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Ante una tesis de Argibay

25 Mar

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Ante una tesis de Argibay

Por Mariano Grondona  
Especial para lanacion.com

Miércoles 25 de marzo de 2009 | 01:18 (actualizado a las 01:17)

En un reportaje radial, la ministra de la Corte Suprema Carmen Argibay acaba de criticar a los ciudadanos que se manifestaron el miércoles último en Plaza de Mayo y en las principales ciudades del país para protestar por la inseguridad, diciendo que “nunca los vimos marchar contra el hambre y la pobreza”. Durante el acto en Plaza de Mayo, como se recordará, hablaron el rabino Sergio Bergman y el padre Guillermo Marcó.

Cuando se discute sobre el auge de la inseguridad que padecemos los argentinos, dos tesis parecen enfrentarse. Una de ellas reclama una mayor presencia del Estado en la lucha contra el delito, haciendo notar que los autores de hechos aberrantes entran por una puerta de la cárcel y salen por la otra, lo cual genera un clima de impunidad que alienta a reincidir a los delincuentes y que acrecienta el temor de los ciudadanos. La otra sostiene que la difusión del delito es hija del hambre y de la pobreza siendo éstas y no la pasividad de los jueces y del Gobierno, por lo tanto, la causa principal de la inseguridad. En cierto modo, la primera tesis se reflejó en la indignación de los manifestantes de Plaza de Mayo. En la segunda tesis milita desde el otro extremo la ministra Argibay, quien intentó minimizar además el problema al decir que “la inseguridad es exagerada e inflada por los medios de comunicación”.

¿Nos hallamos entonces ante el choque entre dos interpretaciones sobre el auge de la inseguridad, una “dura” y otra “blanda”? Mientras la “línea dura” se alarma ante la multiplicación de los delitos que desembocan con frecuencia en el asesinato de policías y de ciudadanos comunes, la “línea blanda”, al poner la mirada sobre otros abismos como el deterioro social que también afecta a un número creciente de argentinos, llega a sostener en cambio que los medios de comunicación son en cierto modo cómplices de la “sensación de inseguridad” que nos golpea, al exagerarlos con olvido del deterioro social.

En la medida en que tanto la línea dura como la línea blanda exageren sus argumentos, empero, ambas corren el riesgo de caer en la trampa del unilateralismo, porque es evidente que nuestra sociedad padece el movimiento de pinzas de los dos males que ellas denuncian porque tenemos, en suma, demasiados delincuentes y demasiados pobres.

Pero simplificar los problemas es típico de las ideologías. Si alguien insiste en hacerlo, es que quiere enfatizar la culpa del “otro”, esto es del adversario ideológico, para aliviar su propia culpa. Hay dos culpas concurrentes por el auge de la delincuencia. Una es la impunidad y la otra es el deteriorio social. En la raíz de ambas gravita sin embargo una sola causa principal: la inacción del Estado.

Los círculos concéntricos del kirchnerismo

30 Nov
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Los círculos concéntricos del kirchnerismo

Por Mariano Grondona

Domingo 30 de noviembre de 2008 | Lanacion.com

 

Cuando la Presidenta anunció esta semana la realización de nuevas obras públicas, un blanqueo de capitales y la creación del Ministerio de la Producción, muchos recordaron otros anuncios presidenciales, como el pago al Club de París y el principio de acuerdo con los acreedores impagos, llamados holdouts , porque en ambos casos había habido un gran impacto público primero y ninguna consecuencia concreta después. Mucho ruido y pocas nueces.

Era natural entonces que esta semana los observadores, ya más cautelosos en función de sus recientes experiencias, se preguntaran cuánto de verdad y cuánto de retórica había en los dichos de Cristina Kirchner. ¿Está el Gobierno por lanzar realmente el gigantesco plan de obras públicas por 71.000 millones de pesos que acaba de anunciar o sólo nos hallamos ante una nueva operación mediática? Los más desconfiados recuerdan a esos pastores que, después de creerle varias veces al pastorcillo mentiroso cuando gritaba “¡Lobo!”, le dieron la espalda justamente cuando el lobo venía de verdad.

Un gobierno que ha manipulado sin cesar los datos del Indec y una presidenta que no ha hecho más que reiterar las directivas y confirmar los principales colaboradores de su antecesor después de haber proclamado en su campaña electoral que “el cambio recién empieza” tienen un desafío mayor aún que el dudoso financiamiento de las obras que prometen: restablecer la maltrecha confianza de los argentinos.

La confianza, que es el capital moral de las naciones, parece hoy más elusiva que nunca cuando se toma en cuenta que pocos días antes de que se anunciara este paquete de medidas supuestamente destinadas a atraer la masa de los capitales privados exiliados, a los cuales se han sumado en este año otros 24.000 millones de dólares, el Gobierno confiscó los ahorros de nueve millones de futuros jubilados por un valor estimado de 35.000 millones de dólares.

Tampoco ayuda a creer más que antes que en la presentación del flamante Ministerio de la Producción ante los industriales no se haya incluido hasta ahora una firme señal que indique que ha menguado el ánimo de venganza del Gobierno contra el campo, el otro gran productor junto con la industria, cuyas abundantes exportaciones salvaron a Duhalde en 2002 y podrían salvar a Kirchner en 2008, sólo con que éste lo quisiera.

El hecho de que la Comisión de Enlace haya sido invitada a la asunción de Débora Giorgi, ¿abre en todo caso una rendija a la esperanza?

La piedra en el lago Para recuperar la confianza de los mercados, los Kirchner tendrían que intentar algo más rotundo, más profundo, que la seguidilla de anuncios rimbombantes a la que nos van acostumbrando.

Esto no quiere decir que su reiterada apelación a este vano recurso haya sido, en sí misma, en vano. Al contrario porque, sin confesarle nunca al pueblo “la” verdad de lo que está ocurriendo, han terminado por revelarle aun sin quererlo “su” propia verdad: las entrañas, el corazón del kirchnerismo.

Si tuviéramos que trazar un gráfico del poder kirchnerista, quizá la mejor manera de representarlo sería comenzar por un punto a partir del cual, como en las aguas de un lago cuando una piedra lo golpea, se van sucediendo ondas concéntricas cada vez más amplias y más débiles hasta que, finalmente, desaparecen.

El punto central del conjunto, la piedra en el lago de la que todas las ondas emanan, es Néstor Kirchner. De él, de su mezcla de aislamiento, ignorancia económica y arrogancia política, surgen todas las decisiones relevantes.

