Tag Archives: inteligencia

La historia de la desigualdad entre seres humanos según su inteligencia (II)

22 Feb

11:44 21/02/2010,

La mayoría de nosotros se ha sometido alguna vez a un test de CI. Son baterías de preguntas sobre distintos tipos de tareas, sobre ordenar conceptos, completar sucesiones de números, componer figuras geométricas, etcétera.

El test estándar de cociente intelectual es el de Binet-Simon.

En la anterior entrega de esta colección de artículos sobre la inteligencia decíamos que Lombroso asoció genialidad con locura. Algo que fue refutado empíricamente en los años 1920. Para ello, Terman, un investigador norteamericano, sometió a pruebas de larga duración a personas que habían obtenido una puntuación superior a 140 en un test de CI.

La conclusión fue que la mayoría de los superdotados eran, respecto a las personas de cociente intelectual medio, más equilibradas psíquicamente e incluso más sanos físicamente.

Sigue leyendo

Anuncios

La historia de la desigualdad entre seres humanos según su inteligencia

21 Feb

A veces me sorprende la protección que dispendiamos a determinados colectivos y, por el contrario, cómo nos despreocupamos de otros. Por ejemplo, está prohibidísimo decir algo que minusvalore a una mujer o a un grupo étnico.

Pero nadie se escandaliza si se discrimina a un calvo, o al que sostiene una opinión distinta a la corriente mayoritaria y buenrollista.

Me explico: un empresario será socialmente estigmatizado si se niega a contratar a una mujer porque, a su juicio, le resulta menos rentable. Pero nadie defenderá ni impulsará cuotas de contratación para calvos, gordos o cualquier otro rasgo que el empresario considere poco rentable (si es calvo, no da buena imagen, si es gordo, será un vago, etc.).

Si alguien “cree” que eres tonto y no cuenta contigo, puede ser más o menos censurado. Si “cree” que eres tonto porque eres inmigrante, mujer o beato (o ateo, que no enfade nadie: el presidente deEEUU nunca podría declararse ateo) entonces a todas luces es censurable. No importa las razones que arguyas para declarar tonto a uno, aunque sean completos juicios sesgados. Pero si la razón es ser lo anteriormente dicho, entonces es censurable sin discusión.

¿Y si se demostrara que los negros, o los blancos, son más ineficaces para determinados trabajos?Probablemente se censuraría esa evidencia y se reclamaría igualdad. Pero ¿esa igualdad también acarrearía el contratar a personas que, según un test discutible, tienen un CI bajo o unas habilidades supuestamente incompatibles con al empresa? Probablemente no. Se protege a la etnia, o al sexo, o a la ideología, pero no al individuo per se y a otros muchos de sus rasgos que lo conforman como individuo.

No me quiero meter en el jardín de determinar qué es lo correcto y qué no. Sólo trato de evidenciar que, en el tema de la desigualdad entre personas, nada es tan claro como parece. Así pues, ¿por qué existen estas confusiones, contradicciones o miedos al respecto?

Básicamente hay dos motivos que chocan entre sí: por un lado, somos desiguales pero no existe una forma única ni generalmente fiable de establecer en qué, por qué ni para qué. Por el otro lado, la naturaleza del ser humano está fuertemente predeterminada para discriminar a los que no se encuentran dentro de su grupo, a los extraños, a los diferentes, a los desiguales (según su propio y sesgado criterio).

Ello resulta tan natural como tener miedo a la oscuridad o predilección por los alimentos dulces. Si conseguimos eliminar una diferencia, no dudéis que enseguida nos empecinaremos en buscar otras para justificar nuestras reservas.

Así es como podría resumirse la historia de la desigualdad entre seres humanos según uno de los rasgos más difíciles de medir (y por ello tan susceptible a la demagogia): la inteligencia.

Empecemos a contar su historia.

Debemos remontarnos a 1864, año de la publicación del libro Genio y locura. Su autor, Cesare Lombroso, un médico y criminalista que creyó que la fisonomía de nuestra cara refleja si somos malas o buenas personas, por ejemplo, fue uno de los primeros interesados en investigar a los individuos superdotados. Su tesis era simple: existe una relación entre genio y locura. O dicho de otro modo: demasiada inteligencia resulta negativa para nuestra cordura.

La tesis era tan sencilla que algunos investigadores norteamericanos se esforzaron por determinar de manera más exacta los factores responsables de la inteligencia para intentar medirlos después.

Así nació el CI, el cociente intelectual.

Partiendo de un promedio de 100, por debajo se sitúa a la mitad menos inteligente de la sociedad. Por encima, la más inteligente. La curva de distribución es simétrica. Por ello también se habla de una “curva de campana”.

Uno de los libros más controvertidos sobre el tema, que se inclina por el carácter hereditario de la inteligencia, se titula precisamente así: The Bell Curve, de Herrnstein y Murray.

En la próxima entrega de esta serie de artículos sobre la inteligencia seguiremos relatando su fascinante historia.

Vía | Cultura de Dietrich Schwanitz

visto en Genciencia

El geniómetro: ¿Quién mide a los súper inteligentes?

21 Feb

Escalas de prestigio

El geniómetro:
¿Quién mide a los súper inteligentes?

(IAR Noticias) 21-Febrero-2010

Hay una selecta especie de seres tocados por la varita mágica de la “inteligencia superior”. Son los “genios” súper inteligentes, una rara especie de “elegidos” que transitan, casi sin tocar el suelo, por escalas de “prestigio” que rozan la divinidad.

