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La muralla secular y laicista

4 Mar

Wenceslao Calvo

La muralla secular y laicista


Cuando Martín Lutero escribió su obra A la nobleza cristiana de la nación alemana describió las tres murallas con la que la Iglesia de Roma se había rodeado para ser inexpugnable ante cualquier intento de reforma.
3 de marzo de 2011
Si se pretendía reformarla mediante el poder secular, aducían que el poder secular debía estar sometido al eclesiástico. Si se recurría a las Escrituras argumentaban que nadie, sino el papa, podía interpretarlas correctamente. Y si se echaba mano de un concilio respondían que nadie puede convocar un concilio salvo el papa. De esta manera las armas que podían servir quedaban, por definición, embotadas para ese propósito de reforma. En la obra mencionada Lutero desmontó esas tres argumentaciones.

Pero he aquí que las fuerzas de oscuridad, que tienen muchas cabezas, se han manifestado en nuestro tiempo en la forma de secularismo y laicidad. Y al igual que ocurriera en el pasado con la Iglesia católica ocurre ahora con éstas y con los dirigentes que en España y en otras partes del mundo las promueven. Porque ante cualquier intento de hacerles entrar en razón para que abandonen sus insensatas propuestas sobre la familia, el matrimonio y la vida humana, se escudan en que ellos no están bajo el mandato de ninguna ley divina, sino solo bajo el de aquellos consensos a los que los hombres puedan llegar. Y de esta manera, blindados detrás de esa muralla, hacen y deshacen a su antojo, jactándose además de su coherencia con sus propios postulados y acusando de incoherencia a los cristianos, por no ser capaces de vivir de acuerdo a los suyos propios. Y así como la Iglesia católica se hizo irreformable en el siglo XVI, el secularismo y la laicidad se han vuelto también irreformables en el XXI.

Hay cristianos que, ante el supuesto poder argumentativo de la muralla secular y laicista, han asumido las mismas posiciones, claudicando así ante el avance de estas fuerzas anticristianas. La timidez con la que proponen las ideas judeo-cristianas es tan acomplejada y la osadía de las fuerzas enemigas imponiendo las suyas es tan atrevida, que el resultado de esa confrontación es el que se podía esperar: La entrega vergonzante de las más preciosas verdades, a cambio de recibir su aprobación al decir: ¡Qué buenos chicos son estos cristianos!

Pero como todo en esta vida tiene su flanco débil, también la muralla secular y laicista la tiene. Porque si hay una grieta por la que puede ser derribada es esta: La contradicción que sus impulsores manifiestan entre lo que dicen y lo que hacen, cuando los medimos por los propios parámetros que ellos mismos han establecido. Y ya se sabe que si alguien contradice con su conducta lo que dice con sus palabras ha perdido la autoridad moral que pretendía tener y hasta se le podría calificar de simulador. Es una sencilla regla de tres que no solo ha de aplicarse a los cristianos, sino que ha de ser válida también para los que no lo son.

Hace poco Wikileaks sacaba a la luz pública algunos trapos sucios que ponían en evidencia a ciertos dirigentes e instituciones. Claro que ante lo insostenible que podía ser la situación para más de uno se ha optado por la vía expeditiva: Silenciar al difusor de tales informes y dejarlo inoperante. De esta manera muchos podrán seguir respirando tranquilos.

Pero ¡oh calamidad! he aquí que, sin que los expertos en relaciones internacionales ni los servicios secretos lo sospecharan, una parte del mundo musulmán se ha puesto en pie de guerra contra algunos de sus dictatoriales dirigentes. Unos dirigentes que hasta hace unas semanas eran recibidos, considerados, agasajados y solicitados por otros dirigentes de naciones occidentales democráticas [Por cierto, nunca entenderé por qué unos dictadores son abominables y otros son afables].

Así pues, ahora que algunos pueblos repudian a sus mandatarios, los dirigentes seculares y laicistas occidentales se apresuran, en este preciso momento, a condenarlos. Durante años les han hecho el juego, les han seguido la corriente, han hecho tratos con ellos, han cerrado los ojos y han guardado silencio, aun sabiendo que en sus países no había libertad de conciencia, ni de religión, ni de asociación, ni de información.

