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Evo Morales achaca la calvicie en Europa y la homosexualidad en todo el mundo a los alimentos modificados genéticamente

21 Abr

miércoles 21 de abril, 4:25 AM

El presidente Bolivia, Evo Morales, pronunció un discurso en la I Conferencia Mundial de Pueblos sobre el Cambio Climático y la Madre Tierra, un encuentro alternativo promovido por el país andino, en el que hizo una defensa cerrada del ecologismo, hasta el punto en que planteó la disyuntiva entre la muerte del capitalismo o de la “Madre Tierra”. El presidente boliviano afirmó en su ponencia que la existencia de la calvicie en Europa y de la homosexualidad en todo el mundo es fruto de la ingesta de alimentos modificados genéticamente.

“La humanidad está ante la disyuntiva de continuar por el camino del capitalismo y la muerte o emprender el camino de la armonía con la naturaleza y el respeto a la vida para salvar a la humanidad”, afirmó Morales, que resumió la actual situación en la elección excluyente entre “Pachamama” (término indígena boliviano utilizado para designar el concepto de Madre Tierra) o “muerte”. “Muere el capitalismo o muere la Madre tierra”, sentenció el mandatario boliviano.

Morales sostuvo que los países ricos tienen una deuda con el resto del planeta debido a que el “espacio atmosférico” ha sido “ocupado por sus emisiones de gases de efecto invernadero”, y abogó por la creación de un tribunal internacional para juzgar delitos medioambientales en la próxima cumbre climática internacional que Naciones Unidas organizará previsiblemente a finales de 2010 en México.

El mandatario también defendió la constitución de una Declaración Universal de los Derechos de la Madre Tierra y la apertura de fronteras para las personas que se ven obligadas a emigrar por el cambio climático, que afirmó rondan los mil millones, informa la Agencia Boliviana de Noticias.

Morales abogó también ante su auditorio por el consumo de “alimentos ecológicos”, entre los que citó algunos de los alimentos ancestrales de la zona andina, a los que contrapuso los alimentos transgénicos y bebidas como la Coca Cola, a los que descalificó como emblemas del capitalismo.

“Hay que comer quinua (un tipo de grano que fructifica en la cordillera de los Andes, de alto valor proteínico y vitamínico)”, afirmó el mandatario. “Las últimas semanas hemos escuchados decir a la FAO (Fondo de Naciones Unidas para la Alimentación) que la quinua es el mejor alimento del mundo”, añadió el mandatario ante un auditorio compuesto por unos 20.000 representantes indígenas, ecologistas y de movimientos sociales que se dieron cita en la ciudad boliviana de Tiquipaya (centro).

Morales destacó además las propiedades curativas de los productos tradicionales andinos, que considera más efectivos que los remedios de la industria farmacéutica occidental, y cargó contra productos como la patata holandesa, “que sirve para comer y comer pero no para alimentarse”, por la presencia en ella de hormonas. También criticó a la Coca Cola recordando sus propiedades para desatrancar desagües.

Morales rechazó también el uso masivo de los envases de plástico para guardar alimentos, por lo mucho que tardan en biodegradarse, e incluso achacó la calvicie de los europeos a la supuesta mala alimentación que existe entre los habitantes del Viejo Continente. “La calvicie que parece normal es una enfermedad en Europa, casi todos son calvos, y esto es por las cosas que comen, mientras que en los pueblos indígenas no hay calvos, porque no comemos otras cosas”, aseguró el dirigente, de 50 años y poblada cabellera.

También situó la existencia de hombres homosexuales en todo el mundo como consecuencia de una alimentación deficiente. Según él, todo se debe a la ingesta de pollo criado en grandes explotaciones industriales, que estarían cargados con hormonas femeninas. “El pollo que comemos está cargado de hormonas femeninas. Por eso, cuando los hombres comen esos pollos, tienen desviaciones en su ser como hombres”, aseguró Morales entre las risas de su auditorio.

