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Critica al Éxodo Descifrado

2 Mar

Critica al Éxodo Descifrado

En memoria de Carles Pujol y su articulo «Éxodo descifrado»: ¡ojo!»

Hay cierta predisposición con la mejor de las intenciones a salvar a Dios, acabar algo que Dios ha dejado incompleto, o mejorar incluso lo que Él ha hecho. Para ello se utilizan a veces artificios que pueden llegar incluso al engaño, de tal forma expuestos y camuflados que llegan a creerlos incluso hasta el propio autor.

Otra cosa diferente es que desde la convicción personal, con integridad se intente realizar o expresar cualquier actividad u opinión. Pero cuando la intención envuelve tal vez la falta de fe y de honradez, digamos, deja de ser ético.

Hago éste preámbulo para referirme al documental El Éxodo Descifrado, ante la presentación de datos que su autor Simcha Jacobovici da por hechos probados. Envueltos con elementos científicos, arqueológicos, geológicos etc. trata de dar una explicación cerrada a todos los acontecimientos del Éxodo Bíblico. Su intención final no la conozco, pero sé que el mundo de hoy trata de usar cualquier pretexto para desacreditar la Biblia y hay que usar el mayor rigor posible en su presentación histórica.
No se pueden forzar los datos existentes a decir, lo que hoy por hoy no llegan a explicar.

Veamos algunos ejemplos:

-Jacobovici fija la salida del pueblo israelita de Egipto entorno al año 1500 AC, basándose en la Estela de la Tormenta del faraón Amosis y del papiro de Ipuwer. En ambos textos interpreta que los egipcios están hablando de los acontecimientos del Éxodo.
En cambio se puede comprobar que la estela habla de una tormenta de lluvia (1), de los daños producidos, de los trabajos de restauración y no de granizo mezclado con fuego ni tampoco de las 10 plagas. Respecto al papiro (2) narra las advertencias de un sabio egipcio sobre una época de grandes desastres y agitaciones sociales al final del Imperio Antiguo, sin contener tan poco mención de un granizo extraño compuesto de hielo y fuego. Si podría contener alguna mención al incremento de la población semita entre ellos y por tanto a los futuros reyes Hicsos. Además ambos textos están fuera de la cronología comúnmente aceptada para el Éxodo. No obstante este autor redondea fechas para confirmar sus afirmaciones, modificando las dataciones que realizan los especialistas. Pues la estela es de 1550 AC en el primer año del reinado de Amosis y el papiro con dos versiones en su datación, la mas baja entre 1991 y 1786 AC. En cambio al Éxodo comúnmente se le asigna dos fechas, una según la cronología bíblica de 1R6:1 sobre el año 1440 AC y la otra a finales del siglo XIII AC por los vestigios de yacimientos arqueológicos.

-En el documental se identifica la expulsión de los Hicsos con la salida de Israel.
Pero estos gobernaron Egipto durante 100 años, construyeron palacios y grandes edificios en su ciudad de Avaris y fueron derrotados tras un largo enfrentamiento sobre el 1540 AC. En cambio los israelitas eran esclavos y abandonaron pacíficamente el delta del Nilo. Además, las fechas no coinciden en un siglo por lo menos.

– Se afirma que las pinturas de la tumba de Beni Hasan es la llegada de la familia de Jacob a Egipto debido a la inscripción con la palabra Amo, que la traduce como el pueblo de Dios.
En una traducción correcta, significa las personas (del grupo) y van dirigidas por un tal Abishar. Son semitas que en numero de 37 personas se dedican al comercio de mercancías. También dice que es de 1700 AC, cuando está datada por la inscripción que lleva en el reinado de Sesotris II en 1890 AC.

-Los sellos descubiertos en Avaris con el nombre de Jacob, son interpretados por el autor del documental como el sello regio de Jacob, prueba del ascenso al poder de los israelitas.
Es forzar demasiado unos datos arqueológicos, de las excavaciones dirigidas por el profesor Manfred Bietak, cuando éste es un nombre común localizado en otros puntos de la geografía semita y no aporta ninguna prueba para su asociación.

-En las minas de turquesas de Serabit el-Khadem, en las que se encuentran unas inscripciones donde dice El sálvame, afirma que es una suplica a Yahweh. Basándose en que está escrito en protocananeo, lo identifica con esclavos israelitas.
Sin fundamento, hace esta correlación cuando diferentes dialectos semíticos tienen la misma raíz común como el moabita, o el arameo. Igualmente el El es el nombre propio de la divinidad en la edad del bronce y del hierro en Canaan, y por tanto no tiene porque referirse al dios de Israel.

