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Vida en el Espíritu

28 Jun

El Sermón Dominical
Domingo 26 de Junio del 2011

Vida en el Espíritu
Pastor Tony Hancock

Una misionera en el país de Ecuador cuenta de su experiencia con
un par de turistas que llegaron a su casa. Ellos deseaban
explorar la selva, y venían cargados con todo el equipo que
habían encontrado en una tienda deportiva. No conocían el lugar,
ni habían estudiado los peligros de la zona. Sin embargo, lo
único que le pidieron a la misionera fue que les enseñara unas
sencillas frases para poder hablar con los indígenas.

¡Qué confianza la de estos turistas! Estaban totalmente seguros
de poder enfrentar con éxito cualquier reto que se les
presentara. No le pidieron a la misionera que los guiara, ni
siquiera que les recomendara a alguien para acompañarles. No;
¡ellos lo podían hacer solos! ¡Qué audaces! A veces la audacia
se convierte en imprudencia.

¿Será que nos presentamos ante Dios de la misma forma?
Enfrentamos peligros y decisiones que tendrán consecuencias
hasta la eternidad, pero sólo le pedimos que nos ayude con unas
pequeñas frases. Como aquellos turistas, nos sentimos totalmente
confiados de poder enfrentar cualquier reto que se nos presente.
Pero ¿no sería mejor tener con nosotros un guía, alguien que
conociera los peligros y los mejores caminos para seguir?

¡La buena noticia es que Dios nos ha dado tal Guía! Se trata de
nada menos que El mismo. Ahora nos corresponde a nosotros
prestarle atención al Guía que Dios nos ha dado. Abramos la
Biblia en Romanos 8:9-11 para aprender más acerca de El.

8:9 Mas vosotros no vivís según la carne, sino según el
Espíritu, si es que el Espíritu de Dios mora en vosotros. Y
si alguno no tiene el Espíritu de Cristo, no es de él.
8:10 Pero si Cristo está en vosotros, el cuerpo en verdad está
muerto a causa del pecado, mas el espíritu vive a causa de
la justicia.
8:11 Y si el Espíritu de aquel que levantó de los muertos a
Jesús mora en vosotros, el que levantó de los muertos a
Cristo Jesús vivificará también vuestros cuerpos mortales
por su Espíritu que mora en vosotros.

¿Quién es el Guía que Dios nos ha dado? Es su Espíritu, el
Espíritu Santo de Dios. La primera cosa que queda muy clara en
este pasaje es que cada persona que conoce a Cristo ha recibido
su Espíritu. No hay diferencia entre el Espíritu de Dios y el
Espíritu de Cristo. Si hemos recibido a Cristo, su Espíritu mora
en nosotros. Si el Espíritu no está en nosotros, es que no hemos
recibido a Cristo.

De hecho, es sólo por obra del Espíritu Santo que podemos
conocer a Cristo. El trae la convicción del pecado a nuestro
corazón. Nos hace ver que necesitamos un Salvador. Cuando
respondemos a esa convicción con fe en Jesús, El nos transforma,
dándonos una nueva naturaleza y una nueva identidad. Pero no es
como una hada madrina, que sólo se aparece por un rato para
tocarnos con su varita mágica y luego se va.

¡No! El Espíritu Santo viene a vivir dentro de cada persona que
se entrega a Jesús. Por medio de la fe en Jesús, el Espíritu
vive en ti. Si tú has reconocido a Jesús como el Rey y Salvador
de tu vida, el Espíritu Santo ha llegado a tu corazón con todas
sus maletas y las ha desempacado para quedarse a vivir. ¡No es
un visitante, sino un residente en tu corazón!

Hay muchas cosas maravillosas que El hace. Una de ellas es que
El nos garantiza que tenemos y tendremos vida. Mira lo que dice
el verso 10: si Cristo está en nosotros, por fe, tenemos una
garantía de vida. Es cierto que nuestro cuerpo todavía va a
morir, pero su Espíritu en nosotros garantiza que vamos a
resucitar, así como Cristo resucitó.