Por otro lado, los asistentes al encuentro impidieron con una sonora pitada la lectura por parte de una representante de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) de un mensaje del Secretario General de la ONU, Ban Ki Moon, en el que se pedía “respeto y diálogo” en la cuestión climática y se hacía un llamamiento para que ningún país olvide el papel central de Naciones Unidas en este asunto, informa Reuters.

La conferencia, cuyos 17 grupos de trabajo deliberan desde el pasado lunes, concluirá el jueves con la emisión de una serie de resoluciones que previsiblemente serán respaldadas por el llamado bloque bolivariano de América Latina (Venezuela, Bolivia, Nicaragua, Ecuador, Cuba y un conjunto de pequeñas naciones caribeñas), cientos de organizaciones sociales, grupos ecologistas y los representantes de pueblos indígenas que participan en este encuentro.

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Los genes que determinan si un cerebro es liberal o conservador

22 Nov

Los genes que determinan si un cerebro es liberal o conservador
Noviembre 17, 2009

Isaías Sharon

Todo ser humano trae consigo una marca imborrable que lo predispone a una u otra tendencia.

Tenía 35 años cuando se decidió a investigar su pasado. Sólo algunos meses después de nacer había sido adoptado por una familia británica conservadora, cuyo gusto por el arte había hecho que las ocupaciones de casi todos sus integrantes fluctuaran entre la música clásica y la pintura. Pero él no. El había optado por la política y nada menos que en la fracción más liberal del partido laborista. Claro que ni siquiera esa evidente diferencia de intereses preparó a Matthew Taylor -hoy miembro del parlamento inglés- para un hallazgo que él mismo describió como “impresionante”.

Su madre biológica vivía en Nueva Zelanda y había formado otra familia. Y cuando la contactó, logró entender mucho de su propia vida: su bisabuelo -Sir Percy Harris- había sido uno de los pocos parlamentarios del Partido Liberal Demócrata que se mantuvo hasta 1945 y uno de los más férreos defensores del voto femenino igualitario. “En ese momento sentí que todo lo que creía sobre mí se trastrocó totalmente. En la batalla entre la naturaleza y la crianza, la primera resultó vencedora. Heredé características como la voluntad de resistirse al estatus quo. Por lo que sé, ese también era un rasgo de mi bisabuelo biológico”, dijo Taylor a The Times.

Hasta pocos años, el relato de este parlamentario británico no pasaría de ser una sorpresiva coincidencia biográfica, porque las investigaciones sobre el origen del pensamiento político se habían centrado en las influencias culturales y del medioambiente. Es decir, en la crianza.

Pero todo cambió en esta década. De la mano del surgimiento de técnicas de resonancia magnética y los estudios sobre el ADN, comenzó a tomar forma una nueva corriente de investigación que terminaría dando un sustento científico a historias como la de Taylor, donde la naturaleza es la que prevalece. Porque lo que la ciencia comienza a demostrar es que ser liberal o conservador no sólo depende del colegio donde estudiamos, de los amigos que tenemos o del medio social en que nos tocó crecer. No. Todo ser humano trae consigo una marca imborrable que lo predispone a una u otra tendencia: sus genes.

“Son visiones tan profundamente arraigadas en nuestros cerebros, que intentar persuadir a una persona para que no sea liberal o conservador es como tratar de convencerla de que sus ojos no son negros”, dice John Alford, cientista político de la Universidad de Rice, en Estados Unidos, cuyo estudio se convirtió en uno de los pioneros de un campo emergente llamado “fisiología política”, que busca determinar los factores que influyen en las ideologías.

En 2005, Alford y sus colegas publicaron una investigación que reunía 20 años de estudios sobre genética del comportamiento, utilizando una base de datos con opiniones políticas de 30 mil gemelos separados al nacer y criados en ambientes distintos. Así se determinó que los gemelos idénticos (que comparten exactamente la misma composición genética) eran más propensos que los mellizos (cuyo genoma es similar sólo en 50%) a expresar las mismas respuestas sobretemas que hasta hoy dividen a conservadores y liberales, como el divorcio, el reclutamiento militar o el matrimonio. De hecho, al ser consultados sobre cuestiones como si las viviendas deberían estar sometidas a impuestos, el 80% de los gemelos idénticos dio la misma respuesta, mientras sólo el 66% de los mellizos coincidió.

