Ver lo invisible

18 Ene

El Sermón Dominical
Domingo 16 de Enero del 2011

Ver lo invisible
Pastor Tony Hancock

En los programas de detectives e investigación de crímenes, con
frecuencia aparece una substancia que se llama Luminol. Al
rociarse en forma líquida sobre la escena de un crimen, el
Luminol produce luz al realizar una reacción química con
pequeños rastros de sangre que el ojo humano no distingue. El
criminal podría haber dejado el lugar totalmente limpio, al
parecer; pero el Luminol permite a los investigadores ver lo
invisible. Les permite detectar evidencias de un crimen que el
ojo humano solo no ve.

En cierto sentido, la Biblia funciona como el Luminol. Nos
permite ver lo invisible. En este mundo de apariencias, de cosas
que parecen ser sólidas pero son realmente pasajeras, la Biblia
nos revela la realidad invisible que es eterna. Al mostrarnos la
realidad espiritual, la Palabra de Dios nos lleva a una vida
verdadera y mejor.

Abramos nuestras Biblias en 2 Corintios 4:16-18:

4:16 Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre
exterior se va desgastando, el interior no obstante se
renueva de día en día.
4:17 Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros
un cada vez más excelente y eterno peso de gloria;
4:18 no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no
se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las
que no se ven son eternas.

El apóstol Pablo ha estado hablando de las dificultades que
enfrenta como apóstol. Sin embargo, dice: “no nos desanimamos”
(v. 16). ¿Por qué? Porque “no nos fijamos en lo visible sino en
lo invisible” (v. 18). ¿Te fijas en lo visible, o en lo
invisible?

Lo que se ve es pasajero, pero lo que no se ve es eterno. Dios
es invisible. Nadie lo ha visto jamás. Sin embargo, El siempre
ha existido. En cambio, este universo, con todo lo que contiene,
tuvo un principio – y tendrá un final.

Lo más duradero – y por ende, lo más importante – es invisible.
Las cosas de este mundo pasarán, pero el reino de Dios jamás
pasará. ¿Para qué, entonces, vas a vivir? Si vives para las
cosas de este mundo, tu vida quedará sin significado cuando el
mundo deje de existir.

En cambio, si vives para lo eterno – para lo invisible –
hallarás bendición. Veamos dos bendiciones específicas que
recibimos cuando aprendemos a vivir para lo invisible, en lugar
de enfocarnos en lo que vemos. La primera bendición es ésta: ver
lo invisible nos permite sobrellevar el sufrimiento.

Observen lo que dice Pablo en el verso 17. Describe los
sufrimientos que él enfrentaba como “ligeros y efímeros”. ¿A qué
sufrimientos se refiere Pablo? ¿Qué cosas padeció él? Sabemos
que él fue falsamente acusado, encarcelado, náufrago, fue
azotado, sufrió fuertes problemas de salud, fue abandonado por
algunos de sus compañeros – en fin, sufrió cosas fuertes. Sin
embargo, él los puede describir como “ligeros y efímeros”.

Los describe así, no porque no le dolían, sino porque estas
cosas son pequeñas a comparación con la gloria que vamos
recibiendo cuando vivimos para lo eterno e invisible. Aunque
sufrió cosas pesadas, Pablo sabía que el peso de la gloria que
recibiría de parte de Dios sería mucho mayor.

El día de mañana es el cuarto aniversario del fallecimiento de
mi padre. Durante tres años, él peleó contra un cáncer agresivo
que terminó quitándole la vida. Poco después de ser
diagnosticado con su enfermedad, compartió conmigo una frase que
había sido colgada en la pared del hogar de sus abuelos. Decía:
“Sólo una vida, que pronto pasará; sólo lo hecho para Cristo
durará”.

El vivió su vida para Jesucristo, y al enfrentar la muerte,
sabía que no sería el final. Aunque sufrió, y aunque derramamos
muchas lágrimas cuando se fue, sabemos que él no ha dejado de
existir. Tanto él al irse como nosotros al quedarnos atrás
teníamos una esperanza segura ante la muerte. Aunque vimos su
cuerpo entrar a la tierra, sabemos que su alma vive – y que su
cuerpo resucitará.

Un famoso predicador de antaño, poco antes de morir, también fue
diagnosticado con una enfermedad mortal. Dijo lo siguiente:
“Salí a caminar y miré aquella montaña que me encanta. Observé
el río tan lindo, y los árboles altos que son como poesía para
mi alma. Al ocaso, vi el cielo donde Dios encendía sus lámparas,
y dije: quizás no te vea muchas veces más, pero montaña, yo
seguiré viviendo cuando tú ya no estés, y río, estaré vivo
cuando tú dejes de correr al mar, y estrellas, viviré cuando
ustedes se hayan caído del cielo”.

