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El milenarismo (I): A propósito de “2012″

29 Nov

2012 es una versión más, con apabullantes efectos especiales, de una de las más viejas preocupaciones del hombre occidental, la fecha exacta de la destrucción del mundo y la manera en que algunos podrán salvarse para asegurar la continuidad de la especie; en el caso de la película, inspiradas en una profecía maya.

Incendio de los pozos petroleros de Kuwait, primera guerra del golfo
Algunas profecías son más curiosas. La de los indios hopi de Arizona son como mínimo desconcertantes si fueron así originalmente y no ajustadas posteriormente: según los hopi sus ancestros, antes de la llegada de los colonos blancos, decían que el mundo empezaría su camino a la destrucción cuando la tierra fuera recorrida por serpientes de acero y ríos de cemento; la fecha definitiva sería cuando el hombre blanco fuera de pelea al otro lado del mundo, al lugar donde surgió la primera chispa del entendimiento y de resultas habría columnas de humo y fuego en el desierto. Lo de la cuna del conocimiento vendría siendo Mesopotamia (Irak) y las columnas de fuego se parecen bastante a los incendios de los pozos petrolíferos durante la primera guerra del golfo.

Pero los pobres líderes mayas llevan años clamando que su profecía no se refiere al fin físico del mundo, su calendario no oculta una cuenta regresiva. Se refiere a una nueva fase de progreso espiritual, pero ellos no tienen quién les haga una película y en todo caso tendría una trama tan veloz como ver secarse una pared recién pintada.

Roland Emmerich, rey del cataclismo

El mito de un dios creacionista (¡Hágase la luz!) tiene una implicación imperceptible: un tiempo lineal, es decir, teniendo el tiempo un inicio, debe tener un final. Por eso nuestra historia es una especie de paréntesis entre el génesis y el Apocalipsis en el caso cristiano (o la llegada del Mesías, según los judíos; o los mitos musulmanes).

Resulta que esta no es la única concepción del tiempo. Los budistas o los hinduistas creen en un tiempo circular donde todo es un eterno retorno. Y los mayas creían en un tiempo en espiral ascendente, que iba subiendo clausurando fases. En ese contexto debería entenderse la profecía, pero cuando los judeocristianos nos tropezamos con profecías que suenan interesantes y le hablan a nuestro atávico miedo de una destrucción final, estiramos el nuevo mito.

2012, como en todas las películas de Emmerich, que ha destruido la Casa Blanca tres veces, incluyendo lanzarle encima un portaaviones y en su lista figuran el Empire State, la Biblioteca de New York y la capilla Sixtina, no elabora las causas del desastre en sus cintas: sólo las insinúa lo necesario para impulsar a la película a llegar lo más rápido posible a lo que él quiere: destruir el mundo. Otra vez.

En este caso, se supone que el mundo va a acabarse porque una alineación planetaria ha desatado explosiones solares que han modificado la masa de los neutrinos de la corteza terrestre y la van a desplazar.

La explicación tiene problemas de lógica elemental e historia. Los de lógica son sencillos: si la masa de los neutrinos cambia, resulta que esos no son unos bichos que viven en el centro de la tierra sino que hasta nosotros los tenemos; si el cambio afecta al planeta ¿se imaginan lo que le puede hacer a John Cusack, el indestructible protagonista de la película, disfrazado de hombre común? La otra razón es que por pura estadística siempre hay algunos planetas alineados.

Y aquí entran las razones históricas de las que hablaba antes: en 1983 yo era un adolescente lo bastante desadaptado socialmente (lo que significa que las niñas que me gustaban de la cuadra no me miraban para nada, cosa que tampoco ha cambiado mucho) como para que me interesara la astronomía. Así que tuve el raro privilegio de ver la última vez que los nueve planetas estuvieron alineados. Me pase una madrugada en una colina viendo un espectáculo que ocurre más o menos cada doscientos años, preguntándome si sería de los primeros en ver a Venus estallar en llamas.

En esa época también dijeron que el mundo se iba a acabar. Como también lo anunció The Jupiter effect de John Gribbin en 1970, con sólo cinco planetas. Y otra vez en el 2000 cuando en mayo se alinearon cinco de los planetas clásicos, encima en semejante año. La verdad es que lo de alineación, como aprendí con algo de desilusión, es un término bastante generoso y a los astrónomos no les gusta nada. Las órbitas de los planetas están ligeramente ladeadas entre sí, no es como si estuvieran puestas sobre una mesa, así que no pueden terminar de formar una línea recta.

Pero esta película pretende ganar algo de validez usando un título que sugiere que se basa en la profecía maya. En la profecía no se habla de planetas ni alineaciones ni explosiones solares, cosa curiosa teniendo en cuenta que los mayas fueron grandes astrónomos. A menos que Quetzalcoatl surja por el borde del sistema solar y acomode los planetas en fila como si preparara una partida de billar, no existe la menor posibilidad de una alineación planetaria extraordinaria el 21 de diciembre de 2012.

Yo ya no recuerdo cuántas veces he estado sentado en primera fila para ver acabarse el mundo ni cuántos anticristos me han tocado: la alineación de 1983, la de 2000, la caída del muro de Berlín, la revolución iraní, la primera guerra del golfo, el paso al nuevo milenio, el once de septiembre. Lo que sí sé es que no he visto al primero de esos autores pedir perdón por dejar a tanta gente vestida y alborotada para la fiesta del final de los días y, en cambio, salen con una nueva fecha diciendo “¡ahora sí!”.

