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Hallan casa de los tiempos de Jesucristo

29 Jul
Hallan casa de los tiempos de Jesucristo


Hallan en Nazaret la primera casa de tiempos de Jesús

JERUSALÉN, 25/12/2009 (BBC, EFE, E. Press/ ACPress.net –Protestante Digital)

Arqueólogos israelíes han hecho público el hallazgo de la primera casa del siglo I que se ha localizado en Nazaret. Pertenece por lo tanto al tiempo en que nació y/o vivió Jesús. Es la primera vivienda particular de este periodo encontrada en una excavación de la región. Los expertos deducen que la residencia de Jesús de Nazaret era una pequeña aldea con unas 50 viviendas habitadas por judíos pobres.

La Autoridad de Antigüedades de Israel es la entidad que ha realizado las excavaciones en el lugar, como paso obligatorio previo a la construcción en la zona, por parte de una fundación cristiana, de un gran edificio ecuménico conocido como el Centro Internacional de María.

Este tipo de trabajos previos son conocidos como “excavaciones de salvación” y se llevan a cabo casi siempre que hay obras de una cierta extensión en una zona en la que se estima que si no se sondea previamente podrían quedar destruidos importantes tesoros arqueológicos.

La arqueóloga Yardena Alexandre, responsable de las excavaciones, expresó emocionada: “Nosotros no decidimos realizar la excavación en este lugar, ya que lo hemos hecho simplemente por existir el proyecto de una gran construcción en este emplazamiento (…) Pero claro está que conociendo la historia de la zona, teníamos expectativas. Sin embargo, no esperábamos algo así tan antiguo, sino encontrar restos de épocas más cercanas”.

Y es que hasta ahora, no habían sido hallados en esa localidad restos de una era tan antigua. Hasta ahora los hallazgos arqueológicos más antiguos encontrados en la zona eran del siglo IV, en concreto los restos de una iglesia.

Fueron los franciscanos quienes en los años 60, al preparar el sitio en el que sería construida la actual Basílica de la Anunciación, hallaron restos de tres iglesias. Bajo una de ellas está la cueva en la que los católicos consideran que está el lugar en el que vivió María, madre de Jesús. Allí, según la tradición, se produjo el acontecimiento relatado por los Evangelios, en los que recibió del arcángel Gabriel el anuncio de que daría a luz –siendo virgen- al Mesías de Israel e hijo de Dios.

“UN LUGAR SENCILLO”
Para Alexander, la casa hallada -una estructura sencilla y pequeña- agrega una dimensión humana a la Nazaret de los tiempos de Jesús. “Me alegró mucho encontrar restos de una casa judía en la Nazaret del siglo I”, contó la arqueóloga israelí.

La construcción está formada por dos habitaciones y un patio, que incluía una cisterna excavada en piedra y donde se almacenaba el agua de la lluvia. “Lo que hemos hallado es básicamente una casa típica judía de la época, con habitaciones conectadas”, apuntó la arqueóloga Yardena Alexandre.

“No es que con este descubrimiento se pueda saber mucho acerca de cómo vivían en aquel tiempo, ya que ni siquiera es una casa entera. Pero parece bastante característico de lo que estimamos era la vida en los tiempos de Jesús, un lugar muy sencillo. Según las fuentes escritas, en el siglo I Nazaret era un pueblecito judío, situado en un valle. Hasta ahora, sólo se habían encontrado cierto número de tumbas de esa época. Jesús seguramente conoció este lugar y quizás esta casa”.

Los arqueólogos afirmaron que este descubrimiento puede arrojar luz sobre cómo podía ser Nazaret en aquellos tiempos y señalaron que probablemente era una pequeña aldea con unas 50 casas habitadas por judíos pobres.

CON UN ZULO
Otro de los componentes del hallazgo que más ha llamado la atención de los arqueólogos es la existencia bajo la casa de un zulo, que bien pudo haber sido empleado para esconderse.

La especialista explicó que esta casa de Nazaret debió coincidir con la guerra contra Roma del siglo I. “Este zulo pudo haber servido de refugio a la gente” de los alrededores, ya que a pesar de que no hubo batallas en la localidad sí se produjeron en su entorno.

