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¿Dónde y quien es la verdadera iglesia?

27 Ago

¿Dónde y quien es la verdadera iglesia?

Posted: 27 Aug 2010 06:35 AM PDT

El día de ayer, estaba pensando algo que no se me había pasado por la cabeza antes, pero estoy seguro que ya alguien lo habrá pensado antes.

Existe un dicho de la Reforma, que me llamo la atención, y que espero profundizar un poco mas en esta entrada.

Uno de los slogans que surgieron de la Reforma, como lo son ‘Sola Scriptura’, o ‘Semper Reformanda’ es ‘Donde se predica la palabra y donde los sacramentos son administrados, ahí esta la verdadera iglesia’. Meditando sobre esto, encontré una gran falta, que aunque este slogan habla de la iglesia, solo se limita a lo que algunos hacen, ósea, aquellos que otorgan la palabra y los sacramentos, y no habla nada sobre el resto.

Otros me podrán decir, que se entiende de antemano de que los miembros de la iglesia toman lugar tanto en el oír la palabra, como también en el recibir los sacramentos, o como buen bautista diría, las ordenanzas. Pero encuentro, por la ambigüedad de tal declaración, inadecuada y confusa, por dos razones.

Primero, pues solo habla de la acción de un grupo de parte de la iglesia, el clero. Si se quiere hacer muy detallista, la declaración de donde esta la verdadera iglesia, solo se puede aplicar a los que ofrecen esos actos. Es de notar, que en las iglesias Luteranas, Episcopales/Anglicanas, y en algunas Reformadas, solo aquellos que han sido correctamente ordenados pueden otorgar los dos sacramentos, el bautismo, y el que toma mas frecuencia, la cena del Señor. Esto da un revés intencionado, a lo que los mismos Reformadores trataron de empujar, que fue, el sacerdocio de todos los creyentes.

Segundo, la Palabra de Dios se puede predicar con exactitud, ortodoxia, y cabalidad, pero eso no garantiza que sus oyentes responderán. Ejemplo son los profetas del Antiguo Testamento antes de la caída de Israel, o Judá. En el Nuevo Testamento, Jesús, Dios encarnado, predico la verdad, y muchos no lo oyeron. En tiempos mas recientes, Jonathan Edwards llego a predicar su famoso sermón, “Pecadores en manos de un Dios furioso”, a una congregación presbiteriana, que a pesar de haber tenido predicadores ortodoxos, no mostraban regeneración en sus vidas.

¿Qué es entonces lo que marca a la verdadera iglesia? No quiero desechar el hecho de tener una predicación bíblica, como tampoco, quiero despreciar el recibir (si se es Luterano o Calvinista) o tomar parte (si se es bautista o otros) del bautismo y de la Cena del Señor. Pero tengo que ser bíblico en lo que respecta a la definición de que es lo que apunta a donde esta la verdadera iglesia. Y esto, me lleva a Pentecostés, y a las cartas Paulinas.

En Hechos 2, encontramos a la iglesia siendo envestida con poder de lo alto, llena del Espíritu Santo. Según mi lectura, eso es lo que los diferencio de no solo los judíos, sino de las demás naciones. Ya en las cartas paulinas, vemos que es el Espíritu Santo que hace a los creyentes ser diferentes a los demás, y los marca no solo como iglesia, sino como el templo de Dios:
I Cor. 3:16 ¿No saben que ustedes son templo de Dios y que el Espíritu de Dios habita en ustedes?17 Si alguno destruye el templo de Dios, él mismo será destruido por Dios; porque el templo de Dios es sagrado, y ustedes son ese templo.
Y
I Cor. 12:12 Porque así como el cuerpo es uno, y tiene muchos miembros, pero todos los miembros del cuerpo, siendo muchos, son un solo cuerpo, así también Cristo.
13 Porque por un solo Espíritu fuimos todos bautizados en un cuerpo, sean judíos o griegos, sean esclavos o libres; y a todos se nos dio a beber de un mismo Espíritu.

En otra ocasión, Pablo se refiere al hecho de que los creyentes son sellados con el Espíritu Santo que garantiza la promesa en ellos:

2 Corintios 1:22
el cual también nos ha sellado, y nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones.
II Cor. 5:5 Mas el que nos hizo para esto mismo es Dios, quien nos ha dado las arras del Espíritu.
Y
Efesios 1:13 En él también ustedes, cuando oyeron el mensaje de la verdad, el evangelio que les trajo la salvación, y lo creyeron, fueron marcados con el sello que es el Espíritu Santo prometido.14 Éste garantiza nuestra herencia hasta que llegue la redención final del pueblo adquirido por Dios, para alabanza de su gloria.

Así que, en estos pasajes, encontramos que para Pablo, los signos donde esta la verdadera iglesia, no es como lo decían los Reformadores, mas bien, es algo que durante la Reforma no se tomo mucho en cuenta. El día de hoy, este signo de donde esta la iglesia seria controversial por muchas razones, entre ellas, aquellos que aunque aceptan que el Espíritu Santo es la tercera persona de la Trinidad, no creen que esta vigente o accionando el día de hoy. La otra razón, es que la recepción del Espíritu Santo puede ser algo muy subjetivo, y el fundamentalismo evangélico, arraigado en el racionalismo del siglo 18, rechaza todo aquello que no se pueda juzgar exteriormente. No obstante, para Pablo, es la recepción del Espíritu Santo que marca a donde esta la verdadera iglesia.

Siguiendo el argumento de Pablo, lo que diferencia a la iglesia de los demás, es que como novia, ha recibido las arras (RV60), garantía (NVI), y esto es, el recibimiento del Espíritu Santo, que nos diferencia a los demás.

Creo que esta posición vindica la doctrina del sacerdocio de todos los creyentes, pues cada miembro de la congregación recibe el Espíritu Santo para trabajar no solo adentro de la iglesia, sino que también afuera de ella. En torno, esto resuelve la situación que el que hacer de la iglesia no esta limitado solamente entre los creyentes, sino que se extiende mas aya de la reunión de la iglesia. Esto llama a los creyentes a tener una alta ética en el trabajo, en la casa, y en todo lugar donde se encuentren.

