Poderoso…

10 Nov

Poderoso…

El Diccionario define la palabra “nuevo” como “lo que se ve u oye por primera vez; que sucede a otra cosa en el orden natural; recién llegado; poco usado”

Pero, ¿sabe que cualquier cosa nueva que adquirimos, en el mismo momento de sacarla del lugar en el que se produjo o se vendió, ya comienza a amortizarse, perdiendo imperceptible o visiblemente su novedad? ¡Hasta un auto 0km, al sacarlo de la agencia y comenzar a utilizarlo en la calle, se convierte en un usado aunque tenga medio kilómetro de uso! Todo bien útil se desgasta.

Todo ser vivo va camino a la muerte…

En Hebreos 1:10-14 leemos acerca de Dios y su Obra:

“Y, Tú, oh Señor, en el principio fundaste la tierra, y los cielos son obra de tus manos, ellos perecerán, mas tú permaneces; y todos ellos se envejecerán como una vestidura, y como un vestido los envolverás, y serán mudados; pero tú eres el mismo y tus años no acabarán. Pues, ¿a cuál de los ángeles dijo Dios jamás: Siéntate a mi diestra, hasta que ponga a tus enemigos por estrado de tus pies? ¿No son todos espíritus ministradores, enviados para servicio a favor de los que serán herederos de la salvación?”
Todo envejece y muere. Dios permanece siempre igual…

El Poder desplegado en la Creación es el mismo. El Poder en la vida de Abraham, Moisés, el pueblo de Israel es el mismo. El Poder de la Obra de Cristo es el mismo a través de los siglos. El Poder que se manifestó en la Iglesia Primitiva sigue siendo el mismo.

¿Qué sucede entonces? ¿Por qué todo parece ser diferente? ¿Por qué no vemos su Poder manifestado en nuestras vidas, familia, iglesias salvo en contadas ocasiones?

Dios sigue siendo el mismo. Tal vez Hoy obra de distinta manera a como lo hizo Ayer… pero aún está allí, listo para actuar…

Jesucristo dijo:

“Yo soy la luz del mundo; el que me sigue no andará en tinieblas, sino que tendrá la luz de la vida” (Juan 8:12)
“Vosotros sois la luz del mundo; una ciudad asentada sobre un monte no se puede esconder. Ni se enciende una luz y se pone debajo de un almud, sino sobe el candelero, y alumbra a todos los que están en casa” (Mateo 5:14-15)
¿Pensamos que Dios puede ocultar su Poder? ¿Qué si está en nosotros, podremos ocultar su luz?

Consideremos la razón por la cual los demás y nosotros mismos no vemos ese Poder en acción en nosotros hoy en día.

Dios no cambió… ¿Será que yo no actúo de tal manera que Su Poder pueda manifestarse, quizás no confío, no obedezco, hago lo que no debo, no estoy donde debo estar?

Recordemos: Los años de Dios no se acabarán… que no se acaben los nuestros sin conocer y manifestar su esplendoroso Poder…

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