La restauración del pueblo de Dios

6 Sep

El Sermón Dominical
Domingo 5 de Septiembre del 2010

La restauración del pueblo de Dios
Pastor Tony Hancock

Las últimas semanas de mensajes han sido algo deprimentes. Hemos
visto la forma en que el pueblo de Dios una y otra vez rechazó a
los mensajeros que Dios le enviaba, resultando finalmente en la
destrucción de su ciudad capital, la muerte de muchos y el
exilio de la mayoría de los restantes.

A veces quisiéramos quitar estas partes de la Biblia,
enfocándonos más bien en las partes que nos hablan del amor de
Dios, de su cuidado y su protección. He oído de predicadores que
no mencionan el pecado en sus sermones, porque dicen que la
gente ya está muy deprimida.

Sin embargo, cuando quitamos de la Biblia las partes que nos
hacen entender la justicia y la ira justa de Dios contra el
pecado, entonces las partes que nos hablan de su amor empiezan a
perder el significado. ¿Qué sentido tiene la muerte de Jesús en
la cruz, si en realidad nuestro pecado no es tan grave?

Es solamente cuando llegamos a comprender la ira justa de Dios
contra el pecado y la rebelión de la humanidad que podemos
experimentar también la profundidad del amor que lo llevó a
hacer un sacrificio tan grande para que nosotros pudiéramos ser
perdonados. Por eso, aunque es difícil estudiar la desobediencia
y sus consecuencias, es necesario para que comprendamos lo que
sigue.

Hoy precisamente hemos llegado a lo que sigue: la restauración
del pueblo de Dios. Aunque lo habían desobedecido y en su ira
los había mandado lejos, Dios no se había olvidado de su pueblo.
De hecho, había profetizado desde mucho antes que el exilio no
sería el final, sino que El restauraría a su pueblo.

Abramos la Biblia en Esdras 1:1-4 para ver el primer paso de la
restauración:

1:1 En el primer año de Ciro rey de Persia, para que se
cumpliese la palabra de Jehová por boca de Jeremías,
despertó Jehová el espíritu de Ciro rey de Persia, el cual
hizo pregonar de palabra y también por escrito por todo su
reino, diciendo:
1:2 Así ha dicho Ciro rey de Persia: Jehová el Dios de los
cielos me ha dado todos los reinos de la tierra, y me ha
mandado que le edifique casa en Jerusalén, que está en Judá.
1:3 Quien haya entre vosotros de su pueblo, sea Dios con él, y
suba a Jerusalén que está en Judá, y edifique la casa a
Jehová Dios de Israel (él es el Dios), la cual está en
Jerusalén.
1:4 Y a todo el que haya quedado, en cualquier lugar donde more,
ayúdenle los hombres de su lugar con plata, oro, bienes y
ganados, además de ofrendas voluntarias para la casa de
Dios, la cual está en Jerusalén.

Ciro fue el primer rey del imperio medo-persa; fue él quien
derrotó a los babilonios, poniendo fin a ese reino. El proclamó
que los judíos que se encontraban exiliados en su reino podrían
regresar a su tierra y reconstruirla.

Todo esto sucedió dentro de la soberanía de Dios. El profeta
Isaías, doscientos años antes, había mencionado a Ciro por
nombre; Isaías 44:28 dice, “Yo afirmo que Ciro es mi pastor, y
dará cumplimiento a mis deseos; dispondrá que Jerusalén sea
reconstruida, y que se repongan los cimientos del templo” (NVI).

Es más, Jeremías – en las fechas del exilio – había profetizado
que el exilio duraría 70 años. Jeremías 29:10 dice: “Así dice el
Señor: Cuando a Babilonia se le hayan cumplido los setenta años,
yo los visitaré; y haré honor a mi promesa en favor de ustedes,
y los haré volver a este lugar.” (NVI)

La primera invasión – cuando Daniel y sus amigos fueron llevados
al exilio – tuvo lugar en el año 605 a.C. El edicto de Ciro se
emitió en el año 538, y la obra de reconstrucción del templo
empezó en el año 536 a.C. – exactamente 70 años después, si
seguimos la costumbre judía de incluir el año de comienzo como
parte del cálculo.

