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COMENTARIOS AL SALMO 8

21 May

COMENTARIOS AL SALMO 8

2. ¡Señor, Dios nuestro,
qué admirable es tu nombre
en toda la tierra!

Ensalzaste tu majestad sobre los cielos.
3. De la boca de los niños de pecho
has sacado una alabanza contra tus enemigos,
para reprimir al adversario y al rebelde.

4. Cuando contemplo el cielo,
obra de tus dedos,
la luna y las estrellas que has creado,
5. qué es el hombre para que te acuerdes de él;
el ser humano, para darle poder.

6. Lo hiciste poco inferior a los ángeles,
lo coronaste de gloria y dignidad,
7. le diste el mando sobre las obras de tus manos,
todo lo sometiste bajo sus pies.

8. Rebaños de ovejas y toros,
y hasta las bestias del campo,
9. las aves del cielo, los peces del mar,
que trazan sendas por el mar.

10. ¡Señor, Dios nuestro,
qué admirable es tu nombre
en toda la tierra!

1. La Humanidad Santísima de Cristo, maravilla de la Creación

* Para nosotros, cristianos, este salmo, sobre todo situado en sábado, día en que empezamos nuestra celebración semanal de la Pascua, puede ser. muy evocador; con él celebramos al Verbo Creador para concluir con una visión de Cristo Resucitado, coronado de gloria y dignidad (v. 6), segundo Adán. En la Creación actúa ciertamente el amor, pero sobresale el poder. En la restauración -segunda creación- brilla, por encima de todo, el amor. De esta forma el salmo dispone a la celebración ya cercana del Domingo, día en que se inició la creación y alcanzó su cenit la historia de la salvación.

La Liturgia propone el salmo 8 para la Misa de la Solemnidad de la Santísima Trinidad. Nos apoyamos en este uso y por medio de esta exclamación llena de admiración y entusiasmo -que atraviesa el salmo desde su inicio hasta el final-, nos trasladamos a la atmósfera del Paraíso, al momento en el que las criaturas salían luminosas y transparentes de las manos del Creador, como manifestación de su grandeza y bondad272. A lo largo de miles de años, el universo fue el único lenguaje del Dios invisible. Meditemos, pues, en esta estrofa a la luz de otras palabras poéticas de la Liturgia: “A ti, Señor, Padre nuestro, te aclaman cuantas criaturas reúne el plácido jardín del Universo.”273

** La tradición en torno al Salterio nos ayuda a contemplar aquí lo que sería un anuncio de la glorificación mesiánica de Jesús:274 en su entrada triunfal en Jerusalén,275 ante los fariseos -sus adversarios- legitimará el entusiasmo de los niños que le aclaman, invocando precisamente estas palabras: De la boca de los niños de pecho has sacado una alabanza contra tus enemigos (v. 3).

Así pues, el Rey de la gloria entra en su ciudad, montado en un asno, para conquistar a la hija de Sión, figura de su Iglesia, no por la astucia ni por la violencia, sino por la humildad; por eso los súbditos de su Reino son los niños.276

¡Qué fácil resulta simpatizar con ese niño277 -personaje anónimo, pero elocuente-, a quien Jesús abrazó, bendijo e impuso las manos, atraído por la hermosura del alma que veía en él, fruto de la sencillez y de la confianza! “«… quasi modo geniti infantes» (1 Pt 2: 2): como niños recién nacidos… Pensaba que esa invitación de la Iglesia nos viene muy bien a todos los que sentimos la realidad de la filiación divina. Porque nos conviene ser muy recios, muy sólidos, (…) y, sin embargo, delante de Dios, ¡es tan bueno que nos consideremos hijos pequeños!”278.

*** Y desde aquel primer Adán del Paraíso, tras desandar el camino andado por Eva, pasamos a este Hombre del que habla el salmo al exaltar su excelsa grandeza, coronado de gloria y dignidad (v. 6), que es Cristo, ‘novissimus Adam’279. Así nos lo muestra la Liturgia, por medio de una antífona para este salmo en el Tiempo de Pascua.280 Por eso, mientras la Iglesia contempla aquí la gloria y el esplendor del Señor, ‘perfectus Homo’, nosotros repetimos estas palabras del salmo, saboreándolas como un himno de alabanza a Jesús, contemplado en su gloriosa Ascensión al Cielo, en su realeza universal, en el esplendor de su Divinidad281.

Lo que nos atrae en Él es esta unión armoniosa e inefable de lo divino y lo humano. Si su santidad no fuera humanizada, no estaría como adaptada a nosotros; si no fuera divina, no nos arrebataría, no nos divinizaría. Como las madres convierten los alimentos sólidos y sustanciosos en leche para que puedan aprovecharlos los niños -de tal modo que si no fueran sustanciosos no servirían y si no fueran asimilados en forma de leche, no podrían tomarlos-, así, ‘Spiritus Sancti operante virtute’,282 el alimento solidísimo de la Divinidad se hace para nosotros asimilable.283

…………………

272 Gen 1: 1-28.

273 LITURGIA HORARUM, Himno ‘Te Patrem’, Of de lect, Santísima Trinidad: ‘Te Dominum fatentur quotquot amoenus paradisi hortus adunat’ (F. AROCENA, Los himnos de la Liturgia de las Horas, Madrid, 1992, p. 186).

274 P. SALMON OSB, Les ‘Tituli psalmorum’ des manuscrits latins, París, 1959, Serie II (S. Agustín de Cantorbery), 8, p. 81: ‘De … laude infantium qui dicebant hosanna in excelsis’.

275 Mt 21: 14-16.

276 CEC, 559.

277 Mt 18: 2.

278 BEATO JOSEMARIA ESCRIVA DE BALAGUER, Amigos de Dios, Madrid, 1987. n. 142.

279 GS, 22.

280 LITURGIA DE LAS HORAS, ant Laud Sáb 2 y 4 T Pasc: Coronaste de gloria y dignidad a tu Cristo. Aleluya.

281 LITURGIA DE LAS HORAS, ant H Media Ascen., ant Laud Transfiguración.

282 MISSALE ROMANUM, Prex eucharrística III, epíclesis anteconsecr.

283 L.M. MARTINEZ, Jesús, Madrid 1953, p. 191.

FELIX AROCENA
EN ESPÍRITU Y VERDAD, vol. I
Colección Trípode
Edic. EGA. Bilbao-1995.Págs. 126-128

2.

PRIMERA LECTURA: CON ISRAEL

* Este himno a la realeza de Yahveh debía cantarse, (en una fe), en una fiesta nocturna, bajo el encanto de un cielo estrellado, y la transparencia de las noches sin nubes del oriente. Este salmo es la traducción en canción y en oración de la enseñanza o catecismo elemental de la religión de Israel, el Génesis: Un Dios creador de todo, que confía todo al hombre y lo coloca en lo más alto: “Hagamos al hombre a nuestra imagen y semejanza. .. Dominad la tierra y sometedla. . . Os doy todo. ..” (Génesis 1;2)

Llama la atención que este salmo de alabanza a la grandeza de Dios, se transforma a la larga en alabanza a la grandeza del hombre. Ahora bien, Dios lo ha hecho todo: observemos los pronombres personales y posesivos: “Tu nombre… Tu esplendor… Tú opones… Tus dedos… Tú creas… Tú piensas en él… te ocupas de él… Tú lo has querido… Tú lo has establecido… Tus manos… Tú colocas,… Paradójicamente, en un poema en que el hombre es exaltado, ¡Dios es el sujeto de casi todos los verbos!”.

SEGUNDA LECTURA, CON JESÚS H/GRANDEZA:

** Jesús cita explícitamente este salmo para defender, contra los fariseos y los escribas, las gentes sencillas del pueblo que lo aclamaban el día de los ramos: “¿No oyes lo que dicen aquellos?” – Perfectamente, respondió Jesús. ¿No habéis oído jamás el texto que dice: “De la boca de los niños, de los bebés, has hecho brotar una alabanza”? (Mateo 21,16). Para Jesús, la verdadera grandeza del hombre está en los pequeños, en aquellos que aceptan recibir todo con sencillez. Y Jesús insistía en la necesidad de la humildad: “Padre, te bendigo porque ocultaste estas cosas a los sabios y prudentes y las revelaste a los pequeñitos” (Lucas 10,21).

