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Canción de Kaká y su esposa es éxito en Internet

25 Sep

Canción de Kaká y su esposa es éxito en Internet

By ACPress / Mundo Cristiano
Saturday, September 25, 2010

Kaká ha debutado como cantante junto a su mujer. Ha sido en internet donde ha comenzado a circular con enorme éxito un vídeo donde el jugador del Real Madrid interpreta una canción junto a y para su esposa, Caroline Celico.

No es una canción cualquiera, ya que tiene su propia y romántica historia. El tema, que lleva por título “Presente de Deus” (Regalo de Dios), forma parte del primer disco -compuesto por un total de 12 temas- que ha lanzado la mujer del centrocampista brasileño en su debut en el mundo de la canción.

Pero esta canción en concreto ha sido compuesta por el propio Kaká, con una letra y música que son toda una declaración de amor a su esposa: “Cuánto le pedí al Señor que trajera alguien como tú a mi vida”, es una de las frases que entona Kaká de manera marcadamente romántica.

La canción no la escribió Kaká para el CD, sino que la compuso para su ahora esposa con motivo de su boda (contrajeron matrimonio en 2005), y precisamente sonó por primera vez en público en la iglesia evangélica en la que se celebró su matrimonio, durante la ceremonia.

Caroline Celico recuerda aquel momento: “Cuando estaba preparándome para la ceremonia de nuestra boda, me dieron un susto enorme al contarme que en el momento de la entrada en la iglesia se oiría una canción que Kaká había hecho para mí. Pero al oírla, la canción dice lo que yo también le diría; que además de estar realizándose un sueño muy esperado para nosotros, estábamos obteniendo un verdadero regalo de parte de Dios“

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Algunas enseñanzas…

25 Sep

Algunas enseñanzas…

Las enseñanzas y correcciones que el Apóstol Pablo le escribe a la Iglesia de Corinto son más que interesantes…

Los exhorta a actuar en amor y a darles importancia a los dones, utilizándolos para edificación de la iglesia:

“Seguid el amor, y procurad los dones espirituales… para edificación… pues que anheláis dones espirituales, procurad abundar en ellos para edificación de la iglesia…” (1 Corintios 14:1-12)
El desarrollo de los dones y de los trabajos en la Iglesia, debían hacerse de una sola manera:

“Pues Dios no es Dios de confusión, sino de paz… pero hágase todo decentemente y con orden” (1 Corintios 14:33,40)
Luego, los exhorta a examinar con cuidado lo que creen y cómo lo creen, ya que la Palabra debe entenderse, asimilarse y retenerse para que sea efectiva:

“Además, os declaro hermanos, el evangelio que os he predicado, el cual también recibisteis, en el cual también perseveráis, por el cual asimismo, si retenéis la palabra que os he predicado, sois salvos, si no creísteis en vano” (1 Corintios 15:1-2)
Sobre esto, ya había escrito a los Romanos..

“Que si confesares con tu boca que Jesús es el Señor, y creyeres en tu corazón que Dios le levantó de los muertos, serás salvo. Porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación” (Romanos 10:9-10)
Ellos debían asegurarse que quienes los rodeaban, entendieran bien el Evangelio y no se perdieran tras vanas discusiones:

“De otro modo, ¿qué harán los que se bautizan por los muertos…? ¿Por qué, pues, se bautizan por los muertos?… No erréis, las malas conversaciones corrompen las buenas costumbres. Velad debidamente, y no pequéis; porque algunos no conocen a Dios; para vergüenza vuestra lo digo” (1 Corintios 15:29-34)
También los anima a no desanimarse:

“Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano” (1 Corintios 15:58)
Les enseña a organizarse en las cuestiones materiales:

“En cuanto a la ofrenda para los santos, haced vosotros también de la manera que ordené en las iglesias de Galacia. Cada primer día de la semana cada uno de vosotros ponga aparte algo, según haya prosperado, guardándolo, para que cuando yo llegue no se recojan entonces ofrendas” (1 Corintios 16:1-2)
Les aconseja a no ser de estorbo sino de agradecimiento para los que trabajan entre ellos para el Señor:

“Y si llega Timoteo, mirad que esté con vosotros con tranquilidad, porque él hace la obra del Señor así como yo. Po tanto, nadie le tenga en poco… Hermanos, ya sabéis que la familia de Estéfanas es las primicias de Acaya, y que ellos se han dedicado al servicio de los santos. Os ruego que os sujetéis a personas como ellos, y a todos los que ayudan y trabajan… reconoced, pues, a tales personas…” (1 Corintios 16:10-18)
Los anima al esfuerzo sin excusas:

“Velad, estad firmes en la fe, portaos varonilmente, y esforzaos. Todas vuestras cosas sean hechas con amor” (1 Corintios 16:13-14)
Recordemos: Nosotros también necesitamos poner en práctica estas cosas en nuestras Iglesias…

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Fiabilidad de la Biblia parte 4

25 Sep

OTROS TESTIMONIOS DEL SIGLO II

Tenemos otros testimonios más tardíos, pero también muy valiosos respecto al valor de los evangelios en la iglesia y al reconocimiento de que eran documentos fidedignos. En el siglo II la iglesia podía tener dudas respecto a algún escrito para aceptarlo en el canon, pero prácticamente todo el Nuevo Testamento, tal como lo conocemos nosotros hoy en día, era aceptado con unanimidad; y, lo más importante, sobre los evangelios no había ninguna duda: las dudas sólo las tenían aquellos que pretendían seguir precisamente lo que los evangelios, base de la iglesia, no contenía.

Hay que destacar los siguientes testimonios:
1 – Marción. Tenemos el testimonio de aquellos que no seguían toda la enseñanza de los apóstoles. Un caso ejemplar es el de Marción, quien en el año 140 publicó una lista de libros que él consideraba como canónicos, excluyendo algunos y modificando otros. Aceptó una versión expurgada de Lucas y de las epístolas de Pablo, rechazando por entero el Antiguo Testamento. Esta expurgación parece implicar una reacción contra los libros del Nuevo Testamento que eran aceptados por la iglesia.
Probablemente una reacción contra Marción la constituyan los llamados prólogos antirnarcionitas a los evangelios, especialmente a los de Lucas y Juan.
2 – Valentino. También sabemos que la mayoría de los libros del Nuevo Testamento eran aceptados por la iglesia por documentos de grupos disidentes como los valentinianos y los gnósticos en general. El Evangelio de la Verdad, probablemente del mismo Valentino, da testimonio de los libros del Nuevo Testamento aceptados por la iglesia. Tenemos, pues, a través del propio testimonio de un disidente de la iglesia, una fuerte evidencia de que alrededor del año 140 probablemente ya había un canon del Nuevo Testamento, aceptado como autoridad, que correspondería con bastante fidelidad al que tenemos nosotros40.
3 – Justino Mártir, a mediados del siglo II, escribe en su Primera Apología (67) que en el culto cristiano se leían textos de las memorias de los apóstoles que son, según él mismo ha dicho en el capítulo anterior, los evangelios. Es el primer autor que inequívocamente sabemos que nombra a los evangelios con este nombre. Es interesante que el uso del término está en un contexto de polémica con Marción. En seis ocasiones utiliza la expresión «escrito está» al citar los evangelios. Además, Justino contiene numerosas referencias textuales al Nuevo Testamento.
4 – Taciano. Eusebio en su Historia eclesiástica (iv, xxix, vi) hace referencia a Taciano, según él líder de los encratitas, para decir que compuso una especie de versión o combinación de los cuatro evangelios en uno solo, el Diatessaron (que significa «a través de cuatro»), lo cual es confirmado por noticias posteriores. Según estas noticias, sobre el año 170, los cuatro evangelios ya circulaban, al menos en Siria, como evangelios canónicos.
5 – El Canon de Muratori (hacia finales de siglo II), que recibe su nombre por el descubridor de una copia de ese canon del siglo VII o VIII, fue publicado en 1740. Parece ser una respuesta contraria a la mutilación de Marción y a las desviaciones de los gnósticos, especialmente la de los evangelios.
El texto implica una aceptación de los cuatro evangelios como una totalidad.
6 — Ireneo de Lyon. Es en Ireneo, obispo de Lyon sobre el año 180, donde encontramos una formulación explícita de los cuatro evangelios como algo natural y admitido por la iglesia, del mismo modo que hay cuatro vientos o cuatro puntos cardinales (Contra los herejes, iii, 11,8).

Podríamos citar más ejemplos. Pero lo importante es que ya en el siglo 11 se muestra como algo evidente que la iglesia cristiana aceptaba la mayoría de los libros que hoy componen nuestro nuevo Nuevo Testamento; sólo había algunas discrepancias respecto a algunas cartas y al Apocalipsis. Pero los cuatro evangelios y las cartas de Pablo eran aceptadas umversalmente, a excepción de grupos disidentes.

David Galcera, ¿Hay alguien ahi?, ed. Clie, pag. 257-259