Sacerdocio…

8 Nov

Sacerdocio…

¡Qué difícil nos resulta mostrar compasión hacia los errores ajenos! La mayoría de nosotros somos seres egoístas y crueles, aunque nos disguste verlo así. Y por lo general no damos lugar al error de otros; aunque sí somos, la inmensa mayoría de las veces, indulgentes con los propios.

“La gente siempre termina condenando a los que acusa” (Honoré de Balzac)

La Biblia nos dice:

“Por tanto, teniendo un gran sumo sacerdote que traspasó los cielos, Jesús el Hijo de Dios, retengamos nuestra profesión. Porque no tenemos un sumo sacerdote que no pueda compadecerse de nuestras debilidades, sino uno que fue tentado en todo según nuestra semejanza, pero sin pecado. Acerquémonos, pues, confiadamente al trono de la gracia, para alcanzar misericordia y hallar gracia para el oportuno socorro” (Hebreos 4:14-16)
Algunos consideran que una buena manera de defenderse es atacando… especialmente cuando uno no puede justificarse a sí mismo, ya que al atacar al prójimo, quitamos la atención de sobre nuestras falencias.

Leamos Hebreos 5:1-3…

“Porque todo sumo sacerdote tomado de entre los hombres es constituido a favor de los hombres en lo que a Dios se refiere, para que presente ofrendas y sacrificios por los pecados; para que se muestre paciente con los ignorantes y extraviados, puesto que él también está rodeado de debilidad; y por causa de ella debe ofrecer por los pecados, tanto por sí mismo como también por el pueblo”
Un buen sacerdote intercesor es conciente de las debilidades humanas, por ello no juzga a otros, lo cual constituye el oficio sacerdotal en algo de gran honor

“Y nadie toma para sí esta honra, sino el que es llamado por Dios, como lo fue Aarón” (Hebreos 5:4)
¿Qué decir del Gran Sumo Sacerdote? El no tenía debilidades. Fue sometido a tentaciones para vencerlas y mostrarnos el camino para ser victoriosos:

“Así tampoco Cristo se glorificó a sí mismo haciéndose sumo sacerdote, sino el que le dijo: Tú eres mi Hijo, yo te he engendrado hoy… Tú eres sacerdote para siempre según el orden de Melquisedec… y habiendo sido perfeccionado, vino a ser autor de eterna salvación para todos los que le obedecen, y fue declarado por Dios sumo sacerdote según el orden de Melquisedec” (Hebreos 5:5-10)
El autor de Hebreos relaciona la posición sacerdotal con la madurez cristiana. En 1 Pedro 2:9 leemos que somos sacerdotes:

“Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio…”
Si no somos pacientes y misericordiosos con las debilidades humanas, posiblemente no seamos maduros espiritualmente, como dice Hebreos 5:11-14:

“…Porque debiendo ser ya maestros, después de tanto tiempo, tenéis necesidad de que se os vuelva a enseñar cuáles son los primeros rudimentos de las palabras de Dios… y todo aquel que participa de la leche es inexperto en la palabra de justicia, porque es niño, pero el alimento sólido es para los que han alcanzado madurez, para los que por el uso tienen los sentidos ejercitados en el discernimiento del bien y del mal”
Recordemos: Si juzgamos los pecados ajenos, no hemos madurado en nuestro obligatorio ministerio sacerdotal, que recibimos al convertirnos en hijos de Dios.

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