Buenas maneras…

4 Nov

Buenas maneras…

A la gente, por lo general le produce enojo recibir ordenes y prefiere las “sugerencias” y la libertad de elegir si hace lo que se les sugiere o no. Si embargo, en ocasiones “adoptan” o reconocen a algún líder con mucho carisma que les dice mal las cosas, los maltrata o denigra y sin embargo, por alguna oculta razón de la mente, lo siguen, lo obedecen y aún lo admiran, no manifestando los mismos sentimientos por líderes que utilizan métodos menos agresivos, pero que transmiten verdades aún más profundas si esto es posible.

El Apóstol Pablo, a veces usaba de dureza en sus reclamos espirituales para que sus discípulos siguieran fielmente al Señor, pero por lo general era amable y aconsejaba, sugería o enseñaba mediante el nuevo carácter que la Obra de Cristo había cincelado en su vida…

“Porque ya habéis oído de mi conducta en otro tiempo en el judaísmo, que perseguía sobremanera a la iglesia de Dios, y la asolaba” (Gálatas 1:13)
“Habiendo yo antes sido blasfemo, perseguidor e injuriador; mas fui recibido a misericordia porque lo hice por ignorancia, en incredulidad” (1 Timoteo 1:13)
La carta a Filemón es otra prueba de ello. Filemón trabajaba mucho, pero evidentemente le faltaba completar algo en su vida:

“Pablo, prisionero de Jesucristo, y el hermano Timoteo, al amado Filemón, colaborador nuestro… Doy gracias a mi Dios, haciendo siempre memoria de ti en mis oraciones, porque oigo del amor y de la fe que tienes hacia el Señor Jesús, y para con todos los santos; para que la participación de tu fe sea eficaz en el conocimiento de todo el bien que está en vosotros por Cristo Jesús. Pues tenemos gran gozo y consolación en tu amor…” (Filemón 1; 4-7)
“Por lo cual, aunque tengo mucha libertad en Cristo para mandarte lo que conviene, más bien te ruego por amor, siendo como soy, Pablo ya anciano… te ruego por mi hijo Onésimo, a quien engendré en mis prisiones, el cual en otro tiempo te fue inútil, pero ahora a ti y a mí nos es útil, el cual vuelvo a enviarte; tú, pues, recíbele como a mí mismo” (Filemón 8-12)
¿Ya le había enviado a Onésimo y Filemón lo habría rechazado? Pablo cede su derecho y antepone la necesidad de aplicar principios cristianos a la relación entre estos hombres:

“Yo quisiera retenerle conmigo, para que en lugar tuyo me sirviese en mis prisiones por el evangelio, pero nada quise hacer sin tu consentimiento, para que tu favor no fuese como de necesidad, sino voluntario. Porque quizás para esto se apartó de ti por algún tiempo, para que le recibieses para siempre, no ya como esclavo, sino como más que esclavo, como hermano amado…” (Filemón 13-16)
Pablo era la “autoridad” de Filemón, por ello le dice, afable pero firmemente:

“Así que, si me tienes por compañero, recíbele como a mí mismo… Sí hermano, tenga yo algún provecho de ti en el Señor; conforta mi corazón en el Señor. Te he escrito confiando en tu obediencia, sabiendo que harás aún más de lo que te digo” (Filemón 17-21)
Recordemos: Que las buenas maneras de nuestros líderes produzcan hacia ellos mayor respeto aún.

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