Si el mismo Espíritu poderoso que resucitó a Cristo de entre los
muertos está en nosotros, El también nos dará vida como lo hizo
con Jesucristo. Es la garantía de que la promesa de Dios se
cumplirá, y que un día resucitaremos.

Un hombre ve un carro que le gusta, y va a negociar un precio
con el agente de ventas. Cuando termina de negociar el precio de
venta, el agente le pregunta: ¿cuánto va a dar como depósito?
¿Por qué le pide un depósito? Porque si el comprador realmente
está serio en su intención de comprar el carro, estará dispuesto
a dar una suma de dinero para garantizar la compra. En cambio,
si no está dispuesto a dar un depósito, es que realmente no está
seguro de hacer la compra todavía.

Leamos 2 Corintios 1:21-22:

1:21 Y el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos
ungió, es Dios,
1:22 el cual también nos ha sellado, y nos ha dado las arras del
Espíritu en nuestros corazones.

La palabra que se traduce “garantía” o “arras” es una palabra
que se usaba en el comercio para referirse a un depósito o
enganche. El Espíritu Santo es el enganche que Dios nos ha dado
para garantizar que seremos resucitados, que nuestra vida no se
acabará con la muerte, y que seremos parte del nuevo mundo que
El hará.

Ahora bien, si tenemos esa garantía de vivir para siempre,
nuestro compromiso ya no es con el pecado, que produjo la muerte
en nosotros. Ahora tenemos un compromiso con la vida. El
Espíritu Santo ha venido a nuestra vida para guiarnos en los
caminos de justicia. Esto es lo que demuestra que tenemos como
destino la vida. En cambio, si seguimos viviendo bajo el poder
del pecado, demostramos que nuestro destino todavía es la
muerte. Leamos los versos 12 al 14 de Romanos 8:

8:12 Así que, hermanos, deudores somos, no a la carne, para que
vivamos conforme a la carne;
8:13 porque si vivís conforme a la carne, moriréis; mas si por
el Espíritu hacéis morir las obras de la carne, viviréis.
8:14 Porque todos los que son guiados por el Espíritu de Dios,
éstos son hijos de Dios.

Dios nos dice algo muy claro aquí. Si estamos viviendo todavía
bajo el poder del pecado, si obedecemos los impulsos y las
instrucciones del mundo y de nuestra carne, mostramos que
todavía estamos destinados a muerte. En cambio, si el Espíritu
Santo nos está guiando hacia una vida de más y más santidad,
esto indica que nuestro destino es la vida eterna con Dios.

Imaginemos que alguien tiene una infección. Los síntomas de esta
infección son fiebre, malestar general y dolores de cabeza. La
persona va al doctor, quien le receta un antibiótico. Después de
tomar el antibiótico por algunos días, se va la fiebre, la
persona se siente mejor y ya no le duele la cabeza. ¿Qué nos
dice esto? Nos dice que el antibiótico funcionó – los síntomas
han desaparecido.

En cambio, si después de algunos días los síntomas siguen
iguales, significa que el antibiótico no ha funcionado. Puede
ser que el doctor se equivocó de diagnóstico, que la farmacia
cometió un error o que hubo algún defecto en la pastilla. Pero
el hecho de que los síntomas continúen indica que la infección
sigue estando presente.

¿Cómo sabemos si la infección del pecado se ha curado en nuestro
corazón? Lo sabemos si nuestra vida ha cambiado. Si el Espíritu
Santo nos está guiando y está produciendo su paz, su gozo, su
amor en nosotros, esto indica que Jesucristo está curando
nuestro malestar. En cambio, si seguimos con las mismas malas
costumbres de antes, esos síntomas indican que nuestro problema
de pecado no ha sido curado. No hemos recibido a Cristo de
verdad.

