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Solo la Escritura

23 Abr
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Articulo sobre la biblia

21 Abr

Autor: Luis Pucciarelli, Asambleas de Dios de Punta Alta,Bs.As., Argentina

¿Qué es la Biblia Vulgata?

2 May

¿Qué es la Biblia Vulgata? 

Vulgata, realizada por San Jerónimo de Estridón por encargo de San Dámaso I.

La Biblia latina utilizada antes de la Vulgata, la Vetus Latina, no fue traducida por una única persona o institución y ni siquiera se editó de forma uniforme. La calidad y el estilo de los libros individuales variaba. Las traducciones del Antiguo Testamento provenían casi todas de la Septuaginta griega.»[0]

«Vulgata (en latín vulgata editio, ‘edición popular’), edición de la Biblia latina calificada de ‘auténtica’ por el Concilio de Trento. En su acepción original, el nombre se atribuyó a la ‘edición común’ de la Septuaginta griega utilizada por los primeros padres de la Iglesia. Más tarde se trasladó a la antigua versión latina (la Ítala) del Antiguo y del Nuevo Testamento utilizada con gran frecuencia durante los primeros siglos de la Iglesia occidental. La actual composición de la Vulgata es en esencia obra de san Jerónimo, doctor de la Iglesia.

En principio, san Jerónimo recurrió a la Septuaginta griega para realizar su traducción del Antiguo Testamento, incluyendo partes de los deuterocanónicos; más tarde consultó los textos hebreos originales. Elaboró tres versiones de los Salmos, llamados Romanos, Galos y Hebreos. El Salterio Galo, basado en una transliteración griega de un texto hebreo, es el que hoy puede leerse en la Vulgata. A petición del papa Dámaso I, en 382, Jerónimo se había encargado con anterioridad de una revisión del Nuevo Testamento. Corrigió de forma exhaustiva los Evangelios; pero los especialistas no se ponen de acuerdo acerca de si las ligeras verificaciones realizadas en el Nuevo Testamento son o no obra suya.

Durante los 12 siglos siguientes, el texto de la Vulgata fue transmitido cada vez con menor precisión. El Concilio de Trento reconoció la necesidad de un texto latino auténtico, y autorizó el examen de las versiones corruptas que habían perdurado. En 1546, se decretó que la Vulgata sería el único texto latino autorizado para la Biblia. Esta revisión es el texto en latín básico que todavía utilizan los especialistas. Una moderna reelaboración del mismo, a instancias del papa Pablo VI como resultado del Concilio Vaticano II, fue completada en su mayor parte en 1977. Se utilizó para elaborar los nuevos textos litúrgicos en latín que representaban el fundamento de las liturgias vernáculas decretadas por el Concilio.»[1]

«Probablemente fue en el año 382 que el Papa Dámaso I le pidió a Eusebio Hierónimo, conocido ahora como San Jerónimo, hacer una revisión de las versiones latinas de la Biblia comúnmente usadas. El año siguiente este erudito entregó al papa su primer trabajo, la revisión de los Cuatro Evangelios, indicando que había comparado el viejo latín y el griego. En el Antiguo Testamento empleó la Septuaginta pero después decidió que debía traducir del hebreo original.

Así nació la Vulgata, realizada por San Jerónimo de Estridón por encargo de San Dámaso I. Jerónimo, quien nació aproximadamente en el 345 d.C.: en Strido (Dalmacia), al Noroeste de Grecia. Siendo adulto, se consagró a la vida cristiana asceta.

En el 382 d.C.: el obispo de Roma le solicita organizar las varias versiones del latín. En compañía de sus amigos, Jerónimo viajó a la tierra Santa y se estableció su residencia en Belén, donde pudo completar el Antiguo Testamento. En el 384, Jerónimo, terminó su revisión de los cuatro evangelios. Para poder hacer la traducción, consiguió la ayuda de unos rabinos judíos. Los muchos cambios que hizo en el latín viejo motivaron varios ataques por parte de críticos enojados. ¡Aun Agustín temía que al emplear el texto hebreo del Antiguo Testamento, Jerónimo había puesto en tela de duda la inspiración divina de la versión LXX! Pero al fin la superioridad de la nueva versión conquistó el reconocimiento que merecía, de manera que llegó a llamarse la Vulgata, o sea la versión “común.”

Para poder hacer la traducción, consiguió la ayuda de unos rabinos judíos. Los muchos cambios que hizo en el latín viejo motivaron varios ataques por parte de críticos enojados. ¡Aun Agustín temía que al emplear el texto hebreo del Antiguo Testamento, Jerónimo había puesto en tela de duda la inspiración divina de la versión LXX! Pero al fin la superioridad de la nueva versión conquistó el reconocimiento que merecía, de manera que llegó a llamarse la Vulgata, o sea la versión “común.” Vulgata, significa “común” o “comúnmente aceptada”. En el tiempo de Jerónimo, Vulgata se aplicaba o a la Antigua Versión Latina o a la Septuaginta (la traducción griega del Antiguo Testamento); las dos eran comúnmente aceptadas. En el 1546, en el Concilio de Trento, esta versión recibió el titulo oficial de Vulgata, pero había sido recibida generalmente mucho antes de esto. Según la enciclopedia wikipedia” La versión toma su nombre de la frase vulgata editio (edición para el pueblo) y se escribió en un latín corriente en contraposición con el latín clásico de Cicerón, que San Jerónimo dominaba. El objetivo de la Vulgata era ser más fácil de entender y más exacta que sus predecesoras.

San Jerónimo en su estudio, fresco de Domenico Ghirlandaio, 1480 (Ognissanti, Florencia)

Al pasar el tiempo, la Vulgata pasó por varias revisiones.

Jerónimo elaboró tres versiones de los Salmos, llamados Romanos, Galos y Hebreos. El Salterio Galo, basado en una transliteración griega de un texto hebreo, es el que hoy puede leerse en la Vulgata.

El Doctor Gonzalo Báez-Camargo comenta que «La autoridad otorgada por la Iglesia a la Vulgata, en sus ediciones sucesivas, hizo que los escrituristas occidentales fueran perdiendo interés en el texto griego. Casi hasta nuestros días se seguían haciendo versiones sólo del latín de la Vulgata. No obstante, se siguieron sacando copias del texto griego siglo tras siglo hasta la invención de la imprenta, y aun después, como se ve por algunos códices en minúscula que datan nada menos que del propio siglo XVI. A diferencia de las autoridades religiosas judías, las cristianas no instituyeron un textus receptus griego. Fue el texto latino de la Vulgata el que se consideró oficial. Con el resurgimiento de las humanidades clásicas y del estudio del griego antiguo que el Renacimiento trajo consigo, vino también un gran florecimiento escriturístico. Bajo la influencia de eminentes humanistas como Lorenzo Valla y Erasmo -que era a la vez el primer helenista y escriturista de su tiempo-, y de otros, se hizo destacar la anormalidad, porque eso era, de que se estuvieran haciendo retraducciones del latín de la Vulgata, en vez de traducciones directas de los textos hebreo y griego de la Biblia a las lenguas modernas. Dramáticamente, Santos Pagnini llevó la cuestión al punto de producir una versión del Antiguo Testamento directa del hebreo al latín contemporáneo, la cual Reina utilizó mucho en su versión. » [2]

En el siglo XIII en París surgió la necesidad de una Biblia para ser usada más fácilmente. Stepehn Laugton, un teólogo destacado de la Universidad de Paris, arregló la Vulgata en la moderna división de capítulos. La Vulgata suma ahora 10.000 manuscritos o más. Ha sido copiada mas que cualquier otro libro en al era cristiana. Después de la septuaginta es la traducción más importante que se ha hecho. La Vulgata predominó como la Biblia de Europa occidental por 1.000 años cuando al final de la Edad Media la demanda de conocimiento de la Escritura aumentó drásticamente, fue la Vulgata la que primero fue traducida a los idiomas del pueblo. La Vulgata fue el primer libro importante en ser impreso. Alrededor de 1450 Joham Guttenberg de Mainz, Alemania, perfeccionó el uso de los tipos movibles. En 1546 fue publicada la Biblia Guttenberg.

La enciclopedia Wikipedia comenta que «San Jerónimo tradujo por primera vez directamente del hebreo al latín todo el Antiguo Testamento. En cuanto a los Salmos, hay tres versiones de Jerónimo, el salterio Romanum de 384, que revisó la Vetus latina ajustándola a la Septuaginta; el Gallicanum de 391, que usa como fuente la Hexapla de Orígenes; y el Hebraicum traducido

completamente del hebreo en 405. Jerónimo usó manuscritos arameos en la traducción del libro de Tobit y Judith, en tanto se limitó a recoger las versiones existentes de los otros deuterocanónicos o apócrifos, que colocó en una sección aparte. No se sabe con seguridad si tradujo todo el Nuevo Testamento o simplemente revisó las antiguas traducciones latinas, cotejándolas con los manuscritos griegos.» [3]

«Jerónimo procuró ser fiel al texto hebreo que tenía; sin embargo, la Vulgata tiene varias desventajas para el trabajo de la crítica textual. Una de ellas es la libertad con que tradujo Jerónimo. Tenía el decidido propósito de producir una traducción en buen latín, y por lo tanto la Vulgata no es una traducción literal. Por esto, con frecuencia es difícil determinar con precisión el texto hebreo del cual se tradujo.

Por otra parte, la versión fue hecha después que se uniformó el texto hebreo. Por lo tanto, en los pasajes en donde se puede reconocer cuál fue el texto hebreo traducido por Jerónimo, este generalmente concuerda con el texto hebreo que hoy se conoce; y en aquellos pasajes en donde difiere, debe reconocerse la probabilidad de que el texto haya recibido la influencia, directa o indirecta, de la Septuaginta.» [4]

Ese hombre de Dios, «pasó a la historia por su traducción de la Biblia al latín, versión que fue conocida por el nombre de Vulgata y que la Iglesia católica, tras reconocer como auténtica en el Concilio de Trento, usó durante muchos siglos. » [5]

Conservación

«Un número de manuscritos tempranos que atestiguan la Vulgata sobreviven hoy. Fechando al siglo VIII, el códice Amiatinus es el manuscrito completo más antiguo. El códice Fuldensis, que data aproximadamente del 545, es anterior aunque los evangelios son una versión corregida del Diatessaron. En la Edad Media la Vulgata sucumbió a los cambios inevitables forjados por el error humano, en el copiado incontable del texto en los monasterios a través de Europa.

Desde sus días más tempranos, las lecturas del Vetus Latina fueron introducidas. Las notas marginales fueron interpoladas erróneamente en el texto. Ninguna copia era igual a la otra. Cerca del año 550, Casiodoro hizo la primera tentativa de restauración de la Vulgata a su pureza original. Alcuino de York supervisó esfuerzos para copiar una Vulgata restaurada, que él presentó a Carlomagno en 801. Tentativas similares fueron repetidas por Teodulfo Obispo de Orleans (787? – 821); Lanfranc, Arzobispo de Canterbury (1070-1089); Esteban Harding, el abad de Cîteaux (1109-1134); y del diácono Nicolás Maniacoria (sobre el principio del siglo XIII). Aunque el advenimiento de la imprenta redujo mucho el potencial del error humano y aumentó la consistencia y la uniformidad del texto, las ediciones más tempranas de la Vulgata reprodujeron simplemente los manuscritos que estaban disponibles fácilmente para los editores. De los centenares de ediciones, la más notable es la de Mazarin, publicada por Johann Guttenberg en 1455, famosa por su belleza y antigüedad. En 1504 la primera Vulgata con variantes de lectura fue publicada en París. Uno de los textos de la Biblia Políglota Complutense fue una edición de la Vulgata, hecha con los manuscritos antiguos y corregida para convenir con el griego. Erasmo publicó una edición corregida y cotejada con el griego y el hebreo en 1516. En 1528, Robertus Stephanus. La edición crítica de Juan Hentenius de Lovaina siguió en 1547.» [6]

Versiones de la Vulgata

Vulgata Clementina:

«La Vulgata Clementina (Biblia Sacra Vulgatae Editionis Sixti Quinti Pontificis Maximi iussu recognita atque edita), fue la edición más familiar a los católicos que antes de las reformas del Concilio Vaticano II. Después de la reforma protestante, cuando la iglesia de Roma se esforzaba contradecir los ataques y refutar las doctrinas del Protestantismo, la Vulgata fue reafirmada en el Concilio de Trento, como el texto latino autorizado de la Biblia. Para reforzar esta declaración, el Concilio comisionó al Papa editar un texto estándar de la Vulgata. La primera edición de este texto autorizado apareció hasta 1590. Fue patrocinada por papa Sixto V (1585-90), se basó en la edición de Stephanus y fue conocida como la Vulgata Sixtina. Pronto fue substituida por una nueva edición tras advenimiento del papa siguiente, Clemente

VIII (1592-1605). Esta nueva versión revisada se basó más en la edición de Hentenius. Se le llamó la Vulgata Sixto-Clementina y hoy se le conoce simplemente la Vulgata Clementina. la edición de 1592 se convirtió en la oficial para la Iglesia Católica hasta 1979 » [7]

Nueva Vulgata 

«La Nova Vulgata o Neovulgata es actualmente la versión latina oficial publicada y aprobada por la Iglesia Católica. En 1965, hacia el final del Concilio vaticano II, el papa Pablo VI designó una comisión para revisar la Vulgata de acuerdo con estudios textuales y lingüísticos, mientras que a la vez se preservaba o refinaba su estilo latino cristiano. Publicaron el Salterio en 1969 y la Biblia entera en 1979. El texto base de la mayoría de la Nova Vulgata es la edición crítica hecha por los monjes de la abadía benedictina de St. Jerome en la época de San Pío X. Para el libro de Tobit y Judith sigue los manuscritos de la Vetus Latina. Todos estos textos fueron revisados y cotejados con las ediciones críticas modernas en griego, hebreo, y arameo. Hay cambios en pasajes en que los eruditos modernos consideraron que Jerónimo no logró captar bien el significado de los idiomas originales. La Nova Vulgata no contiene los libros encontrados en la Clementina y algunas otras ediciones, que la Iglesia Católica considera fuera del canon, a saber la Oración de Manasés y 3 y 4 Esdras.

La Vulgata se utilizó para elaborar los nuevos textos litúrgicos en latín que representaban el fundamento de las liturgias vernáculas decretadas por el Concilio.»[8]

«El Papa Juan Pablo II la aprobó y promulgó como edición típica en 1979. El Papa lo hizo así para que esta nueva versión sirva como base segura para hacer traducciones de la Biblia a las lenguas modernas y para realizar estudios bíblicos. Esta es la versión oficial de la Iglesia católica hoy en día.»[9]

Vulgata de Stuttgart:

«Una mención final se debe hacer a la edición de la Vulgata publicada por la Sociedad Bíblica Alemana (Deutsche Bibelgesellschaft), en Stuttgart (ISBN 3-438-05303-9).

Intenta reconstruir el texto original que publicó Jerónimo hace 1.600 años mediante la comparación crítica de los manuscritos importantes. Una característica importante en la edición de Stuttgart para los estudiosos de la Vulgata es la inclusión de todos los prólogos de Jerónimo a diferentes libros. Contiene en el apéndice de apócrifos, el salmo 151, la epístola a los Laodicenses, además de los libros 3 y 4 de Esdras y la Oración de Manasés. Además, sus prefacios contemporáneos son una fuente de la información valiosa sobre la historia de la Vulgata.»[10]

Resumen:

«En el siglo II d.C., cuando el latín sustituyó al griego como lengua internacional, comenzaron a aparecer traducciones latinas. Con el pasar de un siglo o dos, y conforme se extendió el empleo del latín, las versiones latinas crecieron en cantidad pero llegaron a ser tan variadas y difíciles que Dámaso, obispo de Roma, encargó a un gran erudito de los siglos IV la producción de un texto latino estable. Éste fue traducido del hebreo, del latín antiguo y del griego. Es muy significativo que haya usado el texto hebreo, lo que no era costumbre. Este hombre se llamó Jerónimo. Su versión se llamó la Vulgata. Su nombre significa: “común” (de vulgar) e incluye tanto el AT como el Nuevo. Sigue siendo la Biblia oficial de la Iglesia Católica Romana, aunque no se le otorgó reconocimiento oficial hasta el Concilio de Trento en 1546[11]

«San Jerónimo tradujo por primera vez directamente del hebreo al latín todo el Antiguo Testamento. En cuanto al libro de los Salmos, hay tres versiones de Jerónimo, el salterio Romanum de 384, que revisó la Vetus latina ajustándola a la Septuaginta; el Gallicanum de 391, que usa como fuente la Hexapla deOrígenes; y el Hebraicum traducido completamente del hebreo en 405. Jerónimo usó manuscritosarameos en la traducción del libro de Tobit y Judith, en tanto se limitó a recoger las versiones existentes de los otros deuterocanónicos o apócrifos, que colocó en una sección aparte. No se sabe con seguridad si tradujo todo el Nuevo Testamento o simplemente revisó las antiguas traducciones latinas, cotejándolas con los manusritos griegos.»[12]

DANIEL ALEJANDRO FLORES, resume asi este tema:

«La Vulgata fue preparada por Jerónimo por indicación del papa Dámaso, quien le pidió que corrigiera la antigua versión latina de la Biblia.


