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El origen de la vida: ¿según cuál creencia?

15 Abr

10 Jun 2008

El origen de la vida: ¿según cuál creencia?

Escrito por: J. Enrique Cáceres-Arrieta el 10 Jun 2008  

Una mentira con pretensiones científicas ha sido repetida a lo largo de 150 años por los creyentes evolucionistas: el ser humano tiene ancestros simiescos. Aunque la repetición no hace cierta una mentira, como creía Goebbels, muchos la han creído. Por ello es preciso replantear las creencias y convicciones creacionistas y el darvinismo materialista y ateo. Si escrutamos ciertos escritos antirreligiosos, nos percatamos que carecen de objetividad y genuina ciencia, decantando en racionalismo y cientificismo e irrespeto a los que no creen igual que ellos.

En este escrito y en otros aspiro aclarar las convicciones cristianas que deben ser tratadas teológica, histórica y empíricamente (muchos descubrimientos científicos en lugar de rebatir la Biblia, como creen y aseveran algunos, la han confirmado), no con fanatismo racionalista ni cientificismo; ni siquiera el método de las ciencias naturales es funcional para tal estudio, porque cualquier hecho histórico es único e irrepetible como lo es la teoría de la evolución, que debe ser estudiada con la ciencia de los orígenes(estudia las singularidades pasadas más que las normalidades presentes), no con la ciencia operacional(cuyo campo de estudio son las cosas regulares y predecibles que pasan una y otra vez en forma repetida y regular); de ahí el yerro de los que creen en la teoría de la evolución (son tan creyentes como los creyentes religiosos; por tanto, hay creyentes evolucionistas y así los llamo en mis escritos) al abordar la “evolución” con cánones de la ciencia de las operaciones, e ingresen sin darse cuenta al campo de la metafísica como afirma Popper, porque nadie puede repetir hechos del pasado ni tampoco hay testigos de cómo surgió la vida; aunque -si hablamos del origen del universo- desde el Big Bang es innegable -en esto concuerdan casi todos los cosmólogos, astrónomos y astrofísicos- que una mente superdotada “apretó” el gatillo para que se materializara; esto es, el universo no es infinito ni surgió de la nada como se creía. De manera que hoy es irresponsable filosófica y científicamente escribir que el universo “brotó” de la nada absoluta.

Para estudiar el origen de la vida solo toca creer el creacionismo o la teoría de la evolución, aunque la generación espontánea (uno de los credos de la teoría de la evolucion) fue refutada hace más de 100 años por Pasteur y otros investigadores. Y debido a un sinnúmero de recientes descubrimientos que apuntan al creacionismo y evidencias de que la vida y la célula son mucho más complicadas de lo que se creía, los creacionistas abogamos porque se enseñen esas dos posturas en las aulas de clases de colegios y universidades. Los creyentes evolucionistas fundamentalistas nos critican y rechazan nuestra aspiración, alegando que lo nuestro son solo creencias mientras que lo de ellos es ciencia. Lo irónico es que la mayor parte de postulados darvinistas no han podido ser confirmados ni negados por ser una teoría metafísica con máscara científica. La pretensión del escrito Ciencia, evolución y creacionismo de reciente data no presenta nada nuevo, sino la repetición de mohosas creencias del mito evolutivo. Peor aún, insiste en decir que los restos fósiles de animales son testimonio de una evolución, cuando bien sabemos que esos fósiles en lugar de apoyarla la desacreditan. Ni hablar de los restos fósiles que se creían humanos y que eran en realidad comprobados fraudes fabricados por los propios creyentes y científicos evolucionistas o comprados en China. ¿Qué podemos decir de los llamados símbolos de la evolución? Pues que todos son fraudes y algunos aún aparecen en los libros de texto colegiales y universitarios. ¿Hasta cuándo la mentira con barniz de ciencia? Todavía tienen el descaro de que creamos en sus hipotéticas evidencias de la evolución.

El darvinismo y el creacionismo son creencias de lo que pudo haber pasado hace muchos años. Por ello, presentar la “evolución” como un “hecho probado” es faltar a la verdad. Y escribir que “la teoría de la evolución hoy no es cuestionada por los hombres de ciencia […] en sus afirmaciones principales, sino en los detalles de su desarrollo” tampoco se ciñe a la verdad, puesto que muchos científicos evolucionistas y creacionistas (no solo los “fanáticos religiosos”) han venido cuestionando el mito desde su aparición; y no pocos entendidos saben que las más recientes evidencias científicas apuntan que la vida es demasiado compleja, la célula es extremadamente intrincada y que los sistemas biológicos complejamente irreducibles desafían la posibilidad de una explicación darviniana, de tal manera que naturalmente es improbable que la vida inteligente sea fruto de una célula “simple” (¿procariota?), aparecida de nadie sabe dónde, “dirigida” a ciegas por la selección natural o “alentada” por un desconocido e impotente dios que necesitó de la “evolución” para crear, y esta a su vez “auxiliada por variaciones aleatorias”, como afirman dogmáticamente los creyentes evolucionistas sin poder demostrarlo. Dicho de otro modo, no hay base científica para ser ateo y el teísmo evolucionista es una contradicción por excluirse mutuamente. Solo hay cabida para el ateísmo filosófico.

