El pan de vida

8 Nov

El Sermón Dominical
Domingo 7 de Noviembre del 2010

El pan de vida
Pastor Tony Hancock

En ciertas de las carreteras de este país, hay señalamientos que
anuncian a los automovilistas que se acerca un lugar desde el
cual se puede apreciar un bonito paisaje, una vista pintoresca.
Podría ser una perspectiva de un lago, de las montañas o de
algún cañón profundo.

Imaginemos, por un momento, a un grupo de turistas que transita
por alguna de estas carreteras, cuando de repente se dan cuenta
del señalamiento que anuncia uno de estos paisajes. De inmediato
se para el carro, se bajan todos los turistas y empiezan a
posar, a tomar fotos, a mirar a un lado y otro.

Sólo hay un detalle: en lugar de tomarle fotos al paisaje que
anuncia el letrero, ¡le toman fotos al letrero mismo! ¿Qué
pensaríamos de estos turistas? ¡Que se han perdido el sentido
del señalamiento! El señalamiento no existe para ser objeto de
atención, sino para llamar la atención a algo diferente y más
importante.

Lo mismo sucede cuando consideramos los milagros de Jesús. La
semana pasada hablamos de algunas de sus enseñanzas. Hoy veremos
uno de sus milagros. Muchas personas leen acerca de los milagros
de Jesús y se quedan intrigados por los sucesos mismos. Lo mismo
pasó en el día de Jesús; la gente se quedaba maravillada ante
los milagros, pero no se preguntaron qué significaban. Los
milagros de Jesús, como un señalamiento a la orilla de la
carretera, apuntan más allá de sí mismos y nos enseñan algo
acerca de Jesús.

Hoy leeremos acerca de uno de los milagros que Jesús realizó,
para buscar entendimiento sobre lo que nos enseña acerca de
Jesús. Abramos la Biblia en Juan, capítulo 6, versos 1 al 15:

6:1 Después de esto, Jesús fue al otro lado del mar de Galilea,
el de Tiberias.
6:2 Y le seguía gran multitud, porque veían las señales que
hacía en los enfermos.
6:3 Entonces subió Jesús a un monte, y se sentó allí con sus
discípulos.
6:4 Y estaba cerca la pascua, la fiesta de los judíos.
6:5 Cuando alzó Jesús los ojos, y vio que había venido a él
gran multitud, dijo a Felipe: ¿De dónde compraremos pan
para que coman éstos?
6:6 Pero esto decía para probarle; porque él sabía lo que había
de hacer.
6:7 Felipe le respondió: Doscientos denarios de pan no
bastarían para que cada uno de ellos tomase un poco.
6:8 Uno de sus discípulos, Andrés, hermano de Simón Pedro, le
dijo:
6:9 Aquí está un muchacho, que tiene cinco panes de cebada y
dos pececillos; mas ¿qué es esto para tantos?
6:10 Entonces Jesús dijo: Haced recostar la gente. Y había mucha
hierba en aquel lugar; y se recostaron como en número de
cinco mil varones.
6:11 Y tomó Jesús aquellos panes, y habiendo dado gracias, los
repartió entre los discípulos, y los discípulos entre los
que estaban recostados; asimismo de los peces, cuanto
querían.
6:12 Y cuando se hubieron saciado, dijo a sus discípulos:
Recoged los pedazos que sobraron, para que no se pierda
nada.
6:13 Recogieron, pues, y llenaron doce cestas de pedazos, que de
los cinco panes de cebada sobraron a los que habían comido.
6:14 Aquellos hombres entonces, viendo la señal que Jesús había
hecho, dijeron: Este verdaderamente es el profeta que había
de venir al mundo.
6:15 Pero entendiendo Jesús que iban a venir para apoderarse de
él y hacerle rey, volvió a retirarse al monte él solo.

De los muchos milagros que hizo Jesús, este es el único que se
relata en los cuatro evangelios. Sucedió al principio del tercer
año de ministerio de Jesús, cuando su popularidad estaba en su
apogeo.

Mucha gente lo seguía. ¿Por qué? ¿Porque creían que era el
Salvador? ¿Porque querían obedecerlo? No, porque habían visto
sus milagros. Y tú, ¿para qué buscas a Jesús? Quizás El te ha
ayudado con algún problema. Quizás te ayudó a dejar algún vicio,
o te sanó de alguna enfermedad, o restauró a tu familia. Dime:
¿lo sigues buscando sólo para que te dé más? ¿O te das cuenta de
que, al tocar tu vida con su poder, El te está llamando a
reconocer lo que realmente importa y comprometerte por completo
con El?

No hay nada de malo en haber buscado inicialmente a Jesús por
alguna necesidad. Sin embargo, El nos llama a ir más allá de esa
necesidad y reconocerlo por lo que es. Jesús sabía que la gente
que lo seguía estaba lejos de esto, pero aun así se preocupó por
su bienestar. Se encontraban lejos de cualquier pueblo, y la
mayoría no se había preparado para estar con Jesús todo el día.

