cristiano. Publicaron el Salterio en 1969 y la Biblia entera en 1979. El texto base de la mayoría de la Nova Vulgata es la edición crítica hecha por los monjes de la abadía benedictina de St. Jerome en la época de San Pío X. Para el libro de Tobit y Judith sigue los manuscritos de la Vetus Latina. Todos estos textos fueron revisados y cotejados con las ediciones críticas modernas en griego, hebreo, y arameo. Hay cambios en pasajes en que los eruditos modernos consideraron que Jerónimo no logró captar bien el significado de los idiomas originales. La Nova Vulgata no contiene los libros encontrados en la Clementina y algunas otras ediciones, que la Iglesia Católica considera fuera del canon, a saber la Oración de Manasés y 3 y 4 Esdras.

La Vulgata se utilizó para elaborar los nuevos textos litúrgicos en latín que representaban el fundamento de las liturgias vernáculas decretadas por el Concilio.»[8]

«El Papa Juan Pablo II la aprobó y promulgó como edición típica en 1979. El Papa lo hizo así para que esta nueva versión sirva como base segura para hacer traducciones de la Biblia a las lenguas modernas y para realizar estudios bíblicos. Esta es la versión oficial de la Iglesia católica hoy en día.»[9]

Vulgata de Stuttgart:

«Una mención final se debe hacer a la edición de la Vulgata publicada por la Sociedad Bíblica Alemana (Deutsche Bibelgesellschaft), en Stuttgart (ISBN 3-438-05303-9).

Intenta reconstruir el texto original que publicó Jerónimo hace 1.600 años mediante la comparación crítica de los manuscritos importantes. Una característica importante en la edición de Stuttgart para los estudiosos de la Vulgata es la inclusión de todos los prólogos de Jerónimo a diferentes libros. Contiene en el apéndice de apócrifos, el salmo 151, la epístola a los Laodicenses, además de los libros 3 y 4 de Esdras y la Oración de Manasés. Además, sus prefacios contemporáneos son una fuente de la información valiosa sobre la historia de la Vulgata.»[10]

Resumen:

«En el siglo II d.C., cuando el latín sustituyó al griego como lengua internacional, comenzaron a aparecer traducciones latinas. Con el pasar de un siglo o dos, y conforme se extendió el empleo del latín, las versiones latinas crecieron en cantidad pero llegaron a ser tan variadas y difíciles que Dámaso, obispo de Roma, encargó a un gran erudito de los siglos IV la producción de un texto latino estable. Éste fue traducido del hebreo, del latín antiguo y del griego. Es muy significativo que haya usado el texto hebreo, lo que no era costumbre. Este hombre se llamó Jerónimo. Su versión se llamó la Vulgata. Su nombre significa: “común” (de vulgar) e incluye tanto el AT como el Nuevo. Sigue siendo la Biblia oficial de la Iglesia Católica Romana, aunque no se le otorgó reconocimiento oficial hasta el Concilio de Trento en 1546[11]

«San Jerónimo tradujo por primera vez directamente del hebreo al latín todo el Antiguo Testamento. En cuanto al libro de los Salmos, hay tres versiones de Jerónimo, el salterio Romanum de 384, que revisó la Vetus latina ajustándola a la Septuaginta; el Gallicanum de 391, que usa como fuente la Hexapla deOrígenes; y el Hebraicum traducido completamente del hebreo en 405. Jerónimo usó manuscritosarameos en la traducción del libro de Tobit y Judith, en tanto se limitó a recoger las versiones existentes de los otros deuterocanónicos o apócrifos, que colocó en una sección aparte. No se sabe con seguridad si tradujo todo el Nuevo Testamento o simplemente revisó las antiguas traducciones latinas, cotejándolas con los manusritos griegos.»[12]

DANIEL ALEJANDRO FLORES, resume asi este tema:

«La Vulgata fue preparada por Jerónimo por indicación del papa Dámaso, quien le pidió que corrigiera la antigua versión latina de la Biblia.


