Noviembre, el mes de la Santa Muerte en México.

20 Nov

Noviembre, el mes de la Santa Muerte en México.
FUENTE: Varios medios

Reportaje ambientado en Tepito

“¡De a diez, a diez pesos! ¡Cigarros de importación! ¡Escapularios! ¡Flores a diez! ¡La medalla! ¡Botella de mezcal!”… El coro de voces se superpone con una oferta infinita que se amontona en una suerte de mercado callejero, concentrado en no más de 200 metros. Apenas se puede caminar. Cientos de tenderetes y miles de personas ocupan cada centímetro de asfalto. Su mirada ya anuncia que no están allí por curiosidad ni casualidad. Si se baja la vista, se descubre entre sus manos la única razón de todo: la muerte, la Santa Muerte. Así comienza el reportaje que firma Isabel Longhi-Bracaglia, corresponsal en México DF del diario español El Mundo.

Bienvenidos a Tepito, uno de los barrios menos recomendables del Distrito Federal (el jueves pasado asesinaron a balazos a seis jóvenes). Aquí tras un escaparate de negocio modesto se yergue orgulloso el esqueleto de casi dos metros vestido de dama y santificado por el pueblo. Le han preparado un traje de novia para el 1 de noviembre, su día grande, el de Muertos, que es también su noveno aniversario oficial como uno de los altares más importantes y concurridos de México.

Mal que le pese a la Iglesia católica, que rechaza este culto, ellos, sus devotos, son cada vez más numerosos (se cuentan por millones en México). Y más visibles después de décadas en la clandestinidad. En un país como éste, donde el 1 y 2 de noviembre son una fiesta para los que se fueron y donde se desayunan cada día con unos cuantos cadáveres, la creciente adoración a la Muerte podría parecer hasta lógica. Pero sorprende, y cómo, asistir a este destino de peregrinación, con cita convocada cada primero de mes. Porque aunque sus fieles seguidores nieguen un lado oscuro, la imagen ofrece una dosis de macabro misterio alimentada por la leyenda de que es la ‘virgen’ de los narcotraficantes y otros delincuentes.

“Hay quien dice que es la evolución de divinidades prehispánicas, pero no hay nada demostrado. Yo la primera vez que oí hablar de la Santa Muerte fue en una cárcel hace 15 años”, cuenta Alejandro Payá, sociólogo de la Universidad Autónoma de México (UNAM) y estudioso de tan peculiar realidad. “La Santa Muerte está en todos los penales mexicanos. Los presos la veneran y es ahí, en la parte más marginal de la sociedad, donde se enraíza y se refuerza este culto, que responde perfectamente a sus necesidades”.

“Sí, sí puede ser”, responde a eso Enriqueta Romero, conocida por todo en Tepito como Queta, la guardiana de la Santa Muerte. De ella es el altar y los cuidados que recibe su “niña blanca”, un regalo de unos de sus hijos que no le cabía en casa y que hace nueve años decidió sacar a la calle. “¡Pero que nos dejen en paz con eso! Son libres [los narcos y los delincuentes] de pedirle al santo que quieran. A nosotros no nos importa, Dios sabe lo que hace, no se equivoca, Dios quiere que así estén, bueno pues que así estén. Y si son felices que Dios me los socorra, si son rateros narcotraficantes, prostitutas, que Dios me los bendiga, que me los cuide porque son seres humanos que agarraron ese camino y no podemos decir más”.

Así son las cosas ante la Santa Muerte, “aquí cada uno hace lo que le da su chingada gana, pero con mucho respeto para la señora”, zanja Queta, todo un carácter de mexicana. Y en realidad tiene razón porque otra de las cosas que hacen diferente a su venerada del resto del santoral católico es que no pone reglas. No hay pecados, ni jerarquía eclesiástica, ni curas, ni sermones. Le rezan, eso sí, le piden sus milagros y le prometen las ‘mandas’, lo que harán si se los cumple.