Pasó varios años, aproximadamente desde el 389 al 405 d. C., haciendo una nueva traducción del AT directamente del hebreo. Su traducción, que llegó a conocerse como la Vulgata, palabra que significa “popular”, es la versión católica oficial latina de la Biblia.

Jerónimo procuró ser fiel al texto hebreo que tenía; sin embargo, la Vulgata tiene varias desventajas para el trabajo de la crítica textual. Una de ellas es la libertad con que tradujo Jerónimo.

Tenía el decidido propósito de producir una traducción en buen latín, y por lo tanto la Vulgata no es una traducción literal. Por esto, con frecuencia es difícil determinar con precisión el texto hebreo del cual se tradujo.

Por otra parte, la versión fue hecha después que se uniformó el texto hebreo. Por lo tanto, en los pasajes en donde se puede reconocer cuál fue el texto hebreo traducido por Jerónimo, éste generalmente concuerda con el texto hebreo que hoy se conoce; y en aquellos pasajes en donde difiere, debe reconocerse la probabilidad de que el texto haya recibido la influencia, directa o indirecta, de la Septuaginta.»[13]

La situación contermporánea de  la Vulgata.Opiniones varias al respecto

La situación actual ha cambiado en lo que respecta a la Vulgata y a las versiones directas de los textos hebreo y griego de la Biblia, comenta un artículo en el portal web  de Sociedades Biblicas Unidas, articulo que data del año 2008:

«Por influencia en buena parte del prominente escriturista español fray Serafín de Ausejo, OFMCap, ejercida discretamente por conducto de algunos prelados compatriotas, el Concilio Vaticano II declaró que la Iglesia, si bien «mira con honor» las versiones bíblicas antiguas, «señaladamente la llamada Vulgata…, como la palabra de Dios ha de estar a mano para todos los tiempos…, procura con maternal solicitud que se compongan versiones adecuadas y bien hechas a las varias lenguas, señaladamente de los textos primigenios de los libros sagrados». En el primer borrador se proponía para dichas versiones la Vulgata como base y los textos hebreo y griego en segundo término. Ahora éstos quedan «señaladamente» en el primero[14]

«La autoridad otorgada por la Iglesia a la Vulgata, en sus ediciones sucesivas, hizo que los escrituristas occidentales fueran perdiendo interés en el texto griego. Casi hasta nuestros días se seguían haciendo versiones sólo del la tín de la Vulgata. No obstante, se siguieron sacando copias del texto griego siglo tras siglo hasta la invención de la imprenta, y aun después, como se ve por algunos códices en minúscula que datan nada menos que del propio siglo XVI. A diferencia de las autoridades religiosas judías, las cristianas no instituyeron un textus receptus griego. Fue el texto latino de la Vulgata el que se consideró oficial.

Con el resurgimiento de las humanidades clásicas y del estudio del griego antiguo que el Renacimiento trajo consigo, vino también un gran florecimiento escriturístico. Bajo la influencia de eminentes humanistas como Lorenzo Valla y Erasmo -que era a la vez el primer helenista y escriturista de su tiempo-, y de otros, se hizo destacar la anormalidad, porque eso era, de que se estuvieran haciendo retraducciones del latín de la Vulgata, en vez de traducciones directas de los textos hebreo y griego de la Biblia a las lenguas modernas. Dramáticamente, Santos Pagnini llevó la cuestión al punto de pro ducir una versión del Antiguo Testamento directa del hebreo al latín contemporáneo, la cual Reina utilizó mucho en su versión.»[15]

«durante más de un milenio existieron en el Imperio Romano diversas versiones de la Escritura, principalmente escritas en latín, que era la lengua común. Y como había diferencias entre dichas versiones, surgía el problema de elegir la que fuera más fiel a la Revelación divina. 

En aquellos tiempos la cultura del pueblo cristiano era muy pobre, por lo que éste ni siquiera se planteaba explícitamente tal problema. Muchos ni siquiera sabían leer, y se contentaban con lo que se les leía. Y así, la autoridad cultural de San Jerónimo dio lugar a que se le diera preferencia a la versión de la Biblia que él elaboró, llamada Vulgata por estar escrita en el latín de uso común o latín vulgar. 

Aunque los artículos de esta serie pueden leerse independientemente, hay entre ellos una relación; debido a lo cual se aprovechará mejor la lectura de cada uno si previamente se han leído los anteriores, que pueden encontrarse activando el siguiente vínculo: 

Cuerpo del artículo 

El uso de la Vulgata acabó por imponerse en el mundo cristiano y fue avalado por el Concilio de Trento (siglo XVI) en gran parte con motivo del surgimiento del protestantismo. El hecho fue que el Magisterio de la Iglesia decidió aceptar y declarar como auténtica una determinada versión de la Escritura, y eligió la versión de la Vulgata. En Trento la Vulgata fue declarada por el Magisterio como versión oficial de la Sagrada Escritura:

“Además, el mismo sacrosanto Concilio, considerando que podía venir no poca utilidad a la Iglesia de Dios, si de todas las ediciones latinas que corren de los sagrados libros, diera a conocer cuál haya de ser tenida por auténtica; establece y declara que esta misma antigua y vulgata edición que está aprobada por el largo uso de tantos siglos en la Iglesia misma, sea tenida por auténtica en las públicas lecciones, disputaciones, predicaciones y exposiciones, y que nadie, por cualquier pretexto, sea osado o presuma rechazarla. […] que en adelante la Sagrada Escritura, y principalmente esta antigua y vulgata edición, se imprima de la manera más correcta posible” (Denz., n. 785-786; Denz.-Sch., n. 1506-1508).

Lo dicho en Trento tenía el peligro de que se interpretara como si la Vulgata hubiera de considerarse la versión auténtica de la Sagrada Escritura al margen de los textos originales, o de los más antiguos que se conservan. Pío XII salió al paso de tal posible falsa interpretación. 

Lo que dijo Pío XII 

En 1943, en su encíclica Divino afflante Spiritu Pío XII hizo algunas aclaraciones y comentarios sobre la Vulgata y lo que de ella había dicho el Concilio de Trento, introduciendo una distinción entre autenticidad crítica y autenticidad jurídica, e impulsando el estudio de la Sagrada Escritura a partir de los textos primitivos:

“En cuanto al hecho de que el Concilio de Trento quiso que la Vulgata fuera la versión latina, «que todos usasen como auténtica», ello a la verdad, como todos saben, sólo se refiere a la Iglesia latina y al uso público de la Escritura, y, sin género de duda, no disminuye en modo alguno la autoridad y valor de los textos originales. Porque no se trataba en aquella ocasión de textos originales, sino de las versiones latinas que en aquella época corrían, entre las cuales el mismo Concilio decretó con razón que debía ser preferida aquella que «ha sido aprobada en la Iglesia misma por el largo uso de tantos siglos». 

“Así, pues, esta privilegiada autoridad o, como dicen, autenticidad de la Vulgata, no fue establecida por el Concilio por razones principalmente críticas, sino más bien por su uso legítimo en las Iglesias, durante el decurso de tantos siglos; uso a la verdad, que demuestra que la Vulgata, tal como la entendió y entiende la Iglesia, está totalmente inmune de todo error en materias de fe y costumbres; de suerte que, por testimonio y confirmación de la misma Iglesia, se puede citar con seguridad y sin peligro de errar en las disputas, lecciones y predicaciones; y, por tanto, este género de autenticidad no se llama con nombre primario crítica, sino más bien jurídica. 

“Por lo cual, esta autoridad de la Vulgata en materias de doctrina no veda en modo alguno ―antes, por lo contrario, hoy más bien exige― que esta misma doctrina se compruebe y confirme también por los textos primitivos; ni tampoco que corrientemente se invoque el auxilio de esos mismos textos, con los que dondequiera y cada día más se patentice y exponga el recto sentido de las Sagradas Letras. Y ni siquiera prohíbe el decreto del Concilio de Trento que, para uso y provecho de los fieles y para más fácil inteligencia de la divina palabra, se hagan versiones en las lenguas vulgares, y eso aun tomándolas de los textos originales, como sabemos haberse hecho laudablemente en muchas partes, con aprobación de la autoridad de la Iglesia” (Denz., n. 2292; Denz.-Sch., n. 3825).

Pío XII sale al paso de posibles malas interpretaciones de lo dicho en el Concilio de Trento respecto a la Vulgata, aclarando que la preferencia o autenticidad que ahí se le dio sólo se refiere a la Iglesia latina y al uso público de la Escritura, y, sin género de duda, no disminuye en modo alguno la autoridad y valor de los textos originales. La Vulgata no pretende dejar atrás los textos originales, sino que es tan sólo la traducción preferida y considerada como auténtica en la lengua oficial de la Iglesia, que es el latín. 

Y esto es así porque «ha sido aprobada en la Iglesia misma por el largo uso de tantos siglos», como se dijo en Trento. Pío XII aclara que ésta es una autenticidad jurídica, y la distingue de una autenticidad crítica; así evita que lo dicho en Trento se pueda interpretar en el sentido de que la Vulgata es la versión auténtica ―sin calificativos o absoluta― de la Sagrada Escritura, como si con ello se pretendiera dejar atrás los textos originales. Parece que Pío XII no quiso descalificar el calificativo de auténtica, usado en Trento, sino que prefirió distinguir entre una autenticidad jurídica y una autenticidad crítica. 

La autenticidad absoluta sería la de los textos originales que se perdieron. La autenticidad jurídica en el fondo es un decreto del siguiente tenor: En la Iglesia latina úsese la Vulgata como versión auténtica de la Sagrada Escritura. Tal decreto obedece a que la Vulgata ha sido aprobada por el uso de siglos, dada la imperiosa necesidad de usar alguna versión latina de la Escritura; y por eso se aclara que sus virtudes dependen de que sea entendida como la entiende la Iglesia. 

La autenticidad crítica es la que garantiza que una determinada versión de la Escritura es una traducción fiel a los manuscritos existentes, objetivamente; lo cual sólo puede lograrse con los mejores métodos críticos de que se va disponiendo en cada época. Las aclaraciones hechas por Pío XII dejan abierta la posibilidad e incluso la necesidad de que se estudien los textos primitivos a fin de que dondequiera y cada día más se patentice y exponga el recto sentido de las Sagradas Letras. 

Todo lo anterior obedece, finalmente, al hecho de que las traducciones son correctas o incorrectas objetivamente, y no por autoridad; y a que las traducciones de la Escritura no son una excepción a esta regla, incluida la de la Vulgata. Lo que depende de la autoridad del Magisterio es el auténtico sentido de lo dicho en la Escritura, tanto en las traducciones como en los textos originales. Si la corrección de las traducciones dependiera de la autoridad del Magisterio, éste podría escribir su propia “sagrada escritura” en latín y en todas las otras lenguas. Desglosémoslo:

Las traducciones de los manuscritos antiguos a las versiones modernas de la Sagrada Escritura, incluida la de la Vulgata, son correctas o incorrectas objetivamente, y no porque alguien así lo diga, aunque sea el Magisterio o seamos nosotros.

Dificultad de definir infaliblemente toda la Sagrada Escritura 

Un hecho relacionado con lo anterior, y que pudo ser uno de los motivos por los que Pío XII hizo las aclaraciones mencionadas, es que el Magisterio no puede declarar un definición infalible de la autenticidad global de toda la Vulgata ―de todo lo dicho en ella― ni de ninguna otra versión actual de la Sagrada Escritura. 

La razón de ello es que la Escritura no está hecha sólo de proposiciones u oraciones enunciativas, sino también de oraciones interrogativas, imperativas, vocativas, exclamativas y quizá muchas otras que no son aptas para expresar verdades, y que, por lo mismo, no pueden ser definidas infaliblemente por el Magisterio. 

El Magisterio ciertamente podría tomar todas esas oraciones no enunciativas y elaborar una proposición acerca de cada una, pero eso ya no sería la Escritura misma. El Magisterio también puede declarar que determinada versión de la Escritura es fiel a los textos originales, es decir, que la labor crítica y las traducciones están bien hechas; lo cual sería una declaración de la autenticidad crítica de la Escritura; pero eso tampoco puede ser definido infaliblemente, porque ha tenido lugar después del cierre de la Revelación pública debido a la muerte del último Apóstol. 

De hecho, el Magisterio no ha querido declarar la autenticidad crítica ni siquiera de la Vulgata; y por eso Pío XII aclara que en el Concilio de Trento se declaró sólo su autenticidad jurídica. Desglosémoslo en forma de tesis:

La autenticidad global de toda la Sagrada Escritura ―de todo lo dicho en ella― es algo que no puede ser definido infaliblemente respecto a ninguna de sus versiones actuales.

Lo que dijo Juan Pablo II 

Finalmente, en 1979 el Papa Juan Pablo II promulgó para toda la Iglesia, en la constitución apostólica Scripturarum thesaurus, la Nova Vulgata Bibliorum Sacrorum Editio, como nueva edición latina oficial de la Biblia. Al comparar esta última edición de la Vulgata con la edición anterior se hace notoria la pequeñez de las diferencias. 

Los miles de manuscritos que se conservan, junto con las modernas técnicas de la crítica de textos antiguos, han logrado versiones de la Escritura que son muy fieles a la Revelación original, con una verificabilidad histórico-crítica muy superior a cualquier obra literaria antigua. 

Además de eso, el Magisterio ha tenido sumo cuidado en que lo mejor de los estudios bíblicos sea vertido a la versión oficial de la Biblia en la lengua oficial de la Iglesia, que es el latín; versión que ha venido siendo, en cada tiempo, la última edición de la Vulgata. 

El hecho es claro, a medida que nos alejamos del tiempo de composición de los manuscritos las diferencias entre las distintas versiones de la Escritura se hacen más y más pequeñas, en vez de hacerse más grandes. Por tanto, hoy, además de la autoridad que le da el Magisterio de la Iglesia, el texto de la Nova Vulgata es de una gran confiabilidad crítica.»[16]

La Biblia para el pueblo [17]

El renacimiento católico romano [18]

El profesor Edson de Farias Francisco, de la Universidad Metodista de São Paulo, habló sobre  «“La Vulgata como testimonio del masorético”. Estableció una relación con el trabajo de los masoretas, escribas judíos encargados de velar por la integridad y exactitud de los textos sagrados. “La Vulgata demuestra ser una traducción que resulta fiel y digna de estima, además debe tomarse en cuenta la falta de recursos en la época en que vivió Jerónimo”, manifestó el conferencista[19]

El portal de Sociedades Biblicas Unidas,publicó en noviembre del año 2007,  una catequesis de Benedicto XVI, el obispo de la iglesia católico- romano,a la figura de San Jerónimo del que destacó su traducción al latín de la Biblia, la llamada “Vulgata”, que se convirtió en la versión oficial de las Escrituras para la Iglesia católica, en la audiencia general celebrada en la Plaza se San Pedro:

«…las opiniones pasan y que la Palabra de Dios es lo único que “trasciende en el tiempo”, durante su catequesis de hoy 

“Hay que tener siempre presente que la palabra de Dios trasciende en el tiempo, que las opiniones llegan y pasan y lo que ahora es modernismo mañana es pasado”, explicó el Papa.

Benedicto realizó esta afirmación al explicar que para los católicos “la Palabra de Dios es palabra de vida eterna y lleva consigo la eternidad, lo que vale para siempre”.

El Papa instó entonces a los católicos a vivir “en contacto y dialogo vivo con la palabra de Dios donada en la Sagrada Escritura”.

Y explicó que este dialogo tiene que tener dos dimensiones; una personal y otra en comunidad.

“El diálogo tiene que ser personal porque Dios habla con cada uno de nosotros mediante la Sagradas Escrituras y para todos tiene un mensaje”, afirmó.