San Pablo cita tres veces este salmo (Hebreos 2,6 – 10; Efesios 1,22; 1 Corintios 15,25-27): “Has puesto todo bajo sus pies”. En cada texto Pablo quiere expresar la maravilla de la resurrección de Jesús como una victoria total sobre la muerte. El Padre Martelet comenta: La promesa de Dios de someter todo al hombre, sería un irrisorio engaño si el hombre continuara vencido por la muerte… En tal caso sería él quien estaría en tierra al pie de todos los vivientes. Ahora bien, solamente el “segundo Adán”, realiza plenamente la promesa hecha al primero: “el hombre a quien todo sometió el Padre” es, Jesucristo. “He aquí el hombre” diría Pilatos,~sin saber hasta qué punto era verdadera su fórmula. Verificamos hasta qué punto los salmos anunciaban a Jesucristo y por qué El los recitó con una intensidad tan especial.

Efectivamente, a cualquiera que se hace la pregunta radical: “¿qué es el hombre? ¿Qué significa su fragilidad ante las inmensidades siderales?”, no se puede contestar sino de esta manera: el hombre es esta “condición” que el Hijo de Dios quiso asumir… ¡”El Verbo se hizo carne… Dios se hizo hombre”! No nos extrañemos, pues, que un salmo, palabra inspirada, cante la “gloria del hombre” cantando “la gloria de Dios”.

TERCERA LECTURA, CON NUESTRO TIEMPO

*** La admiración. A medida que la ciencia nos revela las maravillas del universo, con mayor razón podremos cantar este salmo “Cuando contemplo el cielo, obra de tus manos…” hoy que sabemos que el cosmos es inmensamente grande a “millones de años luz”, ¿dejaremos por ello de maravillarnos?

La infancia. Es uno de los temas favoritos de la literatura contemporánea. Se ha descubierto la frescura y la verdad de los “porqués” de los niños: “¿por qué, papá, alumbra el sol?-porque está ardiendo-. ¿Y por qué está ardiendo…? “Hay un cierto orgullo de adulto que lo hace creer muy fuerte, y que sin embargo se ve desarmado por la sencillez del niño.

El cielo, las estrellas. ¡Todo es igualmente bello! ¡Confesadlo! Dejaos maravillar. Recostaos en una pradera, una bella noche estrellada. Si hay algo evidente, es que esto no lo ha hecho el hombre. Sólo un niño comprende lo que los orgullosos nunca entenderán: ”

El firmamento es esta muralla”, esta barrera que el adversario (de Dios) nunca podrá atravesar. Dios no tiene necesidad de defenderse… Ninguno de sus enemigos podrá igualarlo. El cosmos, el mundo sideral, con sus leyes armónicas son suficientes para silenciar las pretensiones ridículas de éstos “picaruelos”, que se creen capaces de rehacer el universo. Nuestros antepasados estaban en lo cierto, cuando “escuchaban cantar a los astros” (Job 38,7 – 11). Sí, escuchad de vez en cuando el canto de las estrellas.

La técnica, el dominio del hombre. En todo ésto no hay contradicción. “Tú has puesto todo bajo sus pies”. Un día por primera vez los cosmonautas caminaron sobre la luna: símbolo de la grandeza del hombre científico que progresivamente domina la naturaleza. Sin embargo ningún poeta del espacio, ningún comunicado de prensa, ningún informe oficial de la NASA, preocupado por elogiar el valor de los técnicos, se ha atrevido a decir del hombre lo que hace ya mucho tiempo el pueblo de Dios dijo de El en el salmo octavo: “Apenas inferior a un dios lo hiciste, coronándolo de gloria y de esplendor; lo hiciste señor de las obras de tus manos…” En tiempo del salmista el hombre que navegaba en pequeñas embarcaciones, “haciendo su camino sobre las aguas”, dominaba ya el mundo por orden de Dios. Hoy, el piloto que despega en su super jet para aterrizar unas horas después en un aeropuerto de otro continente, realiza a veces sin saberlo, el proyecto de Dios. Esto es cierto del investigador que hace avanzar la ciencia, del niño que mira el dibujo que acaba de “crear”, de la abuela que teje un tapiz, de la madre que educa un bebé, del obrero que construye una casa, de todo hombre… que con su trabajo perfecciona un poco la creación.

¿Qué es el hombre? Interrogante muy moderno que Pascal replantea. En contraste con la inmensidad del cielo, el hombre se siente minúsculo. El silencio eterno de los espacios me atemoriza… (392) “El hombre es sólo una caña, lo más débil de la naturaleza, pero es una caña pensante… aunque el universo lo aplastara, el hombre seria aún más noble que aquel que lo mataba, porque sabe que muere… El universo no es consciente de la superioridad que tiene sobre él… (391).

La grandeza del hombre. En el corazón, en el centro de este universo abrumador, inmenso, está el “hombre”, infinitamente más grande que este mundo… sí, ¡el hombre es más grande y más importante que el sol! ¿Por qué? Porque ocupa constantemente el pensamiento de Dios, responde el salmo:”¿Qué es el hombre para que de él te acuerdes, el hijo de Adán (el terrícola) para que de él cuides?” ¡ Un solo hombre es mayor y tiene más precio a los ojos de Dios que todo el universo! Dios reserva para el hombre un cuidado que el mecanismo celeste no necesita: Dios ama al hombre. ¡Qué grande es tu nombre! “Padre, yo les he revelado tu nombre” (Juan 17,6). Padre nuestro, santificado sea tu nombre.

NOEL QUESSON
50 SALMOS PARA TODOS LOS DIAS. Tomo I
PAULINAS, 2ª Edición
BOGOTA-COLOMBIA-1988.Págs. 16-19

3.

Los salmos nos invitan a orar al Dios creador, y esta llamada nos seduce. No nos desagrada introducir astros y ríos en nuestro encuentro con Dios; esto nos parece preferible a orar «con la cabeza apoyada en las manos». Otros dirán que una mayor madurez o unas pruebas más numerosas les impiden salir del interior del hombre. Después de todo, ahí es donde tienen sus últimas resonancias las tragedias más vastas. La humanidad vive por fuera sus tragedias, pero las recuerda por dentro. Nos lo dice claramente el nombre de Auschwitz: si se atasca esa interioridad del hombre, las víctimas, al ser olvidadas, habrán muerto para nadie.

Pero la plegaria bíblica supera esa oposición entre el dentro y el fuera: la plegaria del corazón es una oración del cuerpo. El corazón no percibe nada sin el fuera, pero el fuera nos conduce hacia el corazón, sede de la presencia. Sólo desde ahí aparece la creación como lo que es realmente: íntima, secreta, última acción de Dios. Discreta palabra: sólo un murmullo tan nocturno puede ser entendido como el anuncio de una victoria divina sobre la muerte.

Todo empieza en la experiencia sensible, por los ojos:

Cuando contemplo el cielo, obra de tus dedos,
la luna y las estrellas que has creado… (v. 4).

Pero esta línea es cruzada pronto por otra. Recordamos la sentencia de Pascal: «Nada de cuanto se ofrece al alma es simple, y el alma no se muestra simple a ningún sujeto». La creación, en efecto, es contraste y remite al contraste del hombre. La visión del cosmos, del mundo extraterrestre, hace difícil creer que el hombre sea importante:

¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él? (v. 5).

La mirada, pues, se desvía de los astros al hombre, que parece tan poca cosa. Pero el hombre contrasta con ese poco de su apariencia:

Lo hiciste poco menos que un dios…
Todo lo sometiste bajo sus pies (vv. 6-7).

