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Dios en el Congreso español

1 Abr

Juan Antonio Monroy

Dios en el Congreso español


El mejicano Amado Nervo, excelente poeta y hombre creyente, dijo que si Dios no existiese, el hombre, a través de los siglos, lo habría ya creado a fuerza de hablar de Él.
30 de marzo de 2011
Efectivamente. Dios forma parte del vocabulario de todos los días. Y puesto que el pensamiento es antes que la palabra, hablar de Dios supone pensar en Él: “Si Dios quiere”. “Vaya usted con Dios”. “Que Dios le ampare”. “A Dios rogando y con el mazo dando”. “Alabado sea Dios”. “A la buena de Dios”. “Ande con Dios”. “Quede con Dios”. “Sabe Dios”. “Válgame Dios”. “Por Dios”. “Adios”, y otras muchas frases de igual parecido, lo que indica que el nombre de Dios siempre está resonando por el mundo.

Hasta en el Congreso de los diputados.

Se supone que España es un Estado laico. Sólo se supone. Porque del dicho al hecho hay mucho trecho. En la santa casa del legislativo, donde las llamadas señorías (?) hablan, ríen, aplauden, abroncan, tampoco se prescinde de Dios. El otro día, contemplando un debate entre el presidente del Gobierno y el jefe de la oposición, reparé en que ambos citaban a Dios.

Rajoy, defendiendo su visión de España: “Queremos un gobierno como Dios manda”.

Zapatero, queriendo convencer de que la economía había mejorado en los últimos años: “Si esto no es crecimiento, que venga Dios y lo vea”.

Dice el Corán que nadie como Dios, quiere que el hombre elogie a Dios. Pero ni en los labios de Rajoy ni en los de Zapatero había elogio alguno, sólo verborrea parlamentaria.

Las señorías (?) que se sientan en los escaños del hemiciclo saben poco de Dios o, si saben, lo ocultan. Aquellos estadistas de antes eran distintos. En la historia parlamentaria de España brilla el discurso que el 22 de febrero de 1869 pronunció en sesión de Cortes Emilio Castelar, por entonces jefe del partido republicano.

Defendiendo ante el canónigo Vicente Manterola, tan elocuente como él, el derecho de los españoles a la libertad religiosa, estalló en esta prédica: “¡Grande es Dios en el Sinaí!; el trueno le precede, el rayo le acompaña, la luz le envuelve, la tierra tiembla, los montes se desgajan; pero hay un Dios más grande todavía, que no es el majestuoso Dios del Sinaí, sino el humilde Dios del Calvario, clavado en una cruz, herido, yerto, coronado de espinas, con la hiel en los labios, y sin embargo diciendo: “Padre mío, perdona a mis verdugos, perdona a mis semejantes, porque no saben lo que hacen”.

¿Hay algún diputado en el Congreso de Madrid capaz de expresarse públicamente con tanta vehemencia y conocimiento de la Biblia sobre la divinidad?

¿Existe en la política de hoy un diputado con la valentía que demostró Miguel de Unamuno en el Ateneo de Madrid?El 13 de noviembre de 1899 fue invitado a dar una conferencia en dicha institución. El público que abarrotaba el recinto esperaba una de sus magistrales conferencias sobre literatura, economía o política.

Lo que hizo el genial pensador vasco fue soltarles un sermón sobre Nicodemo, el líder fariseo que acudió una noche al encuentro de Jesús. Unos días después, Unamuno confiaba a su amigo Múgica: “Estoy convencido de que uno de los más hondos males de España es que este pueblo es uno de los menos religiosos”.

Los políticos de hoy tienen la suficiente religión para decir: “Como Dios manda”. Y “que venga Dios y lo vea”. Pero no pasan de esas vulgares frases.

Autores: Juan Antonio Monroy© Protestante Digital 2011

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La Conquista Divina

11 Jul

¿Quién creó a Dios? ¿De dónde viene Dios?

9 Jul

“¿Quién creó a Dios? ¿De dónde viene Dios?”

