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Cuando miran… ¿Qué ven?

18 Ene

Cuando miran… ¿Qué ven?

El diario reproducía los dichos de un deportista extranjero, con respecto al país en el cual vivía transitoriamente debido a su profesión: “Acá hay mucha pasión, se vive diferente, eso motiva”. Luego, agregaba: “… es un club grande, con historia. Sé que no viene de un buen año, pero trataremos de dejarlo bien alto donde debe estar”

Es un deportista que desea representar bien al equipo que lo compró y le da beneficios por jugar en él.
Y yo pensé: ¡Ojalá todos los creyentes tuviéramos esas metas y deseos con respecto a la Obra de Dios!

Fuimos comprados por un precio excesivamente elevado, como nos dice 1 Corintios 6:20 y 7:23

“Porque habéis sido comprados por precio…”
“Por precio fuisteis comprados…”
Formamos parte del “equipo” del Señor, como nos dice 1 Corintios 3:9 y 2 Corintios 6:1:

“Porque nosotros somos colaboradores de Dios…”
“Así, pues, nosotros como colaboradores suyos, os exhortamos también a que no recibáis en vano la gracia de Dios”
Trabajamos para llevar a otros la palabra de Dios, como nos dice 2 Corintios 11:26-27 y 1 Timoteo 5:17:

“En trabajo y fatiga, en muchos desvelos, en hambre y sed, en muchos ayunos, en frío y en desnudez; y además de otras cosas, lo que sobre mí se agolpa cada día, la preocupación por todas las iglesias”
“… mayormente los que trabajan en predicar y enseñar”
Nuestra conducta ¿hace que quienes nos ven se motiven a trabajar con dedicación por el Señor?

“Acordándonos sin cesar… de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de vuestra constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo… de tal manera que habéis sido ejemplo a todos los de Macedonia y de Acaya que han creído” (1 Tesalonicenses 1:3,7)
“… sé ejemplo de los creyentes en palabra, conducta, amor, espíritu, fe y pureza” (1 Timoteo 4:12)
“Presentándote tú en todo como ejemplo de buenas obras…” (Tito 2:7)
El ejemplo de unos deportistas incentiva a otro a imitarlos… ¡Cuánto más debería ser así en la vida de todos los creyentes”

Recordemos: Que puedan decir de nosotros que entregamos TODO para nuestro Señor.

TBS
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Ver lo invisible

18 Ene

El Sermón Dominical
Domingo 16 de Enero del 2011

Ver lo invisible
Pastor Tony Hancock

En los programas de detectives e investigación de crímenes, con
frecuencia aparece una substancia que se llama Luminol. Al
rociarse en forma líquida sobre la escena de un crimen, el
Luminol produce luz al realizar una reacción química con
pequeños rastros de sangre que el ojo humano no distingue. El
criminal podría haber dejado el lugar totalmente limpio, al
parecer; pero el Luminol permite a los investigadores ver lo
invisible. Les permite detectar evidencias de un crimen que el
ojo humano solo no ve.

En cierto sentido, la Biblia funciona como el Luminol. Nos
permite ver lo invisible. En este mundo de apariencias, de cosas
que parecen ser sólidas pero son realmente pasajeras, la Biblia
nos revela la realidad invisible que es eterna. Al mostrarnos la
realidad espiritual, la Palabra de Dios nos lleva a una vida
verdadera y mejor.

Abramos nuestras Biblias en 2 Corintios 4:16-18:

4:16 Por tanto, no desmayamos; antes aunque este nuestro hombre
exterior se va desgastando, el interior no obstante se
renueva de día en día.
4:17 Porque esta leve tribulación momentánea produce en nosotros
un cada vez más excelente y eterno peso de gloria;
4:18 no mirando nosotros las cosas que se ven, sino las que no
se ven; pues las cosas que se ven son temporales, pero las
que no se ven son eternas.

El apóstol Pablo ha estado hablando de las dificultades que
enfrenta como apóstol. Sin embargo, dice: “no nos desanimamos”
(v. 16). ¿Por qué? Porque “no nos fijamos en lo visible sino en
lo invisible” (v. 18). ¿Te fijas en lo visible, o en lo
invisible?

Lo que se ve es pasajero, pero lo que no se ve es eterno. Dios
es invisible. Nadie lo ha visto jamás. Sin embargo, El siempre
ha existido. En cambio, este universo, con todo lo que contiene,
tuvo un principio – y tendrá un final.