“Todos los utensilios hallados responden a lo que sería una familia modesta, no hay joyas ni cristales”, precisó Alexandre, que subrayó además que “no han hallado nada por encima del estrato del primer y segundo siglo por lo que es probable que la estructura dejó de utilizarse por entonces”.

Fuente: BBC, EFE, E. Press. Edición: ACPress.net

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HICSOS o HIKSOS

27 Jul

HICSOS
o HIKSOS

Según la reconstrucción convencional de la historia de Egipto, los hicsos fueron el grupo dominante de Egipto, constituyendo las dinastías XV y XVI, en una fecha que varía con los autores (1650-1542, Gran Enciclopedia Rialp).
El término hicsos proviene de Maneto, y su traducción del egipcio es «soberanos de países extranjeros» («hk,. w,sw.t» = Hekayesut).

Por lo general se acepta que Jacob y sus hijos se establecieron en Egipto durante la dominación de los hicsos. Sin embargo, la cronología convencional de Egipto está sujeta a grandes problemas, uno de los cuales lo ha constituido el de la identificación de los hicsos.

Autores como Velikovsky y Courville han llegado, tras un cuidadoso análisis de fuentes literarias, históricas y monumentales, a identificar a los hicsos con los amalecitas. Hay varios elementos que permiten llegar a esta identificación:

(a) Por una parte hay el registro de Maneto, sacerdote egipcio, que afirma que los hicsos, «una raza innoble de oriente», conquistaron Egipto sin dificultad alguna, sin tan siquiera haber librado una batalla. (Citado en Josefo, Contra Apión 1:14.) Esto puede comprenderse dentro del marco del éxodo israelita. En Refidim, los israelitas fueron atacados por Amalec, quedando victoriosos sólo gracias a la intervención divina por la intercesión de Moisés (Éx. 17:8-16).

(b) Hay todo un conjunto de tradiciones esparcidas por Arabia acerca del tema de la conquista de Egipto por parte de los amalecitas, como resultado de una migración que emprendieron, empujados por un cataclismo de gran magnitud, hacia Egipto. Así, autores de la temprana Edad Media, como Al-Shamhudi, Masudi, Albufeda, y otros, relatan esta migración de los amalecitas y, también, el «paseo militar» en el que Egipto cayó en manos de los amalecitas como una fruta madura.

(c) Hatsepsut, reina de una dinastía posterior a la de los hicsos, dejó una inscripción referente a sus obras de reconstrucción de la tierra expoliada con la rapaz dominación de los hicsos. Ella les da el sugerente nombre de «amu», afirmando que la capital de ellos fue Hauar (Auaris), y que no habían dado culto al dios Ra. Esto identifica a los amu con los hicsos. En base a la cronología revisada, Hatsepsut fue contemporánea de Salomón.

(d) En sellos oficiales de las dinastías de los hicsos se han hallado nombres como Apop I, Apop II. Fue Apop I el que, al cabo de unas pocas décadas después de la invasión de los amu, fundó la ciudad de Tebas. En la tradición griega, hubo en Egipto un rey llamado Ogyges que fue el fundador de Tebas. Ahora bien, Apop es una transcripción provisional de los egiptólogos para una inscripción cuyas consonantes admiten la equivalencia «Agog», que entonces concuerda con el registro bíblico acerca del nombre de los reyes amalecitas. Esto explica las menciones a Agag y a Amalec en los exaltados términos con que se hallan en el libro de los Números, mientras el pueblo de Israel se hallaba en el desierto: «Enaltecerá su rey más que Agag» (Nm. 24:7); «Amalec, cabeza de naciones» (Nm. 24:20). Según las tradiciones rabínicas, Amalec se dispuso a conquistar todo el mundo. Se han hallado sellos de los reyes hicsos en Creta, Palestina, Mesopotamia y en otros lugares alejados de Egipto. Así, la fama del rey Ogyges fundador de Tebas, que había llegado a oídos de los griegos, concuerda con el nombre Agag, que se identifica con la línea de faraones Apop. Ello concuerda con la ecuación hicsos = amu = amalecitas.

