Temores…

29 Ene

Temores…

La nota se titulaba: “El encanto del miedo” y el columnista del periódico explicaba que cuando soñamos conservamos algunas simpatías y aversiones, pero perdemos el sentido del humor. Sin embargo, algo que no se modifica al dormirnos es la capacidad de sentir miedo. Quizás lo que nos asuste sea diferente en el sueño que en la vigilia, pero el miedo es el mismo. “No en vano usamos la palabra pesadilla para definir situaciones reales dominadas por la angustia”. Y aclara que no se refiere a ver o sentir experiencias fuertes y crueles, sino ese “susurro de promesa de ver algo extraordinario, algo que no tiene relación con su vida cotidiana”

Y es verdad, le tememos a lo desconocido, a lo que no podemos controlar, explicar o preveer.

En Mateo 14:26 los hombres temieron lo irracional:

“Y los discípulos, viéndole andar sobre el mar, se turbaron diciendo: ¡Un fantasma! Y dieron voces de miedo”
Pedro, en Mateo 14:30 tuvo miedo de lo incierto:

“Pero al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame!”
En Lucas 19:21 un hombre temía a otro hombre:

“…tuve miedo de ti, por cuanto eres hombre severo, que tomas lo que no pusiste, y siegas lo que no sembraste”
La Biblia también nos asegura que Cristo venció el temor que podíamos sentir hacia nuestro final físico en la tierra:

“Así que, por cuanto los hijos participaron de carne y sangre, él también participó de lo mismo, para destruir por medio de la muerte al que tenía el imperio de la muerte, esto es, al diablo, y librar a todos los que por el temor de la muerte estaban durante toda la vida sujetos a servidumbre” (Hebreos 2:14-15)
Y al vencer la muerte, nos libró de ella a nosotros:

“Pero tuvimos en nosotros mismos sentencia de muerte, para que no confiásemos en nosotros mismos, sino en Dios que resucitó a los muertos; el cual nos libró, y nos libra, y en quien esperamos que aún nos librará, de tan gran muerte” (2 Corintios 1:10-11)
Y nos concedió una victoria sobrenatural:

“…sorbida es la muerte en victoria. ¿Dónde está, oh muerte tu aguijón? ¿Dónde, oh sepulcro, tu victoria? Ya que el aguijón de la muerte es el pecado, y el poder del pecado, la ley. Mas gracias sean dadas a Dios, que nos da la victoria por medio de nuestro Señor Jesucristo” (1 Corintios 15:54-57)
Recordemos: Dios tiene el poder y los medios para librarnos de todos nuestros temores, por profundos que éstos sean.

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