Por eso arrastra sus rodillas sobre el asfalto y sus lágrimas sobre las mejillas José Guadalupe, 37 años: “Tuve un accidente, estuve en coma y le prometí que si me sacaba, venía de rodillas. Siete años llevo con ella y siempre me ha cumplido”. Por eso no falta un sólo mes en este altar Óscar Adániz, creyente desde que falleció su madre hace cinco años y con su imagen forrada de dólares “porque me consiguió un trabajo cuando estaba en EEUU”. Por eso se encontrarán cualquier primero de mes también con Hugo Mejía, agradecido devoto de 29 años “porque en sólo tres meses me consiguió un trabajo en una línea de metro”.

Todos ellos, como el resto de los que acuden al altar de Tepito tienen en casa sus altares particulares y al menos una figura de la Santa Muerte a la que miman todos los días antes de sacarla para su bendición mensual. “Claro, hay que ponerle su tequilita, su cigarro de marihuana, su cervecita, sus dulces, sus vestiditos, que es lo que le gusta a ella”, alecciona Francisco Arturo Muñoz, 24 años y seis de fe ciega en la Santa Muerte desde que le regalaron la primera cuando fue condenado a prisión por robo con sólo 18 años. “La banda le jala mucho en el penal… La segunda vez que me condenaron, por un accidente, ella me hizo el milagrito y me sacó en 11 días, ella me protege”, proclama el chaval con evidentes síntomas de haber dado unas caladas al porro de su ‘virgen’ antes de regalárselo.

Son las ofrendas que también se intercambian entre los fieles en la cita frente al altar mayor. Caramelos, pulseras, caladas de cigarros o porros que se exhalan sobre las imágenes de los otros, chorrito de mezcal o tequila… “En las Iglesias te piden la limosna y aquí nos la damos en forma de regalos unos a otros, se la queda el pueblo en lugar de los curas”, explica Sergio Ramírez, un veterano de 22 años de devoción a la Santa Muerte “primero en casa porque nos miraban mal y ahora en la calle”. A su lado, tres de las 50 imágenes que atesora en casa, una de más de 2,5 metros.

El ritual se prolonga durante horas y se abastece, si uno no lo lleva de casa, en los numerosos puestos que salpican la calle. Allí, claro está, también se puede encontrar todo lo necesario para convertirse, empezando por la imagen, disponible en todos los colores y tamaños. Aunque la tradición estipula que debe ser regalada al nuevo devoto, hay quien también la compra. Y quienes, además de creer y jurarle obediencia, la venden. Es el caso de Pedro Hernández, 61 años y ex drogodependiente desde hace uno. Asegura que fue la Santa Muerte la que le permitió abandonar la silla de ruedas en la que se movía por la descalcificación de sus huesos y que a ello obedece el tatuaje que, como muchos otro seguidores, lleva sobre la piel. Lo del negocio es complementario, reconoce, “así trabajo y hago que otros la tengan”.

Por precios de entre 100 (seis euros) y 500 pesos (30 euros), uno se lleva a casa la imagen. Después, hay que hacerle el fondo de armario. Casi como los vestidos de princesa de las muñecas. Como los que hace desde 100 pesos Claudia, devota en casa; trabajadora y pagadora de ‘manda’ en Tepito. “Hace ochos años, me hizo un milagro muy grande, me curó a un hijo al que los médicos ya no daban esperanzas”, cuenta, “por eso pago esta manda, vengo y hago vestido económicos para la gente. Y, además, cada primero de mes, dono algunos, a quien menos de lo espere, yo se lo regalo”.

Después están las velas de colores, que hay que prenderle en casa y en la calle. Con un color para cada tipo de ‘milagro’. “Como los de la imagen, el rojo para el amor, negro para ahuyentar la ‘mala vibra’, azul para el trabajo, blanco para la salud, amarillo para el dinero y los siete colores para los casos difíciles”, ilustra Leticia Beltrán, vendedora a secas. “Sí, hacemos negocio con esto, ¿y? También el Vaticano y cualquier iglesia venden sus rosarios y sus estampitas y nadie dice nada”.