¡Todo esto sucedió exactamente como Dios lo había planeado!
¡Dios dijo quién, cuándo y qué – y lo declaró décadas y siglos
antes! ¿Dudas de que Dios esté en control de este mundo? ¿Te
parece que nadie está en control? Aquí está la prueba – aunque
nosotros no comprendamos el plan de Dios, El sí tiene un plan –
y lo demostró anunciando con anticipación los detalles del
exilio.

Así como hubo tres diferentes invasiones, también hubo tres
regresos diferentes. El primero, que tuvo lugar como resultado
del edicto de Ciro, fue dirigido por Zorobabel y Jesúa.
Zorobabel fue el gobernador, el líder político, y Jesúa el sumo
sacerdote. Durante la vida de estos dos hombres, el objetivo
principal fue la reconstrucción del templo, para que se pudiera
adorar a Dios.

En el plan de Dios, el templo tenía que ser reconstruido para
que Jesús pudiera llegar a él. Este tiempo de restauración sólo
fue parcial. Por ejemplo, cuando se pusieron los cimientos del
templo, mucha gente que recordaba el templo de Salomón lloró.
Ellos sabían que este templo no alcanzaría la gloria del
anterior. La restauración sólo fue parcial; Jesús traería la
renovación completa.

Zorobabel y Jesúa enfrentaron oposición por parte de las
autoridades seculares vecinas. Ellos no querían que Jerusalén se
volviera a levantar, y lograron desanimar tanto a los líderes
que la reconstrucción se detuvo. Sin embargo, Dios levantó a dos
profetas – Hageo y Zacarías, cuyas profecías se encuentran en
los libros que llevan sus nombres – para animar al pueblo a
seguir.

Bajo el liderazgo de estos profetas, el pueblo mandó una carta
al emperador persa – que ahora era Darío, puesto que Ciro había
fallecido. Sus enemigos alegaban que los judíos estaban
realizando la reconstrucción sin permiso del rey. Darío entonces
mandó hacer una investigación de todos los archivos del imperio,
y encontró en un palacio lejos de su capital una copia del
edicto de Ciro.

Inmediatamente ordenó que los que se habían opuesto a la
reconstrucción dejaran de estorbarla, y que además se sufragaran
los gastos de la reconstrucción con los impuestos de la región.
¡Esto saldría de los bolsillos de los enemigos del templo! La
reconstrucción del templo se renovó, y fue terminado poco
después.

¡Observen cómo Dios usa hasta a sus enemigos para pagar por lo
que El decide hacer! Cuando enfrentas oposición a causa del
evangelio, recuerda lo que Dios hizo cuando los judíos
enfrentaban oposición durante la reconstrucción del templo.
Cuando el pueblo se desanimó, quedaron estancados. Sin embargo,
cuando se levantaron en fe, Dios fue capaz hasta de sacar de los
bolsillos de sus enemigos para pagar la reconstrucción. ¡No
pierdas la fe!

El pueblo ahora tenía un templo reconstruido, pero faltaban
algunas cosas más. Unos sesenta años después de la
reconstrucción del templo, Dios trajo un segundo grupo de
exiliados a Jerusalén bajo el liderazgo de Esdras. Leamos de él
en Esdras 7:6: “este Esdras subió de Babilonia. Era escriba
diligente en la ley de Moisés, que Jehová Dios de Israel había
dado; y le concedió el rey todo lo que pidió, porque la mano de
Jehová su Dios estaba sobre Esdras.”

Aunque se había criado lejos de Jerusalén en Babilonia, Esdras
era un hombre estudioso de las Escrituras, un escriba. Bajo
Esdras sucedió algo sumamente importante para la restauración
del pueblo de Dios. Encontramos el relato de estos eventos en el
libro de Nehemías, su contemporáneo. Leamos Nehemías 8:1-3, 5-6
y 8-9:

8:1 y se juntó todo el pueblo como un solo hombre en la plaza
que está delante de la puerta de las Aguas, y dijeron a
Esdras el escriba que trajese el libro de la ley de Moisés,
la cual Jehová había dado a Israel.
8:2 Y el sacerdote Esdras trajo la ley delante de la
congregación, así de hombres como de mujeres y de todos los
que podían entender, el primer día del mes séptimo.
8:3 Y leyó en el libro delante de la plaza que está delante de
la puerta de las Aguas, desde el alba hasta el mediodía, en
presencia de hombres y mujeres y de todos los que podían
entender; y los oídos de todo el pueblo estaban atentos al
libro de la ley.

