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Aristóteles y el Objeto del Conocimiento Científico

9 Ago
Aristóteles y el Objeto del Conocimiento Científico
Publicado por Malena el 17 de Septiembre de 2009

Tanto Platón como Aristóteles afirmaban que el objeto del conocimiento científico es el universal, de modo que si el universal no tiene realidad objetiva tampoco puede haber conocimiento científico, porque no puede haber ciencia de lo individual.

El universal tiene realidad en la mente y en las cosas, aunque en las cosas no tenga la misma universalidad formal que tiene en la mente.

Los seres vivientes que participan de una misma especie son sustancias reales, pero no forman parte de un objeto universal real y la similitud objetiva de cada especie es la base del universal abstracto.

De modo que Platón y Aristóteles coinciden en lo que se refiere al objeto de la verdadera ciencia, o sea lo universal que tienen todas las cosas y no lo particular.

Los individuos particulares son verdaderas sustancias primarias, pero los universales merecen el nombre de sustancia en un sentido secundario, por eso Aristóteles denominó a las especies sustancias segundas y a los individuos sustancias primeras.

Debido a esta afirmación Aristóteles fue acusado de ser contradictorio, ya que si el individuo es sustancia primera debería ser el verdadero objeto de la ciencia, mientras él está enseñando lo contrario.

Pero esta contradicción no es tal, porque lo que Aristóteles quiere decir es que lo que hace que un individuo sea sustancia es su elemento universal, la forma de la cosa que la inteligencia entiende como una universalidad formal.

Lo universal es real en el individuo, es uno de sus elementos que lo constituyen, o sea que el universal no es trascendente sino inmanente.

La sustancia primera, el individuo particular, está compuesta de materia y forma y la sustancia segunda, o sea la especie universal, es el elemento formal o la esencia específica.

Esta distinción entre sustancia primera y segunda significa en relación a nosotros y no significa diferencias de naturaleza, dignidad o tiempo.

El universal es el verdadero objeto de la ciencia, pero sólo se puede aprehender mediante la aprehensión del individuo particular.

Aristóteles no admite que los objetos abstractos de las matemáticas o los universales sean sustancias; sólo es verdaderamente sustancia el individuo.

La sustancia es principalmente forma, en si misma, inmaterial; y la única sustancia verdadera y primera es la forma pura, independiente de la materia, Dios, las inteligencias de las esferas y el entendimiento agente en el hombre.

Vemos entonces, que Aristóteles, a pesar de no estar de acuerdo con la teoría de las ideas de Platón sigue considerando a la materia como elemento ininteligible y a la forma pura como inteligible.

El cambio de la materia es la actualización de una potencia o sea un ser existente que todavía no es lo que podría ser.

Por ejemplo, una vez que el mármol tiene la forma de la estatua, cambia en forma accidental, ya que su sustancia todavía es mármol aunque su figura sea diferente.

El escultor trabaja el mármol que es su materia, el substrato de la transformación que él produce, él no puede cambiar esta materia prima, sólo puede transformar su forma.

Aristóteles postula que hay tres factores en el cambio, la materia, la forma y la privación.

El acto es primero que la potencia temporalmente puesto que el acto es el fin, aquello para lo cual existe.

Lo que es eterno, imperecedero es actual en el sentido más alto como eterna fuente de movimiento, del pasar de la potencia al acto. Dios tiene que ser plenamente y totalmente actualidad, el Primer Motor Inmóvil.

http://filosofia.laguia2000.com/filosofia-griega/aristoteles-y-el-objeto-del-conocimiento-cientifico

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¿Quiénes tienen mejor memoria, los hombres o las mujeres?

27 Jul

memoria-hombres-mujeresTras evaluar la retentiva de 4.500 británicos de 49 a 90 años de edad, un equipo de científicos británicos de la Universidad de Cambridge ha demostrado quelas mujeres superan a los hombres en cuanto a capacidad de memorizar la información. La educación también influye: los participantes que dejaron los estudios después de los 18 años cometían un 20% menos de errores totales que aquellos que dejaron de estudiar antes de los 16.