Por Manuel Freytas (*)
manuefreytas@iarnoticias.com

Así como hay “ídolos” de cualquier rama de la farándula, “líderes” de diversos extractos de la actividad del sistema, también existen los “genios” SÚPER INTELIGENTES, una rara especie de elegidos todo terreno, tocados por la varita mágica de la “inteligencia” y de la “creación” superior.

A diferencia de los “ídolos” y de los “líderes” políticos (emergentes genuinos de la alienación de las masas) los “genios” súper inteligentes solo nacen y se procrean en los ámbitos cerrados y exclusivos del cultismo académico.

Son productos originales (y beneficiarios) de una “escala de prestigio” sólo conferida a nivel estatutario a los seres de “inteligencia superior”.

Un “genio” súper inteligente es, antes que nada, eso, una muestra acabada de “inteligencia superior” llevada a su máximo desarrollo y nivel de expresión por el aparato de valoración cultural del sistema .

Así como los “ídolos” de la farándula generalmente terminan su existencia por ingesta de alcohol o sobredosis de cocaína, los “genios” se retiran de este mundo con una montaña de trofeos académicos y de títulos honoríficos que (lamentablemente) no caben en su féretro.

De acuerdo con una definición de Wikipedia, “El genio se relaciona con la inspiración y la creatividad. La actividad creadora es posible cuando la inteligencia y la conciencia se unen, y el ser humano materializa algo que expresa el poder creador de la inteligencia”.

De acuerdo con otra definición, “Genio es la expresión de la conciencia en alguna actividad creadora que revela un campo de significación. Se consideran genios a aquellos que sobresalen sobre sus semejantes y producen cosas superiores en su propio campo”.

La “teoría triárquica” de la inteligencia fue desarrollada por Robert J. Sternberg, y de acuerdo con la escala de medición del cociente intelectual propuesto por él, es genio el que obtenga un puntaje igual o superior a 160.

¿Y quién mide y valora a los que miden y sistematizan el coeficiente intelectual?

Según la definición más clásica, Inteligencia (del latín intellegentĭa) es la capacidad de entender, asimilar, elaborar información y utilizarla adecuadamente. Está íntimamente ligada a otras funciones mentales como la memoria, y la capacidad de almacenar datos para luego procesarlos en función de objetivos relacionados con el entorno y la supervivencia social en escala conciente.

En consecuencia, la inteligencia, es, en primer término, una herramienta de supervivencia y de adaptación funcional al entorno medio ambiental en el que se desarrolla un ser humano.

O sea que, independientemente de la formación cultural, la inteligencia conciente es, antes que nada, una herramienta de supervivencia práctica que se desarrolla en el proceso de adaptación del humano al entorno natural y al medio social.

En otras palabras, no necesitamos ir a ninguna universidad para ser inteligentes. Todas los seres humanos (de no mediar una patología congénita) vienen dotados de un sistema de inteligencia natural que pueden desarrollar en el curso de su experiencia vivencial en el entorno social que le tocar vivir.

¿Y porqué los genios sólo surgen de las universidades del sistema?

¿Porqué la entidad “inteligencia superior” sólo se otorga a personas “cultas” señalizadas como “intelectuales?

¿Y porque, de acuerdo con la reglas de valoración del sistema, son considerados inteligentes solo aquellos que pertenecen a una determinada clase social y están insertados en carreras profesionales o universitarias?

¿Porqué en la lista de “genios” no figuran ningún marginal social o gente sin ilustración del pueblo raso?

Y si la inteligencia, antes que por valores culturales, se define por la capacidad de almacenar y procesar información con un propósito de supervivencia y adaptación ¿Porqué ninguno de los líderes revolucionarios que trasformaron estructuras y sociedades completas no figuran en ninguna galería académica de “genios” súper inteligentes?

¿No era que la inteligencia se mide por la capacidad de resolver problemas y transformar el entorno en base al procesamiento de la información y la toma de decisiones?

¿O es que acaso se necesita ir una universidad para procesar información inteligentemente y tomar decisiones en cualquier ámbito de la sociedad humana?

¿Cómo se las arreglaría para sobrevivir un “genio” súper inteligente si lo sacamos de su ámbito académico y lo metemos en una selva o en una “villa miseria” en igualdad de condiciones que el resto?

¿Se imaginan al “genio” súper inteligente Bill Gates sobreviviendo obligatoriamente con un dólar al día, en las mismas condiciones que los tres mil millones de seres humanos que viven en la pobreza o en la indigencia extrema?

¿No será que los inventores de los sistemas para “medir” inteligencia están confundiendo inteligencia con poder clasista y hegemonía económica y cultural?

¿No será que están confundiendo inteligencia “genial” con cerebros adaptados y funcionales a la dominación del hombre por el hombre y al sistema de concentración de riqueza en pocas manos que controla el planeta capitalista?

¿No será que los que mensuran y valoran coeficiente y capacidad intelectual son los mismos que dividieron el planeta por las líneas demarcatorias de “civilización” y “barbarie”, donde los “civilizados” son los dominadores y los “bárbaros” los dominados?

¿No será que están confundiendo capacidad inteligente de adaptación y supervivencia al medio social, con capacidad de inserción en la pirámide gerencial del sistema que maneja el mundo en carácter de “civilización superior”?

¿No será que los dueños del “geniómetro” son los mismos que controlan a punta de pistola nuclear los mercados, los recursos naturales y las economías del mundo?

La lista de preguntas puede seguir hasta el infinito.