Dominado y dominante, asustado y luego coronado «de gloria y dignidad», el hombre está en el cosmos como un punto de desequilibrio, una fragilidad retenida al borde del abismo. Pero es precisamente en ese punto, y en ningún otro, donde concentra todo pensamiento sobre la creación y de ahí brota. Al borde mismo en que el hombre se desalienta, allí es donde recobra ánimos. Una mirada fija en el círculo lejano de las cosas no acertaría a imaginar un Dios creador; no podría encontrarlo sino volviendo sobre sí mismo.

Nueva sorpresa: coronado por encima de «todas las cosas», el hombre, literalmente, no tiene poder alguno sino sobre las bestias:

Todo lo sometiste bajo sus pies:
los rebaños de ovejas y toros
y hasta las fieras salvajes,
las aves del cielo, los peces del mar
que trazan sendas por el mar (vv. 7-9).

Dominado por los astros, dominador de los animales: la sabiduría bíblica sitúa al hombre en ese filo agudísimo. La sabiduría moderna, por su parte, estimará que no hay en ello apenas «gloria y dignidad» y que tal posición tiene muy poco de regia. Pero la Biblia se mantiene ahí. El primer capítulo del Génesis se afirma en esa misma idea; privado de poder sobre los astros, el hombre sabrá dominar la tierra porque domesticará los animales herbívoros. No otra cosa se sugiere más allá de este imperio que se estima sobradamente glorioso (que el lector tenga a bien verificar por sí mismo el texto de Gn 1,28: el hombre no puede multiplicarse, llenar la tierra y someterla sino a condición de ejercer su dominio sobre los animales que, como él, se multiplican y llenan la tierra. La segunda tarea es condición de la primera). Para una humanidad que ya se ha dado algún paseo sobre un astro, el mensaje resulta difícilmente aceptable.

Pero es posible caminar sobre un astro y no tener el oído lo bastante fino como para escuchar el mensaje de un hombre antiguo. Este nos da a entender, en el Génesis, que el hombre está hecho a imagen de Dios y, en el salmo 8, que es casi un dios (v. 6). Los dos textos están concordes en enseñar que la imagen divina se sitúa en la diferencia entre lo que hacen el hombre y el animal. También en este caso, el pensamiento de la creación nos hace volver sobre el hombre y más aún sobre aquello que, en el hombre, no es lo más visible.

A pesar de todo, ¿no están suficientemente claras esta diferencia y esta realeza del hombre sobre el animal? El hombre antiguo nos reserva una respuesta: «Los animales —responde el hombre antiguo— se devoran entre sí, y lo mismo hacen los hombres; la diferencia entre ellos, por tanto, no es evidente. Los animales no son herbívoros, según el relato de la creación (Gn 1,30), sino por mandato de Dios, y esa restricción no les viene de su naturaleza. Para dominar esta naturaleza, el hombre relega a Dios al puesto de mando: por efecto de su palabra delegada (pues es cierto, y sumamente asombroso, que se habla a los animales), los animales se abstienen de devorarse entre sí. Pero Caín mata a Abel y desde entonces se devoran unos a otros los hombres, desde Caín hasta el diluvio, por lo que su palabra pierde todo el poder que tenía para imponer mansedumbre a los animales.

Si hoy imitan los hombres a los animales que se devoran por naturaleza, ahí está la prueba de que ya no los dominan. Los imitan y por ello se les asemejan. Y si se asemejan a los animales, ahí está el signo evidente de que han perdido la semejanza divina, sobre la que se fundaba su poder. No hay duda de que los seguirán dominando, pero será por la fuerza y el terror: el hombre domina al león por los mismos medios que utiliza el león para dominar al cordero. Ya no es mediante la palabra. Una vez que el hombre se ha sumido en la violencia, Dios le ha adaptado su ley: Todos los animales de la tierra os temerán y respetarán (Gen 9,2). Por eso reina desde entonces el estado de guerra entre los animales, entre el hombre y los animales, entre el hombre y el hombre. Sólo el día en que Dios haya sanado al hombre, el león comerá paja con el buey, porque se habrán reconciliado, y si se reconcilian será porque un niño los conduce cuando lleguen los tiempos del término de las guerras (Is 11,1-9; cf. 2,4). De este modo —concluye el hombre antiguo—ese dominio sobre los animales, que tan poca cosa te parece, es un poder que, a pesar de que eres capaz de caminar sobre un astro, no posees. Quizá lo tengas hoy menos que nunca».

Cuanto más nos remontamos en el tiempo, más nos encontramos con que los antiguos poseían la capacidad de leer un misterio a través de la letra o la fábula de un texto. Una vez que lo hemos trazado conforme a sus reglas, su ángulo de visión se nos hace claro: el hombre más cercano a los astros quizá se haya hecho más semejante a los animales. Después de llegar allá, no se sentirá menos espantado que el salmista al saberse poco menos que un dios, puesto que la guerra de hoy le descubre que posee el poder de «descrear» el mundo. Meditar, pues, sobre la creación no es cosa que nos aleje demasiado de nuestros dramas.

El hombre que emprende la guerra afila sus dientes y endurece su piel. Se rehace conforme a la imagen del escualo, de las aves rapaces, del felino. Su fuerza es violencia. La fuerza de Dios, por el contrario, es mansedumbre. A imagen de Dios se comporta únicamente el ser que es más fuerte que su propia fuerza. La mansedumbre es más que la no violencia. Jesús confirma en este punto el salmo 37: los sufridos están llamados a poseer la tierra, como el niño de Isaías.

Resulta, pues, que a partir de una mirada sobre los astros nos sentimos llamados hacia aquello que no es lo más visible en el hombre, hacia la imagen de la mansedumbre de Dios. Esta conversión, este giro es una ley de todo pensamiento bíblico sobre la creación. Nos ha sido preciso, sin duda, interpretar la realeza humana (al señalar sus límites) conforme a Gn 1 y sus secuelas. No puede sorprendernos este rodeo si recordamos hasta qué punto el triángulo que une al hombre con los astros y los animales fue familiar, a través de los zodíacos y sistemas parecidos, al pensamiento antiguo, que no se adentraba por esos caminos para descubrir puras banalidades al cabo de ellos.

Pero el salmo 8 no nos abandona una vez llegados a este punto. La creación puede ser también una prueba de fuerza y una victoria,

para reprimir al enemigo y al rebelde (v. 3).

El contexto nos ayuda a creer que el enemigo es la violencia y también que la fuerza es la mansedumbre e incluso la debilidad. Nada mejor para entenderlo que estas palabras:

Ensalzaré tu majestad por encima del cielo
con la boca de un niño de pecho.
Has cimentado un alcázar frente a tus adversarios,
para reprimir al enemigo y al rebelde (vv. 2-3).

Al nivel más arcaico, la imagen se plasmó en una figura mitológica de recién nacidos divinos o de dioses gemelos. Los recién nacidos, que se caracterizan por su impotencia como los más aptos para cantar la victoria de Dios, encarnan una lección que, independientemente de sus orígenes, no se ha perdido. Jesús la recoge, según Mt 21,16, pues vino para cumplir la misión de aquel niño que era capaz de reconciliar a las fieras mediante la dulzura de Dios.

PAUL BEAUCHANO
LOS SALMOS NOCHE Y DÍA
Ediciones CRISTIANDAD
MADRID-1981. Págs: 157-161

4. LA ORACIÓN DE LOS CIELOS

«¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierral».

Soy un enamorado de la naturaleza. Amo los cielos y la tierra, los ríos y los árboles, las montañas y las nubes. Puedo sentarme enfrente del mar, fuera de la esfera del tiempo, y mirar con ojos de eternidad el juego de las olas y las rocas, ajedrez de blancas crestas y oscuras sombras sobre el tablero sin límites de la creación. Puedo contemplar el curso de un río y el bailar de las aguas y el cantar de las piedras, y sentir su alegría como mi propia alegría en mi correr hacia el mar. Puedo sentarme bajo un árbol y sentir su vida como mía en el surgir de la savia desde las raíces ocultas hasta las hojas bailarinas. Puedo flotar a la deriva con una nube, volar con un pájaro o, sencillamente, quedarme sentado con una flor, sentada ella misma en el color y la fragancia de su vida desde el rincón oscuro de la selva en el que nace y muere.