Y añadió, que “hay que leer la Biblia “no como palabra del pasado sino como si Dios hablase contigo, e intentar entender qué es lo que te dice”.»[20]

Notas:

Que significa la Inspiracion divina de las escrituras? Desarrolle teorias plenaria,parcial mecanica.

29 Abr

Me doy cuenta que lo poco que se, apenas representa una pequeña gota en el vasto oceano de todo lo que ignoro (Enesto Trenchard, TE)

Pregunta 6

¿Que significa la Inspiracion divina de las escrituras? Desarrolle teorias plenaria,parcial y  mecanica. Ejemplos en el A.T y en el N.T donde se explique que la Biblia es inspirada Dios y explicarlos.

Introduccion:
El  martes 23 septiembre del 2008, el cardenal Albert Vanhoye, jesuita, ex rector del Instituto Bíblico Pontificio y ex secretario de la Comisión Bíblica Pontificia,  uno de los biblistas contemporáneos más reconocidos en el mundo, faltando pocos días para el Sínodo de los Obispos del año 2008, se expresó en una entrevista que le realizaron diciendo así: “Ciertamente la convicción de que la Sagrada Escritura es esencial para conocer a Cristo, para seguirle, para investigar todas las dimensiones del misterio de Cristo. La estrecha relación entre investigación exegética y profundización de la fe y de la vida espiritual. Esto ha hecho que no haya dudado nunca en estudiar, investigar y emplear todas mis fuerzas y mis capacidades en este estudio de importancia fundamental para la vida de la Iglesia.[0]

VII. RESUMEN: LA AUTORIDAD DE LA BIBLIA

29 Abr

VII. RESUMEN: LA AUTORIDAD DE LA BIBLIA

Dios ha obrado y ha hablado en medio de la historia a los hombres; ha llamado y usado a hombres (profetas y apóstoles) como instrumentos de Su revelación a la humanidad. Éstos, movidos por el Espíritu Santo, hablaron de parte de Dios y luego pusieron por escrito el mensaje divino de que fueron hechos depositarios. De esta manera la Revelación ha quedado garantizada y preservada para todos los seres humanos de todos los tiempos.

¿Con qué finalidad? Con un objetivo salvífico: la revelación culmina en Jesucristo, quien no es solamente la Palabra expresiva del Padre sino el Redentor y hoy, dicha Revelación y dicha Redención nos llegan únicamente a través del Registro inspirado por Dios: La Biblia.

La suprema finalidad de la Biblia es dar testimonio de Cristo y conducir a los hombres a la salvación y a la comunión que Dios les brinda en Jesucristo. Creemos pues que la Biblia es fidedigna en todas sus partes porque es el producto del “soplo de Dios” (lo que llamamos inspiración) y, por consiguiente, su enseñanza es infalible, es inerrante.

La Biblia misma afirma ser Palabra de Dios y lo demuestra por la historia, las profecías cumplidas, hallazgos arqueológicos, etc. De forma milagrosa, Dios cuidó que su Palabra llegara a nuestras manos, por un lado, por la inusitada cantidad de textos antiguos, y por otro, de forma impresionantemente correcta, a pesar de la cantidad de años y medios frágiles humanos y mecánicos para trasmitirlos. Dios proveyó de personas capacitadas para su traducción a los diferentes idiomas, a pesar de fuerte oposición.

La Biblia nos demuestra una impresionante unidad a lo largo de sus 2 Pactos y 66 libros. Hay unidad estructural,histórica, profética, doctrinal, moral y espiritual. Como si lo anterior no alcanzara, la Biblia transforma a los individuos por su poder salvador y su poder edificador. La Biblia también transforma a los pueblos, como vemos en el pueblo de Israel y ejemplos de la historia en Europa y América.

Tuvo una influencia impresionante en la vida pública y cultural de muchas naciones. La Biblia es Palabra de Dios, aunque escrita por hombres, se nos es iluminada por el Espíritu Santo para nuestro entendimiento. Aunque es variada y compleja, es una unidad. Es el medio para obtener la salvación y llevar una vida acorde a la voluntad de Dios. La Biblia nunca deja al hombre donde lo encuentra, porque le concede privilegios, le abre oportunidades, y crea responsabilidades.

Siendo de origen divino, habla con autoridad soberana, y si la echamos de lado será a costa de nuestro hundimiento presente y eterno. Apliquémosla a la vida y veremos que es más que suficiente para la fe y para la vida. Si la Biblia es lo que dice ser, entonces hemos de leerla, meditarla y apropiarnos de su contenido.

  • “Dichosos más bien…los que oyen la palabra de Dios y la obedecen” Lc. 11:28 (NVI)
  • “Bienaventurado el que lee, y los que oyen las palabras de esta profecía, y guardan las cosas en ella escritas;porque el tiempo está cerca” Ap.1:3
  • ‘Nunca se apartará de tu boca este libro de la ley, sino que de día y de noche meditarás en él, para que guardes y hagas conforme a todo lo que en él está escrito; porque entonces harás prosperar tu camino, y todo te saldrá bien”Josué 1:8
  • “¡Cuan bienaventurados son los de camino perfecto, ¡os que andan en la ley del Señor! ¡Cuan bienaventurados son los que guardan sus testimonios, los que de todo corazón te buscan Sal. 119:2 (B.A.)

Bibliografía
Teología Básica – Charles C. Ryrie (Unilit 1993}
Introducción a la Teología T.l – J.Grau (CLIE 1973)
Apuntes de Bibliología -Dr. G. Wasserzug-Traeder (Llamada de Medianoche 1989)
Apuntes de Bibliología – Palabra de Vida (2000)
Apuntes de Bibliología – Pablo Wright (ÍBEM 2003)
Ei mensaje del Antiguo Testamento – Raymond Browin – Ed.Certeza
El mensaje del Nuevo Testamento – F.F.Bruce – Ed.Certeza
Nuevo Manual Bíblico – Merrill F.Unger- Ed.Portavoz E.
¿Cómo llegó la Biblia hasta nosotros? Compilado por Pedro Puigvert – (Clie 1999)
Introducción a la Biblia – FLET (Unilit 1996)
Evidencia que exige un veredicto – Josh McDowell (Vida 1982)
Nuevo Diccionario Bíblico Ilustrado – Vila-Escuain (Clie 1985)
Estudios de Doctrina Bíblica – Ernesto Trenchard (Portavoz 1976)
El libro siempre nuevo -José Silva Delgado (Vida 1983)
Conociendo a Dios-J.l.Packer
Los dones vigentes – Apuntes de Don Fanning
El Canon de la Sagrada Escritura – Brooke Foss Westcott (Clie 1987)
¿Es la Biblia Palabra de Dios? – W.Graham Scroggie (Clie 1984)

Bibliología, Instituto Bíblico Jorge Muller, Esteban Beitze

PROFETAS MENORES

28 Abr

PROFETAS MENORES

Una Biblia latina belga de 1407.
I. Introduccion:[0]

 

 

1.DIVISIONES

A. División por libros

Así como la Biblia está dividida en dos testamentos, así también éstos se subdividen en varias secciones o grupos de libros. Son estas secciones las que determinan el orden de los libros de la Biblia, el que no siempre ha sido el mismo a lo largo de los siglos.

1) Divisiones del Antiguo Testamento

a) Sistema hebreo. El AT estaba dividido originalmente en dos secciones llamadas Ley y Profetas, a las cuales se alude frecuentemente en el NT (Mt.5:17; Lc.16:16; Hch.13:15; 24:14). También se ha hallado esta división en los manuscritos del Mar Muerto. Pero desde el siglo II a.C. hasta nuestros días los judíos han dividido el AT en tres secciones, a saber: La Ley, Los Profetas y los Escritos. Aunque estas secciones comprenden solamente 24 libros, éstos equivalen a los 39 de nuestras Biblias.

En el sistema hebreo, los libros fueron colocados en el siguiente orden:

• La Ley (Torah): Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio.

• Los Profetas (Nebhin):

 -Profetas Anteriores: Josué, Jueces, Samuel y Reyes.

– Profetas Posteriores: Isaías, Jeremías, Ezequiel y los doce (profetas menores).

• Las Escrituras (Ketubim o Hagiografía):                                                                              
– Libros Poéticos: Salmos, Proverbios y Job.

– Cinco Rollos (Megilloth): Cantar de los Cantares, Rut, Lamentaciones, Ester y Eclesiastés.

– Libros Históricos: Daniel, Esdras-Nehemías y Crónicas.

Los cinco rollos se leían en las fiestas anuales: Cantares en Pascua; Rut, en Pentecostés; Eclesiastés, en la fiesta de los Tabernáculos; Ester, en Purim y Lamentaciones, en el aniversario de la destrucción de Jerusalén. Jesucristo se refiere a la división tripartita en Lucas 24:44. En este lugar, a la tercera la llama Salmos.

b) Sistema griego. Los traductores de la versión de los Setenta no se limitaron a traducir el AT al griego sino que además, le introdujeron varias modificaciones en su estructura. Entre ellas podemos mencionar las siguientes:

• División de Samuel, Reyes y Crónicas.

•  Separación de los libros combinados en los Doce, y Esdras y Nehemías.

•  Cambio de nombre de varios libros.

•  Nueva agrupación de los libros de los Profetas y de los Escritos.                   

Así el AT quedó dividido en cuatro secciones que son: la Ley, los libros históricos, los libros poéticos y los libros proféticos. La diferencia fundamental entre el sistema de división hebreo y griego consiste en que, mientras el primero parece basarse en la categoría de los escritores, el último se basa en el contenido de los libros. La división del AT según el sistema griego ha sido la base de la estructura moderna de esta parte de la Biblia. Sólo ha habido variaciones en el orden de los libros; pero las divisiones han permanecido iguales.

En las versiones modernas de la Biblia los libros del Canon hebreo vienen agrupados en cuatro categorías:

• La ley : Génesis, Éxodo, Levítico, Números y Deuteronomio.

• Los libros históricos: Josué, Jueces, Rut, 1-2 Samuel, 1-2 Reyes, 1-2 Crónicas, Esdras, Nehemías y Ester.

• Los libros líricos y de sabiduría: Job, Salmos, Proverbios, Eclesiastés y Cantar de los Cantares.

• Los profetas: Isaías, Jeremías, Lamentaciones, Ezequiel, Daniel y los profetas menores.

Desde luego, tratándose de una división artificial, no todos los libros están en el grupo que les corresponde. Por ejemplo, Génesis es un libro histórico y Lamentaciones, poético. La mitad de Daniel es histórica en su mayoría, y la otra mitad profética. Algunos libros poéticos son en gran parte proféticos y además contienen historia. Pero en general, se han agrupado según su contenido.

2) Divisiones del NT. Siguiendo el sistema de la versión de los Setenta, los dirigentes de la iglesia primitiva dividieron el NT en cuatro secciones que son:

• Libros biográficos: Mateo, Marcos, Lucas y Juan.

• Libro histórico: Hechos.

• Libros didácticos:

 -Epístolas de Pablo: Romanos, 1 y 2 Corintios, Calatas, Efesios, Filipenses, Colosenses, 1 y 2 Tesalonicenses, 1 y 2 Timoteo, Tito y Fiiemón.

– Epístola a los Hebreos.

– Espístolas universales: Santiago, 1 y 2 Pedro, 1-3 Juan y Judas,

• Libro profetico: Apocalipsis.

Como se podrá notar, los libros de la Biblia no están arreglados en orden cronológico, pero en algunas secciones sí se puede ver tal orden.

B. División por capítulos y versículos

Leer un rollo se complicaba mucho, sobre todo al buscar un pasaje determinado. Por esta razón se empezaron a hacer divisiones para ayudar en la búsqueda.

1) Las primeras divisiones se fe hicieron al Pentateuco (586 a.C.). Fueron 154 agrupaciones (sedarim) para facilitar su lectura en un plan de tres años.

Cincuenta años más tarde se le seccionó en 54 divisiones (parashiyyoth) y en 669 segmentos más pequeños para facilitar la ubicación de referencias. Estas se usaron en un ciclo de lecturas de un año.

Los griegos hicieron divisiones alrededor del año 250 d.C. El más antiguo sistema de división en capítulos data del año 350 d.C. aprox., en los márgenes del Códice Vaticano.

Pero no fue hasta el siglo XIII que estas secciones fueron cambiadas. Esteban Langton, profesor de la Universidad de París, y más tarde Arzobispo de Canterbury, dividió la Biblia según la moderna división de capítulos (1206 d.C.}.

2) Los primeros indicadores de versículos variaron desde el uso de espacios entre palabras, hasta letras o números. No se usaron sistemáticamente de manera universal. Las primeras divisiones en versículos ampliamente aceptadas aparecieron alrededor del 900 d.C. La división en versículos del NT que tenemos en la actualidad es obra del impresor Roberto Estienne, quien la hizo en 1550 en un viaje de París a Lyon. No siempre es buena, y acusa las huellas de su origen: ser hecha durante un viaje; pero se introdujo rápidamente y por eílo,por razones prácticas se mantiene.

La Vulgata Latina fue la primera Biblia que incorporó la división tanto en capítulos como en versículos en el AT y NT.

Evidentemente, las divisiones por capítulos y versículos no son inspiradas, por lo cual puede ser que a veces, inclusive, divide en donde no debería haber división. Esto es una razón más por la cual siempre es importante leer un pasaje en su contexto.

En este item, solo consideraremos los profetas menores. Aca podemos ver una imagen con la clasificación de los libros de los profetas menores y un resumen de su contenido.

profetas-menores

Porque están en el canon?

Están en el canon, porque estos libros son inspirados por Dios. ¿Que es el canon?  «La palabra “CANON” viene del griego “KANON”, que significa vara, caña y por extensión un instrumento de medida, una regla o norma. Se aplica el término a la lista de libros normativos: el canon bíblico es el conjunto de los libros que la iglesia ha reconocido como inspirados por Dios. En la actualidad existen dos cánones; pero de hecho sólo uno de ellos es el verdadero[1]

Está lo que se denomina el canon del Antiguo testamento y el Canon del Nuevo Testamento. En este item,solo veremos el canon del Antiguo Testamento.

El Canon de Antiguo Testamento

«El canon judío de los Libros Sagrados ignoramos cuándo fue definitivamente cerrado. Para unos sería en tiempo de Esdras y Nehemías (siglo V a.C.); para otros, en la época de los Macabeos (siglo II a.C.). Lo cierto es que los judíos tenían en el siglo I de nuestra era una colección de libros Sagrados, que consideraban como inspirados por Dios.

Los documentos literarios que tenían autoridad en el pueblo de Israel se fueron multiplicando poco a poco. El libro de la ley de Moisés fue guardado al lado del arca del pacto (Dt. 31: 24 – 26), luego Josué, el sucesor de Moisés, adjuntó lo que él había escrito (Jos. 24: 26). El profeta Samuel por su parte, consignó el derecho de los reyes en un libro que puso ante el Señor (1 Sam. 10: 25). Ezequías, rey, mandó coleccionar las sentencias de Salomón (Prov. 25:1).

Pero es sobre todo en la época de Josías, rey (640-608 a.C.), cuando se comienza a hacer recurso a la autoridad de un texto escrito, cuyo carácter de código sagrado parece que había sido reconocido oficialmente. Antes del reinado de Josías no consta que la Ley mosaica haya gozado de una autoridad “canónica” universalmente reconocida.

Sin embargo, después que el sumo sacerdote Helcías encontró en el templo del Señor “el libro de la Ley” (2 R. 22; 23; 2 Crón 34; 35), las cosas cambiaron radicalmente. No se sabe si el libro encontrado ha de ser identificado con el Pentateuco entero, o más bien con sólo el Deuteronomio. Pero el hecho es que, a partir de este momento, “el libro de la Ley” fue considerado como algo muy sagrado y como la colección de las leyes dadas por Dios a Israel. En los libros de los Reyes encontramos ya las primeras citas explícitas de “la Ley de Moisés” (1 R. 2: 3;  2 R. 14: 6).

Los profetas Isaías (Is 30: 834: 16) y Jeremías (Jer 36: 2-427-32) escribieron sus profecías. Y la obra del profeta Jeremías está inspirada indudablemente en el espíritu de la reforma de Josías. Este mismo profeta tiene citaciones de profetas anteriores (Jer 26:1849:14-16 = Miq 3: 12; Abd 1: 4), lo cual parece indicar que ya existían colecciones de profecías.