Lo más duradero – y por ende, lo más importante – es invisible.
Las cosas de este mundo pasarán, pero el reino de Dios jamás
pasará. ¿Para qué, entonces, vas a vivir? Si vives para las
cosas de este mundo, tu vida quedará sin significado cuando el
mundo deje de existir.

En cambio, si vives para lo eterno – para lo invisible –
hallarás bendición. Veamos dos bendiciones específicas que
recibimos cuando aprendemos a vivir para lo invisible, en lugar
de enfocarnos en lo que vemos. La primera bendición es ésta: ver
lo invisible nos permite sobrellevar el sufrimiento.

Observen lo que dice Pablo en el verso 17. Describe los
sufrimientos que él enfrentaba como “ligeros y efímeros”. ¿A qué
sufrimientos se refiere Pablo? ¿Qué cosas padeció él? Sabemos
que él fue falsamente acusado, encarcelado, náufrago, fue
azotado, sufrió fuertes problemas de salud, fue abandonado por
algunos de sus compañeros – en fin, sufrió cosas fuertes. Sin
embargo, él los puede describir como “ligeros y efímeros”.

Los describe así, no porque no le dolían, sino porque estas
cosas son pequeñas a comparación con la gloria que vamos
recibiendo cuando vivimos para lo eterno e invisible. Aunque
sufrió cosas pesadas, Pablo sabía que el peso de la gloria que
recibiría de parte de Dios sería mucho mayor.

El día de mañana es el cuarto aniversario del fallecimiento de
mi padre. Durante tres años, él peleó contra un cáncer agresivo
que terminó quitándole la vida. Poco después de ser
diagnosticado con su enfermedad, compartió conmigo una frase que
había sido colgada en la pared del hogar de sus abuelos. Decía:
“Sólo una vida, que pronto pasará; sólo lo hecho para Cristo
durará”.

El vivió su vida para Jesucristo, y al enfrentar la muerte,
sabía que no sería el final. Aunque sufrió, y aunque derramamos
muchas lágrimas cuando se fue, sabemos que él no ha dejado de
existir. Tanto él al irse como nosotros al quedarnos atrás
teníamos una esperanza segura ante la muerte. Aunque vimos su
cuerpo entrar a la tierra, sabemos que su alma vive – y que su
cuerpo resucitará.

Un famoso predicador de antaño, poco antes de morir, también fue
diagnosticado con una enfermedad mortal. Dijo lo siguiente:
“Salí a caminar y miré aquella montaña que me encanta. Observé
el río tan lindo, y los árboles altos que son como poesía para
mi alma. Al ocaso, vi el cielo donde Dios encendía sus lámparas,
y dije: quizás no te vea muchas veces más, pero montaña, yo
seguiré viviendo cuando tú ya no estés, y río, estaré vivo
cuando tú dejes de correr al mar, y estrellas, viviré cuando
ustedes se hayan caído del cielo”.

Cuando aprendemos a ver lo invisible, podemos sobrellevar el
sufrimiento. Aun la muerte deja de asustarnos cuando llegamos a
conocer a Aquel que venció la muerte. Vayamos ahora a 1
Corintios 7:29-31 para encontrar la segunda bendición que
recibimos cuando aprendemos a ver lo invisible:

7:29 Pero esto digo, hermanos: que el tiempo es corto; resta,
pues, que los que tienen esposa sean como si no la
tuviesen;
7:30 y los que lloran, como si no llorasen; y los que se
alegran, como si no se alegrasen; y los que compran, como
si no poseyesen;
7:31 y los que disfrutan de este mundo, como si no lo
disfrutasen; porque la apariencia de este mundo se pasa.

Ver lo invisible significa reconocer que le queda poco tiempo a
este mundo de pecado. ¿Cuánto tiempo? No lo sé – los tiempos de
Dios no son como los nuestros. Pero ver lo invisible significa
un cambio de perspectiva, de valores; significa ver las cosas de
forma distinta.

Se trata de vivir como si no. Dice: “los que tienen esposa deben
vivir como si no la tuvieran” (v. 29). ¿Qué significa esto?
¿Significa tener amantes? ¿Descuidar a la familia, y andar
siempre fuera del hogar? No, no significa eso. Significa que uno
deja de pensar que su pareja le va a traer la verdadera
felicidad, cuando sólo Dios lo puede hacer.

De igual manera, cuando lloramos o cuando nos regocijamos,
reconocemos que estas cosas son pasajeras. Cuando compramos
algo, lo sostenemos ligeramente. No permitimos que nuestras
posesiones nos posean. ¿Cuál es el resultado de todo esto? El
resultado es hallar el sentido de la vida. Ver lo invisible nos
lleva a una vida de verdadero significado.