Me identifico con la naturaleza… porque la naturaleza eres Tú.

La naturaleza recoge el frescor de tus dedos, la vida de tu aliento, el temblor de la majestad de tu presencia, la serena alegría de tu bendición de paz. Disfruto de una puesta de sol, porque es obra exclusivamente tuya, y no hay mano humana que pueda retocarla; y, como es exclusivamente tuya, me trae en imagen virgen el mensaje directo de tu presencia. Y disfruto cuando en la oscuridad de la noche que habla de intimidad te veo trazar sobre el cielo tu firma de estrellas. ¿Entiendes ahora por qué me gusta mirar al cielo por la noche para descifrar con fe y con amor el código secreto de tu caligrafia celeste?

«Contemplo el cielo, obra de tus dedos, la luna y las estrellas que has creado, y me digo a mí mismo con alegre orgullo: «Señor, Dios nuestro, ¡qué admirable es tu nombre en toda la tierra!»

En medio de esa maravilla me veo a mí mismo. «¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él?» Atomo de polvo en un mundo de luz. Pero en ese átomo que soy yo hay toda otra creación más maravillosa que el cielo y las estrellas. La maravilla de mi cuerpo, el secreto de mis células, el relámpago de mis nervios, el trono de mi corazón. Y el temblor de mi alma, la centella de mi entendimiento, el gozo de sentir y la locura de amar. La maravilla que llevo dentro, y tu firma también sobre ella. Sonrío cuando me dices que me has hecho rey de la creación, sólo inferior a ti. Sé de mi pequeñez y mi grandeza, de mi dignidad y mi nada, y reconociendo ambos extremos acepto con sencillez la corona de rey de la creación, la de dentro y la de fuera, y quiero disfrutar de ambas plenamente, de los ríos y las montañas tanto como de la conversación y del humor; de las palabras de los hombres y del murmullo de los bosques; de familia y estrellas, amigos y árboles, libros y pájaros, vientos y música, silencio y oración…; disfrutar de todo como sé que tú quieres que yo disfrute para gozo de mi corazón y gloria de tu nombre.

«¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!»

CARLOS G. VALLÉS
BUSCO TU ROSTRO
ORAR LOS SALMOS
Paulinas Sal Terrae.Santander-1989, pág. 23

5./Sal/008/POEMA

Señor, Padre nuestro,
qué admirable es tu nombre
en toda la tierra,
qué gozoso es tu nombre
en todo corazón.

Cuando contemplo el cielo,
galaxias en expansión desde hace 13.000 millones de años
y que Tu pusiste en movimiento
con un toque de amor;
y cuando miro a la tierra,
este puntito que gira
siguiendo las órdenes del sol,
el cual se mueve a su vez
en torno a la Constelación de Sagitario,
y no se aparta ni un milímetro de tus planes,
aunque tarde 150 millones de años
en dar su vuelta completa;
y cuando pienso que hay millones de planetas
iguales a éste nuestro,
y habitados por seres vivos, inteligentes,
no dejo de preguntarme asombrado:
¿qué es el hombre, para que te acuerdes de él
y le ofrezcas tu amistad?
Lo hiciste rey de la creación
-¿o será una ilusión nuestra?-,
para que pueda disponer y perfeccionar
las cosas, tus criaturas.
Lo hiciste a tu imagen y semejanza
dándole la mayor gloria y dignidad.
Lo hiciste tu hijo predilecto,
todo un pequeño dios.
¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él
y lo ames tanto?
Tu Hijo único se vistió de nuestra carne
y pisó esta tierra tan humilde,
en prueba del mayor amor.
¿Qué es la tierra para que te dignes visitarla,
qué es el hombre para que te acuerdes de él?

¡Señor, Padre nuestro,
qué admirable es tu nombre
en toda la tierra!

6.
¡Señor, Padre nuestro,
qué grande es tu nombre,
qué admirables son las obras de tu amor!

Cuando contemplo el cielo:
¡Una maravilla apabullante!
Cuando veo el sol y las estrellas,
las nubes, las tormentas,
me siento gozosamente pequeño
y me digo: Aquí está la mano de mi Padre.

Cuando recorro la tierra,
llena de riquezas y sorpresas;
cuando descubro los paisajes;
cuando me embriagan las luces, los colores y sonidos,
me siento tiernamente agradecido
y exclamo: Aquí está la mano de mi Padre.

Cuando me sorprende la vida variada
en el mar, en la tierra y en el cielo;
cuando veo la fuerza y astucia de los animales,
su belleza, su encanto, su inteligencia,
me siento en comunión con todos, extasiado,
y me digo: Aquí está la mano de mi Padre.

Cuando miro a los hijos de los hombres
y veo sus trabajos, sus afanes, sus amores,
sus progresos, sus conquistas y sus grandes esperanzas,
comprendo que los has coronado de gloria y dignidad,
destinados a cultivar la obra de tus manos.

Y me pregunto, aturdido:
¿Qué es el hombre para que te acuerdes de él?
Y tengo que confesar: Eres un Dios, amigo de los hombres.

Y cuando me contemplo a mí mismo,
y me siento gratuitamente amado,
y no sé de dónde me viene la alegría,
y siento que todo el cielo está dentro de mí,
y que alguien me está salvando siempre,
me doy cuenta, emocionado, que soy un hijo tuyo,
y tengo que gritar y cantar y repetir
con un amor inexplicable:
¡Qué grande eres, Señor!
¡Qué grande es tu amor para conmigo!
Verdaderamente, ¡oh Dios!, Tú eres mi Padre.

CARITAS
UN DIOS PARA TU HERMANO
CUARESMA Y PASCUA 1992.Págs. 269 s.

7. CATEQUESIS DEL PAPA, en la audiencia general del miércoles, 26 de Junio de 2002

Grandeza del Señor y dignidad del hombre

1. “El hombre (…) se nos revela como el centro de esta empresa. Se nos revela gigante, se nos revela divino, no en sí mismo, sino en su principio y en su destino. Honremos al hombre, a su dignidad, su espíritu, su vida” (Ángelus del 13 de julio de 1969: L’Osservatore Romano, edición en lengua española, 29 de julio de 1969, p. 2).

Con estas palabras, en julio de 1969, Pablo VI entregaba a los astronautas norteamericanos a punto de partir hacia la luna el texto del salmo 8, que acaba de resonar aquí, para que entrara en los espacios cósmicos.

En efecto, este himno es una celebración del hombre, una criatura insignificante comparada con la inmensidad del universo, una “caña” frágil, para usar una famosa imagen del gran filósofo Blas Pascal (Pensamientos, n. 264). Y, sin embargo, se trata de una “caña pensante” que puede comprender la creación, en cuanto señor de todo lo creado, “coronado” por Dios mismo (cf. Sal 8, 6). Como sucede a menudo en los himnos que exaltan al Creador, el salmo 8 comienza y termina con una solemne antífona dirigida al Señor, cuya magnificencia se manifiesta en todo el universo: “¡Señor, dueño nuestro, qué admirable es tu nombre en toda la tierra!” (vv. 2. 10).

2. El cuerpo del canto parece suponer una atmósfera nocturna, con la luna y las estrellas encendidas en el cielo. La primera estrofa del himno (cf. vv. 2-5) está dominada por una confrontación entre Dios, el hombre y el cosmos. En la escena aparece ante todo el Señor, cuya gloria cantan los cielos, pero también los labios de la humanidad. La alabanza que brota espontáneamente de la boca de los niños anula y confunde los discursos presuntuosos de los que niegan a Dios (cf. v. 3). A estos se les califica de “adversarios”, “enemigos” y “rebeldes”, porque creen erróneamente que con su razón y su acción pueden desafiar y enfrentarse al Creador (cf. Sal 13, 1).

