El tremendo ataque perpetrado hace muy pocos días contra el Hotel Marriott de Islamabad, en Pakistán, según las autoridades locales el más importante que ha sufrido en toda su historia esta convulsionada nación, además de los cuantiosos daños materiales se cobró la vida de 53 personas y 266 resultaron heridas de gravedad, ya tiene remitente y destinatario.

Y los nombres son viejos conocidos y enemigos declarados de la Nación Pakistaní. El camión bomba que se estacionó en la puerta del hotel y que hizo detonar nada más y nada menos que mil kilos de explosivos, dejando en la más absoluta ruina este lujosísimo hotel, lleva el sello de la organización terrorista Al Qaeda y de su líder, Osama Bin Laden y el objetivo no era otro que asesinar al recientemente electo presidente del país, Asif Alí Zardari, quien planeaba junto al Jefe del Ejército y el premier, reunirse allí, pero un cambio de último momento mudó la reunión a la casa del premier.

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A Zardari vuelve a pasarle muy de cerca el olor de la muerte, recordemos que en Diciembre pasado su esposa, Benazir Bhutto, una importante dirigente política fue asesinada.

Este trágico episodio se suma a un presente signado por la violencia y el escándalo político del cual Pakistán parece no poder zafar, aún, cuando hace nada, semanas tan solo, hubo un cambio de mando, Pervez Musharraf, presidente de la Nación durante nueve años, dejó el cargo ante una catarata de acusaciones de corrupción y Asif Alí Zardari asumió la titularidad del ejecutivo prometiendo vientos de cambio, que seguramente, en medio de este terror, con concretas amenazas contra embajadas, hoteles y organismos internacionales, no llegarán por el momento.

Foto: AFP