Una justicia ineludible

20 Mar

Una justicia ineludible

La justicia suiza pidió informes sobre determinados negocios. El personaje investigado se sintió agraviado y dio pasos para realizar un paro nacional, pero luego desistió de ello y lo dejó sin efecto. El editor del periódico escribió al respecto: “… todo por un pedido de informes de un fiscal. Actuó como si fuera una orden de captura. Es el mismo… que, al ser detenido el ferroviario… dijo taxativo: ‘hay que dejar actuar a la justicia’”. Y luego agregaba: “Podría completarse la frase a la luz de estos hechos: `hay que dejar actuar a la justicia siempre y cuando no se meta conmigo’”

Bueno, quizás podremos, en algunos casos, evadir a la justicia humana pero cuando se trata de la justicia de Dios no hay escapatoria posible.

Hebreos 9:27 nos dice:

“Y de la manera que está establecido para los hombres que mueran una sola vez, y después de esto el juicio”
Cuando llegue el momento en que nos presentemos delante de Dios, sabremos con toda certeza que:

La justicia de Dios no tiene comparación con la de los hombres

“Delante de Jehová que vino; porque vino a juzgar la tierra. Juzgará al mundo con justicia, y a los pueblos con su verdad” (Salmos 96:13)
“El juzgará a tu pueblo con justicia, y a tus afligidos con juicio” (Salmos 72:2)
“Mas la misericordia de Jehová es desde la eternidad y hasta la eternidad sobre los que le temen, y su justicia sobre los hijos de los hijos” (Salmos 103:17)
Las características de nuestras vidas ponen aún más en evidencia Su Carácter y su manera de juzgar

“Y si nuestra injusticia hace resaltar la justicia de Dios, ¿qué diremos? ¿Será injusto Dios que da castigo? (Hablo como hombre) De ninguna manera; de otro modo, ¿cómo juzgaría Dios al mundo?…” (Romanos 3:5-8)
“Porque seré propicio a sus injusticias, y nunca más me acordaré de sus iniquidades” (Hebreos 8:12)
Sin embargo, y a pesar de sus falencias, debemos colocarnos bajo la justicia humana, obedeciendo así a Dios mismo:

“Por causa del Señor, someteos a toda institución humana, ya sea al rey como a superior, ya a los gobernadores, como por él enviados para castigo de los malhechores y alabanza de los que hacen bien. Porque esta es la voluntad de Dios…” (1 Pedro 2:13-15)
Recordemos: Aún cuando pudiéramos eludir la justicia humana, jamás lo lograríamos con la justicia divina.

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