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Aristóteles y el Objeto del Conocimiento Científico

9 Ago
Aristóteles y el Objeto del Conocimiento Científico
Publicado por Malena el 17 de Septiembre de 2009

Tanto Platón como Aristóteles afirmaban que el objeto del conocimiento científico es el universal, de modo que si el universal no tiene realidad objetiva tampoco puede haber conocimiento científico, porque no puede haber ciencia de lo individual.

El universal tiene realidad en la mente y en las cosas, aunque en las cosas no tenga la misma universalidad formal que tiene en la mente.

Los seres vivientes que participan de una misma especie son sustancias reales, pero no forman parte de un objeto universal real y la similitud objetiva de cada especie es la base del universal abstracto.

De modo que Platón y Aristóteles coinciden en lo que se refiere al objeto de la verdadera ciencia, o sea lo universal que tienen todas las cosas y no lo particular.

Los individuos particulares son verdaderas sustancias primarias, pero los universales merecen el nombre de sustancia en un sentido secundario, por eso Aristóteles denominó a las especies sustancias segundas y a los individuos sustancias primeras.

Debido a esta afirmación Aristóteles fue acusado de ser contradictorio, ya que si el individuo es sustancia primera debería ser el verdadero objeto de la ciencia, mientras él está enseñando lo contrario.

Pero esta contradicción no es tal, porque lo que Aristóteles quiere decir es que lo que hace que un individuo sea sustancia es su elemento universal, la forma de la cosa que la inteligencia entiende como una universalidad formal.

Lo universal es real en el individuo, es uno de sus elementos que lo constituyen, o sea que el universal no es trascendente sino inmanente.

La sustancia primera, el individuo particular, está compuesta de materia y forma y la sustancia segunda, o sea la especie universal, es el elemento formal o la esencia específica.

Esta distinción entre sustancia primera y segunda significa en relación a nosotros y no significa diferencias de naturaleza, dignidad o tiempo.

El universal es el verdadero objeto de la ciencia, pero sólo se puede aprehender mediante la aprehensión del individuo particular.

Aristóteles no admite que los objetos abstractos de las matemáticas o los universales sean sustancias; sólo es verdaderamente sustancia el individuo.

La sustancia es principalmente forma, en si misma, inmaterial; y la única sustancia verdadera y primera es la forma pura, independiente de la materia, Dios, las inteligencias de las esferas y el entendimiento agente en el hombre.

Vemos entonces, que Aristóteles, a pesar de no estar de acuerdo con la teoría de las ideas de Platón sigue considerando a la materia como elemento ininteligible y a la forma pura como inteligible.

El cambio de la materia es la actualización de una potencia o sea un ser existente que todavía no es lo que podría ser.

Por ejemplo, una vez que el mármol tiene la forma de la estatua, cambia en forma accidental, ya que su sustancia todavía es mármol aunque su figura sea diferente.

El escultor trabaja el mármol que es su materia, el substrato de la transformación que él produce, él no puede cambiar esta materia prima, sólo puede transformar su forma.

Aristóteles postula que hay tres factores en el cambio, la materia, la forma y la privación.

El acto es primero que la potencia temporalmente puesto que el acto es el fin, aquello para lo cual existe.

Lo que es eterno, imperecedero es actual en el sentido más alto como eterna fuente de movimiento, del pasar de la potencia al acto. Dios tiene que ser plenamente y totalmente actualidad, el Primer Motor Inmóvil.

http://filosofia.laguia2000.com/filosofia-griega/aristoteles-y-el-objeto-del-conocimiento-cientifico

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Aristóteles y la Educación de los hijos

12 Jun

Aristóteles y la Educación de los hijos
Publicado por Malena el 11 de Junio de 2010

Los legisladores de una ciudad perfecta deberán redactar leyes para atender las necesidades de los niños desde mucho antes de nacer.

En una ciudad perfecta, estas leyes deberán asegurar las condiciones necesarias e ideales para que las parejas contraigan matrimonio.

La edad de los cónyuges debe guardar una relación conveniente y armoniosa entre sí, de modo que las facultades y capacidades de cada uno estén de acuerdo con sus funciones reproductivas y que no haya diferencias significativas en ningún momento de sus vidas, en su capacidad de tener hijos.

Las excesivas diferencias de edad en un matrimonio, son causa de discusiones, peleas y disgustos. Tampoco es beneficioso para los hijos que haya entre sus padres mucha diferencia de edad, ya que si son demasiado mayores no podrán asegurar su manutención y cuidado y si son demasiado jóvenes, no sabrán cómo hacerse respetar.

Lo ideal es que el hombre sea diez años mayor que la mujer, porque su ciclo reproductivo termina diez años después y es mejor para ambos que sus capacidades reproductivas finalicen al mismo tiempo.

Las uniones precoces no son favorables para los hijos que tengan estas parejas, porque la especie humana está sometida a la misma ley de la naturaleza que rige en los animales, que muestra que individuos demasiado jóvenes tienden a tener descendencias más frágiles y raquíticas.

Aristóteles afirma que en países donde no se respeta esta ley, la raza es pequeña y débil, además, la mujer inmadura tiene partos más difíciles y con frecuencia mueren.

Desde esta perspectiva, la edad ideal para el matrimonio, para Aristóteles, es de 18 años para las mujeres y de 37 o algo menos, para los hombres. De de esta manera, ambos concebirán a sus hijos en la etapa de mayor vigor.

Durante el embarazo, las madres deberán comer liviano y permanecer activas, manteniendo su espíritu en perfecta calma, ya que los fetos perciben las impresiones de sus madres cuando están en el útero.

Después de los cincuenta años, es conveniente dejar de engendrar hijos, para evitar concebir niños defectuosos y débiles; y la infidelidad debe considerarse algo deshonroso.

Una vez nacidos, los hijos deben ser alimentados adecuadamente con el alimento más substancial y conveniente, que es la leche.

Será bueno acostumbrar a los menores, desde su más tierna infancia, a las impresiones del frío para que crezcan fuertes; y tratar que desarrollen los buenos hábitos que necesitan para desenvolverse adecuadamente cuando sean adultos.

Los niños deben tener oportunidad de dedicarse al juego, que debe ser, generalmente, un ensayo de los trabajos que deberán realizar en el futuro.

Es un gran error reprimir los gritos y las lágrimas de los niños, porque son un medio que favorece el desarrollo y representa un ejercicio para el cuerpo.

Es conveniente que los niños no tengan acceso a los espectáculos que son indignos de un hombre libre, ni tampoco tengan oportunidad de escuchar palabras obscenas, ya que empiezan diciendo esas palabras y luego continúan con los hechos, porque es necesario proteger a la infancia, de todo lo que se relaciona con el vicio y la malevolencia.

Hasta los cinco años un niño no debe ser sometido a instrucción, pero desde los cinco a los siete años podrán asistir a las clases que recibirán más adelante formalmente.

La educación abarcará dos épocas, desde los siete años hasta la pubertad y desde la pubertad hasta los 21 años.

Fuente: “Aristóteles, Vida, pensamiento y obra”; Política; Libro IV; “Teoría General de la Ciudad Perfecta”; parte XIV “De la educación de los hijos en la ciudad perfecta” y parte XV “De la Educación durante la primera infancia”; Colección Grandes Pensadores; Ed. Planeta DeAgostini; 2007.