Además de explicar por qué ellas recuerdan mejor lasefemérides y aniversarios que ellos, los científicos esperan que el estudio ayude a entender las causas de la enfermedad de Alzheimer y otras demencias, así como a detectar su aparición de manera precoz.

http://www.muyinteresante.es/iquienes-tienen-mejor-memoria-los-hombres-o-las-mujeres

Nuestro cerebro se hace más pequeño y por eso somos menos violentos

27 Jul

Nuestro cerebro se hace más pequeño y por eso somos menos violentos

Posted: 25 Jul 2010 07:49 PM PDT

El miedo y la agresividad son rasgos que se manifiestan en último lugar durante el desarrollo posterior del sistema límbico en la base del cerebro. Así que la manera más probable de que la evolución produzca un animal afable o manso es detener prematuramente el desarrollo del cerebro, que tiene como consecuencia un cerebro más pequeño y, sobre todo, un “área 13” más pequeña.

El “área 13” es una parte del sistema límbico cuya función, parecer ser, es desinhibir las reacciones emocionales adultas tales como el miedo y la agresividad. Este proceso se ha observado en diversos animales, como los bonobos. Pero también en los seres humanos.

El registro fósil nos informa de que nuestro cerebro ha experimentado un descenso de tamaño durante los últimos 15.000 años. Es decir, que en un momento dado de la historia desarrollamos cerebros más grandes y ahora los tenemos más pequeños.

En el Mesolítico (hace unos 50.000 años) el tamaño promedio del cerebro humano era de 1.468 cc en las mujeres y de 1.567 cc en los varones. Actualmente, las cifras han descendido a 1.210 cc y 1.248 respectivamente, lo que, aun admitiendo una cierta reducción del peso corporal, no deja de ser una disminución excesiva.
Lo que se sugiere es que el ser humano ha seguido un proceso de, digamos, amansamiento. Un proceso que se produjo por una suerte de eugenesia: nos dedicamos a matar a las personas con cerebros más grandes y, por tanto, más conflictivas, y así éstas no se reprodujeron.

Richard Wrangham cree que cuando los seres humanos se hicieron sedentarios y empezaron a vivir en asentamientos permanentes no pudieron seguir soportando la conducta antisocial y comenzaron a expulsar, encarcelar y ejecutar a los individuos especialmente difíciles. En el pasado, en las regiones montañosas de Nueva Guinea, más de una de cada diez muertes de adultos fue por ejecución de “brujas” (hombres la mayor parte). Esto pudo haber significado matar a las personas más agresivas e impulsivas (y por tanto las de cerebro más grande y más maduras desde el punto de vista del desarrollo).
Si hoy en día me asombra en nivel de agresividad garrula que algunos seres humanos muestran al volante (sobre todo del género choni con coche tuneado), no quiero ni imaginarme conduciendo en pleno Mesozoico… ni Mad Max, oye.

Vía | Qué nos hace humanos de Matt Ridley

Descubren por qué a los adolescentes les cuesta concentrarse

26 Jul

Descubren por qué a los adolescentes les cuesta concentrarse
El cerebro no termina de desarrollarse hasta avanzada la veintena, mucho después de lo que se creía

Una investigación realizada por científicos del University College London del Reino Unido sugiere que el hecho de que los adolescentes y los adultos jóvenes no se concentren tan bien como se espera no es culpa de ellos, sino consecuencia del propio desarrollo del cerebro. El cerebro de los jóvenes ha de hacer el mismo esfuerzo que un niño muy pequeño para no distraerse y realizar tareas que requieren mucha concentración. Esta fase concluye bien avanzada la veintena y, en algunos casos, incluso pasados los 30. Entonces, el cerebro pierde materia gris, pero gana en eficiencia, explican los científicos. Por Yaiza Martínez.

Foto: Petr Gnuskin. Photoxpress.
Una investigación realizada por científicos del Institute of Cognitive Neuroscience del University College London (UCL), del Reino Unido, sugiere que el hecho de que los adolescentes y los adultos jóvenes no se concentren tan bien como se espera no es culpa de ellos, sino consecuencia del propio desarrollo del cerebro.