Cada día Dios nos llama a decirle “sí” a su Espíritu que vive en
nosotros y que nos va guiando por sendas de justicia, para la
gloria de Dios. Quizás en algún momento experimentemos su
presencia de forma especial, pero El está presente todo el
tiempo. A nosotros nos toca decirle “sí” cuando El nos guía,
cuando nos convence, cuando nos corrige. Al hacerlo, creceremos
en la seguridad de nuestro destino celestial.

¿Y qué pasa con la persona que una vez aceptó a Cristo, pero no
está caminando con Dios? ¿Qué de la persona que aceptó a Jesús,
quizás con mucha emoción, pero ahora vive en fornicación? ¿Qué
del que regresó al vicio? ¿Qué del que simplemente ya no tiene
interés en las cosas de Dios?

Sólo Dios conoce el corazón, y no podemos juzgar a nadie. Lo que
sí podemos decir con certeza es que la persona que no está
caminando en obediencia al Espíritu no puede tener ninguna
seguridad de ser salvo.

Sólo Dios sabe si se trata de alguien que realmente fue salvo y
se alejó del camino, o si sólo parecía ser salvo. Si realmente
fue salvo, tarde o temprano volverá al camino; pero mientras
esté lejos, no puede consolarse con el pensamiento de que ya
aceptó a Jesucristo y se bautizó – porque la muestra de que su
salvación fue real es que ahora esté caminando en obediencia al
Espíritu. Los versos 13 y 14 son muy claros.

No quisiera que ninguno de nosotros sufriera con esa duda.
Seamos fieles y obedientes a Cristo, siguiendo cada día la
dirección de su Espíritu que está en nosotros. Así podremos
vivir con la plena confianza de que nuestro camino nos llevará a
la vida eterna con Dios.

En mi carro tengo un navegador electrónico. Se llama Juanita –
algunos de ustedes la conocen. La mayor parte del tiempo,
Juanita está apagada. Sólo la prendo si estoy perdido, y quiero
saber cómo llegar a mi destino deseado. El resto del tiempo, yo
mismo elijo mi rumbo.

Quizás así le tratas al Espíritu Santo. Mientras todo marche
bien, tomas tus propias decisiones. Es sólo cuando te encuentras
en problemas que dices: ¡Oh Dios! ¿Qué hago ahora? Es sólo en
ese momento que buscas su dirección.

No puedes seguir viviendo así si has llegado a conocer a Cristo.
Tienes que aprender a oír la voz del Espíritu y decirle que sí,
a dejar que El te guíe. Sólo así podrás tener la amplia
seguridad de que estás en Cristo, y que vivirás con El. Dile hoy
al Espíritu que quieres escuchar su voz en tu corazón, y que
quieres seguirle. Dile “sí” al Espíritu Santo, y no al pecado.
Así conocerás cada vez más la vida plena que Dios tiene para ti,
la vida en el Espíritu.

—————————————————————-

– ¡Visita la página web del Pastor Tony Hancock!
http://www.pastortony.net

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¿Buenos o malos?

24 Abr

¿Buenos o malos?

La nota decía: “El gran momento de los malos” y en tono de broma, el autor la desarrollaba: “… en general nos suele ir bastante bien… Sin duda, el Club de los malos está atravesando uno de sus mejores momentos… siguen cosechando éxitos…” Luego detalla humorísticamente diferentes actitudes y acciones de políticos y autoridades que, lejos de ayudar al país y a los ciudadanos, los encaminan a la derrota, sembrando angustias y perturbación social mediante saqueos, huelgas, aumentos de precios, etc. Y finaliza “cuando las dificultades vuelven, se desploman los proclamadotes de falsas victorias. Es cuando emergen, impertérritos, los verdaderos triunfadores. Eternamente incólumes, permanecerán los ganadores de siempre. Nosotros, los Malos”

Esto es una especie de sátira, pero…la Biblia nos habla de la maldad:

“Y vio Jehová que la maldad de los hombres era mucha en la tierra, y que todo designio de los pensamientos del corazón de ellos era de continuo solamente el mal” (Génesis 6:5)
“Porque de dentro, del corazón de los hombres, salen los malos pensamientos, los adulterios, las fornicaciones, los homicidios, los hurtos, las avaricias, las maldades, el engaños… todas estas maldades de dentro salen, y contaminan al hombre” (Marcos 7:21-23)
“Estando atestados de toda injusticia… Perversidad… maldad… implacables, sin misericordia…” (Romanos 1:29-32)
Nos habla del maligno

“… el mundo entero está bajo el maligno” (1 Juan 5:19)
“Sobre todo, tomad el escudo de la fe, con que podáis apagar todos los dardos de fuego del maligno” (Efesios 6:16)
Y, por supuesto la maldad no triunfará finalmente:

“Porque los malignos serán destruidos…” (Salmos 37:9)
“En cuanto a mí, casi se deslizaron mis pies, por poco resbalaron mis pasos. Porque tuve envidia de los arrogantes, viendo la prosperidad de los impíos… hasta que entrando en el santuario de Dios, comprendí el fin de ellos. Ciertamente los has puesto en deslizaderos, en asolamientos los harás caer… Perecieron, se consumieron de terrores… porque he aquí los que se alejan de ti perecerán…” (Salmos 73)
Nos asegura que cualquier triunfo del mal es pasajero y momentáneo:

“¿No sabes… Que la alegría de los malos es breve, y el gozo del impío por un momento?” (Job 20:4-5)
“No así los malos, que son como el tamo que arrebata el viento… Los malos serán trasladados al Seol, todas las gentes que se olvidan de Dios” (Salmos 1:4, 9:17)
En cambio la Biblia asegura el triunfo para los que dejamos de ser “malos”

“Porque todo lo que es nacido de Dios vence al mundo; y esta es la victoria que ha vencido al mundo, nuestra fe. ¿Quién es el que vence al mundo, sino el que cree que Jesús es el Hijo de Dios?” (1 Juan 5:4-5)
Recordemos: El mal ya fue vencido en la Cruz del Calvario… ¿Pertenecemos al Vencedor?

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EL PECADO DE MEZCLAR

1 Abr

David Wilkerson Today

WEDNESDAY, MARCH 30, 2011

EL PECADO DE MEZCLAR

Ni en el Antiguo Testamento encontramos nada tan fuerte como las advertencias

que Pablo hace en contra de la afinidad con el mundo:

“No os unáis en yugo desigual con los incrédulos, porque ¿qué

compañerismo tiene la justicia con la injusticia? ¿Y qué comunión, la luz

con las tinieblas? ¿Qué armonía puede haber entre Cristo y Belial? ¿O qué

parte el creyente con el incrédulo? ¿Y qué acuerdo hay entre el templo de

Dios y los ídolos? Y vosotros sois el templo del Dios viviente, como Dios

dijo: Habitaré y andaré entre ellos; yo seré su Dios y ellos serán mi

pueblo” (2 Corintios 6:14-16).

En el Antiguo Testamento cuando Dios quería revelar el poder de su presencia

ante los malvados Egipcios, él trazó una línea de separación, separando al

pueblo de Dios en Gosén del resto de Egipto.

“Pero Jehová hará distinción entre…Israel y…Egipto…porque yo

enviaré esta vez todas mis plagas sobre tu corazón…para que entiendas que

no hay otro como yo en toda la tierra” Éxodo 9:4, 14).

Dios quiere que el mundo vea la diferencia entre su pueblo que lo ama y el

resto del mundo incrédulo. Él quiere que seamos un ejemplo de ser un pueblo

liberado y victorioso, confiando en Su brazo poderoso para que nos libre de

todo daño y maldad.