Si se sigue esta cosmovisión, creo que el alcance de la iglesia llega mas lejos, y es mas conforme a lo que las Escrituras nos demuestran. No quiero ser exhaustivo, pero si, llamar a la conversación sobre el tema.

Dios les bendiga.

Luis Alberto Jovel

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Unidad en el cuerpo de Cristo

23 Jun

Unidad en el cuerpo de Cristo

Introducción

Para poder mantener la unidad del Cuerpo de Cristo, tenes que saber hasta donde aceptas que alguien es cristiano,hasta donde podes aceptar el cristianismo de alguien, hasta donde procurar tener paz con un cristiano y hasta donde procurar mantener la unidad del Cuerpo de Cristo, en el vinculo de la paz del Señor. Única forma posible de mantener la unidad ordenada por El Señor.
Somos cristianos, tenemos santidad,y debemos guardar la santidad que Dios nos ha dado,procurar crecer todo lo posible en esta santidad,guárdandonos del pecado todo lo que podamos,haciendo todo el esfuerzo posible por limpiarnos de nuestras propias concupicencias.
Ademas, somos evangélicos dentro de los cristianos,tenemos una antigua tradicion biblica, nuestras doctrinas procuran acercarse lo mas posible al ideal apostólico, pero recuerda siempre que no estamos en la época de las tierras biblicas, por lo tanto, es posible que algun aspecto no importante de la fe sea distinto en algun cristiano o en alguna comunidad de fe (eclesia)
Recuerda que las “eclesias” tienen un tiempo de madurez, y mientras algunas “eclesias” (comunidades de fe o concilios) van madurando,otras van apostatando y otras van naciendo tambien.
Recuerda cuando Jesus antes de Partir hablo de Juan que iba a permanecer y Pedro seria crucificado y Pedro protesto, y Jesus le dijo que Juan era problema del Señor Jesus, que Pedro deberia seguirlo y dejar esos temas al Señor.
Si alguien va a la cruz es porque asi lo decidio el Señor, nadie debe despreciar al que no es llamado a ser martir. No todos tienen el mismo llamado.
Tampoco todas las culturas ven la mision del mismo modo.Nosotros debemos respetar al que entiende la mision de la Iglesia de algun otro modo,porque hay cosas que no son motivos de division. Lo que si divide es la moral,las doctrinas acerca de la deidad  (adoramos a la Santísima Trinidad),la salvación por Gracia y no por obras, tenemos fuertes  expectativas escatológicas (Jesús vuelve por segunda vez, cielo,infierno,vida eterna), en fin,las doctrinas que hacen a la esencia de Dios, del cristiano y de la Iglesia como cuerpo de Cristo, una santa Iglesia que es universal (católica), apostólica, y evangélica,no debe estar amarrada si o si a la cultura de algún país como lo esta el Catolicismo Romano a la cultura de la Roma medieval. Hay una Iglesia,muchas eclesias,tantas como el Señor disponga para el cumplimiento de sus planes.
Jesucristo es el Señor de la Iglesia y de la Historia. Recuerda que debemos exhortarnos pero en amor,para no caer en la misma tentacion,ya que somos todos seres humanos y estamos firmes porque Jesucristo lo ha determinado.El dia que El nos suelta, nos caemos y nos llevamos todo por delante.Solo El nos sostiene.

Un interesante artículo reflexionado por Carlos Simpson, explica la unidad de esta manera
Un cuerpo productivo y maduro no es un accidente. Es el resultado de obedecer cuidadosamente las instrucciones de Dios. Al observar la voluntad de la cabeza, los miembros se relacionarán adecuadamente y edificarán al cuerpo.

Durante muchos años creí que la unidad de la iglesia debía ser supuesta en términos primordialmente místicos. Pensaba que la Iglesia estaría unida sólo en el cielo; pero he llegado a comprender que el Señor quiere que la unidad sea visible, que esté unida así en la tierra como en el cielo. Jesús dijo que oráramos de esta manera: “Hágase tu voluntad en la tierra…”. Dijo a sus discípulos: “Todo lo que atéis y desatéis en la tierra será atado y desatado en el cielo”. El Señor quiere que la iglesia esté unida en la tierra para que pueda llevar adelante su ministerio en la tierra.

La clase de unidad que debe tener la iglesia para poder cumplir su misión es la de un cuerpo. La meta de la iglesia no es meramente llevar los cristianos al cielo, sino ser la luz del mundo. La responsabilidad de la iglesia no es salir del mundo, sino discipular a las naciones. Las relaciones que deben existir en la iglesia no son de una mera unidad mística sino de una armonía visible. Solamente cuando la iglesia funcione como un cuerpo podrá lograr su meta, cumplir con su responsabilidad y demostrar esas relaciones.

Cuando los cristianos hablan de la unidad de la iglesia a menudo pensamos en la unidad de todos los cristianos. Damos por sentado que ya hemos logrado la unidad en la iglesia local; pero ¿qué clase de unidad tenemos en la iglesia local y en el grupo cristiano que estamos liderando? Si no se trata de la unidad de un cuerpo entonces no podremos ser en la tierra lo que el Señor quiere que seamos.

ACTIVIDADES O RELACIONES

La Biblia nos dice que Cristo es la cabeza de su cuerpo, la iglesia, y que nosotros somos sus miembros. Sin embargo, leer algo en la Biblia no significa “poseerlo”. Las iglesias de hoy, en su gran mayoría, no funcionan como cuerpos en los que todos sus miembros están unidos a la cabeza y entre sí. Me alegro de que mi propio cuerpo no se encuentre en el mismo estado de muchas iglesias; la boca podría empezar a hablar en contra de los oídos y los pies podrían dejar de escuchar a la cabeza.