Junto a él, su discípula y compañera se ha hecho cargo de la tarea de anunciar, explicar y justificar aquellas decisiones sin que nadie sepa, ni siquiera los más cercanos a la pareja, cuál es el diálogo íntimo, secreto, en cuyo seno nace y madura el vínculo que los ata, de modo tal que el primer impacto de la piedra y el primer círculo que ella traza en el lago vienen a confundirse en un único destello: el big bang del kirchnerismo.

Más afuera se forma el segundo círculo kirchnerista, la breve pero intensa legión de los soldados. No tienen ideas ni voluntad propias. Sólo ejecutan. Pueden llamarse Zannini, Moreno, Echegaray, Kunkel o De Vido.

A veces la ira de los disconformes apunta contra ellos sin reparar en que sólo cumplen órdenes. Pero algunos al lado de ellos han concebido a veces la ilusión de un mínimo de autonomía hasta que la aplanadora del poder los dejó sin espacio. Sus nombres podrían ser Bielsa, Lousteau o Alberto Fernández entre los que ya mordieron el polvo de la desilusión, o Massa, Boudou y hasta Giorgi entre los que aún podrían morderlo.

Más afuera A partir de aquí, los círculos del poder kirchnerista se amplían y se debilitan cada vez más. Están, por ejemplo, la mayoría de los gobernadores, que, si bien dependen casi absolutamente de la “caja” de Kirchner, guardan cierta libertad de maniobra en razón de la distancia.

Algunos de ellos vienen directamente del dedo de Kirchner. Otros, pese a que nacieron por fuera y hasta en contra de él, se ven obligados a cerrar filas cada vez que los aprieta la necesidad fiscal.

Más afuera todavía se desplaza sobre todo en la provincia de Buenos Aires el amplio círculo de los ex duhaldistas. ¿Cuántos entre ellos, si bien acatan ostensiblemente al todopoderoso, guardan contactos y nostalgias cerca de aquel que un día lo digitó?

El círculo más exterior de todos es, en fin, el de los aliados estratégicos del ex presidente. Los sindicalistas, comenzando por el propio Moyano, ¿son verdaderamente confiables para el kirchnerismo? La CGT que impulsó Perón lleva ya sesenta años ininterrumpidos de vigencia.

Los sindicalistas convivieron con los más diversos regímenes, con presidentes peronistas, radicales y militares. Sus conductores son de lejos nuestros políticos más experimentados. ¿Cuándo les llegará el momento de confirmar su extraordinaria versatilidad?

El sector empresario es diferente porque nunca comulgó con la doctrina peronista. Pero a veces lo seduce la peligrosa tentación de las ventajas económicas inmediatas o lo aprieta la comprensible presión del temor. Son aquellos que por lo bajo coinciden en un todo con los críticos y los opositores, pero que no se animan a hablar en voz alta.

Definitivamente, fuera de los círculos que forma el poder se encuentran, todavía solitarios, industriales como Aranguren. Habría que sumarle la gran mayoría de los dirigentes rurales, la prensa libre y, cada día más, las clases medias. Mención aparte merecen aquellos dirigentes que al fin lograron romper el cerco kirchnerista y que hoy se atreven a desafiarlo. Nombres como los de Julio Cobos, Felipe Solá y Luis Juez figuran a la cabeza de esta lista en paulatino crecimiento.

La contraola Es que las olas, al fin, generan contraolas. Mientras los círculos concéntricos del kirchnerismo se amplían y se debilitan a medida que pasa el tiempo, desde fuera de ellos otra corriente nace y se extiende a partir de una segunda pedrada que el kirchnerismo no pudo evitar. Allí militan con creciente vigor los críticos, los opositores, los independientes.

Esta contraola puede terminar por ser más fuerte que la ola del poder vigente, pero, para lograrlo, debe dejar de ser solamente una “contraola” para transformarse en una “nueva ola” no sólo de contradicción, sino además de superación. La nueva ola del “poskirchnerismo”. Cuando ella consiga formular el programa de la nueva generación argentina, sólo entonces se le podrá aplicar la famosa frase de Nietzsche: “Nada hay más poderoso que una idea a la que le ha llegado su hora”.

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Chávez: el límite es el fraude

30 Nov
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Opinión

Chávez: el límite es el fraude

Por Mariano Grondona
Especial para lanacion.com

Miércoles 26 de noviembre de 2008 | 01:44 (actualizado hace 4 días)

 

Cuando un país está gobernado desde hace diez años por un presidente populista y autoritario, cada vez que sus ciudadanos son convocados a las urnas asoma el temor del fraude. Pero si ese presidente perdiera por dos veces consecutivas las elecciones, ¿habría que absolverlo de toda sospecha? Hace un año, el presidente Chávez perdió el plebiscito mediante el cual pretendía prolongarse indefinidamente en el poder. Ahora, ha vuelto a perder en las elecciones locales de los cinco distritos más ricos y poblados de Venezuela, incluida Caracas. ¿Diremos entonces que se ha convertido en un presidente democrático? La derrota, ¿garantiza la transparencia?

En su significación “fuerte”, el fraude es la pura y simple falsificación de la voluntad popular. En su significación “débil”, el fraude es una alteración de la voluntad popular que no llega a falsificarla enteramente. Se dice con serios fundamentos que hace un año, cuando fue derrotado por el “no” a su pretensión de reeleccionismo indefinido, una vez que las Fuerzas Armadas impidieron que falsificara groseramente las cifras de esta negativa, Chávez logró que ellas le toleraran al menos una alteración que amortiguó el impacto de su derrota. El suyo fue en ese entonces un fraude “débil”, insuficiente para afirmar sin más que Venezuela se había quedado sin democracia.

Esta vez, al amenazar que sacaría los tanques a la calle si perdía las elecciones locales y al apretar como nunca las clavijas del clientelismo gracias a las cuales todavía consigue hacer como que gana en los distritos rurales más pobres, Chávez alteró de nuevo las cifras de lo que debió haber sido una elección insospechable, pero también hay que reconocer que la reiteración de este fraude “débil” no logró disimular su derrota. Aun en el borde del autoritarismo, pues, Venezuela continúa siendo una democracia.