(e) La destrucción de los amalecitas por parte del rey Saúl, y la muerte del último rey Agag a manos de Samuel (1 S. 15) marca en la Biblia el punto de la reaparición de Egipto como potencia. La campaña de Saúl contra los amalecitas fue hacia el sur, lo cual concuerda con el hecho de que las hordas de hicsos que fueron expulsadas por el primer faraón de la restauración egipcia, Ahmose I, no dejaron rastro histórico. Saúl terminó con el poderío amalecita, aunque quedaron todavía partidas amalecitas que se dedicaron a merodear. Un caso interesante es el de un esclavo egipcio de un señor amalecita, lo cual concuerda con esta etapa de transición (1 S. 30:13 ss).

La identidad de los hicsos parece ya definitivamente desvelada con los valiosos estudios de Velikovsky, Courville y otros investigadores de fuentes antiguas. Los hicsos-amalecitas entraron en un Egipto indefenso, sin ejército ni organización militar ni política, devastado por las diez plagas y por la mortandad en el mar Rojo, sin Faraón ni recursos de ninguna clase, y cayó fácilmente en manos de la nación amalecita en su búsqueda de nuevos dominios. Esta conquista tuvo lugar en la época del Éxodo, alrededor del año 1.441 a.C. La liberación de Egipto de los hicsos-amalecitas tuvo lugar durante el reinado de Saúl en Israel, y la ascensión de Ahmose I al trono de Egipto como primer faraón de la primera dinastía autóctona después de los hicsos, la XVIII, alrededor del año 1020 a.C, se debió a la victoriosa campaña de Saúl, que quebrantó el yugo hicso que mantenía sometido a Egipto.

Todos los registros coinciden en la extrema rapacidad de los «reyes-pastores», los faraones hicsos. Su capital estuvo mayormente situada en Avaris, cerca de el-Arish actual. (Véanse AMALECITA, EGIPTO, ÉXODO, FARAÓN.)

Santiago Escuain

Bibliografía:

(Véase la Bibliografía en el artículo EGIPTO.)

Artículo procedente del Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, de Editorial CLIE,
Samuel Vila y Santiago Escuain, redactores
(CLIE, Terrassa 1985, 1185 pp.).

http://www.sedin.org/propesp/Hicsos.htm

Todos los manuscritos de la biblia serán fotografiados y conservados

21 Jul

Charles Pfeiffer – Diccionario Arqueologico

11 Jul

Arqueologia Biblica Para Creyentes

15 Jun

La vasija de ‘Cristo, el mago’

14 Jun

19/Sep/08

La vasija de ‘Cristo, el mago’

Hallan entre las ruinas de Alejandría un tarro con una enigmática inscripción – La leyenda fue tallada en el año 50 y probablemente alude al Mesías – La valiosa pieza se expondrá en Madrid hasta finales de noviembre

Un equipo de arqueólogos y egiptólogos acaba de descubrir, entre las ruinas sumergidas de la mítica ciudad de Alejandría, una vasija de cerámica con una enigmática inscripción en griego que podría ser la referencia más antigua que existe de Jesucristo.

Según explicó a elmundo.es Franck Goddio, uno de los arqueólogos submarinos más prestigiosos del mundo y el responsable del hallazgo, el objeto muestra una inscripción en griego, ‘Dia Chrstou o Goistais’, que se interpreta como “por Chrestos el mago”.

Entre las teorías que se barajan, “bien podría tratarse de una referencia a Jesucristo, en aquel tiempo el máximo exponente de la magia blanca”, indicó el investigador francés.

El valor del descubrimiento se incrementa al comprobarse su antigüedad, ya que los egiptólogos que han estudiado la pieza aseguran que la vasija, procedente de Asia Menor, es del siglo I a.C. y que la inscripción fue realizada antes del año 50 d.C. Esto convertiría el hallazgo en la primera referencia del Mesías que se conoce, honor que hasta ahora ostenta una carta del apóstol San Pablo del año 51 d.C. en la que habla de “su maestro”.

No obstante, ésta no es más que una de las dos o tres teorías que barajan los expertos sobre el origen y el significado de esta valiosa pieza.

El descubrimiento se produjo el pasado mes de junio cuando su equipo trabajaba en uno de los yacimientos situados en la zona oriental del Portus Magnus de Alejandría, concretamente dentro de un templo situado cerca de la isla de Antirhodos, muy cerca de la costa.

“Las excavaciones presentan varios estratos que coinciden con una fecha concreta en el tiempo. Esta vasija fue hallada en el piso correspondiente al siglo I d.C., aunque pruebas posteriores han confirmado que su antigüedad se sitúa un siglo antes de nuestra era. Se encontraron junto a varios objetos y columnas del templo”, explica Goddio.