En resumidas cuentas, lo que tenemos en la iglesia son reuniones y actividades; pero una reunión no es un cuerpo. Mi cuerpo no se reúne una vez por semana; las partes de mi cuerpo están en relación continua. En el caso de la iglesia, ser un cuerpo no significa estar unido todo el tiempo, sino estar relacionado de la manera adecuada.

Si los miembros de la iglesia no se encuentran relacionados unos a otros, las reuniones y actividades no los convertirán en cuerpo, incluyendo las actividades de adorar a Dios y predicar el Evangelio. Hay una diferencia entre un montón de piedras y un edificio; sin una adecuada relación, la iglesia no es más que un conjunto de brazos y piernas. Es la conexión con la cabeza y los demás miembros lo que hace que las partes constituyan un cuerpo.

FUNDAMENTOS DE LA UNIDAD

Para funcionar como un cuerpo, la iglesia debe estar unida por relaciones; sin embargo muchas iglesias de hoy están unidas por cualquier cosa menos relaciones. Algunas están unidas por edificios. Si bien es bueno tener un lindo lugar donde reunirse, el edificio no es la iglesia, el pueblo de Dios lo es.

Algunos cristianos creen que tienen unidad porque comparten las mismas ideas sobre la organización de la iglesia o la liturgia o porque están de acuerdo en ciertos detalles de doctrina, tales como la forma específica de bautismo. Pero si todo lo que nos une son puntos de doctrina no podremos estar unidos a cristianos que piensen de manera diferente de la nuestra; y se destruye nuestra unidad si alguno cambia de idea en algún punto. El único fundamento de unidad verdadero y permanente es reconocer la voluntad de la cabeza de que estemos unidos.

Cuando comenzamos a relacionarnos como miembros de un cuerpo, hay ciertos principios que entran en juego. Quiero presentar siete de ellos, los cuales funcionan como leyes; no como el tipo de ley que debe ser obedecida, sino como la ley de la gravedad, que funciona independientemente a que uno la entienda o no. (¡Aunque entenderla puede resultar de gran utilidad!).

GOBIERNO

La primera de ellas es la ley de gobierno. Podría ser enunciada de esta manera: Entrar en una relación de cuerpo requiere la existencia de una cabeza. Una persona no puede ser miembro de la iglesia mientras no confiese que Jesucristo es Señor. Esto es lo que llamo “el principio de la puerta”; Jesús dijo: “Yo soy la puerta”. La suya es la puerta a la iglesia. Si uno va a incursionar en alguna área, se dirige al principal responsable. Esto es cierto en la familia: si voy a desarrollar una amistad con una familia necesito reconocer al esposo y padre de la misma; si tengo amistad con la esposa de un hombre y no reconozco su autoridad, mi amistad va a ocasionar problemas; si tengo amistad con los hijos, pero no reconozco que sus padres son responsables por ellos, mi amistad los hará peores hijos porque no estará de acuerdo con la educación que le dan sus padres.

No sólo es importante que todos estén relacionados adecuadamente a la cabeza, Cristo, sino que resulta esencial que los miembros del cuerpo se relacionen adecuadamente a las autoridades humanas. Pablo escribe:

  • “Hermanos, ya sabéis que la familia de Estéfanas es las primicias de Acaya, y que ellos se han dedicado al servicio de los santos. Os ruego que os sujetéis a personas como ellos, y a todos lo que ayudan y trabajan. Me regocijo con la venida de Estéfanas, de Fortunato y de Acaico, pues ellos han suplido vuestra ausencia. Porque confortaron mi espíritu y el vuestro; reconoced, pues, a tales personas”. (1 Co. 16.15-18).

Si yo hubiera ido a la iglesia de Corinto y me hubiera negado a reconocer a Estéfanas diciendo: “Yo reconozco a Dios y no a los hombres”, hubiera estado mal. Pablo dice: “Sométanse a personas como ellos y reconózcanlos”.

HONESTIDAD Y RECONCILIACIÓN

El segundo principio es el siguiente: Para permanecer en unidad hay que caminar en la luz. Caminar en la luz significa decir la verdad el uno al otro, vivir honestamente.

Juan dice:

  • “Si andamos en luz, como El está en luz, tenemos comunión unos con otros y la sangre de Jesucristo, su Hijo, nos limpia de todo pecado” (1 Jn. 1.7).

Eso significa que si andamos en la verdad y en franqueza mutua somos limpiados. Si entiendo este pasaje correctamente, hasta dice que la sangre fluye cuando hay compañerismo. Si aislo un miembro de mi cuerpo o pongo un torniquete en mi brazo, me muero. ¿Por qué? Porque la sangre ha dejado de circular, las impurezas obstruyen el paso, no puede fluir nueva vida.

Lo mismo sucede en el cuerpo de Cristo. Si uno observa un cristiano que está dejando de obrar correctamente, algo que hará es comenzar a separarse del cuerpo: no asistirá a las reuniones, y si uno habla con él no habrá verdadera comunicación.

Para permanecer en comunión uno con otro es necesario andar abierta y honestamente; es por esta razón que la Biblia habla tanto de confesar nuestras ofensas uno a otros. Santiago 5 habla de la sanidad:

  • “Confesaos vuestras ofensas unos a otros, y orad unos por otros”.

No podemos saber cómo orar unos por otros si no confesamos nuestras faltas unos a otros; y esto debe ser hecho en la iglesia. Francamente, a muchos nos haría bien confesar nuestros pecados a alguien; si los sacamos a la luz, entonces Dios puede obrar.

Yo he sido educado como bautista, y la mayoría de bautistas y otros protestantes que conozco se han rebelado de tal manera ante la confesión a sacerdotes que practican los católicos, que no se confiesan a nadie, y muchas veces ni siquiera a Dios. Decimos: “Perdónanos nuestras deudas”, pero eso no es una confesión, es un generalización. “Perdóname por esa mentira que dije de Fulano…”, eso es una confesión; si luego vamos y lo confesamos a Fulano, Dios sabe que somos sinceros. Mateo 18 es muy explícito:

  • “Si tu hermano peca, ve a él en privado primero; si no te oyere, toma contigo a otra persona; si no los oyere, dilo a la iglesia”.