-Las plagas son narradas en una secuencia de efectos concatenados, llegando a su culmen con la muerte de los primogénitos, por el dióxido de carbono. Solo estos eran afectados al dormir en la planta baja de las casas.
Que fantasía hay que tener para imaginar que toda la familia durmiera en la azotea o parte alta incluido el padre de familia. Tampoco explica en su descripción por que las moscas, la peste del ganado, el granizo, o la oscuridad no afectaban a los israelitas. Además la saturación de dióxido de carbono en las aguas requieren que estas permanezcan estancadas, cosa que no ocurre en un río.

-La erupción del volcán de Santorini es el causante de todas las catástrofes.
La erupción está fechada en 1630-20 AC por el radio carbono según los geólogos y entre 1535-25 por la cerámica y otros datos. Por tanto mucho antes del Éxodo cuya fecha más tardía es de 1440 AC. También los acontecimientos expuestos se separan de la narración bíblica, en la que no aparece referencia a ningún terremoto.

-Falsa y engañosa es la animación visual que realiza de las estelas micénicas, interpretando los tres bajorrelieves como la persecución de los carros del Faraón a Moisés, volviéndose éste para extender su vara.
En la tercera estela vemos incompleta su imagen, donde aparece las patas traseras de leones típicos de escenas de caza. Su reconstrucción es manipula y cambia por caballos que son arrollados por las fuerzas de las aguas (observar la diferencia de las colas). Además el agua que es interpretada por ondas y espirales no son mas que motivos típicos del arte micénico.

-No quiero terminar, sin comentar la presentación de la imagen del Arca de la Alianza, y del altar de bronce que Jacobovici realiza. En primer lugar los querubines del Arca dice que son dos aves, cuando en las culturas del próximo oriente son figuras antropomorfas, como podemos ver en la cultura Asiría, en los marfiles de Meguiddo o el de Samaría que aparece en la imagen. En segundo lugar el altar no tiene 4,5 mts de alto, para que le coincida con la imagen de la pieza artística del museo, pues según Ex 27:1 solo tiene 1,25 mts.

Como dice Bryant G. Wood, hay poca sustancia en el éxodo descifrado para esa información histórica y arqueológica valida en la busqueda del Exodo.

Actualmente, como indicaba en un articulo anterior ¿Existió el Éxodo?, faltan datos explícitos en fuentes externas al relato bíblico del Éxodo, no obstante se puede hacer una aproximación a ciertas referencias históricas. Aquellos vestigios innegables o con fundamento, deben ser conocidos para mostrar la relación de Dios con la historia del hombre. La Biblia manifiesta ésta relación y corresponde dar testimonio de su veracidad y de las cosas que nos quiere transmitir.

Para una información más detallada de lo expuesto:
http://www.heardworld.com/higgaion/?page_id=119 de Christopher Heard.
http://www.bib-arch.org:80/bswbOOexodus.html de la Biblical Archaeology Society.

(2) Estela de la Tormenta
(1) Papiro de Ipuwer
Francisco Bernal es Ingeniero, miembro de una iglesia evangélica de Málaga y aficionado a la Arqueología.

© F. Bernal, ProtestanteDigital.com (España, 2007)

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¿Existió el Exodo?

2 Mar

¿Existió el Exodo?

Con frecuencia aparece en la prensa como “Primera Noticia” que algún afamado autor niega la autenticidad de la Biblia. No es nada nuevo que apoyándose en la Alta Crítica (que en sí misma es de derecho usar) se hagan declaraciones con la intención de ser postulados, y no teorías de los eventos narrados en la Biblia. Así sobre el Éxodo, recientemente se anuncia que no existió, en base a la arqueología.

Es cierto que ésta ha evolucionado en todas las materias y con referencia al texto bíblico, parte a priori de principios analíticos menos sesgados que hace años, no forzando un hallazgo arqueológico para explicar un relato bíblico, sino dejando que éste hable por sí solo. Es en este punto donde aparecen factores a considerar; entre ellos no siempre los materiales encontrados, son sencillos de interpretar y por otro lado, la falta de los mismos inicia unos planteamientos que los más osados declaran como verdad objetiva, cuando son teorías personales que explican conceptos preconcebidos.