El plazo presidencial de Chávez se extinguirá en 2013. Después de estas dos derrotas consecutivas, la esperanza de los venezolanos que aman la democracia se ha reforzado. Como van las cosas, ahora es más posible que nunca que, de aquí a cinco años, consigan desplazarlo definitivamente. Si, llevado por la desesperación, Chávez llegara a urdir en adelante algún fraude “fuerte”, Venezuela perdería el residuo democrático que aún le queda. Pero si Chávez atravesara esta frontera, se convertiría en un dictador sin atenuantes. ¿Se animará a hacerlo en un país que ya le está dando la espalda? Si lo intentara, ¿no abriría la caja de Pandora de la resistencia a la opresión?

¿Qué es Kirchner, un líder o un dictador?

30 Nov
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¿Qué es Kirchner, un líder o un dictador?

Por Mariano Grondona

Domingo 23 de noviembre de 2008 | Lanacion.com

 

La escisión del bloque oficialista de la Cámara de Diputados marca la primera grieta del kirchnerismo. Después de su espectacular derrota frente al campo en el Senado, Kirchner se dedicó a restablecer la disciplina entre los que no lo votaron en esa ocasión y, con la ayuda de la “caja”, consiguió parcialmente su intento en casos como los de Schiaretti en Córdoba, y tanto del peronista Reutemann como del socialista Binner en Santa Fe. Al frente de un puñado de diputados peronistas no kirchneristas, sin embargo, Felipe Solá resistió la contraofensiva del ex presidente. Solá y los suyos podrían sumarse a otros líderes peronistas como el gobernador Alberto Rodríguez Saá, el senador Juan Carlos Romero, el diputado Francisco de Narváez y el ex presidente Duhalde. De este modo, se conformó lo que ha dado en llamarse “la pata peronista” de una amplia convergencia opositora que además promete crecer con la reconciliación interna que procura el radicalismo al convocar a antiguos disidentes como Elisa Carrió, Ricardo López Murphy y el vicepresidente Julio Cobos. Dentro y fuera del peronismo, pues, la oposición a Kirchner está despegando.

Pero la rebelión de Solá es importante no sólo como un “hecho” que marca el debilitamiento del kirchnerismo sólo once meses antes de las elecciones cruciales de 2009, sino también por los “dichos” que la acompañaron. Al anunciarla, en efecto, el ex gobernador de la provincia de Buenos Aires señaló que “detrás de nuestra ruptura hay una concepción política. Dos o tres personas deciden todo sin consultar a nadie. Hay un cesarismo gobernante. O se vota todo o se es un traidor. Según como se ande con el Gobierno, la plata viene o no. Me parece que el primer gobierno del kirchnerismo fue muy bueno, pero una cosa es el estilo político y otra muy distinta es el unicato, el cesarismo”.

Estas severas palabras llevan a plantear una pregunta insoslayable: ¿cómo definiremos el poder de Néstor Kirchner? ¿Nos hallamos ante un liderazgo fuerte, en última instancia compatible con la democracia, o ante una incipiente dictadura?

Hierón, el tirano Aunque se usan con frecuencia como sinónimos, graves palabras como “tiranía”, “dictadura”, “cesarismo”, “despotismo” y “unicato” no lo son. Los griegos usaban la palabra tirano para aludir a quien se arrogaba el poder supremo al margen de las instituciones democráticas. En su sentido originario, la palabra “tirano” podía aludir tanto a un buen como a un mal gobernante. Al tirano Pisístrato, por ejemplo, los atenienses le reconocieron que había promovido las obras públicas, aunque luego derrocaron a sus hijos. Fue Aristóteles quien le dio a la palabra “tirano” el sesgo maligno que hasta hoy conserva al señalar que, mientras el gobernante honesto procura el bien común, el tirano atiende sólo a su propio bien.

Pero una vez que obtuvo la suma del poder, ¿puede el tirano liberarse de sí mismo? Esta es la incisiva pregunta en torno de la cual gira el clásico libro Hierón, del socrático Jenofonte, a lo largo de cuya narración el tirano Hierón se queja ante el filósofo Simónides de su aciaga suerte, ya que, encumbrado como está en el poder, ya no sabe si las mujeres y los hombres que lo alaban lo aprecian de verdad o simplemente le temen o aprovechan. Simónides le pregunta entonces a Hierón por qué, ya que se queja tanto de su suerte, no renuncia. A lo cual Hierón responde que no puede hacerlo porque son tantos los odios que ha suscitado desde el poder que, no bien sus súbditos lo vieran bajar del pedestal, lo matarían.

De origen igualmente griego, la palabra déspota también podría conciliarse, en el límite, con el buen gobierno, y así fue como se pretendió que algunas monarquías modernizadoras del siglo XVIII se exhibieran como ejemplos de “despotismo ilustrado”. Fue Montesquieu, sin embargo, quien señaló que, siendo la naturaleza humana lo que es, todo despotismo desemboca en tiranía. Al siglo siguiente, el liberal lord Acton acuñó entonces una frase que aún resuena: “El poder corrompe; el poder absoluto corrompe absolutamente”.

La palabra dictadura , de origen romano, no aludió al principio a un abuso sistemático del poder, sino a una institución de la República en virtud de la cual el Senado podía conceder plenos poderes a un ciudadano en una situación de emergencia, pero sólo por seis meses. Hubo de este modo grandes estadistas que fueron nombrados dictadores como Cincinato, un general retirado que salvó a Roma de sus enemigos y volvió después a cultivar su chacra de dos hectáreas, antes incluso de que el plazo de seis meses se cumpliera. Hoy, sin embargo, el uso común de lo que se hoy se llama “dictadura” tiene un alcance vecino al de la tiranía. Entre la dictadura de la república romana y la tiranía medió la palabra cesarismo que usó Solá, porque Julio César se hizo votar por el Senado “dictador vitalicio”; se acercó así a la tiranía y cayó por esta razón bajo los puñales de los últimos republicanos.

Solá habló también del unicato de Kirchner, aludiendo aquí a lo que se dijo del presidente Juárez Celman antes de que la revolución de 1890 lo derrocara: que, rodeado por un grupo de obsecuentes e incondicionales, había concentrado en sí mismo, en el Unico , los poderes de la Constitución.

Desde antiguo, muchos autores, como el propio Santo Tomás de Aquino, admitieron que era legítima “la resistencia a la opresión” del tirano; llegaron otros pensadores escolásticos, como el padre Mariana, al extremo de admitir la licitud moral del tiranicidio.

Después de este breve viaje a través de palabras afines pero no idénticas, aún nos queda por abordar la cuestión original: ¿cómo definiremos los argentinos de hoy el poder de Néstor Kirchner?