El cerebro de los adolescentes se parece más al cerebro de los niños pequeños que al de los adultos maduros, explican los científicos en un comunicado emitido por el UCL: tiene mayor cantidad de materia gris, pero una eficiencia más baja.

La llamada “materia gris”, que forma la corteza cerebral y que a su vez está formada por células y conexiones que permiten la transmisión de mensajes dentro del cerebro, va decreciendo a medida que envejecemos. Esta pérdida, sin embargo, significa que las transmisiones neuronales se vuelven más eficientes o que el cerebro trabaja de forma más efectiva en la edad adulta, señalan los investigadores.

Desarrollo tardío

Los hallazgos obtenidos en el presente estudio sugieren que el cerebro no estaría completamente desarrollado hasta finales de los 20, e incluso, hasta inicios de la década de los 30 años, mucho después de lo que hasta ahora se había creído.

En el estudio participaron un total de 179 adolescentes y jóvenes adultos a los que se les pidió que realizaran una tarea: repasar el alfabeto, bien mentalmente bien con letras aparecidas en una pantalla de ordenador.

Al mismo tiempo que hacían esto, a los participantes se les pidió que fueran clasificando cada letra según su forma, contestando a una pregunta muy simple: ¿La letra (que estás imaginando o viendo) presenta una curva o no?

Por último, a los chicos también se les pidió que ignoraran aquellas letras que no tenían curvas y que, por tanto, fueron utilizadas como medio de distracción.

Con esta ardua tarea, los científicos intentaron probar hasta qué punto los jóvenes presentaban la capacidad de alternar entre la concentración en sus propios pensamientos y las letras de la pantalla, así como la habilidad de ignorar las letras de distracción que aparecían en la pantalla (las que carecían de curva).

Se sabe que estas dos capacidades (alternancia de concentración y habilidad para no distraerse) se desarrollan durante la adolescencia.

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En naranja, corteza prefrontal. Fuente: Wikimedia Commons.
Actividad extra en la corteza prefrontal

Por otra parte, los científicos Sarah-Jayne Blakemore y sus colaboradores, utilizaron escáneres de imagen por resonancia magnética (IRM), una técnica no invasiva que utiliza el fenómeno de la resonancia magnética para obtener información sobre la estructura y composición del cerebro, con el fin de analizar la actividad cerebral de 37 de los participantes en el estudio.

Los registros, que se hicieron al mismo tiempo que se desarrollaban las tareas con el alfabeto, demostraron que ciertas partes de la llamada corteza prefrontal en.wikipedia.org/wiki/Prefrontal_cortex de los jóvenes cambiaron en lo que se refiere a actividad y estructura durante dichas tareas.

La corteza prefrontal está situada en la parte anterior de los lóbulos frontales del cerebro, y se sabe que está implicada en la planificación de comportamientos cognitivos complejos, en la expresión de la personalidad, en la toma de decisiones y en el comportamiento social moderado.

Además, se cree que esta región del cerebro orquesta la relación entre pensamientos y acciones, y está implicada en la capacidad de hacer varias cosas a la vez.

Las imágenes del cerebro de los 37 adolescentes seleccionados, tomadas con MRI, revelaron una actividad sorprendentemente alta en esta región cerebral, lo que sugiere que sus cerebros tuvieron que trabajar mucho para poder procesar la información que se les presentaba.

El cerebro continúa madurando

Este mismo grado de actividad había sido detectado previamente en la corteza prefrontal de cerebros de niños pequeños, pero los científicos no esperaban que el cerebro tuviera que seguir haciendo tanto esfuerzo a edades muy posteriores.

Según los investigadores, estos resultados indican que los cerebros de los adolescentes trabajan de manera menos eficiente que los de los adultos. Esto se debería a que la parte del cerebro necesaria para resolver ciertos problemas o tareas se encuentra aún en desarrollo a estas edades.

