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El Movimiento Bautista

26 Jul

A la par con el movimiento reformador, liderado al principio por Lutero y Zwinglio, surgió otro movimiento que entendía que aquellos reformadores no habían llegado lo suficientemente lejos en su apego a las Escrituras del NT. Por eso se le ha denominado como “Reforma Radical”. Es de este grupo que surgen los Bautistas modernos que estudiaremos a continuación.

EL PROBLEMA DEL ORIGEN

¿De dónde surgen los bautistas? Los historiadores bautistas no dan la misma respuesta a esta pregunta. Algunos relacionan el origen de los bautistas con grupos antipaidobautistas que aparecieron muy temprano en la historia de la Iglesia. Estos historiadores piensan que la denominación bautista tiene un parentesco espiritual con aquellos grupos que se opusieron al bautismo infantil, como los novacianos (s. III), los donatistas (s. IV), los paulicianos (s. V), los valdenses (s. XII), y así sucesivamente.

Otros sostienen que la historia bautista se remonta al tiempo de los apóstoles. Éstos historiadores, llamados “sucesionistas” por su insistencia en poder trazar una sucesión de creyentes bautistas que algunos llevan hasta Juan el Bautista incluso, pretenden poseer todos los eslabones de una cadena que nos lleva hasta la iglesia primitiva.

Pero, si bien es cierto que el espíritu no conformista que caracterizó a los bautistas puede rastrearse a través de toda la Historia de la Iglesia, y que el movimiento bautista guarda cierta relación o parentesco con algunos de estos grupos medievales, la denominación bautista como tal nace en Inglaterra en el siglo XVII. Es a partir de este punto que podemos verificar una línea ininterrumpida de iglesias bautistas hasta nuestros días. Como bien señala el historiador Justo Anderson:

El bautista es un cristiano apostólico, puesto que una iglesia, aunque recién organizada sí lo es sobre el Nuevo Testamento, es más apostólica que aquella Iglesia que puede trazar su sucesión a los apóstoles, pero, que se ha apartado de los principios apostólicos. La cuestión de la veracidad es mucho más importante en el estudio de la historia bautista que la cuestión de la antigüedad, porque la antigüedad de principios es muy distinta a la antigüedad de organización.

Y más adelante añade: “Este es el dilema de la historia bautista. Es, al mismo tiempo, vieja y nueva.”

LOS PRECURSORES

A. Los inicios en Zurich

En este punto de nuestra historia, debemos regresar unos años atrás al inicio de la reforma en Zurich.

Como vimos en la lección 5, el movimiento reformador en Suiza comienza con la conversión de Zwinglio. Debido a su trasfondo humanista, Zwinglio reunió muy pronto alrededor de sí a un grupo de jóvenes intelectuales, interesados primariamente en el estudio de los clásicos griegos. En 1521 se unió a este grupo un joven llamado Conrad Grebel (1448-1526), que había iniciado sus estudios humanistas unos años antes en las universidades de Basilea, Viena y París. Zwinglio introdujo a estos jóvenes al estudio del Nuevo Testamento griego, de tal manera que algunos de ellos, no sólo hicieron profesión de fe, sino que también se convirtieron en celosos reformadores. Grebel era uno de ellos.

Pero pronto surgieron algunos problemas. Menos de tres años después, algunos de estos jóvenes llegaron a ciertas convicciones distintas a las de Zwinglio; entre los puntos de divergencia estaba el asunto del bautismo infantil y la relación de la Iglesia con el estado. Dado que no pudieron ponerse de acuerdo con su mentor y maestro, el 21 de enero de 1525 un grupo de 15 hombres se reunió en la casa de Félix Manz para determinar lo que habrían de hacer, ya que el municipio de Zurich les había dado ocho días de plazo para retractarse de sus convicciones y bautizar a sus hijos. Uno de los presentes esa noche proveyó el siguiente relato:

Sucedió que estábamos juntos hasta que cayó sobre nosotros una tremenda ansiedad… Caímos de rodillas ante el Dios Altísimo y oramos que nos indicase su voluntad divina… porque no fue una cosa de carne y de sangre que los impulsaba, puesto que bien sabían que significaba sufrimiento. Después de la oración, Jorge Cajacob se levantó y rogó que Conrado Grebel le bautizase con el bautismo cristiano correcto en base a su fe y conocimiento.

Grebel bautizó a Cajacob (también conocido como Blaurock) quien procedió de inmediato a bautizar a todos los demás. Así quedó constituida la primera iglesia de los hermanos suizos. “Está claro que fue esta la acción más revolucionaria de la Reforma. Ningún otro suceso simbolizó tan completamente el rompimiento con Roma. Aquí, y por primera vez durante la reforma, un grupo de cristianos se atrevió a formar una Iglesia según se pensaba que era el modelo del Nuevo Testamento.”

A partir de ese momento Grebel se dedicó a una intensa labor evangelística; comenzaron a tener cultos en las casas y a practicar el bautismo a creyentes, por lo que fueron llamados “anabaptistas” o “rebautizadotes”. Esto desató una fuerte persecución contra ellos. Finalmente Grebel fue arrestado y encarcelado en Noviembre del 1525 junto con Blaurock y Manz. Grebel pudo escapar de su encarcelamiento y publicar un tratado sobre el bautismo; pero murió víctima de la peste alrededor de agosto de 1526.

B. Baltasar Hubmaier (1480-1528)

A la par de este movimiento originado en Zurich, algo similar ocurría en Moravia, en relación con el ministerio de Baltasar Hubmaier, uno de los hombres más importantes del movimiento anabaptista. Hubmaier nació cerca de Augsburgo, en el seno de una familia humilde. Estudió en la Universidad de Friburgo, donde fue alumno de Juan Eck. Ambos se profesaban una gran admiración, de tal modo que, cuando Eck dejó la universidad de Friburgo para enseñar en la Universidad de Ingolstad, Hubmaier se fue tras él, llegando a recibir allí su título de Doctor en Teología el 29 de septiembre de 1512.