El estudio también midió hasta qué punto las tendencias se traspasan entre las generaciones: “Las actitudes políticas y sociales son en un 50% hereditarias; por lo que se puede decir que las posiciones liberales y conservadoras tienen un fuerte componente genético”, explica Alford. El otro 50% de nuestro pensamiento político surge a partir del ambiente en que nos criamos. Por eso, la mayoría de las personas no son absolutamente liberales ni conservadores. Si una persona nació con una genética liberal, pero se forma en un ambiente profundamente conservador, difícilmente ese liberalismo se expresará en su totalidad.

“El medioambiente influye de forma increíble en la ideología, pero si no consideramos la biología estamos dejando de lado la mitad de la historia”, dice James Fowler, investigador de la Universidad de California.

Una vez que el peso genético fue validado, el siguiente paso era identificar los genes asociados a una tendencia política. En 2007, la U. de Illinois en Urbana-Champaign determinó una relación entre algunas variaciones del gen D4DR vinculado al comportamiento conservador. Y, otro estudio realizado por Fowler estableció que una variante de otro gen -llamado DRD4- nos predispone a ser liberales.
Las implicancias de esta identificación de “genes políticos” podrían ser inmensas. Basta imaginar una sociedad donde el mapa del ADN de cada individuo está disponible. Corporaciones y partidos con acceso a la información adecuada podrían rastrear a individuos específicos, sabiendo que están predispuestos genéticamente a cierto tipo de propaganda.

LAS GRANDES DIFERENCIAS
Durante los últimos dos años, otra serie de investigaciones se ha ido adentrando en los mecanismos mentales de liberales y conservadores, demostrando que cada grupo tiene un funcionamiento cerebral diferente.

A través de exámenes de resonancias magnéticas, hoy la ciencia puede asegurar que los liberales son más abiertos al cambio, los conservadores más estructurados en su pensamiento y más persistentes en sus juicios. También, que los primeros tienen mayor capacidad para reconocer los conflictos, aunque los conservadores tienen más habilidad para racionalizar los problemas. Como si fuera poco, las emociones y la frustración están más presentes en los liberales, y los conservadores se muestran temerosos ante lo desconocido.

¿Cómo llegaron los científicos a estas conclusiones? En 2007, un estudio de las universidades de Nueva York y California entregó lo que, probablemente, es el mejor indicio de que liberales y conservadores tienen distintas formas de procesar información clave para la convivencia en una sociedad.

Los investigadores instalaron electrodos en la cabeza de 43 individuos (liberales y conservadores), que debían presionar un botón cuando en una pantalla vieran la letra “M” y no hacer nada cuando apareciera otro símbolo.

La “M” asomaba el 80% del tiempo, por lo que la escasa aparición de una “W” buscaba activar un mecanismo existente en la corteza cingulada anterior, una zona del cerebro que entrega al ser humano la capacidad de detectar los conflictos y elaborar una respuesta. Si bien liberales y conservadores fueron igualmente eficientes en reconocer la “M”, los primeros registraron una mayor actividad cerebral y, por ende, fueron más certeros cuando aparecía la “W”.

En otras palabras, una mayor actividad en dicha zona cerebral, explica David Amodio -sicólogo de la U. de Nueva York y líder del informe-, revela una mayor habilidad en la persona para detectar que algo no funciona bien en una sociedad y cambiarlo. La escasa actividad de esa zona en los conservadores revela un pensamiento más estructurado y con juicios más persistentes.