Consíganse, si pueden, algún “genio” súper inteligente y traten de estudiar su cerebro.

A lo mejor descubren que está programado por Dios.

(*) Manuel Freytas es periodista, investigador, analista de estructuras del poder, especialista en inteligencia y comunicación estratégica. Es uno de los autores más difundidos y referenciados en la Web.
Ver sus trabajos en Google y en IAR Noticias

fuente: http://www.iarnoticias.com/2010/secciones/contrainformacion/0018_quien_mide_superintelig_20feb2010.html

Inteligencia

24 Oct

Inteligencia

Inteligencia (del latín intellegentĭa) es la capacidad de entender, asimilar, elaborar información y utilizarla adecuadamente. Es la capacidad de procesar información y está íntimamente ligada a otras funciones mentales como la percepción, o capacidad de recibir dicha información, y lamemoria, o capacidad de almacenarla.1
El Pensador, de Auguste Rodin. 

El Pensador, de Auguste Rodin.

Etimología  

La palabra inteligencia es de origen latino, intelligentĭa, que proviene de inteligere, término compuesto de intus “entre” y legere “escoger”, por lo que, etimológicamente, inteligente es quien sabe escoger. La inteligencia permite elegir las mejores opciones para resolver una cuestión.

La palabra inteligencia fue introducida por Cicerón para significar el concepto de capacidad intelectual. Su espectro semántico es muy amplio, reflejando la idea clásica según la cual, por la inteligencia el hombre es, en cierto modo, todas las cosas.2

Definir la inteligencia 

Definir qué es la inteligencia es siempre objeto de polémica; las definiciones de inteligencia pueden clasificarse en varios grupos: las psicológicas, mostrando la inteligencia como la capacidad cognitiva, de aprendizaje, y relación; las biológicas, que consideran la capacidad de adaptación a nuevas situaciones; las operativas, etc. Además, el concepto de inteligencia artificial generó hablar de sistemas, y para que se pueda aplicar el adjetivo inteligente a un sistema, éste debe poseer varias características, tales como la capacidad de razonarplanear, resolver problemas, pensar de manera abstracta, comprender ideas y lenguajes, y aprender.

Tal diversidad indica el carácter complejo de la inteligencia, la cual sólo puede ser descrita parcialmente mediante enumeración de procesos o atributos que, al ser tan variados, hacen inviable una definición única y delimitada, dando lugar a singulares definiciones, tales como: «la inteligencia es la capacidad de adquirir capacidad», de Woodrow, o «la inteligencia es lo que miden los test de inteligencia», de Bridgman.

Ámbito psicológico  

Definiciones 

Las definiciones psicológicas han sido elaboradas bajo diversas perspectivas:

Definición diferencial de la American Psychological Association 

La American Psychological Association (APA), una organización científica y profesional de psicólogos de EEUU, lo expuso así:3

Los individuos difieren los unos de los otros en habilidad de comprender ideas complejas, de adaptarse eficazmente al entorno, así como el de aprender de la experiencia, en encontrar varias formas de razonar, de superar obstáculos mediante la reflexión. A pesar de que estas diferencias individuales puedan ser sustanciales, éstas nunca son completamente consistentes: las características intelectuales de una persona variarán en diferentes ocasiones, en diferentes dominios, y juzgarán con diferentes criterios. El concepto de “inteligencia” es una tentativa de aclarar y organizar este conjunto complejo de fenómenos.

Definición general del Mainstream Science on Intelligence 

Definición que fue suscrita por cincuenta y dos investigadores en 1994:4

Una muy general capacidad mental que, entre otras cosas, implica la habilidad de razonar, planear, resolver problemas, pensar de manera abstracta, comprender ideas complejas, aprender rápidamente y aprender de la experiencia. No es un mero aprendizaje de los libros, ni una habilidad estrictamente académica, ni un talento para superar pruebas. Más bien, el concepto se refiere a la capacidad de comprender nuestro entorno.

Teorías

A finales del siglo XX surgen varias teorías psicológicas que cobran gran celebridad: la Teoría de las inteligencias múltiples, la Teoría triárquica de la inteligencia y la que trata de la Inteligencia emocional.

Inteligencias múltiples 

Howard Gardner, psicólogo norteamericano de la Universidad de Harvard, escribió en 1983 “Las estructuras de la mente”, un trabajo en el que consideraba el concepto de inteligencia como un potencial que cada ser humano posee en mayor o menor grado, planteando que ésta no podía ser medida por instrumentos normalizados en test de CI5 y ofreció criterios, no para medirla, sino para observarla y desarrollarla.

Según Howard Gardner, creador de la Teoría de las inteligencias múltiples, la inteligencia es la capacidad para resolver problemas o elaborar productos que puedan ser valorados en una determinada cultura. Propuso varios tipos de inteligencia, igual de importantes:

Caracteriza a escritores y poetas. Implica la utilización de ambos hemisferios cerebrales.
Es fundamental en científicos y filósofos. Al utilizar este tipo de inteligencia se hace uso del hemisferio lógico.
Era la predominante en la antigua concepción unitaria de “inteligencia”.
Es el talento de los músicoscantantes y bailarines. Es conocida comúnmente como “buen oído”.
  • Inteligencia espacial: la capacidad en aspectos como: color, línea, forma, figura, espacio, y sus relaciones en tres dimensiones.
Esta inteligencia atañe a campos tan diversos como el diseño, la arquitectura, la ingeniería, la escultura, la cirugía o la marina.
Es el talento de los actoresmimos, o bailarines. Implica a deportistas o cirujanos.
No está asociada a ninguna actividad concreta.
Es típica de los buenos vendedorespolíticosprofesores o terapeutas.
También es denominada Inteligencia emocional.

