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La armadura de Dios parte 3(final)

5 Oct

La armadura de Dios parte 3(final)

  • El casco o el yelmo que protege la cabeza

La mente es donde se lleva a cabo la guerra espiritual. De manera que para pelear bien la guerra espiritual necesitamos proteger nuestra mente; nuestros pensamientos; las intenciones y motivaciones  del corazón; los diálogos internos. Una de las estrategias vitales de esta guerra espiritual está definida en Filipenses 4:8… “Por lo demás, hermanos, todo lo que es verdadero, todo lo digno, todo lo justo, todo lo puro, todo lo amable, todo lo honorable, si hay alguna virtud o algo que merece elogio, en esto meditad”.

El resultado de caminar de esa manera según el próximo versículo es que el Dios de paz estará con vosotros.

La mente es cardinal para la guerra espiritual. Si no pensamos bien, no podemos actuar bien. Nosotros solo conocemos lo que los demás nos permiten conocer cuando hablan. Pero no es tanto nuestro hablar lo que refleja lo que soy, sino mis pensamientos. “Pues como piensa dentro de sí, así es. El te dice: Come y bebe, pero su corazón no está contigo”, Proverbios 23:7. Si tú quieres saber como tú eres repasa tus pensamientos.

Nuestros pensamientos revelan si somos:

•    Lujuriosos o recatados
•    Enjuiciadores, acusadores o tolerantes
•    Self-righteous (autojustos), orgullosos o humildes
•    Condenadores o compasivos
•    Rencorosos o perdonadores
•    Avaros o dadivosos
•    Disciplinados o permisivos
•    Dado a los placeres o con dominio propio

Lo que pensamos eso es lo que somos. De ahí que en la guerra espiritual es esencial que cuide mi mente. Es increíble ver como nuestro estado de ánimo muchas veces depende de cómo estamos pensando y como un solo pensamiento negativo, nos puede restar tanta atención y concentración.

No podemos olvidar que Pedro nos llama en su primera carta en 5:8 y nos dice: “Sed de espíritu sobrio, estad alerta. Vuestro adversario, el diablo, anda al acecho como león rugiente, buscando a quien devorar”.

Satanás como serpiente es un engañador y como león es un destructor. Ni te dejes engañar ni te dejes destruir; pero no permitas que él te use ni para desviar la atención de otro, ni para destruir a otro: su persona; su familia; su carácter o su reputación.

  • Los calzados

Esta es la expresión: “calzados los pies con el apresto del evangelio de la paz”.

Los  calzados nos sirven para ir a la batalla; pero esos calzados aquí son definidos como el evangelio de la paz, porque es ese evangelio el poder de Dios para salvación. Nuestras palabras no tienen poder, pero su evangelio sí. Nuestras palabras no pueden cambiar  a nadie; pero el evangelio sí. Cuando vamos a la batalla con otra cosa que no sea su evangelio, eso es una derrota segura.

  • El escudo de la fe. ¿Qué tan importante es?

En cuanto a la Fe, debemos siempre recordar que:

•    Todo lo que no es de fe es pecado
•    Sin fe es imposible agradar a Dios

Fuente original http://integridadysabiduria.org/la-armadura-de-dios-iii

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La armadura de Dios parte 2

5 Oct

En la primera parte de este artículo estuvimos viendo el énfasis hecho por el Nuevo Testamento respecto a la guerra espiritual. La protección de Dios como nuestro escudo (2 Tesalonicenses 3:3) ha de darnos la seguridad de que como hijos suyo que somos, en Sus manos estamos más que seguros.