Franck Goddio sujeta la vasija.

Durante los últimos meses, los mejores egiptólogos del mundo han trabajado en esta pieza y han dado varias teorías sobre ella. Se cree que la vasija se utilizaba en ritos adivinatorios. Se vertía en él una fina capa de aceite cuyas huellas se interpretaban por un mago en forma de predicciones futuras.

Personal de elmundo.es fue testigo, en un acto privado, de la llegada a Madrid de este objeto, donde permanecerá expuesto al público dentro de la muestra ‘Tesoros Sumergidos de Egipto’, en el Matadero Legazpi, hasta el próximo 26 de noviembre.

Entre fuertes medidas de seguridad y ante la supervisión de egiptólogos y representantes del Gobierno de Egipto, propietario de la pieza, Franck Goddio extrajo de una caja fuerte el objeto y lo depositó en una urna de cristal instalada al final del recorrido de la exposición, que contiene más de 500 piezas procedentes de tres yacimientos sumergidos del Antiguo Egipto.

En la inscripción en griego ‘Dia Chrstou o goistais’, la palabra ‘goistais’ significaría “mago”, mientras que Chrstou designaría el nombre del celebrante, aunque también podría significar el Mesías. En este caso, la vasija habría sido utilizada por un mago que, para legitimar sus poderes sobrenaturales, habría invocado a Cristo.

“No es descabellado pensar esto, ya que hay que tener en cuenta que en la época de la que estamos hablando, en el primer siglo de nuestra era, la comunicación del Portus Magnus de Alejandría con la región de Palestina era muy fluida, con barcos que llegaban de allí a diario. Es muy probable que en Alejandría estuvieran al corriente de la existencia de Jesús y de los milagros que estaba obrando no muy lejos de allí y que los magos realizaran ritos en su nombre”, explicó Goddio.

A pesar de que la vasija está expuesta en Madrid, un gran equipo de expertos investigadores continúa investigando sobre la pieza y su origen y, es probable que en los próximos meses, las teorías sobre el significado de la inscripción se simplifiquen.

Vídeo de C. Montelongo & D. Domínguez.