Felipe era de un pueblo que quedaba a pocos kilómetros de donde
se encontraban ahora. Jesús le pregunta dónde conseguir comida,
pero era para ver si Felipe pensaría de forma humana, o si
contaría con el poder de Dios. Felipe y su condiscípulo Andrés
piensan humanamente. No hay dinero para comprar comida para
todos, y lo único que hay son cinco panecillos de cebada – la
comida de los pobres – y dos pececillos. ¡Jamás alcanzaría para
tanta gente!

Sin embargo, cuando Jesús está presente, las cosas cambian. El
dio gracias por la comida, y alcanzó para que todos comieran
hasta satisfacerse – 5.000 hombres, más mujeres y niños, quizás
quince o 20.000 personas en total. El verso 14 nos dice que este
milagro fue una señal – un suceso que señalaba más allá de sí
mismo para enseñarnos algo acerca de Jesús.

En un momento vamos a hablar de ese algo, pero primero quisiera
simplemente notar un par de detalles del milagro. La primera
cosa que notamos es que Jesús no quiere que se desperdicie nada.
El les dice a sus discípulos en el verso 12 que recojan las
sobras, para que no se desperdicien. Esto es algo sorprendente,
en realidad. Jesús tenía el poder para multiplicar la comida y
hacer que alcanzara, y aun así El no desea que nada se
desperdicie.

Esto nos da a entender que a Dios le agrada que seamos
cuidadosos en nuestro uso de la comida, y que les enseñemos a
nuestros hijos a hacer lo mismo. Aunque tengamos suficiente y de
sobra, no debemos de desperdiciar la bendición que Dios nos da
en la comida.

La segunda cosa que notamos es que la gente, con una reacción
muy natural, desea hacer de Jesús su Rey. En base a las
profecías del Antiguo Testamento, ellos esperaban a un
libertador. Entre otras profecías, Moisés les había prometido
que Dios levantaría un profeta como él. Al ver lo que Jesús
había hecho, se imaginaron que esta profecía se estaba
cumpliendo, y tenían razón. Sin embargo, no se dieron cuenta de
que lo que ellos esperaban de este libertador enviado de Dios no
era lo que Dios quería darles.

Jesús, por lo tanto, se aleja de ellos. Se reúne con sus
discípulos en medio del lago, caminando sobre el agua, y juntos
llegan al otro lado. Sin embargo, la gente lo persigue. Leamos
ahora lo que sucedió cuando la gente se encontró con Jesús al
otro lado del lago. Empecemos con los versos 25 al 29:

6:25 Y hallándole al otro lado del mar, le dijeron: Rabí,
¿cuándo llegaste acá?
6:26 Respondió Jesús y les dijo: De cierto, de cierto os digo
que me buscáis, no porque habéis visto las señales, sino
porque comisteis el pan y os saciasteis.
6:27 Trabajad, no por la comida que perece, sino por la comida
que a vida eterna permanece, la cual el Hijo del Hombre os
dará; porque a éste señaló Dios el Padre.
6:28 Entonces le dijeron: ¿Qué debemos hacer para poner en
práctica las obras de Dios?
6:29 Respondió Jesús y les dijo: Esta es la obra de Dios, que
creáis en el que él ha enviado.

Jesús va directamente al grano, viendo más allá de las palabras
de la gente para distinguir lo que estaba en su corazón. El
sabía que no lo habían buscado porque habían comprendido el
significado de sus señales milagrosas, sino porque estaban
pensando en cosas materiales. Ellos se esforzaban por conseguir
el pan, pero Jesús dice que hay una comida mucho más importante.

El pan sostiene la vida por un día o dos, pero hay una comida
que puede sostener nuestra vida hasta la eternidad. Sólo hay un
Panadero que puede proporcionarnos este pan – Jesucristo mismo,
el Hijo del Hombre, el escogido del Padre como su único
representante.

Está bien, dice la gente. ¿Qué es lo que Dios quiere que
hagamos? ¿Qué tenemos que hacer para quedar bien con El? ¿Cuáles
son las obras que El nos exige? Es muy importante que entiendas
lo que Jesús les respondió. La obra de Dios, lo que Dios quiere
que hagas, lo que El te exige para aceptarte, es creer en su
Hijo Jesús, aquel a quien El envió. ¡Este es el trabajo que Dios
busca!

La base de nuestra aceptación por Dios no es algo que le podamos
dar a El. Es algo que El nos ha dado a nosotros, algo que sólo
podemos aceptar por pura confianza. Si tú quieres acercarte a
Dios, no lo puedes hacer tratando de ser una mejor persona. No
lo puedes hacer dando dinero a la Iglesia, o ayudando a los
pobres, o aguantando a tu suegra.