Después del destierro babilónico tenemos testimonios escriturísticos importantes, de los cuales podemos deducir que casi todos los libros protocanónicos estaban ya reunidos en colecciones y eran considerados como canónicos. Los textos bíblicos de esta época nos dan a conocer tres clases de Libros Sagrados: la Ley (Torah), los Profetas (Nebi’im) y los Escritos o Hagiógrafa (Ketubim).

El primer testimonio en este sentido es el del libro de Nehemías (8 – 9). En él se narra que Esdras, sacerdote y escriba, leyó y explicó la Ley de Moisés delante del pueblo. Y, después de escuchar su lectura, el pueblo prometió con juramento observarla, lo cual parece indicar que reconocían autoridad canónica al Pentateuco. 

El profeta Daniel afirma que “estaba estudiando en los libros el número de los setenta años… que dijo Jehová a Jeremías profeta” (Dan. 9: 2;  Jer. 25: 11; 29: 10). Esto demuestra con bastante claridad que en aquel tiempo ya existía una colección de Libros Sagrados.

Para el año 132 a.C. se afirmaba que ya existía una triple división de las Escrituras: La Ley, Los profetas y los otros escritos análogos.

Los hebreos siempre han creído que fue en los tiempos de Esdras  y de Nehemías que se estableció el Canon de la Biblia de los libros inspirados del AT.

En el siglo I de nuestra era se nos da ya claramente el número de los Libros sagrados y su triple división: Ley, Profetas y Hagiógrafos. Sin embargo, en algunos ambientes judíos existían ciertas dudas sobre la canonicidad del Cantares, Proverbios, Ezequías y Ester. Para unos debían ser excluidos de la colección de los Libros Sagrados y de la lección pública de la sinagoga; para otros tenían la misma autoridad que los demás Libros Santos. Esto supone que ya por aquel entonces habían sido recibidos en el canon del AT.

El NT contiene innumerables citas del AT, aunque no nombra explícitamente los libros. Parece que no se alude a los libros de Rut, Esdras, Nehemías, Ester, Eclesiastés, Cantares, Abdías. Pero es indudable que los autores del NT admitían y usaban los libros canónicos recibidos por los judíos.

Josefo Flavio (38-100 d.C.), en su libro Contra Apión (1: 7-8), compuesto hacia el año 97-98 d.C., escribe que los judíos no tenían millares de libros en desacuerdo y contradicción entre sí, como sucedía entre los griegos, sino sólo veintidós, que eran justamente considerados como divinos y contenían la historia del pasado. Los 22 libros los distribuye de la siguiente manera: cinco de Moisés, trece de los profetas y otros cuatro libros que contenían himnos de alabanza a Dios y preceptos de vida para los hombres. Este texto de Josefo Flavio es de gran importancia, aunque no nos dé los nombres de los libros. Lo cual nos indica que en aquel tiempo ya se encontraba cerrado el canon de los judíos. Este hecho parece que tuvo lugar, según la tradición rabínica, en la asamblea de Yamnia (hacia el año 100 d.C.).

Después de la destrucción de Jerusalén, los judíos doctos se consagraron con gran ahínco a conservar lo que aún subsistía del pasado, en modo especial las Sagradas Escrituras. A partir de la asamblea de Yamnia, quedó fijado definitivamente el canon ya admitido desde hacía unos siglos antes.

Son bastantes los autores antiguos que atribuyen el canon de 24 libros del AT a Esdras. Por eso se le suele llamar canon esdrino. Esta opinión fue de nuevo resucitada en el siglo XVI por el judío Elías Levita (1549), el cual afirmó que Esdras había sido ayudado en su labor por los “miembros de la Gran Sinagoga”. A Elías Levita siguieron muchos protestantes y católicos, de tal forma que se convirtió en la opinión común hasta nuestros días.

Para los protestantes, Esdras habría cerrado de modo definitivo el canon, de tal manera que en lo futuro no se permitió añadir más libros; para los católicos, en cambio, la compilación canónica de Esdras no había sido definitiva. Por eso, los judíos alejandrinos pudieron añadir más tarde los libros deuterocanónicos.

Josefo Flavio atribuye la formación del canon al tiempo de Artajerjes I Longímano (465-425 a.C.), es decir, al período en que tuvo lugar la actividad religiosa de Esdras y Nehemías.

Los judíos palestinenses admitían, en tiempo de Cristo, todos los libros protocanónicos como sagrados. Esto parece estar fuera de toda duda. En tiempo de Cristo, existía ciertamente entre los judíos una colección de Libros Sagrados del AT, a la que se atribuía la máxima autoridad normativa. Jesucristo y los apóstoles recibieron también esta colección de libros con suma reverencia y la aprobaron, considerándola como sagrada y normativa. Esto se deduce de la manera de proceder de Cristo y de sus discípulos. Con frecuencia recurren al testimonio de las Sagradas Escrituras, considerándolas como palabra de Dios.

La colección de Libros Sagrados aceptada por Cristo contenía sin duda alguna todos los libros protocanónicos admitidos entonces por los judíos. Entre éstos hay que incluir también siete libros protocanónicos (Rut, Esdras, Nehemías, Ester, Eclesiastés, Cantares, Abdías, Nahum) que no son citados en ningún lugar del NT.

Nadie pone en duda que la Iglesia primitiva haya recibido como libros canónicos e inspirados siguiendo el ejemplo de Jesucristo y de los apóstoles todos los protocanónicos del AT[2]

 

La Iglesia Católica, se rige por el canon de Alejandria, que no veremos en este item. Los Cristianos Evangélicos nos regimos para determinar cuales libros del Antiguo Testamento son inspirados y cuales no, por el llamado canon hebreo. Estas desiciones se afirmaron en la epoca de la Reforma protestante.

Al respecto podemos citar la opinion de una web católica que explica estas determinaciones:

«La canonicidad de algunos libros  del Nuevo Testamento sólo llegó a establecerse después de muchos titubeos. En la Iglesia occidental no se estableció hasta el 380-390, mientras que en la oriental, dado que todavía seguía discutiéndose sobre el estatuto del libro del Apocalipsis, no llegó a establecerse hasta finales del s. Vll. San Atanasio presenta el primer canon completo del Nuevo Testamento el año 367 Algunos católicos, entre ellos Erasmo de Rotterdam, lanzaron sospechas Do sólo sobre la canonicidad, sino también sobre la autenticidad de algunos libros de la Biblia. Además, los reformadores del s. XVI optaron por el canon de los hebreos, llamando «apócrifos» a los deuterocanónicos del Antiguo Testamento. Lutero Y otros reformadores alemanes rechazaron Sant, Jds, Heb y Ap. Esto hizo necesario que la Iglesia se pronunciara dogmáticamente sobre el canon. Lo hizo en 1546 en el concilio de Trento, que exigía la misma referencia para con todos los cuarenta y cinco libros del Antiguo Testamento y los veintisiete libros del Nuevo Testamento, por el hecho de que Dios es su autor (cf. DS 1501-1505 y también 3029).

Las otras Iglesias reformadas no pusieron en discusión el canon del Nuevo Testamento, y en el s. XVll los mismos luteranos volvieron al canon tradicional del Nuevo Testamento. Todavía hoy los deuterocanónicos del Nuevo Testamento son comentados generalmente junto con los protocanónicos y en el orden tradicional: los deuterocanónicos del Antiguo Testamento, por el contrario, no han recobrado aún su autoridad.»[3]

El Canon Hebreo o Canon de Palestina

«Un grupo de rabinos que habían conseguido escapar del asedio de Jerusalén en el año 70 fundaron hacia el año 90 una escuela en Yamnia. Decidieron recopilar y ordenar los libros que consideraban inspirados, tarea que finalizaron en el siglo II de nuestra era. Sólo aceptaron los que habían sido escritos en hebreo; es decir solo treinta y nueve (39) libros, excluyendo los deuterocanónicos. Estos libros se denominan “protocanónicos”. La Biblia hebrea contiene 24 libros y se dividen según el siguiente esquema: 

  1. Torah (La ley); contiene los cinco libros de Moisés 
  1. Nebi’im (Los profetas); Se dividen en: 
  • Profetas Anteriores (Josué, Jueces, Reyes y Samuel) 
  • Profetas Posteriores (Isaías, Jeremías, Ezequiel y los doce) 
  1. Ketubin (Los escritos); contiene: Salmos, Proverbios, Job, cantares, Rut, Lamentaciones, Eclesiastés, Ester, Daniel, Esdras – Nehemías y Crónicas

Los 24 libros de la Biblia hebrea son los mismos 39 libros del AT de los cristianos, la numeración se originó cuando se empezó a contar por separado cada uno de los profetas menores y cuando se separaron en dos los libros de Samuel, Reyes, Crónicas y Esdras – Nehemías.

Como vemos la Biblia hebrea sólo acepta a treinta y nueve libros del AT como inspirados por Dios y excluye los siete restantes y varios fragmentos del libro de Daniel y de Esther que aceptan los católicos.» [4]

«El último libro del canon hebreo de los Profetas se denomina simplemente “Los Doce”. Agrupa doce opúsculos atribuidos a diferentes profetas. La Biblia griega lo titula el Dodecaprofeton. La iglesia cristiana lo considera como la colección de los doce “Profetas Menores“»[5]

Grabado de las Lamentaciones de Jeremías, importante texto de la literatura profética.
¿Cual fue el primer canon?

«El primer canon es el Pentateuco, el cual se compone de los libros del GénesisÉxodoLevíticoNúmeros y Deuteronomio y contiene la “Ley de Dios”, que es el conjunto de los 613 preceptos del Judaísmo.

Dentro del Judaísmo surge disputa sobre el canon correcto. Un grupo religioso, los saduceos, sostiene que solamente conforma el canon de las Escrituras la Torá o Pentateuco (la Ley), mientras que otros grupos también consideran las Escrituras de los Nevi’im (Profetas) y losKetuvim (los Escritos). Después de la destrucción de Jerusalén en el año 70 d. C., el grupo judío predominante fue el de los fariseos, que sí considera al canon como conformado por la Ley, los Profetas y los Escritos. Así, a finales del siglo I el Judaísmo estableció en Yamnia (Yavne) como canon de sus libros sagrados aquellos que cumplieran tres requisitos: que hubiera una copia del libro en cuestión que se supiera que fue escrito antes del año 300 a. C. (cuando la helenización llegó a Palestina, con los problemas culturales y religiosos subsecuentes, y que pueden leerse en libros como los de los Macabeos o el de Daniel), que dicha copia estuviera escrita en hebreo o cuando menos arameo (no griego, la lengua y cultura invasora) y que tuviera un mensaje considerado como inspirado o dirigido al pueblo de Dios (con lo que también algunos libros que cumplían las dos características anteriores tuvieron que salir del canon).

En tiempos de Jesús de Nazaret es dominante la segunda opinión, la cual es sostenida y transmitida por muchos cristianos hasta tiempos de la Reforma Protestante con la controversia de los libros deuterocanónicos (ver «Estructura»up supra). Esta controversia probablemente se originó precisamente por el hecho de que el Judaísmo había establecido su canon a fines del siglo I, con lo que para ellos ya no estaban presentes aquellos textos que sólo se encontrarían en griego (en la versión de la Biblia judía de los Setenta). Estos libros fueron precisamente los que se considerarían, posteriormente, como deuterocanónicos.

La versión judía de la Biblia consta de 24 libros, con ciertas diferencias respecto a las Biblias cristianas. Algunas de ellas son:

Actualmente, los libros que no son considerados canónicos por católicos y ortodoxos, reciben el nombre de libros apócrifos; a su vez, esos mismos libros suelen ser denominados pseudoepígrafos por los protestantes, que, habitualmente, respetan también el nombre deDeuterocanónicos (literalmente, “del segundo canon”) para aquellos que han recibido reconocimiento canónico de católicos y ortodoxos (en general, son libros escritos originalmente en griego, incluidos en la traducción al griego de la Biblia judía conocida como Septuaginta o de los LXX). No obstante, algunas corrientes protestantes fundamentalistas insisten en conservar el nombre de apócrifos para los libros deuterocanónicos. Con todo, hay que señalar, que los primeros cristianos no usaban la Biblia hebrea, sino que usaban la Septuaginta o de los LXX por cuanto varios de los nuevos cristianos fueron judíos de cultura griega, como por ejemplo, Pablo de TarsoSan Esteban, y los evangelistas San Lucas y San Marcos.

Así pues, las versiones católicas de la Biblia constan de 73 escritos, en tanto que las versiones protestantes sólo contienen 66, debido a que ellos consideran que siete libros impresos en las versiones católicas (los deuterocanónicos) sólo son “lectura edificante”, pero no canónica. Las versiones ortodoxas, por su parte, incluyen 76 libros en total. Además, la Iglesia Ortodoxa Etíope incluye como canónico en el Antiguo Testamento el Libro de Enoc, que no incluye ninguna de las otras corrientes cristianas ni el judaísmo.»[6]

«Para los Judíos Ortodoxos, por supuesto, el Nuevo Testamento no tiene validez. El rabínico considera como fuente de doctrina el Talmud, mientras los Caraítas defienden desde el siglo VIII el Tanaj como única fuente de fe.»[7]

El Canon Griego o Canon de Alejandría

 «En la versión griega llamada Septuaginta o versión de los LXX, se incluyeron libros que se leían en sinagogas de Alejandría, los denominados libros “deuterocanónicos”. Algunos libros no fueron traducidos, sino escritos directamente en griego (Sabiduría y el segundo libro de Macabeos). Este canon tiene quince (15) libros más que el Canon Hebreo y se clasifica en:

  1. Legislación e historia
  2. Poetas y profetas»[8]

Conflictos contemporáneos respecto al canon

«La canonicidad de algunos libros del Nuevo Testamento sólo llegó a establecerse después de muchos titubeos. En la Iglesia occidental no se estableció hasta el 380-390, mientras que en la oriental, dado que todavía seguía discutiéndose sobre el estatuto del libro del Apocalipsis, no llegó a establecerse hasta finales del s. Vll. San Atanasio presenta el primer canon completo del Nuevo Testamento el año 367 Algunos católicos, entre ellos Erasmo de Rotterdam, lanzaron sospechas Do sólo sobre la canonicidad, sino también sobre la autenticidad de algunos libros de la Biblia. Además, los reformadores del s. XVI optaron por el canon de los hebreos, llamando «apócrifos» a los deuterocanónicos del Antiguo Testamento. Lutero Y otros reformadores alemanes rechazaron Sant, Jds, Heb y Ap. Esto hizo necesario que la Iglesia se pronunciara dogmáticamente sobre el canon. Lo hizo en 1546 en el concilio de Trento, que exigía la misma referencia para con todos los cuarenta y cinco libros del Antiguo Testamento y los veintisiete libros del Nuevo Testamento, por el hecho de que Dios es su autor (cf. DS 1501-1505 y también 3029).

Las otras Iglesias reformadas no pusieron en discusión el canon del Nuevo Testamento, y en el s. XVll los mismos luteranos volvieron al canon tradicional del Nuevo Testamento. Todavía hoy los deuterocanónicos del Nuevo Testamento son comentados generalmente junto con los protocanónicos y en el orden tradicional: los deuterocanónicos del Antiguo Testamento, por el contrario, no han recobrado aún su autoridad.

El reconocimiento de la canonicidad de los libros sagrados por parte de la Iglesia es un problema de tipo teológico, que se refiere al cuándo y al cómo de la revelación de esta verdad a la comunidad creyente. Si esta revelación se le concedió mientras vivía aún alguno de los apóstoles, aunque de una forma muy implícita, como parece que debería ser, o si sólo se le reveló más tarde. Este tema puede ser estudiado . también desde el punto de vista del desarrollo del dogma.

En estos últimos decenios el tema ha sido estudiado por los teólogos (Geiselm~nn, Grelot, Rahner, Lengsfeld, Congar) en busca de una solución convivente. Ha sido el Magisterio de la Iglesia el que nos ha dado a conocer el origen inspirado, es decir, divino de la sagrada Escritura, y el que nos dice además que afirma esto mismo por revelación divina.

En el reconocimiento definitivo del canon por parte de la Iglesia, han tenido ciertamente un lugar importante algunos criterios objetivos a propósito de los libros: su conformidad con la «regla de la fe”, su origen o su aprobación apostólica y su destino a una Iglesia oficial y el uso litúrgico que de ellos se hace. Pero no parece que estos criterios sean suficientes para esta definición. Hay que referir más bien el discurso al ámbito de la Tradición.