Fuente: El Mundo. Aportado por Graciela Lorenzo Tillard

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CANAÁN, CANANEOS

12 Jun
CANAÁN, CANANEOS
Canaán fue hijo de Cam y nieto de Noé. De acuerdo al testimonio bíblico, Noé maldijo a Canaán, quizás porque junto a su padre vio la desnudez de su abuelo (Gn 9.18, 22–27; ® Cam). Más tarde Canaán se identifica en la lista de la naciones (Gn 10.15–19) y sus descendientes (cananeos) se relacionan con once grupos o pueblos que históricamente habitaban en Fenicia y Siria Palestina.
Nombre
Los términos Canaán y cananeo parecen abarcar una designación egipcia que identificaba tanto a los habitantes como al país ubicado en la región oeste de Palestina a partir de ca. 2000 a.C. Tal designación quizás se fundamentaba en cómo dichos habitantes se autoidentificaban. Se piensa que kina>nu significa «mercaderes» o «comerciantes» (Os 12.7; Sof 1.11; cf. Is 23.11), aunque tradicionalmente el vocablo se ha relacionado con «tinte color púrpura», en clara alusión al principal producto comercial de la comunidad. Se ha sugerido también que el nombre Canaán puede significar «bajo» o «plano», en relación a la costa mediterránea al norte del territorio filisteo. De acuerdo a fuentes griegas y fenicias, los habitantes de Fenicia se identificaban como cananeos.
En la Biblia se indica que Canaán es el país al que emigraron los patriarcas y los israelitas. Y en la actualidad la región incluye parte del territorio de Israel y Líbano.
Geografía
En la Biblia, como también en fuentes extrabíblicas, se identifican al menos dos extensiones geográficas relacionadas con el término. En primer lugar se alude al territorio y a la franja costera que va desde Siria a Palestina, y sobre todo a Fenicia. Los cananeos, según algunos textos de la Escritura (Gn 10.15–19; Nm 19.29; Jos 5.1; 11.3; Jue 1.27–37), ocupaban la región costera, los valles y las llanuras del oeste palestino y el valle del Jordán (los amorreos habitaban en las alturas).
La misma designación puede abarcar, por relación o extensión, la región interior de Palestina y Siria. De ahí que en Gn 10.15–19 se incluye en la lista también al heteo, al jebuseo, al amorreo, al heveo y al gergeseo, y se indica que las familias de los cananeos se dispersaron (v. 18). Esta región, que abarca la costa mediterránea desde Sidón hasta Gaza, en el interior incluye ciudades a la orilla del mar Muerto (p. ej., ® Sodoma y Gomorra), y llega al norte hasta Lasa, de ubicación precisa incierta.
Los puertos más importantes de Canaán eran Tiro, Sidón, Beritus (actual Beirut) y Gebal (conocida en griego como Biblos). Estos centros de comercio internacional estaban ubicados en el actual Líbano. Los barcos de estas regiones transportaban madera de cedro, aceite, vino y tinte púrpura. Llegaban a Canaán barcos con lino de Egipto y artesanía griega, y Biblos era un importante centro de exportación de papiro. En la época de Salomón, la artesanía cananea y fenicia tenía tanta fama que del Líbano se envió madera para la construcción del templo de Jerusalén, y desde Tiro colaboraron en las obras de construcción (1 R 5; 7.13–47).
Foto de Gustav Jeeninga
Estatua de Baal, un prominente dios pagano de los antiguos cananeos.
Cananeos Y Amorreos
Aunque en la Escritura los ® Amorreos habitan en las montañas (Nm 13.29; Jos 5.1; 11.3), en su uso más amplio se confunden con los cananeos. Los amorreos se incluyen en la designación de cananeos (Gn 10.15–16); cuando se indica que Israel conquistó Canaán, posteriormente se alude a la tierra de los amorreos (Jos 24.15, 18); Abraham, al llegar a Canaán, no ocupa la tierra prometida porque la maldad de los «amorreos» no había llegado al colmo (Gn 15.16); y Siquem, que es una ciudad de Canaán (Gn 12.5–6; 34.2, 30), también se conoce como amorrea (Gn 48.22).
Esa confusión semántica quizás se deba a que ambos términos provienen de la identificación que hacen de ellos los grupos externos (p. ej., egipcios e israelitas). Pero aunque son vecinos, sin duda son nacionalidades independientes.
Excavación de un templo cananeo del siglo catorce a.C. en Bet-sán.
Historia
La presencia en Palestina de un pueblo de habla semítica en el tercer milenio a.C. la han corroborado varios descubrimientos arqueológicos. Se ha comprobado que los cananeos estaban ya establecidos en Palestina a lo menos por el año 2000 a.C. También los amorreos estaban bien arraigados en Siria Palestina; y en Ebla, al norte de Siria, ya se manifestaba un elemento semita para el 2300 a.C. En aquellos tiempos, Canaán estaba dividida en una serie de ciudades estatales y formaba parte del Imperio Babilónico bajo la dinastía de Ur. La teología y los dioses procedían de Babilonia. Como en todo el imperio, el famoso Código ® Hammurabi estaba en vigencia en Canaán.