También se niega el Éxodo aludiendo a los anacronismos (palabras que provienen de un periodo posterior) para restar credibilidad a la Biblia, cuando estos no son más que inclusiones de glosas de escribas en las sucesivas revisiones y copias. Como ejemplo “el camino de la tierra de los filisteos” en Éxodo 13:17.

Es innegable la fuerza de una tradición histórica, de la que toma su identidad Israel, fundada sobre unos acontecimientos que marcan la religión monoteísta, y que parten de una esclavitud inconcebible de memorizar para el honor de un pueblo, sino fuera por el suceso trascendental y extraordinario narrado.

Partiendo actualmente de la falta de datos explícitos en fuentes externas al relato bíblico del Éxodo, no obstante, hacemos una aproximación al lector, para que, un poco al corriente, interprete algunas referencias históricas:

ISRAEL EN EN EGIPTO
La presencia de semitas en Egipto en el segundo milenio AC, está abundantemente verificada por hallazgos arqueológicos y textos históricos. Las pinturas de la tumba de Jnumhotep II en Beni Hasan (Dinastía XII) muestran a cananeos bajando a Egipto, con animales y bienes (cuya imagen se corresponde con la que encabeza el comienzo de este artículo).

El arqueólogo I. Finkelstein indica: “sabemos que algunos fueron asignados como esclavos para cultivar la tierra de las fincas propiedad de los templos. Otros lograron ascender en la escala social y acabaron siendo funcionarios del gobierno, soldados e incluso sacerdotes.”

Sobre 1800 AC y a través de un proceso gradual, se realizó una invasión pacífica de Canaán a Egipto, culminando en el establecimiento de una nueva dinastía, la XV conocida por el nombre de Hicsos “Soberano de países extranjeros”, con capital en Avarís “Tell ed-Daba”, situada en la zona oriental del delta del Nilo. (Es en este contexto donde podemos ubicar la entrada de la familia de Jacob en Egipto.) En el canon de Turín aparece la lista de reyes de esta dinastía que fue expulsada por el faraón Amosis en 1570 AC, cuyos hechos se encuentran narrados en la tumba del marino y militar Amosis hijo de Abana (necrópolis de El-Kab.) Este faraón llegó a perseguir a los Hicsos hasta Sarujén cerca de Gaza, donde la asalta tras un largo asedio.

El arqueólogo Manfred Bietak, director del Instituto Arqueológico Austriaco y al mismo tiempo director de la excavación en el yacimiento de Tell ed-Daba, aporta el hallazgo de cabañas de Juncos de mas de 3000 años de antigüedad, pertenecientes a trabajadores (tal vez esclavos), con la misma planta y distribución que las antiguas casas israelitas de cuatro habitaciones, identificadas en Medinet Habu, frente a Luxor.

La existencia de numerosos nombres de origen egipcio en el relato bíblico, como indica el conocido erudito John Bright, son testimonios indirectos de la presencia de Israel en Egipto: Jofni, Finefás, Merarí, predominantemente en la tribu de Levi.

Otros nombres como el lugar de acampada Pi-hahirot (Fejirot) y Migdal aparecen en inscripciones egipcias, aunque estos lugares no han sido identificados con seguridad. Sí en cambio ha sido identificado Baal Safón cuyo nombre viene de un dios cananeo. Igualmente las ciudades de Pitom y Ramesés (Éxodo 1:11), la primera localizada en Tell-er Rettabeh al oeste del lago Timsá (noreste de Egipto), la segunda es la antigua capital de los hicsos Avaris reconstruida por Seti y su hijo Ramsés II.

Otras referencias internas en el texto bíblico son el origen del nombre de Yahveh (Jueces 5:4) en el Sinaí (a la izquierda vemos Jebel Musa lugar donde la tradición ubica el monte Sinaí). O el trasfondo del Pacto de Moisés en el ámbito de otras leyes existentes en la Edad del Bronce, como el descubierto en los archivos hititas.

Es curioso lo que apunta el egiptólogo Kenneth Kitchen, reconocido experto de la XIX Dinastía egipcia que trabaja en la Universidad de Liverpool. Éste indica que el precio de las 20 piezas de plata por la venta de José como esclavo (Génesis 37:28) se ajusta al periodo hicso y no al periodo persa (como lo encuadran quienes afirman que la narración bíblica se hizo en este último) donde la venta de un esclavo era de 120 piezas de plata, confirmando así la ubicación de la historia de José en el periodo que relata la Biblia.