Las razones hoy en día para que nos separemos del mundo (Egipto), son las

mismas de tiempo antiguo. Dios está nuevamente trazando la línea entre su

pueblo y este siglo malvado para que esta generación pueda saber que en toda

la tierra no hay ninguno que pueda liberar como él . Los malvados de este

siglo necesitan tener una manifestación aún más grande de la presencia del

Señor. Ninguna otra cosa les llamará la atención. Ninguna otra cosa los

golpeará para convencerlos del pecado. ¡El Espíritu Santo ha sido derramado,

para que toda carne pueda estar bajo el poder de la presencia de Cristo y ser

convencidos de sus pecados, de justicia y de juicio!

Hablando acerca de sus verdaderos discípulos, él dijo, “No son del mundo,

como tampoco yo soy del mundo” (Juan 17:16). Y otra vez, “Yo os elegí del

mundo, por eso el mundo os odia” (Juan 15:19).

El mundo ama a los suyos, pero nosotros no somos del mundo. Que Dios nos ayude

a aceptar alegremente nuestro carácter especial de separación y diferencia.

¡Sólo aquellos que están verdaderamente sin mezcla con el mundo y que se han

separado para Cristo tendrán poder para salvarlo!

“Si alguno ama al mundo, el amor del Padre no está en él” (1 Juan 2:15).

Read this devotion online: http://www.worldchallenge.org/es/node/12833

Una justicia ineludible

20 Mar

Una justicia ineludible

La justicia suiza pidió informes sobre determinados negocios. El personaje investigado se sintió agraviado y dio pasos para realizar un paro nacional, pero luego desistió de ello y lo dejó sin efecto. El editor del periódico escribió al respecto: “… todo por un pedido de informes de un fiscal. Actuó como si fuera una orden de captura. Es el mismo… que, al ser detenido el ferroviario… dijo taxativo: ‘hay que dejar actuar a la justicia’”. Y luego agregaba: “Podría completarse la frase a la luz de estos hechos: `hay que dejar actuar a la justicia siempre y cuando no se meta conmigo’”

Bueno, quizás podremos, en algunos casos, evadir a la justicia humana pero cuando se trata de la justicia de Dios no hay escapatoria posible.

Hebreos 9:27 nos dice:

“Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio”
Cuando llegue el momento en que nos presentemos delante de Dios, sabremos con toda certeza que:

La justicia de Dios no tiene comparación con la de los hombres

“Delante de Jehová que vino; porque vino a juzgar la tierra. Juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos con su verdad” (Salmos 96:13)
“El juzgará a tu pueblo con justicia, y a tus afligidos con juicio” (Salmos 72:2)
“Mas la misericordia de Jehová es desde la eternidad y hasta la eternidad sobre los que le temen, y su justicia sobre los hijos de los hijos” (Salmos 103:17)
Las características de nuestras vidas ponen aún más en evidencia Su Carácter y su manera de juzgar

“Y si nuestra injusticia hace resaltar la justicia de Dios, ¿qué diremos? ¿Será injusto Dios que da castigo? (Hablo como hombre) De ninguna manera; de otro modo, ¿cómo juzgaría Dios al mundo?…” (Romanos 3:5-8)
“Porque seré propicio a sus injusticias, y nunca más me acordaré de sus iniquidades” (Hebreos 8:12)
Sin embargo, y a pesar de sus falencias, debemos colocarnos bajo la justicia humana, obedeciendo así a Dios mismo:

“Por causa del Señor, someteos a toda institución humana, ya sea al rey como a superior, ya a los gobernadores, como por él enviados para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen bien. Porque esta es la voluntad de Dios…” (1 Pedro 2:13-15)
Recordemos: Aún cuando pudiéramos eludir la justicia humana, jamás lo lograríamos con la justicia divina.

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No todo es para bien

13 Mar

No todo es para bien

La nota decía: “El deseo del hijo propio, con material genético ajeno o vientre alquilado, cuestiona roles tradicionales, y lleva riesgosamente al terreno del mercado un vínculo que por definición es privado”

Y yo pensé ¡Por fin alguien dice lo correcto sobre este tema!