No obstante y aún con todas las revueltas actuales, esos dirigentes corren desesperadamente en busca de auxilio de las dictaduras autocráticas de Oriente Medio, para que nos ayuden a salir del agujero económico y financiero en el que estamos metidos, para que nos refinancien la deuda y para que nos garanticen el suministro de petróleo o gas que nos son tan vitales; en una palabra, para que nos den oxígeno. Y así, los mandatarios seculares y laicistas occidentales hacen cola para llamar a las puertas de los palacios y mendigar ante los sátrapas, que son la negación de lo secular y lo laico. Patético.

Así pues, estos supuestos campeones de la coherencia y la integridad quedan en evidencia no por discursos ni razonamientos, sino por sus hechos. Es la incoherencia de los que se presentaron como coherentes. Rafael Alberti escribió un poema que decía:
‘…Manifiestos, artículos, comentarios, discursos,
humaredas perdidas, neblinas estampadas,
qué dolor de papeles que ha de barrer el viento,
qué tristeza de tinta que ha de borrar el agua…
Siento esta noche heridas de muerte las palabras.’

¡Qué gran farsa ideológica de palabras es la que han fabricado los secularistas y laicistas! No se sostiene a sí misma, porque sus propulsores son incapaces, cuando llega la hora de la verdad, de asumir sus consecuencias últimas.

Por eso, el saber que estoy siguiendo a alguien que fue coherente hasta el final, incluso al coste de su propia vida, me da la seguridad de comprobar que estoy en la senda correcta.

Autores: Wenceslao Calvo© Protestante Digital 2011

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Contra los creyentes

11 Ago

Contra los creyentes

EL PAÍS / FERNANDO SAVATER

También acerca de la Ilustración dieciochesca, ese pronunciamiento cultural antisupersticioso por excelencia, se han fraguado supersticiones. Una de ellas asegura que los grandes ilustrados, cuyo epítome es Voltaire, persiguieron a los creyentes. No es cierto o, al menos, no lo es salvo que precisemos bien y de forma contraintuitiva los creyentes a quienes nos referimos. Porque en el sentido más acogedor del término, todos somos creyentes… en el siglo XVIII y hoy en día.

Los conocimientos bien fundados fueron y son demasiado escasos para lo que requieren nuestros anhelos de comprender la vida y actuar en la urgencia del momento presente. Como dijo Wittgenstein, incluso cuando tengamos todas las respuestas científicas aún no habremos comenzado a responder las preguntas que más nos importan. De modo que siempre necesitaremos creer además de saber para poder organizar racionalmente nuestra existencia humana.

Esta obviedad paradójica nunca se le escapó a Voltaire, Diderot ni al resto de los más esclarecidos miembros de la cruzada enciclopedista. Cuando ellos denunciaron y combatieron a los “creyentes”, nunca pretendieron acabar con quienes conjeturan más allá de lo que pueden comprobar -ellos mismos lo hacían constantemente- sino con los que en nombre de su inverificable certidumbre persiguen y coaccionan a quienes viven según convicciones diferentes. Porque el creyente peligroso no es quien reivindica su fe como un derecho personal, sino quien pretende convertirla en un deber “para todas y todos”, como dicen ahora. Voltaire les caracterizaba con el lema “piensa como yo o muere”, todavía vigente hoy de forma literal en algunas siniestras teocracias aunque en nuestras sociedades democráticas haya sido sustituido por una fórmula menos sanguinaria: “Piensa como yo o muere… socialmente”.

El laicismo del Estado, que es uno de los pilares -amenazados, ay- de la democracia contemporánea, no pretende erradicar creencias personales sino a aquellos que intentan prescribirlas o proscribirlas. Es decir, el Estado se mantiene laico para que los ciudadanos puedan serlo o no serlo según su criterio.

Y las convicciones de cada cual así amparadas no se refieren solamente a cuestiones religiosas o metafísicas, sino también a estilos de vida. Son estos últimos los más difíciles de soportar para los creyentes actuales, que solo se encuentran a gusto en la unanimidad de comportamiento y están dispuestos a exigirla de acuerdo con elevados principios morales… que dejan de serlo, claro, en cuanto se les impone por decreto. La institucionalización democrática no debe pretender instaurar el cielo en la tierra -lo óptimo en dignidad humana, decencia y costumbres edificantes- sino permitir el marco político en el que, dentro de una regulada convivencia, cada cual pueda ir al cielo o al infierno por el camino que prefiera, según postuló Voltaire. Lo contrario es volver a los usos teocráticos… aunque sea nominalmente para desautorizarlos y prohibirlos.