En otras palabras, la enorme actividad en el área de la corteza prefrontal supone que los cerebros de los jóvenes hacen una gran cantidad de trabajo innecesario, siguiendo “patrones de pensamiento caóticos”, afirma Blakemore.

A los adolescentes no les resulta siempre fácil prestar atención en clase y evitar que sus mentes divaguen o ignorar las distracciones de sus hermanos pequeños cuando están intentando resolver un problema de matemáticas, simplemente, porque las partes del cerebro implicadas en controlar nuestra forma de alternar la atención entre nuestros pensamientos y nuestro entorno, así como la velocidad a la que ejercemos dicho control, continúan madurando durante la adolescencia, concluyen los investigadores.

Los científicos detallan el experimento y los resultados obtenidos en la revista especializada The Journal of Neuroscience.

La acupuntura será asignatura optativa de Medicina en la Universidad de Málaga

23 Jul

La acupuntura será asignatura optativa de Medicina en la Universidad de Málaga

Posted: 22 Jul 2010 04:43 PM PDT

Habida cuenta del éxito que cosechó el artículo ¿Se ha demostrado que la acupuntura funciona y no me había enterado?, os traigo noticias frescas que harán que más de uno se tire de los pelos. Al menos yo me he quedao casi calvo.

Y es que la Facultad de Medicina de Málaga va a impartir a partir del próximo curso la acupuntura como asignatura optativa de primer ciclo. Algo que ha celebrado la miembro de la junta directiva de la Sociedad de Acupuntura Médica de España (SAME) y profesora de la Universidad de Málaga, Ana María Palomo Rosado:

Si queremos que los beneficios de esta técnica, que ya se aplica en 30 centros de salud de Andalucía, lleguen al mayor número de personas posible es necesario que los médicos conozcan sus aplicaciones y ventajas. (…) La acupuntura debe ser aplicada por personal cualificado, médicos especializados en medicina tradicional China, que deben ser los que realicen el diagnóstico, y personal sanitario, como enfermeros y fisioterapeutas, que las pueden aplicar bajo supervisión médica. Igual que a nadie se le ocurriría ir a un peluquero para que le tratase del corazón, tampoco tiene sentido que se acuda a alguien sin formación para que le aplique acupuntura.
Según Palomo, hay una evidencia científica de los beneficios que reporta al paciente. En fin, que voy a por los pelos que me faltan.

No es la primera muestra de una universidad avalando una superchería (o algo no demostrado lo suficiente, de manera más eufemística). En La lista de la vergüenza si hace una relación de los cursos, másters, titulaciones y actividades pseudocientíficas de las Universidades españolas. Por ejemplo, la Universidad de Barcelona cuenta con un Máster en homeopatía o la de León, con su Máster en Psicoanálisis.

Vía | Diario Sur
Más información | ¡Magufos!

¿El fin de la gripe?

20 Jul

¿El fin de la gripe?

La gripe estacional podría pasar pronto a la historia gracias a una nueva vacuna universal en cuyo desarrollo trabajan científicos de Estados Unidos.

Se trata de una estrategia de inmunización en dos etapas. En la primera, se prepara al organismo con ADN del virus de la influenza. A continuación se refuerza con la vacuna que contiene anticuerpos que neutralizan una amplia variedad de virus, tanto animales como humanos.

Actualmente las vacunas existentes sólo protegen de las 3 cepas que circulan hoy en día. Por el contrario, la nueva inmunización protegería contra todas las cepas que en décadas pasadas causaron muchas muertes, como la de 1934 y la cepa de la gripe aviar.