Es lo único que les hace saltar en Tepito, la mención de la Iglesia católica. “Ahora con los casos de pedofilia no pueden levantar mucho la voz”, advierte uno de los asiduos, “y en cualquier caso, aquí no hay nada de santería y esas cosas que dicen”. Todos se declaran también su creencia “primero en Dios y después en la Santa Muerte, porque todos aseguran que lo único que les mueve “es la fe” y que se limitan a reunirse una vez al mes para “rezar juntos el rosario”. Es el momento más esperado, cuando elevan sus imágenes para la bendición, cuando se hace una cadena de manos entrelazadas desde el altar, cuando se le pide a la santa milagros cotidianos, un “abogado honesto”, “la protección para los hijos presos”, “un trabajo para el marido”, “salud para los nuestros”…

“No hay que ser muy ambicioso al pedir ni con las promesas que se le hacen porque a la ‘niña blanca’ hay que cumplirla. Ella es muy buena, muy generosa, pero si le fallas, el castigo puede ser muy duro”, advierte una joven convencida entre la multitud. “Y al final, te puedes quedar sin lo que le pedimos todos, que cuando nos lleve, nuestra muerte sea buena, sea santa”.

Peregrinación en Puebla

“La Niña Blanca puede conceder cualquier favor, siempre y cuando uno le rece con devoción, en mi familia ha hecho cosas muy importantes, en casos en los que estuve muy grave de salud me permitió continuar, yo quiero mucho a la Santita”. Con estas palabras, Juan Hernández López, de 28 años edad, defiende el fervor que cientos profesan a la Santa Muerte. Él es uno de los más de 600 poblanos que esta tarde-noche participaron en la procesión anual en honor de la huesuda. Así lo relata el diario El Universal, en una información fechada el pasado 1 de noviembre, y firmada por su corresponsal en Puebla Xóchitl Rangel.

Entre la algarabía del mariachi, las incesantes porras, excéntricos automóviles y el ‘cariño’ de familias completas, la Muerte -ataviada con un pomposo y colorido vestido- recorrió cual quinceañera las calles angelopolitanas. En punto de las 17:00 horas al menos seis centenas de devotos se dieron cita en la avenida 9 norte en el Centro Histórico de la capital poblana, lugar del que arrancó la peregrinación. Posteriormente circularon por la 11 norte-sur hasta llegar a la Avenida Reforma y arribar al zócalo cerca de las 20:00 horas de este lunes.

En la inusual procesión se apreciaban lo mismo a niños, madres de familia, adolescentes, señoritas que conformaron sus grupos para echar porras, hombres maduros y ancianos. ¿Discriminación? Claro, platica Juan Hernández, la gente critica a los seguidores de la Niña Blanca, relacionan este fervor con asuntos turbios, incluso satánicos. Pero no, recalca, la Santa Muerte es como la imagen de cualquier santo, habrá quien se escandalice pero finalmente todos terminaremos en los huesos, como ella.

Arnulfo Cerezo, encargado del Santuario a la Santa Muerte, explica que éste es el único templo dedicado a la imagen en todo el territorio poblano y desde hace cinco años ha organizado el recorrido para honrarla el Día de Muertos. Presume que al menos 250 creyentes visitan diariamente el altar ubicado en el corazón de la ciudad. Repudia enérgicamente las críticas a esta práctica, sobre todo aquéllas en las que se ha llegado a argumentar que los devotos a la Muerte tienen nexos con el narcotráfico o están vinculados a delitos como el robo, la prostitución y otros más.

Eso no importa, continúa, porque este es su día, es el momento de celebrar y agradecerle todos los favores que sin diferencia de estatus social o edad La Flaca cumple. “Ahorita mire cómo nos miran todos, nos ven como si fuéramos bichos raros, pero lo que la gente inconsciente no medita es que todos seremos un día como ella. A todos nos llegará la muerte, por eso debemos respetarla”, concluye.

Celebración en Durango

El 2 de noviembre, no pasó desapercibida la celebración de la Santa Muerte en el municipio de Durango; decenas de personas le rindieron culto a esta imagen que en los últimos años ha cobrado auge entre algunos sectores de la sociedad. Según relata Rosy Gaucín en El Siglo de Durango, aun y cuando no cuentan con el reconocimiento de la Iglesia católica, los seguidores de la Santa Muerte llevaron a cabo una procesión por algunas calles de la ciudad cada año.