A diferencia de lo que pretenden los creyentes, el Estado laico no debe entrar en ningún tipo de polémicas religiosas. Ninguna fe puede convertirse en un eximente para incumplir las leyes civiles, pero tampoco en motivo para penalizar conductas que no se vetan explícitamente en los usos profanos. Si un conductor de autobús musulmán (el caso ha ocurrido en Reino Unido) no permite subir en su vehículo a un invidente acompañado de su perro guía, no es cosa de comenzar a discutir si realmente la saliva del animal esimpura o no según no sé qué ortodoxia: la ley de ayuda a las minusvalías debe cumplirse y punto.

De igual modo, una joven de la edad legalmente determinada debe poder comprar la píldora poscoital en la farmacia sin trabas, tenga la persona que regenta el establecimiento la opinión moral que fuere sobre esa transacción.

Pero tampoco hay derecho a prohibir velos o tocados a nadie porque se les suponga significados religiosos indeseables según el creyente persecutorio de turno (algunos muy eruditos, eso sí), cuando no despertarían recelo si se los justificase en nombre de la moda o de la extravagancia.

La indudable superioridad de las democracias laicas sobre las teocracias es que en las primeras las mujeres pueden ponerse el velo que quieran y en las otras en cambio no se lo pueden quitar. En cuanto a las disquisiciones teológicas, quedan para los ámbitos académicos y las fiestas de guardar.

Como los creyentes ejercen su santa coacción en beneficio de las almas de los demás, su presa favorita suelen ser las mujeres, cuyas almas tradicionalmente han sido consideradas más vulnerables que el espíritu de los varones.

Sea que se tapen demasiado o que se ofrezcan desnudas al mejor postor, siempre deben ser reprimidas y encauzadas porque solo llegarán a ser libres cuando se las convenza de lo dañino que es hacer lo que les dé la gana.

Antes, cuando la hembra era siempre revival de Eva tentadora, tras cada desvarío masculino alguien advertía: ¡cherchez la femme!; ahora, como ya solo están autorizadas a ser víctimas, en cuanto se recatan o se descocan demasiado los creyentes claman: ¡cherchez l’homme!

Porque se da por hecho que es un hombre siempre el que las desvía del recto sendero de la razón y la decencia. Desgraciadamente es muy frecuente que sean varones quienes las intimidan y mangonean, pero entonces será contra esos tiranuelos contra quienes habrá que actuar sin dejar de reconocer que ellas tienen también voluntad propia.

¿Que no se puede permitir la esclavitud, ni siquiera voluntaria? No hay esclavos ni esclavas felices salvo en la ópera de Arriaga y sin embargo todos nos esclavizamos gustosos de mil maneras por devoción o por ambición. Cuidado con los moralistas que sin escuchar nuestra opinión se sienten legitimados para emanciparnos a fuerza de decretos…

A lo largo de su biografía, los creyentes a veces mejoran de dogmas y pasan del comunismo a la socialdemocracia o el liberalismo, de la ortodoxia teológica al cientifismo y la evolución, de las adicciones juveniles a la salud pública, incluso hay ex caníbales que acaban vegetarianos o antitaurinos.

Pero lo que nunca pierden es el celo persecutorio que les asegura el subidón de adrenalina política. Los demás son cavernícolas oscurantistas, ellos siempre paladines ilustrados inasequibles al desaliento.

Practican lo que Michael Oakeshott llamó en un ensayo memorable la “política de la fe”, es decir, tratan de imponer gubernamentalmente la perfección social según la guía de quienes ya vieron la luz de la verdad. O sea, siguen confundiendo política y religión… aunque se crean laicos.

¿Qué sucedería si el relativismo fuera verdad? ilustración.