Inmediatamente después se abre el sugestivo escenario de una noche estrellada. Ante ese horizonte infinito, surge la eterna pregunta: “¿Qué es el hombre?” (Sal 8, 5). La respuesta primera e inmediata habla de nulidad, tanto en relación con la inmensidad de los cielos como, sobre todo, con respecto a la majestad del Creador. En efecto, el cielo, dice el salmista, es “tuyo”, “has creado” la luna y las estrellas, que son “obra de tus dedos” (cf. v. 4). Es hermosa esa expresión, que se usa en vez de la más común: “obra de tus manos” (cf. v. 7): Dios ha creado estas realidades colosales con la facilidad y la finura de un recamado o de un cincel, con el toque leve de un arpista que desliza sus dedos entre las cuerdas.

3. Por eso, la primera reacción es de asombro: ¿cómo puede Dios “acordarse” y “cuidar” (cf. v. 5) de esta criatura tan frágil y pequeña? Pero he aquí la gran sorpresa: al hombre, criatura débil, Dios le ha dado una dignidad estupenda: lo ha hecho poco inferior a los ángeles o, como puede traducirse también el original hebreo, poco inferior a un dios (cf. v. 6).

Entramos, así, en la segunda estrofa del Salmo (cf. vv. 6-10). El hombre es considerado como el lugarteniente regio del mismo Creador. En efecto, Dios lo ha “coronado” como un virrey, destinándolo a un señorío universal: “Todo lo sometiste bajo sus pies”, y el adjetivo “todo” resuena mientras desfilan las diversas criaturas (cf. vv. 7-9). Pero este dominio no se conquista con la capacidad humana, realidad frágil y limitada, ni se obtiene con una victoria sobre Dios, como pretendía el mito griego de Prometeo. Es un dominio que Dios regala: a las manos frágiles y a menudo egoístas del hombre se confía todo el horizonte de las criaturas, para que conserve su armonía y su belleza, para que las use y no abuse de ellas, para que descubra sus secretos y desarrolle sus potencialidades.

Como declara la constitución pastoral Gaudium et spes del concilio Vaticano II, “el hombre ha sido creado “a imagen de Dios”, capaz de conocer y amar a su Creador, y ha sido constituido por él señor de todas las criaturas terrenas, para regirlas y servirse de ellas glorificando a Dios” (n. 12).

4. Por desgracia, el dominio del hombre, afirmado en el salmo 8, puede ser mal entendido y deformado por el hombre egoísta, que con frecuencia ha actuado más como un tirano loco que como un gobernador sabio e inteligente. El libro de la Sabiduría pone en guardia contra este tipo de desviaciones, cuando precisa que Dios “formó al hombre para que dominase sobre los seres creados (…) y administrase el mundo con santidad y justicia” (Sb 9, 2-3). También Job, aunque en un contexto diverso, recurre a este salmo para recordar sobre todo la debilidad humana, que no merecería tanta atención por parte de Dios: “¿Qué es el hombre para que tanto de él te ocupes, para que pongas en él tu corazón, para que lo escrutes todas las mañanas?” (Jb 7, 17-18). La historia documenta el mal que la libertad humana esparce en el mundo con las devastaciones ambientales y con las injusticias sociales más clamorosas.

A diferencia de los seres humanos que humillan a sus semejantes y la creación, Cristo se presenta como el hombre perfecto, “coronado de gloria y honor por haber padecido la muerte, pues por la gracia de Dios experimentó la muerte para bien de todos” (Hb 2, 9). Reina sobre el universo con el dominio de paz y de amor que prepara el nuevo mundo, los nuevos cielos y la nueva tierra (cf. 2 P 3, 13). Más aún, su autoridad regia -como sugiere el autor de la carta a los Hebreos aplicándole el salmo 8- se ejerce a través de la entrega suprema de sí en la muerte “para bien de todos”.

Cristo no es un soberano que exige que le sirvan, sino que sirve y se consagra a los demás: “El Hijo del hombre no ha venido a ser servido, sino a servir y a dar su vida como rescate por muchos” (Mc 10, 45). De este modo, recapitula en sí “lo que está en los cielos y lo que está en la tierra” (Ef 1, 10). Desde esta perspectiva cristológica, el salmo 8 revela toda la fuerza de su mensaje y de su esperanza, invitándonos a ejercer nuestra soberanía sobre la creación no con el dominio, sino con el amor.

8. «Qué es el hombre para que te acuerdes de él»

Intervención que había preparado Juan Pablo II para la audiencia general de este miércoles (24-septiembre-2003) y que fue leída en su nombre por el cardenal Angelo Sodano, secretario de Estado vaticano, sobre el salmo 8, «Grandeza del Señor y dignidad del hombre».

La luz hermosa de Dios
1. Al meditar en el Salmo 8, admirable himno de alabanza, se concluye nuestro largo camino a través de los salmos y de los cánticos que constituyen el alma de la oración de la Liturgia de Laudes. Durante estas catequesis nuestra reflexión se ha detenido en 84 oraciones bíblicas, de las que hemos tratado de destacar en particular su intensidad espiritual, sin descuidar su belleza poética.

La Biblia, de hecho, nos invita a comenzar el camino de nuestra jornada con un canto que no sólo proclame las maravillas realizadas por Dios y nuestra respuesta de fe, sino que además lo haga «con arte» (Cf. Salmo 46,8), es decir, de una manera bella, luminosa, dulce y fuerte al mismo tiempo.

Espléndido como ninguno es el Salmo 8, en el que el hombre, sumergido en la noche, cuando en la inmensidad del cielo se iluminan la luna y las estrellas (Cf. versículo 4), se siente como un granito de arena en la infinidad y en los espacios ilimitados que lo envuelven.

Dios y la paradoja humana

2. En el corazón del Salmo 8, de hecho, emerge una doble experiencia. Por un lado, la persona humana se siente como aplastada por la grandiosidad de la creación, «obra de tus dedos» divinos. Esta curiosa expresión sustituye a las «obras de tus manos» (Cf. versículo 7), como queriendo indicar que el Creador ha trazado un designio o un bordado con los astros resplandecientes, arrojados en la inmensidad del cosmos.

Por otro lado, sin embargo, Dios se inclina sobre el hombre y le corona como si fuera su virrey: «lo coronaste de gloria y dignidad» (versículo 6). Es más, a esta criatura tan frágil le confía todo el universo para que pueda conocerlo y sustentarse (Cf. versículos 7-9).

El horizonte de la soberanía del hombre sobre las criaturas queda circunscrito, en una especie de evocación de la página de apertura del Génesis: rebaños, manadas, animales del campo, aves del cielo y peces del mar son entregados al hombre para que les dé un nombre (Cf. Génesis 2, 19-20), descubra su realidad profunda, la respete y la transforme a través del trabajo y se convierta en fuente de belleza y de vida. El Salmo nos hace conscientes de nuestra grandeza y de nuestra responsabilidad ante la creación (Cf. Sabiduría 9, 3).

Señor de su propio destino
3. Releyendo el Salmo 8, el autor de la Carta a los Hebreos percibe una comprensión más profunda del designio de Dios para el hombre. La vocación del hombre no puede quedar limitada en el actual mundo terreno; al afirmar que Dios ha puesto «todo» bajo sus pies, el salmista quiere decir que le somete también «el mundo venidero» (Hebreos 2, 5), «un reino inconmovible » (12, 28). En definitiva, la vocación del hombre es la «vocación celestial» (3,1). Dios quiere llevar «a muchos hijos a la gloria» (2, 10). Para que se pudiera realizar este proyecto divino era necesario que la vocación del hombre encontrara su primer cumplimiento perfecto en un «pionero» (Cf. Ibídem). Este pionero es Cristo.