Al mediodía del 2 de noviembre se colocó una imagen de la Santa Muerte arriba de un vehículo sobre la calle Pasteur para realizar un recorrido y agradecerle por los bienes recibidos. La misma fue vestida de novia, con vestido de color blanco y en el mismo le fueron puestos con alfileres billetes de diferente denominación. Este sitio fue el punto de reunión debido a que en el interior del ex Cuartel Juárez se encuentra un altar en uno de los locales; a este lugar llegaron algunas personas para colocar algunas veladoras y varias ofrendas. En los últimos años ha crecido la veneración por esta imagen en diferentes partes del país, aun y cuando para algunos ha sido cuestionado este tipo de creencias.

Presentan un libro de historias de la Santa Muerte

En el aula audiovisual de la Universidad de Guanajuato, campus Celaya-Salvatierra se presenta el libro de las “Leyendas de la santa Muerte”, de la editorial norteamericana, Calli y que surge de un concurso literario en el que participaron 72 escritores latinoamericanos, y además de los premios otorgados, el libro se compone de autores de Argentina, Colombia, estados Unidos y México. Lo cuenta el diario NotiRed.

El libro se configura con el trabajo de 32 escritores, 4 de ellos serán los encargados de leer sus historias sobre la Santa Muerte. Juana Romero Medina, de Morelia, con su trabajo de “La Madre Adoptiva”; Carlos López Ortiz, nacido en Chicago pero radicado en el sur de Guanajuato, con su obra “Entre La Línea Delgada”; Cintia Marisol López Sánchez, “pescadora de momentos mágicos”, dará a conocer el relato de “El Favor” y, José Xermán Vázquez Alba, celayense y quien asegura que en breve “Santísima y yo seremos amantes al menos, de una eternidad. Santísima obtuvo el primer lugar del concurso.

La presentación del libro se da en el marco del “Día Nacional del Libro”, gracias al esfuerzo cultural que se realiza en la Universidad de Guanajuato, especialmente por su Rector en el campus Celaya-Salbvatierra, Lic. Juan Miguel Ramírez Sánchez, promoviéndose además, dos presentaciones más de libros de los Poetas Baudelio Camarillo, premio nacional de poesía Aguascalientes en 2004 y, del Prof. Gerardo Sánchez, un extraordinario tejedor de palabras y alquimista de las letras. Ellos presentan a las 9 y 10 de la mañana, respectivamente.

Marcha contra la violencia

Seguidores de la Santa Muerte marcharon el pasado 2 de noviembre contra la violencia y para pedir a su patrona que regrese la paz a Monterrey, capital del estado norteño de Nuevo León azotada por acciones del crimen organizado. Según informa la agencia Efe, alrededor de unos 300 seguidores se manifestaron por varias calles del centro de la ciudad, acompañados por los tradicionales danzantes conocidos como “matachines”, para concluir en una “misa” que se celebró en calles de la colonia Obrera.

“Le pedimos a la Santa Muerte que regrese la paz a Monterrey. La Santa Muerte no le pertenece a ningún cartel del narcotráfico”, dijo durante la celebración un “sacerdote” que se identificó solo con el nombre de Mauricio. Agregó que la marcha contra la violencia fue acompañada por varias patrullas de la Policía que buscaban protegerlos contra un atentado de la delincuencia organizada, pero dijo que ellos no la necesitaban porque la Santa Muerte los “protege”.

Para celebrar la misa se improvisó un altar con decenas de figuras de diversos tamaños de la imagen de la Santa Muerte y para llevarla a cabo se cerraron varias calles del barrio, que se ubica en el centro de la ciudad. “(La manifestación) es un triunfo de los seguidores de la Santa Muerte, quienes hemos sido atacados por miembros de la Iglesia católica”, dijo el sacerdote a sus seguidores.

Destacó que su “Iglesia” gana adeptos ya que cada día se conocen los “milagros” que realiza la Santa Muerte a sus seguidores. El sacerdote rechazó que el culto a la Santa Muerte se practique principalmente entre miembros de la delincuencia organizada. Afirmó que es la gente del pueblo la que está haciendo que su culto continúe creciendo en todo México.

