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Job y su asombroso conocimiento de los cielos

14 Jun

Job y su asombroso conocimiento de los cielos

Un versículo bíblico que nos resulta sumamente relevante aquí es Job 38.32. Nos dice la Sagrada Escritura: “¿Sacarás tú a su tiempo las constelaciones de los cielos, o guiarás a la Osa Mayor con sus hijos??” La respuesta de Job por supuesto debió ser “no”. Pero lo interesante de esta pregunta es la palabra que usa el texto original para “constelaciones”, que es la palabra Mazzroth. Mazzroth no solamente significa “constelaciones”, sino que se refiere a las constelaciones zodiacales, las doce que hoy conocemos como los símbolos zodiacales.

Note que al ser Dios quien aborda a Job con la pregunta, y ser Él el único que puede hacer las cosas que retóricamente le ha preguntado a Job, la conclusión lógica es que ¡fue Dios quién diseñó las constelaciones con su forma original y significado!

Si es así, el Enemigo ha variado grandemente su significado e intención inicial. Decimos esto basándonos en cuán enfáticamente la Biblia nos prohíbe el uso de estas interpretaciones astrológicas.

¿Pero debería sorprendernos, que el “mentiroso y el padre de toda mentira…” pervierta la creación de Dios para sus propios usos malévolos? Por supuesto que no. Juan nos dice que Satanás “engaña al mundo” en todo lo que hace.

Revelación divina cambiada por engaño atractivo

Cada vez que una persona recurre a estas señales en los cielos para intentar adivinar su suerte y futuro, primeramente está desobedeciendo a Dios, y segundo se está aliando al Diablo en su obra maquiavélica contra la creación divina.

Advierto al lector que aunque estemos tratando de dilucidar este asunto, la verdad es que el Nuevo Testamento tiene todo el mensaje de salvación que necesitamos hoy día. Sin embargo, es sumamente gratificante para mí poder intentar entender cuál pudo haber sido el plan original de Dios en esta pasmosa creación.

¿Tuvo el hombre siempre a su disposición el Nuevo Testamento para saber los planes de Dios en el futuro?

Por supuesto que no. Entre Adám y Abraham, solamente contaba la humanidad con las versiones verbales y tal vez escritas de las contadas veces en que Dios habló a alguien o cuando esgrimía profecías, tal como las dadas a Noé, Enoc o al mismo Adán. Todo este cuerpo histórico es hoy preservado en los primeros libros bíblicos, gracias al esfuerzo de principalmente Moisés, quien se encargó de ordenarlos, prepararlos y ponerlos por escrito.

Todo eso es cierto del Pueblo de Dios. Pero ¿qué de las demás naciones, quienes no tuvieron acceso al Pentateuco por los primeros milenios de la historia humana? Es enteramente plausible y coherente que Dios haya colocado estas “lumbreras” como “señales” en los cielos para “declarar la gloria de Dios”, constituyendo así una evidencia inequívoca de la autoría divina de los cielos y la tierra.

Si un indígena precolombino o un bárbaro chino se hubiera puesto de pié y mirado al cielo preguntándose cómo todo eso pudo haber aparecido, debió tener “señales” en estos signos celestiales para saber que un Creador/Diseñador era el responsable.

El Protoevangelio y los signos zodiacales

En Génesis 3.14-19 encontramos un mensaje que ningún padre debió esconder a sus hijos. Dios castigó al hombre, a la mujer y a Satán. Pero a Satán le advirtió la llegada eventual de “la semilla de la mujer” quién lo derrotaría y al hacerlo retornaría a la raza humana a su lugar ante Dios. A esta “semilla” la conoció el mundo pre y post diluviano como el “Redentor” (Job 19.25) o como el “Mesías” (en Hebreo “Escogido/Prometido”). Este mensaje sobrevivió el diluvio, la confusión lingüística de Babel y otras grandes catástrofes subsecuentes al Diluvio de Noé. ¿Por qué? ¡Porque tal vez estaba indeleblemente escrito en los cielos para todos los pueblos de la tierra!

Es extremadamente curioso notar que las más importantes de las constelaciones, las doce que vienen mes tras mes, “a su tiempo”, siguiendo la ruta eclíptica del sol, han sido reconocidas como las mismas por todas las naciones, desde el inicio de la historia humana, hasta hoy día.