Luego fue ordenado sacerdote y nombrado como predicador y capellán de la Universidad, llegando a ser vicerrector en 1515. Al año siguiente dejó Ingolstad recibió una invitación para venir a ser el párroco de la Catedral de Regensburgo. Allí se vio envuelto en una campaña antisemita que desembocó finalmente en la expulsión de los judíos de la ciudad, convirtiendo luego la sinagoga abandonada en una capilla católica dedicada “a la hermosa María”.

Muy pronto esta capilla comenzó a recibir un número cada vez mayor de feligreses, pues se había regado la voz de que en la nueva capilla se estaban produciendo varios milagros casi diariamente. Eso provocó la envidia de los monjes locales al ver menguar sus ingresos y su prestigio. Fue tal vez este factor el que llevó a Hubmaier a trasladarse a la ciudad de Waldshut en 1521. Allí continuó su labor como cualquier párroco de la Edad Media.

Pero en junio de 1522 hizo un viaje a Basilea donde conoció a Erasmo y a Heinrich Glarean (que fuera maestro de Grebel). Allí también entró en contacto más directo con la Reforma, de modo que a su regreso a Waldshut decidió estudiar más a fondo el NT. Todo luce indicar que ese fue el año de su transformación. A partir de ese momento, las prédicas de Hubmaier evidenciaron que había abrazado la Reforma y, sobre todo, que había depositado su fe en Cristo. En medio de este proceso, Hubmaier recibe la invitación de regresar a Regensburgo, donde los habitantes quedaron profundamente sorprendidos por el cambio evidente de su antiguo pastor. Poco tiempo después regresó de nuevo a Waldshut, dispuesto a continuar la reforma allí.

En 1 de marzo de 1523 hizo contacto con Zwinglio y con otros dirigentes de la reforma en Suiza, incluyendo a Conrad Grebel. A su regreso a Waldshut redactó un documento de 18 artículos los cuales serían la guía para la reforma en la ciudad. En estos artículos Hubmaier estableció claramente la doctrina de la justificación por la fe, los frutos de amor que la verdadera fe produce, el rechazo de la misa como sacrificio, el rechazo al celibato y el bautismo voluntario de los creyentes.

Al año siguiente contrajo matrimonio con Elizabeth Hugline, quien resultó ser una esposa fiel y valiente. Pero sus actividades reformadoras pronto llamaron la atención de Fernando I de Habsburgo (hijo de Felipe el Hermoso y Juana I de Castilla y, por lo tanto, hermano de Carlos I de España y nieto de los reyes católicos Fernando e Isabel). Primero envió una comisión al Concilio de la ciudad pidiendo que destituyeran al predicador, pero éstos se negaron a hacerlo. Luego llegó una carta del gobierno austriaco, en la que se les volvía a pedir que destituyeran “al que se decía doctor y predicador del pueblo, y a que escogiera en su lugar a otro predicador adecuado y piadoso que no mantuviera las condenadas doctrinas de Lutero.”

Dado que la presión continuó arreciando, Hubmaier decidió salir de la ciudad para evitar una intervención armada. En septiembre de 1524 se dirigió a la ciudad de Schaffhausen. Allí escribió uno de los tratados más importantes de la literatura que produjo la reforma, titulado: “Concerniente a los herejes y a aquellos que los queman”, donde se proclamó abiertamente en contra de las persecuciones religiosas de cualquier tipo y el uso de la espada o el fuego para combatir la herejía, a la vez que abogó por la libertad de cultos. “Está claro para todos ahora, incluso para los ciegos, que una ley para quemar herejes es una invención del diablo. La verdad es inmortal.” Esta frase vino a ser el lema de su vida.

En octubre de ese año, Hubmaier regresó a Wadlshut, donde fue aclamado por el pueblo como un héroe. Hasta el ayuntamiento hizo una fiesta a su favor. Para este tiempo, sus convicciones acerca del bautismo se habían asentado en su mente, como vemos en una carta que envió a un amigo el 16 de enero de 1525: “El significado de este signo y símbolo (el bautismo), la prenda de la fe hasta la muerte esperando la resurrección de la vida futura, tiene que considerarse como algo más que una señal. Su significado no pueden entender los niños, por eso es absurdo el bautismo infantil.” Más tarde, en abril de ese mismo año, Hubmaier fue bautizado con unas 60 personas.

En mayo de 1525, Zwinglio publicó un panfleto titulado “Sobre el bautismo, el anabaptismo y el bautismo infantil”, donde rebatía el concepto anabaptista del bautismo de los creyentes. Hubmaier respondió en el mes de julio con una obra que tituló “El bautismo cristiano de los creyentes”. Este libro “es considerado por muchos como la mejor defensa del bautismo de creyentes jamás escrita.” Esta obra provocó otro debate en Zurich que concluyó con la proscripción de los anabaptistas y el encarcelamiento de Hubmaier, quien había huido a Zurich cuando las tropas austriacas entraron en Waldshut.

Algunos piensan que Hubmaier pudo haber abrigado esperanzas de convencer a Zwinglio; pero lo que en realidad ocurrió fue que se le exigió que se retractara o sería expulsado de Zurich inmediatamente. Temiendo caer en las manos de Fernando I, Hubmaier se retractó. Pero muy pronto se retractó de su retractación y atacó el bautismo infantil luego de un sermón de Zwinglio, por lo que fue apresado inmediatamente. Pero fue fuertemente presionado y volvió a retractarse otra vez.

Una vez liberado, Hubmaier se dirigió a Nikolsburgo (en la actual República Checa), una de las ciudades europeas más tolerantes en ese entonces debido, en parte, a la influencia de Juan Huss. Allí fue recibido con mucho entusiasmo por los evangélicos moravos, llevando a cabo un ministerio sumamente fructífero. Ese fue también un período de gran producción literaria; durante el 1526 y 1527 Hubmaier publicó unos 17 panfletos que fueron de mucha ayuda para los anabaptistas en los años siguientes. “Pocos de sus contemporáneos le excedieron en elocuencia, estilo y humor… Hubmaier fue un erudito cristiano cuyo conocimiento de las Escrituras no fue aventajado por ninguno de sus contemporáneos, y un teólogo capaz al que sólo excedió Calvino.”