El autor de la Carta a los Hebreos ha observado en este sentido que las expresiones del Salmo se aplican a Cristo de manera privilegiada, es decir, más precisa que para el resto de los hombres. De hecho, en el original el Salmista utiliza el verbo «rebajar», diciendo a Dios: «Lo rebajaste a los ángeles, lo coronaste de gloria y dignidad» (Cf. Salmo 8,6; Hebreos 2, 6). Para cualquier persona este verbo es impropio; los hombres no han sido «rebajados» a los ángeles, pues nunca han estado por encima de ellos. Sin embargo, en el caso de Cristo, este verbo es exacto, pues en cuanto Hijo de Dios, él se encontraba por encima de los ángeles y se hizo inferior al hacerse hombre, después fue coronado de gloria en su resurrección. De este modo, Cristo cumplió plenamente la vocación del hombre y la cumplió, precisa el autor, «para bien de todos» (Hebreos 2, 9).

Nuestro divino proyecto

4. Desde esta perspectiva, san Ambrosio comenta el Salmo y lo aplica a nosotros. Comienza con la frase en la que se describe la «coronación» del hombre: «lo coronaste de gloria y dignidad» (versículo 6). En esa gloria, él vislumbra el premio que el Señor nos reserva cuando hemos superado la prueba de la tentación.

Estas son las palabras del gran padre de la Iglesia en su «Tratado del Evangelio según San Lucas»: «El Señor ha coronado también de gloria y magnificencia a su amado. Ese Dios que desea distribuir las coronas, permite las tentaciones: por ello, cuando seas tentado, recuerda de que te está preparando la corona. Si descartas el combate de los mártires, descartarás también sus coronas; si descartas sus suplicios, descartarás también su dicha» (Edición en italiano IV, 41: Saemo 12, pp. 330-333).

Dios prepara para nosotros esa «corona de justicia» (2 Timoteo 4, 8) con la que recompensará nuestra fidelidad que le demostramos incluso en los momentos de tempestad que sacuden nuestro corazón y nuestra mente. Pero en todo momento él está atento para ver qué es lo que le pasa a su criatura predilecta y quiere que en ella brille para siempre la «imagen» divina (Cf. Génesis 1, 26) de modo que sea en el mundo signo de armonía, de luz y de paz.

Fuente:http://www.mercaba.org/DIESDOMINI/FIESTAS/TRINIDAD/C/sal-comentario.htm

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Nada me sale bien

21 May

Nada me sale bien

Alejandra Stamateas

  • Proverbios 13: 4″El perezoso ambiciona y nada consigue. El diligente ve cumplidos sus deseos.”


¿Alguna vez alguien dijo esa frase? “A mi nada me sale bien; yo nunca consigo nada; yo nunca gano nada; a mí nunca me toca; para mí, todos los hombres… todo mal…”

Todas en algún momento hemos dicho esas frases. Hay mujeres que dicen esta frase porque ya la tienen de muletilla; pero al final no creen que todo les vaya mal; en realidad dicen: “hay cosas que me van bien en la vida”, pero ellas la usan como una forma de hablar. Hay otras mujeres que en realidad usan esta frase porque realmente las cosas le van mal en la vida; entonces van de una tras otra, y siempre algo negativo.
De esas mujeres vamos a estar hablando en esta tarde.

Vamos a ponerlo en voz femenina… ¿Qué les parece?

¿Qué significa la palabra perezosa, vaga? “Pero nooo… ¡¿si yo hago? ¿si yo me muevo?, ¿si yo voy de un lado para el otro..?!” No, no, no; ahora te voy a explicar muy bien qué es perezoso.

Ustedes saben que existe un animal llamado perezoso… ¿lo vieron alguna vez? ¿En alguna película, algún documental? El perezoso, para mover una extremidad se toma medio minuto. ¿Cómo aguantás a una persona que tarde tanto para hacer algo, para tomar una decisión, para hacer un movimiento..? Miren qué interesante: el perezoso es miope; su oído es mediocre, y su olfato es pobre; gira su cabeza casi trescientos sesenta grados ¡con tal de no mover el cuerpo! Trata de dar toda la vuelta porque es tan vago, tan perezoso, que no quiere mover el cuerpo. Mueve sus esfínteres sólo cuando llueve, para no tener que tomarse el trabajo de cubrir su excremento… si llueve, bueno; si no llueve, no pasa nada. Y se la pasa abrazado a los árboles, comiendo, masticando hojas y brotes. No caza, no junta comida, no busca comida. O sea, está ahí; si el árbol le da, bien; y sino esperará hasta la próxima temporada a que le dé su alimento.

Y así le pasa a muchas mujeres incrédulas. Cuando vos sos vaga en la fe, cuando no hacés funcionar tu fe, cuando tu fe está detenida, cuando no hacés trabajar tu fe, te volvés una persona perezosa. Literalmente significa ‘ilegítimo’; o sea: alguien que no tiene derecho legal a recibir una bendición. Una persona perezosa es una persona ilegítima; o sea que si sos perezosa no tenés ningún derecho a recibir ninguna bendición para tu vida; y si no recibís bendición, las cosas te salen mal. Por eso dice el texto de Proverbios: “el alma del perezoso desea y nada alcanza”; porque no está abierto legalmente para recibir; no puede recibir porque lamentablemente es un ilegítimo, no está habilitado legalmente para recibir la bendición. Por eso, por más que se mata, por más que intenta, no hay habilitación legal para recibir bendición, y que las cosas le vayan bien… ¿por qué? Porque es perezoso.

Si tu fe no se activa; si tu fe no empieza a trabajar, te vas a volver una persona con una fe perezosa; y cada vez que quieras atrapar la bendición que está disponible para vos, no lo vas a hacer; vas a tardar tanto, tu fe va a tardar tanto que no va a poder atrapar la bendición.

Pero dice: “el alma de la diligente es prosperada.” Fijate qué interesante; porque no dice ‘el alma de la trabajadora es prosperada’; no dice ‘el alma de la mujer buena es prosperada’; no dice ‘el alma de la mujer cariñosa es prosperada’… “El alma de la diligente, esa será prosperada.” Tenés que ser diligente; una mujer que activa la fe. Decí: “Activar la fe que tengo adentro”.

“A mí… ¡¿qué me va a venir una herencia…?! Yo ni escucho a las mujeres que pasan a dar testimonio; ¿a mí… una herencia? ¿de dónde? No tengo abuelos, ni tíos” Tu fe está perezosa. “Que mi marido se convierta; que mi marido venga a Presencia; vaya a saber qué le prometió aquella, que su marido vino. Pero el mío…” “No creo que mi hijo esté adorando con las manos levantadas… no; discúlpame, pero mi hijo no es así; yo no lo veo en este lugar; falta mucha agua que corra bajo el puente” “Ah: si yo no lo veo, no lo creo”…la típica frase de las mujeres que todo le sale mal: “si yo no lo veo, no lo creo.” Porque no están activando la fe; la fe se ha dormido, se ha vuelto perezosa. La fe se ha vuelto vaga; y cuando tu fe se vuelve vaga, cuando no la activás, cuando no creés, cuando sos una mujer incrédula; cuando decís: “a mí no me va a pasar; a mí no me va a ocurrir; yo no creo que haya un cambio para mi vida”, esa fe aborta tu bendición. Por eso tenés que atreverte a soltar la fe que Dios te ha dado, que es un regalo precioso de Dios; que está dentro tuyo, y que te va a servir para conquistar todas las bendiciones. ¡Gloria a Dios!

La incredulidad es la raíz de toda desgracia, porque la incredulidad te deja fuera de la bendición; te deja apartada… ¿Por qué a aquella le pasa, y a la otra le pasa, y la otra pudo, y la otra se sobrepuso? Porque accionaron la fe; la movieron. Aunque sea un poco, pero la movieron. Y vos te quedaste detenida, sentada en tu desgracia; hablando de tu desgracia, llorando de tu desgracia; pensando que los demás tenían que darte su fe; pidiéndole la oración a los demás, porque ni siquiera activas la fe para orar por vos misma.

