Materializar en frutos…

24 Sep

Materializar en frutos…

Siempre que emprendemos una tarea, esperamos que el resultado sea fructífero. Si plantamos un árbol, esperamos que nos de su sombra… Si construimos una casa, esperamos que nos albergue… Si trabajamos esperamos recibir el pago de nuestra labor… Esto no es una esperanza descabellada, sino la ilusión de disfrutar del esfuerzo realizado.

El Apóstol Pablo era un hombre común y corriente que esperaba los mismos resultados de su trabajo entre las personas y en las iglesias que establecía:

“¿No soy apóstol? ¿No soy libre? ¿No he visto a Jesús el Señor Nuestro? ¿No sois vosotros mi obra en el Señor? Si para otros no soy apóstol, para vosotros ciertamente lo soy; porque el sello de mi apostolado sois vosotros en el Señor. Contra los que me acusan, esta es mi defensa: ¿Acaso no tenemos derecho…? … porque con esperanza debe arar el que ara, y el que trilla, con esperanza de recibir del fruto”(1 Corintios 9:1-10)
La Iglesia que había fundado en Corinto había dedicado gran parte de su esfuerzo en criticar a aquél hombre que les había llevado el Evangelio, que les había enseñado la Palabra y que se había arriesgado por ellos. Eran personas que no solamente no reconocían su trabajo, sino que tampoco eran espirituales ni fieles a Dios. Lo podemos ver en:

Las divisiones (capítulo 1)
Los reproches (capítulo 2 y 3)
Las vanidades (capítulo 4)
Los pecados (capítulo 5)
Los juicios (capítulo 6)
Los problemas familiares (capítulo 7)
Las libertades excesivas (capítulo 8)
Pablo esperaba que su trabajo espiritual rindiera fruto material en sus vidas:

“Si nosotros sembramos entre vosotros lo espiritual, ¿es gran cosa si segáremos de vosotros lo material?” (1 Corintios 9:11)
Y aunque Pablo se mantenía a sí mismo con trabajo manual, lo que pedía era que la iglesia fuera conciente de sus obligaciones y sus compromisos. Que diera fruto, no para Pablo sino para Dios. Que se viera en ellos una respuesta efectiva. Los insta a tener victorias visibles…

“¿No sabéis que los que corren en el estadio, todos a la verdad corren, pero uno solo se lleva el premio? Corred de tal manera que lo obtengáis. Todo aquel que lucha, de todo se abstiene; ellos a la verdad, para recibir una corona corruptible, pero nosotros, una incorruptible” (1 Corintios 9:24-25)
¿Cómo actuamos personalmente en la Obra de Dios? ¿Cómo se refleja esto en el lugar donde nos congregamos? ¿Mostramos resultados materiales al trabajo espiritual que se hace en medio nuestro?

Recordemos: Los que trabajan entre nosotros, también necesitan vernos rendir materialmente los frutos de nuestra vida espiritual.

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