Lamentablemente, muy pronto estos anabaptistas moravos comenzaron a enfrentar grandes problemas. Por un lado, el grupo se dividió, ya que algunos se fueron detrás de Juan Hut, un fanático que esperaba la instauración del reino milenial en la tierra, a la vez que insistía en el uso de la espada contra los impíos para establecer el reino. Éste predijo que la segunda venida de Cristo habría de ocurrir el domingo de Pentecostés de 1528, a la vez que trató de reunir a los 144,000 elegidos a quienes selló bautizándolos y poniéndoles en sus frentes la señal de la cruz.

Por otro lado, por orden del archiduque Fernando de Austria, Hubmaier y su esposa fueron apresados y llevados a Viena donde fueron condenados a la muerte; Hubmaier fue quemado vivo el 10 de marzo de 1528, y su esposa fue ahogada en el Danubio tres días después. Sin un liderazgo fuerte que los guiara, eventualmente los anabaptistas de Nikolsburgo dejaron de existir. Pero la influencia de Baltasar Hubmaier se habría de sentir por muchos años más debido a sus obras escritas. “En 1619 se las consideraba todavía tan peligrosas que fueron incluidas en el índice de libros prohibidos… que promovió la Inquisición española.” En un documento del siglo 17, su nombre aparece en una lista de grandes herejes sólo precedido por los nombres de Lutero, Zwinglio y Calvino.

El mismo año en que murió Hubmaier, 1528, el emperador Carlos V “decretó la pena de muerte para los anabaptistas, apelando a una vieja ley romana, creada para extirpar el donatismo, según la cual quien se hiciera culpable de rebautizar o de rebautizarse debía ser condenado a muerte.”

C. El desastre de Munster

Luego de la muerte de Juan Hut, el movimiento se dividió; sin embargo, su mensaje apocalíptico continuó siendo proclamado por otros profetas, entre los cuales se encontraba Melchior Hofman. Aunque Hofman comenzó siendo un predicador laico luterano, más tarde rechazó la enseñanza de Lutero con respecto a la comunión y vino a ser seguidor de Zwinglio, para abrasar luego la doctrina anabaptista en la ciudad de Estrasburgo. Convencido de que él era el Elías que habría de preparar el camino para el retorno de Cristo, comenzó a proclamar que el día del Señor se estaba acercando y que en la ciudad de Estrasburgo se habría de establecer la Nueva Jerusalén.

También instó a sus seguidores a abandonar el pacifismo que había caracterizado a los anabaptistas, “declarando que al aproximarse el fin sería necesario que los hijos de Dios tomaran las armas contra los hijos de las tinieblas.” Finalmente, Hofman fue encarcelado en Estrasburgo en 1533 hasta su muerte 10 años más tarde.

Pero uno de sus discípulos, un panadero holandés llamado Juan Matthys, tomó el mando, declarándose a sí mismo como profeta del movimiento: así como Hofman era el Elías que había de venir antes del retorno del Señor, él era Enoc, el otro testigo de Ap. 11. Matthys procedió entonces a nombrar a 12 apóstoles, entre los cuales estaba Juan de Leyden, y además trasladó la Nueva Jerusalén a Munster, ciudad importante en la región de Westfalia. Mucha gente se aglomeró en torno a ellos; expulsaron al obispo de la ciudad y trataron de instaurar una teocracia que, según ellos, se ajustaría en todo a la Biblia, incluyendo la práctica de la poligamia, tal como se veía en la historia del Antiguo Testamento. A la muerte de Matthys, Juan de Leyden tomó el mando; y así como Hofman se comparó con Elías y Matthys con Enoc, Leyden era el rey David.

Pero el obispo expulsado no se quedó de brazos cruzados; pronto reunió un ejército, compuesto por luteranos y católicos, y sitió la Nueva Jerusalén. La situación dentro de la ciudad se fue volviendo cada vez más desesperada, hasta que, finalmente, sus mismos habitantes abrieron las puertas para que entrara el obispo con su ejército. Lo que sucedió a continuación fue un terrible baño de sangre que habría de ser recordado por mucho tiempo, contribuyendo aún más a la mala fama que ya tenía el movimiento anabaptista.

D. Menno Simons y los menonitas

El desastre de Munster le puso punto final al ala revolucionaria del anabaptismo, pero no al movimiento como tal. Entre los anabaptistas más prominentes de esta nueva generación, uno de los más importantes es, sin duda alguna, Menno Simons, un ex sacerdote católico que abrazó el anabaptismo en 1536, el mismo año en que Juan de Leyden fue ejecutado. Simons nació en los países bajos, en 1496, cuatro años después del descubrimiento de América, 13 años después del nacimiento de Lutero y 30 años antes del nacimiento de Calvino. Fue ordenado para el sacerdocio en 1524, cuando tenía 28 años de edad.

Por una razón que desconocemos, al año siguiente de su ordenación, Simons comenzó a tener serias dudas acerca de la misa. “Yo no cesaba de pensar en que la copa y el pan que repartía en la misa no eran la sangre y la carne del Señor. Creía que era el diablo el que me quería apartar de mi fe. Me confesaba con frecuencia, lloraba y oraba, pero no conseguía librarme de este pensamiento.”

En ese momento de su vida, Simons desconocía casi completamente las Escrituras; como él mismo señala en uno de sus escritos: “… no las había tocado en toda mi vida temiendo leerlas por si me descarriaba. Ahora me doy cuenta de lo torpe que fui durante cerca de dos años cuando era sacerdote.” También admite en otro lugar que en ese tiempo llevaba una vida vacía y frívola, fullera y de borracho y “llena de diversión como es la costumbre y el uso de la gente inútil.”