…En las Biblias protestantes de hov no solamente figuran todos los libros deuterocanónicos, sino que aparecen en el orden tradicional, en contra de lo que había hecho Lutero. Lutero, anticipándose a la discusión actual del “canon en el canon”, había clasificado los libros del Nuevo Testamento según su importancia; les atribuía un papel secundario a Hebreos, Santiago, Judas y Apocalipsis, colocándolos al final de su versión, después de los otros libros a los que consideraba como «los verdaderos, los seguros y los más importantes del Nuevo Testamento” 

… Algunos autores protestantes alemanes (Bultmann, Kasemann, Konzelmann, Braun y Marxsen) han planteado un problema nuevo, con grandes repercusiones en el diálogo ecuménico. Si es verdad que el Nuevo Testamento nace de la Tradición y pone por escrito una Tradición dinámica y progresiva, entonces se pueden distinguir en el Nuevo Testamento varias tradiciones, en algunas de las cuales – especialmente en las que transcriben los libros más recientes- están ya presentes los rasgos típicos del catolicismo (etapas iniciales del sacramentalismo, de la jerarquía, de los ministros ordenados, del dogma, en una palabra, las características bien conocidas del cristianismo católico) que ellos -utilizando la expresión de Harnack- llaman Frunkatolizismus (ProtocatolicismoJ. Mientras que Harnack pensaba que los elementos del protocatolicismo se debían a la llamada «degeneración católica” en el s. II, cuando se consumó lo que él llama «pecado original” de fusión entre el helenismo y el cristianismo, los mencionados exegetas protestantes piensan que esos elementos se encuentran ya en los libros deuterocanónicos del Nuevo Testamento.

Estos autores piensan que donde aparecen en los libros o en las secciones del Nuevo Testamento:

1) el paso del carisma a la institución;

2) la disminución de la tensión escatológica;

3) la evolución en la presentación de la moral, allí hay que hablar de una penetración espurea del «protocatolicismo” y por tanto de una contaminación del Evangelio puro, con nuevas y graves consecuencias para el problema del canon.

El actual Nuevo Testamento es demasiado amplio y ~ contiene elementos impuros: habría que reducirlo para recobrar, dentro del canon actual y – tradicional, la pureza del Evangelio. Como era de prever, desde Lutero hasta cada uno de estos autores, los criterios para señalar el “centro del Nuevo Testamento, el Evangelio puro” son muy diferentes, y cada uno hace su opción a partir del propio principio teológico arquitectónico. De esta manera, los que habían partido con la afirmación del principio de la sola Scriptura han llegado a una sola pars Scripturae. La actitud católica intenta mantenerse abierta y libre a todo el Nuevo Testamento. He aquí entonces el dilema que se impone al protestantismo de hoy – : o aceptar todo el Nuevo Testamento y acoger -renegando de la Reforma- los elementos típicos del «proto-catolicismo” que están presentes allí, o bien permanecer fieles a la Reforma protestante y – optar por un “canon en el canon”.»[9]

Necesidad de un canon[10]

Entre las causas que hicieron necesaria la formación de un Canon de las Escrituras consideramos aquí 5:

A.  El mandamiento divino de conservar los escritos sagrados. Dios mismo mandó conservarlos, mandamiento que obedecieron los sacerdotes, Josué y Samuel, así como los profetas y los escribas (Dt.10:4,5; 17:18; 31:26; ls.30:8; Josué 24:26; 13.10:25; Ro.3:2).

Un imperativo similar deben de haber sentido los primeros cristianos al conservar los escritos apostólicos (Pedro conocía las espístolas de Pablo: 2 Pe.3:16).

B.  Las guerras y persecuciones originaron la destrucción de gran cantidad del patrimonio literario de los judíos y cristianos. Estos tenían que saber cuáles de todos ellos eran inspirados y velar para que no se perdiera ninguna parte de ellos. En cuanto a los judíos, muchos estuvieron dispuestos inclusive a morir bajo las persecuciones de Antíoco Epífanes con tal de no quebrantar uno solo de los requisitos de la ley mosaica. ¿Cuánto no estarían dispuestos a sacrificar con tal de guardar su Tesoro, la Palabra de Dios?

En el año 303 d.C. Diocleciano mandó confiscar los libros sagrados de los cristianos. Hubo muchas mártires. ¿Quién iba a morir por lo que era un simple libro religioso? Otra vez había necesidad de saber cuáles escritos eran canónicos, 

C.  La proliferación de los libros apócrifos en el período intertestamentario y hasta en los mismos días de los apóstoles. Los cristianos se veían en la necesidad de distinguir cuidadosamente entre los libros canónicos y los que no lo eran. Había necesidad de contar con el verdadero Canon del NT para contrarrestar el efecto pernicioso de las enseñanzas de Marción, hereje que por el año 140 había formado su propio Canon consistente sólo en un evangelio incompleto de Lucas y 10 epístolas de Pablo.

D.  También era necesario tener el Canon NT para saber qué libros constituían la norma de fe y conducta, porque algunas iglesias usaban libros apócrifos en la lectura bíblica y en la enseñanza.

E.  Por la gran expansión del cristianismo a diferentes países había necesidad de traducción de la Escritura a los diferentes idiomas de los pueblos evangelizados. Para hacerlo tenían necesidad del Canon.

¿Que eran los profetas?

«Los profetas son un grupo de hombres llamados por Dios para que transmitan Su palabra a los demás(si no les hacian caso, se dedicaban a lanzar bombas nucleares) Por definición, los profeta no obtendrá ningún beneficio de su misión, excepto servir a Jehová Dios: de hecho, muchas veces iba a dar con sus huesos a la cárcel.

El mensaje que el profeta ha recibido rara vez es para una sola persona: casi siempre debe ser transmitido a la comunidad en su conjunto, y se trata de una comunicación que tendrá efecto aquí y ahora pero también lejos y en el futuro. Dicho de otro modo, se trata de una verdad intemporal y universal. El profeta es enviado a hablar con sus contemporáneos, pero desde el momento en que lo que dice está inspirado por Dios, el mensaje se vuelve eterno e imperecedero.

Una de las características salientes del profeta es que tiene clara conciencia de su misión. Este saber de dónde viene su enseñanza le autoriza a utilizar la consabida fórmula “Así habla el Señor Yahvéh”, que a los ojos del lego puede parecer soberbia, pero que implica en realidad que la verdad de su experiencia profética demuestra que el que habla es en verdad Dios a través de la boca del profeta.»[11]

«El término hebreo, nabi, traducido «profeta», probablemente se deriva de una raíz que significa «anunciar» o «proclamar». El Antiguo Testamento lo aplica a una variedad de personas (Gn 20.7; Éx 7.1; 1 R 17–19; Mal 4.5).»[12]

¿Porque se les llama Profetas menores?

 

«No se les llama «menores» porque sean poco importantes; más bien, por regla general, son más breves que «Los profetas mayores». Algunos de los libros se refieren a soberanos; contribuirá a su entendimiento repasar la situación espiritual de los tiempos cuando esos hombres reinaron. En vista de que algunos de los libros no están fechados, no podemos ser dogmáticos acerca de cuándo fueron escritos. No obstante, note que todos los libros fechados están ordenados cronológicamente. No hay problema en considerar que cada uno de los libros no fechados habría sido escrito más o menos en el tiempo que transcurre entre el libro fechado anterior y el libro fechado posterior[13]

¿Cuales fueron los  orígenes del profetismo en Israel?
«Es sumamente discutido el origen del profetismo en Israel y su posible relación con otros fenómenos semejantes. Varios pasajes hablan de «videntes» y 1 Samuel 9.9 sugiere que así se le llamaba originalmente al profeta. Además, había un profetismo «extático» (en trance o posesión) en las religiones cananeas (cf. 1 R 18.20–40), y es posible que hubiera alguna relación entre este fenómeno y algunas manifestaciones en Israel (1 S 19.18–24). Por otra parte, los grandes profetas (Isaías, Amós, Jeremías) tenían experiencias extáticas (extraordinarias tanto para su tiempo como para nosotros), en las que hallaban un acceso especial a la «palabra de Jehová» y esta llevaba en sí misma una singular señal de autenticidad divina. Indudablemente no se trataba de un trance de absorción, sino de una concentración próxima a la oración, en la que la «palabra» recibida era meditada y articulada por el profeta en un mensaje (Is 10.6ss).
También se ha discutido mucho la relación de los profetas con el culto. Aunque había «bandas» proféticas en los lugares de culto (como en los santuarios no jehovistas), los profetas del Antiguo Testamento no parecen pertenecer a ellas y en algunos casos evidentemente repudiaron esta dudosa institución (Jer 29.26–30). Entre estos profetas de santuario, ocupados de los detalles y pequeños problemas políticos, y el profeta bíblico, con su visión de la acción de Dios en la historia, había una enorme diferencia. Sin embargo, es erróneo pensar, basándonos en unos pocos pasajes tomados aisladamente (Am 5.21–24; Is 1.11, 12, 14–17), que los grandes profetas se oponían al culto del templo y al sacerdocio, o a toda religión institucionalizada. Se trataba, más bien, de la crítica a la corrupción del culto, ya fuera por la idolatría o por la injusticia: «No puedo aguantar iniquidad y día solemne» (Is 1.13, VM ofrece la traducción más correcta). Los profetas conocen el culto y a menudo citan su ritual, himnos y oraciones. Algunos (Jeremías, Ezequiel) vienen de un trasfondo sacerdotal y otros (Habacuc, Nahum, Joel) muy probablemente participaban en el culto.
En los libros proféticos de la Biblia tenemos la obra directa de los propios profetas (Is 30.8; Jer 29.1s, entre otros pasajes, muestran que los profetas escribían y no solo anunciaban verbalmente sus oráculos). También hay casos de un testimonio indirecto, como el de Baruc, secretario de Jeremías (Jer 36). Y finalmente, existían escuelas de discípulos de un profetas (por ejemplo, Is 8.16; cf. 50.4) los cuales compilaban sus mensajes»[14]
¿De que tratan estos libros?
«Los doce libros que comprenden esta antología profética difieren considerablemente en sustancia y estilo. Algunos contienen elementos de biografía que complementan la predicación profética con algún vislumbre relacionado con el predicador (Amós, Oseas). Otros siguen siendo prácticamente anónimos, a pesar del nombre que se les da (Abdías, Malaquías). En relación con las fechas, abarcan períodos separados por más de tres siglos (desde el 750 a. C., hasta el 400 a. C.). Reflejan lugares geográficos diferentes, reflejando algunos la vida de los antiguos estados monárquicos de Israel y Judá, mientras que otros pertenecen al período posterior al exilio. Sin embargo, a pesar de todas las diferencias que hay entre ellos, los libros comparten una base común. Todos tienen que ver con profecía, a saber, la declaración de la palabra de Dios al pueblo de Dios. Y si se toman en conjunto, los doce profetas nos proporcionan un panorama de la religión de Israel durante uno de los períodos más críticos de su historia. Desde la falsa seguridad de la época de la monarquía, pasando por la desesperanza de los que estaban en el exilio, hasta llegar al final, a las nuevas esperanzas y aspiraciones que siguieron al exilio, se nos provee un entendimiento de la transición de una antigua religión del estado, hasta los dolores del nacimiento de una comunidad recién formada del pueblo de Dios. 
Más o menos un siglo después que se terminó el libro de los doce profetas, Josué ben Sira escribió esta famosa obra de sabiduría, en la cual alaba la fama de los héroes del pasado de Israel. Las palabras que dice acerca de los doce profetas, indican no solamente la grandeza que tuvieron ellos en épocas pasadas, sino también su aporte potencial para el futuro: «¡Que los huesos de los doce profetas también envíen nueva vida desde la tierra donde yacen! Pues ellos pusieron un nuevo corazón en Jacob (Israel) y rescataron al pueblo por medio de su segura esperanza» (Eclesiástico 49.10).»[15]
Características e Historia
«Aunque el mensaje de la profecía bíblica se halla principalmente en los libros conocidos como «proféticos», no debemos olvidar el profetismo anterior a Amós, ilustrado por figuras como Natán, Elías, Miqueas (1 R 22.8–38) y Eliseo, cuya función fue anunciar el juicio y la voluntad de Dios principalmente a los reyes. El nombre «profeta» se aplica también a Abraham (Gn 20.7), Aarón (Éx 7.1), María y Débora (Éx 15.20; Jue 4.4) y Moisés (Dt 18.18; 34.10). El profeta bíblico reúne algunas características que el NBD resume bien como «un llamado específico y personal de Dios» (Is 6; Jer 1.4–19; Ez 1–3; Os 1.2; Am 7.14, 15, etc.); la conciencia de la acción de Dios en la historia; la valiente confrontación de reyes, sacerdotes o pueblos con las demandas y el juicio divinos; el uso de medios simbólicos de expresión y el ejercicio de una función intercesora o sacerdotal ante Dios.
La función primordial del profeta es la proclamación de la «palabra de Dios» que ha recibido. El propósito es llamar al pueblo al arrepentimiento y la conversión a Jehová y a su pacto. Su mensaje se relaciona constantemente con sucesos y circunstancias presentes, de orden político, social o religioso. Pero como estas circunstancias son vistas como parte de la acción de Dios en la historia, el profeta no puede dejar de referirse al futuro para anunciar lo que Dios hará, para inducir a la acción y para certificar su mensaje. No hay duda alguna de que la predicación es parte esencial de la función profética, y muchos profetas manifiestan dones especiales de clarividencia y percepción del futuro. Pero, por otra parte, también existen falsos profetas, que apelan a los mismos dones y pretenden tener palabra de Dios. Pasajes como Deuteronomio 13; 18.9–22; Jeremías 23.9–40; Ez 12.21–14.11 sugieren algunos criterios de distinción. El problema es complejo y el Nuevo Testamento tampoco lo desconoce[16]
¿Cual era el Mensaje de Los Profetas?
«Ubicados en el horizonte de la decadencia de los reinos (a partir del siglo VIII a.C.), en medio de las amenazas políticas de los grandes imperios (Egipto, Asiria, Babilonia, Persia) y mientras acompañan a su pueblo en el cautiverio, los profetas anuncian, de diversas maneras pero con fundamental unidad, el propósito de Dios que se cumple en la convulsionada historia del Medio Oriente. IDB resume el mensaje profético con frases clave de los mismos profetas:
1. «Así dice el Señor». El profeta está consciente de que está al servicio de la palabra de Jehová, que no es un mero anuncio sino la expresión de la voluntad del Dios soberano en acción (Is 55.11; Am 3.8). El profeta no tiene control sobre esta palabra sino que está a su servicio (Jer 20.8b, 9; Am 3.8). Toda su vida, hasta sus gestos y acciones simbólicas, dependen de ella (Is 7 y 8; Os 1).
2. «De Egipto llamé a mi hijo». La misericordiosa y divina elección de Israel para un propósito determinado, y las obligaciones que esa elección impone, están siempre presentes en los profetas. Se expresan con las figuras de padre/hijo (Is 1.2; Os 11); propietario/viña (Is 5.1–7), pastor/rebaño (Is 40.11), alfarero/vasija (Is 29.16; Jer 18) y principalmente esposo/esposa (Is 50.1; 54.5; 62.4, 5; Jer 2.1–7; 3.11–22; Ez 16.23; Os 1–3). La ética social que admiramos en los profetas tiene su raíz en la justicia del pacto.
3. «Se alejaron de mí». La rebelión que denuncian los profetas no es solo de Israel, sino de todas las naciones (Is 10.5ss; Jer 46–51; Ez 25–32; Am 1 y 2). Dios tiene cuidado de todos los pueblos (Is 19.24; Am 9.7), pero Israel tiene un llamado y por tanto una responsabilidad y una culpa especial (Am 3.2). Su rebelión ha sido total muestra de infidelidad (Is 1.4, 5; 2.6–17; 59.1–15; Jer 2.4–13; 5.20–31; Ez 16), y se manifiesta en la corrupción religiosa, en la injusticia social y sobre todo en el vano orgullo y jactancia que conduce a la ruina.
4. «Regresarán a Egipto». Dios ejecutará su juicio, es decir, corregirá el mal castigando al culpable, vindicando al justo y estableciendo justicia. Los profetas de los siglos VIII—VI a.C. ven como juicio divino la catástrofe nacional que se avecina (Is 22.14; 30.12–14; Jer 5.3, 12, 14; Os 4.1; Am 3.1; Miq 6.1ss). No es un acto arbitrario de Jehová, pero Israel es conducido de nuevo al cautiverio (de allí la idea del regreso a Egipto) para restaurar la justa relación con Dios.
5. «¿Cómo te he de abandonar?» Para el profeta, aun el juicio inexorable es expresión de la compasión divina (Am 4.6–11). La misericordia (compasión, piedad, Gracia) es, más que una calidad del pacto, la naturaleza misma de Dios (Is 54.7, 8, 10; Jer 3.12; 31.3; Os 11.8ss).
6. «Haré regresar sus cautivos». El juicio es instrumental y disciplinario (Is 1.25; Os 2.14–23; 5.15; Am 4.6–11). Más allá de su ejecución, Dios se propone mantener un REMANENTE fiel que retoñará para cumplir el propósito divino (Is 7.1ss; Ez 27; Am 9.8bss). La segunda parte de Isaías lo anuncia como una segunda creación, un segundo éxodo (51.9–11). Jeremías discierne un nuevo pacto (Jer 31.31–34).
7. «Luz para los gentiles». La restauración no puede limitarse a la historia de Israel. Los profetas miran más allá a una consumación, un Día del Señor que abarcará en juicio y gracia a todos los pueblos (Zac 14.5–9). En esta expectación se inserta el anuncio del «Siervo del Señor», quien inaugurará un nuevo día para las naciones (Is 49.5, 6; 53.4, 5). Esta es la fe final y el mensaje de los profetas (Is 2.2–4; Miq 4.1–3).»[17]
Podemos ver un detalle un poco mas amplio de cada libro:
«1. OSEAS:«Oseas» significa «salvación» o «liberación».Oseas trabajó durante más de sesenta años en elreino del norte, esto es, el reino de Israel (7.5),dando comienzo con el reinado de Jeroboam. Fue contemporáneo de Isaías (1.7), que trabajó con elreino del sur, esto es, el reino de Judá. Los capítulos1 al 3 constituyen la clave del libro. Dan cuenta de la infidelidad de la mujer de Oseas, llamada Gomer,y la posterior aceptación de esta por parte deOseas. Gomer es tipo de Israel; Oseas es tipo deDios. El mensaje es que Dios ama a los Suyos auncuando ellos se alejan, y que Él anhela que vuelvan.Oseas 11.1 es citado en Mateo 2.15
2.JOEL:«Joel» significa «Jehová es Dios». Joel trabajócon el reino del sur. Describió una plaga delangostas (es probable que se cumpliera literal-mente; vea Amós 4.9). Las langostas eran símbolodel juicio de Dios. La figura de las langostas serefleja en el libro de Apocalipsis (9.1–11). Joel 2.28–32 es citado por Pedro en Hechos 2.16–21
3.AMÓS:«Amós» significa «que carga un peso». Seganaba la vida, no como profeta, ni como hijo deprofeta, sino como labrador (1.1; 7.14). En los díasde Uzías, rey de Judá, y de Jeroboam, Dios llamó aAmós de su ciudad natal en el reino del sur (1.1) yle dijo que fuera al reino del norte a profetizar(7.15). Él aparentemente fue al norte (7.10, 13),habló el mensaje de Dios acerca del juicio de Estecontra Israel, y luego volvió a casa
4.ABDÍAS:«Abdías» significa «siervo de Jehová». Este esel libro más breve del Antiguo Testamento. Elmensaje de Abdías es básicamente contra losedomitas, los descendientes de Esaú (Génesis 25.30; 36.1). Durante toda su historia, israelitas yedomitas se tuvieron una mutua hostilidad. Elgolpe final lo constituyó la acción llevada a cabopor los edomitas cuando Jerusalén fue destruida(vers. os 10–14)
5.JONÁS:«Jonás» significa: «paloma». Jonás vivió y trabajó en el reino del norte, en los días de Jeroboam (2o Reyes 14.25). Él siguió la obra de Elías y Eliseo en esa región. Dios le dijo que predicara en la ciudad de Nínive, la capital de Asiria, que destruyóel reino del norte algunos años después. Laexperiencia de Jonás dentro del gran pez es tipo dela resurrección de Cristo (Mateo 12.39–40)
6.MIQUEAS:«Miqueas» significa «¿Quién como Jehová?».Miqueas vivió en el reino del sur, y predicódurante los reinados de Jotam, Acaz y Ezequías(1.1). Fue contemporáneo de Isaías. Es el único profeta menor que dirigió sus mensajes de juiciotanto al reino del norte, Israel, como al reino delsur, Judá (1.5). También previó el regreso de loscautivos (2.12–13), el nacimiento de Jesús (5.2), y elestablecimiento de la iglesia (4.1–4)
7.NAHUM:«Nahum» significa «consuelo» o «consolador».El mensaje de Nahum era de consolación para losjudíos, pues uno de los peores enemigos de ellos,Asiria, había de ser destruido. Nahum trabajó másde cien años después que la predicación de Jonásprodujo arrepentimiento en Nínive, la capital deAsiria. Para la época de Nahum, la paciencia deDios se había agotado. 
8.HABACUC: Habacuc puede significar «uno que se aferra o abraza». El tema de Habacuc, la destrucción de los caldeos (el Imperio Babilónico), no es exclusivo,pero su enfoque sí lo es. Los primeros dos capítulos son un diálogo entre Habacuc y Dios, sobre los problemas del mal y el sufrimiento. El último capítulo es una oración en forma de cántico, que resuelve el asunto. El mensaje es que Dios tiene un plan y un propósito, de modo que nosotros debemosconfiar en Él y creer en Él. Habacuc 2.4 es citado enRomanos 1.17, Gálatas 3.11, y Hebreos 10.38
9. SOFONÍAS:«Sofonías» significa «Jehová ha guardado uocultado». Sofonías trabajó durante el reinado deJosías (1.1). Fue contemporáneo de Jeremías. Él no solo describió la caída de Judá; sino que también habló de la caída de las naciones vecinas. Recogiómuchas de las profecías del Antiguo Testamentoen un solo paquete.
10.HAGEO:«Hageo» es abreviatura de una palabra hebreaque significa «festival de Jehová». Hageo dio aliento a la reedificación del templo una vez que losisraelitas regresaron del cautiverio, después que Zorobabel y Josué interrumpieron la edificación.
11.ZACARÍAS:«Zacarías» significa «recordado de Jehová».Trabajó con Hageo en dar aliento a la reedificación deltemplo. Hageo abordaba principalmente el presente y el futuro inmediato cuando apremiaba a los israelitas a edificar; Zacarías dio como aliento la promesa de unmañana más brillante. Su libro contiene varias profecías mesiánicas tales como la entrada triunfal (9.9–10) y la traición (11.12–13). Es el libro que contiene más referencias específicas a la crucificción que cualquier otro libro del Antiguo Testamento, excepto el libro de Salmos (note 12.10–12; 13.6–7)
12.MALAQUÍAS:«Malaquías» es abreviatura de una palabra hebrea que significa «mensajero de Jehová». Es probable que Malaquías fuera compañero de trabajo de Nehemías; juntos trataron los mismos problemas: la indiferencia en la adoración,indiferencia en el matrimonio, etc. La profecía deMalaquías, acerca de la venida de Elías (4.5–6), o Juan el Bautista (vea Mateo 11.7–14), enlaza el último libro del Antiguo Testamento con losprimeros libros del Nuevo Testamento.» [18]
Conclución:
Concluyo esta parte con estos pensamientos, que considero de gran importancia:
1. ¡Dios es Dios! Debemos tomarlo con seriedad.«Dios no puede ser burlado» (Gálatas 6.7)
2. También debemos recordar constantemente algo que es de alta importancia: Debemos «reconocer que la Iglesia no creó ni fijó la lista de los libros reconocidos, sino que simplemente reconoció aquellos que fueron inspirados desde el momento en que fueron escritos. De lo contrario, se impondría la autoridad humana sobre la divina en decisión de cuáles libros incluir en el Canon.» [19]
La razón por la que estos libros están en el Canon ha sido no solo por las razones históricas que hemos comentado, sino porque así lo ha determinado el Señor, nuestro Dios soberano.
«Las cosas que necesariamente deben saberse, creerse y guardarse para conseguir la salvación, se proponen y declaran en uno u otro lugar de las Escrituras, de tal manera que no solo los eruditos, sino aún los que no lo son, pueden adquirir un conocimiento suficiente de tales cosas por el debido uso de los medios ordinarios. (Confesión de Westminster, 1:7)[20]