Las mismas figuras, con un mensaje distorsionado

Aunque claramente el Diablo ha tergiversado el mensaje, si analizamos bien lo que todavía sobrevive del significado de estos signos zodiacales, podemos notar temas claramente bíblicos en ellos.

Signo Tema
Virgo. La Virgen La semilla prometida a la mujer
Libra. Las balanzas Las balanzas de la justicia divina
Escorpión. El escorpión Herida contra la semilla prometida a la mujer
Sagitario. El arquero Corrupción de la raza humana debida a los demonios
Capricornio. La cabra-pez Maldad total de la raza humana
Acuario. El que vacía el agua Destrucción del mundo original por medio de agua
Piscis. Los peces Aparición del pueblo verdadero de Dios
Aries. El carnero Sacrificio del Sustituto Inocente por los pecados humanos
Tauro. El toro Resurrección del cordero inmolado como un poderoso toro
Géminis. Los mellizos La naturaleza doble (humana/divina) del Rey prometido
Cáncer. El cangrejo Reunión de todos los redimidos de todas las épocas
Leo. El león Destrucción de la serpiente antigua por parte del gran Rey

Aunque las deducciones (o especulaciones, si así usted prefiere juzgarlas) no resulten ser correctas, hoy día no nos afectaría tanto malinterpretar el verdadero significado de estas “señales”, ya que aunque sí fue de vital importancia para el mundo antiguo, hoy ya contamos con una historia sólidamente sometida al escrutinio científico, de la existencia, ministerio, muerte, resurrección y ascensión del “Redentor”… ¡Aleluya!

La Biblia nos dice que el día del juicio nadie, absolutamente nadie tendrá excusa por no haber visto “la gloria de dios”, y al “creador/redentor” en la creación. ¡Es que Dios es tan exquisitamente justo, que no dejó a las naciones de la tierra sin testigo! Ahí siempre estuvo… un testigo gigantesco de la creación y planes de redención del Creador.

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JOB – “PRINCIPIOS PARA DESARROLLAR LA INTEGRIDAD”

19 Mar

JOB – “PRINCIPIOS PARA DESARROLLAR LA INTEGRIDAD”

Edwin Kako Vazquez

Edwin Kako Vazquez

Allí estaba Job, el hombre recto, temeroso, íntegro, cabal, poseedor de grandes riquezas delante de los ojos de Dios. Sin embargo, no imaginaba que todo aquello se convertiría en pena y desgracia cuando el maligno obtuvo permiso de Jehová para disolver sus posesiones. Antes de continuar con el relato debemos tener claro cuanto poseía Job, tenía siete mil ovejas, tres mil camellos, quinientas yuntas de bueyes, quinientas asnas, una gran cantidad de servidumbre y era el hombre más importante de Oriente.

Hombre que gustaba de celebrar banquetes a los cuales invitaba a sus tres hermanas comer y beber con ellos siempre con la mirada puesta en Jehová. Tenía por costumbre purificar a los suyos levantándose de madrugada a ofrecer holocaustos pues pensaba: “No vaya a ser que mis hijos hayan pecado y maldecido a Dios en su corazón”. Este era Job amigos lectores, un caballero de caballeros, no obstante, encarnaría la figura del justo que sufre, en otras palabras su razón de ser es la versión más impresionante de la encarnación del sufrimiento físico, moral y espiritual.

Observamos entonces el poder absoluto que Dios tiene sobre todas las cosas, y el Satán no podía atacar a Job sin su consentimiento. De buenas a primeras el sufrimiento de Job era inmerecido pues no existían hechos que lo recriminaran ante los ojos del creador. En un abrir y cerrar de ojos su vida se convirtió en un desastre recibiendo una descarga de calamidades, pero, su resignación ante el Supremo lo llevaron a exclamar: “Jehová dio, Jehová ha quitado: sea bendito el nombre de Jehová” (Job 1:21).