Finalmente determinó que debía acudir a las Escrituras para resolver sus dudas. Poco a poco fue aceptando la autoridad doctrinal de las Escrituras y pronto se topó también con el tema del bautismo. Sus estudios del Nuevo Testamento le convencieron de que el bautismo infantil era un error; por otra parte se sentía profundamente conmovido por la persecución que se había desatado en contra de los anabaptistas. El 30 de marzo de 1535 un grupo de unos 300 anabaptistas fue violentamente apresado y ejecutado, entre los cuales estaba uno de sus hermanos. Aquello le conmovió profundamente y desencadenó en él una crisis que le llevó a su conversión y a su salida definitiva del catolicismo romano el 30 de enero de 1536.

No mucho tiempo después fue bautizado y ordenado ministro anabaptista. Su labor en los Países Bajos fue tan exitosa que allí los anabaptistas fueron conocidos como menonitas. El alcance de su obra fue tal que el emperador Carlos V emitió un edicto en el que ofrecía la recompensa de 100 monedas de oro por su cabeza, a la vez que prometía al que le entregara un indulto por cualquier delito cometido. No obstante, y a pesar de la persecución, se mantuvo ministrando hasta su muerte el 31 de enero de 1561.

LOS BAUTISTAS INGLESES DEL SIGLO XVII

El movimiento bautista en Inglaterra en el siglo XVII debe ser visto como una rama del puritanismo que estudiamos en la lección anterior. Parece que algunos de ellos habían recibido cierta influencia anabaptista por medio de inmigrantes holandeses. Cuando la situación se puso difícil para ellos, algunos emigraron a Ámsterdam, donde gozaron de tolerancia religiosa.

Pero no todos huyeron. En la ciudad de Gainsborough, en Inglaterra, se formó un centro de separatistas, de entre los cuales surgieron los bautistas en sus dos grandes ramas: los bautistas generales (de doctrina arminiana) y los particulares (de doctrina calvinista). Aunque los bautistas generales surgieron primero en Inglaterra que los particulares, es de estos últimos que surgen los bautistas modernos, y esto por dos razones. La primera es que en el siglo XVIII los bautistas de doctrina arminiana abrazaron el liberalismo teológico y prácticamente desaparecieron del escenario de Inglaterra.

Por otra parte, fueron los bautistas particulares quienes “introdujeron una nueva interpretación del bautismo como un testimonio de la muerte, la sepultura y la resurrección de Cristo que perdura entre los bautistas modernos” (hasta ese entonces el bautismo era considerado como un símbolo de purificación).

De igual modo, fueron los bautistas particulares quienes restauraron la práctica del bautismo por inmersión después del 1641.

La primera congregación bautista de teología calvinista se constituyó en Londres en 1616 bajo el liderazgo de Henry Jacob (1553-1624). Éste había pasado un tiempo en Holanda donde había entrado en contacto con puritanos congregacionalistas. En 1624 emigró a Virginia, colonia americana, donde murió poco tiempo después. El siguiente pastor de esta iglesia en suelo inglés fue Juan Lathrop, quien estuvo al frente de la congregación hasta 1634; pero él también se fue al nuevo mundo. Cuatro años después, Enrique Jessey asumió el pastorado.

No fue sino hasta 1630 cuando está iglesia comenzó a discutir el tema del bautismo. Poco a poco la iglesia fue asumiendo las convicciones que la iban conformando en una congregación bautista. Pero fue en 1645, el año en que Jessey fue bautizado por inmersión, cuando esta iglesia vino a ser realmente bautista. Anterior a esa fecha, otro grupo se había separado de la iglesia madre, precisamente por su convicción de que sólo los creyentes debían ser bautizados. Esta iglesia tuvo como su primer pastor a Juan Spilsbury. Fue precisamente allí donde, en 1640, surgió una discusión sobre el modo del bautismo, que finalmente los llevó a la conclusión de que debía realizarse por inmersión, como simbolismo de muerte y resurrección (comp. Rom. 6:4 y Col. 2:12).

Este método fue adoptado por todas las iglesias bautistas, incluyendo las generales, y así quedó consignado en la Primera Confesión Bautista de Londres de 1644. Para esa fecha, según el historiador Daniel Neal, había unas 47 iglesias bautistas particulares en Inglaterra, 7 de ellas en la ciudad en Londres. Estas 7 iglesias aprovecharon la libertad política y religiosa que se gozaba en aquellos días, para aclarar algunos malos entendidos con respecto a los bautistas, ya que muchos los asociaban con el ala radical del movimiento anabaptista del Continente. Tal como vimos en la lección pasada, en 1689 estos Bautistas publicaron su Segunda Confesión de Fe, que es la que tienen la mayoría de las iglesias reformadas hoy día alrededor del mundo.

© Por Sugel Michelén. Todo pensamiento cautivo. Usted puede reproducir y distribuir este material, siempre que sea sin fines de lucro, sin alterar su contenido y reconociendo su autor y procedencia.

http://todopensamientocautivo.blogspot.com/2010/07/el-movimiento-bautista.html

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Cómo se Financiaba la Iglesia Primitiva.

11 Jul

Cómo se Financiaba la Iglesia Primitiva.

No debería ser ninguna sorpresa que las congregaciones cristianas primitivas se financiaran de la misma manera que la sociedad israelita primitiva -mediante ofrendas voluntarias, las cuales, según Moisés, fueron más que suficientes para lo que se necesitó.

“Vinieron así hombres como mujeres, todos los voluntarios de corazón, y trajeron cadenas y zarcillos, anillos y brazaletes y toda clase de joyas de oro; y todos presentaban ofrenda de oro a Jehová”. Éxodo 35:22.

“De los hijos de Israel, así hombres como mujeres, todos los que tuvieron corazón voluntario para traer para toda la obra, que Jehová había mandado por medio de Moisés que hiciesen, trajeron ofrenda voluntaria a Jehová”. Éxodo 35:29.