Pasó varios años, aproximadamente desde el 389 al 405 d. C., haciendo una nueva traducción del AT directamente del hebreo. Su traducción, que llegó a conocerse como la Vulgata, palabra que significa “popular”, es la versión católica oficial latina de la Biblia.

Jerónimo procuró ser fiel al texto hebreo que tenía; sin embargo, la Vulgata tiene varias desventajas para el trabajo de la crítica textual. Una de ellas es la libertad con que tradujo Jerónimo.

Tenía el decidido propósito de producir una traducción en buen latín, y por lo tanto la Vulgata no es una traducción literal. Por esto, con frecuencia es difícil determinar con precisión el texto hebreo del cual se tradujo.

Por otra parte, la versión fue hecha después que se uniformó el texto hebreo. Por lo tanto, en los pasajes en donde se puede reconocer cuál fue el texto hebreo traducido por Jerónimo, éste generalmente concuerda con el texto hebreo que hoy se conoce; y en aquellos pasajes en donde difiere, debe reconocerse la probabilidad de que el texto haya recibido la influencia, directa o indirecta, de la Septuaginta.»[13]

La situación contermporánea de  la Vulgata.Opiniones varias al respecto

La situación actual ha cambiado en lo que respecta a la Vulgata y a las versiones directas de los textos hebreo y griego de la Biblia, comenta un artículo en el portal web  de Sociedades Biblicas Unidas, articulo que data del año 2008:

«Por influencia en buena parte del prominente escriturista español fray Serafín de Ausejo, OFMCap, ejercida discretamente por conducto de algunos prelados compatriotas, el Concilio Vaticano II declaró que la Iglesia, si bien «mira con honor» las versiones bíblicas antiguas, «señaladamente la llamada Vulgata…, como la palabra de Dios ha de estar a mano para todos los tiempos…, procura con maternal solicitud que se compongan versiones adecuadas y bien hechas a las varias lenguas, señaladamente de los textos primigenios de los libros sagrados». En el primer borrador se proponía para dichas versiones la Vulgata como base y los textos hebreo y griego en segundo término. Ahora éstos quedan «señaladamente» en el primero[14]

«La autoridad otorgada por la Iglesia a la Vulgata, en sus ediciones sucesivas, hizo que los escrituristas occidentales fueran perdiendo interés en el texto griego. Casi hasta nuestros días se seguían haciendo versiones sólo del la tín de la Vulgata. No obstante, se siguieron sacando copias del texto griego siglo tras siglo hasta la invención de la imprenta, y aun después, como se ve por algunos códices en minúscula que datan nada menos que del propio siglo XVI. A diferencia de las autoridades religiosas judías, las cristianas no instituyeron un textus receptus griego. Fue el texto latino de la Vulgata el que se consideró oficial.

Con el resurgimiento de las humanidades clásicas y del estudio del griego antiguo que el Renacimiento trajo consigo, vino también un gran florecimiento escriturístico. Bajo la influencia de eminentes humanistas como Lorenzo Valla y Erasmo -que era a la vez el primer helenista y escriturista de su tiempo-, y de otros, se hizo destacar la anormalidad, porque eso era, de que se estuvieran haciendo retraducciones del latín de la Vulgata, en vez de traducciones directas de los textos hebreo y griego de la Biblia a las lenguas modernas. Dramáticamente, Santos Pagnini llevó la cuestión al punto de pro ducir una versión del Antiguo Testamento directa del hebreo al latín contemporáneo, la cual Reina utilizó mucho en su versión.»[15]

«durante más de un milenio existieron en el Imperio Romano diversas versiones de la Escritura, principalmente escritas en latín, que era la lengua común. Y como había diferencias entre dichas versiones, surgía el problema de elegir la que fuera más fiel a la Revelación divina. 

En aquellos tiempos la cultura del pueblo cristiano era muy pobre, por lo que éste ni siquiera se planteaba explícitamente tal problema. Muchos ni siquiera sabían leer, y se contentaban con lo que se les leía. Y así, la autoridad cultural de San Jerónimo dio lugar a que se le diera preferencia a la versión de la Biblia que él elaboró, llamada Vulgata por estar escrita en el latín de uso común o latín vulgar. 