Posteriormente añadió:

Los biólogos y naturalistas son quienes más la desarrollan.
  • Inteligencia existencial: la capacidad para situarse a sí mismo con respecto al cosmos.
Requiere de un estudio más profundo para ser caracterizada como inteligencia.

La crítica más común es que la inteligencia musical y la cinestésica no muestran inteligencia, sino talento.

Triárquica de la inteligencia 

Robert J. Sternberg, psicólogo estadounidense profesor de la Universidad de Yale, en su Teoría triárquica de la inteligencia de 1985, estableció tres categorías para describir la inteligencia:

  • Inteligencia componencial-analítica: la habilidad para adquirir y almacenar información.
  • Inteligencia experiencial-creativa: habilidad fundada en la experiencia para seleccionar, codificar, combinar y comparar información.
  • Inteligencia contextual-práctica: relacionada con la conducta adaptativa al mundo real.

Inteligencia emocional 

Daniel Goleman, psicólogo estadounidense, publicó en 1995 el libro Emotional Intelligence, “Inteligencia emocional“, que adquirió fama mundial, aunque fueron Peter Salowey y John D. Mayer los que acuñaron la citada expresión “Inteligencia emocional”, en 1990. Anteriormente, el psicólogo Edward Thorndike, había manejado un concepto similar en 1920, la “Inteligencia social”.

Para Goleman la inteligencia emocional es la capacidad para reconocer sentimientos propios y ajenos, y la habilidad para manejarlos. Considera que la inteligencia emocional puede organizarse en cinco capacidades: conocer las emociones y sentimientos propios, manejarlos, reconocerlos, crear la propia motivación, y manejar las relaciones.

Intentos de medir la inteligencia 

A pesar de la gran variedad de conceptos que surgen en torno al término inteligencia, el más influyente, cuando se trata de evaluarla, es elcociente intelectual de los individuos, calculado en los test psicométricos –y sobre el que han aparecido multitud de publicaciones científicas.

La psicometría 

La psicometría es la disciplina que se encarga de las mediciones psicológicas. Los primeros trabajos de psicometría surgieron para evaluar la inteligencia mediante diversos test que miden el cociente intelectual y que se correlacionan entre sí, en gran medida.

La opinión tradicional es que estos test miden el “factor general de inteligencia“, o factor g, definido por Charles Spearman en su Teoría bifactorial de la inteligencia; éste factor se determina comparando el rendimiento del sujeto con el obtenido por su grupo de referencia, en condiciones similares.

Controversias 

Los test para evaluar el cociente intelectual fueron empleados, inicialmente, para predecir el rendimiento escolar. Los creadores no creyeron que estuvieran midiendo una inteligencia estática y, a pesar de ello, los críticos argumentan que los test de inteligencia han sido empleados para justificar teorías genéticas en las que la inteligencia sería una cualidad única y fija. 6

Las investigaciones acerca de la inteligencia humana crean gran preocupación en el público y generan críticas, más que los estudios científicos de otras áreas. Así, hay numerosos estudios que han puesto en tela de juicio la relevancia de los test psicométricos. Hay controversias sobre los factores genéticos en la inteligencia, particularmente en cuestiones sobre si estas diferencias se relacionan con la raza y el género, o cómo interpretar el incremento en las puntuaciones de los test, conocido como el efecto Flynn.

Los críticos de la visión psicométrica señalan que la gente tiene un concepto distinto de inteligencia al que se mide en los test. Argumentan que esta visión sólo mide una parte de lo que comúnmente se entiende por inteligencia. Además, cuando se realiza un test, hay diversas circunstancias que que influyen en el resultado, como el estado de ánimo, la salud, o el conocimiento previo de pruebas similares. Stephen Jay Gould ha sido una de la voces más críticas de los test de inteligencia; argumenta que esta no es mensurable y también rebate los puntos de vista hereditarios.

Sociedades de superdotados en el mundo 

Las asociaciones de superdotados son organizaciones que limitan la membresía a personas que hayan alcanzado un determinado percentil en un test de CI, lo cual incluiría en teoría a las personas con mayor CI del mundo. La asociación más antigua, más grande y mejor conocida de este tipo, es Mensa Internacional, fundada en 1946 por Roland Berrill y Dr. Lancelot Ware.7

Teoría de la emergencia evolutiva 

Desde el punto de vista de la evolución biológica, existe un largo proceso de adquisición de facultades asociadas a las diversas inteligencias. En la naturaleza observamos su diversidad y complejidad, mostrando los distintos grados.

Evidencias 

La naturaleza no desarrolla formas de vida inteligentes por premeditación; los seres más simples reaccionan ante el medio mediante programación genética, miedos y afinidades instintivas. Un pequeño cambio en estos instintos supone muchas generaciones. La selección natural ha favorecido la rapidez en la adaptación al medio. Esta criba de seres vivos ha dejado como seleccionados a aquellos que disponen de un sistema nervioso central como los seres superiores dentro de la escala trófica de alimentación. Dentro de esta escala, la selección ha dejado en la cumbre a aquellos que disponen de un sistema nervioso central con cerebro e identidad de individuos. Esta disposición del sistema nervioso les hace capaces de administrar en mayor o menor medida sus comportamientos, aprendiendo y reaccionando en consecuencia, esto es, con inteligencia, un resultado consecuente del ahorro energético que supone memorizar y recordar para luego aplicar resultados.