Se niega el Éxodo, basándose en la inexistencia de expresiones específicas sobre Israel en Egipto. Pero es manifiesta la costumbre de los egipcios de borrar todo lo que no era de su agrado como, por ejemplo, Akhenatón, llamado el faraón hereje, al que sus sucesores intentaron borrar su memoria, debido a que sus ideas religiosas chocaron con las propias de la tradición egipcia, o como el faraón Tuthmosis III destruyó los registros de la reina Hatshepsut, suegra de éste a quien detestaba.

ISRAEL EN EL DESIERTO
Nos dicen los que niegan la fiabilidad de la Biblia que no hay rastros arqueológicos del paso de los israelitas por la península del Sinaí. Ni en Cades-Barnea, Esión-Gueber, Arad, etc. en el Bronce Tardío. Pero, sería poco más que imposible encontrar hallazgos en el desierto, de un pueblo que está de paso hace más de 3000 años.

ISRAEL EN EN PALESTINA

Por otro lado, en Palestina la arqueología constata un gran cambio en él ultimo tramo de la Edad del Bronce. Sobre diferentes ciudades se levantan construcciones más pobres que las anteriores. En la zona montañosa se producen nuevos asentamientos, con una configuración agrícola y ganadera. La cerámica usada es tosca y pobre, la distribución de las construcciones es la típica “casa de cuatros habitaciones”, e incluso la alimentación, no encontrándose restos de cerdos en los poblados.

Mario Liberani, catedrático de historia de Oriente Próximo en la Universidad de Roma, hace la siguiente referencia sobre la posible mención de Abraham: “Una estela de Seti I procedente de Bet-Sean 1289 AC hace referencia a luchas entre grupos locales, cuyo escenario es la zona circundante de la propia Bet-Sean, y que son presentadas como síntoma de la irremediable anarquía de la población local. La estela nombra, a parte de los Habiru del monte Yarmuti a una tribu de Raham. Podemos pensar que los miembros de dicha tribu se definieran como hijos de Raham y que su antepasado epónimo fuera un padre de Raham, que es el nombre del patriarca Abraham”.

La primera mención hallada de Israel en Palestina fuera del texto bíblico, se encuentra en la estela del faraón Merneptah 1230 AC,

hijo de Ramsés II, descubierta por Sir Flinders Petrie en 1896, en el templo de este faraón en Tebas (cuya foto vemos a encima de estas líneas, y ampliada donde se menciona a Israel a la izquierda de este texto).

Con una altura de 225 cms en granito negro, contiene himnos que celebran la victoria sobre los enemigos en una campaña suya a través de Canaán. En ella se cita a ciudades como Ascalón y Guezer así como al pueblo de Israel.

Francisco Bernal

Director de Instituto de Arqueología de Tel Aviv dice que “El Éxodo no existió”

27 Ene

Director de Instituto de Arqueología de Tel Aviv dice que “El Éxodo no existió”
Viernes 27 de Enero de 2006
Israel
Israel
 


Cuestiona el origen divino de los primeros libros del Antiguo Testamento. El Pentateuco “es una genial reconstrucción literaria y política de la génesis del pueblo judío…”.

Israel Finkelstein de 57 años, director del Instituto de Arqueología de la Universidad de Tel Aviv cuestiona el origen divino de los primeros libros del Antiguo Testamento. El Pentateuco “es una genial reconstrucción literaria y política de la génesis del pueblo judío, realizada 1500 años después de lo que siempre creímos”, sostiene. 

Añade que esos textos bíblicos son una compilación iniciada durante la monarquía de Josías, rey de Judá, en el siglo VII a.C. En aquel momento, ese reino israelita del Sur comenzó a surgir como potencia regional, en una época en la cual Israel (reino israelita del Norte) había caído bajo control del imperio asirio. 

El principal objetivo de esa obra era crear una nación unificada, que pudiera cimentarse en una nueva religión. El proyecto, que marcó el nacimiento de la idea monoteísta, era constituir un solo pueblo judío, guiado por un solo Dios, gobernado por un solo rey, con una sola capital, Jerusalén, y un solo templo, el de Salomón. 