10 Ago
Por Matt Slick
El relativismo es la posicion de que todos los puntos de vista son válidos como cualquier otros puntos de vista, y que lo individual es la medida de lo que es verdad para esa persona. Yo veo un gran problema con esto. A continuacion hay una ilustracion para demostrarlo.
El escenario: Un ladrón está cubriendo un almacen de joyería para poderlo robar. Ha entrado a la joyería para revisar cualquier posible configuración de la alarma, los seguros, el diseño, etc. En el proceso e inesperadamente se involucra en una discusión con el dueño del almacén, cuyo pasatiempo es el estudio de la filosofía el cual cree que la verdad y lo moral son relativos.
“Así que todo es relativo.” Dice el propietario. “Esta es la razón por la que creo la moral no es absoluta, y lo correcto e incorrecto es decisión del individuo para determinar los limites de la sociedad. Pero realmente no existe lo absoluto correcto e incorrecto.”
El ladrón responde. “Esa es una perspectiva interesante. Crecí creyendo que había un Dios, y que existe un bien y un mal. Pero dejé todo eso a un lado y estoy de acuerdo con Usted que no existe lo absoluto correcto e incorrecto. Por esta razón somos libre de hacer lo que querramos.”
El ladrón abandona la joyería, regresa en la noche y se mete en la joyería. Él ha desarmado todas las alarmas y los seguros y se encuentra en el proceso de robar la joyería. Entonces, en ese momento, el dueño de la joyería entra por una puerta lateral. El ladrón saca un arma. El hombre no puede ver la cara del asaltante porque está usando una máscar de esquiar.
“¡No me dispare!” grita el dueño. “Por favor, llevese lo que quiere, pero dejeme en paz.”
“Esto es exactamente lo que planeo hacer” dice el ladrón.
“Un minuto. Yo lo conozco. Usted fue el hombre que estuvo aquí esta mañana. Reconozco su voz.”
“Esto es desafortunado para Usted” responde el ladrón. “Usted ya sabe quién soy y cómo soy y como no quiero ir a la cárcel me veo forzado a matarlo.”
“Usted no puede hacer eso”, responde el dueño.
“¿Por qué no?”
“Porque eso no es correcto,” ruega el hombre desesperado.
“Pero Usted me dijo hoy que no existe lo correcto e incorrecto.”
“Sí, pero tengo una familia, hijos y una esposa que me necesitan.”
“¿Y qué? Estoy seguro que Usted está asegurado y que ellos van a obtener mucho dinero. Pero debido a que no existe lo que es correcto e incorrecto, no hace una gran diferenica si lo mato o no, Y si le permito vivir Usted me entregará e iré a prision. Lo siento, pero esto es algo que no haré.”
“Pero matarme es un crimen contra la sociedad. Es incorrecto porque la sociedad lo dice.”
“Como puede ver, no reconozco la afirmacion que la sociedad imponerme en cuanto a lo moral. Esto es muy relativo. ¿Se acuerda?”
“Por favor, no me dispare, se lo ruego. Prometo no decirle a nadie cómo es Usted o quién es Usted. ¡Lo juro!”
“No le creo y no puedo tomarme este chance.”
“¡Pero es verdad! Le juro que nadie sabrá de esto.”
“Lo siento, pero no puede ser cierto ya que no existe ninguna verdad absoluta, ni correcto y equivocado, ningún error, ¿se acuerda? Si dejo que viva, Usted romperá eso que llama promesa porque todo es relativo. No hay forma de que le crea a Usted. La conversación que tuvimos esta mañana me convenció que Usted cree que todo es relativo. Debido a esto, no puedo creer que Usted guardará su palabra. No puedo creerle.”
“Pero matarme es equivocado. ¡No es correcto!”
“Para mí no es ni correcto o equivocado el matarlo. Como la verdad es relativa al individuo, si lo mato, esta es mi verdad. Y es obviamente cierto que si lo dejo vivir iré a prisión. Lo siento, pero Usted se ha matado a sí mismo.”
“¡No, por favor! ¡No me mate! ¡Se lo ruego!”
“Rogar no hace ninguna diferencia.”
…Bang, Bang…
Si el relativismo es verdadero, entonces, ¿estuvo equivocado que el ladrón disparara? Tal vez alguien podría decir que es equivocado quitarle la vida innecesariamente a alguien, pero, ¿por qué es equivocado si no existe un estándar de lo que es correcto o incorrecto? Otros han dicho que es un crimen contra la sociedad. ¿Y qué? Si lo que es verdad es simplemente para Usted verdad, entonces, ¿en dónde está lo incorrecto de matar a alguien para protegerse Usted por que esa persona lo puede reconocer, acusarlo y terminar en la cárcel? Si es verdad para Usted que para protegerse debe matar, entonces, ¿a quién le importa lo que la sociedad diga? ¿Por qué está alguien obligado a conformarse a las normas sociales? Hacerlo es una decisión personal.
Aún cuando no todos los relativistas se conducirán de una forma no ética, veo al relativismo como un contribuyente a la anarquía total. ¿Por qué? Porque es justificable hacer todo lo que le venga en gana.