«Como cristianos debemos tener por entendido que cualquier cosa que se oponga a la Palabra de Dios o se aparte de ella en cualquier forma es un peligro para la misma causa de la verdad. La pasividad hacia el error conocido no es una opción para el cristiano. La intolerancia inquebrantable del error está basada en la misma tela de la Escritura. Y la tolerancia del error conocido es cualquier cosa menos una virtud.(Jhon McArthur)»[21]
  • “”y si alguien os pregunta por qué hacéis tal cosa, contestadle simplemente: Porque el Señor lo necesita.” (Lc. 19:31 CST)
  • “Tema toda la tierra al Señor;   hónrenlo todos los pueblos del mundo;”(Salmo 33:8 NVI)

Notas
6.Wikipedia, Biblia
7. Wikipedia, Biblia
10.Esteban Beitze, Bibliología, Instituto Bíblico Jorge Müller  
11. Wikipedia,Libros profeticos
12. Nelson, Wilton M., Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1998.
13. http://www.biblecourses.com/sp_lessons/SP_200602_23.pdf
14. Nelson, Wilton M., Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1998.
15. Twelve Prophets (Doce profetas), Peter C. Craigie,  http://www.biblecourses.com/sp_lessons/SP_200602_23.pdf
16. Nelson, Wilton M., Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1998.
17. Nelson, Wilton M., Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1998.
18. http://www.biblecourses.com/sp_lessons/SP_200602_23.pdf
19. Esteban Beitze, Bibliología, Instituto Bíblico Jorge Müller 
21. Ibid

¿Que es un codice?

28 Abr

¿Que es un codice?


«Desde el comienzo del siglo II d.C., los cristianos dispusieron las hojas de papiro en cuadernos, formándose así los “Codex* o “Códices” los cuales hacían menos bulto y podían escribirse de ambos lados. Lo seco del clima, las arenas de Egipto y tas cuevas de Qumram, han permitido la preservación de numerosos papiros. El papiro estaba en pleno uso hasta el tercer siglo d.C. (2 Jn.12). »[1]

A que se le denomina codice?

«Se denomina códice (del latín bloque de madera, libro) a un documento con el formato de los libros modernos, de páginas separadas, unidas juntas por una costura y encuadernadas. Aunque técnicamente cualquier libro moderno es un códice, este termino se utiliza solo para libros escritos a mano, manufacturado en el periodo que abarca desde finales de la Antigüedad Clásica hasta los inicios de la Edad Media.»[2]

Etimologia de la palabra rollo

«heb. sefêr [Ex. 17:14; Jer. 25:13; etc.] y sifrâh [Sal. 56:8]; aram. sefar [Esd. 4:15; etc.], palabras todas que significan “escritura”* o “rollo”; gr. bîblos, “rollo”, y sus formas diminutivos biblîon y biblarídion, “rollito”.

También se usa el heb. dâbâr, “palabra” en forma oral o escrita y, por transferencia, un documento que contiene palabras (1 Cr. 29:29; etc.).»[3]

¿Como se escribieron los primeros libros?

«Los primeros libros se escribieron en tablillas de arcillas, luego fue la constante que lo estuvieran en un rollo continuo, fuera de papiro o pergamino. Pero el primer libro con paginas se le atribuye al emperador romano Julio César, quien encontró más práctico doblar un libro en paginas en vez de enrollarlo, facilitando las labores de desplazamiento. Tanto los antiguos griegos como los romanos tenían cuadernos unidos por anillos con páginas de madera, pero no fue sino hasta el 350 de la era actual que el libro con paginas o códice se convirtió en la forma convencional de almacenar las palabras. Los primeros cristianos encontraron que el codice, al ser más compacto, les servía para esconder sus textos prohibidos bajo la ropa.A partir del año 50 de la era actual, los libros, en especial los textos religiosos empezaron a ser más extensos y gradualmente el codice llego a ser más atractivo. El papiro , el material de escritura habitual de aquella época solía resquebrajarse al doblarlo en páginas, por eso la mayoria de los nuevos codices se hicieron de pergamino . ¿que otras ventajas tenía el codice sobre los otros sistemas? Por ejemplo permitía ir a cualquier sección instantáneamente o quizás ojearlo para revisar el contenido. Además, como se podían escribir por ambas caras, podían albergar el doble de palabras que un rollo del mismo tamaño.

El libro con páginas más antiguo que existe (Codice) es una biblia griega escrita entre los años 300 y 400. Se la conoce como Codex Sinaiticus porque se la encontró cerca del monte Sinaí, en Egipto. Otra biblia, el Codex Alexandrinus fue escrita un siglo más tarde. Ambas se encuentran en el Museo británico.»[4]

«Los libros, en el sentido de composiciones escritas de cierta extensión, fueron producidos en la antigüedad en varias formas y sobre diversos materiales. En la Mesopotamia escribían sobre tabletas de arcilla o de madera cubiertas de cera y atadas como las hojas de un biombo japonés. Egipto empleó los rollos de papiro temprano en su historia, y de allí se extendió su uso por todo el mundo antiguo. Un poco más tarde también se hicieron de cuero, y después de pergamino. Consistían de hojas de más o menos 30 cm de ancho unidas para formar largas tiras, generalmente de no más de 9 m de largo. No fue hasta los tiempos del cristianismo cuando los rollos cedieron su lugar a los códices, o libros armados con las hojas puestas a la par y cosidas como los nuestros en la actualidad. El códice más antiguo que se conoce proviene del s II d.C. Hay evidencias de que habrían sido los cristianos quienes popularizaron los códices en el mundo romano. Los libros escritos por los hebreos se mencionan por 1ª vez después del éxodo (Ex. 17:14), aunque el arte de escribir ya era conocido muchos siglos antes. Desde el tiempo de Moisés, por unos 1.000 años, una corriente de libros surgieron de la versátil pluma de los profetas o historiadores hebreos y otras personas. No todos encontraron lugar en el canon del AT. Muchos títulos que aparecen mencionados en el AT se han perdido (Nm. 21:14; 1 Cr. 29:29; etc.). El canon de escritos inspirados en hebreo se cerró hacia el 400 a.C. Los libros religiosos judíos del período siguiente están mayormente relegados al ámbito de los apócrifos* o seudoepigráficos.* La iglesia cristiana aceptó como inspirados también los libros del NT, escritos durante unos 50 años por autores reconocidos de la edad apostólica. En el transcurso de ese mismo período y más tarde, los cristianos escribieron muchos otros libros, que no hallaron lugar en el canon del NT. Sin embargo, aparte del NT y con excepción de la Primera epístola de Clemente, ningún libro escrito por un autor cristiano hasta el año 100 d.C. se ha conservado hasta nuestros días. Los manuscritos de las Escrituras hebreas que se usaban en los cultos públicos judíos y cristianos eran producidos por escribas especializados que escribían con tinta sobre cuero y pergamino. Los Rollos del Mar Muerto son los ejemplos más antiguos que han sobrevivido de estos libros (figs 245, 267, 314, 447). El común del pueblo no podía darse el lujo de tener esos libros, y si poseían alguno de la Biblia sin duda estaba escrito en papiro, del tipo muy difundido en tiempos griegos y romanos y producidos por copistas profesionales para los negocios comerciales de publicaciones. Los escritos del NT también circularon en papiro; en realidad, todas las copias de libros del NT de los 3 primeros siglos de la era cristiana están escritos sobre rollos o códices de papiro (fig 249). Pero cuando la iglesia comenzó a prosperar, hacia el s IV d.C., se produjeron costosas copias de la Biblia en códices de pergamino, de los cuales son ejemplos destacados los códices Vaticano y Sinaítico (figs 84, 85).»[5]

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Foto de Howard Vos. 

(der.)Una de las vasijas en que se guardaron los rollos del mar Muerto en las cuevas de Qumrán. (izq).Ruinas de la biblioteca de Celso, en Éfeso, del siglo II d.C.

 

  «Cuando los autores compusieron sus libros (y algunos de ellos, sobretodo en el Antiguo Testamento, tuvieron varias ediciones antes de llegar al texto como lo conocemos nosotros) más o menos inmediatamente se comenzó a copiar ese texto, pues se lo consideraba muy útil, o profecía, o apostólico, etc. Recuerde que no existía nada parecido a la imprenta, e incluso eran pocos los que podían escribir o leer. En ese trabajo de copiar se aprovechaba para “añadir” u “omitir” algunas cosas que habian ido cambiando con el tiempo. De esto se quejaron varios de los profetas (Jer.8:8).