En sus trabajos, que han marcado a generaciones de la nueva escuela de la arqueología bíblica, Finkelstein establece una coherencia entre los cinco libros del Pentateuco: el Génesis, el Exodo, el Levítico, los Números y el Deuteronomio. Los siglos nos han traído esos episodios que relatan la creación del hombre, la vida del patriarca Abraham y su familia -fundadores de la nación judía-, el éxodo de Egipto, la instalación en la tierra prometida y la época de los Reyes. 

Según Finkelstein, esos relatos fueron embellecidos para servir al proyecto del rey Josías de reconciliar a los dos reinos israelitas (Israel y Judá) e imponerse frente a los grandes imperios regionales: Asiria, Egipto y Mesopotamia. 

En una entrevista realizada por Luisa Corradini del periodico LA NACION de Argentina el habla sobre estas interrogantes. 

Durante más de veinte siglos, los hombres creyeron que Dios había dictado las Escrituras a un cierto número de sabios, profetas y grandes sacerdotes israelitas. Así es. Para las autoridades religiosas, judías y cristianas, Moisés era el autor del Pentateuco. Según el Deuteronomio, el profeta lo escribió poco antes de su muerte, en el monte Nebo. Los libros de Josué, de los Jueces y de Samuel eran archivos sagrados, obtenidos y conservados por el profeta Samuel en el santuario de Silo, y los libros de los Reyes venían de la pluma del profeta Jeremías. Así también, David era el autor de los Salmos y Salomón, el de los Proverbios y el del Cantar de los Cantares. 

Y sin embargo? Desde el siglo XVII, los expertos comenzaron a preguntarse quién había escrito la Biblia. Moisés fue la primera víctima de los avances de la investigación científica, que planteó cantidad de contradicciones. ¿Cómo es posible -preguntaron los especialistas- que haya sido el autor del Pentateuco cuando el Deuteronomio, el último de los cinco libros, describe el momento y las circunstancias de su propia muerte? 

Usted afirma que el Pentateuco fue escrito en una época mucho más reciente. La arqueología moderna nos permite asegurar que el núcleo histórico del Pentateuco y de la historia deuteronómica fue compuesto durante el siglo VII antes de Cristo. El Pentateuco fue una creación de la monarquía tardía del reino de Judá, destinada a propagar la ideología y las necesidades de ese reino. Creo que la historia deuteronómica fue compilada, durante el reino de Josías, a fin de servir de fundamento ideológico a ambiciones políticas y reformas religiosas particulares. 

Según la Biblia, primero fue el viaje del patriarca Abraham de la Mesopotamia a Canaán. El relato bíblico abunda en informaciones cronológicas precisas. Es verdad. La Biblia libra una cantidad de informaciones que deberían permitir saber cuándo vivieron los patriarcas. En ese relato, la historia de los comienzos de Israel se desarrolla en secuencias bien ordenadas: los Patriarcas, el Exodo, la travesía del desierto, la conquista de Canaán, el reino de los Jueces, el establecimiento de la monarquía. Haciendo cálculos, Abraham debería de haber partido hacia Canaán unos 2100 años antes de Cristo. 

¿Y no es así? No. En dos siglos de investigación científica, la búsqueda de los patriarcas nunca dio resultados positivos. La supuesta migración hacia el Oeste de tribus provenientes de la Mesopotamia, con destino a Canaán, se reveló ilusoria. La arqueología ha probado que en esa época no se produjo ningún movimiento masivo de población. El texto bíblico da indicios que permiten precisar el momento de la composición final del libro de los Patriarcas. Por ejemplo, la historia de los patriarcas está llena de camellos. Sin embargo, la arqueología revela que el dromedario sólo fue domesticado cuando se acababa el segundo milenio anterior a la era cristiana y que comenzó a ser utilizado como animal de carga en Medio Oriente mucho después del año 1000 a.C. La historia de José dice que la caravana de camellos transporta “goma tragacanto, bálsamo y láudano”. Esa inscripción corresponde al comercio realizado por los mercaderes árabes bajo control del imperio asirio en los siglos VIII y VII a.C. Otro hecho anacrónico es la primera aparición de los filisteos en el relato, cuando Isaac encuentra a Abimelech, rey de los filisteos. Esos filisteos -grupo migratorio proveniente del mar Egeo o de Asia Menor- se establecieron en la llanura litoral de Canaán a partir de 1200 a.C. Esos y otros detalles prueban que esos textos fueron escritos entre los siglos VIII y VII a.C. 