http://www.verdadypalabra.com/2010/08/que-sucederia-si-el-relativismo-fuera.html

Aristóteles y el Objeto del Conocimiento Científico

9 Ago
Aristóteles y el Objeto del Conocimiento Científico
Publicado por Malena el 17 de Septiembre de 2009

Tanto Platón como Aristóteles afirmaban que el objeto del conocimiento científico es el universal, de modo que si el universal no tiene realidad objetiva tampoco puede haber conocimiento científico, porque no puede haber ciencia de lo individual.

El universal tiene realidad en la mente y en las cosas, aunque en las cosas no tenga la misma universalidad formal que tiene en la mente.

Los seres vivientes que participan de una misma especie son sustancias reales, pero no forman parte de un objeto universal real y la similitud objetiva de cada especie es la base del universal abstracto.

De modo que Platón y Aristóteles coinciden en lo que se refiere al objeto de la verdadera ciencia, o sea lo universal que tienen todas las cosas y no lo particular.

Los individuos particulares son verdaderas sustancias primarias, pero los universales merecen el nombre de sustancia en un sentido secundario, por eso Aristóteles denominó a las especies sustancias segundas y a los individuos sustancias primeras.

Debido a esta afirmación Aristóteles fue acusado de ser contradictorio, ya que si el individuo es sustancia primera debería ser el verdadero objeto de la ciencia, mientras él está enseñando lo contrario.

Pero esta contradicción no es tal, porque lo que Aristóteles quiere decir es que lo que hace que un individuo sea sustancia es su elemento universal, la forma de la cosa que la inteligencia entiende como una universalidad formal.

Lo universal es real en el individuo, es uno de sus elementos que lo constituyen, o sea que el universal no es trascendente sino inmanente.

La sustancia primera, el individuo particular, está compuesta de materia y forma y la sustancia segunda, o sea la especie universal, es el elemento formal o la esencia específica.

Esta distinción entre sustancia primera y segunda significa en relación a nosotros y no significa diferencias de naturaleza, dignidad o tiempo.

El universal es el verdadero objeto de la ciencia, pero sólo se puede aprehender mediante la aprehensión del individuo particular.

Aristóteles no admite que los objetos abstractos de las matemáticas o los universales sean sustancias; sólo es verdaderamente sustancia el individuo.

La sustancia es principalmente forma, en si misma, inmaterial; y la única sustancia verdadera y primera es la forma pura, independiente de la materia, Dios, las inteligencias de las esferas y el entendimiento agente en el hombre.

Vemos entonces, que Aristóteles, a pesar de no estar de acuerdo con la teoría de las ideas de Platón sigue considerando a la materia como elemento ininteligible y a la forma pura como inteligible.

El cambio de la materia es la actualización de una potencia o sea un ser existente que todavía no es lo que podría ser.

Por ejemplo, una vez que el mármol tiene la forma de la estatua, cambia en forma accidental, ya que su sustancia todavía es mármol aunque su figura sea diferente.

El escultor trabaja el mármol que es su materia, el substrato de la transformación que él produce, él no puede cambiar esta materia prima, sólo puede transformar su forma.

Aristóteles postula que hay tres factores en el cambio, la materia, la forma y la privación.

El acto es primero que la potencia temporalmente puesto que el acto es el fin, aquello para lo cual existe.

Lo que es eterno, imperecedero es actual en el sentido más alto como eterna fuente de movimiento, del pasar de la potencia al acto. Dios tiene que ser plenamente y totalmente actualidad, el Primer Motor Inmóvil.

http://filosofia.laguia2000.com/filosofia-griega/aristoteles-y-el-objeto-del-conocimiento-cientifico

Los Mitos del Fin del Mundo

9 Ago
Los Mitos del Fin del Mundo
Es un símbolo muy profundo el mito del fin del mundo


La Mitología sobre el tema del fin de la vida y el fin del mundo tiene distintas respuestas para enfrentar o evitar la muerte y sobrevivir de alguna manera.