De momento, los experimentos con ratones y hurones han resultado muy esperazandores. Según informan los investigadores, los animales vacunados fueron capaces de combatir todos los virus anteriores a 1999. Y cuando, tres semanas después de recibir el refuerzo de la vacuna, fueron expuestos a altos niveles del virus de 1934, el 80 por ciento sobrevivió. Gaby Nabel, que dirigió el estudio desde el Instituto de Alergia y Enfermedades Infecciosas, asegura que “este enfoque de preparación-refuerzo abre una nueva puerta para el desarrollo de las vacunas de influenza que podrían ser similares a las vacunas para otras enfermedades como la hepatitis”. De hecho, el objetivo es que la gripe o influenza sea una de las vacunaciones infantiles que se administran en los primeros años de vida y que protegen toda la vida.

http://www.muyinteresante.es/iel-fin-de-la-gripe

El creyente ante las ciencias

20 Jul

El creyente ante las ciencias

Earl Aagaard

Todos somos creyentes. Los cristianos, los hindúes, los budistas, los musulmanes, los ateos, los agnósticos, los ecólogos, los terroristas: todos creen en alguien o en algo. Mientras una persona religiosa cree en la existencia de Dios, un ateo cree en la no existencia de Dios, y ambos pueden discutir hasta el cansancio cuál es el punto de vista correcto y cuál es el equivocado. El creer en algo no significa necesariamente que el objeto de nuestra creencia sea verdadero y verificable. Sin embargo, nadie estudia la naturaleza sin ejercer alguna medida de fe y de apertura mental. Esto significa, por un lado, confiar en los instrumentos que utilizamos y en nuestra capacidad de comprender lo que observamos, y, por otro, admitir que podemos equivocarnos buscando siempre la verdad sin prejuicios.

La ciencia se precia de ser objetiva. Pero, ¿es siempre así? Por ejemplo, la ciencia incluye la interpretación de datos que se basan en observaciones del mundo natural. Una vez que comienza la interpretación, introducimos en nuestro estudio elementos subjetivos, un conjunto básico de creencias acerca de cómo son las cosas en este universo. Nadie estudia las estrellas o el cuerpo humano o la genética molecular de la célula con una mente sin preconceptos. Todos, incluyendo los científicos, nos acercamos al estudio de la naturaleza con algunas suposiciones básicas e interpretamos los datos en base a ellas. De modo que, en cierta forma, el científico también es un “creyente”, aunque no lo sea en el sentido religioso de la palabra. Comprender bien esto produce una diferencia enorme en la manera en que ejercemos la actividad científica, y el modo en que consideramos nuestros propios cometidos religiosos.

Este concepto –que nuestras ideas afectan lo que percibimos y cómo lo interpretamos– ya no está sujeto a debate. De hecho, esta concepción psicológica nos ayuda a comprender por qué algunas personas se enojan por algo mientras otras no se molestan en lo más mínimo por ello, o por qué ciertas personas siguen estableciendo relaciones destructivas, o por qué algunas son miserables aun cuando tienen una familia amante y viven cómodamente. En cada caso, depende de cómo la persona percibe las circunstancias dadas; es decir, con qué estructura mental, con qué sistema de creencias se acerca a la situación.

Los filósofos a menudo usan la expresión cosmovisión (worldview) para describir un conjunto de ideas o conceptos preconcebidos con los cuales los seres humanos se aproximan a los datos –científicos, religiosos, políticos o los que sean–, los interpretan y llegan a una conclusión. Una cosmovisión es un mapa mental de cómo funciona el universo. Muchas de nuestras elecciones acerca de cómo interpretar la evidencia científica surge de una decisión inicial de importancia máxima: si creemos o no en un Ser Supremo. Consideremos dos ejemplos. Los que se aproximan a la realidad desde una perspectiva naturalista creen que no existe un Ser Supremo, que todo lo que vemos es el resultado de la interacción de la energía y la materia, guiadas por ciertas leyes y el azar. Los cristianos creen que existe un Ser Supremo, una inteligencia cósmica que está fuera de lo que percibimos como el mundo “natural”. La disyuntiva está claramente resumida en dos declaraciones:

Declaración 1: “En el principio era el Verbo… Todas las cosas por él fueron hechas, y sin él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho”.

Declaración 2: “En el principio eran las partículas, y las partículas se fueron organizando hasta producir a un ser humano, y éste inventó a Dios”.