8:5 Abrió, pues, Esdras el libro a ojos de todo el pueblo,
porque estaba más alto que todo el pueblo; y cuando lo
abrió, todo el pueblo estuvo atento.
8:6 Bendijo entonces Esdras a Jehová, Dios grande. Y todo el
pueblo respondió: ¡Amén! ¡Amén! alzando sus manos; y se
humillaron y adoraron a Jehová inclinados a tierra.

8:8 Y leían en el libro de la ley de Dios claramente, y ponían
el sentido, de modo que entendiesen la lectura.
8:9 Y Nehemías el gobernador, y el sacerdote Esdras, escriba, y
los levitas que hacían entender al pueblo, dijeron a todo el
pueblo: Día santo es a Jehová nuestro Dios; no os
entristezcáis, ni lloréis; porque todo el pueblo lloraba
oyendo las palabras de la ley.

El pueblo tenía dos problemas. La ley debía de leerse con
regularidad de forma pública, para que los que no sabían leer la
pudieran oír. Además de esto, la ley estaba escrita en hebreo, y
la gente hablaba arameo. Los idiomas son similares, pero no
idénticos – algo así como el español y el portugués.

Como resultado, era necesario que se leyera la Palabra de Dios,
pero también que se explicara. Dios había levantado al hombre
perfecto para esta tarea – Esdras, un hombre versado en los dos
idiomas y también en la ley del Señor. En esta ocasión, como en
tantas otras, el avivamiento del pueblo de Dios vino como
resultado de la lectura de la Palabra de Dios y su exposición
pública.

Observen ahora cómo respondió el pueblo. Leamos Nehemías 9:1-3:

9:1 El día veinticuatro del mismo mes se reunieron los hijos de
Israel en ayuno, y con cilicio y tierra sobre sí.
9:2 Y ya se había apartado la descendencia de Israel de todos
los extranjeros; y estando en pie, confesaron sus pecados, y
las iniquidades de sus padres.
9:3 Y puestos de pie en su lugar, leyeron el libro de la ley de
Jehová su Dios la cuarta parte del día, y la cuarta parte
confesaron sus pecados y adoraron a Jehová su Dios.

Anteriormente leímos que habían respondido con lágrimas a la
lectura de la Palabra del Señor. Ahora leemos que ellos actuaron
para expresar su arrepentimiento. Se vistieron de luto,
confesaron públicamente sus pecados y reconocieron su
responsabilidad ante Dios.

Cada vez que el pueblo de Dios es restaurado, sucede lo mismo.
La lectura de su Palabra produce convicción y arrepentimiento.
La Biblia revela nuestro error y nos llama al arrepentimiento.

Hablemos ahora de la tercera etapa en la restauración del pueblo
de Dios. Se había reconstruido el templo, y el pueblo se había
purificado y dedicado al Señor. Sin embargo, Jerusalén seguía
desprotegida. Los muros que se habían tumbado 135 años antes
durante la invasión babilónica seguían en ruinas. Como
resultado, la ciudad estaba desprotegida.

Dios levantó a un hombre más para guiar al pueblo en la
reconstrucción de los muros. El se llamaba Nehemías. Era el
copero del rey; a él le tocaba probar todo lo que bebía el rey
para asegurarse de que no había sido envenenado. Un día,
llegaron unos hombres de Jerusalén con la noticia de que los
muros de Jerusalén seguían en ruinas.

Nehemías respondió a esto como respondió a todo: con oración.
Luego, se acercó al rey y le pidió permiso para regresar a
Jerusalén y guiar la reconstrucción del muro. Dios oyó sus
oraciones, y el rey se mostró favorable. Sin embargo, se
presentarían más dificultades. Así como lo habían hecho cuando
se reconstruyó el templo, los vecinos también se opusieron a la
reconstrucción del muro.