Pero sus calamidades toman otro giro cuando el maligno está nuevamente reunido ante Jehová y le replica con aires de maldad: “Estoy convencido de que si la salud física de tu varón es tocada su fe se estrellará en el abismo. Vemos como el ataque de Satán es persistente y puesto al ruedo proponiendo unas aberraciones infestadas de sufrimiento y martirio. Por ejemplo, replicaba “Piel por Piel”, por que todo lo que tiene el hombre lo dejará por su vida. Replicó una vez más, ” Saca tu mano, toca sus huesos y su carne y verás como te maldice a la cara.

Cuando la escena se enfoca en la tierra vemos al varón de Dios sentado sobre un motón de cenizas rascándose las llagas que lo agobiaban, su esposa mirando el quebrantamiento de fe que Satán le replica: ” !Maldice a Dios y muérete!, no obstante, no pese al mal que le aqueja, se niega a maldecir a Dios. La historia posee otras vertientes encarada en tres personajes que aparecen a escena, ellos son: Elifáz de Temán, Bildad de Suaj y Sofar de Naamat amigos de Job que vinieron a consolarlo en su real tragedia, pero su doctrina convencional no convence a Job que sigue firme sobre a roca de Dios.

Pasaron siete días y siete noches y los tres mosqueteros permanecieron al lado de su amigo que finalmente rompe el silencio. Vemos un Job que no blasfema ante Dios, pero sí, maldice su sufrimiento y reniega de haber nacido, vemos como su paciencia llega a su final. Entonces Satán se desaparece de escena luego del daño causado. No ocurre otra nueva reunión con el altísimo que esclarezca el porque le había impuesto tan dura prueba a su siervo.

Posteriormente los amigos de Job comienzan una réplica de preguntas y respuestas buscando la razón lógica de aquel tropelaje. Ellos eran hombres rectos y conocían las promesas de recompensa y las amenazas de castigo, creían con devoción que el mundo del Creador es justo y ordenado. Veamos lo que comenta Elifaz a Job: Busca dentro de tu memoria, “que inocente ha perecido” (Job 4:7), en otras palabras era un postulado que ayudaría a Job a comprender su sufrimiento e intentaría convencerlo de que su triste lamento era injustificado.

Como un juego de ping pong las preguntas y respuestas iban de un lado para otro. “Es justo ante Dios algún mortal” le preguntó Elifaz a Job, era más bien una pantomima discreta envuelta en un preambulo vicioso de tiempo y espacio catalogando unos argumentos sólidos, pero amigos, la rectitud de Job también era como el acero y sabía que su sufrimiento era inmerecido.

No obstante, Job se encontraba sin ánimo envuelto en sábanas de tristeza y le replica a sus amigos que hagan una lista de sus errores específicos en lugar de preguntas de noción incuestionable. Les dijo: Amigos míos, instrúyanme que haré silencio, díganme donde está mi falta, ohhhh, son dulces las palabras leales, pero para que sirven sus críticas.

Continuó el parlamento y los tres mosqueteros seguían defendiendo con vehemencia la justicia del sufrimiento que Dios le había impuesto a su siervo. Dos cuestionamientos se sortearon al aire de parte de Bilbad, replicó: “Es que Dios tuerce al derecho o el Omnipotente pervierte la justicia, si eres puro y recto, desde ahora velará El por tí, Job se queda pensativo y no incurre en contestación alguna puesto que está de acuerdo en el fundamento de las mismas no encontrando una real ecuación psicológica que pudiera debatirlos.

Sin embargo, la certidumbre de su inocencia iba más allá del pensamiento cifrando en entredicho la justicia divina en el mundo y replicando nuevamente que esperaba una respuesta justa de Dios. En un momento dado Job los mira fijamente y les comentan que por favor no mientan para defenderlo, aquí vemos como Job a pesar de estar pasando por el mal momento su inteligencia funciona a las mil maravillas enclavado en una retórica realista.

Aquellos hombres seguían entrelazando pensamientos y Job les dice: “Hasta cuando van a seguir afligiendo mi alma, me han acribillado, me han insultado en más de una ocasión y me han maltratado a sus anchas, pero saben algo y que este muy claro: “Es Dios el que me oprime, el que en su red me tiene preso, sin grito injuriaaaaaaaa no recibo respuestas, pido ayuda, pero no hay justicia, El ha puesto vallas en mi camino para que yo no continúe y ha puesto cerrojo a mis senderos de tinieblas”.