Cuántos problemas nos ahorraríamos si los cristianos pusiéramos en práctica Mateo 18. Me atrevo a decir que la mayoría de las divisiones dentro del cristianismo han ocurrido porque no se aplicó Mateo 18.

Mientras estemos divididos no veremos la gracia de Dios obrar perfectamente entre nosotros. Si creemos lo que Dios dice, deberíamos practicar aquello de que:

  • “Si traes tu ofrenda ante el altar, y allí te acuerdas de que tu hermano tiene algo contra ti, deja allí tu ofrenda delante del altar, y anda, reconcíliate primero con tu hermano…” (Mt. 5.23).

He tratado de convertir en un hábito aclarar directamente con la persona afectada, cuando escucho que ha dicho algo en mi contra, esto me ha tenido bastante ocupado y no siempre funcionó; pero no estoy libre delante de Dios hasta que no lo intenté.

La Biblia dice: “Si no perdonáis, no seréis perdonados”. Necesitamos tomarlo seriamente, si no nos estamos engañando a nosotros mismos. Especialmente como líderes, debemos practicar la reconciliación lo mejor que podemos.

HUMILDAD

La tercera ley es la de humildad: Se requiere humildad de corazón para la armonía y el éxito. Romanos 12.10 dice: “En cuanto a honra, prefiriéndoos los unos a los otros”. Este es un versículo difícil de practicar, ¿cuántos de nosotros estamos más contentos cuando un hermano o una hermana es honrado que cuando lo somos nosotros? A menudo pensamos: “Bueno, si lo conocieran como yo lo conozco, no hubieran dicho tal cosa”.

1 Pedro 5.5-6 dice:

  • “Jóvenes, estad sujetos a los ancianos….Humillaos, pues, bajo la poderosa mano de Dios, para que El os exalte cuando fuere tiempo”.

Humíllense y El los exaltará. Exáltense y El los humillará.

Las contiendas están directamente relacionadas al orgullo. Un cuerpo que funciona es aquél en que cada miembro sirve al cuerpo y no sólo a sí mismo. Servir a otros miembros es una evidencia directa de humildad.

FIDELIDAD

La cuarta ley es la de la fidelidad: Un incremento en la responsabilidad del cuerpo exige fidelidad a la responsabilidad. Esto significa lo siguiente: En un cuerpo, si una persona va a ser promovida, debe serlo en base a su fidelidad en lo que se le ha pedido que haga. De no ser así, el cuerpo dejará de funcionar.

Lucas 16.10-12 dice:

  • “El que es fiel en lo poco, también en lo más es fiel; y el que en lo muy poco es injusto, también en lo más es injusto. Pues si en las riquezas injustas no fuisteis fieles, ¿quién os dará lo que es vuestro?”.

Podemos observar tres partes en esta ley de la fidelidad: fiel en lo muy poco, fiel en las riquezas, fiel en lo ajeno.

Cuando vemos gente que en el cuerpo no se está desempeñando bien, comprobaremos que estas leyes han sido violadas.

La Biblia dice que no se debe tomar a cualquier persona (un novato), no sea que se llene de soberbia y caiga en la trampa del enemigo. Una persona debe comenzar sirviendo, especialmente, en pocas y pequeñas cosas. Por ejemplo, una persona que recién se ha convertido al Señor viene a mí:

–¿Has conocido a Jesús? ¡Eso es maravilloso! ¿Podrías acomodar las sillas para el próximo domingo a la mañana? –le digo.

–¿Sillas? –me contesta–. Siento el llamado de Dios y estoy listo para ser un apóstol.

–¿Podrías acomodar las sillas?

–El mundo está perdido. Quiero ir a alguna parte a predicar. ¡Gloria a Dios!

–Hermano, acomodemos las sillas y los himnarios. –le pido.

–Alabado sea Dios, si tuviéramos fe, no necesitaríamos himnarios. –responde.

Cuando voy a la iglesia el domingo y las sillas no están en orden ni los himnarios tampoco, le digo:

–Hermano, ¿qué pasó con las sillas?

–Bueno, no me sentí guiado a hacerlo. Estuve orando y buscando a Dios.

Ahora, qué pasa si más tarde tengo una reunión con los ancianos y alguien dice:

–Necesitamos a alguien que haga este trabajo más grande, ¿qué tal Fulano?

–Bien, no acomodó las sillas –respondo.

–Puede que no se haya visto motivado por eso. Démosle una tarea más importante, tal vez la haga.

¿La hará? No. Fiel en lo poco, fiel en lo mucho. Infiel en lo poco, infiel en lo mucho. ¿Quién dijo esto? Jesús mismo.

Cuando Jesús escogió a sus discípulos, los inició desde abajo, no desde arriba. Envió a Pedro a recoger el dinero por los peces; encargó a sus discípulos que buscaran un asno y alistaran la habitación para la cena. Ellos sirvieron. Fueron fieles.

GRACIA

La quinta ley es la de la liberalidad: Para aumentar la gracia de Dios se requiere gracia. Si yo deseo mayor gracia, debo tenerla yo también.

Cuando María derramó su perfume a los pies de Jesús, éste reprendió a los que la criticaban; a sus ojos, el amor que ella había mostrado merecía ser recordado dondequiera que se predicara el evangelio (Mt. 14.9).

Proverbios 11.25 dice: “El hombre generoso será prosperado”. La generosidad es parte del modo de vida cristiano. Pablo envió a Tito a los corintios para que “acabe esta obra de gracia” entre ellos, para producir gracia en ellos (2 Co. 8.6).

Cuando hay mezquindad y tacañería en la iglesia, la rueda puede girar, pero hay fricción. La gracia es el aceite que suaviza todo.

Me relaciono con todo tipo de grupos cristianos y encuentro que los más generosos son aquéllos que poseen una mayor revelación de Jesucristo; y no siempre los más “religiosos”. Como pastor, lo que quiero ver en un grupo de personas es que haya una actitud de gracia en todas las relaciones.