El hallazgo de Amodio se vio reforzado por otro de la U. de Nueva York, que con resonancias magnéticas estableció que los liberales muestran un nivel mayor de frustración y de reacciones emocionales ante los problemas sociales. Los conservadores, en tanto, evidenciaron una mayor capacidad para racionalizar los mismos problemas. “Nuestra investigación sugiere que las inequidades causan una mayor presión sicológica en los liberales que en los conservadores, aparentemente porque los liberales carecen de un nivel de razonamiento que los ayude a ver las inequidades bajo una luz positiva o, al menos, neutral”, señalan los autores, Jaime Napier y John Jost.

Suma y sigue: en otro experimento se demostró que la gente que reacciona de forma más intensa a sonidos o imágenes amenazantes -ya sea pestañeando o sudando- es mucho más propensa a apoyar medidas políticas conservadoras. Y también son cuatro veces más proclives a sentir temor a la muerte.

“Una posible explicación es que los conservadores tienen mayor actividad en la zona cerebral de la amígdala -que controla la sensación de miedo-, pero indudablemente debe haber otras áreas involucradas”, dice a La Tercera, John Hibbing, de la U. de Nebraska-Lincoln.

No hay uno sin el otro
¿Si la evolución es un proceso lento que necesita de siglos para generar cambios, por qué dotó al ser humano de genes que parecen afectar algo aparentemente efímero en términos evolutivos, como es la elección de un candidato liberal o conservador?
La pregunta la hace James Fowler, investigador de la Universidad de California. Y según explica a La Tercera, los estudios sugieren que durante millones de años, los humanos han desarrollado dos estilos cognitivos: el conservador y el liberal, precisamente para sobrevivir.

Mientras en las primeras sociedades, las posiciones más liberales y abiertas permitieron la cooperación en tareas esenciales como la cacería, con el paso del tiempo las sociedades más desarrolladas aprendieron que, a veces, es necesario no tomar riesgos, lo que permitió el surgimiento de los conservadores.

“Los liberales nos ayudan más cuando necesitamos innovar, pero los conservadores nos son más útiles cuando estamos bajo amenaza. Por eso, esta diversidad tiene sentido y los intentos de hacer que todos piensen de la misma forma están condenados a fallar”, dice.

Las emociones se imponen ante la razón
Mientras los expertos en fisiología política centran su atención en las diferencias cerebrales y biológicas entre liberales y conservadores, otros investigadores han puesto su atención en el rol de las emociones. En su libro El cerebro político (2007), el sicólogo Drew Westen, de la U. de Emory, revela que sin importar que una persona sea liberal o conservadora, lo que prima no es el análisis racional, sino la reacción visceral que genera una idea o un candidato.
Mediante tests con resonancia magnética, Westen examinó a 30 militantes demócratas y republicanos de EEUU, mientras escuchaban afirmaciones negativas y positivas de sus candidatos. Las pruebas mostraron que en los partidarios de ambas facciones las áreas cerebrales responsables de razonar no mostraron mayor actividad mientras analizaban lo que oían. Sin embargo, las relacionadas con las emociones sí se encendían.

Más aún, al sacar conclusiones, liberales y conservadores terminaban estableciendo que su candidato estaba en lo correcto, con lo que el circuito de la recompensa elevaba su actividad en el cerebro.

Por esto, dice Westen, cuando la razón y la emoción chocan en la política, es la segunda la que siempre triunfa. Esto hace que sean tres los factores que determinan una elección: los sentimientos que las personas sienten hacia los partidos y sus principios, luego los que generan los candidatos y, si alguien continúa indeciso, los que motivan la posición de un candidato en un tema determinado.

Este habría sido el principal error de Al Gore en 2000, al enfocarse en las estadísticas y no apelar al sentimiento de los electores, algó que sí realizó su rival George W. Bush. “Los partidarios logran retorcer lo que oyen hasta tener las conclusiones que desean y se sienten muy satisfechos por ello, eliminando las sensaciones negativas y activando las positivas”, afirma Westen.