Aunque los artículos de esta serie pueden leerse independientemente, hay entre ellos una relación; debido a lo cual se aprovechará mejor la lectura de cada uno si previamente se han leído los anteriores, que pueden encontrarse activando el siguiente vínculo: 

Cuerpo del artículo 

El uso de la Vulgata acabó por imponerse en el mundo cristiano y fue avalado por el Concilio de Trento (siglo XVI) en gran parte con motivo del surgimiento del protestantismo. El hecho fue que el Magisterio de la Iglesia decidió aceptar y declarar como auténtica una determinada versión de la Escritura, y eligió la versión de la Vulgata. En Trento la Vulgata fue declarada por el Magisterio como versión oficial de la Sagrada Escritura:

“Además, el mismo sacrosanto Concilio, considerando que podía venir no poca utilidad a la Iglesia de Dios, si de todas las ediciones latinas que corren de los sagrados libros, diera a conocer cuál haya de ser tenida por auténtica; establece y declara que esta misma antigua y vulgata edición que está aprobada por el largo uso de tantos siglos en la Iglesia misma, sea tenida por auténtica en las públicas lecciones, disputaciones, predicaciones y exposiciones, y que nadie, por cualquier pretexto, sea osado o presuma rechazarla. [...] que en adelante la Sagrada Escritura, y principalmente esta antigua y vulgata edición, se imprima de la manera más correcta posible” (Denz., n. 785-786; Denz.-Sch., n. 1506-1508).

Lo dicho en Trento tenía el peligro de que se interpretara como si la Vulgata hubiera de considerarse la versión auténtica de la Sagrada Escritura al margen de los textos originales, o de los más antiguos que se conservan. Pío XII salió al paso de tal posible falsa interpretación. 

Lo que dijo Pío XII 

En 1943, en su encíclica Divino afflante Spiritu Pío XII hizo algunas aclaraciones y comentarios sobre la Vulgata y lo que de ella había dicho el Concilio de Trento, introduciendo una distinción entre autenticidad crítica y autenticidad jurídica, e impulsando el estudio de la Sagrada Escritura a partir de los textos primitivos:

“En cuanto al hecho de que el Concilio de Trento quiso que la Vulgata fuera la versión latina, «que todos usasen como auténtica», ello a la verdad, como todos saben, sólo se refiere a la Iglesia latina y al uso público de la Escritura, y, sin género de duda, no disminuye en modo alguno la autoridad y valor de los textos originales. Porque no se trataba en aquella ocasión de textos originales, sino de las versiones latinas que en aquella época corrían, entre las cuales el mismo Concilio decretó con razón que debía ser preferida aquella que «ha sido aprobada en la Iglesia misma por el largo uso de tantos siglos». 

“Así, pues, esta privilegiada autoridad o, como dicen, autenticidad de la Vulgata, no fue establecida por el Concilio por razones principalmente críticas, sino más bien por su uso legítimo en las Iglesias, durante el decurso de tantos siglos; uso a la verdad, que demuestra que la Vulgata, tal como la entendió y entiende la Iglesia, está totalmente inmune de todo error en materias de fe y costumbres; de suerte que, por testimonio y confirmación de la misma Iglesia, se puede citar con seguridad y sin peligro de errar en las disputas, lecciones y predicaciones; y, por tanto, este género de autenticidad no se llama con nombre primario crítica, sino más bien jurídica. 

“Por lo cual, esta autoridad de la Vulgata en materias de doctrina no veda en modo alguno ―antes, por lo contrario, hoy más bien exige― que esta misma doctrina se compruebe y confirme también por los textos primitivos; ni tampoco que corrientemente se invoque el auxilio de esos mismos textos, con los que dondequiera y cada día más se patentice y exponga el recto sentido de las Sagradas Letras. Y ni siquiera prohíbe el decreto del Concilio de Trento que, para uso y provecho de los fieles y para más fácil inteligencia de la divina palabra, se hagan versiones en las lenguas vulgares, y eso aun tomándolas de los textos originales, como sabemos haberse hecho laudablemente en muchas partes, con aprobación de la autoridad de la Iglesia” (Denz., n. 2292; Denz.-Sch., n. 3825).