La entrevistada puede opinar con perfecto fundamento humano y científico. Siendo especialista en bioética, analiza la ambivalencia de los logros tecnológicos. Uno de los casos que presenta como ejemplo es el de una mujer de cincuenta años, que dio a luz a su nieto para que su hijo homosexual pudiera ser padre.
La científica dice: “Se impone revisar el ideal de progreso dominante que legitima toda innovación tecnológica sin detenerse a considerar las personas o pueblos que arrasa. Y hay otro nivel que promueve el debate en torno al lugar que daremos como sociedad a estas tecnologías”

Los creyentes tenemos la responsabilidad de enseñar con fundamento divino.

La Biblia nos enseña que hay decisiones personales y grupales:

“Ahora pues, temed a Jehová, y servidle con integridad y en verdad… yo y mi casa serviremos a Jehová. Entonces el pueblo respondió y dijo:… a Jehová serviremos…” (Josué 24:14-24)
La Biblia también nos enseña a buscar el bien de las personas:

“No te niegues a hacer el bien a quien es debido, cuando tuvieres poder para hacerlo” (Proverbios 3:27)
“El deseo de los justos es solamente el bien…” (Proverbios 11:23)
“¿No yerran los que piensan el mal? Misericordia y verdad alcanzarán los que piensan el bien” (Proverbios 14:22)
Aquellos que no conocen a Dios se preguntan:

“Muchos son los que dicen: ¿Quién nos mostrará el bien?…” (Salmos 4:6)
Y quienes lo conocemos debemos tener en cuenta lo que dice 1 Corintios 6:12 y 10:22-23:

“Todas las cosas me son lícitas, pero no todas convienen; todas las cosas me son lícitas, mas yo no me dejaré dominar de ninguna… ¿O provocaremos a celos al Señor? ¿Somos más fuertes que él? Todo me es lícito, pero no todo conviene; todo me es lícito, pero no todo edifica”
Recordemos: El bien que hagamos no puede estar en discordancia con la Verdad de Dios

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Avergonzados

4 Mar

Avergonzados

La nota se titulaba “el lado público de la vergüenza” Y decía así: “Parecería que estamos viviendo una época desvergonzada de escándalos sórdidos y codicia impenitente. No obstante la vergüenza o al menos el escarnio, podría estar preparando su vuelta” Trata sobre cómo las acciones descaradas e intrigantes pueden llegar a ser puestas en evidencia con los medios sociales modernos “… hay un factor vergüenza… sin embargo hay quienes temen que las consecuencias de la justicia de pandillas se generalicen en la Web, donde el tribunal de la opinión pública hace sus propias leyes”

La Biblia nos habla sobre estos temas: vergüenza y falta de ella, juicios humanos y justicia divina.

El pecado del ser humano lo ha llevado a un grado tal de decadencia que Dios debe intervenir, haciéndolo aún más patente.

“y cambiaron la gloria del Dios incorruptible en semejanza de imagen de hombre corruptible… por lo cual también Dios los entregó a la inmundicia, en las concupiscencias de sus corazones… los entregó a pasiones vergonzosas… y recibiendo en sí mismos la retribución debida a su extravío… Y como ellos no aprobaron tener en cuenta a Dios, Dios los entregó a una mente reprobada, para hacer cosas que no convienen” (Romanos 1:23-28)
“Porque vergonzoso es aún hablar de lo que ellos hacen en secreto” (Efesios 5:12)
Pero vendrá el día del juicio de Dios