Respuesta: El ateísta Bertrand Russel escribió en su libro “Why I am Not a Christian” (Por qué no soy un cristiano), que si es verdad que todas las cosas necesitan de una causa, entonces Dios debe necesitar también una causa. El concluyó de esto, que si Dios necesitaba una causa, entonces Dios no era Dios (y si Dios no es Dios, entonces obviamente Dios no existe). Esta fue básicamente una manera ligeramente más sofisticada de la infantil pregunta, “¿Quién hizo a Dios?” Aun un niño sabe que las cosas no vienen de la nada, así que si Dios es “algo”, entonces ÉL también debe tener una causa, correcto?

La pregunta es astuta, porque se basa en la falsa suposición de que Dios viene de alguna parte y entonces pregunta, dónde puede ser eso. La respuesta es que esta pregunta ni siquiera tiene sentido. Es como preguntar “¿A qué huele el azul?” El azul no está en la categoría de las cosas que tienen olor, así que la pregunta en sí misma es defectuosa. De la misma manera, Dios no está en la categoría de las cosas que son creadas, o llegan a existir, o son causadas. Dios no tiene causa ni procedencia de creación – Él simplemente existe.

¿Cómo sabemos esto? Bien, sabemos que de la nada, nada procede. Así que si alguna vez hubo un tiempo en que no existía absolutamente nada, entonces nada hubiera podido existir. Pero las cosas existen. Por lo tanto, puesto que nunca pudo haber habido absolutamente nada, algo tuvo que haber existido siempre. Esa cosa que ha existido siempre es a quien llamamos Dios.

Recomendado libro: El Conocimiento del Dios Santo (J.I. Packer).

www.GotQuestions.org/Espanol

Packer – Hacia El Conocimiento de Dios

8 Jul

Cuando Lo Que Dios Hace No Tiene sentido

8 Jul

Benedicto XVI: Sin fe profunda en Dios, estudios sobre lo divino pierden credibilidad

6 Jun

Benedicto XVI: Sin fe profunda en Dios, estudios sobre lo divino pierden credibilidad

Defiende tu fe en simples lecciones con Alejandro Bermúdez
VATICANO, 21 Oct. 09 / 09:34 am (ACI)

El Papa Benedicto XVI dedicó la catequesis de la audiencia general de hoy a reflexionar sobre las enseñanzas de San Bernardo de Claraval (1090-1153) y recordó

“que sin una fe profunda en Dios, alimentada por la oración y la contemplación, nuestras reflexiones sobre los misterios divinos corren el peligro de transformarse en mero ejercicio intelectual y pierden su credibilidad”.

El Santo Padre señaló que Bernardo de Claraval es conocido como el “último de los Padres” de la Iglesia,

“porque en el siglo XII, una vez, más renovó y puso de relieve la gran teología de los Padres”.

El Papa explicó que los dos aspectos centrales de la doctrina del santo atañen a Jesucristo y a la Virgen María. El abad de Claraval “no aporta orientaciones nuevas en el estatuto científico de la teología. Pero, con gran decisión, configura el teólogo al contemplativo y al místico”, ya que para él “el verdadero conocimiento de Dios consiste en la experiencia personal profunda de Jesucristo y de su amor”.

“Esto es válido para todos los cristianos; la fe es ante todo un encuentro personal con Jesús y experimentar su cercanía, su amistad y su amor”.

Asimismo, destacó que las reflexiones de San Bernardo

“llaman en causa, también en nuestros días, no solo a los teólogos, sino a todos los creyentes”,

porqué

“a veces se quieren resolver las cuestiones fundamentales sobre Dios, el ser humano y el mundo, solo con la fuerza de la razón”.

“San Bernardo, en cambio, sólidamente anclado en la Biblia y en los Padres de la Iglesia, nos recuerda que sin una fe profunda en Dios, alimentada por la oración y la contemplación, nuestras reflexiones sobre los misterios divinos corren el peligro de transformarse en mero ejercicio intelectual y pierden su credibilidad”,

indicó.

También señaló que “la teología nos lleva a ‘la ciencia de los santos’, a su intuición de los misterios de Dios vivo, a su sabiduría, don del Espíritu Santo, que se transforman en puntos de referencia del pensamiento teológico. Al final, la figura más verdadera del teólogo y de todo evangelizador es la del apóstol Juan, que apoyó su cabeza en el corazón del Maestro”.

