De todas formas…

25 Oct

De todas formas...

Nos gusta que nos traten con amabilidad. Nos hace bien recibir palmadas o palabras de ánimo, de reconocimiento, de elogio. Y, definitivamente, nos disgusta que se nos exija, que se nos pida que cumplamos con responsabilidades asumidas, con algún tipo de deber o compromiso. Quisiéramos ir por la vida, libres de ataduras y sin reclamos de ninguna clase hacia nosotros y nuestras conductas.

El Apóstol Pablo podía ser amable y también muy duro al hablar a los creyentes. En 1 Tesalonicenses 2:7-8 él dice:

  • “Antes fuimos tiernos entre vosotros, como la nodriza que cuida con ternura a sus propios hijos. Tan grande es nuestro afecto por vosotros, que hubiéramos querido entregaros no sólo el evangelio de Dios, sino también nuestras propias vidas; porque habéis llegado a sernos muy queridos”

Y en ocasiones pensamos que este tipo de palabras son las únicas que necesitamos escuchar. Sin embargo, Pablo también les decía:

  • “Porque nuestra exhortación no procedió de error ni de impureza, ni fue por engaño, sino que según fuimos aprobados por Dios para que se nos confiase el evangelio, así hablamos; no como para agradar a los hombres, sino a Dios, que prueba nuestros corazones. Porque nunca usamos de palabras lisonjeras, como sabéis, ni encubrimos avaricia, Dios es testigo; ni buscamos gloria de los hombres; ni de vosotros, ni de otros, aunque podíamos seros carga como apóstoles de Cristo… así  como también sabéis de qué modo, como el padre a sus hijos, exhortábamos y consolábamos a cada uno de vosotros, y os encargábamos que anduvieseis como es digno de Dios, que os llamó a su reino y gloria” (1 Tesalonicenses 2:3-6,11-12)

Pablo les predicó el evangelio, los exhortó, los cuidó, no usó lisonjas, les exigió que anduviesen como Dios decía. ¿Cómo respondieron ellos?

  • “Por lo cual también nosotros sin cesar damos gracias a Dios, de que cuando recibisteis la palabra de Dios que oísteis de nosotros, la recibisteis no como palabra de hombres, sino  según es en verdad, la palabra de Dios, la cual actúa en vosotros los creyentes” (1 Tesalonicenses 2:13)

La posibilidad de vivir victoriosamente, dando gloria al Señor, está en la manera en que recibimos Su Palabra, en la actitud que adoptamos hacia ella.

¿Cómo la recibieron en otros lugares?

  • “Porque vosotros, hermanos habéis venido a ser imitadores de las iglesias de Dios en cristo Jesús que están en Judea; pues habéis padecido de los de vuestra propia nación las mismas cosas que ellas padecieron de los judíos, los cuales mataron al Señor Jesús y a sus propios profetas, y a nosotros nos expulsaron; y no agradan a Dios, y se oponen a todos los hombres, impidiéndonos hablar a los gentiles para que éstos se salven; así colman ellos siempre la medida de sus pecados, pues vino sobre ellos la ira hasta el extremo” (1 Tesalonicenses 2:14-16)

Recordemos: Deberíamos estar siempre dispuestos a recibir la Palabra de Dios, sea que nos anime o que nos corrija.

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