Dificultades Si Néstor Kirchner fuera un político democrático, no habría avasallado al Congreso y a su propio partido con el estilo autoritario según el cual se obedece o se es traidor, como denunció Solá. Tampoco habría nominado a su mujer como sucesora sin elecciones internas ni habría sujetado el nombramiento de los jueces a los aprietes del Consejo de la Magistratura ni condicionado el comportamiento de los gobernadores a las caprichosas dádivas de la “caja”, que son la burla del federalismo.

Kirchner no fue ni es un gobernante democrático. Pero tampoco es fácil encuadrar a Kirchner en los ejemplos clásicos de la tiranía. Debe anotarse que el inmenso poder “indirecto” del que goza Kirchner a través de su mujer, los gobernadores y los legisladores que le obedecen tiene un origen electoral y sólo podría ser inhibido por otra elección adversa, recién a partir de 2009. Si esta elección adversa se concretara de aquí a once meses, sólo entonces un Congreso eventualmente antikirchnerista podría someter a la señora de Kirchner a juicio político por no exhibir independencia respecto de las órdenes de su marido, discurriendo en tal caso el poder legítimo en dirección de Cobos.

Mientras quede pendiente la posibilidad de una elección limpia en 2009, por lo dicho, subsiste entre nosotros una “democracia mínima”. Diríamos entonces que el régimen de Kirchner es lo que podríamos llamar una intradictadura , esto es, el desarrollo de un poder dictatorial sobre sus propios colaboradores “dentro” y no “fuera” de las instituciones democráticas, a la manera del unicato. Pero esta última línea de defensa de la legitimidad de su poder quedaría desarticulada en el mismo momento en que en 2009 o después cundiera el fraude; en tal caso se destruiría la base irrenunciable de la democracia, que no es otra que la voluntad soberana de los ciudadanos.

mariano grondona

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Las anteojeras ideológicas de los Kirchner

20 Nov
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Las anteojeras ideológicas de los Kirchner

Por Mariano Grondona

Domingo 9 de noviembre de 2008 | LaNacion.com

 

A casi un año de la sustitución de Néstor por Cristina en la Presidencia, los Kirchner se han distribuido sus tareas. El decide . Ella explica . Algunos han querido ver en esta distribución de tareas el atisbo de una divergencia, pero no hay tal porque lo que parece separar a la pareja dominante es, en realidad, sólo una consentida división de funciones. Néstor y Cristina son dos personas distintas y un solo poder verdadero. Quienes aún esperan que el cambio ocurra en el interior de la pareja presidencial marchan hacia una gran frustración. El cambio vendrá a su debido tiempo, pero en el seno del poskirchnerismo .

Dedicada casi por completo a justificar lo que decide su marido, la Presidenta habla varias ocasiones por día en nuestro país y a veces lleva su propaganda hasta encuentros internacionales como el que se desarrolló en la XVIII Cumbre Iberoamericana celebrada en San Salvador o hasta comunicaciones públicas como la peculiar felicitación que le acaba de enviar a Barak Obama con motivo de su victoria.

Lo que asoma detrás de los discursos de Cristina es, invariablemente, una ideología. El primero que le dio a la palabra “ideología” su sesgo actual fue Carlos Marx al definirla como la justificación pretendidamente racional de una ambición inconfesable. El liberalismo era, según él, la ideología que los burgueses habían diseñado para justificar el capitalismo. Marx no pudo impedir empero que Karl Mannheim y otros autores definieran a su vez al marxismo como una nueva ideología concebida para encubrir la inconfesable ambición del comunismo.

Tanto el liberalismo como el marxismo dieron lugar a formidables desarrollos intelectuales. El modelo al que apela de continuo Cristina para justificar la pasión por el poder del kirchnerismo es una construcción más modesta, incomparable con aquellos dos grandes ejemplos. Cumple, sin embargo, la función de todas las ideologías de cimentar la incondicionalidad de sus seguidores y también bordea la trampa que acecha a los ideólogos cuando las explicaciones que elaboran para manipular a los demás terminan por atraparlos a ellos mismos, sumiéndolos en la incapacidad de distinguir entre sus fantasías y la insobornable realidad.

Las anteojeras El diccionario define las anteojeras diciendo que son “en las guarniciones de las caballerías de tiro, las piezas que caen junto a los ojos del animal para que no vean por los lados, sino de frente”. Igual que las ideologías, las anteojeras mutilan la visión global.

Cuando la Presidenta felicitó a Obama mediante una carta de dos carillas, desproporcionada a la luz de los miles de mensajes que estaba recibiendo el nuevo presidente norteamericano en el día de su victoria, exageró el modesto papel que hoy está cumpliendo su gobierno en el concierto de las naciones pero quizá lo hizo con la intención de destacar ante los ojos de su encumbrado corresponsal lo importante que es su “modelo”, su ideología, para entender lo que está pasando en el mundo. Al aplicar sus ideas a la realidad norteamericana, Cristina erró, sin embargo, el diagnóstico por suponer que el triunfo de Obama fue un paso decisivo en la lucha secular contra la discriminación racial que asoló por siglos a los Estados Unidos.

Quizás éste fue el camino que Cristina creyó encontrar para mejorar las vapuleadas relaciones entre la Argentina y los Estados Unidos, pero lo hizo ignorando que si algo prueba la victoria de Obama es, precisamente, que la discriminación racial que ella denuncia ya ha sido largamente superada en la democracia norteamericana porque, de otra manera, el candidato demócrata no habría obtenido su amplísimo apoyo tanto entre los negros como entre los blancos. La reciente elección norteamericana muestra que el triunfo de Obama es el punto culminante del constante ascenso de una minoría de color altamente calificada hacia la cumbre del poder, un ascenso que ya habían encarnado altos colaboradores de Bush como Colin Powell y Condoleezza Rice así como el juez Clarence Thomas en la Suprema Corte. El acceso de Obama a la presidencia no es por ello la iniciación sino el remate de la revolución que recién ahora cree percibir Cristina porque los Estados Unidos han dejado atrás hace décadas la tragedia de Martin Luther King a la que ella aludió en su mensaje. Lo que pasa es que la ideología de Cristina le impide ver que los Estados Unidos son desde hace mucho tiempo una democracia ejemplar y que no han empezado a serlo recién después de Bush y a partir de Obama, pero reconocerlo implicaría para ella atisbar más allá de esas anteojeras que le dicen que los Estados Unidos continúan siendo la perversa madriguera del capitalismo.