El heroísmo de Moisés frente a la tiranía del faraón, las diez plagas de Egipto y el éxodo masivo de israelitas hacia Canaán son algunos de los episodios más dramáticos de la Biblia. ¿También eso es leyenda? Según la Biblia, los descendientes del patriarca Jacob permanecieron 430 años en Egipto antes de iniciar el éxodo hacia la Tierra Prometida, guiados por Moisés, a mediados del siglo XV a.C. Otra posibilidad es que ese viaje se haya producido dos siglos después. Los textos sagrados afirman que 600.000 hebreos cruzaron el Mar Rojo y que erraron durante 40 años por el desierto antes de llegar al monte Sinaí, donde Moisés selló la alianza de su pueblo con Dios. Sin embargo, los archivos egipcios, que consignaban todos los acontecimientos administrativos del reino faraónico, no conservaron ningún rastro de una presencia judía durante más de cuatro siglos en su territorio. Tampoco existían, en esas fechas, muchos sitios mencionados en el relato. Las ciudades de Pitom y Ramsés, que habrían sido construidas por los hebreos esclavos antes de partir, no existían en el siglo XV a.C. En cuanto al Exodo, desde el punto de vista científico no resiste el análisis. 

¿Por qué? Porque, desde el siglo XVI a.C., Egipto había construido en toda la región una serie de fuertes militares, perfectamente administrados y equipados. Nada, desde el litoral oriental del Nilo hasta el más alejado de los pueblos de Canaán, escapaba a su control. Casi dos millones de israelitas que hubieran huido por el desierto durante 40 años tendrían que haber llamado la atención de esas tropas. Sin embargo, ni una estela de la época hace referencia a esa gente. Tampoco existieron las grandes batallas mencionadas en los textos sagrados. La orgullosa Jericó, cuyos muros se desplomaron con el sonar de las trompetas de los hebreos, era entonces un pobre caserío. Tampoco existían otros sitios célebres, como Bersheba o Edom. No había ningún rey en Edom para enfrentar a los israelitas. Esos sitios existieron, pero mucho tiempo después del Exodo, mucho después de la emergencia del reino de Judá. Ni siquiera hay rastros dejados por esa gente en su peregrinación de 40 años. Hemos sido capaces de hallar rastros de minúsculos caseríos de 40 o 50 personas. A menos que esa multitud nunca se haya detenido a dormir, comer o descansar: no existe el menor indicio de su paso por el desierto. 

En resumen, los hebreos nunca conquistaron Palestina. Nunca. Porque ya estaban allí. Los primeros israelitas eran pastores nómadas de Canaán que se instalaron en las regiones montañosas en el siglo XII a.C. Allí, unas 250 comunidades muy reducidas vivieron de la agricultura, aisladas unas de otras, sin administración ni organización política. Todas las excavaciones en la región exhumaron vestigios de poblados con silos para cereales, pero también de corrales rudimentarios. Esto nos lleva a pensar que esos individuos habían sido nómadas que se convirtieron en agricultores. Pero ésa fue la tercera ola de instalación sedentaria registrada en la región desde el 3500 a.C. Esos pobladores pasaban alternativamente del sedentarismo al nomadismo pastoral con mucha facilidad. 

¿Por qué? Ese tipo de fluctuación era muy frecuente en Medio Oriente. Los pueblos autóctonos siempre supieron operar una rápida transición de la actividad agrícola a la pastoral en función de las condiciones políticas, económicas o climáticas. En este caso, en épocas de nomadismo, esos grupos intercambiaban la carne de sus manadas por cereales con las ricas ciudades cananeas del litoral. Pero cuando éstas eran víctimas de invasiones, crisis económicas o sequías, esos pastores se veían forzados a procurarse los granos necesarios para su subsistencia y se instalaban a cultivar en las colinas. Ese proceso es el opuesto al que relata la Biblia: la emergencia de Israel fue el resultado, no la causa, del derrumbe de la cultura cananea. 

Pero entonces, si esos primeros israelitas eran también originarios de Canaán, ¿cómo identificarlos? Los pueblos disponen de todo tipo de medios para afirmar su etnicidad: la lengua, la religión, la indumentaria, los ritos funerarios, los tabúes alimentarios. En este caso, la cultura material no propone ningún indicio revelador en cuanto a dialectos, ritos religiosos, formas de vestirse o de enterrar a los muertos. Hay un detalle muy interesante sobre sus costumbres alimentarias: nunca, en ningún poblado israelita, fueron exhumados huesos de cerdo. En esa época, los primeros israelitas eran el único pueblo de esa región que no comía cerdo. 