FRUTO

La sexta ley es la de fruto: Lo que alguien recibe lo debe transmitir. “A quien mucho le es dado, mucho se le requerirá”. En Juan 15, Jesús dice: “En esto es glorificado mi Padre, en que llevéis mucho fruto, y seáis así mis discípulos”. Fruto es reproducción.

“Toda rama debe llevar fruto o será cortada”, dice Jesús. Una persona podrá no llevar fruto el primer o segundo o tercer año, pero tarde o temprano tendrá que producir; tiene que llegar a decir: “Señor, aquí esta lo que me diste, y aquí lo que hice con ello”.

Los pastores deben esperar que la gente lleve fruto. Llevar fruto no es una posición en la iglesia sino llevar gente al Reino de Dios.

RESPONSABILIDAD

El séptimo principio es la ley de administración: Uno debe aceptar responsabilidad y control sobre lo que produce.

Hace varios años nuestra iglesia comenzó a crecer. La mentalidad de la vieja iglesia era que al pastor le sucedía como a “aquella madre que tenía tantos hijos que no sabía qué hacer”. Yo predicaba y cada domingo había personas que nacían de nuevo y eran llenadas del Espíritu; pero allí quedaban, como niños abandonados a la puerta del orfanato. Con otras tres o cuatro personas estábamos a cargo del seguimiento. Mi oración era: “Señor, envía un avivamiento; pero si lo haces, moriré”.

El Señor me mostró que yo no tenía que hacerme cargo de una generación tras otra de hijos espirituales, sino que todos en la iglesia debían aprender al menos un cierto grado de responsabilidad espiritual por los nuevos miembros, especialmente los que ellos mismos traían.

¿Qué sucedería con los matrimonios jóvenes si los abuelos criaran a sus hijos en su lugar? La idea es que los padres eduquen a sus hijos para que ellos a su vez maduren y puedan educar a los suyos a su debido tiempo.

Creo que la iglesia ha criado a muchos “dependientes”. Algunos cristianos han llegado a los 40 años de edad y nunca han sido capaces de asumir alguna responsabilidad de ayudar a otros cristianos a crecer y madurar. Una de las prioridades que debe tener un pastor al edificar al cuerpo de Cristo es preparar a sus miembros para esta responsabilidad.

Un cuerpo productivo y maduro no es un accidente. Es el resultado de obedecer cuidadosamente las instrucciones de Dios. Al observar la voluntad de la cabeza, los miembros se relacionarán adecuadamente y edificarán al cuerpo. Un cuerpo en funcionamiento podrá después dedicarse a hacer Su Voluntad en la tierra así como en el cielo.

© Pastoral Renewal. Usado con permiso. Apuntes Pastorales, Vol. III, número 4.

Una congregación que daba asco a Jesús

21 Jun

Una congregación que daba asco a Jesús
El Apocalipsis es un libro muy dramático, y tiene que leerse un poco diferente a como leeríamos Romanos, por ejemplo, o Marcos. Si observamos bien este libro, veremos que nos desafía a activar constantemente nuestros sentidos de percepción. En primer lugar, como es obvio, éste es un libro de visiones, que apelan a nuestro sentido de la vista. Nos desafía a visualizar los cuadros que pinta. Apela también al oído, con sus muchas trompetas, voz de trueno, estruendo de cataratas de agua, y aun sus silencios (”los sonidos del silencio”, muy importantes en este libro). Para el olfato, evoca la fragancia de ricos perfumes (incienso) y el olor menos agradable del azufre, familiar a todos los que viven cerca de volcanes. Está presente también el tacto, por ejemplo cuando el Hijo de Hombre pone su mano sobre la cabeza de Juan.

Muy interesante y dramático son dos referencia al gusto gastronómico, al sabor de la boca. En la visión del poderoso ángel con el librito abierto, se le ordena a Juan comerse ese rollo (Apoc. 10:9-10). Si fuera de papiro (algo parecido al papel) o de pergamino (de pellejos animales), ¡no es un menú que apetece para nada! (Si Ud no me cree, trate de comerse una hoja de papel y se convencerá). El otro pasaje que remite al sabor de la boca, aun más feo, es el mensaje a la iglesia de Laodicea: le tienen a Jesús al punto de vomitar! (¿Se acuerda Ud de la última vez que vomitó? Ay, ¡que feo, verdad!).

Laodicea era una ciudad con muchas ventajas: bien situada sobre rutas comerciales, una buena acrópolis para su defensa, buenos pastos para animales y su industria textilera. Pero Laodicea tenía un problema muy serio, el agua. No tan lejos estaba Colosas, hacia el oriente, con agua limpia y bien fresca. Visible hacia el occidente, como nevadas, estaban las inmensas depósitos de minerales de las aguas termales de Hierápolis, donde llegaban hasta emperadores para curarse. Pero el agua de Laodicea no era fría como la de Colosas, ni caliente como la de Hierápolis; era tibia, y daba, literalmente, ganas de vomitar.

Nos podría parecer que a lo menos tibio fuera mejor que frío, pero, al contrario, para Cristo la tibieza es lo peor y le da asco. “Ojalá fueses frío o caliente” (3:15), en vez de tibio. Espiritualmente, el tibio se engaña a sí mismo y piensa que está bien con el Señor. Por eso le es casi imposible arrepentirse, mucho más difícil que para el frío. Pero por supuesto, lo que Jesús quiere es que seamos “calientes” en la fe (”sé celosos”, literalmente “hirvientes”; 3:19).

De las siete iglesias del Apocalipsis, Laodicea era la peor, aunque se creía la mejor. “Tu dices, Yo soy rico, de ninguna cosa tengo necesidad” (3:17). Así era la auto-estima de esta comunidad. Pero Jesús la veía totalmente diferente: “Tu no sabes que eres un pobre, ciego y desnudo”. Lo importante no es lo que nosotros pensamos de nosotros mismos, ni lo que otros piensan de nosotros (3:1), sino cómo Jesús nos ve, como personas y como comunidades. Y esta congregación, tan engreída, le daba asco al Señor.