Pío XII sale al paso de posibles malas interpretaciones de lo dicho en el Concilio de Trento respecto a la Vulgata, aclarando que la preferencia o autenticidad que ahí se le dio sólo se refiere a la Iglesia latina y al uso público de la Escritura, y, sin género de duda, no disminuye en modo alguno la autoridad y valor de los textos originales. La Vulgata no pretende dejar atrás los textos originales, sino que es tan sólo la traducción preferida y considerada como auténtica en la lengua oficial de la Iglesia, que es el latín. 

Y esto es así porque «ha sido aprobada en la Iglesia misma por el largo uso de tantos siglos», como se dijo en Trento. Pío XII aclara que ésta es una autenticidad jurídica, y la distingue de una autenticidad crítica; así evita que lo dicho en Trento se pueda interpretar en el sentido de que la Vulgata es la versión auténtica ―sin calificativos o absoluta― de la Sagrada Escritura, como si con ello se pretendiera dejar atrás los textos originales. Parece que Pío XII no quiso descalificar el calificativo de auténtica, usado en Trento, sino que prefirió distinguir entre una autenticidad jurídica y una autenticidad crítica. 

La autenticidad absoluta sería la de los textos originales que se perdieron. La autenticidad jurídica en el fondo es un decreto del siguiente tenor: En la Iglesia latina úsese la Vulgata como versión auténtica de la Sagrada Escritura. Tal decreto obedece a que la Vulgata ha sido aprobada por el uso de siglos, dada la imperiosa necesidad de usar alguna versión latina de la Escritura; y por eso se aclara que sus virtudes dependen de que sea entendida como la entiende la Iglesia. 

La autenticidad crítica es la que garantiza que una determinada versión de la Escritura es una traducción fiel a los manuscritos existentes, objetivamente; lo cual sólo puede lograrse con los mejores métodos críticos de que se va disponiendo en cada época. Las aclaraciones hechas por Pío XII dejan abierta la posibilidad e incluso la necesidad de que se estudien los textos primitivos a fin de que dondequiera y cada día más se patentice y exponga el recto sentido de las Sagradas Letras. 

Todo lo anterior obedece, finalmente, al hecho de que las traducciones son correctas o incorrectas objetivamente, y no por autoridad; y a que las traducciones de la Escritura no son una excepción a esta regla, incluida la de la Vulgata. Lo que depende de la autoridad del Magisterio es el auténtico sentido de lo dicho en la Escritura, tanto en las traducciones como en los textos originales. Si la corrección de las traducciones dependiera de la autoridad del Magisterio, éste podría escribir su propia “sagrada escritura” en latín y en todas las otras lenguas. Desglosémoslo:

Las traducciones de los manuscritos antiguos a las versiones modernas de la Sagrada Escritura, incluida la de la Vulgata, son correctas o incorrectas objetivamente, y no porque alguien así lo diga, aunque sea el Magisterio o seamos nosotros.

Dificultad de definir infaliblemente toda la Sagrada Escritura 

Un hecho relacionado con lo anterior, y que pudo ser uno de los motivos por los que Pío XII hizo las aclaraciones mencionadas, es que el Magisterio no puede declarar un definición infalible de la autenticidad global de toda la Vulgata ―de todo lo dicho en ella― ni de ninguna otra versión actual de la Sagrada Escritura. 

La razón de ello es que la Escritura no está hecha sólo de proposiciones u oraciones enunciativas, sino también de oraciones interrogativas, imperativas, vocativas, exclamativas y quizá muchas otras que no son aptas para expresar verdades, y que, por lo mismo, no pueden ser definidas infaliblemente por el Magisterio. 