Cuando el dominio de los babilonios, aunque no su influencia, llegó a su fin en Palestina, los heteos dominaron en el norte y en el sur los egipcios. Los reyes hicsos de ® Egipto unieron Canaán con el Delta. No cabe duda que fue un rey hicso el que favoreció a José y a su familia. Luego los egipcios derrotaron a los hicsos, quienes eran extranjeros en la tierra de los faraones, y recuperaron el dominio de Canaán: «Se levantó sobre Egipto un nuevo rey que no conocía a José» (Éx 1.8).
En el tiempo de la invasión israelita bajo Josué (ca. 1230–1220 a.C.), el poderío egipcio casi había desaparecido en Canaán. Existían muchos conflictos entre los pequeños reinos y principados de las ciudades estatales, pero los faraones permanecían indiferentes; al parecer solo se interesaban en los tributos que recibían de Canaán. Los cananeos se hallaban debilitados por sus disensiones, los impuestos y por el sistema feudal que Egipto había propiciado.
Los primeros doce capítulos del libro de Josué narran la conquista de Canaán por Israel, y en los capítulos 13–22 se describe la distribución de la tierra entre las doce tribus.
Cerca del año 1200 a.C., quizás después que los hebreos conquistaron a Canaán, varios grupos conocidos como «los pueblos del mar» invadieron y arrasaron la costa del Mediterráneo, infundiendo terror hasta las mismas fronteras de Egipto. Uno de esos grupos, los filisteos, se asentaron en la región costera al sur de Canaán.
Cultura
Organización social
Los cananeos se organizaban en ciudades estatales que tenían el carácter de pequeñas monarquías. Cuando los israelitas invadieron Canaán, la tierra estaba dividida de esta manera (Jos 10.1–5; 11.1–3). El rey tenía el privilegio de establecer impuestos, reclutar el ejército y supervisar el comercio y la religión (cf. 1 S 8); la reina cumplía responsabilidades de importancia; y en los estados más desarrollados la corte se organizaba de forma fastuosa. La unidad básica de la sociedad cananea era la familia, como lo indica la literatura de la época, sobre todo la proveniente de Ugarit. Además, tenían gremios o corporaciones para agricultores, ganaderos, artesanos, comerciantes y artistas. Los sacerdotes y el personal ocupado de los quehaceres del culto también estaban organizados. Y los guerreros pertenecían a varios tipos de grupos militares. Parece, además, que existía una profunda división de clases, incluyendo los patricios o clase alta, la clase baja y los siervos, quienes disfrutaban de relativa libertad.
Idioma
La lengua de los cananeos pertenece a la familia de idiomas semíticos. La expresión «la lengua de Canaán» (Is 19.18) se refiere especialmente al hebreo, pero incluye las lenguas semíticas occidentales. Entre los eruditos se usa a veces el término «cananeo» para designar el grupo de lenguas semíticas formado por el cananeo antiguo (representado en las tablillas del Tell el-Amarna), el hebreo, el fenicio, el púnico y el moabítico (EBDM II, pp. 87–88). «La definición de lo que es o no es “cananeo” se presta a mucha controversia. Dentro del grupo general de los idiomas semíticos del nordeste, el hebreo bíblico (cf. Is 19.18) y las glosas y términos semíticos occidentales de las tablillas de el-Amarna, pueden catalogarse como “sudcananeos” juntamente con el moabítico y el fenicio» (NBD, p. 184).
Literatura
El estudio de la literatura de Canaán se fundamenta básicamente en los descubrimientos de Ugarit. Este material incluye, entre otros documentos, la epopeya de Baal (escrita ca. 2000 a.C.), la leyenda de Aqhat (ca. 1800 a.C.) y el relato del rey Keret (del siglo XVI a.C.). La poesía que manifiestan estas obras puede relacionarse con la literatura bíblica en lo que respecta al vocabulario y los giros del lenguaje.
Es posible que en los tiempos de Hammurabi se introdujese en Canaán el sistema de escritura cuneiforme, juntamente con el idioma y la literatura de los babilonios.
Arte
Los hallazgos arqueológicos muestran que los cananeos avanzaron en el cultivo de las artes, sobre todo en la escultura y la orfebrería. Trabajaban también con esmero la madera y fabricaban telas preciosas.
Comercio
La situación geográfica de Canaán fue siempre sumamente estratégica. Allí coincidían las rutas más importantes del comercio mundial de la época. La flota mercante de los fenicios se hallaba muy activa en el negocio de la púrpura. Las ciudades del interior tenían como patrimonio no solo la agricultura y la ganadería sino también el comercio. Concurrían allí las caravanas de Asia Menor, Babilonia y Egipto para el intercambio de una gran variedad de productos industriales y agrícolas. A los israelitas recién salidos del desierto la vida de los cananeos debe haberles parecido en extremo lujosa.