En la zona metropolitana de Monterrey se está construyendo la “primera catedral de la Santa Muerte”. Además, en toda la región noreste del país, existen capillas en su honor, principalmente en las carreteras que conducen a la frontera con los Estados Unidos. En fechas recientes, mandos del Ejército mexicano ordenaron destruir algunas de esas capillas ya que consideran que sus principales seguidores son los narcotraficantes.

Aumentan los seguidores

A pesar de que la Iglesia católica condena el culto a la Santa Muerte en el país, veneración que califica de pecaminosa y diabólica, año con año se incrementa el número de sus seguidores en México, sobre todo en los municipios mexiquenses conurbados de la Zona Metropolitana del Valle de México, muchos de los cuales acuden a su santuario ubicado en inmediaciones del municipio de Tultitlán, a escasos metros de la Vía López Portillo (en los límites con Coacalco), desde donde se puede observar la imagen de más de 20 metros de altura de la “Niña Blanca” como también se le conoce.

Según escribe Hugo Jiménez en El Sol de México, de acuerdo a especialistas que han estado observando el crecimiento de este culto, a la mayoría de los seguidores del mismo, no les interesa la contradicción que pudiera haber entre su religión, la mayoría de ellos católicos, y esa secta, que de acuerdo a información recabada en el área que controla a las iglesias y cultos del país de la Secretaría de Gobernación, se estima que la Santa Muerte cuenta con poco menos de dos millones de seguidores, principalmente de habitantes de zonas populares. La razón es que sus seguidores consideran a la “Niña Blanca” como protectora de los débiles y desamparados, así como madre de la justicia eterna y dueña de la sabiduría.

Otra demostración del crecimiento de ese culto, es de los comerciantes que se dedican a la venta de veladoras, libros, imágenes y artículos relacionados con la Santa Muerte”, como es el caso del mayor distribuidor de la Zona Metropolitana de esos productos, que tiene su establecimiento en pleno centro de Tlalnepantla, en la colonia San Javier, a una calle del mercado local. Señaló que en los últimos tres años, la demanda de este tipo de productos se ha triplicado. Hay quienes solicitan adquirir figuras de la “Santa Muerte” del tamaño de una persona, ya sea de cartón o de barro. La mayor demanda es de figuras de cartón.

Muchos de los que adquieren esas figuras y artículos, especialmente veladoras relacionadas con la Santa Muerte, son locatarios de numerosos mercados de la Zona Metropolitana, para atender esa creciente demanda de productos relacionados con ese culto. El culto a la Santa Muerte, según los guías del templo de Tultitlán, comenzó en México hace 40 años, en barrios populares de la Ciudad de México, especialmente Tepito, donde se asegura se asienta el principal templo de esta secta, así como en Santa Julia, donde hay varios altares en su honor en algunas calles, así como en colonia Buenos Aires.

Por ello, los detractores de este culto, aseguraron que sus seguidores son delincuentes, drogadictos narcotraficantes. La adoración de la Santa Muerte, ha trascendido las fronteras, tanto hacia el sur, como hacia el norte. En Estados Unidos los principales y el mayor número de seguidores se concentran en la ciudad de Los Ángeles, California. Hacia el sur, el mayor número de seguidores están en El Salvador, especialmente por los miembros de la internacional organización de los Mara Salvatruchas.

Destruyen un altar

Un altar dedicado a la Santa Muerte en la colonia Obrera (Monterrey, Nuevo León, México), fue destruido por varios sujetos que llegaron al lugar a bordo de una camioneta. Los hechos ocurrieron durante la madrugada del pasado 4 de noviembre, sobre la calle Antonio Coello, entre Arteaga y la Calzada Madero en Monterrey, según leemos en el diario Milenio.

El reporte fue hecho por vecinos de esa colonia quienes dieron aviso a la comandancia de la Policía de Monterrey, cuyos elementos llegaron hasta ese sector. Se estableció que sobre la banqueta del lado oriente se encontraba una imagen de la Santa Muerte, ya que el pasado 2 de noviembre vecinos de ese lugar llevaron algunas veladoras.

De acuerdo a la versión de quienes habitan ahí, se reveló que los hechos fueron cometidos por varios sujetos que llegaron en una camioneta. Presuntamente los sujetos descendieron y derribaron las imágenes, destrozaron todo lo que había en ese lugar para después darse a la fuga.

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