Salvar, en lugar de matar

3 Mar

Salvar, en lugar de matar

El titular decía: “Quien no me quiere, no merece vivir”. Palabras adjudicadas a un controvertido líder político que prometió convertir a su propio país en una “llamarada roja de sangre” debido a que está seguro que “… no va a salir vivo de esta”
Dicen que enfatizó: “Será el infierno”. Según algunas versiones de sus allegados, otras afirmaciones son: “matar a todos antes de morir”, “Si quieren pelea la van a tener”. Asimismo habría dicho que “abrirá los arsenales de armas para entregarlas a la gente. Con el pueblo armado podemos derrotar todas las agresiones”. Todo esto sucediendo en medio de la rebelión de un pueblo ante un gobierno tiránico y cruel.

¡Qué diferentes estas expresiones a las del Gran Líder que nos presenta la Biblia, el Señor Jesucristo!

Si bien Jesucristo dijo en medio de sus enseñanzas, a aquellos que blasfemaban contra el Espíritu de Dios:

“El que no es conmigo, contra mí es; y el que conmigo no recoge, desparrama” (Mateo 12:30)
Pero conociendo que mucha gente no lo seguía, no creía en él, no lo acompañaba en su ministerio terrenal, en lugar de usar su poder para destrucción, tal como manifestó que podía hacer en Mateo 26:48-54:

“Y el que le entregaba les había dado señal, diciendo: Al que yo besare, ese es; prendedle. Y en seguida se acercó a Jesús, y dijo: ¡Salve, Maestro! Y le besó… Entonces se acercaron y echaron mano de Jesús, y le prendieron. Pero uno de los que estaban con Jesús, extendiendo la mano, sacó su espada e hiriendo a un siervo del sumo sacerdote le quitó la oreja. Entonces Jesús le dijo: Vuelve tu espada a su lugar… ¿Acaso piensas que no puedo ahora orar a mi Padre, y que él no me daría más de doce legiones de ángeles? ¿Pero cómo entonces se cumplirán las Escrituras, de que es necesario que así se haga?”
El eligió entregarse a sí mismo por nosotros, aunque éramos enemigos de Dios, como leemos en Romanos 5:20 y Gálatas 2:20:

“Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida”
“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí”
Recordemos: El Señor Jesucristo entregó su cuerpo a la muerte para que sus enemigos por causa del pecado tuviéramos vida y paz.

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