En algunos mitos algunos dioses vuelven a la vida, ciertos héroes son capaces de internarse en el mundo de los muertos, y otros se atreven a relatar las vidas de las almas en el más allá o su reencarnación en otro cuerpo.

Muchos mitos sobre el fin de la vida tienen en común el viaje del alma a otro mundo después de la muerte física. Por lo general, interpretado como un viaje difícil, cargado de dificultades, una prueba peligrosa que aseguraba la bienvenida al mundo subterráneo.

Poblaciones primitivas ofrecían a sus muertos armas y alimentos para la travesía y graves castigos les esperaban a todos aquellos que habían actuado mal en sus vidas.

El concepto de infierno se encuentra tanto en religiones de occidente como en antiguas tradiciones japonesas; mientras el Paraíso o el mejor tratamiento lo recibían los héroes.

Para nórdicos y germanos las almas de los héroes se reunían con Odin en el Valhalla y para los griegos la morada después de muertos era la de los Campos Eliseos.

En culturas africanas el otro mundo era un lugar de espera para volver a renacer en la tierra con otra forma.

El fin del mundo significa el fin de la vida para una persona individual; pero existe también el mito del fin del mundo representado por un cataclismo universal que sólo provocaría el fin del mundo pero no el fin de la vida en la tierra.

En todo el mundo existe el mito del diluvio universal. En el Antiguo Testamento tenemos la Historia del Arca de Noé y también cuentan con mitos de diluvio las regiones que rodean el Mediterráneo, India, China, México y Australia.

En casi todos los casos el fin del mundo se produce como una respuesta de Dios o dioses hacia el comportamiento malvado de los hombres y sólo contempla la supervivencia de algunos pocos seres que son advertidos y pueden tomar recaudos para salvarse, generalmente por medio de una embarcación.

Pero este cataclismo no sólo puede ser producido por el agua sino también por el fuego o por terremotos; como algunos mitos chinos, indios y norteamericanos que mencionan fuegos cósmicos; que simbolizan la purificación y la erradicación de la corrupción y el mal de la tierra, permitiendo una renovación.

Un ejemplo de la muerte y renacimiento del cosmos se encuentra en la mitología nórdica. Luego de la última gran batalla, la mayoría de los viejos dioses eran aniquilados surgiendo un nuevo mundo, repitiéndose este patrón eternamente.

Los aztecas decían estar en la Quinta Era, o sea la actual y creían que el mundo había sido destruido anteriormente en forma sucesiva por distintas catástrofes para volver a renacer.

La tradición hinduista también propone la idea de ciclos de creación y destrucción a través de un extenso período de tiempo.

Estos mitos tratan de explicar las catástrofes naturales entendiéndolas como parte de un plan superior con el propósito de fomentar la esperanza de un mundo mejor.

La imagen del infierno budista posee un espejo donde se reflejan las malas acciones y balanzas para pesar los pecados; y a los mentirosos se les arranca la lengua.

El infierno de Dante Alighiere está representado como un cono invertido. El lugar más tenebroso y profundo sería el destino de las almas más impuras y malvadas, como las de los traidores y de los indiferentes, que son aquellos que en sus vidas no tomaron partido. Más arriba sería el lugar para los lujuriosos, violentos, falsos y herejes; mientras que al borde del abismo del infierno estarían las almas de los no bautizados como Adán, los ladrones, hipócritas, usureros y suicidas.

Las llamas del infierno tienen en común que son eternas, sin punto de retorno, un abismo insondable sin perdón ni salida.
http://filosofia.laguia2000.com/mitologia/los-mitos-del-fin-del-mundo

Refutando el relativismo.