La profecía maya en sesenta segundos

La “profecía” no es tal sino la descripción de un hecho matemático a la luz de la concepción maya: el 21 de diciembre de 2012 a las 11:11 de la mañana (se le llama “hora universal”) se acaba el Gran Ciclo del Antiguo Calendario Largo maya. Ese ciclo habrá durado hasta ese momento 5125 años y se le conoce como los 13 Batkuns.

Punto. En ninguna parte en sus leyendas habla de lluvia de fuego o de sapos, de océanos que se desbordan del planeta. No es muy diferente a que digamos que 2009 se acaba a las 12 de la noche del 31 de diciembre.

Eso es lo que los mayas se han desgañitado tratando de decir desde la península de Yucatán, pero los libros, películas y sites dedicados a “enriquecer” (temible verbo) la profecía no los dejan oír: no vamos a dejar un asunto tan importante como el fin del mundo en manos de unos desarrapados en las selvas de Chichén Itzá. La cosa se ha vuelto tan delirante que hay “puristas” que aceptan que sí, que Emmerich es un farsante, que la profecía no habla de planetas alineados sino que el sol va a ponerse en un ángulo especial con el núcleo de la galaxia y desde allá saldrá un rayo que lo destruirá todo a su paso hasta acabar en el sol. Según la teoría de la relatividad, el rayo supongo que salió hace millones de años y está en viaje (o como es un rayo maya y además profético y los mayas no sabían que nada puede viajar más rápido que la luz, entonces este rayo está exonerado de las reglas físicas, no sé)… pero eso no impide que estos tipos vayan a explicarles a los mayas con todo amor lo que su profecía realmente quiere decir.

Pero la concepción maya del tiempo en espiral es benigna, sólo que es incompatible con nuestra visión apocalíptica. Ese nuevo comenzar no es con otras personas buenas ni significa, como en el mito del Arca de Noé (el de la Biblia o el de Emmerich) limpiar el mundo de la maldad para comenzar otra vez. Significa un escalón más alto en un desarrollo continuo e infinito hacia nuestro destino como especie. Pero eso, claro, no vende boletas…

fuente: http://luisftenorio.wordpress.com/2009/11/27/el-milenarismo-i-a-proposito-de-2012/

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Experto pide a mexicanos no creer en falsas profecías mayas sobre el fin del mundo

20 Nov

Experto pide a mexicanos no creer en falsas profecías mayas sobre el fin del mundo

MÉXICO D.F., 19 Nov. 09 / 08:10 pm (ACI)

El destacado periodista Carlos Villa Roiz, escribió un artículo de opinión en el que pide a los mexicanos conocer su historia y no creer en las supuestas “profecías” sobre el fin del mundo que guionistas de Hollywood atribuyen a los mayas en la película “2012” pero que nunca existieron.

En el artículo publicado por Impacto El Diario y recogido por el Sistema de Información de la Arquidiócesis de México (SIAME), Villa Roiz recuerda que los mayas surgieron hacia el 1500 A.C. y existieron hasta finales del siglo XVII.

“Entre ellos había astrónomos, matemáticos, sacerdotes, militares, hombres sabios que desarrollaron dos calendarios complejos, pero precisos basados en la cuenta de los Katunes (períodos de 20 años). Éstos eran el solar o civil de 365 días y el Tzolkin, lunar o ritual de 260. Ambos se conjugaban porque son divisibles entre cinco”, explicó.

Señaló que “si ambos (calendarios) se marcan en dos engranajes, darían vueltas y vueltas hasta la eternidad y cada vez que acabara un ciclo iniciaría otro, obviamente. Lo mismo ocurre con el calendario gregoriano, en que llevamos poco más de dos milenios”.

Villa Roiz afirmó que “aunque hay diferentes interpretaciones de las equivalencias de las fechas mayas con nuestro calendario, esto fue aprovechado por el director de la película para inventar que en 2012 será el fin de una era, y su fantasía fue adornada con el suicidio de una comunidad de mayas (ya mestizos), que estaban desolados porque llegaba el tiempo en el que se cumplieran las ‘profecías’ mayas”.

Según el periodista, “tratándose de novelas y cine, los guionistas pueden hacer lo que quieran, incluir seres de otros mundos, duendes, brujas o lo que quieran. El resultado puede ser divertido o deplorable y ofensivo para algunos como es el caso de los libros de Down Brown. Lo que resulta preocupante es que la gente los crea y que conviertan estas fantasías en dogmas supuestamente ocultos”.

“En pleno siglo XXI, cuando mucha gente se aparta de las religiones históricas bajo el influjo del materialismo, el relativismo y la metodología científica, resulta deplorable que ocupen estos vacíos los horóscopos, la lectura del tarot o del café y el cine”, indicó.

Villa Roiz explicó que “los mayas dibujaron en el Códice Dresde lo que dicen otros libros de tradición indígena como es el Popol Vuh: La destrucción de la humanidad a causa del diluvio universal, evento que se repite casi en todas las culturas, como por ejemplo, entre los huicholes de Jalisco y Nayarit. La leyenda de los Cinco Soles y sus equivalentes apunta hacia el pasado y los filósofos y cineastas modernos, a partir de eso, pueden deducir que los ciclos de la naturaleza se repiten, pero eso dista mucho a que los mayas hayan pronosticado para el 2012, cualquier destrucción como lo muestra el filme”.

El autor lamenta que “en México, en donde vergonzosamente se lee, si acaso, dos libros al año, mucha gente crea todas estas mentiras” y por ello pide “a la Secretaría de Educación que los alumnos leyeran a Sylvanus G. Morley, uno de los mayistas más destacados de todos los tiempos. En tanto, la Biblia sólo dice acerca del fin del mundo: ‘Nadie sabe el día ni lo hora, sólo el Padre’”.