Pero si ellos se arrepienten, Jesús tendrá un sabor totalmente diferente en su boca. El pasaje termina con lo contrario del inicio. Jesús está a la puerta de esa congregación, toca la puerta y llama, porque ahora quiere sentarse a comer con ellos. Ahora su boca no tiene ese mal sabor de nauseas, sino el apetito y el sabor de una buena comida que él espera compartir con ellos. Así de grande es la gracia y el perdón de nuestro Señor.

¿Qué sabor dejamos nosotros en la boca de Jesús?

http://id7d.org/blog/?p=1296

En pos de la Integralidad

18 Jun

LA IGLESIA NO ES NOVIA DEL CORDERO, SINO PRETENDIENTE.

17 Jun

Abril 30/2010

Hace dos mil años, nuestro Dios envió a su Hijo hecho hombre, para fundar un nuevo concepto de Iglesia; desde entonces, el antiCristo se esmeró en crear un antibricolaje especial, con el objetivo de generar desperfectos allí donde fue asentado el camino hacia la perfección. Comenzó la gran chapuza del diablo: dividir la iglesia de Jesús mediante herramientas adecuadas: teólogos ¿cristianos?

El enemigo de Dios, de Cristo, y del mundo angelical del reino íntegro, ha logrado éxitos innegables gracias a la egolatría y vanidad, que conducen hacia la desobediencia al Señor. A día de hoy, la iglesia cristiana tiene tantas confesiones como teólogos supieron hacer el trabajo para el que fueron plantados por el gran distorsionador. Muchas nominaciones cristianas intentan hacerse dueñas de la Verdad… pese a que Jesús instruyó que solo Él es ‘el camino, la Verdad y la Vida, y que nadie llega al Padre si no es a través de Él.’

No hay más teólogo que Cristo; lo que necesitamos saber lo dejó escrito. Si algo no entendemos, solo debemos leer la Palabra una y otra vez, buscando la verdad en oración [y en ayuno si es preciso]. Podemos estar seguros que Él no dejará dudas en ningún corazón ofrendado rodilla en tierra; todo el que le busque con insistencia, hallará la verdad a través del libro de Teología sobre todo libro: la Biblia.

Pero más allá del reconocimiento de la duda individual, está la imposición de la duda colectiva, sobre un pueblo que no tiene ninguna razón para dudar. Y este es el hecho específico de la sutil y peligrosa instrucción que se viene dando dentro de la iglesia, presentándola a bombo y platillo como ‘LA NOVIA DEL CORDERO’… creando esa falsa sensación de complacencia que no lleva a otro camino que al relax de sentirse ya salvos; todo lo contrario del constante estado de alerta que el propio Jesús nos exige asiduamente .

El relax conviene al enemigo de Dios, que enfrenta así a una iglesia semi dormida en la complacencia. Sin embargo, el último testamento de Cristo, Apocalipsis, deja bien claras las cosas en este contexto. Pone puntos en íes, y advierte sobre la ilusoria seguridad que encarama al pueblo de Dios sobre la burbuja del virtual nirvana cristiano: ‘ya somos salvos’. Harto de ver como se distorsionó su mensaje, pasados más de 50 años de su crucifixión, repite lo que advirtió desde el inicio de su evangelio, sobre lo que vendrá a juzgar, el rigor con el que lo hará, y lo que todos debemos hacer si queremos estar junto a Él en el para siempre de su Reino. En Apo 21:9-10, no deja margen al error:

Vino entonces a mí uno de los siete ángeles que tenían las siete copas llenas de las siete plagas postreras, y me dijo: “Ven acá; te mostraré la desposada, la esposa del Cordero”. Y me llevó en el Espíritu a un monte grande y alto, y me mostró la gran ciudad santa de Jerusalén, que descendía del cielo, de Dios…

Es decir, clarifica que la novia no es ninguna iglesia actual, sino la Jerusalén que Él establecerá. La iglesia cristiana de hoy, imperfecta, dividida, e infiel en más aspectos de los que debiera, no puede considerarse más allá de la ‘pretendiente del Cordero’. Y todo se debe al relax confiado, tan conveniente a satanás, que siempre halla fisura para entrar, si estamos relajados. Cristo precisa que no habrá nupcias sin la selección de actitudes que constituirá la imprescindible iglesia íntegra, la Jerusalén celestial, la única novia bíblica.

Mas la advertencia apocalíptica de Jesús no dice nada que no supiéramos ya; solo ratifica lo anunciado siglos antes por los profetas, y lo que Él mismo notificó en su parábola sobre las bodas del Hijo del Rey, en Mateo 22:2-14. La primera vez que el texto bíblico habla sobre las nupcias de Dios, es en Isa 62:5-7:

“Pues como el joven se desposa con la virgen… así se gozará contigo el Dios tuyo. Sobre tus muros, oh Jerusalém, he puesto guardas; todo el día y toda la noche no callarán jamás. Los que os acordáis de Jehová, no reposéis, ni le deis tregua, hasta que restablezca a Jerusalém, y la ponga por alabanza en la tierra.”

Obviamente, la novia no es una iglesia, sino Jerusalén. Y lo mismo en Jer 2:2:

“Anda y clama a los oídos de Jerusalém, diciendo: Así dice Jehová: Me he acordado de ti, de la fidelidad de tu juventud, del amor de tu desposorio, cuando andabas en pos de mí en el desierto, en tierra no sembrada.”

Y otra vez, en Eze 16:2-8:

“Hijo de hombre, notifica a Jerusalém… Y pasé yo otra vez junto a ti, y te miré, y vi que tu tiempo era tiempo de amores; y extendí mi manto sobre ti, y cubrí tu desnudez; y te di juramento y entré en pacto contigo — dice Jehová, el Señor–, y fuiste mía.”