Si tú has tratado de buscar satisfacción para tu alma en las
cosas temporales – en alguna relación, en las posesiones, en tu
posición social o en algún trabajo – sólo para descubrir que no
te satisfacen, estás listo para aprender a vivir para lo eterno.
Lo irónico es que, al hacerlo, vivirás mejor.

¿Te has dado cuenta de que las personas que más esperan de su
pareja son las que más parejas tienen? Me explico. Cuando tú
esperas que otra persona te dé el amor que sólo Dios te puede
dar, pasas por una etapa de enamoramiento donde todo parece
color de rosa. Pasa el tiempo, sin embargo, y se te caen las
escamas de los ojos. Te das cuenta de las imperfecciones de tu
pareja.

Pronto el encanto se convierte en desilusión, y hay que buscar a
otra persona que pueda lograr lo que la anterior no pudo. ¡Se
convierte en un cuento de nunca acabar! Esto es lo que sucede
cuando buscas tu felicidad en este mundo, que está por
desaparecer.

En cambio, cuando aprendes a ver lo invisible, cuando conoces a
Dios y su amor, quedas libre para amar verdaderamente a tu
esposa o esposo – porque ya no esperas más de lo que te puede
dar. Lo mismo sucede con tus hijos, con tu trabajo, con tus
posesiones – los tratas mejor y los disfrutas más precisamente
porque tienes una base sólida para tu vida, y no tienes que
buscar en ellos más de lo que te pueden dar.

Ver lo invisible le da un sentido verdadero a la vida. Lo que
haces para el Señor no es en vano, ni es tiempo perdido. Al
contrario; es lo más importante que puede existir. Algunos años
atrás, un pueblo del estado de Colorado decidió construir un
gran palacio para atraer turistas.

El palacio medía 150 metros por 100 metros. Las torres que
marcaban la entrada medían 30 metros de alto. Lo insólito del
palacio, sin embargo, es que se construyó de hielo. Aunque llegó
a ser alto e impresionante, a los pocos meses, se derritió. Para
colmo, ¡pocos turistas llegaron para verlo!

Así de pasajero es lo que construimos con nuestra vida, cuando
sólo es para este mundo. En cambio, cuando vivimos para el reino
de Dios y de Jesucristo, nuestra vida tiene importancia eterna.

—————————————————————-

– ¡Visita la página web del Pastor Tony Hancock!
http://www.pastortony.net

Mujeres tras las rejas encuentran libertad espiritual

18 Ene

Mujeres tras las rejas encuentran libertad espiritual

By Carolina Martínez
Asunción, Paraguay.
Monday, January 17, 2011

A la cárcel femenina del Buen Pastor en Paraguay, llegan toda clase de mujeres y por diferentes razones: narcotráfico, homicidio, robo… pero para Hugo Emilio, un misionero cristiano adventista que lleva cuatro años predicando el evangelio entre las prisioneras, no hay nada tan gratificante como llevar la Palabra de Dios a quienes más la necesitan.

“Realmente el Espíritu de Dios trabaja y Dios tiene su pueblo en todas partes. Eso me ayuda a mí a derribar muchas barreras de discriminación… He podido ver que Cristo se manifiesta realmente en este lugar. Que realmente cuando asistimos a las personas que están privadas de su libertad, aquellas personas que están enfermas, nos encontramos con Jesús. Es un ministerio que creo cada cristiano debe experimentar en algún momento de su vida”, dice Emilio Lumbert.

El leer el pasaje bíblico de Mateo 25 sobre el juicio a las naciones… El momento en que Jesucristo dice que estuvo enfermo y en la cárcel y no lo fueron a visitar, cuando no lo hicieron con los más pequeños de sus hermanos, marcó la primera señal para Hugo Emilio de que este era su llamado. Pero no fue la única.

“En total llevé 50 biblias. Y cuando llegué ese sábado al penal, cuando toqué el timbre se acerca un hombre que estaba afuera y me dice: “esas biblias son para este lugar?” Sí le dije. Y me dice esta persona: “Muchas personas no habrían llegado a este lugar si hubieran conocido antes la Palabra de Dios.” Para mí fueron palabras muy fuertes porque sentí que era un ángel de Dios que me estaba diciendo eso. Me dio fuerzas y me impulsó para avanzar con este ministerio”, agrega Lumbert.