Cuando aprendemos a ver lo invisible, podemos sobrellevar el
sufrimiento. Aun la muerte deja de asustarnos cuando llegamos a
conocer a Aquel que venció la muerte. Vayamos ahora a 1
Corintios 7:29-31 para encontrar la segunda bendición que
recibimos cuando aprendemos a ver lo invisible:

7:29 Pero esto digo, hermanos: que el tiempo es corto; resta,
pues, que los que tienen esposa sean como si no la
tuviesen;
7:30 y los que lloran, como si no llorasen; y los que se
alegran, como si no se alegrasen; y los que compran, como
si no poseyesen;
7:31 y los que disfrutan de este mundo, como si no lo
disfrutasen; porque la apariencia de este mundo se pasa.

Ver lo invisible significa reconocer que le queda poco tiempo a
este mundo de pecado. ¿Cuánto tiempo? No lo sé – los tiempos de
Dios no son como los nuestros. Pero ver lo invisible significa
un cambio de perspectiva, de valores; significa ver las cosas de
forma distinta.

Se trata de vivir como si no. Dice: “los que tienen esposa deben
vivir como si no la tuvieran” (v. 29). ¿Qué significa esto?
¿Significa tener amantes? ¿Descuidar a la familia, y andar
siempre fuera del hogar? No, no significa eso. Significa que uno
deja de pensar que su pareja le va a traer la verdadera
felicidad, cuando sólo Dios lo puede hacer.

De igual manera, cuando lloramos o cuando nos regocijamos,
reconocemos que estas cosas son pasajeras. Cuando compramos
algo, lo sostenemos ligeramente. No permitimos que nuestras
posesiones nos posean. ¿Cuál es el resultado de todo esto? El
resultado es hallar el sentido de la vida. Ver lo invisible nos
lleva a una vida de verdadero significado.

Si tú has tratado de buscar satisfacción para tu alma en las
cosas temporales – en alguna relación, en las posesiones, en tu
posición social o en algún trabajo – sólo para descubrir que no
te satisfacen, estás listo para aprender a vivir para lo eterno.
Lo irónico es que, al hacerlo, vivirás mejor.

¿Te has dado cuenta de que las personas que más esperan de su
pareja son las que más parejas tienen? Me explico. Cuando tú
esperas que otra persona te dé el amor que sólo Dios te puede
dar, pasas por una etapa de enamoramiento donde todo parece
color de rosa. Pasa el tiempo, sin embargo, y se te caen las
escamas de los ojos. Te das cuenta de las imperfecciones de tu
pareja.

Pronto el encanto se convierte en desilusión, y hay que buscar a
otra persona que pueda lograr lo que la anterior no pudo. ¡Se
convierte en un cuento de nunca acabar! Esto es lo que sucede
cuando buscas tu felicidad en este mundo, que está por
desaparecer.

En cambio, cuando aprendes a ver lo invisible, cuando conoces a
Dios y su amor, quedas libre para amar verdaderamente a tu
esposa o esposo – porque ya no esperas más de lo que te puede
dar. Lo mismo sucede con tus hijos, con tu trabajo, con tus
posesiones – los tratas mejor y los disfrutas más precisamente
porque tienes una base sólida para tu vida, y no tienes que
buscar en ellos más de lo que te pueden dar.

Ver lo invisible le da un sentido verdadero a la vida. Lo que
haces para el Señor no es en vano, ni es tiempo perdido. Al
contrario; es lo más importante que puede existir. Algunos años
atrás, un pueblo del estado de Colorado decidió construir un
gran palacio para atraer turistas.

El palacio medía 150 metros por 100 metros. Las torres que
marcaban la entrada medían 30 metros de alto. Lo insólito del
palacio, sin embargo, es que se construyó de hielo. Aunque llegó
a ser alto e impresionante, a los pocos meses, se derritió. Para
colmo, ¡pocos turistas llegaron para verlo!

Así de pasajero es lo que construimos con nuestra vida, cuando
sólo es para este mundo. En cambio, cuando vivimos para el reino
de Dios y de Jesucristo, nuestra vida tiene importancia eterna.

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– ¡Visita la página web del Pastor Tony Hancock!
http://www.pastortony.net

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