El apóstol Juan escribió la primera declaración, que resume la visión bíblica del mundo. La segunda declaración describe al darwinismo y representa una visión opuesta del mundo. En cada caso, los científicos comienzan su labor basándose en una u otra de estas declaraciones. Los que dudan que el sistema darwinista está basado en “creencias” deberían tomar en cuenta esta declaración de Richard Lewontin, especialista en genética de la Universidad de Harvard: “Tomamos el lado de la ciencia a pesar de lo evidentemente absurdo de algunas de sus teorías, a pesar de que deja de cumplir muchas de sus promesas extravagantes de salud y vida, a pesar de la tolerancia que tiene la comunidad científica para aceptar historias no confirmadas, porque tenemos un cometido anterior, un cometido con el materialismo…. El asunto principal no es proveer al público con el conocimiento de cuánta distancia hay hasta la estrella más próxima y de cómo están hechos los genes… Más bien, el asunto es lograr que la gente rechace explicaciones irracionales y sobrenaturales del mundo, el mostrar que los demonios existen sólo en su imaginación, y que de esa manera llegue a aceptar una estructura social e intelectual, la Ciencia, como el único generador de la verdad”. 1

Uno no debe pensar que los científicos materialistas son los que “no creen”. Ellos son creyentes del mismo modo que lo son las personas religiosas; sólo que creen en algo diferente.

Qué es la ciencia

Cuando hablamos de ciencia, generalmente pensamos en la química, la física, las computadoras, etc., o en el método científico, los datos, las medidas, y cosas similares. Muchos de nosotros no nos damos cuenta de que la palabraciencia abarca actividades muy diversas. Veamos esta cita de Popular Science: “Las consecuencias de [la] brecha educacional en la ciencia y las matemáticas son devastadoramente visibles. Sólo el 45 por ciento de los norteamericanos saben que la Tierra gira alrededor del sol una vez por año. Un tercio cree que si se hierve leche radiactiva se la hace saludable para beber. Un 40 por ciento cree firmemente que seres extraterrestres visitan la Tierra, y un asombroso 54 por ciento rechaza la idea de que los seres humanos evolucionaron de especies previas”. 2

¡Noten de qué modo se emplea la palabra “ciencia” en esta cita para definir dos categorías muy diferentes del conocimiento! El reconocer este doble uso es clave para una buena educación en ciencias, así como para comprender una gran parte del conflicto entre la ciencia y la religión en el mundo actual. ¿Cómo hacemos esto?

Diferentes clases de ciencia

Primero, debemos aprender a reconocer las diferentes categorías incluidas bajo el rótulo de “ciencia”. Por ejemplo, la ciencia empírica y la ciencia histórica. Cuando vemos la palabra ciencia, la mayoría de nosotros pensamos en la ciencia empírica. Es la que se nos enseña en la escuela como la física y la química, en las que se usa el método científico. Este método de aprender implica (1) hacer observaciones en el mundo natural y formularse una pregunta; (2) enunciar una hipótesis o “respuesta provisoria” que ayude a explicar las observaciones; y (3) diseñar y realizar un experimento que pondrá a prueba la hipótesis, para ayudarnos a determinar si nuestra respuesta provisoria es correcta o no. Notemos que nunca se podrá “probar” una hipótesis: las pruebas sólo se encuentran en ciertas ramas de las matemáticas.

Apliquemos esta prueba a los problemas planteados en la cita anterior dePopular Science. El asunto de la leche radiactiva es ciencia empírica. ¿Se elimina la radiactividad si hervimos la leche? Se puede hacer la prueba en un laboratorio. Esta pregunta, y miles de otras como ésta, no son el tema de los debates en la comunidad científica, porque son preguntas empíricas y las respuestas surgen de los datos generados por experimentos repetidos en el laboratorio.