Entrevista a Veronica van Heyningen,investigadora de la Unidad de Genética Humana del Consejo de Investigación Médica de Edimburgo

14 Abr

Entrevista a Veronica van Heyningen,investigadora de la Unidad de Genética Humana del Consejo de Investigación Médica de Edimburgo

Cristina Junyent, 28/06/2000

Biomedia (Barcelona). Veronica van Heyningen es investigadora del área de genética humana de laUnidad de Genética Humana del Consejo de Investigación Médica de Edimburgo y miembro de laSociedad Europea de Genética Humana. Sus investigaciones se han centrado en el mapaje genético; una de las más conocidas es la demostración del papel del gen PAX6, cuando falla, responsable de la aniridia, y otros próximos que también producen enfermedades de los ojos. Estuvo en Barcelona dando una conferencia enmarcada en la serie “Genética y ciudad”, organizada desde la Concejalía de la Ciudad del Conocimiento del Ayuntamiento de Barcelona, y patrocinadas por la empresa Novartis.

Profesora Heyningen, sus investigaciones se han centrado en las anomalías que se dan sobre todo en los ojos.

Soy una genetista humana cuyo interés principal se ha centrado sobre todo en las anomalías de desarrollo del ojo. En especial he estudiado una enfermedad llamada aniridia, es decir, ausencia de iris, causada por la mutación de un gen llamado PAX6, situado en el cromosoma 11. Los pacientes suelen estar afectados también por glaucoma, cataratas y otras anomalías de la córnea. La gente suele pensar que la aniridia afecta solamente el iris, pero no es así. De hecho, no todas las personas que tienen la mutación en el gen PAX6 carecen de iris, algunos sí lo tienen, aunque suele ser un iris anormal.

En realidad los genes no van solos, el gen PAX6, por ejemplo, va acompañado de otros genes, que son muy importantes para el control adecuado de la expresión del propio gen. Algunos de nuestros pacientes con aniridia, no tienen mutado el gen PAX6 (la unidad de transmisión genética), sino que tienen una translocación cromosómica que aleja unos genes de otros, lo que nos cuenta que el cromosoma debe estar intacto para que el control de PAX6 se dé adecuadamente. Este es el caso de dos familias con miembros afectados por aniridia, que hemos estudiado desde hace tres generaciones; no tienen una mutación en el gen PAX6, sino una translocación cromosómica.

El gen PAX6 interviene también en el desarrollo de otras partes del sistema nervioso, como en el cerebelo, dónde una pérdida del 50% de su función puede no afectar a la vida del paciente.

¿Con qué frecuencia aparece esta enfermedad?

Es una enfermedad muy rara, se presenta en una de cada 50000 o 60000 personas, con afectación familiar, precisamente por ser hereditaria. Lo que tiene de interesante desde el punto de vista genético, es que podemos aprender mucho de ella, porque el gen PAX6 es muy conservador evolutivamente. En el árbol evolutivo de las especies animales, Caenorhabditis elegans, un pequeño gusano, también tiene el gen PAX6. Lo sorprendente es que en realidad el gusano no tiene ojos, es decir, que este gen no se manifiesta sobre el sentido de la vista, sino en el de la quimiósmosis: se desplaza por gradientes de sales para encontrar su salinidad óptima. Este mismo gen se encuentra en medusas, en la mosca del vinagre (Drosophila melanogaster), en el ratón, en los humanos. El gen PAX6 es un factor celular de transcripción, controla la expresión de otros genes y actúa muy temprano en el desarrollo del ojo.

Pero las moscas tienen un ojo completamente diferente al nuestro.

Completamente diferente. Este hecho genera una controversia entorno a la posibilidad que el ojo se produjera una vez en un ancestro común y luego se diferenciara en distintos tipos de ojos, o bien que surgiera distintas veces a lo largo la historia evolutiva de la vida. En realidad, muchos biólogos evolucionistas creen que el ojo ha aparecido de manera independiente en muchos phyla animales; pero, debemos decir que las mismas partes componentes de un ojo, deberían haber evolucionado juntas para trabajar a la vez.