“Pero tú, ¿por qué juzgas a tu hermano? O tú también, ¿por qué menosprecias a tu hermano? Porque todos compareceremos ante el tribunal de Cristo” (1 Corintios 14:10)
“Porque es necesario que todos nosotros comparezcamos ante el tribunal de Cristo, para que cada uno reciba según lo que haya hecho mientras estaba en el cuerpo, sea bueno o sea malo” (2 Corintios 5:10)
“Pero habiendo entendido el juicio de Dios, que los que practican tales cosas son dignos de muerte, no sólo las hacen, sino que también se complacen con los que las practican… Mas sabemos que el juicio de Dios contra los que practican tales cosas es según verdad… para que toda boca se cierre, y todo el mundo quede bajo el juicio de Dios” (Romanos 1:32; 2:2; 3:19)
¡Qué bueno sería que cada uno de nosotros pudiera experimentar, al igual que el Apóstol Pablo, lo siguiente:

“Yo en muy poco tengo el ser juzgado por vosotros, o por tribunal humano; y ni aun yo me juzgo a mí mismo. Porque aunque de nada tengo mala conciencia, no por eso soy justificado; pero el que me juzga es el Señor” (1 Corintios 4:3-4)
“Para que seáis irreprensibles y sencillos, hijos de Dios sin mancha en medio de una generación maligna y perversa, en medio de la cual resplandecéis como luminares en el mundo” (Filipenses 2:15)
Recordemos: En medio de un mundo desbocado, Dios nos da la posibilidad de vivir en santidad.

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Celebridades

3 Mar

Celebridades

El escritor de la nota, rector de una conocida universidad, decía: “En todos los ámbitos de la vida, una cosa es ser conocido y otra muy distinta es ser aceptado. Para llegar a cosechar altos niveles de aceptación, de buena imagen, obviamente primero hay que hacerse conocer”

¡Interesantísimo! Tenemos un ejemplo claro en la vida del Apóstol Pablo.

El era conocido… muy conocido como perseguidor de la Iglesia de Dios…

“Entonces Ananías respondió: Señor, he oído de muchos acerca de este hombre, cuántos males ha hecho a tus santos en Jerusalén. Y aún aquí tiene autoridad de los principales sacerdotes para prender a todos los que invocan tu nombre” (Hechos 9:13-14)
Tuvo que hacer mucho para llegar a ser aceptado por los creyentes…

“En seguida predicaba a Cristo en las sinagogas, diciendo que éste era el Hijo de Dios. Y todos los que le oían estaban atónitos, y decían: ¿No es éste el que asolaba en Jerusalén a los que invocaban este nombre, y a eso vino acá, para llevarlos presos ante los principales sacerdotes? Pero Saulo mucho más se esforzaba, y confundía a los judíos que moraban en Damasco, demostrando que Jesús era el Cristo” (Hechos 9:20-22)
Finalmente, llegó a tener muy buena imagen…

“…y tened entendido que la paciencia de nuestro Señor es para salvación, como también nuestro amado hermano Pablo, según la sabiduría que le ha sido dada, os ha escrito…” (2 Pedro 3:15)
He concurrido a trabajar durante años a algunos lugares y no sentí nunca la verdadera y profunda aceptación de la gente. En otras ocasiones, años de trabajo me precedieron y aún cuando era la primera visita que hacía al lugar, experimenté la aceptación simple y completa de las personas de ese lugar.

En la Obra del Señor es necesario hacer para recibir. Si esperamos algún reconocimiento, sea humano o divino, sin esfuerzo, dedicación y sinceridad no llegaremos muy lejos…

“Aún el muchacho es conocido por sus hechos…” (Proverbios 20:11)
“Dadle el fruto de sus manos, y alábenla en las puertas sus hechos” (Proverbios 31:31)
“Hijitos míos, no amemos de palabra ni de lengua, sino de hecho y en verdad” (1 Juan 3:18)
“…no estimó el ser igual a Dios como cosa a qué aferrarse, sino que se despojó a si mismo… por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo…” (Filipenses 2:5-9
Recordemos: Aún el Señor Jesucristo primero entregó todo, y luego recibió Gloria…

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