El segundo tipo de ciencia –la ciencia histórica– difiere del otro tipo en forma fundamental e importante. A diferencia de la física, la química, y gran parte de la biología, los científicos históricos no pueden utilizar el laboratorio para probar o verificar sus hipótesis. Los científicos históricos salen al campo a recoger datos, y los usan para reconstruir el pasado de la manera más precisa posible, en armonía con las evidencias disponibles. Los científicos en los campos históricos examinan la evidencia y luego “cuentan una historia” que es apropiada para explicar esos datos. Ninguna historia puede explicar satisfactoriamente cada detalle de la evidencia, y, lo que es de igual importancia, puede haber más de una historia que explique satisfactoriamente los datos. Siendo que no hay manera de aplicar una prueba de laboratorio para este tipo de relatos, es difícil saber si una historia es correcta y la otra es equivocada.

Algunos pueden objetar que la ciencia histórica no es realmente ciencia, ya que no provee respuestas que podemos verificar. Sin embargo, la arqueología es reconocida como una ciencia, a pesar del hecho de que, aun usando muchos procedimientos de laboratorio repetidos, esta disciplina no tiene un método empírico para probar las hipótesis de los arqueólogos. ¿Existieron los reinos de David y Salomón como los describe la Biblia? Muchos arqueólogos no creen que hayan existido. Pero hay discusiones serias acerca de esta historia debido a la falta de una manera definitiva de probar las hipótesis históricas.

Lo mismo puede decirse de la paleo-antropología, el estudio de los seres humanos antiguos y sus supuestos antepasados fósiles. Por razón de las numerosas hipótesis que existen, hay discusiones constantes dentro de este campo: discusiones acerca de cuál es el “eslabón perdido” en la evolución, o acerca de que tal o cual fósil es parte de la línea ancestral del hombre, o sencillamente una rama extinguida, etc.

La ciencia histórica aparece no sólo en la arqueología o la paleo-antropología, sino también en ciertas ciencias de laboratorio. Por ejemplo, esto ocurre cuando los astrofísicos discuten acerca de lo que ocurrió durante los primeros segundos después del Big Bang. Nadie tiene una video grabación de ese evento, de modo que los científicos deben examinar las evidencias disponibles (muy limitadas), y luego usar ecuaciones matemáticas para contar una historia de lo que pudo haber ocurrido cuando nacía el universo. Luego, comparan su hipótesis con las observaciones que se están haciendo, y finalmente, discuten con aquellos que la ven de un modo diferente.

Del mismo modo, en la química hay un intento permanente de construir un modelo de la atmósfera de la tierra primitiva con el fin de averiguar de qué modo se originó la vida mediante procesos estrictamente físicos. Examinan las rocas más antiguas que encuentran, reúnen todo indicio que pueden hallar acerca de las condiciones atmosféricas primitivas, y luego, combinando estos hallazgos con el conocimiento actual de las reacciones químicas, los científicos han tratado de simular la atmósfera primitiva de la tierra. Obviamente, no hay manera en que podamos saber cuán exactas son esas simulaciones. La investigación del origen de la vida usa muchas técnicas científicas, y se realiza en laboratorios científicos, pero pertenece claramente a la categoría de ciencia histórica, por cuanto las conclusiones que obtienen los investigadores no pueden ser ni confirmadas ni rebatidas.

¿Es el darwinismo una ciencia histórica?

Tal vez el ejemplo más controvertido de una ciencia histórica se encuentra en la biología. La explicación científica actualmente aceptada acerca del origen de la vida y su fenomenal diversidad es el darwinismo, que nos dice que la vida surgió como resultado de la evolución química, y que las primeras células vivas originaron toda la variedad de vida que existe sobre la Tierra. De acuerdo con este concepto, el origen de la vida y el desarrollo de todas sus formas subsecuentes se produjeron por la interacción fortuita de productos químicos. Primero, éstos formaron las moléculas necesarias para una célula viva: el ADN y miles de proteínas, incluyendo muchas enzimas esenciales para el funcionamiento de una célula. Una vez que se desarrolló esta célula, gradualmente evolucionó para formar otros tipos de células, y luego criaturas multicelulares. Finalmente aparecieron las millones de especies diferentes que han existido, incluso aquellas que están leyendo este ensayo. Se supone que esta transformación milagrosa se realizó exclusivamente mediante mutaciones en las moléculas del ADN que constituyen el código genético: cambios fortuitos en la disposición de las cuatro “letras” con las cuales están constituidas las palabras de nuestro código de ADN. El ambiente luego actuó sobre ellas, en un proceso que Darwin llamó “selección natural”.

