Aunque no veamos…

8 Nov

Aunque no veamos…

“Ver para creer” Eso pedimos, eso esperamos la mayoría de las veces. Todo en nuestras vidas terrenales se reduciría a lo estrictamente material, tangible, evidente.

Pero en la vida espiritual desde luego no es así. Al Espíritu no se lo ve. A Dios no se lo ve. Pero percibimos innegablemente su presencia y su acción. El Señor Jesucristo mismo dijo:

“El viento sopla de donde quiere, y oyes su sonido; mas ni sabes de dónde viene, ni a dónde va; así es todo aquel que es nacido del Espíritu” (Juan 3:8)
En Hebreos 2:8 leemos:

“Todo lo sujetaste bajo sus pies. Porque en cuanto le sujetó todas las cosas, nada dejó que no sea sujeto a él; pero todavía no vemos que todas las cosas le sean sujetas”
Hay infinidad de cosas que no vemos, pero sabemos que existen. Aún las montañas del Himalaya, la mayoría de nosotros no las ha visto, pero confiamos en el testimonio satelital, las fotografías o filmaciones de otras personas para “saber con certeza” que están donde se dice que están. Son registros documentales que no podemos ignorar.

En Hebreos 1:9 dice:

“Pero vemos a aquel que fue hecho un poco menor que los ángeles, a Jesús, coronado de gloria y de honra, a causa del padecimiento de la muerte, para que por la gracia de Dios gustase la muerte por todos”
Vemos a Jesús y su obra por el testimonio de aquellos testigos directos de su nacimiento, vida y muerte y por el testimonio vivo en todos aquellos que somos Hijos de Dios, renacidos para una esperanza viva…

“Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los muertos” (1 Pedro 1:3)
Hoy no podemos ver a Dios, pero podemos oírlo a través de Su Palabra:

“Por lo cual, como dice el Espíritu Santo: si oyereis hoy su voz, no endurezcáis vuestros corazones…” (Hebreos 3:7-8)
No podemos esgrimir ignorancia o desconocimiento como excusa para no creer:

“Mirad, hermanos, que no haya en ninguno de vosotros corazón malo de incredulidad para apartarse del Dios vivo; antes exhortaos los unos a los otros cada día, entre tanto que se dice: Hoy, para que ninguno de vosotros se endurezca por el engaño del pecado” (Hebreos 3:12-13)
Nos queda también, el ejemplo de lo ocurrido con aquellos que no quisieron ver ni escuchar:

“¿Quiénes fueron los que habiendo oído, le provocaron?… y con quiénes estuvo él disgustado cuarenta años? ¿No fue contra los que pecaron…? ¿Y a quiénes juró que no entrarían en su reposo, sino a aquellos que desobedecieron? Y vemos que no pudieron entrar a causa de su incredulidad” (Hebreos 3:16-19)
Recordemos: Tenemos su Palabra para ver espiritualmente lo que no es visible de Dios humanamente.

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