Y finalmente, Os 2:18-20:

“En aquel tiempo haré para ti pacto… Y te desposaré conmigo para siempre; te desposaré conmigo en justicia, juicio, benignidad y misericordia. Y te desposaré conmigo en fidelidad, y conocerás a Jehová.”

Es decir, las Escrituras judías no dejan dudas respecto a la identificación de la novia: ‘La Jerusalén final.’ Y luego, el NT la condiciona dos veces a la lealtad al Señor, puntualizando quién formará parte de la ‘Novia del Cordero’; como presagiando la actual infidelidad de decenas de confesiones cristianas que pretenden todas adueñarse de la Verdad :’

“Porque os celo con celo de Dios; pues os he desposado con un solo esposo, para presentaros como una virgen pura a Cristo. Pero temo que como la serpiente con su astucia engañó a Eva, vuestros sentidos sean de alguna manera extraviados de la sincera fidelidad a Cristo.” [2Co 11:2-3]

“… así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó a sí mismo por ella, para santificarla, habiéndola purificado en el lavamiento del agua por la palabra, a fin de presentársela a sí mismo, una iglesia gloriosa, que no tuviese mancha ni arruga ni cosa semejante, sino que fuese santa y sin mácula.” [Eph 5:25-27]

Hoy, Jesús nos confronta respecto al ‘cómo’ se siguen sus preceptos. A más de medio siglo de su crucifixión, el Señor ya vio la división lograda por satanás a través de teólogos que fragmentarían su casa, conduciéndola hacia el pecado de egolatría; engreídos humanos, cuya soberbia les hizo creer capaces incluso de enmendar lo perfectamente teologizado por Cristo. Católicos, evangelistas, adventistas, testigos de Jehová, bautistas… etc, son frutos híbridos de un árbol alterado. Y cualquiera de ellos que carezca de misericordia, es un mal fruto.

La lealtad demanda de toda una vida; la traición, de un solo instante. Por eso debemos estar siempre vigilantes; y por eso anunció a Juan el peligro futuro mediante la visión apocalíptica, repitiendo 8 veces una misma frase en Sus 7 mensajes de alerta: [Apo 2: 7, 11, 17, 29; 3: 3, 6, 13, 22]

El que tiene oído, oiga lo que el Espíritu dice a las iglesias.”

O sea: nos incluye a todos; habiendo advertido también anteriormente, en Luc 8:18:

Mirad, pues, cómo oís; porque a todo el que tiene, se le dará; y a todo el que no tiene, aun lo que piensa tener se le quitará.”

¿Acaso estamos ‘oyendo’ bien? El Señor anunció una selección final: los invitados al convite, los fundadores de la nueva Jerusalén; y como todo el que se casa, sienta los cimientos sobre su expectativa de boda, exigiendo la condición inexorable: fidelidad a su instrucción. Por eso es importante que quede claro quien será su ‘Novia’… pues no es exactamente lo que muchos relajados y complacidos piensan que es.

El propio evangelio de Jesús, a través de la parábola de ‘las bodas del Hijo del Rey’, instruye sobre la selección de Su Novia, en Mt 22: 2-14:

El reino de los cielos es semejante a un Rey que hizo fiesta de bodas a su Hijo…”

Ahí se ve claramente la cita a los judíos, la posterior decisión de extender el Evangelio a todas las naciones… y la última selección de invitados al banquete:

Mat 22:11-14 “Y entró el rey para ver a los convidados, y vio allí a un hombre que no estaba vestido de boda. Y le dijo: Amigo, ¿cómo entraste aquí, sin estar vestido de boda? Mas él enmudeció.’ Entonces el rey dijo a los que servían: ‘Atadle de pies y manos, y echadle en las tinieblas de afuera; allí será el lloro y el crujir de dientes. Porque muchos son llamados, y pocos escogidos.

Así, el mensaje de las nupcias [desde profetas hasta Apocalipsis], no es un encargo de complacencia y relax, sino que exige conducta celosa; es una seria advertencia. A día de hoy, no toda la iglesia es novia de Cristo, sino solo la parte de ella que, fiel a Su palabra, mantenga una actitud coherente con Su instrucción. Ante la distorsión teológica vio necesario, en dos versículos, precisar más sobre Su enlace de bodas:

Apo 19:7-9 “Gocémonos, alegrémonos y démosle gloria; porque han llegado las bodas del Cordero, y su esposa se ha preparado. Y a ella se le ha concedido que se vista de lino fino, limpio y resplandeciente; porque el lino fino es las acciones justas de los santos.” Y el ángel me dijo: Escribe: ‘Bienaventurados los que son llamados a la cena de las bodas del Cordero.’ Y me dijo: Estas son palabras verdaderas de Dios.’

Apo 21:2 “Y yo, Juan, vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido.”

Y, ¿quiénes son llamados a la cena? Lo especifica desde el inicio de Su Evangelio:

Mat 16:27 “Porque el Hijo del Hombre vendrá en la gloria de su Padre con sus ángeles, y entonces pagará a cada uno conforme a sus obras.”

Pedro, testigo presencial de Jesucristo, bajo la unción del Señor, puntualiza:

1Pe 4:17-18 “Porque es tiempo de que el juicio comience por la casa de Dios; y si primero comienza por nosotros, ¿cuál será el fin de aquellos que no obedecen al evangelio de Dios? Y: Si el justo con dificultad se salva, ¿en dónde aparecerá el impío y el pecador?”

Debemos estar atentos al mensaje: ‘la Novia del Cordero’ no es la iglesia actual, según muchos piensan desde la relajación del ‘somos salvos; ya el pescado está vendido’, sino la selección que el Señor hará, en el día de Su juicio. Lo advierte una vez más en Mat 7:21:

No todos los que me dicen ‘Señor, Señor…’, entrarán en el reino de los cielos…’

Nadie está aun salvo; si hay juicio es que hay causa, y toda causa concluye en veredicto. Ninguna iglesia sin misericordia valdrá para el matrimonio; solo el amor la hará acreedora de fallo de ‘inocente’. Hoy por hoy, estamos desnudos ante Jesús, y una novia no se casa desnuda; esforcémonos para que a la orden del Rey, su sastre nos vista del lino fino imprescindible, el pasaporte al último y definitivo Jerusalén, según se avisa:

Heb 12:14 “Seguid la paz con todos, y la santidad, sin la cual nadie verá al Señor.”