El Magisterio ciertamente podría tomar todas esas oraciones no enunciativas y elaborar una proposición acerca de cada una, pero eso ya no sería la Escritura misma. El Magisterio también puede declarar que determinada versión de la Escritura es fiel a los textos originales, es decir, que la labor crítica y las traducciones están bien hechas; lo cual sería una declaración de la autenticidad crítica de la Escritura; pero eso tampoco puede ser definido infaliblemente, porque ha tenido lugar después del cierre de la Revelación pública debido a la muerte del último Apóstol. 

De hecho, el Magisterio no ha querido declarar la autenticidad crítica ni siquiera de la Vulgata; y por eso Pío XII aclara que en el Concilio de Trento se declaró sólo su autenticidad jurídica. Desglosémoslo en forma de tesis:

La autenticidad global de toda la Sagrada Escritura ―de todo lo dicho en ella― es algo que no puede ser definido infaliblemente respecto a ninguna de sus versiones actuales.

Lo que dijo Juan Pablo II 

Finalmente, en 1979 el Papa Juan Pablo II promulgó para toda la Iglesia, en la constitución apostólica Scripturarum thesaurus, la Nova Vulgata Bibliorum Sacrorum Editio, como nueva edición latina oficial de la Biblia. Al comparar esta última edición de la Vulgata con la edición anterior se hace notoria la pequeñez de las diferencias. 

Los miles de manuscritos que se conservan, junto con las modernas técnicas de la crítica de textos antiguos, han logrado versiones de la Escritura que son muy fieles a la Revelación original, con una verificabilidad histórico-crítica muy superior a cualquier obra literaria antigua. 

Además de eso, el Magisterio ha tenido sumo cuidado en que lo mejor de los estudios bíblicos sea vertido a la versión oficial de la Biblia en la lengua oficial de la Iglesia, que es el latín; versión que ha venido siendo, en cada tiempo, la última edición de la Vulgata. 

El hecho es claro, a medida que nos alejamos del tiempo de composición de los manuscritos las diferencias entre las distintas versiones de la Escritura se hacen más y más pequeñas, en vez de hacerse más grandes. Por tanto, hoy, además de la autoridad que le da el Magisterio de la Iglesia, el texto de la Nova Vulgata es de una gran confiabilidad crítica.»[16]

La Biblia para el pueblo [17]

El renacimiento católico romano [18]

El profesor Edson de Farias Francisco, de la Universidad Metodista de São Paulo, habló sobre  «“La Vulgata como testimonio del masorético”. Estableció una relación con el trabajo de los masoretas, escribas judíos encargados de velar por la integridad y exactitud de los textos sagrados. “La Vulgata demuestra ser una traducción que resulta fiel y digna de estima, además debe tomarse en cuenta la falta de recursos en la época en que vivió Jerónimo”, manifestó el conferencista[19]

El portal de Sociedades Biblicas Unidas,publicó en noviembre del año 2007,  una catequesis de Benedicto XVI, el obispo de la iglesia católico- romano,a la figura de San Jerónimo del que destacó su traducción al latín de la Biblia, la llamada “Vulgata”, que se convirtió en la versión oficial de las Escrituras para la Iglesia católica, en la audiencia general celebrada en la Plaza se San Pedro:

«…las opiniones pasan y que la Palabra de Dios es lo único que “trasciende en el tiempo”, durante su catequesis de hoy 

“Hay que tener siempre presente que la palabra de Dios trasciende en el tiempo, que las opiniones llegan y pasan y lo que ahora es modernismo mañana es pasado”, explicó el Papa.

Benedicto realizó esta afirmación al explicar que para los católicos “la Palabra de Dios es palabra de vida eterna y lleva consigo la eternidad, lo que vale para siempre”.

El Papa instó entonces a los católicos a vivir “en contacto y dialogo vivo con la palabra de Dios donada en la Sagrada Escritura”.

Y explicó que este dialogo tiene que tener dos dimensiones; una personal y otra en comunidad.

“El diálogo tiene que ser personal porque Dios habla con cada uno de nosotros mediante la Sagradas Escrituras y para todos tiene un mensaje”, afirmó.

Y añadió, que “hay que leer la Biblia “no como palabra del pasado sino como si Dios hablase contigo, e intentar entender qué es lo que te dice”.»[20]

Notas:

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