La inteligencia no es una cualidad únicamente humana (solipsismo humano), en mayor o menor medida, todos los seres vivos la tienen, basada en las hormonas, visceralidad, el sistema nervioso periférico o el central, incluso con zonas específicas del sistema nervioso centralpara procesos concretos. Muchos animales tienen signos claros de inteligencia instintiva, e incluso pueden lograr algunas etapas racionales primarias bajo entrenamiento. Algunos casos de animales domésticos que se antropizan pueden llegar a adquirir algunos rasgos de inteligencia racional.

Grados 

Las distintas cualidades psíquicas y sus distintos grados de desarrollo pueden considerarse como las distintas formas de inteligencia, utilizadas para un uso práctico, lúdico o perverso, pero en todos los casos, inteligencia.

La naturaleza nos muestra que la inteligencia es una cuestión de grado; podemos encontrar rasgos inteligentes en aquellas situaciones en el que el ecosistema alberga sistemas biológicos capaces de ahorrar energía frente a otras alternativas más costosas. El hecho de encontrar el camino más corto entre dos puntos, es una muestra de que se está aplicando algún tipo de lógica, cuyo procesamiento da evidencias de un grado de inteligencia.8

La inteligencia depende de las variaciones del sistema, que se sujeta a la teoría general de sistemas, estableciendo una lógica y, a su vez, la lógica depende de un diferencial. En la naturaleza encontramos constantes indicios de diferenciales. Las unidades biológicas reactivas ante la variación de los diferenciales del medio, se podrían catalogar como unidades de funcionamiento condicionado o lógico. En otras palabras, ante una variación concreta de un valor del medio, esa unidad biológica actuará siempre de la misma manera. Se puede decir, que la unidad de la inteligencia es la lógica, que a su vez se basa en la termodinámica del medio, o sea algo totalmente natural.9

Inteligencia primaria 

El grado mínimo de inteligencia se le otorga al Moho Mucilaginoso, que está en la frontera de hongo y animal (micólogos y zoólogos no se ponen de acuerdo). Dentro de esta categoría aun se distinguen dos grupos: los plasmodiales y los celulares.

Se han realizado en Japón experimentos con Physarum Polycephalum.10 Estos plasmodiales son organismos unicelulares con múltiples núcleos que son capaces de encontrar el camino más corto en un laberinto. Es el mejor ejemplo de procesamiento de información sin poseer un sistema nervioso.

Inteligencia humana 

Sólo a partir de Darwin se ha comprendido que no somos la especie elegida, sino una especie única entre otras muchas especies únicas, aunque maravillosamente inteligente.11

Desarrollo de la inteligencia

La pedagogía es la ciencia que estudia la educación humana y elabora técnicas que faciliten el aprendizaje; los pedagogos muestran gran interés en los diferentes aspectos relacionados con la inteligencia y sus factores condicionantes, tanto psicológicos y biológicos como socio-culturales. Algunos de estos condicionantes son:

  • Factores hereditarios: el carácter hereditario no significa una relación lineal ni que se encuentre predeterminado. La combinación de genes ofrece multitud de posibilidades. Estudios realizados con gemelos idénticos (monocigóticos) y mellizos (dicigóticos) ayudan a establecer estas diferencias.12 Es un factor más, no determinante.
  • Otros factores biológicos: la migración de mayor densidad de neuronas especializadas en almacenar conocimiento, desde el tronco encefálico hacia la corteza cerebral, crea conexiones sinápticas más entrelazadas en los primeros meses de vida.
  • Factores ambientales: el entorno del individuo es crucial para el desarrollo de la inteligencia; situaciones muy opresivas pueden limitarla al generar inestabilidad emocional. El medio sociocultural es muy importante en el desarrollo intelectual de un individuo. Un sujeto que crezca en un ambiente con adecuados estímulos cognitivos puede desarrollar mayores aptitudes intelectuales frente a un sujeto que se críe en un ambiente con pobreza de estímulos (Véase: Kaspar Hauser).
    • Educación: una educación esmerada puede proporcionar valiosas herramientas para desenvolverse.
    • Motivación: un individuo puede desarrollar mejor su inteligencia si es motivado por su familia o personas de su entorno a mejorar su percepción cognitiva.
    • Hábitos saludables: una dieta sana genera mejores condiciones para desarrollarse. Dormir adecuadamente facilita el desarrollo de los procesos cerebrales. El alcohol y otras drogas pueden llegar a incapacitar al individuo.

Principio de lateralidad 

R. Sperry neurofisiólogo, ha realizado estudios que muestran que nuestros dos hemisferios cerebrales se nutren de las mismas informaciones básicas, pero que las procesan de forma distinta. Cada uno de nosotros tiene un hemisferio dominante (predisposición genética), bien sea el derecho (especializado en intuir motivaciones propias) o el izquierdo (especializado en el análisis y las ambiciones). Se puede decir que el mayor grado de integración de los hemisferios es la capacidad de analizar las intuiciones, dando como resultado una proyección especulativa de comportamientos en personalidades ajenas a la nuestra.

A este mismo principio, se le une la capacidad de integrar las distintas inteligencias en una única solución. Admitiendo la existencia de todas las inteligencias en todos los seres humanos, estas emergerán tanto en cuanto el medio así lo favorezca; las que no emergen se asumen como carga para el sistema nervioso del individuo que no es capaz de llevar ‘la carga a buen puerto’, y por lo tanto, dentro del sistema de selección, tiene menos posibilidades para dejar descendencia, extinguirse su linaje, y él como individuo.