“Y tomaron de delante de Moisés toda la ofrenda que los hijos de Israel habían traído para la obra del servicio del santuario, a fin de hacerla. Y ellos seguían trayéndole ofrenda voluntaria cada mañana”. Éxodo 36:3.

“pues tenían material abundante para hacer toda la obra, y sobraba”. Éxodo 36:7.

Cuando el pueblo de nuestro Padre da según su corazón, y hacemos el trabajo al que él nos ha llamado, y lo hacemos a su manera, esas ofrendas de corazón serán suficientes, y más que suficientes.

¡Las claves son el corazón dispuesto y el trabajo apropiado!

Los historiadores de la iglesia lo dejan muy claro.

Las congregaciones cristianas primitivas no se financiaron con diezmos de ningún tipo.

Al parecer, los promotores del diezmo no leen la misma historia del cristianismo primitivo.

La Enciclopedia Británica nos dice que… – La iglesia cristiana dependió al principio de donaciones voluntarias de sus miembros.

El Diccionario de Hasting dice de la iglesia apostólica… – Se admite universalmente que el pago de diezmos o la décima parte de las posesiones para propósitos sagrados no encontró un lugar en la iglesia cristiana durante la época cubierta por los apóstoles y sus sucesores inmediatos.

La Enciclopedia Americana afirma… – El diezmar no se practicaba en la iglesia cristiana primitiva.

De manera similar, la Iglesia Católica, notoria por sus muchos planes financieros, dice en la Nueva Enciclopedia Católica… – La iglesia primitiva no tenía sistema de diezmos… no había ninguna necesidad de tenerlo, ni de que existiera ni fuera reconocido en la iglesia, sino que los otros medios parecían bastar.

Me parece irónico que la Iglesia Católica Romana, que trajo muchos rituales y tradiciones del Antiguo Testamento, e hizo retroceder a la iglesia modificando formas, al principio no participó en la usura, que es interés sobre el dinero.

Sentían que no era bíblico, a causa de pasajes como Éxodo 22:25 – Levítico 25-35-37 – Deuteronomio 23:19, 20 – Nehemías 5:7, 10 – Salmo 15:5.

Para financiar todas sus guerras y planes de edificación, los papas y los reyes nombraban judíos en sus cortes para que hicieran este tipo de trabajo sucio.

Esto quizás contribuyó a que principalmente judíos llegaran a ser los banqueros prominentes que son, y que acabaran siendo los prestamistas del dinero de los cristianos.

¿No es interesante que los que utilizan el Antiguo Testamento para apoyar el diezmo de los cristianos, evitan misteriosamente los pasajes de las sagradas escrituras que dicen que cobrar intereses es ilegal?

Estos mismos promotores por lo general tienen abundante dinero colocado a todo tipo de interés, y este dinero sostiene obligaciones con el estado, cuentas de ahorro, acciones, etc.

En realidad, cada vez que una bala se dispara o una bomba se lanza en diversas guerras para matar a alguien, millares de iglesias a través de todos los Estados Unidos obtienen ganancias.

– ¿Cómo? -se preguntarán ustedes. Las iglesias y las oficinas principales de las denominaciones tienen miles de millones de dólares invertidos en centenares de negocios rentables, relacionados con empresas.

La mayoría de las iglesias ponen su dinero en inversiones conservadoras, tales como los fondos mutuos en compañías de primera clase, como contratistas de defensa.

Algunos de ellos son igualmente controlados por organizaciones religiosas, como la Iglesia Católica Romana.

Cuando estos contratistas de defensa, como la McDonald Douglas, vende sus máquinas de guerra al gobierno de los Estados Unidos, los accionistas, millares de los cuales son iglesias, obtienen ganancias.

Las máquinas de guerra se hacen para matar gente. ¿Cómo llamaría a una persona que impone leyes a la gente que, ya han sido dejadas por el nuevo pacto, y viola ella misma esas leyes?

Como quieras llamarlos, son los promotores del diezmo. Jesús los llamó… “¡Generación de víboras! ¿Cómo podéis hablar lo bueno, siendo malos? Porque de la abundancia del corazón habla la boca”. Mateo 12:34.

“¡Ay de vosotros, escribas y fariseos, hipócritas! porque sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera, a la verdad, se muestran hermosos, mas por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia”. Mateo 23:27.

A lo largo de toda la Biblia, el Antiguo y el Nuevo Testamento, el Dios de la cristiandad deja claro que él no está muy interesado en nuestras ofrendas de sacrificio.

“Oye, pueblo mío, y hablaré; Escucha, Israel, y testificaré contra ti: Yo soy Dios, el Dios tuyo. No te reprenderé por tus sacrificios, Ni por tus holocaustos, que están continuamente delante de mí. No tomaré de tu casa becerros, Ni machos cabríos de tus apriscos. Porque mía es toda bestia del bosque, Y los millares de animales en los collados. Conozco a todas las aves de los montes, Y todo lo que se mueve en los campos me pertenece. Si yo tuviese hambre, no te lo diría a ti; Porque mío es el mundo y su plenitud. ¿He de comer yo carne de toros, O de beber sangre de machos cabríos? Sacrifica a Dios alabanza, Y paga tus votos al Altísimo; E invócame en el día de la angustia; Te libraré, y tú me honrarás”. Salmo 50:7-15.

“Porque no quieres sacrificio, que yo lo daría; No quieres holocausto. Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; Al corazón contrito y humillado no despreciarás tú, oh Dios”. Salmo 51:16, 17.

“Por lo cual, entrando en el mundo dice: Sacrificio y ofrenda no quisiste; Mas me preparaste cuerpo. Holocaustos y expiaciones por el pecado no te agradaron”. Hebreos 10:5, 6.

“Entonces dije: He aquí, vengo; En el rollo del libro está escrito de mí; El hacer tu voluntad, Dios mío, me ha agradado, Y tu ley está en medio de mi corazón”. Salmo 40:7, 8.