En San Salvador La última vez que la Presidenta aprovechó una reunión internacional para explicar su “modelo” a los jefes de Estado que la rodeaban fue en la XVIII Cumbre Iberoamericana celebrada entre el 29 y el 31 de octubre último en San Salvador, capital de la República del Salvador. Acudió el rey de España y faltó Chávez, por lo cual los asistentes esperaban una reunión tranquila. A cada jefe de Estado se le había acordado entre 7 y 10 minutos para hablar, pero Cristina habló más de 25 minutos, como siempre sin leer, para tocar dos temas. Uno de ellos consistió en defender la apropiación de los ahorros de los futuros jubilados que habían optado hace un año por mantenerlos en las AFJP. El otro tuvo que ver con lo que ella insiste en llamar su “modelo”, su ideología, sobre la Argentina y el mundo.

Al abordar el primero de estos dos temas, llamó la atención de los asistentes que Cristina se dedicara a defender el polémico proyecto de estatización de los ahorros privados con tanto énfasis como si estuviera en nuestra Cámara de Diputados y no en un foro internacional. En cuanto al “modelo” que también expuso, reiteró la condena del llamado “modelo neoliberal” que supuestamente condenó a la miseria a los países latinoamericanos durante la “década maldita” de los años noventa. Cristina volvió a proclamar entonces el derrumbe del Primer Mundo capitalista bajo el “efecto jazz” de la actual crisis financiera, indicando que de ahora en adelante será el Estado, y ya no el mercado, el protagonista económico de la Argentina y del mundo.

A la luz de esta afirmación de alcance universal, la estatización de los ahorros privados colocados en las AFJP vendría a ser sólo un ejemplo avanzado de la estatización general de la economía que prepara el kirchnerismo, pero el hecho es que la exposición de Cristina no cayó del todo bien en la Cumbre, obligándola a adelantar en un día su regreso a Buenos Aires por la cancelación de varias de sus citas. Como se sabe, con la conducción del presidente Antonio Saca, El Salvador es un país amigo de los Estados Unidos.

Cristina pretendía lograr en San Salvador el nombramiento de Néstor como presidente de la Unión de las Naciones Sudamericanas (Unasud), pero en tanto otros países prooccidentales como Colombia y Perú no acompañaron su iniciativa, Uruguay le dio la estocada final cuando, para manifestar inequívocamente su oposición a la candidatura de su marido, el presidente Tabaré Vazquez no concurrió a la Cumbre. Lo cual viene a destacar otro de los efectos de las ideologías: que sus cultores, finalmente, quedan aislados.

¿”Golpe de mercado” o golpe “al” mercado?

30 Oct
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Opinión

¿”Golpe de mercado” o golpe “al” mercado?

Por Mariano Grondona 

Especial para lanacion.com

Miércoles 29 de octubre de 2008 | 02:02 Lanacion.com

¿"Golpe de mercado" o golpe "al" mercado?Ilustración: Miguel Brea

 

El Gobierno ha obligado a las AFJP a repatriar 1800 millones de pesos que tenían colocados en Brasil, pero la caída de la Bolsa, la pérdida de los dólares de reserva del Banco Central y la fuga de capitales de las últimas semanas exceden largamente a aquella modesta suma. Es como si el capitán de un barco quisiera salvarlo del enorme rumbo que se ha abierto en su casco y por la cual fluyen torrentes, echando mano al balde que utiliza su grumete para lavar la cubierta.

En una solicitada que se publicó ayer, la Asociación Bancaria de Juan José Zanola denunció que las dificultades económicas que hoy experimenta la Argentina se deben a un “golpe de mercado”. ¿Pero quiénes son “el mercado”? ¿No son los millones de argentinos que, ante la opción que les ofreció el Gobierno el año pasado, escogieron en una proporción del 80 por ciento el sistema jubilatorio de capitalización privada que ahora les quieren confiscar?

Tan difícil como fue suponer que los miles de chacareros que resistían el aumento de las retenciones eran una “oligarquía golpista”, es imaginar ahora que estamos asistiendo a un “golpe de mercado”, porque la sola idea de un golpe supone la conspiración de unos pocos. Los redactores de la solicitada procuran eludir esta objeción diciendo que los autores del golpe de mercado son “los sectores económicos y financieros más concentrados”.

Así, reduciendo millones a unos pocos, pretenden componer la imagen de la conspiración minoritaria que denuncia el Gobierno. ¿Pero cuán pocos son los pocos? Los mercados, ¿no agrupan acaso a miles y miles de agentes económicos que compran y venden libremente, y no a un puñado de magnates que caben en un cuarto?

Esos miles y miles de personas quisieron optar por la libertad económica que ahora se les niega, con el argumento de que están “concentrados”. ¿Pero no es el propio Gobierno, esto es un puñado de funcionarios que obedecen a un solo jefe, el que quiere manipular fondos ajenos para que vuelvan, por ejemplo, del Brasil? Ocurre empero que ese resultado que quieren determinar los funcionarios apropiándose coercitivamente de los fondos que no les pertenecen, queda totalmente desbordado por los miles y miles de acciones y divisas que se venden y se compran diariamente. ¿No sería más sensato entonces, antes que querer atrapar el torrente con un balde, inspirar confianza en todos aquellos cuya fe en el Gobierno, justamente por medidas coercitivas como la que estamos comentando, flaquea cada día más?

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El viejo león

22 Oct
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El viejo león

Por Mariano Grondona
Especial para lanacion.com

Miércoles 22 de octubre de 2008 | 02:46 (actualizado a las 02:51)

 

Por Mariano Grondona
Especial para lanacion.com

Samaniego cuenta en una de sus fábulas que un viejo león, cuando lo abandonaban sus fuerzas, comprobó con asombro que los demás animales del bosque, que hasta ese momento le habían rendido vasallaje, súbitamente se animaban a insultarlo. Si ponemos al capitalismo y a su principal mentor, los Estados Unidos, en el lugar del viejo león, ¿vuelve a nosotros, en esta hora crítica, la fábula de Samaniego?

Las naciones de éxito suscitan sentimientos encontrados. A algunos los estimulan con su ejemplo. A otros les despiertan resentimiento o envidia. El resentido es aquél que, con razón o sin ella, cree que ha sido explotado por el exitoso y desea vengarse. Puede entenderse así que en Cuba, que vivió por décadas bajo el dominio de los Estados Unidos, se haya generado un odio tan intenso a los norteamericanos como el que encarna Fidel Castro.