Véase también 

Referencias y notas 

  1.  Manual de psiquiatría médica (2ª ed.), de Jefferson, J. y Moore, D.
  2.  (Aristóteles, De anim. III, 8) Inteligencia. Psicología. Enciclopedia GER.
  3.  APA Task Force Report, Intelligence: Knowns and Unknowns.
  4.  Mainstream Science on Intelligence reprinted in Gottfredson (1997). Intelligence p. 13.
  5.  El cociente de inteligencia es un índice que pretende establecer la relación entre la edad mental y la edad cronológica.
  6.  The myth of intelligence. The Psychological Record, vol. 53, 2003.
  7.  Percival, Matt (2006-09-08). Consultado el 2006-09-26.
  8.  Eduardo Punset, El viaje a la felicidad.
  9.  Eduardo Punset. Como crear un superorganismo. Redes.
  10.  Cellular memory hints at the origins of intelligence
  11.  J. L. Arsuaga, I. Martinez. La especie elegida, 1998, Ed. Temas de hoy, pag. 336.
  12.  Mientras en gemelos el grupo sanguíneo es igual (100%), en mellizos es el 66%. El color de los ojos 99% y 28%.
Fuentes Consultadas
  • Punset, Eduardo. (2006) El viaje a la felicidadLas nuevas claves científicas. Ed. Destino. Octava Edición. ISBN 84-233-3777-4.
  • Lederman, Leon M. y Hill, Christopher T. (2006) La simetría y la belleza del universo. Ed. TusQuets. 1ª Edición. Patrocinado por Cosmo Caixa – Fundación la Caixa. Colección Metatemas. ISBN 84-8310-351-6.
Bibliografía de referencia
  • Gardner, Howard (2003) Inteligencias múltiples, Paidos, ISBN 950-12-5012-1.
  • Sternberg, R. J. (1985) A Triarchic Theory of Intelligence. Cambridge University Press.
  • Goleman, Daniel (1996) Inteligencia emocional. Kairos. Barcelona.
  • Bonner, John T. (1980) The evolution of Culture in Animals. Princenton University Press.
  • En español: Bonner, John T. (1982) La revolución de la cultura de los animales, Alianza Editorial.

Enlaces externos 

Wikipedia

Una vez cada 68 millones de años

3 Oct
Ariel Torres | Ver perfil
La compu

Una vez cada 68 millones de años

Viernes 26 de setiembre de 2008 | Lanacion.com.ar

 

El concepto de inteligencia se nos viene escapando de las manos desde que somos… bueno, inteligentes. Le hemos puesto números y adjetivos, pero hoy sabemos que ser inteligente es tan relativo como ser bello. Quizá por eso, los griegos, usualmente sabios en estos menesteres, usaban la palabra kalós para referirse a alguien o algo que no sólo era bello, sino también justo. De hecho, nada podía ser bello sin ser bueno y justo al mismo tiempo.

Enfoques filosóficos aparte, ¿es más inteligente un sujeto analítico y profundo que, sin embargo, en una situación de crisis pierde la cabeza, o lo es aquel que, sin darles tantas vueltas a las cosas, más superficial y a veces hasta pueril, se mantiene firme en medio del desastre? ¿Es más inteligente el que huye y sobrevive o el que enfrenta y perece? ¿Quién es más inteligente, el que tras un día negro te da buenos consejos o el que te da un abrazo silencioso? ¿Puede la inteligencia juzgarse a sí misma? ¿Es inteligente hacer estas preguntas? ¿Siempre ser inteligente es ser inteligente, o a veces es una tontería el serlo, y por lo tanto hay veces que ser inteligente es igual a no ser inteligente?

Por fortuna, no tengo respuestas para esto. O, lo que es más probable, no soy lo bastante inteligente.

Pero al mirar las tablas con las velocidades estimadas de las computadoras (y, para el caso, de todos sus derivados, como celulares, reproductores de MP3 y cámaras digitales), es posible sacar una conclusión: ser rápido no es ser inteligente. A lo sumo es ser ingenioso. Una vez me dijeron una frase interesante, que viene a cuento: “Ingenioso es aquel que sabe salir de las situaciones en las que el inteligente nunca se hubiera metido“.

Medir la velocidad intelectual de una persona es tan difícil como trivial. Medir la velocidad de una computadora es más sencillo. Si bien hay mucha polémica al respecto, en última instancia estamos evaluando el número de cálculos que hace un chip, o cuántas instrucciones es capaz de ejecutar en un cierto plazo.

Aparte de los famosos megahertz (MHz), que sólo consignan cuántas veces por segundo late el marcapasos del chip, existen los Mips y los Flops . Mips viene de millones de instrucciones por segundo y Flops , de operaciones de punto flotante por segundo (Floating point operations per second) . El primero mide cuántas instrucciones puede realizar un microprocesador; el otro, cuántos cálculos con números reales puede completar ese chip en un segundo; en español deberíamos decir operaciones con coma flotante.

Están tan lejos las computadoras de ser inteligentes como lo estaría una persona que sólo fuera capaz de resolver rápidamente raíces cuadradas y divisiones con coma. Esto suena a simple cháchara, otro intento fútil de defender un cerebro orgánico que, frente a la tecnología, se va quedando obsoleto.