Nuestro Padre lo aclara suficientemente. Nosotros no tenemos nada que no pertenezca a él. Puedes ofrendar el 10% o el 90% de tus ingresos, o todo. No hace ninguna diferencia para él. Todo pertenece a él.

Somos nosotros los que parece que tenemos problemas para recordarlo.

¡Es realmente quien está detrás de nuestra sincera gratitud y nuestro sincero agradecimiento por lo que él nos ha dado!

Puede ser una sorpresa para muchos cristianos, pero Dios no necesita ventanas con cristales de colores, torres en forma de aguja, alfombras mullidas, cruces llamativas, y un sinfín de cosas que se compran con los diezmos.

Dios probablemente preferiría un toro a una torre de aguja.

Por lo menos él hizo el toro, pero ni hizo ni autorizó a los dirigentes de iglesia para que gastaran esos diezmos en muchas de las cosas en las cuales se gastan.

Permíteme preguntarte… ¿Cómo envió Jesús fuera a los discípulos?

¿Les dio un Cadillac, o una tarjeta American Express en nombre del ministerio, como muchos modernos cristianos de hoy día? ¡Nooo!

Los envió lejos con nada, y ellos se proveían de todo lo que necesitaban donde iban.

“Id; he aquí yo os envío como corderos en medio de lobos… No llevéis bolsa, ni alforja, ni calzado; y a nadie saludéis por el camino… Y posad en aquella misma casa, comiendo y bebiendo lo que os den; porque el obrero es digno de su salario. No os paséis de casa en casa”. Lucas 10:3, 4, 7.

Quizás se deba dejar claro este punto, que Jesús no usó ningún dinero de la tesorería de Israel, de la cual los diezmos de la tierra y el ganado eran seguramente una parte.

Como mencione antes, Jesús, siendo de la tribu de Judá y no de la tribu de Leví, no podía legalmente recibir diezmos.

Jesús se financiaba por medio de ofrendas voluntarias de diversas personas.

“Juana, mujer de Chuza intendente de Herodes, y Susana, y otras muchas que le servían de sus bienes”. Lucas 8:3.

A veces proveía milagrosamente para sí mismo, como cuando le dijo a Pedro que pescara un pez para pagar el impuesto del templo.

“Cuando llegaron a Capernaum, vinieron a Pedro los que cobraban las dos dracmas, y le dijeron: ¿Vuestro Maestro no paga las dos dracmas? El dijo: Sí. Y al entrar él en casa, Jesús le habló primero, diciendo: ¿Qué te parece, Simón? Los reyes de la tierra, ¿de quiénes cobran los tributos o los impuestos? ¿De sus hijos, o de los extraños? Pedro le respondió: De los extraños. Jesús le dijo: Luego los hijos están exentos. Sin embargo, para no ofenderles, ve al mar, y echa el anzuelo, y el primer pez que saques, tómalo, y al abrirle la boca, hallarás un estatero; tómalo, y dáselo por mí y por ti”. Mateo 17:24-27.

Amen. Dios Te Bendiga.

Ministerio El Remanente Inc.

Vives, Jose-Los Padres de La Iglesia en Sus Textos

11 Jul

aguirre, rafael – del movimiento de jesus a la iglesia cristiana

11 Jul

El Legado Del Cristianismo en La Cultura Occidental

6 Jul

Historia del Canon Bíblico – parte 1

8 Jun

INTRODUCCIÓN

La cuestión del canon bíblico, o sea de los libros que deben considerarse como de divina autoridad, ha sido muy debatida en el curso de los tiempos. La verdad es que en la historia del canon hay muchos puntos oscuros. El autor del presente trabajo reconoce las dificultades que se presentan al tratar de ella, las cuales pueden comprobarse por las diferencias que ocurren, en diversos respectos, entre los autores que se han ocupado del asunto. El propósito de este estudio, sin embargo, es marginar las cuestiones de orden doctrinal o teológico, en que el terreno es propicio a las polémicas, y concentrarse, con la mayor precisión posible, en los hechos históricos, hasta donde se han podido comprobar, en cuanto a la formación del canon bíblico. Su propósito es, pues, solamente de índole informativa.

La palabra canon viene del griego, al través del latín, y significa literalmente una vara recta, de donde viene el sentido de norma, o regla en sentido figurado. Es el sentido en que la usa Pablo en 2 Co. 10.13. Llegó a tener otras acepciones. Por ejemplo, en el siglo 2 A.D. significaba la verdad revelada, la “regla de fe”. En su sentido específico de “lista”, “índice” o “catálogo” de libros sagrados, oficialmente reconocidos por las autoridades religiosas como normativos para los creyentes, con exclusión de los demás, canon es un término de origen cristiano. Aparece primeramente en la literatura patrística del siglo 4 A.D. El concilio de aodicea (363) habla ya de “libros canónicos”. Atanasio (367) se refiere a ellos como “canonizados”.

Es al parecer Prisciliano (380) quien por primera vez usa “canon” como sinónimo de Biblia, la cual consiste, para los judíos, de lo que los cristianos llamamos Antiguo Testamento, y para nosotros, de éste y del Nuevo Testamento. El concepto de canonicidad de un escrito religioso es relativamente tardío, y ha sido diverso, en mayor o menor grado, en el curso del tiempo y hasta hoy, según las épocas, las regiones y las confesiones. En términos muy generales podría decirse que la canonicidad consiste en las razones que se dan para justificar la inclusión de un escrito en el canon. El concepto de canonicidad va asociado con el de inspiración divina. Pero si se define sin más con referencia a éste, puede caerse en un círculo vicioso: ¿Cuáles son los libros canónicos? Los de inspiración divina. ¿Y cuáles son los libros divinamente inspirados? Los canónicos.