Decí: “tengo que activar mi fe.”

Vino una mujer en Salta y se acercó a mí; ella podría haber echo una lectura; haber dicho: “uh, había un montón de cámaras y de medios alrededor, y luces”; pero sin embargo ella se acercó a mi; no sé como hizo, pero se pudo acercar. Y en vez de hacer esa lectura, y decir: “si yo me pude acercar a ella -con toda la complicación que había- también me voy a ganar un libro.” Pero no pudo hacer esa lectura; ella se acercó y dijo: “no… yo nunca gano nada”… ¡y se fue! Esa es una mujer que no activa su fe; es una mujer perezosa. Actuó, pero sin embargo no pudo tener actitud, y por lo tanto perdió la bendición.

¿Cómo hacer para que todo nos salga bien?

Decí: “para que todo me salga bien, hay un secreto: todo me va a salir bien porque Dios me lo prometió. Hoy activo mi fe, y decreto que mi fe sirve para que todo lo que haga me salga bien ¡Amén!”

Tenés que preparar tu corazón para recibir. ¿Qué es lo que querés recibir? Prepará tu corazón. ¿Cómo se prepara el corazón? Rechazando la incredulidad. Rechazá la incredulidad; rechazá lo negativo. Lo que tenés que hacer es atacar la incredulidad; confrontarla, molestarla. Molestá tu incredulidad. Cuando te vengan pensamientos de “a mi no me va a pasar; si yo no lo veo no lo creo; hasta que yo no lo tenga en mi mano no lo voy a creer; yo no voy a agradecer antes de tiempo; hasta que Dios no me haya hecho la sanidad…”, cuando te venga un pensamiento de incredulidad, molestalo. A ese pensamiento ¡volvélo loco! Y decile: “no; a mi Dios me va a responder porque Dios me ama, y me prometió, y lo que Dios promete ¡lo cumple sí o sí!”. Molestá a la incredulidad que hay en tu vida; molestala con la fe que tenés adentro.

Y aprendé a dar buenas noticias. ¿Cuántas quieren ser periodistas? Todas podemos ser periodistas; tenés que ser periodista de las buenas noticias. Yo traje el diario Clarín; yo soy una periodista de ‘CNN’; porque yo suelto fe; cuando lo digo, se activan cosas.
Y voy a decir: “Buenos días queridas mujeres, estamos en CNN internacional; soy Carolina Cairazo. La primera noticia del diario ‘Clarín’ de Buenos Aires dice: impulso clave de Estados Unidos y estudios con células. Qué bien; ó sea que a partir de ahora se van a poder curar enfermedades que antes no se podían curar, gracias a esta investigación.” ¿Es una buena noticia? ¿Te da alegría? ¿Te hace bien, si vos tenés una enfermedad y escuchás esto? ¿Qué haces? ¿Aplaudís? ¡Aplaudamos en esta tarde! ¡Gloria a Dios! Te voy a dar otra buena noticia: “viajar cuesta más caro en el conurbano.” ¿Cuántas son del conurbano? Es una buena noticia… porque si vivís en el conurbano y tenés que pagar más el boleto, Dios te va a prosperar a partir de hoy mucho más para que puedas pagar ese boleto, y lo dice Clarín acá. Otra más: “Racing amenazado y bajo presión” ¡Uh! Si lo amenazaron, ahora va a mejorar y por lo menos va a ganar algún partido, y tal vez algún campeonato. Buenas noticias.

Tenés que aprender a leer lo que Dios está haciendo en el mundo. Estamos muy acostumbrados a leer lo que el enemigo hace, y no hacemos la otra lectura que es la lectura de lo que Dios está haciendo. Nos duele, hay cosas que nos duelen. Claro que no las negamos; pero sabemos que lo que se viene para los hijos de Dios siempre es mejor. Activá mejor; soltá tu fe, y los milagros van a venir sobre tu vida. Gloria a Dios; hay buenas noticias para vos; las cosas te van a ir bien; las cosas te van a ir bien porque Dios te lo prometió y él no te abandona.

1) Confesión

Primero tenés que confesarlo con tu boca: “te va a ir bien; me va a ir bien; yo voy a ganar ese libro; yo voy a tener ese trabajo; yo voy a ver esa puerta abierta; yo voy a entrar primero; yo lo voy a hacer bien.” Primero la confesión.

2) Acción

Segundo la acción: “voy a ir hasta donde está esa puerta, que se me va a abrir delante de los ojos; me voy a mover y voy a llevar este papel y lo voy a meter en la urna para que cuando metan la mano saquen mi número.” Acción.

3) Frutos

Y en tercer lugar, cuando ya confesaste y te moviste hacia eso que confesaste, no es que esperaste; moviste tu fe, no la dejaste. “Yo creo; yo lo voy a lograr; esto es para mí; Dios me lo prometió; yo soy una mujer de fe; yo no me voy a quedar sentada; a mí no me va a ir mal, porque Dios me prometió que todo me iba a salir bien.” En ese momento aparece el fruto sobre tu vida. “Ah, ¿qué pasa pastora si no veo el fruto?” Seguí manteniendo la palabra hasta que lo veas; seguí haciendo trabajar tu fe hasta que veas el resultado que querés. “Ah, ¿y si Dios no me da eso, si no veo ese resultado? Es porque Dios te está preparando algo mucho mejor. Pero siempre aprendé a activar tu fe; hacé trabajar tu fe; hacé que tu fe crezca, porque todo lo que hagas en la vida, Dios ya te prometió que te iba a salir bien.

“Y estas señales seguirán a las que creen”; las señales te van a seguir, no es que las tenés que ir a buscar; te van a seguir cuando actives la fe. Las cosas buenas te van a pasar cuando actives tu fe, cuando cambies tu atmósfera negativa, de que todo me sale mal y que no lo voy a lograr y que me estoy hundiendo. Cámbiese ese perfume y póngase el perfume de la presencia de Dios; y estas señales te seguirán.

Dios se mueve donde hay un corazón que le cree. La incredulidad te deja hipnotizada. Por eso cada vez vas de mal en peor; cada vez vas perdiendo fuerza. El no accionar la fe te hace perder finanzas, te hace perder amigos, te hace perder sanidad, te hace perder alegría, te hace perder fuerzas. De a poquito; porque la incredulidad es sutil: “no; ¿para qué ir? No; dejame. No; hacer eso, decir, repetir una palabra… ¡qué me va a ir bien! Noooo… ¿para qué?”. Y la incredulidad es muy sutil; de a poquito se va metiendo en tu corazón. “¿Para qué voy a pasar adelante? Que me oren desde el fondo, y me va a llegar; ¿para qué voy a decir esa oración?; ¿para qué voy a decretar algo; qué sentido tiene..?” Y de a poquito se va metiendo en el corazón; de a poquito, para debilitar tu fe. Pero Dios, cuando ve un corazón que tiene fe, comienza a obrar milagros. Tenés que aprender a sacudirte el desánimo. Sacudilo, porque a vos todo te va a ir bien mujer, todo. Pasaste cosas difíciles, pero sabés que todo, todo te va a ir bien; porque es promesa de Dios. Claro que sí; aún en medio de lo difícil has sacado bendición.
Con fe, Señor, porque te creo.