Estando así las cosas, poco a poco fueron apareciendo colecciones de cartas apostólicas, evangelios y demás literatura sagrada. Son los llamados códices. También surgieron colecciones de textos para la lectura en las asambleas de los cristianos: son los llamados leccionarios, como son de uso aún hoy en las iglesias católicas y ortodoxas. Tanto las copias “sueltas”, como los “códices” y los “leccionarios” son obras de copistas, es decir, gente que sabía leer y escribir y que quería trasmitir el texto sagrado para su lectura comunitaria, y también personal.

El plural del término griego to biblíon (documento, rollo), ta biblía, llegó a usarse para las colecciones de escrituras sagradas. De aquí surge el término Biblia.

El término castellano «libro» viene del latín liber, que es la corteza interior de los árboles. Pero ya en la época de Cristo, debido a la costumbre de utilizar esa corteza para escribir, liber llegó a tener nuestra acepción moderna.

El antepasado del formato que ahora llamamos libro se origina en la costumbre antigua de amarrar varias tabletas, normalmente de madera, sobre las que se escribía algo. A veces las tabletas estaban cubiertas de cera, y se escribía en ellas con un estilete. El uso de este tipo de tabletas llevó a la costumbre de coserlas de tal modo que se pudieran cerrar una sobre la otra, pues así se protegía lo escrito. Cuando estos primitivos libros constaban de dos tabletas, se les llamaba «dípticos». En los primeros siglos de la iglesia, se acostumbraba escribir en tales dípticos los nombres de personas por las que se oraba al celebrar la comunión[6]

El Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, nos comenta que:

«Originalmente, los libros estaban hechos de piel, de cuero o Pergamino, o bien de Papiro (Escritura). El rollo estaba formado por varias piezas de estos materiales, cosidas una a continuación de la otra. Al fijar sus dos extremos en palos o cilindros, la tira larga (alcanzaba ca. de 10 m y 25 cm de ancho) se enrollaba sobre los extremos (cf. Is 34.4; Zac 5.1s). Tal rollo podía contener, por ejemplo, el libro de Isaías o un Evangelio. El lector empezaba a leer el texto, escrito en columnas (Jer 36.23), desenrollando a partir de la derecha (Lc 4.20, 21). Excepcionalmente se escribía en ambas caras del rollo (Ez 2.9, 10; Ap 5.1).» [7]

El porque de las variantes en las copias de los textos sagrados

«Las diferencias entre las copias del texto sagrado, entre un códice y otro, o entre los leccionarios, etc, se llaman técnicamente “variantes”.

A menudo se hacian “correcciones” para uso personal.Dios inspiró al autor sagrado para escribir el texto, como sabemos, pero no inspiró al copista para que copiara sin error… “Pero cómo – dirá alguno; ¿no habrá inspirado Dios también al copista para que trasmitiera su Palabra sin error?” Respondemos con un claro NO. ¿Cómo se sabe esto? Simplemente porque hoy en día existen centenares de copias de los primeros siglos que no son iguales, es decir, que traen el texto de las Escrituras con más o menos diferencias. El querer negar esto es querer negar LA VERDAD. Sin duda que Dios asistió el proceso de trasmisión del texto de la Biblia, ya que es un hecho demostrado que las diferencias (entre esas copias) que llevan a significados distintos son pocas. Sí hay muchísimas diferencias sin importancia para el sentido del texto, mientras varias diferencias cambian el sentido del texto, aunque sin tener importancia para el contenido. Hay que hacer aquí la excepción (escasa, eso si) de cuando se altera de forma intencionada a fin de ratificar una idea o dogma.

Dicho sea de paso, de otras obras antiguas (como las obras de Homero) tampoco tenemos originales, y las copias que nos han llegado son muy posteriores (¡por siglos!) al escrito original, mientras que del Nuevo Testamento tenemos fragmentos del siglo II, textos enteros del III, códices enteros del IV… La Biblia es, sin duda alguna, el libro mejor trasmitido de la antigüedad. Justamente eso es lo que nos anima a que un día podamos llegar a conocer el “texto verdadero y original”, o cuanto menos acercarnos lo mas posible.

Así las cosas, tenemos que a los cristianos del siglo XXI no nos ha llegado el texto “original” de las Escrituras, sino “copias, con muchas variantes” -aunque con una altísima fidelidad-, trasmitidas en códices, leccionarios, traducciones, etc.

Los manuscritos y códices se pueden ver en las bibliotecas y museos donde se conservan (Vaticano, Londres, Paris, S. Petersburgo, etc. etc. etc), aunque el acceso a ellos se permite sólo a los estudiosos. En general se trabaja con las foto-copias hechas en microfilm y otros métodos, para no arruinar el manuscrito.»

Esta es la situación real, actual. Ahora bien, cuando alguien traduce una Biblia, por ejemplo, al español, lo primero que tiene que hacer el traductor es preguntarse: ¿de dónde saco el texto “original”?. Cada uno tiene su propio criterio. Cada traductor gusta mas de esta u aquella version, del mismo modo que gusta mas de usar una palabra u otra para la traducción ya que a menudo el mismo vocablo en griego (por ejemplo) significa varias cosas a la vez. Lo mismo ocurre en arameo y en otros idiomas semiticos…

Hoy en día existen varios trabajos de gente que “se pasó la vida” estudiando esos manuscritos de códices, leccionarios, fragmentos de papiro, etc, para compararlos, analizarlos, y darles un valor.

La cuestión es que existen hoy en día ediciones del texto bíblico, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento en hebreo y en griego, hecho por estudiosos serios, en las cuales aparece, por ejemplo, la carta a los Romanos según los códices y papiros más antiguos y serios, mientras que las “variantes” con respecto a ese texto aparecen mencionadas al pie de la página. Es lo que se llama una “edición crítica de la Biblia” (tanto para el Antiguo como para el Nuevo Testamento)…

De modo que el traductor del Nuevo testamento,por ejemplo, «para hacer su trabajo, debe en primer lugar adquirir una buena edición crítica del Nuevo Testamento, de la cual pueda él traducir al español, ya que es imposible que cada traductor consiga y lea todos los manuscritos que existen en el mundo (más de cinco mil, dispersos por los cinco continentes en museos, bibliotecas, etc).

Ese trabajo ya lo ha hecho otra gente, a saber, la que preparó la edición crítica. Hoy en día existen varias ediciones críticas. Para el Antiguo Testamento la más conocida es la llamada Biblia Stuttgartensia, aunque no es la única. Para el Nuevo Testamento hay varias; las más conocidas son Nestle-Aland, Merk, y otras.

Todas ellas muy recomendables para los que esteis interesados en llegar a la maxima “pureza” de esos escritos. Como esto no es lo normal finalmente hay que confiar en que los traductores actuaran de buena fe y lo harán lo mejor posible (siempre que no se dejen influenciar por sus creencias religiosas y dogmas establecidos por su confesión claro) dentro de sus posibilidades.Los traductores, con la edición crítica ante sus ojos, leen el texto que los editores de la obra proponen como texto más seguro, pero también comparan con las variantes al pié de página… y deben tomar una decisión: ¿conservo el texto así como lo trasmite tal o cual código, o en este caso sigo lo que dice tal otro?

Obviamente no se trata de un juicio meramente subjetivo, como quien dice “me gusta más si dice esto o aquello”. Hay reglas, y las decisiones deben basarse en estas reglas científicas. Esta es una de las grandes diferencias entre todas las traducciones que existen hoy en día, y al lector de una traducción no le queda sino confiar en quien hizo la traducción. En realidad, todos debemos confiar en que los autores de las ediciones críticas hayan hecho un buen trabajo… Y los que no conocen las lenguas originales deben confiar en que los traductores no hayan querido “llevar agua a su molino” haciendo una traducción tendenciosa…

En la Iglesia Católica existe el “nihil obstat”, que es una aprobación oficial que da la Iglesia a una determinada traducción, después de serio examen de la misma, y que le permite al lector sencillo estar tranquilo en cuanto a que la traducción es sustancialmente correcta. Quién no confía en la Iglesia en este campo, tendrá que confiar en su propio olfato, o a la comunidad cristiana que le recomienda tal o cual Biblia, o en el traductor a quien probablemente no conoce, etc. 

…La ciencia de la crítica textual ha hecho muchos descubrimientos y avances durante el siglo pasado: en estos momentos estamos en mejores condiciones para reconocer lo que podría ser el texto “original” de la Biblia, que lo que estaban nuestros hermanos del siglo X, o XV, o XVII. ¿Porqué? Porque se han descubierto códices (de toda la Biblia, o casi toda), leccionarios y papiros (de toda una carta, o de parte) ¡mucho más antiguos de los que se tenían hace unos siglos atrás! De este modo, hoy podemos decir, por ejemplo, que tal versículo, que hasta el momento aparecía en las mayorías de las biblias, o en la Biblia Vulgata, etc, en realidad no aparece en los manuscritos más confiables o más antiguos… O bien podemos tomar decisiones ante las variantes de los textos basados en una cantidad más grande o de más calidad de “copias” antiquísimas. Como referencia siempre se suele tener que a mas antigüedad mayor fiabilidad de que esté mas cercano al texto original.

Digamos también que los descubrimientos continúan, y no sería raro que se descubriesen otros manuscritos tan o más antiguos que los que tenemos (como sucedió en el desierto del Mar Muerto, en las cuevas de Qumran, hace algunos años), y tengamos que seguir cambiando, adaptando, quitando o tal vez agregando alguna que otra palabra o versículo; no se trata de “cambiar la Biblia”, sino al contrario, de irla purificando de los errores de los copistas o de las aclaraciones que ellos mismos agregaban, etc. »[8]

Las relaciones entre los códices 


«Los códices se agrupan en familias que suelen remontarse a una recensión que luego es ampliamente copiada. La recensión es una edición manuscrita crítica que pretende atajar un estado lamentable del texto que se ha ido corrompiendo por errores de los copistas. Dichas recensiones pueden localizarse en áreas geográficas.

Distinguen los especialistas cuatro tipos principales de textos dentro de los cuales pueden catalogarse los manuscritos actualmente existentes. Veamos un cuadro sinóptico de dichos textos, según Streeter 

El texto alejandrino es el texto neutro y el de mejor calidad. Se fue formando en Egipto y está representado por los mejores códices unciales, el sinaítico, Vaticano, el alejandrino (menos los evangelios), el palimpsesto C, el papiro 75. Evita armonizaciones y en general ofrece un texto breve sin ampliaciones.

El texto occidental es un texto muy antiguo en el que abundan las interpolaciones. Está representado por el códice D, las antiguas versiones latina y siríaca, y los Padres de la Iglesia latina y otros como Justino y Taciano.

El texto cesariense está relacionado con la obra de Orígenes y Eusebio. Se remonta al siglo III y está representado por los códices W y Q.

El texto bizantino proviene de alguna recensión realizada en el siglo V. Es más elegante y armonizante, y suele fusionar lecturas variantes. Es de hecho el que se ha venido usando en la Iglesia bizantina y el único conocido durante la Edad Media. Se denomina también textus receptus.»[9]

Algunos códices[10]

Los códices son usualmente llamados según el más famoso lugar en que han estado, ya sea una ciudad o una biblioteca. 

Entre los ejemplos de códices, encontramos:

  • Codex Abrogans
  • Códex Aleppo
  • Codex Alexandrinus
  • Codex Alimentarius
  • Codex Alimentarius Austriacus
  • Codex Amiatinus
  • Codex Argenteus
  • Codex Astensis
  • Codex Aureus de St. Emmeram
  • Codex Aureus de Lorsch
  • Codex Batres
  • Codex Berolinensis
  • Codex Bezae
  • Codex Biblicus Legionensis Biblia mozárabe del siglo X de León.
  • Codex Calixtinus
  • Biblia mozárabe de León (siglo X). Representación de Lucas en la que según los expertos del arte se inspiró Picasso para El Guernica.
  • Codex Claromontanus
  • Codex Cumanicus
  • Codex Ephraemi Rescriptus
  • Codex Euricianus
  • Codex Exoniensis
  • Codex Flatoiensis
  • Codex Gigas
  • Codex Hammer
  • Codex Hierosolymitanus
  • Codex Iustinianus
  • Codex Leicester
  • Codex Manesse
  • Codex Maximilianeus bavaricus civilis
  • Codex Pisanus
  • Codex Regius
  • Codex Runicus
  • Codex Sinaiticus
  • Codex Theodosianus
  • Codex Usserianus Primus
  • Codex Wallerstein
  • Codex Zamoscianus
  • Codex ms. 3227a
  • Leningrad Codex
  • Rohonczi Codex
  • Códice de Albacete
  • Cantigas de Santa María Cuatro códices de cantigas de Alfonso X el Sabio.
  • Codex Vaticanus.

1. Manuscritos iluminados:

«Mucho antes del uso de los capítulos y versículos modernos, los manuscritos medievales incluían muchas ayudas para los lectores. En manuscritos de la Edad Media se encuentran característicamente materiales tales como divisiones del texto en unidades pequeñas, títulos tradicionales para cada libro, notas al pie, los cánones de Eusebio y comentarios sobre el texto. Tal material es característicamente encontrado en manuscritos de la Edad Media. Un manuscrito iluminado se refiere a un manuscrito adornado, con decoraciones de color. Retratos de los 4 evangelistas adornan frecuentemente las páginas de los manuscritos medievales. Los manuscritos latinos en particular a menudo incluyen a los 4 evangelios con sus emblemas. El códice Amiantus, los Evangelios Lindisfame y el libro de Kells son ejemplos de los magníficos manuscritos que han sobrevivido. Amiatimus es una Biblia Latina completa con un excelente texto de la Vulgata».[11]

2. Manuscritos de la Arena 

«En años recientes la arenas de Egipto han revelado numerosos manuscritos de papiros, un numero de los cuales son muy valioso para el Nuevo Testamento. Grenfell y Hunt, dos jóvenes eruditos de Oxford abrieron brecha en la búsqueda científica de papiro.Tres grupos de papiros bíblicos son especialmente importantes:El papiro OxyrhynchusLos Papiros de Oxirrinco (Oxyrhynchus papyri) son un grupo numeroso de manuscritos descubiertos por los arqueólogos en una antigua zona cerca de Oxirrinco (Oxyrhynchus, 28 32′N 30 40′E, actual el-Bahnasa) en Egipto. Incluye miles de documentos en griego y latín, cartas y trabajos literarios.Tras aplicar una técnica fotográfica conocida como Multi-Spectral Imaging en el papiro Oxyrhynchus 4499 (datado de finales del siglo III – principios del s. IV y que se encuentra en el Museo Ashmolean) se consiguió identificar el número de la bestia, nombrada en el Apocalipsis de Juan, como el número 616 (χις), y no el 666 (χξς).Corrección a esta información: El manuscrito en griego más antiguo del Apocalipsis que se conoce hasta el presente, es el Papiro P47, de alrededor del año 200 d.C., que contiene los pasajes que van desde Apocalipsis 9.10 hasta 17.2. Este manuscrito se encuentra en el Museo Chester Beaty de Dublín, Irlanda. El tipo de texto griego del Papiro P47 es el Alejandrino, conocido como el más antiguo. Así que, lo más probable es que, viendo el error 616 en esta copia, reutilizaron el material para otro escrito.»[12]

El papiro Chester Beatty (S.III) 

«Adquiridos 1930 por Chester beatty, fue Sir Federico Kenyon quien los anunció al mundo en el London Times del 17 de noviembre de 1931. Incluyen porciones del Antiguo y del Nuevo Testamento, y su fecha aproximada es del tercer siglo D.C. (algunos les han asignado fechas en forma mas general, fechas que van del segundo al cuarto siglo). Son once códices de papiro, siete del Antiguo Testamento, tres del Nuevo y una parte de I Enoc. Las mas antiguas copias de las epístolas Paulinas, con algunas lagunas especialmente las pastorales: I y II Timoteo y Tito) se hallan en el grupo; también porciones de los cuatro Evangelios y Hechos que datan de poco después de 200 d.C.: Una parte del Apocalipsis completa los papiros que se encuentran actualmente en la biblioteca Chester Beatty, Dublín, a excepción de treinta hojas de las epístolas Paulinas, que están en la biblioteca de la Universidad de Michigan,Ann Arbor.”[13] “Ejemplo: el p45 con gran parte de los evangelios.[14]

El papiro Bodmer (Alrededor de 200 d.C.) [15]

«En 1956,1958 y 1962 se publicó el papiro Bodmer II. Este incluye los primeros trece capítulos de Juan en griego, en condición casi perfecta, y fragmentos de los restantes capítulos. Tiene fecha de alrededor de 200 D.C. Y se encuentra en la Biblioteca Bodemer, cerca de Ginebra. En 1961 se publicó otro documento Bodemer: Lucas 3:18 hasta Juan 15:8. Puede ser que su origen se remonte al último cuarto del siglo II. Otros fragmentos Bodmer incluyen Judas y II Pedro en griego (alrededor de 200 d.C.) y porciones de la Biblia, tanto del Antiguo como del Nuevo Testamento, en griego y copto.“Ejemplo: los p66 y p75 con el texto de Juan”[16]

En conjunto, hoy son conocidos cerca de un centenar de papiros del Nuevo Testamento y más de cincuenta de estos datan del siglo IV o de antes.Algunos de estos papiros son 150 años o mas antiguos que manuscritos Vaticano y Sinaítico y por esto son indispensables para llenar el vacío textual entre los grandes unciales y el fin de la era apostólica. Estos papiros confirman principalmente el tipo de texto de Westcott – Hort y añaden inmensurablemente el sólido fundamento sobre el cual descansa nuestro texto moderno.»[17]

El texto del Antiguo Testamento [18]

«El códice Aleppo y códice Leningrado son considerados como nuestros mejores manuscritos hebreos, pero fecha mas allá de los siglos X y XI esto podría resultar ser una barrera difícil para el texto del antiguo testamento sino fuera por las defensas diseñadas y seguidas por los masoretas y por las reglas estrictas observadas por escribas judíos antiguos. Los masoretas fueron tan importantes en la transmisión del texto que nuestra Biblia hebrea moderna es conocida como el texto masorético. Los documentos bíblicos de los rollos del mar muerto son nada menos que sensacionales. Los dos rollos de Isaías y muchos otros también aunque se remontan a la era antes de Cristo, demuestran el texto del Antiguo Testamento fue bien preservado y transmitido a nosotros con presición.»