Esta contestación se puede palpar como una especie de mecanismo de defensa y un castigo para sus adentros buscando un alivio y consuelo hasta que viniera la resolución final que como hombre fiel a Dios sabía que en cualquier momento vendría la luz a su valle de tinieblas. Enclaustrado en palabras y connotaciones aparece un cuarto acusador llamado Eliú quien hace un resumen de los planteamientos de los anteriores en favor de la justicia de Dios.

Pero amigos, el debate de Job no era con ninguno de esos hombres, sino con el Creador por que su sufrimiento físico traspasó su tolerancia y la injusticia no obedeció los límites de su mundo físico. Otra vez el siervo de Dios aduce tenazmente a su integridad taladrando las profundidades de su ego en busca de ayuda, el conoce el poder de Dios y clama al cielo diciendo “Ohhhh, si alguien me ayudara”.

Pero Dios siempre estuvo con él y aunque anduvo en el desierto de la prueba, su clamor fue escuchado en los confines del altísimo, su respuesta se define como extraordinaria, Job sueña con una explicación clara, la solución al enigma de la injusticia y el sufrimiento humano del mundo. La Omnipotencia de Dios se revela precisamente en el hecho de que no da una explicación de esa índole, los hechos quedan sin respuestas, pero Job entonces reconoce los misterios que marcan los límites del conocimiento humano y de su existencia.

En definitiva la sazón del asunto deja unas enseñanzas que se establecen y reposan en el poder de Jehová. En el diálogo entre Dios y Job el primero le deja saber una serie de conjeturas de su majestuosidad como creador del mundo y de su propia vida. Pero la respuesta de Job todavía sigue siendo integra después de su sufrimiento: “Se que todo los puedes, que ningún plan está fuera de tu alcance, quien é ese que enturbia mi consejo con palabras sin sentidos, así he hablado yo, incesatamente, de maravillas que me superan y que ignoro, te conocía de oídas, pero ahora te han visto mis ojos, por eso me retracto y me arrepiento cubierto de polvo y ceniza.

El epílogo del relato se pone más interesante al final cuando Jehová se dirige a Ellifaz y le replica: “Estoy irritado contigo y contra tus dos amigos por que no le hablaron bien de mi a mi siervo, ahora bien, buscaran siete becerros y siete carneros y los presentaran a mi siervo Job y lo ofrecerán en holocausto por ustedes. De esta manera mi siervo intercederá por ustedes y en consideración a él no los voy a castigar a pesar de lo que hicieron, los tres hombres Elifaz de Temán, Bildad Suaj y Sofar de Naamat se marcharon a hacer lo que Dios le había ordenado y Dios escuchó la suplica de Job.

Bendito sea Dios, Bendito sea Dios, luego de todo lo que sufrió Job, su prosperidad fue devuelta luego de haber intercedido por sus amigos, todo le fue duplicado. Ahora amigo lector los invito a la casa de Job para celebrar junto a él, no quiero fotos, ahí llegan sus hermanos y hermanas, muchos conocidos, que gran banquete, junto a ellos consolemos a este varón por su gran desgracia, cada uno le ha traído un anillo de oro y monedas de plata, nosotros amigos lectores le regalaremos nuestro entendimiento, que gran final amigos, la gloria sea para Dios. Miren al campo, la bendición fue grande catorce mil ovejas, seis mil camellos, mil yuntas de bueyes y mil asnas, también tuvo siete hijos y tres hijas, no hubo en aquel país mujeres tan bellas como las hijas de Job.

LUEGO DE LA TORMENTA VIENE LA CALMA, NUNCA DUDES DE DIOS, SE INTEGRO EN LA PALABRA Y LAS PROMESAS DEL SEÑOR, JOB VIVIO HASTA LA EDAD DE CIENTO CUARENTA AÑOS Y VIO A SUS HIJOS Y A SUS NIETOS HASTA LA CUARTA GENERACION, MURIO ANCIANO Y COLMADO DE DIAS.

EDWIN KAKO VAZQUEZ

HISTORIADOR CRISTIANO