El envidioso, al contrario, tiene poco que achacarle al imperio. Ello no obsta para que también se sienta agraviado por él en forma indirecta. Supongamos que un país haya llegado a calificarse con un “cinco” que podría estimar suficiente si no fuera porque otro país, que nació al mismo tiempo que él, ha logrado un “nueve”. Cuando sabe del nueve ajeno, al envidioso se le cae su autoestima. Aunque el país exitoso no le haya arrebatado nada directamente, el envidioso lo culpa por haberle causado esa sensación de fracaso. Es más por el lado de la envidia que por el lado del resentimiento que ha nacido el sentimiento antinorteamericano entre los populistas argentinos.

Allí donde campea el sentimiento antinorteamericano, nace también la dorada oportunidad de achacarle al país exitoso la culpa por los males del que corre detrás. ¿Por qué intenta justificar entre nosotros el Gobierno, por ejemplo, el despojo a millones de ahorristas que acaba de anunciar? Porque a sus ojos las AFJP encarnan al odiado capitalismo.

Pero en el bosque actual, a la inversa del de Samaniego, el león está herido pero no necesariamente moribundo. Decenas de gobiernos en Europa y en América Latina, al revés que los animales de Samaniego, en vez de morder al león norteamericano lo están ayudando. Si llegan a tener éxito, ¿adónde quedarán aquellos que, no bien surgió la crisis, creyeron que había llegado la hora de enviar al desierto al chivo expiatorio capitalista? El hecho de que ayer fuera nuestra Bolsa y no las del mundo la que cayó a plomo por el despojo a los ahorristas, ¿no debiera advertir al kirchnerismo sobre las posibles consecuencias de su desubicación ideológica?

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Negar los hechos, ¿ayuda a controlarlos?

22 Oct
Mariano Grondona | Ver perfil

Negar los hechos, ¿ayuda a controlarlos?

Por Mariano Grondona

Domingo 19 de octubre de 2008 | LaNacion.com.ar

 

Las grandes crisis inspiran grandes frases. Cuando comenzaba la Segunda Guerra Mundial, Winston Churchill les dijo a los ingleses que “sólo puedo ofrecerles sangre, sudor y lágrimas”. Cuando los alemanes se acercaban a París en la Primera Guerra Mundial, el mariscal Foch, que defendía la Ciudad Luz, le comunicó a su gobierno que “mi derecha ha sido rodeada, mi izquierda tambalea, mi centro está quebrado; por lo tanto, ataco”. Inmediatamente después de desbaratar un peligroso ataque fuera de Roma, Julio César usó su impar dominio del latín para proclamar “Vine, vi, vencí”. Cuando arreciaba la lucha contra el imperio español en Chile, San Martín acompañó un amanecer que se presentaba sangriento con las siguientes palabras: “El sol anuncia que la victoria será nuestra”. Estas cuatro citas tienen en común que tanto los que iban a vencer como el que acababa de hacerlo reafirmaron su voluntad de victoria sin disimular por eso la gravedad de los hechos que los rodeaban.

En su edición del 4 de este mes, la revista The Economist se pregunta sin embargo si los gobernantes de los Estados Unidos y de Europa no han llevado su sinceridad ante la opinión pública demasiado lejos al subrayar los rasgos negativos de la crisis financiera mundial, porque abrieron de este modo las negras puertas del pesimismo. En el subtítulo de esta nota, la revista británica explica por qué ha sido peligroso hablar tan abiertamente de una catástrofe inminente cuando la misión de los gobiernos en crisis es, al contrario, apuntalar el optimismo y dejar que el pesimismo quede en todo caso a cargo de la prensa, ya que no son los periodistas sino los gobiernos los que tienen la última responsabilidad, los que, si exhiben temor, siembran aunque no lo quieran el pánico en los mercados.

Según estos antecedentes, la sinceridad y la fortaleza deberían ser las cualidades más destacadas de los gobiernos en las horas de crisis porque, en tanto la sinceridad cimenta la confianza de los gobernados, la fortaleza les anticipa que, aun bajo ataque, sus gobernantes no se van a achicar. Nuestro gobierno, ¿ha estado a la altura de estos dos imperativos morales?

La negación

Desde el comienzo de la crisis internacional, nuestro gobierno no sólo afirmó que ella no nos iba a afectar sino que pretendió reforzar su optimismo con ironías que apuntaban a denunciar la fragilidad del mundo desarrollado a través de frases tales como “el efecto jazz” de Wall Street y “el derrumbe de la burbuja” del Primer Mundo, sosteniendo de paso su ideología intervencionista contra la libertad de los mercados.

Pero la realidad empezó a filtrarse por entre las fisuras de la tesis oficial. De un lado, era difícil explicar cómo, si la crisis no nos afectaba, el Banco Central debía vender dólares para impedir que la divisa norteamericana subiera demasiado, en tanto que en todo el mundo arreciaba la compra de las letras del tesoro norteamericano. Según una opinión que empezó a difundirse contra la interpretación oficial a medida que la crisis maduraba, lo que el mundo está viviendo procede, al revés del derrumbe que diagnosticó el kirchnerismo, de una suerte de intoxicación financiera proveniente del hecho de que el 75 por ciento de los ahorros internacionales han ido a parar al mercado norteamericano, no poniéndolo en crisis por una presunta escasez sino por una sobreabundancia mal administrada.

El Gobierno regresó entonces a su doble mensaje que esta vez incluía el estrechamiento de las importaciones no acompañado por el estímulo de las exportaciones cuyo rubro principal, las enormes exportaciones potenciales de ese “enemigo” que continúa siendo el campo, sigue ahogado por la Aduana y por el Oncca de Echegaray. El temor de que nuestra alta inflación aumente todavía más mediante una devaluación como la que acaba de desplegar Brasil impide a su vez que el Gobierno apele a este remedio extremo que podría haberlo salvado como salvó en 2002 al gobierno de Duhalde.

El apurado regreso de medidas proteccionistas que procuran aislarnos aún más del mundo habla el silencioso lenguaje de los hechos mientras el Gobierno insiste en su línea de explicaciones retóricas, ignorando además que el “riesgo país” de la Argentina sigue en aumento. ¿Estamos entonces fuertes o débiles frente a la crisis? Un país que cierra las importaciones en lugar de liberar las exportaciones, ¿deja ver un instinto de victoria o de derrota? Como la Argentina tiene cerrado el crédito internacional desde hace tiempo, quizá su posición financiera parezca desahogada porque nadie le presta, pero este desahogo es engañoso porque, al mismo tiempo, los Kirchner han congelado el prometido pago al Club de París y a los acreedores que quedaron afuera del canje de Lavagna, los holdouts.