¿En qué consiste la armadura de Dios? Para responder a esta pregunta, nos vamos a remontar al primer siglo y veremos cómo lucía un uniforme de soldado para ese entonces.
  • Un cinturón

El soldado Romano, tenía una túnica larga y cuando iba a la batalla, tenía que levantarse la túnica y colocársela por dentro del cinturón para que no fuera a pisarse la túnica al correr o luchar. Ese cinturón era cardinal porque sostenía todo el uniforme en su posición. La túnica era colocada por dentro de ese cinturón; la espada colgaba del cinturón y la coraza que protegía el tórax también estaba conectada con el cinturón de alguna manera. De tal forma que si el cinturón no estaba bien puesto, había posibilidad de que al soldado no le fuera tan bien en su batalla. En nuestro caso el texto nos llama a ceñirnos la cintura con la verdad. De manera que la verdad es lo que va a sostener toda mi armadura.

El salmo 51:6 dice: “He aquí, tú deseas la verdad en lo más íntimo, y en lo secreto me harás conocer sabiduría”. Dios no está interesado en que en la interioridad de mi corazón haya integridad. Dios sopesa mis intenciones; mis pensamientos; la razón por la que hice lo que hice o dije lo que dije. Y luego El decide si me halló en verdad.

El salmo 86:11 dice: “Enséñame, oh Señor, tu camino; andaré en tu verdad; unifica mi corazón para que tema tu nombre”. Un corazón dividido no es un corazón íntegro y si no es un corazón íntegro, esa armadura se me va a caer en la primera batalla que sostenga. Cuando mi corazón tiene alianzas divididas con el reino de las tinieblas y con el reino de la luz, esa persona es considerada por Santiago, el autor del libro que lleva su nombre, una persona de doble ánimo, a quien el mismo Santiago califica de inestable en todos sus caminos. Una persona inestable en su caminar no está lista para guerrear con nadie; fácilmente es empujado al suelo y derribado.

  • La espada

En el cinturón de la verdad era donde el soldado romano colocaba su espada. Y esa espada es definida como la palabra de Dios. Pero resulta que la palabra de Dios es conocida como Su verdad. De manera que en la guerra espiritual yo necesito no solo conocer Su verdad, sino que tengo que vivir en verdad.

A lo largo de la historia el pueblo de Dios ha sufrido de dos males con relación a la palabra de Dios:

1) Falta de conocimiento

“Mi pueblo es destruido por falta de conocimiento” (énfasis agregado). Oseas 4:6

2) Conocimiento de la ley sin práctica de la ley; ortodoxia sin ortopraxis.

Santiago 1:22-25 “Sed hacedores de la palabra y no solamente oidores (énfasis agregado) que se engañan a sí mismos. Porque si alguno es oidor de la palabra, y no hacedor, es semejante a un hombre que mira su rostro natural en un espejo; pues después de mirarse a sí mismo e irse, inmediatamente se olvida de qué clase de persona es. Pero el que mira atentamente a la ley perfecta, la ley de la libertad, y permanece en ella, no habiéndose vuelto un oidor olvidadizo sino un hacedor eficaz, éste será bienaventurado en lo que hace”.

Santiago llama a la Ley de Dios, la ley de la libertad y no la ley de la esclavitud y eso se debe a que ciertamente Dios no nos dio su palabra para que fuera gravosa sobre nosotros, sino para libertarnos del yugo del pecado. Es la observancia de la ley que nos permite vivir en completa libertad de patrones de conducta que nos producen ansiedad, desvelo, inseguridad. Nuestras vidas pueden ser construidas para resistir la prueba si hemos observado la ley de Dios. El estar firme implica conocer la ley de Dios y practicarla.

La Palabra hace algo más y es que impide que yo me desvíe. “Afirma mis pasos en tu palabra” (V133a). Otras traducciones dicen: “ordena mis pasos con tu palabra”. Una vida desorganizada es una vida que no vive conforme a la Palabra de Dios. El salmista dice: “ordena mis pasos con tu palabra”. La Palabra organiza y ordena la mente del cristiano y la vida del cristiano.

La segunda parte del versículo 133 dice: “y que ninguna iniquidad me domine”. Otra de las cosas que la Palabra hace, es que me da dominio propio. El salmista está pidiendo que ningún hábito pecaminoso se apodere de sí; pero la forma como eso va a ocurrir es si la Palabra ordena nuestros pasos.