¿Cuál es la razón? No lo sabemos. Quizá los protoisraelitas dejaron de comer cerdo porque sus adversarios lo hacían en profusión y ellos querían ser diferentes. El monoteísmo, los relatos del Exodo y la alianza establecida por los hebreos con Dios hicieron su aparición mucho más tarde en la historia, 500 años después. Cuando los judíos actuales observan esa prohibición, no hacen más que perpetuar la práctica más antigua de la cultura de su pueblo verificada por la arqueología. 

En el siglo X a.C. las tribus de Israel formaron una monarquía unificada -el reino de Judá- bajo la égida del rey David. David y su hijo, Salomón, servirán de modelo a las monarquías de Occidente. ¿Tampoco ellos fueron lo que siempre se creyó? Tampoco en este caso la arqueología ha sido capaz de encontrar pruebas del imperio que nos legó la Biblia: ni en los archivos egipcios ni en el subsuelo palestino. David, sucesor del primer rey, Saúl, probablemente existió entre 1010 y 970 a.C. Una única estela encontrada en el santuario de Tel Dan, en el norte de Palestina, menciona “la casa de David”. Pero nada prueba que se haya tratado del conquistador que evocan las Escrituras, capaz de derrotar a Goliat. Es improbable que David haya sido capaz de conquistas militares a más de un día de marcha de Judá. La Jerusalén de entonces, escogida por el soberano como su capital, era un pequeño poblado, rodeado de aldeas poco habitadas. ¿Dónde el más carismático de los reyes hubiera podido reclutar los soldados y reunir el armamento necesarios para conquistar y conservar un imperio que se extendía desde el Mar Rojo, al Sur, hasta Siria, al Norte? Salomón, constructor del Templo y del palacio de Samaria, probablemente tampoco haya sido el personaje glorioso que nos legó la Biblia. 

¿Y de dónde salieron sus fabulosos establos para 400.000 caballos, cuyos vestigios sí se han encontrado? Fueron criaderos instalados en el Sur por el reino de Israel varios decenios más tarde. A la muerte de Salomón, alrededor del 933 a.C., las tribus del norte de Palestina se separaron del reino unificado de Judá y constituyeron el reino de Israel. Un reino que, contrariamente a lo que afirma la Biblia, se desarrolló rápido, económica y políticamente. Los textos sagrados nos describen las tribus del Norte como bandas de fracasados y pusilánimes, inclinados al pecado y a la idolatría. Sin embargo, la arqueología nos da buenas razones para creer que, de las dos entidades existentes, la meridional (Judá) fue siempre más pobre, menos poblada, más rústica y menos influyente. Hasta el día en que alcanzó una prosperidad espectacular. Esto se produjo después de la caída del reino nórdico de Israel, ocupado por el poderoso imperio asirio, que no sólo deportó hacia Babilonia a los israelitas, sino que además instaló a su propia gente en esas fértiles tierras. 

¿Fue, entonces, durante el reino de Josías en Judá cuando surgió la idea de ese texto que se transformaría en fundamento de nuestra civilización occidental y origen del monoteísmo? Hacia fines del siglo VII a.C. hubo en Judá un fermento espiritual sin precedente y una intensa agitación política. Una coalición heteróclita de funcionarios de la corte sería responsable de la confección de una saga épica compuesta por una colección de relatos históricos, recuerdos, leyendas, cuentos populares, anécdotas, predicciones y poemas antiguos. Esa obra maestra de la literatura -mitad composición original, mitad adaptación de versiones anteriores- pasó por ajustes y mejoras antes de servir de fundamento espiritual a los descendientes del pueblo de Judá y a innumerables comunidades en todo el mundo. 

El núcleo del Pentateuco fue concebido, entonces, quince siglos después de lo que creíamos. ¿Sólo por razones políticas? ¿Con el fin de unificar los dos reinos israelitas? El objetivo fue religioso. Los dirigentes de Jerusalén lanzaron un anatema contra la más mínima expresión de veneración de deidades extranjeras, acusadas de ser el origen de los infortunios que padecía el pueblo judío. Pusieron en marcha una campaña de purificación religiosa, ordenando la destrucción de los santuarios locales. A partir de ese momento, el templo que dominaba Jerusalén debía ser reconocido como único sitio de culto legítimo por el conjunto del pueblo de Israel. El monoteísmo moderno nació de esa innovación.