Del pobre surcoreano que se ha crucificado a sí mismo

29 May

Actualizado 28 mayo 2011
Del pobre surcoreano que se ha crucificado a sí mismo

Cubierto por un calzón, con las manos y los pies clavados a una cruz, con una corona de espinas en la cabeza y con una herida en el costado, ha aparecido muerto en Mungyong, en Corea del Sur, unos 200 kms. al sur de Seúl, un hombre cuyo único dato personal que se publica es que responde al sobrenombre de Kim. El parecido con la crucifixión que relatan los evangelios es tan detallado, que incluso han aparecido a los lados de su cruz otras dos cruces pequeñas. Según ha señalado la autopsia, el hombre habría muerto desangrado por la herida del costado y de asfixia.

De hecho, la única diferencia que la crucifixión en cuestión registra con la de Jesucristo, reside en el detalle de que el crucificado coreano ha aparecido con una cuerda de nylon alrededor de cuello, brazos y estómago, probablemente para asegurar la sujeción de su propio cuerpo al instrumento de su tortura.

Pero lo más increíble del caso, es que, según señala la policía, concretamente la comisaría provincial de Gyeongbuk, el hombre podría haberse infligido todos esos tormentos a sí mismo. De hecho, frente a la cruz ha aparecido un espejo cuya finalidad parece ser la de que el presunto autocrucificado pudiera contemplar su propio suplicio.

En el lugar de los hechos han aparecido numerosas herramientas, todas las que uno puede imaginar necesarias para llevar a cabo un plan semejante al realizado por el autocrucificado coreano. Entre todas ellas, llama la atención la presencia de un taladro con el que probablemente, Kim se habría horadado manos y pies antes de atravesárselos con los clavos de la crucifixión.

La Policía especula con la suposición de que Kim fuera un cristiano, algo que visto lo visto, no parece ofrecer dudas. Más dudas ofrece preguntarse qué pudo llevar al desgraciado coreano a deparar para sí mismo semejante final. Y más aún que, efectivamente, no se haya tratado de un macabro asesinato, pues la hipótesis del suicidio no es sólo que no parezca la única que maneja la Policía; es que uno se pregunta todavía cómo puede llegar una persona a autocrucificarse aunque tal fuera su más firme y declarada intención.

La noticia no deja de ofrecer otros detalles curiosos. Así, la presentación que del macabro acontecimiento realiza el Daily Mail inglés, diario del que la extraigo, el cual, para ponerla en su adecuado contexto, aporta esta explicación:

“Representaciones populares de la muerte de Jesús lo representan crucificado entre las cruces de dos ladrones, portando una corona de espinas, un paño sobre sus partes, con una herida en su costado de la lanza de un soldado romano”.

No se sabe muy bien si su redactor, de quien no se dice el nombre, demuestra ignorancia, impostura, indiferencia o estulticia. Porque si bien son muchas las cosas que en las representaciones de la crucifixión y de otros episodios evangélicos puedan proceder de piadosas tradiciones (en esta columna nos hemos hecho eco de varias de ellas), todo lo que el redactor recoge aquí salvo lo relativo al paño de pureza, está perfectamente descrito en no pocos documentos históricos, entre los cuales, pero no sólo, los cuatro evangelios, que nos dan la más detallada descripción de un tormento que, como el de la cruz, era tan cruel y salvaje como lamentablemente frecuente en los tiempos del Imperio. Y a estas alturas, poner en duda la existencia de Jesús, la de su crucifixión y la de determinados detalles que acompañaron a la misma –repare el lector que ni siquiera me refiero aquí a su resurrección-, demuestra una falta de rigor y una ignorancia imperdonables, por lo que hasta los más “modernos” y “descreídos” comentaristas evangélicos han dejado de hacerlo.

Como quiera que sea, descanse en paz el pobre Kim, víctima de un desgraciadísimo final, sea, como pretende la policía coreana, él mismo quien se lo haya infligido, sea otro el que lo haya hecho por él. En cuyo caso tendríamos que estar hablando de una despiadada venganza en la persona de un mártir tan desgraciado como anónimo.

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