La incredulidad es una fortaleza que hay que destruir. Si se te levantó adentro en algún área de tu vida -porque tal vez no seas incrédula en todas las áreas de tu vida, pero haya un área de tu vida donde sos incrédula- decís: “me puede pasar todo esto; pero eso, a mi no me va a pasar; eso no se me va a dar.” Y estás siendo incrédula en esa área de tu vida. Y la incredulidad detiene la bendición. Estaba a punto de soltarse, pero no activaste fe, y está detenida. Dice la palabra de Dios que vamos a tener que dar cuenta de cada palabra ociosa que salga de nuestra boca. Si hay alguna palabra ociosa, es una palabra vaga, es una palabra perezosa, es una palabra que no da fruto. Si vos decís algo que no te trae bendición, esa es una palabra ociosa, y vamos a tener que dar cuentas. Por eso, si te cuesta lo mismo hablar una palabra ociosa que hablar una palabra de bendición, siempre elegí la bendición por sobre la maldición. Esa es una elección que tenés que hacer vos. Si podés decir: “a mí las cosas me van a salir bien”, decilo. “Ay, ¿pero eso no es orgullo?” No; eso es fe. Estoy activando mi fe: “a mí esto me va a salir bien; yo voy a tener ese auto; mi casa va a estar arreglada; yo voy ser la persona más conocida en mi barrio, y van a venir a mí a consultarme, porque voy a tener una sabiduría extrema.” Eso no es ser fanfarrón; eso es estar soltando fe todo el tiempo; estar activando la fe. Y cuando la fe de dentro tuyo se activa, el cielo se abre y comenzás a recibir la bendición… ¡y todo lo que hagas te sale bien!

Hablo palabras de fe sobre mi vida, sobre la vida de los míos; hablo palabras de fe sobre mis finanzas, sobre mi salud, sobre mis emociones, sobre mis proyectos.

Ayer a la noche estuve en un programa de radio; yo hablaba, y el conductor me dice: “Alejandra, esta radio sale a muchos barrios muy carenciados, donde hay mujeres que tienen diez, doce hijos; y que muchas veces no tienen dinero para nada… ¿Qué les podrías decir a ellas?” Y yo le dije: “¿Sabés?, no es una cuestión de lo que tengas; es una cuestión de actitud en la vida. Hay mujeres como ellas, que también tuvieron carencias pero lograron sobreponerse, porque usaron su fe, porque usaron todos los recursos internos. No esperaron de afuera; sacaron de adentro. Usaron lo que tenían, lo que estaba adentro; y con eso maduraron, crecieron y conquistaron. No es una cuestión de lo que te falta; es una cuestión de la fe que actives dentro tuyo. Si sos una mujer de fe, para la que cree todo es posible.” ¡Amén!

Por eso, vamos a activar fe sobre todas las áreas de nuestra vida; vamos a hacer que se active. Tal vez vos tenés mucha fe en un área pero te falta en la otra. Vamos a activar y vamos a declarar bendición sobre todas esas áreas de nuestra vida; sobre nuestras familias, hijos, finanzas, emociones, nuestra casa, auto; lo que no tenemos todavía, que va a venir de parte de Dios; nuestros proyectos, nuestra vida emocional. Vamos a activar fe. Vamos a activar la fe y vamos a decir: “a mí todo me va a salir bien, porque es promesa de Dios. Activá la fe que está dormida.

“Señor, abrí los ojos; hacé despertar la fe dentro nuestro; tocá corazones. Hemos activado fe Señor, porque te creemos, porque creemos que lo que viene es lo mejor; porque somos mujeres que te creen; porque batallamos contra la incredulidad, luchamos contra la incredulidad, y salimos en victoria. Te creemos, Señor; y sabemos que lo vamos a lograr.”

Curas y monjas abusaron de miles de menores en Irlanda

21 May

Curas y monjas abusaron de miles de menores en Irlanda

• Los religiosos violaron y apalearon durante 60 años en orfanatos e internados
• La comisión de investigación oculta la identidad de los agresores

Cartel de la película Las hermanas de la Magdalena. Foto: AFP / PETER MUHLY

 Cartel de la película Las hermanas de la Magdalena. Foto:  AFP / PETER MUHLY
Cartel de la película Las hermanas de la Magdalena. Foto: AFP / PETER MUHLY
 Kevin Flannagan, hermano de Mickey Flannagan, una víctima de abusos en un centro religioso irlandés cuando era niño, reclama a los investigadores que difundan las identidades de los agresores, ayer en Dublín. Foto:  AFP / PETER MUHLY
Kevin Flannagan, hermano de Mickey Flannagan, una víctima de abusos en un centro religioso irlandés cuando era niño, reclama a los investigadores que difundan las identidades de los agresores, ayer en Dublín. Foto: AFP / PETER MUHLY

Kevin Flannagan, hermano de Mickey Flannagan, una víctima de abusos en un centro religioso irlandés cuando era niño, reclama a los investigadores que difundan las identidades de los agresores, ayer en Dublín. Foto: AFP / PETER MUHLY
BEGOÑA ARCE
LONDRES |www.elperiodico.com

Tortura, violaciones, palizas. Irlanda conoció ayer la escala masiva de los abusos cometidos por el clero católico, delitos por los que nadie será procesado. Miles de niños y niñas en la isla sufrieron décadas de agresiones e intimidación a manos de curas, frailes y monjas. Durante 60 años, desde mediados de la década de los 30 a la de los 90 del siglo pasado, varias órdenes religiosas “aterrorizaron” a los menores, que estaban a su cuidado, en reformatorios, internados y orfanatos.
Los abusos sexuales eran un mal “endémico”. La jerarquía eclesiástica supo de esos delitos, pero protegió a los pederastas e impidió que fueran detenidos. Estas y otras gravísimas conclusiones figuran en el informe dado a conocer ayer en Dublín por la Comisión de Investigación de Abuso de Niños, establecida en el año 2000 por el Gobierno, tras las denuncias aparecidas en una serie de reportajes en televisión.

MÁS DE 2.000 ENTREVISTAS
El trabajo, de 2.600 páginas, realizado a lo largo de nueve años después de haber entrevistado a más de 2.000 víctimas, ofrece por primera vez una visión completa de la manera sistemática en que las órdenes religiosas maltrataron a los menores más vulnerables.
El enorme número de agresiones constatadas en un país de apenas 3,5 millones de habitantes es de un volumen sin precedentes. “Abusos físicos y emocionales y abandono fueron la norma de estas instituciones”, concluye el informe presentado por el juez y presidente de la comisión, Sean Ryan.
“Hubo abusos sexuales en muchas de ellas, particularmente en las instituciones para chicos”, relata el dictamen. “Las escuelas se dirigían imponiendo una impensable y opresiva disciplina a los niños e incluso a los empleados. Los que se fugaban recibían enormes palizas, públicas a veces. A algunos les rapaban la cabeza y les humillaban”.
Golpes, insultos y menosprecio traumatizaron para siempre a huérfanos, niños abandonados o pequeños delincuentes. Algunos de ellos apenas tenían 3 años cuando ingresaron. Su culpa era haber nacido fuera del matrimonio. Las madres solteras acababan junto con prostitutas en instituciones donde trabajaban como esclavas, como las Magdalene Laundries (Lavanderías de la Magdalena), cuyas miserias relató con cruda verosimilitud el director Peter Mullan en la película Las hermanas de la Magdalena (2002).
Había además pobreza y abandono. “Los niños tenían hambre a menudo y la comida que recibían era inadecuada, incomible y mal preparada”. El Departamento de Educación del Gobierno de Irlanda respaldaba a las órdenes religiosas y no hizo nada para detener los abusos. Los inspectores, que ocasionalmente visitaban los centros, rara vez hablaban con los menores.
El informe no da nombres, ni de los agresores, ni de las víctimas. Una de las órdenes religiosas que más crueldades cometió en Irlanda y en otros lugares del mundo, los Christian Brothers, ha logrado que los jueces impidan la identificación de los agresores. Muchos de los que sufrieron vejaciones emigraron, otros han muerto, algunos han recibido indemnizaciones económicas, pero exigen justicia.

DEMANDA DE IDENTIFICACIÓN
“Lo que necesitamos es ver a los que cometieron los abusos procesados. Necesitamos ver a los que estaban en la jerarquía de la Iglesia y de las ordenes religiosas en los tribunales”, afirma John Kelly, portavoz de las víctimas. El nuevo arzobispo de Westminster, máximo responsable de la Iglesia católica en Inglaterra y Gales, condenó anoche a los responsables de los abusos.

Fuente:www.elperiodico.com