El gen PAX6 puede mutar, y entonces causa enfermedad genética.

Cuando PAX6 sufre una mutación, en el caso de drosófila, la mosca muestra un fenotipo eyeless, con ojo muy pequeño. Walter Gehring, en Zürich, pensó que si era un gen tan conservado, debería ser un gen muy importante; mediante técnicas genéticas consiguió que se expresara en lugares en los que no se expresa. Consiguió que drosófila desarrollara ojos en las patas y en las antenas. Su experimento puso de manifiesto que PAX6 es un gen importante en la regulación del desarrollo del ojo. A pesar de ello, no es el único gen: otros genes pueden producir el mismo efecto.

¿Se conocen otros genes muy conservadores que compartamos las especies animales?

Compartimos con animales muy distintos otros genes homólogos encargados de disparar los mecanismos de desarrollo de las extremidades, por ejemplo. También sabemos que han conservado con una secuencia bastante similar los genes que codifican las moléculas señal que están involucradas en el desarrollo temprano de los embriones, no ya factores de transcripción, sino las que indican a las otras moléculas o a las células otras instrucciones más concretas. Si comprendemos sus mecanismos de actuación en la mosca, podremos conocer los mecanismos de actuación comunes en los humanos y otros animales.

Utilizar la mosca como modelo, ¿puede ayudar a comprender los mecanismos de la herencia en humanos?

El hecho de que el material genético sea tan conservador, permite que aprendamos nuestro funcionamiento genético, a partir del genoma de otros animales. Este tipo de investigaciones ha abierto una nueva área dónde la gente puede utilizar distintos modelos para hacerse preguntas. Las moscas son fáciles de criar y baratas de mantener; se pueden utilizar viendo cómo actúan sobre ellas mutaciones conocidas; se puede emplear un elevado número de herramientas y recursos para reconocer las interacciones génicas en las moscas.

¿Utilizan otros modelos animales?

Otro modelo que se utiliza es Caenorhabditis elegans, un pequeño gusano, que he mencionado antes, del que conoce toda la secuencia del genoma. Se utiliza como modelo para muchos experimentos relacionados con el cáncer y el desarrollo, especialmente en la muerte celular programada; el cáncer no es más que un desarrollo celular en el que falla este mecanismo. Se utilizan también el pollo, el ratón, el pez cebra y otros peces comunes con un genoma muy pequeño (pupperfish) como modelos genéticos animales. Se habla de la secuencia del genoma humano, pero en realidad se están estudiando numerosos genomas que nos permiten aprender la genética que se mantiene en los humanos, común.

¿Cómo realizan la comparación de las secuencias?

Con computadoras buscamos si existe un gen homólogo en C. elegans, por ejemplo; si resulta que sí, se le puede incluir el gen al modelo animal y ver qué sucede, cómo se desarrolla. Si sucede lo esperado, se conoce un mecanismo molecular de funcionamiento. Es asombroso.
Cristina Junyent

Más información:

Entrevista con Andrea Ballabio, en Biomedia

Aniridia: http://lowvision.org/aniridia.htm

Ciudad del Conocimiento: http://www.diaridebarcelona.com/coneix.html

Ver http://books.google.com.ar/books?id=LZ613Aqduz8C&pg=PA32&lpg=PA32&dq=PAX-6&source=web&ots=_v0RwC3FHk&sig=w-21iCGiAsaWWTLy27OiLBFi7nk&oi=book_result&ct=result&hl=es#PPA27,M1

Artículo obtenido de: http://www.biomeds.net/biomedia/R15/entrevista1.htm

La heroica historia de la buscadora de Huntington

8 Abr

La heroica historia de la buscadora de Huntington

Posted: 07 Apr 2009 01:50 AM PDT

De 1872 a 1993 no se sabía prácticamente nada de la enfermedad de Huntington, excepto que era genética. Hoy en día, sin embargo, hay más de 100 trabajos dedicados exclusivamente al gen que la provoca, un único gen entre las decenas de miles de genes que componen el genoma humano.