Si rechazamos la literalidad de Génesis 1 al 11, alegando simbolismo, estamos creyendo que el origen del matrimonio heterosexual, la familia y la moral cristiana universal objetiva no son fiables. (¿Será casualidad que en parte sea eso lo que propugne el “darwinismo social”?) Hasta una publicación atea como The American Atheist (El ateo estadounidense) describe tal pugna: “El cristianismo está (debe estar) totalmente comprometido con la creación especial descrita en Génesis, y los cristianos han de pelear con todas sus fuerzas contra la teoría evolucionista… Llega a estar claro que la vida y la muerte [y resurrección corporal] de Jesucristo están profetizadas en la existencia de Adán y la fruta prohibida que él y Eva comieron. Sin pecado original, ¿quién necesita ser redimido? Sin la caída de Adán en una vida de pecado constante que termina con la muerte, ¿cuál es el propósito del cristianismo? Ninguno”.

Por tal razón, expresar que el teísmo cristiano es compatible con el ateísmo de la creencia evolucionista es ignorar hechos científicos y teológicos, a pesar de los argumentos seudocientíficos y “teológicos” esgrimidos. Muchos teístas creen que “si no puedes con tu enemigo, únete a él”, pues abrazan el mito evolución al no saber cómo rebatirlo. A quienes insistan en la evolución debería recordárseles las barbaries cometidas basadas en las creencias de la “supervivencia de los más fuertes”,

Aun cuando la religión no sea ciencia, como tampoco lo es la teoría de la evolución, el racionalismo y cientificismo, hemos apuntado con anterioridad que el cristianismo es histórico-empírico por descansar sobre hechos reales y en una relación transformadora con el resucitado Cristo histórico. Quien se atreva a venir a Él podrá comprobar si Jesús es lo que asegura ser o era un charlatán.

Fuente: http://lacomunidad.elpais.com/earrieta/2008/6/10/el-origen-la-vida-segun-cual-creencia-

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¿Hay materia prebiótica en el espacio?

2 Abr

¿Hay materia prebiótica en el espacio? 

Marzo 31, 2009

polvo
Partícula de polvo interplanetario . Foto: Guillermo Muñoz y Virginia Souza-Egipsy (CAB) / SINC

Visto en SINC

Un astrofísico español y otro francés han identificado una banda en el rango del infrarrojo que sirve para rastrear la presencia de materia orgánica rica en oxígeno y nitrógeno en los granos de polvo interestelares. Si algún telescopio detecta esa banda se podría confirmar la presencia en el espacio de aminoácidos y otras sustancias precursoras de la vida.

“Hemos comprobado en el laboratorio que una materia orgánica de interés prebiótico denominada yellow stuff (sustancia amarilla) presenta una banda de absorción muy característica que se puede buscar en zonas del espacio con presencia de granos de polvo para tratar de identificar sustancias similares”, señala a SINC Guillermo Muñoz, investigador en el Centro de Astrobiología (INTA-CSIC).

El científico explica que los granos de polvo que se observan en las nubes interestelares y alrededor de las estrellas jóvenes suelen “estar rodeados de diminutos mantos de hielo ricos en agua y otras moléculas simples, como el monóxido de carbono (CO), el metanol (CH3OH) o el amoniaco (NH3), sobre los que incide la luz ultravioleta y los rayos cósmicos”.

Muñoz y su colega francés Emmanuel Dartois, del Instituto de Astrofísica Espacial de París (Francia), han recreado en el laboratorio esas condiciones interestelares mezclando diversos gases a muy baja presión y temperatura (-263ºC), e irradiando con luz ultravioleta el hielo de tipo interestelar que se forma. Como resultado se genera el yellow stuff , una sustancia amarillenta rica en carbono pero con hidrógeno, nitrógeno y mucho oxígeno asociado. Este material está compuesto por numerosas moléculas orgánicas, como ácidos carboxílicos, glicina y otros aminoácidos (las moléculas esenciales en la composición de las proteínas).

La banda de absorción del yellow stuff se sitúa en los 3,4 micrómetros del espectro del infrarrojo medio, y al representarla en una gráfica su perfil presenta dos picos característicos. “Esto permite su posible detección en regiones de formación planetaria parecidas a nuestra nebulosa solar y en cuerpos del Sistema Solar”, señala Muñoz.

“Además la síntesis de compuestos orgánicos por irradiación de hielo podría estar relacionada con la presencia de esta sustancia en cometas, como el Halley, y también podría explicar la composición isotópica del material carbonáceo detectado en el polvo interplanetario y en un tipo de meteoritos ricos en carbono denominados condritas carbonáceas”, añade.

Hasta ahora los científicos no han observado la banda infrarroja del yellow stuff en el espacio interestelar, y tampoco en cuerpos del Sistema Solar, pero postulan que podría deberse a las limitaciones de las técnicas actuales. En el caso de las condritas carbonáceas y el polvo interplanetario, ambas contienen carbono asociado a isótopos pesados del hidrógeno (deuterio sobre todo, 2H) y nitrógeno (15N) característico de reacciones químicas a temperaturas muy bajas, como las que se generan en el hielo irradiado, pero ese tipo de carbono meteorítico es distinto al yellow stuff.

Los productos prebióticos derivados de la irradiación de hielos pierden su carácter orgánico y su alto contenido en hidrógeno, nitrógeno y oxígeno cuando se calientan a más de 300 ºC, como ocurre en las proximidades del Sol. “Esa especie de yellow stuff calentado, que todavía preserva un alto contenido en isótopos pesados, podría ser el que se encuentra formando parte de las condritas carbonáceas y el polvo interplanetario”, indica a SINC Muñoz.

La sonda espacial Rosetta de la Agencia Espacial Europea tratará de detectar aminoácidos y otras moléculas de interés prebiótico en el núcleo del cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko, cuando lo alcance en el año 2014.

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Referencia bibliográfica:

Guillermo M. Muñoz Caro y Emmanuel Dartois. “A tracer of organic matter of prebiotic interest in space, made from UV and thermal processing of ice mantles”. Astronomy and Astrophysics 494 (1): 109-115, 2009.