Aunque se pueden interpretar muchas evidencias en apoyo del concepto dar-winiano (principalmente en el área de la adaptación de los organismos a su ambiente), la historia del origen de la vida, del código genético, y de las diversas estructuras de los cuerpos vivientes, pertenece al campo de la ciencia histórica. Esto es porque, cualquiera sea el escenario preferido para explicar estas cosas, ninguno de ellos puede ser examinado en el laboratorio de manera que (potencialmente) pueda ser probado o rechazado. El darwinismo, a pesar de su consideración actual como un “hecho científico”, realmente es sólo una historia que se cuenta para explicar cómo llegamos a existir, incorporando tantas evidencias como sea posible. En algunas áreas la teoría es aceptable, pero hay dificultades muy serias en otras áreas. No hay manera de poner a prueba la hipótesis de Darwin por vía experimental, y se pueden contar otras historias para explicar las evidencias. De hecho, algunas de las historias alternativas tienen un apoyo más sólido por causa de las evidencias más recientes de que se dispone.

Aunque la historia darwiniana acerca de los orígenes está en una categoría diferente de la ciencia empírica que se practica en el laboratorio, los libros de texto y los medios de difusión masivos la presentan como un hecho, como si fuera una ley del mismo tipo que los efectos de la fuerza gravitacional. Además, hay una resistencia enérgica a cualquier historia rival de la preferida. A menudo los que representan la posición darwinista ignoran los problemas científicos involucrados en ella e insultan y hasta atacan a los que no la aceptan como una teoría válida.

Recientemente, varios darwinistas prominentes en Inglaterra atacaron a ciertas escuelas cristianas (incluyendo una que operan los adventistas del séptimo día) porque su currículo incluía tanto el evolucionismo darwiniano como el creacionismo bíblico. Ellos alegaron que las escuelas sólo deberían presentar el darwinismo, y no incluir evidencias empíricas que apoyen otras hipótesis acerca de los orígenes. La visión darwinista supone que no hubo diseño ni diseñador en los comienzos de la vida sobre este planeta. De este modo, la visión darwinista del origen naturalista de la vida es aceptada como un hecho por la comunidad científica principal, sin tomar en cuenta las evidencias contrarias que se están reuniendo en el campo y en los laboratorios. Este hecho hace que los científicos naturalistas sean “creyentes” de la misma manera en que lo son los creacionistas, aunque el objeto en el que ellos creen no es el mismo que el del otro grupo.

Conclusión

Todos creen en alguien o en algo. Aun los hombres de ciencia tienen un sistema de creencias. En vista de esto, los creyentes cristianos no necesitan pedir disculpas acerca de su sistema de fe. En cambio, cuando se aproximan a las ciencias, deberían hacerlo con (1) respeto por la actividad científica cuando ésta trata con lo estrictamente empírico; y (2) humildad y tolerancia por la postura de otras personas, que tiene apoyo en evidencias de diversas áreas de la ciencia histórica. Entretanto, los creyentes cristianos deberían desarrollar una comprensión cabal y dar un apoyo definido a la perspectiva de un Diseñador Inteligente, de modo que no sucumban ante la idea de que la creencia en lo sobrenatural es anticientífica. Porque, después de todo, todos somos creyentes. 3

Earl Aagard (Ph.D., Colorado State University) enseña biología en Pacific Union College, Angwin, California, EE.UU. Su dirección electrónica es: eaagaard@puc.edu

Notas y referencias

1.    The New York Times Review of Books (9 de enero de 1997).

2.    Popular Science (agosto de 1992), p. 62.

3.    Hay muchos recursos para esta perspectiva en http://www.discovery.org/crsc/ y en www://arn.org

http://dialogue.adventist.org/articles/15_2_aagard_s.htm