Lamentablemente, todavía no se conoce una cura para la enfermedad. Pero si se ha adelantado tanto en tan pocos años se lo debemos a una única mujer, la protagonista de la heroica historia que pretendo contaros.

La enfermedad de Huntington, a grandes rasgos, tiene un proceso que dura un par o tres de décadas, en las que el afectado va perdiendo las facultades intelectivas y sufre espasmos de los miembros, depresión profunda, alucinaciones ocasionales y delirios. Es la primera enfermedad genética humana totalmente dominante que se ha descubierto.

 

A finales de 1970, nuestra heroína, una neuropsicóloga estadounidense llamada Nancy Wexler, se propuso que encontraría la cura a tan horrible enfermedad. Su familia tenía la enfermedad, así que ella sabía que tenía un 50 % de posibilidades de desarrollarla en unos años. Los especialistas le dijeron que nunca encontraría el gen que buscaba, que había perdido antes de empezar, que lo mejor era vivir en la ignorancia, exprimir al máximo el día a día y dar gracias a Dios por cada nuevo amanecer.

Pero Wexler no era la clase de persona que se conforma con su destino, aunque el destino de los genes sea más preciso y determinante que los oráculos, los horóscopos y demás mancias. De modo que, guiándose por el informe de un médico venezolano, Américo Negrette, tomó un avión a Venezuela para visitar tres pueblos rurales llamados San Luis, Barranquitas y Laguneta, a orillas del lago Maracaribo.

La razón de este viaje es que allí habitaba una numerosa familia que sufría una alta incidencia de la enfermedad de Huntington. Al parecer, la enfermedad había llegado hasta esa tierra transportada en los genes de un marinero del siglo XVIII, como una guadaña biológica. Wexler pudo remontar el árbol genealógico de la enfermedad hasta principios del siglo XIX, hasta una mujer llamada (y no es broma) María Concepción, que había tenido 11.000 descendientes en 8 generaciones.

9.000 de aquellos descendientes aún estaban vivos en 1981. Y de ellos, no menos de 371 sufrían Huntington cuando Wexler los visitó por primera vez. 3.600 tenían un 25 % de probabilidades de desarrollar la enfermedad, porque al menos un abuelo tenía los síntomas.

En 1983, Wexler, tras innumerables pruebas de sangre analizadas, no sólo aisló un marcador genético cercano al gen afectado, sino que lo definió en el extremo del brazo corto del cromosoma 4. 10 años después de trabajo incesante llevaron a Wexler hasta el descubrimiento del gen, la interpretación de su texto y la identificación de la mutación que acarreaba la enfermedad (aunque, como dije, no la cura).

El gen es la receta para producir una proteína llamada huntingtina. La repetición de la “palabra” CAG en mitad del gen produce un largo tramo de glutaminas en mitad de la proteína (CAG significa glutamina en el idioma de los genes). Cuantas más glutaminas haya en este punto más rápido empieza la enfermedad.

La última noticia que leí de Wexler es que aún no sabía si tenía Huntington. Ni tampoco le interesaba saberlo.

Más información | Abriendo un camino genético | Genciencia

Vinculan infidelidad a variación de un gen

8 Mar

Vinculan infidelidad a variación de un gen

 

La infidelidad de los hombres es genética: un estudio realizado en Estocolmo señala como “culpable” al alelo 334, que gestiona una hormona que se reproduce naturalmente, por ejemplo, con los orgasmos.

De ahí que los hombres dotados de esta variante del gen sean peligrosos para una relación estable -algunos y algunas ya lo sabían por experiencia-, pero ahora lo ha constatado el estudio de los científicos suecos.

Y es que el alelo 334 se encarga del receptor de la arginina vasopresina, que es una hormona básica y que está presente en el cerebro de la mayoría de los mamíferos, según esta investigación.http://www.montevideo.com.uy/notnoticias_67931_1.html

sabias que…