7 Ago
Por Matt Slick
El relativismo en la posición filosófica de que todos los puntos de vista son igualmente válidos y que toda la verdad es relativa al individuo. Pero si miramos hacia adelante, vemos que esta proposición no es lógica. De hecho se contradice en sí misma.
  1. Toda la verdad es relativa
    1. Si toda la verdad es relativa, entonces la declaración “Toda la verdad es relativa” sería absolutamente verdadero. Si es absolutamente verdadero, entonces, no todas las cosas son relativas y la declaración de que “Toda la verdad es relativa” es falsa.
  2. No existen verdades absolutas
    1. La declaración “No existen verdades absolutas” es una declaración absoluta la cual está supuesta a ser verdad. Por lo tanto, es una verdad absoluta y “No existen verdades absolutas” es falsa.
    2. Si no existen verdades absolutas, entonces, Usted no puede creer en absolutamente nada, incluyendo el hecho de que no existen verdades absolutas. Por lo tanto, nada podría realmente verdad para Usted: incluyendo el relativismo.
  3. Lo que es verdadero para Usted no lo es para mí
    1. Si lo que es verdad para mí es que el relativismo es falso, entonces, ¿es verdad que el relativismo es falso?
      1. Si Usted dice no, entonces, lo que es verdad para mí no es verdad y el relativismo es falso.
      2. Si Usted dice sí, entonces, el relativismo es falso.
    2. Si Usted dice que es verdad que el relativismo sólo es falso para mí, entonces:
      1. Estoy creyendo algo diferente al relativismo; a saber, que el relativismo es falso. Si es verdadero, entonces, ¿cómo puede ser el relativismo verdadero?
      2. ¿Estoy creyendo una premisa que es verdadera, falsa o ninguna?
        1. Si para mí es verdad que el relativismo es falso, entonces el relativismo (dentro de mí) sostiene la posición de que el relativismo es falso. Esto es contradictorio.
        2. Si para mí es falso que el relativismo es falso, entonces, el relativismo no es verdad porque lo que para mí es verdad no se dice que es verdad para mí.
        3. Si Usted que ni es verdadero ni falso, entonces, el relativismo no es verdad ya que declara que todos los puntos de vista son igualmente válidos; y no por ser, al menos, cierto, se demuestra que el relativismo es incorrecto.
    3. Si creo que el relativismo es falso, y que es cierto que es falso sólo para mí, entonces, Usted debe admitir que es absolutamente verdadero que yo creo que el relativismo es falso.
      1. Si Usted admite que es absolutamente cierto que creo que el relativismo es falso, entonces, el relativismo es derrotado ya que Usted admite que algo es absolutamente verdadero.
    4. Si estoy creyendo en algo diferente a que el relativismo es verdadero, entonces, hay algo diferente al relativismo que es verdad; aún si esto sea solamente para mí.
      1. Si existe algo diferente a que el relativismo es verdad, entonces, el relativismo es falso.
  4. Nadie puede saber algo con seguridad
    1. Si esto es verdad, entonces, podemos saber que no podemos saber algo con seguridad, lo cual es contraproducente.
  5. Esa es su realidad. No la mía.
    1. ¿Es mi realidad realmente real?
    2. Si mi realidad es diferente a la suya, ¿cómo puede mi realidad contradecir su realidad? Si la suya y la mía son igualmente reales, ¿cómo pueden dos posibilidades opuestas que se excluyen entre sí existir al mismo tiempo?
  6. Todos percibimos lo que queremos.
    1. ¿Cómo sabe que esa declaración es verdadera?
    2. Si todos percibimos lo que queremos, ¿qué está queriendo percibir?
      1. Si Usted dice que quiere percibir la verdad, ¿cómo sabe que no está engañado?
      2. Desear la verdad simplemente no es prueba de que Usted la tiene.
  7. Usted no puede usar la lógica para refutar el relativismo.
    1. ¿Por qué no?
    2. ¿Puede darme una razón lógica del por qué no se puede usar la lógica?
    3. Si Usted usa el relativismo para refutar la lógica, entonces, ¿de qué manera puede el relativismo (de que nada es absolutamente verdadero) refutar la lógica, la cual está basada en la verdad?
    4. Si Usted usa el relativismo para refutar la lógica, entonces, el relativismo ha perdido su estatus relativo ya que es usado para refutar absolutamente la verdad de algo más.
  8. Sólo estamos percibiendo aspectos diferentes de la misma realidad.
    1. Si sus percepciones son contradictorias, ¿se puede creer en cualquier percepción?
    2. ¿Es la verdad en sí misma contradictoria?
      1. Si fuera, entonces no sería verdad porque en sí misma, se refutaría. Si algo se refuta en sí mismo, entonces, no es verdad.
    3. Si es cierto que estamos percibiendo aspectos diferentes de la misma realidad, entonces, ¿estoy creyendo algo que es falso ya que creo que su realidad no es cierta? ¿Cómo puede ser entonces la misma realidad?
    4. Si Usted simplemente está diciendo que mi percepción no es cierta, entonces, el relativismo es refutado.
      1. Si estoy creyendo que algo es falso, entonces, el relativismo no es cierto ya que este sostiene que todos los puntos de vista son igualmente válidos.
    5. Si mi realidad es que su realidad es falsa, entonces, ambas no pueden ser verdad. Si ambas no son verdad, entonces, uno de nosotros—o ambos—está en un error.
      1. Si uno o ambos estamos en un error, entonces, el relativismo no es verdadero.
  9. El relativismo en sí mismo está excluido de la crítica que es absoluta y es refutada en sí misma.
    1. ¿Sobre qué base Usted simplemente excluye el relativismo de la crítica de la lógica?
      1. ¿Es un acto arbitrario? Si es así, ¿justifica su posición?
      2. Si no es arbitrario, ¿qué criterio usó para excluirlo?
    2. Para excluirlo desde el principio es admitir los problemas lógicos inherentes en su sistema de pensamiento.