“Sendas de Libertad”

En estos cuatro años desde que Hugo Emilio comenzó el ministerio carcelario, que hoy llaman: “Sendas de Libertad”, decenas de prisioneras han entregado su vida al Señor, han sido bautizadas y se han convertido en nuevas predicadoras dentro de la cárcel. Y aquellas que ya están en libertad, han transformado sus vidas y las de sus familias.

Valeria lleva dos años fuera de prisión. Llegó a la cárcel por haberse defendido cuando su ex marido, en una de las tantas palizas que le daba, estaba a punto de matarla. Este hombre quedó herido, y ella tuvo una condena de un año. Pero para Valeria fue una bendición el haber sido enviada a la cárcel del Buen Pastor.

“Cuando vine acá empecé a conocer a Dios y su Palabra. A lo mejor estando afuera me sentía más en la cárcel que estando acá adentro. Y el Señor me hizo conocer cuánto valgo, cuánto El vino a hacer por mí…Un tiempo pensé que la vida no tenía sentido, intenté quitarme la vida estando afuera, y con la Palabra de Dios me dijo: “Yo estoy acá contigo, yo te creé, yo te traje con amor”. Por eso así como El vino por mí, yo nunca le voy a dejar… Yo cuando vine acá a la cárcel y lo conocí al Señor me sentí libre”.

Uno de los casos más difíciles que Hugo Emilio y el grupo de misioneros que lo acompañan tuvieron que enfrentar, fue el de una joven drogadicta, que había estado involucrada en narcotráfico y homicidios, y quien, según su propio testimonio, estaba en el último pozo al que un ser humano puede caer.

Pero algo cambió en su vida que no sólo la hizo dejar las drogas de la noche a la mañana, sino que la convirtió en una mujer feliz y un gran instrumento de Dios: “Afuera siempre me decían que había un Dios, pero yo creo que lo que me convirtió a Cristo fue conocer el amor de Dios a mi vida. Estudiar lo que significa el sacrificio de Cristo. Saber que todas las cosas que hice, no hay pecado tan grande que no pueda entregar a los pies de Cristo. Y eso hizo que pueda permanecer en Él: su gracia. “Afuera era esclava de las drogas, era esclava de muchas cosas y estaba presa al mismo tiempo. No encontraba refugio en nada. Entonces siento en mi corazón que el Señor dijo: Vamos a tener que enviarte ahí para que vos sepas que yo te amo y que yo quiero cambiar tu vida. Y eso lo sentí ya a través de su Palabra.”

Las Cartas de Teresa

Teresa no sólo cambió su vida radicalmente, sino que es una incansable predicadora del Evangelio. Tanto dentro de la cárcel, como afuera, a través de cartas que escribe a personas que están tan pérdidas como ella lo estuvo alguna vez.

Esto comenzó cuando decidió evangelizar a un conocido narcotraficante: “Dios me dio la oportunidad de, así como Pablo, escribir cartas. Hasta que en un momento que él leía, leía, leía hasta que entregó su corazón a Cristo leyendo una carta”, dice Teresa.

Sin embargo, el narcotraficante no pudo salir de la mafia en la que estaba involucrado inmediatamente, y fue llevado a prisión por once meses. Durante todo ese tiempo Teresa le dio estudios bíblicos por correspondencia. Al cumplir su condena y quedar en libertad, este hombre fue a visitarla y pidió ser bautizado dentro de la cárcel de mujeres, al lado de la joven que lo había llevado a Cristo y a su salvación.

“Dios está a la puerta. Dios llama…Este lugar es bendecido por Dios, porque si en este lugar yo no hubiera venido, y con la condena que Dios permitió que yo pueda tener, yo no iba a llegar a ser este día esta persona ni iba a tener este corazón. Me siento cada día más privilegiada de poder hablar de su Palabra porque nunca pensé que iba a poder hablar del gran amor de Dios, ni siquiera saber cuán grande es el amor para toda la humanidad”.

Para Teresa este lugar se ha convertido en un lugar maravilloso, porque tienen tiempo para poder estudiar la Palabra y para poder conocer más de Dios y fortalecerse a través de ello: “También es un campo de batalla súper fuerte a la vez. Pero doblamos rodillas y le pedimos a Dios fuerzas y continuamos adelante”.

El ministerio “Sendas de Libertad” necesita de mayor apoyo de la comunidad cristiana, el compromiso de nuevos misioneros, y si es posible donaciones de libros, alimentos, medicamentos, artículos de higiene y vestimentas para las prisioneras y sus hijos menores que viven con ellas en la cárcel del Buen Pastor.

Pero sobre todo, que la sociedad dé a las ex convictas una segunda oportunidad, así como Cristo la dio.