La negación de la realidad que intenta el Gobierno se hizo aún más patente cuando la Cámara de Diputados aprobó a libro cerrado, aunque por una exigua diferencia de 126 votos contra 106, el presupuesto de 2009 que había concebido antes de la crisis, con sus “superpoderes” adentro, como si nada hubiera pasado en el intermedio, mientras las empresas empezaban a suspender las horas extras de los trabajadores y hasta el propio Moyano, aún fiel a los Kirchner, archivaba sine díe el aumento de salarios que había reclamado. Con una inflación aún alta, así se explica por qué la pobreza ya ha pasado la inaceptable barrera del 32 por ciento.

¿Qué es “ganar”?

Vimos que los gobiernos necesitan aunar las virtudes de la sinceridad y la fortaleza para ganarle a la crisis internacional. Pero el gobierno de los Kirchner intenta negar la crisis mientras trata de eludir sus efectos más evidentes mediante medidas improvisadas, con la condición de que ellas circulen por la puerta de atrás. La contradicción entre estas dos estrategias resulta de que, en tanto que para los gobiernos bien encaminados el verbo ganar significa defender con éxito el bien común amenazado, para los Kirchner “ganar” sólo tiene un alcance más limitado, ganar las elecciones parciales de octubre de 2009 en la provincia de Buenos Aires, probablemente mediante la candidatura a diputado de Néstor, como un paso necesario para lograr su reelección o la de Cristina en los comicios presidenciales de 2011.

Esta es la meta absorbente que comparten los Kirchner con los gobiernos populistas de Chávez, Morales y Correa: la reelección indefinida mediante una exaltación personalista en lugar de la consolidación de un sistema de partidos rotativo y republicano, que a semejanza de los países desarrollados de Europa y América del Norte, ya están forjando nuestros vecinos Brasil, Chile y Uruguay.

La caravana latinoamericana se bifurca así entre dos direcciones contrapuestas. De un lado asoma el modelo de estos vecinos como un anticipo del desarrollo político que están logrando y del desarrollo económico al cual sólo se llega de la mano de dos partidos rivales pero recíprocamente tolerantes, capaces de asegurar con su alternancia políticas de Estado que traspasen los límites de los gobiernos ocasionales. Del otro lado se reitera la anacrónica apelación al caudillismo vitalicio que, aunque en términos biográficos pueda durar algunos años, en términos históricos tiene su horizonte cerrado.

El canto de sirena del aislacionismo

22 Oct
Mariano Grondona | Ver perfil
El canto de sirena del aislacionismo

Por Mariano Grondona

Domingo 12 de octubre de 2008 | LaNacion.com.ar
Advertido por la diosa Circe, Ulises reinició la travesía del Mediterráneo hacia su amada isla de Itaca a sabiendas de que lo esperaban las tentadoras sirenas, magas de cola de pez y pechos de mujer que atraían con su irresistible canto a los navegantes para luego devorarlos. Ulises se hizo atar entonces al mástil de la nave y, mientras taponaba con cera los oídos de sus tripulantes, les ordenó que no le hicieran caso cuando él, fascinado por el canto de las sirenas, les pidiera que lo soltaran. Sus compañeros cumplieron la orden aun en medio del canto de las sirenas pese a las desgarradoras súplicas de su jefe y, una vez que todos habían pasado el peligroso trance, Ulises, de quien Homero dijo en la Odisea que era “fecundo en ardides”, comprobó satisfecho que había logrado deleitarse con el canto de las sirenas y salvar su vida al mismo tiempo.

Pero los Kirchner, cuyo poder continúa siendo absoluto, no se han hecho atar a ningún mástil para resistir los peligrosos encantos de la sirena del aislacionismo que los tienta. Al contrario, en medio de una crisis financiera internacional que ya todos comparan con los terribles años treinta, los Kirchner se ufanan por haberse “desacoplado” a tiempo de la economía mundial, cuando ella gozaba de un fuerte “viento de cola”, y por resguardar a la Argentina ahora que el mundo soporta un poderoso “viento de frente”.

Para justificar esta conducta casi única en el concierto de las naciones, la Presidenta apela al “modelo económico” que los ha guiado a su marido y a ella desde 2003. Este modelo, que es una réplica del que implantó el Perón inicial en 1945 pero no ha sido el del Perón final que echó a los Montoneros de la Plaza ni es el de los peronistas no kirchneristas de hoy, apunta en lo esencial a que el campo, con su extraordinaria productividad, sostenga a otros sectores menos competitivos de la economía y sobre todo al Estado, que se lleva la parte del león. El modelo del Perón inicial se complementa hoy con dos “superávit gemelos” en el comercio exterior y en el presupuesto fiscal. Con el derrumbe de los precios internacionales de los alimentos que exportamos, difícilmente el primer superávit se mantenga, mientras que el segundo superávit, en la medida que se mantenga, no sirve al país sino a los Kirchner, que lo usan para someter políticamente a muchos de los gobernadores, intendentes y legisladores.

El puercoespín El clima, hasta ayer auspicioso, ha cambiado de golpe en dirección de una feroz tormenta. Hecho bolita en su cueva, el puercoespín contempla satisfecho cómo otros animales que solían correr alegremente por el bosque, como la liebre, la están pasando mal. ¿Era preferible, entonces, la estrategia del puercoespín?

Mientras no había tormenta, empero, la liebre aprovechaba al máximo el buen tiempo que desaprovechaba el puercoespín. Este puede ufanarse ahora, pero, cuando regrese el buen tiempo, volverá a estar en desventaja. Su soberbia, su ignorancia son tan grandes, sin embargo, que no toma en cuenta los tiempos normales, cuando las que valen son la apertura y la agilidad, y se empeña en apostar a su bolita sin caer en la cuenta de que ella lo priva, después de todo, de las mejoras cosas de la vida.

Mientras teníamos viento de cola, los Kirchner trataron de encerrar a los argentinos junto a su bolita. Como a todo el mundo le iba por entonces bien, podría decirse que ellos también prosperaron a menos que se incluya en la cuenta todo lo que la Argentina dejó de aprovechar a la inversa de las “liebres” de Brasil, Chile y Uruguay, que gozaron a pleno del auge de las exportaciones y de las inversiones que ofrecía el mundo abierto y que los Kirchner rechazaron porque lo que les importa es mantener el control político y económico de una Argentina aunque sea pequeña.