El instrumento que Dios eligió para desplazar los poderes de las tinieblas fue la predicación de la palabra. La predicación de la Palabra ha derrumbado a príncipes;  ha derrumbado gobiernos; ha derrumbado imperios; ha derrumbado  sistemas religiosos y al presente sigue derrumbando al mismo Satanás.

  • La coraza de justicia

La palabra justicia hace referencia a la perfección moral de Dios cuando se refiere a El o a nuestra rectitud moral al caminar cuando se refiere a nosotros. La coraza de justicia hace alusión directa a nuestra vida de santidad; y tanto la espada del Espíritu como el cinturón de la verdad están relacionados también a nuestra vida de santidad y obediencia. Esta coraza de justicia o de rectitud moral habla de nuestra integridad.

Nuestra sociedad se encuentra inmersa en una crisis moral, social y espiritual de la cual hablan las estadísticas del mundo que nos ha tocado vivir. La integridad bíblicamente hablando pudiéramos definirla como el vivir conforme a la Palabra de Dios internamente y externamente. Una persona íntegra es alguien cuyas palabras y estilo de vida son congruentes y cuya vida está alineada con la verdad de Dios expresada en su Palabra. Es alguien que no tiene “grietas” en su vida, de ahí que se le considere completo.

En la tercera y última parte de este artículo, continuaremos analizando las demás piezas de la armadura.

El verdadero amor de Dios

5 Oct

El verdadero amor de Dios

Durante nuestro vivir en Cristo, muchas veces hemos escuchado hablar del amor de Dios. Es casi obvio, y le damos todos adjetivos que lo califican de inmenso, generoso, desinteresado, puro, real, etc. El acto sublime de ese amor lo conforma sin duda alguna la crucifixión, y es en ese momento donde nadie puede dudar de la veracidad de ese amor.

Pero, si tenemos que pensar en lo que implica ese amor, ¿sabemos realmente hasta dónde llega?, no en SU capacidad, la cual es infinita, sino en nuestra capacidad receptiva del mismo.

Imagino nuestra relación con Dios de la siguiente manera, nosotros, en una pequeña isla, y Dios en otra, y tenemos que llegar a Él, necesitamos acercarnos, conectarnos, y que ante todo Él lo haga con nosotros. Estiramos los brazos para alcanzarlo, pero no lo logramos, entonces nuestra desobediencia, altivez, egoísmo, falta de fe, de compromiso, nuestros puntos de incredulidad, se elevan a nuestro alrededor como muros, “tapiamos” nuestra vida, y no sólo no logramos llegar a Dios, sino que tampoco permitimos que Él lo haga, nos cerramos en nuestro territorio y le pedimos que llegue a nosotros, pero al mismo tiempo ponemos impedimentos para lograrlo, y es allí cuando el amor de Dios actúa, y atraviesa todo aquello, mientras nosotros levantamos murallas, Él levanta puentes.

Puentes que atraviesan lo que nosotros mismos levantamos, así se acerca a nosotros, así nos rescata.

El amor de Dios es tan fuerte e intenso, que atraviesa el egoísmo, el desinterés, la incredulidad, o lo que sea que nosotros hayamos puesto como muro.

Les invito a leer el pasaje de Juan 4: 3 al 15.

Versículos 3 al 9. Jesús sale de Judea, y necesita pasar por Samaria, cansado del camino, se si enta junto al pozo de Jacob. Y allí espera. Llega una mujer samaritana, y Jesús le pide agua. Jesús la estaba esperando, le habla primero, Jesús comienza el diálogo, comienza la relación. Lejos de darle lo que le pide, (aunque sea por pura cortesía), lo desafía mediante su diálogo, por su diferencia de nacionalidad. Ella era mujer, (y sabemos la significancia de esto en dicha época), era samaritana, sin embargo, Jesús le habla y ella misma pone en relevancia la diferencia, ella la marca, Jesús no.