Bernardo nació en Fontaines (Francia) y a los veinte años ingresó en el monasterio de Citeaux. En 1115 fue enviado por San Esteban Harding, tercer abad de Citeaux, a fundar el monasterio de Claraval (Clairvaux), de donde fue abad. El santo implantó allí “una vida sobria y mesurada, tanto en el refectorio como en los hábitos y edificios monásticos, recomendando además el sustentamiento y la ayuda a los pobres”.

Desde Claraval, cuya comunidad era cada vez más numerosa, Bernardo mantuvo una nutrida correspondencia con personas de todo tipo y compuso además gran cantidad de sermones, sentencias y tratados. A partir de 1130 se ocupó también de graves cuestiones que afectaban a la Santa Sede y a la Iglesia. Con sus escritos combatió la herejía de los cataros, que al despreciar la materia y el cuerpo humano, despreciaban al Creador. Asimismo condenó “las cada vez más frecuentes manifestaciones de antisemitismo y defendió a los judíos”.

http://www.aciprensa.com/noticia.php?n=27257

EL AMOR DEL PADRE

4 Jun
David Wilkerson Today

FRIDAY, JUNE 4, 2010

EL AMOR DEL PADRE

Me pregunto, cuántos del pueblo de Dios pueden hoy día sinceramente clamar a
nuestro bendito Señor diciéndole "¡Glorifícame contigo!" Tráeme a una
afinidad. Anhelo estar más cerca, más íntimo. Mi amo, tú eres lo que yo
quiero. ¡Más que señales y milagros, yo tengo que tener tu presencia!"

Escuche el ruego eminente de Jesús: "Padre, aquellos que me has dado, quiero
que donde yo esté, también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria que
me has dado, pues me has amado desde antes de la fundación del mundo" (Juan
17:24).

La gloria de la cual Jesús está hablando, tiene que ver con una clase de amor
muy íntimo – un amor que no permite ninguna distancia ni separación del
objeto de su afección. Un amor que desea una afinidad completa, una unión
eterna. Este divino amor entre nuestro Señor y el Padre era todo lo más
importante para él, y él esperaba con ansias aquél día en que todos sus
hijos pudiesen contemplarlo con sus propios ojos.

¡Gloria sea al santificado nombre de Jesucristo por ese pensar tan glorioso!
Cristo está tan gozoso con la gloria de su íntima relación con su Padre, que
anhela traer a todos sus hijos al cielo para que la contemplen.

En realidad, nuestro Señor estaba orando, "Padre, ellos deben ver este
glorioso amor que nos tenemos. Deben de ver por sí mismos cuán completamente
tú te das a mí. Quiero que ellos conozcan cuán grandemente soy amado –
desde antes que el mundo fuese creado"

¿No será asombroso cuando nosotros, los redimidos, seamos llevados a la sala
del gran banquete de Dios, a la fiesta celestial, y se nos permita contemplar
el amor del Padre para con su amado Hijo, nuestro bendito Salvador? Yo veo en
aquél día glorioso la oración de nuestro Señor contestada, cuando él mire
a sus hijos comprados por su sangre y gozoso proclame, "Vean hijos, ¿Acaso no
es real? ¿No les dije la verdad? ¿No es verdad que él me ama tanto? ¿Han
contemplado alguna vez un amor tan grande? ¿Acaso no es esto un amor perfecto?
Ahora ustedes ven mi gloria, el amor de mi Padre por mí, y mi amor por él."

¿No ven ustedes santos de Dios, que contemplar la gloria de Cristo en aquel
día, será la revelación para nosotros del amor de Dios por su Hijo? Qué
gozo saber que servimos a un Salvador que es amado. ¿Y no es aterrador
contemplar que Lucifer se desprendió de tal gloria? Él está sin amor, él no
tiene padre. Sin duda, esta fue su pérdida más grande. Es la gran pérdida de
todos los hijos de Satanás, existir sin tener noción ni sentido del amor de
un Padre celestial. En contraste, los hijos de Dios son abrazados en afinidad
con Jesús mientras estamos en la tierra. Dios nos ama de la misma manera como
ama a su propio Hijo. Esta verdad debería hacernos entrar en descanso.



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