http://www.verdadypalabra.com/2010/08/refutando-el-relativismo.html

¿Pueden los mitos inveterados moldear nuestras mentes?

5 Ago

sfinx

La palabra mito suele usarse para denotar una historia o una creencia falsa: los políticos hablan del mito de la invulnerabilidad de un país, y los científicos rebaten los mitos primitivos acerca del Sol y de la Luna con los datos de la moderna astronomía. Platón y Aristóteles consideraban que el pensamiento lógico supera al mítico.

Aun así, las palabras griegas logos (raíz de lógica) y mythos (mito) pueden ambas significar “palabra” en el sentido de “dato”. Logos se refiere al pensamiento o al cálculo racionale, mientras que mythos se ha reservado para denotar un relato o una leyenda ficticios, concernientes a seres sobrenaturales.

Según los psicólogos, las leyendas o mitos forman parte importante del modo de pensar de muchas personas, aun de las que dicen que se guían por la pura razón. “La mitología no es una mentira: es poesía, es metáfora”, decía Joseph Campbell. Otro mitólogo, Sam Keen, añade: “El mito es el ADN cultural, el ‘programa’ de información inconsciente que rige nuestra forma de ver la ‘realidad’.”

El psicólogo Carl G. Jung aseveraba que en nuestro inconsciente existen ideas elementales (“arquetipos”) de notable capacidad transformadora; este “inconsciente colectivo” se expresa en mitos que a lo largo de la historia se repiten de diversas maneras. Y, en efecto, así ocurre. Por ejemplo, al establecer ritos concernientes a los momentos más trascendentales de la vida de todo ser humano, las sociedades primitivas forjaron mitos que añadieran intensidad a sucesos tales como la mayoría de edad, el matrimonio y la muerte.

El osado aventurero es una figura que aparece en los mitos de muchos pueblos; su viaje a tierras lejanas simboliza la lucha interna que cada quien debe afrontar para llegar a adulto. La meta del héroe mítico no suele ser el triunfo personal sino algo que ayude a la sociedad, como matar un monstruo que amenaza al pueblo; o, como en Prometeo (que dio el fuego a la humanidad), aportar una nueva sabiduría.

En la Odisea de Homero, el joven Telémaco deja el hogar materno y va en busca de su padre, Odiseo, legendario guerrero que desde fines de la guerra de Troya anda errabundo por el Mediterráneo. En su busca, el muchacho se vuelve hombre, y merecedor del respeto de su padre.

También nuestra cultura crea los mitos que le dan forma. Al hacer resaltar nuestras más hondas preocupaciones personales, familiares y concernientes a la naturaleza y la divinidad, los mitos nos ayudan a perfilar nuestros pensamientos, Pero los mitos no sólo nos afectan por lo que los héroes logran, sino por cómo lo logran; además, dicen mucho acerca de los valores que rigen la sociedad.