Creer para…

23 Oct

Creer para…

Leemos en 2 Corintios 5:17…

“De modo que si alguno está en Cristo, nueva criatura es; las cosas viejas pasaron; he aquí todas son hechas nuevas”
Una vez que creemos en Jesucristo como nuestro Salvador, nada puede seguir siendo igual en la vida.

La muerte se transforma en vida:

“Y él os dio vida a vosotros, cuando estabais muertos en vuestros delitos y pecados” (Efesios 2:1)
La enemistad se convierte en reconciliación:

“Porque si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, mucho más, estando reconciliados, seremos salvos por su vida” (Romanos 5:10)
El no ser se vuelve un pertenecer real:

“Vosotros que en otro tiempo no erais pueblo, pero que ahora sois pueblo de Dios, que en otro tiempo no habíais alcanzado misericordia, pero ahora habéis alcanzado misericordia” (1 Pedro 2:10)
La desesperanza se convierte en una razón para vivir:

“En aquel tiempo estabais sin Cristo, alejados de la ciudadanía de Israel y ajenos a los pactos de la promesa, sin esperanza y sin Dios en el mundo” (Efesios 2:12)
Pablo veía ese cambio en los creyentes de Tesalónica…

“Porque conocemos, hermanos amados de Dios, vuestra elección; pues nuestro evangelio no llegó a vosotros en palabras solamente, sino también en poder, en el Espíritu santo y en plena certidumbre, como bien sabéis cuáles fuimos entre vosotros por amor de vosotros… Porque partiendo de vosotros ha sido divulgada la palabra del Señor, no sólo en Macedonia y Acaya, sino que también en todo lugar vuestra fe en Dios se ha extendido, de modo que nosotros no tenemos necesidad de hablar nada” (1 Tesalonicenses 1:4-5; 8-10)
En ellos se observaba que su fe se extendía, que se convirtieron de sus ídolos al Dios verdadero, que tenían una nueva perspectiva de vida. El evangelio fue como una explosión que se manifestaba hacia afuera.

¿Qué dicen de nosotros los que no creen? ¿Cómo mostramos la nueva vida en Cristo a los hermanos en la fe?

Pablo decía en 1 Tesalonicenses 2:1:

“Porque vosotros mismos sabéis, hermanos, que nuestra visita a vosotros no resultó vana”
¿Alguien trabajó en vano en nuestras vidas o damos frutos para el Señor?

“Acordándonos sin cesar delante del Dios y Padre nuestro de la obra de vuestra fe, del trabajo de vuestro amor y de vuestra constancia en la esperanza en nuestro Señor Jesucristo” (1 Tesalonicenses 1:3)
Reflexionemos en nuestras vidas, en lo que manifestamos a los demás, en lo que hacemos para el Señor en la tierra.

Recordemos: Es imposible que un evangelio de poder se encuentre en una vida y pase desapercibido.

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