Desde el punto de vista histórico, los conceptos de inspiración divina y de canonicidad no son estrictamente equivalentes. Parece que es el concepto de inspiración divina el que surge primero, y que posteriormente sirve de base para el concepto de canonicidad. Pero si todos los libros incluidos en el canon se consideraron como de inspiración divina, hubo libros que el consenso general tuvo un tiempo por divinamente inspirados, por lo menos en algún grado, y que finalmente no entraron en el canon. Ante este problema, se ha llegado a distinguir entre lo que se llamaría “inspiración general” e“inspiración especial”. La segunda sería la asignada a los libros canónicos. En la anterior podrían entrar muchos de los que forman la ya muy extensa literatura religiosa de todos los tiempos. Desde el punto de vista de la historia del canon, se requiere un
criterio objetivo y hasta cierto punto empírico. Y al parecer el único de esa índole es el que consiste en la intervención de un dictamen de las autoridades religiosas respectivas. Como hemos de ver en el curso de este trabajo, ese dictamen no es arbitrario. Lo ha precedido el dictamen tácito de los creyentes que forman la comunidad que ha venido usando cierto libro y que le atribuye un carácter sagrado especial.

Las autoridades, por ello, puede decirse que no imponen la canonicidad: simplemente la reconocen y le ponen su sello de confirmación oficial. La canonicidad, en este sentido práctico, significa no sólo que una comunidad creyente ha considerado un libro como de inspiración y autoridad divinas, sino que se le ha incluido en un grupo de libros que, en determinado momento, ha sido fijado y cerrado por el dictamen explícito de las autoridades de esa comunidad. Este grupo es el canon. Tal es el sentido que adoptamos en este trabajo. No se entra a discutir en él la cuestión de la inspiración divina de los libros sagrados. Sólo se quiere, como se puntualizó antes, trazar el proceso histórico de la formación del canon. Propiamente hablando, no hay uno sino dos cánones: el hebreo (o sea el del Antiguo Testamento, según la terminología cristiana) y el del Nuevo Testamento. Convencionalmente, sin embargo, suele hablarse de un segundo canon del Antiguo Testamento, el griego, que otros llaman alejandrino o de Alejandría, dando también el nombre de palestino o de Palestina al hebreo. No todos los autores están de acuerdo con este concepto tricanónico, pues consideran, con razón, que no puede llamarse canon, con propiedad, la lista de libros que forman parte de la llamada Septuaginta, que es sólo una versión griega del canon hebreo en formación, con la adición de libros y textos de especial interés para los judíos alejandrinos, quizá desde un punto de vista más literario que religioso, libros que eran muy leídos y apreciados entre ellos. Algunos autores creen que si ha de hablarse de tres cánones, el otro del Antiguo testamento es más bien el samaritano, que consta únicamente del Pentateuco.

Todavía otros autores consideran que hay que considerar también como otro canon veterotestamentario el de la comunidad de Qumrán, que incluía libros que no figuran en la Septuaginta, y omitía el de Ester. La verdad es que en realidad no se sabe de ningún dictamen de las autoridades religiosas judías, ya fuera de Palestina, ya de Egipto (Alejandría), que hubiera fijado y cerrado un canon de escrituras para los judíos de este último país. Como veremos en su oportunidad, realmente no sabemos con exactitud qué libros formaban parte de la Septuaginta primitiva. Todas las copias que han llegado hasta nosotros son de mano cristiana. Faltando tal dictamen, la Septuaginta, cualquiera que haya sido su composición original, no se ajusta al concepto de canonicidad que se ha adoptado en el presente ensayo. No obstante, cuando con fines comparativos usamos la terminología convencional, empleando la designación de canon griego para referirnos a la Septuaginta o Versión de los Setenta, usamos “canon”, así, entre comillas.


Referencias
Recursos Adventistas
Biblioteca Electrónica
www.recursosadventistas.org
BIBLIOGRAFÍA SELECTA
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http://www.bibliaesfera.com/historia-y-biblia/historia-del-canon-biblico-parte-1

Papas protestantes

1 Jun

En el anterior artículo veíamos la exposición del protagonismo personal por parte de carismáticos cristianos de influencia como constatación de que la tendencia humana a la construcción de altares no quedó desterrada en las planicies del Sinaí. Pero lo más triste de esta situación no es la existencia en sí deManolos del autobombo sino la existencia de un público que consolida la devoción al líder.

La condena de la idolatría es el tema que más tinta ha hecho correr por los renglones bíblicos. Hoy, a menudo leemos y oímos discusiones acerca de si los fieles católicos adoran o veneran a las representaciones de Cristo, María o cualquier santo. La simplificación del asunto puede llevar a pensar a algunos que la idolatría afecta sólo a católicos y no a protestantes, pero quien esté libre de la tentación del pecado idolátrico que tire el primer tótem. Dejando de lado el culto al dinero, al sexo o a uno mismo, hoy existe un tipo de veneración religiosa muy similar a la denunciada por los antiguos profetas: el culto a individuos erigidos como sacerdotes intocables de los púlpitos, escenarios o God channels de la TV de turno.

Cuando un individuo se convierte en ídolo es porque un grupo de personas lo asume de facto (porque no siempre se reconoce de boca o raciocinio) como un ser superior, infalible o cuasinfalible, que vela por nosotros sin necesidad de control y protección por parte de sus seguidores. Por desgracia, existen pastores evangélicos –y no sólo el Papa de Roma– que se declaran revestidos de esta aura mientras rigen unas congregaciones que así lo aceptan. Pero la Escritura, incluso en los textos dirigidos específicamente a pastores, exhorta a “todos”, sin excepción, a que anden “sumisos unos a otros” (1 Pedro 5, 1-5). A pesar del sentido peyorativo que pueda desprendernos hoy el término sumisión, lo cierto es que el uso en la Biblia de este vocablo a menudo transmite un énfasis de consideración y de obligatoriedad de“dar cuentas” como sano instrumento de protección y respeto entre los diferentes individuos, sean éstos quienes sean: “Someteos unos a otros en el temor de Dios” (Efesios 5, 20).