Bueno, no. Además de que ese cerebro orgánico es el que ha diseñado al otro, al microprocesador, que de cerebro tiene poco y es más bien una supercalculadora programable, esta semana he traído también algunos números.

Dame un segundo Puesto que los chips no reflexionan ni tienen emociones, en el único punto que nos podemos comparar con ellos es en esto de ejecutar instrucciones o hacer cálculos. Grosso modo , e insisto con que medir la velocidad de las computadoras es una ciencia compleja llena de polémica, uno de los chips más rápidos para computadoras personales, el Core 2 Duo, alcanza unas 27.000 millones de instrucciones por segundo. Se estima, aunque esto es sumamente variable, que una persona puede hacer 0,0119 instrucciones por segundo usando lápiz y papel. Así que a cualquiera de nosotros nos llevaría 72.000 años hacer lo que esa PC hace en un segundo.

En cuestiones aritméticas somos todavía más lerdos. Una persona normal, se estima, tardaría un cuarto de hora en realizar una división compleja con diez dígitos significativos. Una de las más modernas tarjetas de video de ATI, la Radeon HD 4870 X2, procesa 2,4 billones de cálculos de coma flotante a cada segundo (así es, 2,4 millones de millones). Por lo tanto, para igualar lo que una placa de video hace en un pestañeo una persona necesitaría más de 68 millones de años. Si existiese alguna forma de coordinar el esfuerzo de todos los seres humanos de cualquier edad sobre el planeta, necesitaríamos 4 minutos para hacer lo que un chip del tamaño de una estampilla hace a cada segundo. Pero un segundo no es nada. Pongamos un ejemplo práctico.

Para lograr lo que esa tarjeta de video procesa en una carrera de 15 minutos del Need For Speed Pro Street , la humanidad entera debería trabajar diez años. Sin descansar, alimentarse ni dormir.

No hay duda de que si las computadoras no nos dominan es porque no tienen ganas. Literalmente.

Calculando el amor Los datos que acabo de dar tienden a ser usados para demostrar lo poderosa que es la tecnología, humillarnos con ejemplos brutales de su incomparable poder de cálculo y dejarnos claro que no porque sí Deep Blue le ganó a Kasparov en 1998. Pero creo que hay otra lectura posible.

Si a pesar de tener un chip que puede hacer más de dos billones de cuentas por segundo las tarjetas de video todavía son incapaces, no digamos ya de plantearse de dónde vienen o cuál es el secreto de la felicidad, sino de charlar con nosotros sobre nuestros gustos y tal vez recomendarnos cambiar el gamepad, porque de otro modo vamos a terminar con lesiones en las articulaciones, entonces quiere decir que no son tan rápidas. Son más bien obtusas. O, para decirlo de otra forma, sus 2,4 billones de operaciones de coma flotante por segundo son, en comparación con la potencia intelectual de una persona, una pizca insignificante de inteligencia.

Si un procesador que despacha 27.000 millones de instrucciones en un pestañeo todavía necesita preguntarnos “¿realmente quiere cerrar su sesión?” o “el archivo ha cambiado, ¿desea salvar los cambios?” significa que como un reloj, al que las horas no le interesan, pasa por la misma situación sin percatarse de nada.

Seguimos hablando de cerebros electrónicos. Pero mire: la computadora más rápida del mundo, la Road Runner de IBM, llegó a los 1700 billones de operaciones por segundo, es decir, 1,7 petaflops. Se la ha de usar para controlar el inventario nuclear de los Estados Unidos. No sabe leer ni escribir. No disfruta de la música. No le importa nada, ni deja de importarle. No pone entusiasmo en hacer lo que hace, ni tampoco todo lo contrario.

Como dije, si las máquinas no nos conquistan, es porque no tienen ganas. Ni dejan de tenerlas. Tampoco se les da bien el sentido del humor. Por ahí harían falta más transistores, más velocidad, pero a veces me gustaría que los programas se cerraran sin preguntar cuando aprieto Alt+F4 , y si pierdo algo, que la máquina me diga: “¡Ja, y vos eras el que se quejaba de que preguntábamos demasiado, cabeza de chorlito!”

Nos quieren hacer pensar -son especialmente sintomáticos esos programas de divulgación del tipo “Asómbrese con los milagros de la técnica” o “Maravillas de la industria”- que 1700 billones de operaciones de coma flotante por segundo es mucho más que lo que puede el cerebro humano. Bueno, no estoy seguro. No lo sé. No creo, en realidad.

¿Cuántas operaciones de coma flotante hacen falta para sentir piedad?

¿Y para sacrificar la vida por un ideal o por un hijo, como esa madre en el desastre aéreo del aeropuerto de Barajas, en Madrid? Y esa madre es todas las madres.

¿Cuánto poder de cálculo hace falta para sentir fe, alcanzar el satori, escribir la Divina Comedia o, sin irnos tan lejos, luchar contra las adversidades y las amarguras o, cada tanto, sentir la felicidad, que no se explica ni se deduce?

En este punto suelen decirme que estoy comparando peras con naranjas. Oh, no, no soy yo, sino los que insensatamente llaman cerebro electrónico a algo que en realidad no es sino puro músculo.

Los expertos en inteligencia artificial son más inteligentes, por fortuna. Ray Kurzweil ha dicho que para 2029 las computadoras de escritorio tendrán la misma capacidad de procesar información que los cerebros humanos, claro está que en términos de máquina. Y que podrán automejorarse hacia 2045.