Religión
La obra de Filón de Biblos, erudito fenicio que vivió a finales del primer siglo d.C. y la literatura épico-religiosa descubierta en Ras Samra (antigua ciudad de Ugarit) durante los años 1929–1937, arrojan mucha luz sobre la religión de los cananeos, quienes eran decididamente politeístas. Entre sus dioses sobresalen los siguientes:
El (el Poderoso) era la deidad suprema. Era un dios tirano, cruel, sanguinario y lujurioso, que echó del trono a su padre y asesinó a su hijo favorito y a su hija. Tenía tres de sus hermanas como esposas. Para los cananeos El era el «Padre de los hombres» y lo representaban como «el Padre Toro». Es decir, el progenitor de los dioses. El hijo y sucesor de El era ® Baal (señor), el dios de la lluvia, la tempestad y la fertilidad. Anat, hermana y esposa de Baal, forma junto a ® Astoret y ® Asera la trilogía de diosas cananeas que ilustran la gran depravación del culto cananeo. Eran las diosas de la guerra y la actividad sexual. Anat, a quien se le llamaba «Virgen» y «Santa», era en realidad una prostituta del panteón cananeo. Astoret, la diosa de la estrella vespertina, no siempre se distingue de Anat. Era tanto una diosa madre como una prostituta. Asera, esposa de El, según la mitología de Ugarit, era la diosa principal de Tiro en el siglo XV a.C., bajo el nombre de «Santidad». Se le nombra al lado de Baal en el Antiguo Testamento, donde el término «Asera» significa principalmente la imagen de esta diosa (1 R 15.13; 18.19; 2 R 21.7; 23.4).
En los cultos cananeos se sacrificaban animales a los dioses (carneros, corderos y palomas). Aunque hay indicios de sacrificios humanos en el culto cananeo del segundo milenio a.C., esta práctica no se ha podido corroborar arqueológicamente. De acuerdo a los textos ugaríticos y a la literatura egipcia de origen o inspiración semítica, la religión cananea apelaba a lo bestial y material de la naturaleza humana. Esos cultos incluían actividades sexuales, en las cuales participaba personal femenino del templo especialmente separado para tal oficio.
El politeísmo cananeo, que era de lo más degradado, corrompió moralmente al pueblo. En el culto de sus dioses, hombres y mujeres se prostituían a su antojo. Se ha dicho que en aquellos tiempos no había en el Medio Oriente una religión tan degenerada como la de Canaán. Según Lv 18.25, la tierra estaba contaminada por las abominaciones practicadas por los cananeos, a quienes la tierra tuvo que vomitar (Lv 20.22).
Exterminio
Jehová ordenó a Israel que exterminase a los cananeos (Éx 23.31–33; 34.11–17; Dt 7.2–4; 9.3). Hay algunos que califican de injusto este mandato y afirman que no se halla en armonía con el carácter de Dios, quien es «lento para la ira y grande en misericordia». Una buena respuesta a esta objeción se halla en la justicia de Dios y en la naturaleza de la religión cananea. El propósito divino en la destrucción de los cananeos era en primer lugar punitivo (Gn 15.16; Lv 18.25). Dios es también justo y sabe dar su paga a los que hacen mal. Castigó a los antediluvianos (Gn 6) y a los habitantes de Sodoma y Gomorra (Gn 19) mediante fuerzas naturales. ¿Por qué no habría de destruir a los cananeos a través del pueblo de Israel? No es tampoco la única vez que Él se vale de una nación para castigar a otra. Lo hace también cuando trae a los asirios para maldición del reino del norte en Palestina y a los babilonios para ejecutar juicio sobre Judá. Además, el propósito de Dios al destruir a los cananeos era preventivo (Éx 23.31–33; 34.12–16; Dt 7.2–4). No quiere que su pueblo se contamine con las maldades de Canaán. Los cananeos estaban tan corrompidos, que aun su existencia era incompatible con la conservación de Israel en pureza y verdad, necesarias para el cumplimiento de su misión universal de bendición (Gn 12.1–3).
Los israelitas no cumplieron cabalmente la orden divina y su desobediencia les trajo muchos males. El libro de Jueces menciona los continuos fracasos de Israel. Judá no pudo arrojar a los que habitaban en los llanos (1.19). «Mas el jebuseo que habitaba en Jerusalén no lo arrojaron los hijos de Benjamín» (1.21). Tampoco Manasés (1.27), Efraín (1.29), Zabulón (1.30), Aser (1.31), Neftalí (1.33) ni Dan (1.34) tuvieron completo éxito en la empresa de desarraigar a sus enemigos. El cananeo «persistía en habitar aquella tierra» (Jue 1.27) y fue azote y tropezadero para los hijos de Israel (Jue 2.1–3).
extr. de

Nelson, Wilton M., Nuevo Diccionario Ilustrado de la Biblia, (Nashville, TN: Editorial Caribe) 2000, c1998.