Validando esta frase más de medio siglo después con sus propias palabras:

No entrará en ella ninguna cosa inmunda, o que hace abominación y mentira, sino solamente los que están inscritos en el libro de la vida del Cordero.” [Apo 21:27]

Así, la ‘Novia del Cordero’ no es la dividida iglesia actual, con enfoques tan disímiles que muchas veces resultan contradictorios de una corriente a otra. La Novia del Cordero será la Jerusalén escogida; la iglesia moderna, teológicamente dividida por aplaudidos oradores, creadores de variopintas castas eclesiásticas, solo alcanza el nivel de ‘pretendiente’. La Jerusalén definitiva, la desposada del Cordero, solo será habitada por aquellos cuyos actos les haga dignos de ser convidados al banquete; como cuando un seleccionador se dispone a escoger su equipo definitivo, vaya.

Nos esforzaremos para llevar ese, tu último uniforme, Señor. Amén.

visto aca

CENA DEL SEÑOR

9 Jun
CENA DEL SEÑOR
Sencilla fiesta ritual ordenada en la Iglesia por Cristo («haced esto en memoria de mí», Lc 22.19), y denominada hoy a veces eucaristía (en griego, acción de gracias) o santa Comunión. Conmemora la muerte expiatoria de Jesucristo y a la vez simboliza la unidad de los cristianos y su reiterada fe en la pronta venida de su Señor.
La última cena que Jesús comió con sus discípulos, durante la Fiesta de la Pascua en la víspera de su crucifixión, sirve de base para la actual Cena del Señor. Evidentemente fue para Él un momento de extraordinaria importancia (Lc 22.15). Dio instrucciones precisas en cuanto a los preparativos (Mt 26.17ss y //), y tomó precauciones para que Judas, y por ende los líderes judíos, no supieran de antemano dónde comerían (Aposento alto).
El Lavamiento de los pies que Jesús hizo a sus discípulos (Jn 13.4–17) dio inicio a la celebración de la cena pascual muy cargada en sí de simbolismo religioso. Luego Jesús tomó el pan, y lo partió y distribuyó entre sus discípulos diciendo: «Esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí» (1 Co 11.24). Después los invitó a tomar de la copa de vino, y dijo: «Esta copa es el nuevo Pacto en mi sangre; haced esto todas las veces que la bebiéreis, en memoria de mí» (v. 25). Esta versión paulina de las palabras de institución, parecida a la de Lucas (22.15–20), ha de compararse con la de Marcos (14.22ss), la cual Mateo ha seguido de cerca (26.26–30).
Frente a la dificultad de fijar la fecha precisa de la institución de la Cena del Señor (Jesucristo), algunos eruditos han tratado de separar por completo esta fiesta cristiana de la tradición pascual. Afirman que Jesús murió precisamente a la hora en que solía sacrificarse el Cordero pascual (Jn 19.14, 31) y que, por tanto, no pudo haber celebrado la comida de la Pascua la noche anterior. Datos descubiertos recientemente en Qumrán, sin embargo, parecen indicar que hubo discrepancias en los calendarios judíos de aquel entonces que quizá permitieran armonizar los relatos sinópticos con el juanino.
Sea la fecha el 14 ó 15 de Nisán, indudablemente los pensamientos de Jesucristo, al sentarse a la mesa, giraban alrededor de la Pascua. Por sus palabras, y mediante un simbolismo profético, el Señor comunica a los suyos que el significado original de la Pascua adquiere una nueva dimensión y cumple la Tipología del Antiguo Testamento. Hace del pan y del vino nuevas parábolas de su sacrificio inminente y emblemas de su muerte que se verificaría por la Expiación del pecado humano y la Propiciación de la justicia de Dios. Por analogía, Cristo hace así que los suyos se identifiquen con una nueva liberación del «Egipto» del pecado en cada celebración de la Cena del Señor.
Algunos cristianos, y en particular los catolicorromanos, han interpretado literalmente las palabras de la institución: «este pan es mi cuerpo … esta copa es mi sangre». Otros aseveran que el verbo «ser» tiene aquí el valor exegético de «significa», como en Gn 41.26; Dn 7.17; Lc 8.11; Gl 4.24; y Ap 1.20, además de que en el arameo hablado por Jesús el «es» faltaría del todo. De ahí se cree que el Señor hablaba metafóricamente.
En la iglesia primitiva, se acostumbraba antes de la Cena del Señor una comida común que conmemoraba las ocasiones alegres en que Jesucristo partía el pan con sus discípulos (por ejemplo, Lc 24.30; Jn 21.9ss; cf. Jn 6.11 y el «partimiento del pan» de Hch 2.42, 46; 20.7; etc.). Parece que en Corinto estas fiestas o Ágapes se convirtieron en ocasiones egoístas para embriaguez y glotonería que merecieron una severa reprensión de Pablo (1 Co 11.20ss). El apóstol advirtió del juicio que espera a los que participan de los elementos «indignamente … sin discernir el cuerpo» (vv. 27–34).

Nelson, Wilton M., Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1998.

“LAS ORDENANZAS DE LA IGLESIA”

7 Jun

Texto: Juan 1:6; 4:1-2; Mateo 28:18-20

Introducción:

Surge la pregunta: ¿Qué es una ordenanza?

Se derive la palabra del idioma latín y quiere decir – “lo que fue ordenado o mandado”.

Alguien había dicho que las ordenanzas son “señales visibles de la gracia invisible”. Esto quiere decir que son símbolos externos de lo que Dios hizo en nuestro corazón.

La Biblia habla solamente de dos ordenanzas: el bautismo y la cena del Señor. Si no las … Leer mas…

via La Voz Bautista