“En 1947 hubo un descubrimiento crucial en la historia de la arqueología bíblica, cuando unos beduinos penetran casualmente en una de las cuevas de Qumrán, donde encuentran grandes vasijas que contienen en su interior rollos de la Biblia hebrea, cubiertos de betún y cuidadosamente envueltos en tela: son los manuscritos hebreos de todos los libros del Antiguo Testamento, a excepción del libro de Ester, Judit, 1 y 2 Macabeos, Baruc y Sabiduría, y que pueden citarse entre el 150 a.C. y el 70 d.C. aproximadamente. Entre los textos descubiertos más importantes está el rollo de Isaías, escrito dos siglos antes de Cristo, que es prácticamente idéntico al texto que nosotros poseíamos: en mil años se puede decir que apenas se ha cambiado una coma. También Habacuc y Salmos estaban completos. Se han encontrado fragmentos de casi todos los libros del Antiguo Testamento. Este descubrimiento fue doble, no solo porque se encontraron los manuscritos más antiguos del AT, sino porque además al cotejarlos con la versiones modernas de la Biblia pudo apreciarse que todo el trabajo exegético, lingüístico y de comparación de manuscritos había valido la pena: los textos modernos de la Biblia eran los mismos que los que se habían encontrado en Qumrán. Este es uno de los buenos motivos para confiar en el cuidado y celo que la Tradición pone en preservar los textos y la doctrina originales. En los manuscritos hallados en Qumrán se cubre el período intertestamentario (entre los siglos II a.C. y I d.c.). Son, por eso, anteriores en más de mil años a los manuscritos que ya conocíamos, salvo el pequeño pairo de Nash (siglo I o II a.C.), que contiene una parte del Decálogo y el comienzo de la perícopa de Shemá -oración que los judíos debían recitar todos los días-, descubierto en 1902 en Egipto.» [19]

Otros manuscritos del Nuevo Testamento[20]

a.El Códice de Ephraemi:

Lleva la letra C. Es un manuscrito palimpsesto sobresaliente con un trasfondo histórico sobresaliente. ¿Que es un manuscrito palimpsesto? Debido a la escasez de material a usar en la escritura, en la Edad Media se acostumbraba tomar un pergamino viejo, lavarle o rasparle la tinta y luego usar el pergamino raspado como si fuera nuevo. En su forma original fue un manuscrito del Antiguo y del Nuevo Testamento, pero por alguna razón muchas de sus hojas se arrancaron y perdieron. Alrededor del siglo XII alguien tomó las hojas que quedaban y copió 38 sermones de Ephraemi de Siria sobre el texto bíblico. El códice, toma así su nombre de la capa de escritura superior. El manuscrito ha estado en Paris desde los años 1500 y se ha llamado la atención a la capa antigua de escritura. En 1840 Tischendorf fue a París a intentar descifrar el palimpsesto. Con la ayuda de reactivos químicos cumplió su objetivo, publicando la parte del Nuevo Testamento en 1843 y la del Antiguo Testamento en 1845. El texto no está completo. Se ha pedido mucho del Antiguo Testamento, pero del Nuevo Testamento hay 145 hojas de cada libo, excepto de 2 Tesalonicenses y 2 Juan. El escrito es de solamente una columna por página.

b.Códice Bezae:

Lleva la letra D. Pertenece a la Biblioteca de la Universidad Cambridge. Deriva su nombre del reformador protestante Teodoro Beza, quien luego de tenerlo por 20 años lo regaló en 1581 a la biblioteca de la Universidad de Cambridge. Contiene (con interrupciones) los 4 evangelios, Hechos y un fragmento de 3 Juan en Latín. Sus hojas son algo mas pequeñas que la de los manuscritos descriptos hasta ahora, pues mide 25 x 20 cm. El códice, consiste de 406 hojas de vitela delgada, y está ahora encuadernado en 2 volúmenes de tamaño conveniente. Es un manuscrito bilingüe; está escrito en dos idiomas, con el texto griego en el lado izquierdo de la página y el texto latino en el derecho. Las líneas escritas en una columna por página, son líneas de significado. Esto significa que las líneas varían en longitud y corresponden a pausas requeridas conforme el códice está siendo leído. Los evangelios aparecen en el llamado orden occidental: Mateo, Juan, Lucas y Marcos. Este códice, tiene diferencias del texto usual que incluyen no solamente cambios verbales, sino cláusulas adicionales y hasta oraciones. El códice Bezae y otros testigos textuales son representantes de un tipo de texto que es conocido como occidental, que se caracteriza por el apego a la paráfrasis, por las expansiones textuales y por las notables omisiones.

c. Otros unciales:

Los manuscritos del Nuevo Testamento, dependiendo de sus similitudes, se dividen generalmente en 3 grupos o clases de texto:

  • Alejandrino
  • Occidental
  • Bizantino.

El Bizantino está asociado con el mundo bizantino de la Edad Media. Es la clase de texto que se encuentra en la vasta mayoría de los manuscritos posteriores.

El Alejandrino, conectado con Alejandría en Egipto y representado especialmente por los manuscritos Vaticano y Sinaítico, es muy antiguo y es considerado como la mejor forma de texto.

Ahora hay una lista como de 280 unciales.

d.El códice Claromontano:

Es un manuscrito del siglo VI de las cartas de Pablo (incluye Hebreos).Es un pequeño volumen de 533 hojas escritas en vitela delgada. En un tiempperteneció a Teodoro Beza; está escrito en griego y también en latín, y su clase de texto es occidental. Editado por Tischendorf, se encuentra en la Bibliotecas Nacional de París.

e. El códice Laudiano (Ea):

Toma su nombre del Arzobispo Laud, que lo regaló a la Biblioteca Bodlecam de Oxford en 1636. Fechado a finales del s. VI, escrito en griego y latín, con omisiones al final.

Tiene características occidentales, pero su texto griego está mayormente en concordancia con la forma bizantina del texto. Es el manuscrito mas antiguo que incluyó la confesión del eunuco en Hch. 8:37

f. El códice Regio (L):

Es un códice del s. VIII que contiene los evangelios, ahora está en la Biblioteca Nacional en Paris.Conserva un buen tipo de texto Alejandrino, que a menudo concuerda con el Manuscrito Vaticano. Al final de Marcos incluye la terminación tradicional (Marcos 16:9-20) y también un final mas corto. Pero ese final mas corto es respaldado solamente por tres otros manuscritos griegos y unos cuantos testigos entre las versiones, todas las cuales (excepto una) incluyen también la terminación mas larga.

Manuscrito Freer Washington:

Fue obtenido en 1906 por Charles L. Freer de Detroit. Un manuscrito (Códice I) contiene una colección de cartas de Pablo hasta Hebreos, con Hebreos colocado después de II Tesalonicenses. El texto es de tipo alejandrino y data del s.V, pero desafortunadamente menos de la mitad del manuscrito ha sobrevivido. El otro manuscrito (Códice W) es una copia de los 4 evangelios, data del s. IV o V. Su tipo de texto puede ser mejor descrito como una mezcla, e indica probablemente que fue copiado de porciones de varios manuscritos.

Ambos manuscritos Freer se encuentran en la galería de Arte Freer en el instituto Smithsoniano, Washington, D.C.

Manuscritos minúsculos:

Datan del s.IX y comprenden la gran mayoría de los manuscritos que existen hoy. Aunque la lista de manuscritos conocidos está todavía creciendo en la actualidad hay alrededor de 2800 minúsculos. En general ellos representan, junto con muchos unciales tardíos, una forma posterior del texto (bizantino)

a.Los minúsculos 1 y 2: son manuscritos de los evangelios que datan del s. XII que ahora están en Basilea, Suiza. Estos minúsculos encabezan la lista porque fueron usados por Erasmo, quien editó el 1er. Nuevo Testamento griego. Erasmo principalmente usó el minúsculo 2 que es un manuscrito tipo bizantino.

b.El minúsculo XIII es un manuscrito del s.XII o XIII que está en Paris. Es uno de alrededor de una docena de manuscritos que comprenden la “Familia 13”, especialmente singular por su colocación del pasaje de la mujer adultera no en Juan 7:53 – 8:11 sino después de Lucas 21:38.

c.El minúsculo 33, del s.IX y que está en París, contiene los evangelios, Hechos y las Epístolas. Por causa, de su buen texto ha sido llamado “el rey de los cursivos”. El minúsculo 61 del s. XV o XVI y que está en Dublín, Irlanda, fue el 1er. Manuscrito encontrado que respalda los “tres testigos celestiales” de I Juan. 5:7,8.Sobre la autoridad de este manuscrito solamente, Erasmo añadió I Juan 5:7 a la 3era. Edición del texto griego.

d.El minúsculo 565 es una copia del s.IX de los evangelios que está en San Petersburgo, Rusia. Es un hermoso Códice, un ejemplo sobresaliente dentro de un número de manuscritos escritos en letras de oro o plata sobre vitela púrpura. El manuscrito 1739 es un manuscrito del s.X de Hechos y las Epístolas, localizado en uno de los muchos monasterios en monte Ethos en Grecia. Es un manuscrito importante porque su antepasado aparentemente se remonta al s. IV, pues tiene un texto similar al del manuscrito Vaticano.

Los Leccionarios:

El término griego lectron se refiere a un pasaje selecto de la Escritura diseñado para ser leído en servicios públicos de adoración y por consiguiente un leccionario es un manuscrito especialmente arreglado en secciones para este propósito y fueron copiados un poco más cuidadosamente que los manuscritos ordinarios. La mayoría, son de los evangelios, pero algunos son de Hechos y de las Epístolas. Los leccionarios no pueden ser clasificados como “unciales o minúsculos” porque son copias sobrevivientes de ambos tipos.

Hay alrededor de 2200 leccionarios.

Conclución:

Concluyo esta explicación, citando lo que explica Nelson, Wilton:

«El plural del término griego to biblíon (documento, rollo), ta biblía, llegó a usarse para las colecciones de escrituras sagradas. De aquí surge el término Biblia.

El término castellano «libro» viene del latín liber, que es la corteza interior de los árboles. Pero ya en la época de Cristo, debido a la costumbre de utilizar esa corteza para escribir, liber llegó a tener nuestra acepción moderna.
El antepasado del formato que ahora llamamos libro se origina en la costumbre antigua de amarrar varias tabletas, normalmente de madera, sobre las que se escribía algo. A veces las tabletas estaban cubiertas de cera, y se escribía en ellas con un estilete. El uso de este tipo de tabletas llevó a la costumbre de coserlas de tal modo que se pudieran cerrar una sobre la otra, pues así se protegía lo escrito. Cuando estos primitivos libros constaban de dos tabletas, se les llamaba «dípticos». En los primeros siglos de la iglesia, se acostumbraba escribir en tales dípticos los nombres de personas por las que se oraba al celebrar la comunión.

Los documentos escritos comenzaron a tomar la forma de nuestros libros actuales cuando se comenzó a utilizar el mismo principio de las tablas cosidas, pero empleando hojas de papiro o de pergamino. Naturalmente, esto permitía coser, no ya dos o tres hojas, sino muchas más. El nuevo formato se llamaba «códice» (del latín, codex, que significa tronco del árbol) término empleado también para referirse a las antiguas tabletas antes mencionadas.

Como es sabido, la Biblia en el Canon que utilizan los protestantes, consta de 66 libros: 39 en el Antiguo Testamento y 27 en el Nuevo Testamento. La Biblia católica, debido a la inclusión de los libros llamados «Apócrifos», tiene 46 libros en el Antiguo Testamento y los mismos 27 en el Nuevo Testamento.
La Biblia alude a ciertos libros perdidos, de los cuales algunos fragmentos se han incorporado en el canon: el libro de las batallas de Jehová (Nm 21.14), el libro de Jaser (Jos 10.13; 2 S 1.18), el libro de los hechos de Salomón (1 R 11.41), el libro de las historias de los reyes de Israel (1 R 14.19), y el «midrás del libro de los reyes [de Judá]» (2 Cr 24.27 BJ). Además, se menciona un libro de memorias (por ejemplo, Éx 17.14; Esd 4.15), que pareciera ser el origen de la idea de un Libro de vida.»[21]

codices

En la actualidad se conservan más de 3000 códices o manuscritos en pergaminos que contienen copias de los libros de la Biblia; entre los más importantes tenemos:

a. El Códice Vaticano del siglo IV, y se conserva en la biblioteca del Vaticano.

b. El Códice Sinaítico del siglo V, en el monasterio ortodoxo de Santa Catalina en el monte Sinaí.

c. El Códice Alejandrino del mismo siglo, en el museo británico de Londres.

d. El Códice de Efrén también del siglo V, y se exhibe en la biblioteca de París.

En el museo del “Templo de Libro” en Jerusalén, se conservan gran parte de los rollos de la comunidad esenia del Mar Muerto.

Notas

1.Esteban Beitze, Bibliología, Instituto teologico Muller

2. http://forocristiano.iglesia.net/showpost.php?p=401231&postcount=1

3. http://mundohistoria.portalmundos.com/papel-y-codices/

4.  http://www.bibliaonline.net/scripts/dicionario.cgi?procurar=libro&exata=on&link=bol〈=AR

5.  http://www.bibliaonline.net/scripts/dicionario.cgi?procurar=libro&exata=on&link=bol〈=AR

6. http://forocristiano.iglesia.net/showpost.php?p=401231&postcount=1

7. Nelson, Wilton M., Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1998.

8. http://forocristiano.iglesia.net/showpost.php?p=401231&postcount=1

9. http://www.upcomillas.es/personal/jmmoreno/cursos/EScritura/Teologia/texto.htm

10. Wikipedia, Códice

11 Comprendamos como se formó la Biblia,  Pág. 40,Neil R. Lightfoot,Editorial Mundo Hispano.

12. Introducción a la Biblia, Pág.55, Donald E.Demary,Edit. Unilit

13 wikipedia,Papiros_de_Oxirrinco

14. http://www.upco.es/personal/jmmoreno/cursos/EScritura/Teologia/texto.htm

15. Introducción a la Biblia, Pág.55, Donald E.Demary, Edit. Unilit

16. http://www.upco.es/personal/jmmoreno/cursos/EScritura/Teologia/texto.htm

17. Comprendamos como se formó la Biblia, op. cit., Pág. 155

18. http://www.auladebiblia.com/introduccion/tema5/tema5.html

19. Comprendamos como se formó la Biblia, op. cit., Pág. 102-103

20. ibid.,Pág. 82

21. Nelson, Wilton M., Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1998.