Mujeres tras las rejas encuentran libertad espiritual

10 Sep

Mujeres tras las rejas encuentran libertad espiritual

By Carolina Martínez |mundocristiano.com
Asunción, Paraguay.
Thursday, September 09, 2010

A la cárcel femenina del Buen Pastor en Paraguay, llegan toda clase de mujeres y por diferentes razones: narcotráfico, homicidio, robo… pero para Hugo Emilio, un misionero cristiano adventista que lleva cuatro años predicando el evangelio entre las prisioneras, no hay nada tan gratificante como llevar la Palabra de Dios a quienes más la necesitan.

“Realmente el Espíritu de Dios trabaja y Dios tiene su pueblo en todas partes. Eso me ayuda a mí a derribar muchas barreras de discriminación… He podido ver que Cristo se manifiesta realmente en este lugar. Que realmente cuando asistimos a las personas que están privadas de su libertad, aquellas personas que están enfermas, nos encontramos con Jesús. Es un ministerio que creo cada cristiano debe experimentar en algún momento de su vida”, dice Emilio Lumbert.

El leer el pasaje bíblico de Mateo 25 sobre el juicio a las naciones… El momento en que Jesucristo dice que estuvo enfermo y en la cárcel y no lo fueron a visitar, cuando no lo hicieron con los más pequeños de sus hermanos, marcó la primera señal para Hugo Emilio de que este era su llamado. Pero no fue la única.

“En total llevé 50 biblias. Y cuando llegué ese sábado al penal, cuando toqué el timbre se acerca un hombre que estaba afuera y me dice: “esas biblias son para este lugar?” Sí le dije. Y me dice esta persona: “Muchas personas no habrían llegado a este lugar si hubieran conocido antes la Palabra de Dios.” Para mí fueron palabras muy fuertes porque sentí que era un ángel de Dios que me estaba diciendo eso. Me dio fuerzas y me impulsó para avanzar con este ministerio”, agrega Lumbert.

“Sendas de Libertad”

En estos cuatro años desde que Hugo Emilio comenzó el ministerio carcelario, que hoy llaman: “Sendas de Libertad”, decenas de prisioneras han entregado su vida al Señor, han sido bautizadas y se han convertido en nuevas predicadoras dentro de la cárcel. Y aquellas que ya están en libertad, han transformado sus vidas y las de sus familias.

Valeria lleva dos años fuera de prisión. Llegó a la cárcel por haberse defendido cuando su ex marido, en una de las tantas palizas que le daba, estaba a punto de matarla. Este hombre quedó herido, y ella tuvo una condena de un año. Pero para Valeria fue una bendición el haber sido enviada a la cárcel del Buen Pastor.

“Cuando vine acá empecé a conocer a Dios y su Palabra. A lo mejor estando afuera me sentía más en la cárcel que estando acá adentro. Y el Señor me hizo conocer cuánto valgo, cuánto El vino a hacer por mí…Un tiempo pensé que la vida no tenía sentido, intenté quitarme la vida estando afuera, y con la Palabra de Dios me dijo: “Yo estoy acá contigo, yo te creé, yo te traje con amor”. Por eso así como El vino por mí, yo nunca le voy a dejar… Yo cuando vine acá a la cárcel y lo conocí al Señor me sentí libre”.

Uno de los casos más difíciles que Hugo Emilio y el grupo de misioneros que lo acompañan tuvieron que enfrentar, fue el de una joven drogadicta, que había estado involucrada en narcotráfico y homicidios, y quien, según su propio testimonio, estaba en el último pozo al que un ser humano puede caer.

Pero algo cambió en su vida que no sólo la hizo dejar las drogas de la noche a la mañana, sino que la convirtió en una mujer feliz y un gran instrumento de Dios: “Afuera siempre me decían que había un Dios, pero yo creo que lo que me convirtió a Cristo fue conocer el amor de Dios a mi vida. Estudiar lo que significa el sacrificio de Cristo. Saber que todas las cosas que hice, no hay pecado tan grande que no pueda entregar a los pies de Cristo. Y eso hizo que pueda permanecer en Él: su gracia. “Afuera era esclava de las drogas, era esclava de muchas cosas y estaba presa al mismo tiempo. No encontraba refugio en nada. Entonces siento en mi corazón que el Señor dijo: Vamos a tener que enviarte ahí para que vos sepas que yo te amo y que yo quiero cambiar tu vida. Y eso lo sentí ya a través de su Palabra.”

Las Cartas de Teresa

Teresa no sólo cambió su vida radicalmente, sino que es una incansable predicadora del Evangelio. Tanto dentro de la cárcel, como afuera, a través de cartas que escribe a personas que están tan pérdidas como ella lo estuvo alguna vez.

Esto comenzó cuando decidió evangelizar a un conocido narcotraficante: “Dios me dio la oportunidad de, así como Pablo, escribir cartas. Hasta que en un momento que él leía, leía, leía hasta que entregó su corazón a Cristo leyendo una carta”, dice Teresa.

Sin embargo, el narcotraficante no pudo salir de la mafia en la que estaba involucrado inmediatamente, y fue llevado a prisión por once meses. Durante todo ese tiempo Teresa le dio estudios bíblicos por correspondencia. Al cumplir su condena y quedar en libertad, este hombre fue a visitarla y pidió ser bautizado dentro de la cárcel de mujeres, al lado de la joven que lo había llevado a Cristo y a su salvación.

“Dios está a la puerta. Dios llama…Este lugar es bendecido por Dios, porque si en este lugar yo no hubiera venido, y con la condena que Dios permitió que yo pueda tener, yo no iba a llegar a ser este día esta persona ni iba a tener este corazón. Me siento cada día más privilegiada de poder hablar de su Palabra porque nunca pensé que iba a poder hablar del gran amor de Dios, ni siquiera saber cuán grande es el amor para toda la humanidad”.

Para Teresa este lugar se ha convertido en un lugar maravilloso, porque tienen tiempo para poder estudiar la Palabra y para poder conocer más de Dios y fortalecerse a través de ello: “También es un campo de batalla súper fuerte a la vez. Pero doblamos rodillas y le pedimos a Dios fuerzas y continuamos adelante”.

El ministerio “Sendas de Libertad” necesita de mayor apoyo de la comunidad cristiana, el compromiso de nuevos misioneros, y si es posible donaciones de libros, alimentos, medicamentos, artículos de higiene y vestimentas para las prisioneras y sus hijos menores que viven con ellas en la cárcel del Buen Pastor.

Pero sobre todo, que la sociedad dé a las ex convictas una segunda oportunidad, así como Cristo la dio.

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