Jesús, Dios mismo, se hizo igual a nosotros, y peor aún, se denigró por nosotros, (Filipenses 2: 6 – 8), jamás puso entre nosotros, entre nuestra relación su Majestad, que definitivamente Él la tiene. Al igual que con la mujer, Dios nos está esperando, nos habla, nos busca y muchas veces somos nosotros quienes lejos de responder al llamado, colocamos barreras, así como hizo ella.

Entonces, Dios nos necesita en su obra, por ejemplo y deci mos: “¿Yo?, ¿Pero si no soy el mejor?, Seguro hay otro que pueda hacerlo, que esté capacitado”, acaso, ¿No queda claro que Jesús esperaba a ESA mujer? Jesús sabía que ella vendría y la estaba esperando. Dios sabía que hoy vendrías y te está esperando.

El amor de Dios, trasciende las diferencias, porque la supera, para el amor de Dios no hay “peros” si te está esperando.

Versículos 10 y 11: Jesús retoma el diálogo, insiste en levantar un puente entre Él y la mujer, aunque ella insiste en levantar barreras. Jesús comienza a manifestarle su Divinidad, le plantea quién es, y lejos de escuchar la profundidad de sus palabras, ella se remite a la insignificancia que Jesús no tenía que con qué sacar el agua. Ahora el diálogo está en parámetros diferentes, Jesús está en un nivel espiritual y ella en un nivel carnal.

Otras de nuestros muros, nuestra carnalidad, y no hablo del extremos, no somo s fornicarios, borrachos, ladrones, asesinos, etc. Pero somos orgullosos, egoístas, juzgadores, ¿No es eso carnal? Y no hace falta que nadie lo note, porque si está, ya está levantando muros, con cimientos profundos sin lugar a dudas.

El amor de Dios trasciende nuestra carnalidad, porque a través de Su Espíritu Santo en nosotros, nos lleva a su nivel espiritual, nos saca de lo carnal y comienza a actuar en nuestras vidas.

Versículo 12: No logra comprender con quién está hablando y continúa colocando barreras, es más, aún no le ha dado el agua que le pidió, es decir, que no comprende el mensaje que Jesús le habla, y a pesar que ella sigue hablando del pozo físico de agua ¡Sigue sin darle el agua que le pidió! Es decir, que continúa encerrada entre las mismas paredes que ella levanta. ¡Cuántas veces hacemos lo mismo! No logramos comprender lo que Dios tiene para nosotros pero tampoco actuamos a favor de comprender lo y simplemente nos limitamos a quedarnos donde estamos. Simplemente sin hacer nada.

Versículos 14 y 15: Jesús le ofrece lo que tiene, Vida Eterna. Fíjense que especial, Jesús le pidió a ella algo totalmente posible, es más, algo por lo cuál ella se estaba acercando al pozo, agua, tenía todo para dársela, pero no lo hizo y contrariamente a ella, Jesús le da lo más importante, la posibilidad de ser salva.

Me avergüenzo cuando me doy cuenta lo que me parezco a esa mujer samaritana, Dios no me pide grandes cosas, me pide lo que puedo hacer. Pienso y recuerdo y jamás Dios demandó de mi algo imposible. Sin embargo, muchas veces he actuado como ella, no sólo no respondiendo al llamado, sino colocando barreras. Y aún así, Dios actúa en mi vida.

A pesar de mí, Dios sigue colocando puentes entre nosotros, y lo hace gracias a SU AMOR, un amor que puede con todo, incluyéndome.

No importa de qué sea el muro que yo levante, D ios lo contrarresta con un puente inmenso de amor, ese amor que lo llevó a desamparar a su propio hijo, por mí, por nosotros. Y solamente pudo hacerlo porque a pesar de todo lo que soy y somos, nos ama con un amor verdadero y sin barreras.
Equipo de colaboradores del Portal de la Iglesia Latina
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noeliaescalzo