Sólo puedes acercarte a Dios por medio de la fe en su Hijo. Esta
es la obra de Dios: que crean en aquel a quien El envió. Son
palabras de Jesús. Lo que Dios busca de ti es que dejes de
confiar en tus propias acciones y aceptes por fe que su Hijo ha
pagado tu deuda de pecado, que El ha venido a este mundo para
llevarte al Padre.

Si tú dependes de tus propios esfuerzos, nunca será suficiente.
Sería como vaciar el mar con una cuchara, o atrapar la luna con
un hilo. Tienes que dejar de confiar en tus propios esfuerzos y
reconocer que sólo Cristo puede salvarte. Tienes que llegar a
depender completamente de El. Esta es la obra que Dios está
buscando de ti, y es la única. El trabajo que Dios busca es
creer en su Hijo.

A los que creen en su Hijo, Dios da un gran regalo. Leamos los
versos 30 al 40 para ver cuál es ese regalo:

6:30 Le dijeron entonces: ¿Qué señal, pues, haces tú, para que
veamos, y te creamos? ¿Qué obra haces?
6:31 Nuestros padres comieron el maná en el desierto, como está
escrito: Pan del cielo les dio a comer.
6:32 Y Jesús les dijo: De cierto, de cierto os digo: No os dio
Moisés el pan del cielo, mas mi Padre os da el verdadero
pan del cielo.
6:33 Porque el pan de Dios es aquel que descendió del cielo y da
vida al mundo.
6:34 Le dijeron: Señor, danos siempre este pan.
6:35 Jesús les dijo: Yo soy el pan de vida; el que a mí viene,
nunca tendrá hambre; y el que en mí cree, no tendrá sed
jamás.
6:36 Mas os he dicho, que aunque me habéis visto, no creéis.
6:37 Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí
viene, no le echo fuera.
6:38 Porque he descendido del cielo, no para hacer mi voluntad,
sino la voluntad del que me envió.
6:39 Y esta es la voluntad del Padre, el que me envió: Que de
todo lo que me diere, no pierda yo nada, sino que lo
resucite en el día postrero.
6:40 Y esta es la voluntad del que me ha enviado: Que todo aquel
que ve al Hijo, y cree en él, tenga vida eterna; y yo le
resucitaré en el día postrero.

Notamos que la gente sigue confundida. Han visto a Jesús
alimentar a 5.000 hombres con cinco panes y dos pescados, pero
ahora quieren ver otro milagro. Se acuerdan de la historia de
Israel que los israelitas, bajo Moisés, habían comido el maná en
el desierto – un pan que caía del cielo.

Ellos quieren que Jesús les dé algo parecido. El primero les
aclara que Moisés no les había dado el maná, sino Dios. Pero hay
un pan mejor, un pan celestial que ha venido del cielo. Ese Pan,
por supuesto, es Jesús; pero el pueblo sigue sin entender. Ellos
piensan que se refiere a un pan comestible, y lo desean.

Jesús ahora dice, sin titubear: “Yo soy el pan de vida”. El es
el pan del cielo que vino al mundo para traernos vida, una vida
eterna. Muchos de los que lo vieron en la carne, no creyeron en
El; pero si creemos en El, aunque no lo hayamos visto, podemos
tener la seguridad de que El nos dará vida.

Si tú vienes a Cristo Jesús en fe, puedes estar seguro. Puedes
estar seguro de que El se encargará de cuidarte. A veces las
personas no se quieren entregar a Cristo y bautizar porque
dicen: ¿qué pasa si después le fallo al Señor? Jesús aquí dice
que, si tú vienes a El, El no te echa fuera; al contrario, la
voluntad de su Padre es que no se pierda nada de lo que se le ha
dado.

¿Crees que Jesús es tan olvidadizo que te va a perder? ¡Claro
que no! El mismo dice que, si tú vienes a El, El te guardará
hasta el día de la resurrección. Lo único que te pide es que
confíes plenamente en El. Si tú lo haces, puedes tener la
seguridad de que, aunque mueras físicamente, tu cuerpo será
resucitado en el día final.

Tú volverás a vivir – no sólo en alguna existencia espiritual,
sino con un cuerpo glorificado y mejor – para estar siempre en
la presencia del Señor, gozándote con El. Jesús te lo promete, y
la garantía de su promesa es que El mismo resucitó con un cuerpo
glorificado.

Cuando Jesús dio de comer a 5.000 hombres, El hizo que la comida
de una persona alcanzara para que todos pudieran comer. Cada uno
tuvo su propia comida, y quedó satisfecho. De igual forma,
Jesús, el Pan de vida, es más que suficiente para satisfacer
toda tu necesidad. Pero tienes que tomarlo por decisión propia.
Tienes que venir a la cruz y dejar allí tus pecados, tomando la
mano extendida de Jesús para empezar una vida nueva con El.
¿Estás preparado para tomar esa decisión? El es el Pan de Vida
que puede satisfacer tu hambre. Ven hoy a El.

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– ¡Visita la página web del Pastor Tony Hancock!
http://www.pastortony.net

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