La Presidenta se ha burlado del efecto jazz que ahora angustia a los Estados Unidos y a casi todo el mundo sin advertir dos cosas: que el mundo será otra vez de la liebre y no del puercoespín y que ni siquiera éste logrará salvarse ahora que la tormenta es tan grande. Males como la inflación, la pobreza y el desempleo empiezan a asomarse ahora en la cueva del puercoespín. Pero, desde su modelo “cerrado”, los Kirchner creen tener su propia respuesta a este peligro inminente: las fantasías del Indec.

¿Son tan débiles? Algunos indicios deberían concentrar la atención de nuestros gobernantes. Esos Estados Unidos y ese mundo abierto que ellos desprecian, ¿son acaso tan débiles como suponen? Dos síntomas debieran por lo menos preocuparlos. El primero de ellos es que aquello que más demandan hoy los países en crisis sean las letras del Tesoro norteamericano. ¿Hasta dónde sucumbe entonces lo que la Presidenta calificó como “la burbuja del Primer Mundo”? El segundo es que, cada día más, muchos argentinos se están refugiando otra vez, como tantas veces en el pasado, en el dólar. ¿Pero cómo es que se refugian precisamente en la burbuja que sucumbe?

En 1930, cuando estalló la crisis mundial, los norteamericanos no renunciaron al sistema capitalista, pero procuraron rescatarlo mediante las reformas audaces para la coyuntura y conservadoras para el sistema del presidente Roosevelt y el economista Keynes. Fue el sistema precariamente democrático de los argentinos el que sucumbió en cambio con nuestro primer golpe de Estado en ochenta años. Este antecedente, ¿no debiera inspirarnos cierta humildad?

En las últimas semanas, la Presidenta ha proclamado desde su atril graves errores. Por ejemplo, que la soja es un “yuyito” y que el campo debiera resignar su “renta extraordinaria y sin riesgos” en beneficio del Estado. No estaría bien atribuir estos crasos errores simplemente a la ignorancia porque ignorantes, al fin y al cabo, somos todos. Pero sólo el sabio advierte la enormidad de su ignorancia. ¿No fue Sócrates quien dijo “sólo sé que no sé nada”? Ser ignorantes de casi todo es, en definitiva, nuestra condición habitual. Pero sólo desde su reconocimiento de la ignorancia el mundo avanza cada día un poco más. La ignorancia, en sí misma, no es un mal. El verdadero mal es ignorarla.

Maquiavelo solía clasificar a los gobernantes en tres categorías : los que saben, los que no saben pero saben que no saben y los que no saben pero creen que saben. Los que saben son muy pocos y esto sólo en el estrecho campo de su especialidad. Los que no saben pero saben que no saben han elegido el camino de los sabios al practicar eso que el filósofo Nicolás de Cusa llamaba “la docta ignorancia”. El extremo ignorante es, en cambio, el que, obnubilado por la soberbia, decide que no ignora. La ignorancia, vista de este modo, no es un pecado de la inteligencia sino de la voluntad. El que no sabe pero sabe que no sabe se abre al trabajoso progreso de la inteligencia. El que no sabe pero sostiene que sabe, el que suma a la inevitable ignorancia la evitable soberbia, éste es el que se queda donde ésta. ¿Cómo aconsejarlo entonces? ¿Cómo convencerlo de que imite a Sócrates, a Maquiavelo, a Nicolás de Cusa? La ignorancia del que sin saber pretende saber se llama “petulancia”. Pero hasta el petulante podría salvarse si reconociera un día que, altos o bajos, todos somos hombres y que la palabra “hombre” proviene del latín humus , que significa “tierra”. 

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El zorro y el puercoespín. Por Mariano Grondona

25 Sep
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El zorro y el puercoespín. Por Mariano Grondona

Por Mariano Grondona | Lanacion.comMiércoles 17 de setiembre de 2008
Mientras se agudizaba la crisis internacional por la bancarrota de Lehman Brothers, la presidenta Kirchner se aventuró a decir que “el primer mundo se derrumba como una burbuja”, mientras “la Argentina está firme en medio de la marejada”.

Esta tajante afirmación sobre la supuesta solidez de nuestra economía frente a la crisis mundial ocurre, sin embargo, al mismo tiempo que el riesgo país de la Argentina trepa a una altura insospechada, sólo comparable a la de Venezuela. ¿Quién está entonces verdaderamente en crisis hoy, nosotros o el mundo capitalista?

El desdén por el mundo capitalista que acaba de reiterar la Presidenta, ¿podría reflejar un choque cultural? En un libro que hizo época, El nuevo mundo del zorro gótico, el chileno Claudio Véliz señaló que hay dos tipos de culturas económicas en el mundo actual. Para ilustrarlas, Véliz acudió a una metáfora: el contraste entre “la cultura del zorro” y “la cultura del puercoespín”.

Mientras el zorro se aventura lejos de su madriguera, exponiéndose al riesgo de los espacios abiertos para aprovecharlos, el puercoespín se hace bolita para evitar todo riesgo, cerrándose al mundo. En tiempos de bonanza el zorro progresa, pero en tiempos de prueba paga su osadía.

Para comparar ambas actitudes, hay que medir cuánto gana el zorro cuando gana y cuánto pierde cuando pierde, en tanto que, para el puercoespín, hay que hacer la cuenta inversa. Es verdad que hoy el mundo abierto del capitalismo atraviesa una hora de prueba. Lo que hay que preguntarse empero es si a la larga las ganancias del mundo capitalista no son incomparablemente más abundantes que las de las economías cerradas, ultraprotegidas.

Por más que la economía china pueda sufrir ahora, ¿quién podría comparar los progresos que obtuvo desde que Deng la abrió en 1979 con todo lo que sufrió, con todo aquello de lo que se privó, cuando vivía la detrás de la muralla de Mao? Los Estados Unidos sufren ahora, ¿pero han pasado a ser por eso más atrasados que Venezuela o la Argentina?

La breve proclama de la Presidente refleja su prefererencia por una economía cerrada detrás de la muralla de Kirchner y Moreno. ¿Cuánto habrían avanzado el campo y la industria argentinas en la hipótesis contraria? El puercoespían se relame al ver al zorro en dificultades, sin advertir todo lo que avanzó el zorro antes de ellas y todo lo que avanzará después de ellas, no bien recupere la inmensa energía de la libertad.

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