El gran Alan Turing sostuvo que “si una máquina actúa con la misma inteligencia que un ser humano, entonces es tan inteligente como un ser humano”. Ha pasado medio siglo desde esa afirmación. Me temo que hoy, cuando la idea de inteligencia se ha vuelto multidimensional, Turing quizá pensaría que una máquina es tan inteligente como un ser humano sólo si se siente tan inteligente como él.

Porque tal vez, en la suma final, ser inteligente es saber que no lo sos tanto, ni lo sos siempre, y aprender a vivir con eso.

El viejo y sabio “Conócete a ti mismo”.

¿La inteligencia ayuda a ser feliz?

25 Sep

¿La inteligencia ayuda a ser feliz?

*por Noemí Carrizo,Profesora en Letras, periodista y escritora

Suplemento de La Nueva Provincia |III Columna | Domingo 13 de julio de 2008

Descargar (¿La inteligencia ayuda a ser feliz?

“Me había acostumbrado a la infelicidad y acaso no la cambiaría por la felicidad”, escribió Jorge Luis Borges. La reflexión le llegó en su madurez, cuando el éxito y el afecto colmaron sus últimos años.

Pero, al parecer, la inteligencia no ayuda a alcanzar la plenitud existencial. El escritor Ernest Hemingway, que vivió experiencias excitantes, incluso como protagonista, en epopeyas como las dos guerras mundiales y la guerra civil española, se casó’ cuatro veces, tuvo incontables amores, alcanzó fama y prestigio mundial y terminó suicidándose. Está comprobado que sacar una puntuación alta en una prueba de inteligencia -lo que implica tener un vocabulario amplio y agilidad mental- no se relaciona con la capacidad para llevarse bien con los demás. Por lo que el psicólogo Diener, de la Universidad de Illinois, afirma que lo que importa es la “inteligencia social” que abre la puerta hacia las realizaciones satisfactorias. Según algunos investigadores, Occidente no está preparado para albergar ni dar alas a las personas mentalmente dotadas, pero sí se encuentra inclinado a alentar a los atletas o figuras con destrezas físicas. Salvo los excepcionalmente brillantes, como Albert Einstein, que fue reconocido, el resto de la gente de alto nivel intelectual trabaja en empleos mediocres y lleva una vida personal oscura, cuando no desastrosa. Esto lo confirma la lista de miembros de Mensa, el club integrado por los más inteligentes del planeta. Los sistemas de educación en países cuyo fin fundamental es la acumulación de riqueza, promueven la imagen del héroe de película, excelente para la guerra o el deporte, pero no la del más esclarecido. De ahí que individuos con importantes conocimientos alcancen un bajo nivel social y profesional. Desde niños son “los raros”. Gran parte de ellos, en los últimos tiempos, son llamados geeks, personas con una gran fascinación por la tecnología y la informática. Estos jóvenes tienen una buena comunicación con otros a través de los foros, pero se inhiben en el intercambio tradicional. Aun así, son absolutamente sanos, no consumen drogas ni alcohol, y presentan niveles cognoscitivos asombrosos, Al parecer, esta manera aislada de vivir no les permite desarrollarse, desde el punto de vista social, con la misma eficiencia con que lo hacen intelectual y hasta físicamente. Su desarrollo emocional quedó paralizado al no enfrentarse en su diario vivir con situaciones y vivencias con las que sí tropiezan y deben superar el resto de las personas (amistades, primeras relaciones de pareja, altercados, problemas, alegrías, competencias, deslealtades. Los adultos que los rodean suponen que al ser superiores y eruditos pueden hacer frente a cualquier conflicto, lo que es erróneo. Sus compañeros de estudios los evitan porque los “líderes populares” señalan que hay que ignorarlos. Esto ha pasado durante siglos con los seres sobresalientes, cuando debieron afrontar una continua soledad fuera de todo homenaje, respeto o regocijo compartido. Pero parece que algo está cambiando en el siglo XXI, donde los geeks están ganando posiciones por su extraordinario potencial. Además, se destacan como modelos a seguir, ya que muchos de ellos alcanzan grandes fortunas dedicándose a la alta tecnología. ¿Cuánto dinero recibieron, por ejemplo, los que “inventaron” y vendieron YouTube? Otros de los impedimentos para la completitud existencial de estas personas es que perciben y reflexionan con mayor intensidad los dramas, tristezas, desgracias e injusticias que las rodean, sintiendo a flor de piel la tragedia humana.

Lo relevante para la felicidad es el talento para saber lo que se desea, sin tener en cuenta el estatus, sitial decisivo para estos tiempos. Según el economista Andrew Oswald, de la Universidad de Warwick, en Coventry, Inglaterra “el dinero compra un lugar privilegiado, lo que hace que determinadas personas se sientan mejor, pero no todas. De ahí que tantos artistas como científicos notables acepten tareas no bien remuneradas, pero que los hacen sentirse plenos”. Para finalizar, no podemos negar que existe una inteligencia práctica, la que logra subsanar las cotidianas vicisitudes y empuja a seguir adelante, aun en medio de crisis individuales o financieras. Y es esa constancia la que mueve hacia la ventura, ese peregrinar sin desesperanzas por los rispidos senderos de la existencia, lo que lleva a la dicha. “Después de todo, el genio no es más que la infinita capacidad de tomarse constantes molestias, Watson”, afirmaba Sherlock Holmes, legendario y sagaz personaje de Arthur Conan Doyle. Y la felicidad, ese ejercicio sin tregua, puede ser también una de las formas de la sabiduría.