EL GOBIERNO RESPONSABLE DE LA IGLESIA
En el Nuevo Testamento no existe intención alguna de establecer un único modelo divino que indique todos los detalles sobre cómo regir las congregaciones locales, razón que explica la existencia del gran número de variantes y matices entre los modelos de gestión de las iglesias de todo el mundo y de todos los tiempos. Basándonos en las Escrituras, simplemente podemos conocer o deducir algunas circunstancias sobre cómo se dirigían algunas de aquellas iglesias primitivas, aunque sí existen principios bíblicos de actuación para esta labor.

A lo largo de la historia, diversas denominaciones de contrastada solvencia espiritual han sostenido y sostienen diferentes sistemas de gobierno eclesiástico adaptados a su contexto. ¿Y cuál es el más conveniente para nuestra iglesia local? Al no haber un dogma al respecto, debemos considerar la ponderación y suma de criterios principalmente bíblicos, aunque también culturales, pues es natural que “en Roma me comporte como romano” en el sentido antropológico de la frase, pues cada sociedad ve a Cristo con unas gafas culturales particularísimas que parten de las circunstancias sociales e históricas de los individuos que la componen y que deben ser tenidas en cuenta, pues si descontextualizamos nuestra forma de vida serán las maneras y tendencias de otra cultura u otro tiempo las que tomen el lugar para restarnos naturalidad y frescura como individuos sociales, espaciales y temporales. Los gobiernos de las iglesias del Nuevo Testamento no son ajenos a esta realidad, y como ejemplo de aquellas circunstancias podemos apuntar el hecho de que las congregaciones a las que Pablo se dirige no poseían consigo la revelación bíblica completa tal y como hoy la conocemos, siendo esto un factor importante a tener en cuenta para establecer un modo de liderazgo cristiano y específico para entonces.

CRITERIOS BÍBLICOS
A pesar de la importancia del factor cultural, es evidente que ningún modelo de gobierno adoptado debe ignorar, y muchos menos contradecir, los principios bíblicos. Con todo, debemos tener especial cuidado con las interpretaciones interesadas o descontextualizadas que podamos hacer de las Escrituras para justificar formas de liderazgo poco responsables. En este sentido, hay quienes avalan el gobierno dictatorial (aquel en el que el liderazgo apenas se somete a la congregación en cualquiera de las áreas de su responsabilidad) argumentando que en el Antiguo Testamento gobiernan unos ungidos llamados para el ministerio directamente por el mismo Yavé y sin someterse a control ni supervisión por parte del pueblo. Dejando aparte hechos como el designio popular de la monarquía y que algunos de los líderes del antiguo Israel fueron elegidos por el pueblo, es importante notar que en tiempos anteriores al sacrificio expiatorio de Cristo sólo algunos de aquellos caudillos consideraban que tenían el Espíritu Santo y su dirección exclusiva sobre sí. Gracias a Dios, la situación ha cambiado radicalmente y ahora todos los hijos de Dios somos templo del Espíritu Santo, pues “el que nos confirma con vosotros en Cristo, y el que nos ungió, es Dios, el cual también nos ha sellado, y nos ha dado las arras del Espíritu en nuestros corazones (2 Corintios 1, 21-22).

El Pueblo de Dios ya no

vive bajo los designios de un estado nacional como el Israel antiguo. Y no podemos obviar que en aquella nación algunas figuras como Moisés eran mucho más que pastores: eran principalmente líderes políticos de un país con territorio y leyes de estado. Como ya hemos apuntado, nuestro contexto desarrolla lo que la Escritura llama el “sacerdocio universal” de todos los creyentes (1 Pedro 2, 9-10). En esta misma línea, la Escritura exige que todos los hijos de Dios vivamos bajo un sometimiento mutuo aplicable a quienes no somos dioses, es decir, bajo un principio válido para todo ser humano.

Es importante realizar aquí un paréntesis para matizar que el desequilibrio en este proceder no sólo se produce cuando nos decantamos por una dictadura como gobierno sino también cuando se incurre en el lado opuesto, es decir, cuando se opta por un sistema de toma de decisiones que deposita casi toda facultad de iniciativa en la asamblea o congregación dejando al pastor como mero funcionario. No debemos olvidar el global de la revelación, pues no son pocos los textos que van en la línea de exhortación a la congregación para “obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso ” (Hechos 13, 17). No podemos confundir el necesario control al liderazgo con el despojamiento y desacatamiento de la autoridad pastoral otorgada sobre ellos por Dios. Tanto una cosa como la otra no acaban de congeniar con la enseñanza neotestamentaria.

Realizada esta matización, recuerdo cómo un pastor me contaba con satisfacción que él no presentaba ningún balance financiero eclesiástico a los fieles porque sólo “daba cuentas a Dios”. Efectivamente, todos daremos cuentas a Dios de nuestros actos; pero ¿en qué lugar de la Biblia se invita a los responsables de iglesia a no ser transparentes y a evitar medidas de autoprotección contra la tentación y la corrupción? Respecto a las bases bíblicas para el control y participación de todos los hijos de Dios en las decisiones de la iglesia, la literatura cristiana inmediata al Nuevo Testamento ratifica la necesidad de algún tipo de sistema que constate la aceptación por parte de la congregación para la designación de quienes han de gobernar las iglesias locales. Clemente de Roma, quien escribe alrededor del año 100, cuenta cómo los pastores recibían sus nombramientos “por medio del consentimiento de toda la congregación”(1). Con esta necesidad de reconocimiento popular se pretendía establecer un sistema de protección espiritual que evitase el abuso de poder o la imposición de gobernantes no reconocidos por pueblo en el que también mora el Espíritu Santo y que participa del sacerdocio universal. Este imprescindible sometimiento al que algunos líderes modernos renuncian se ve desarrollado en otros textos del Nuevo Testamento que veremos en el próximo artículo…

Continuará


(1) Clemente Romano. Carta a los corintios 44,3. En: Podrí Apostolice a cura di Antonio Quacquarelli. Roma: Cittá Nuova; 1981. p. 78.

Artículos anteriores de esta serie:


Misterios con cara

fuente:

http://www.protestantedigital.com/new/dlirios.php?716