Hermanos, no nos debe de sorprender la oposición. La oposición
puede venir de afuera, y también puede venir de adentro.
Nehemías descubrió que algunas personas del pueblo se estaban
aliando con los enemigos de la reconstrucción. No nos debe de
sorprender la oposición. Tenemos que responder como lo hizo
Nehemías: a Dios orando, y con el mazo dando.

Como resultado, se terminó la reconstrucción. Llegó el día de la
dedicación del muro, y Nehemías hizo dos grandes coros de
cantantes. Uno de ellos empezó a caminar sobre los muros en una
dirección, y el otro en la otra dirección. ¡Imagínense cómo
habrá sido el espectáculo! Nehemías 12:43 nos da el resultado de
todo esto: “Y sacrificaron aquel día numerosas víctimas, y se
regocijaron, porque Dios los había recreado con grande
contentamiento; se alegraron también las mujeres y los niños; y
el alborozo de Jerusalén fue oído desde lejos.”

Al reflexionar sobre estos hechos, me pregunto: ¿qué tiene
planeado Dios para nosotros? ¿Tendrá más bendiciones para
darnos? Estoy convencido de que sí las tiene. ¿Cómo, entonces,
llegaremos a la restauración y el avivamiento que Dios desea
para nosotros?

Las mismas cosas que sucedieron en la restauración después del
exilio tienen que suceder en nosotros también. En primer lugar,
tenemos que unirnos a pesar de la oposición. La obra de
reconstrucción se detuvo cuando los enemigos lograron desanimar
al pueblo. Cuando se unió, la obra continuó y fue exitosa.

En segundo lugar, tenemos que escuchar la Palabra y permitir que
el Espíritu traiga convicción a nuestros corazones. Cada
avivamiento del pueblo de Dios ha reflejado esto. Sin el amor a
la Palabra y el odio al pecado, el pueblo de Dios se queda en la
mediocridad.

Tenemos la seguridad de que, si permitimos que Dios haga esto en
nosotros, el resultado traerá gran gozo. El mismo regocijo que
Dios puso en el corazón de su pueblo llenará nuestros corazones
también, ¡y se oirá desde lejos! ¿Deseas esto? ¿Estás dispuesto
a permitir que el Señor haga su obra restauradora? Te invito hoy
a comprometerte de nuevo con el Señor, y pedirle que El haga
esta obra en nosotros.

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5 comentarios to “La restauración del pueblo de Dios”

  1. Jesús el Cristo 6 septiembre 2010 a 10:47 PM #

    Que bien que me amas hija, yo también te amo, siempre te amaré y te estaré esperando acá arriba.

    Se que haces bien y que predicas la palabra, se que te arrepientes en mí y por eso tienes la salvación asegurada.

    Me encanta cuando te bañas en mi sangre para lavar tus pecados…es tan sexy.

    Espero que me recibas dentro de tí, muy muy muy adentro; te prometo que vas a sentir todo el poder del espíritu santo dentro de tí cuando me recibas.

    Te veré hoy en la noche hija, como siempre en tus oraciones.

  2. Renton 6 septiembre 2010 a 11:44 PM #

    Qué puede llevar a alguien a perder el tiempo y dejar comentarios así?

    😆

  3. Anónima 7 septiembre 2010 a 1:10 AM #

    Ehmm

    madness?

    😦

  4. Ariel 12 septiembre 2010 a 7:37 PM #

    Hay que tener mas respeto por Jesucristo y no hacerse pasar por el, creo que no le llegas ni a los pies. “es tan sexy” no te burles del Señor, el no quiere que nos bañemos en su sangre, eso suena a pelicula de terror, el quiere que lo reconozcamos como el hijo de Dios, el Mesias y que sigamos sus enseñanzas.

  5. Betzabé 18 octubre 2010 a 3:46 AM #

    que repugnante este tipo de comentarios, de verdad q gente tan enferma por eso el mundo esta como esta, JESUCRISTO es un Dios de respeto, un Dios de Amor… un amor puro, es nuestro Padre Celestial quien merece toda GLORIA y toda HONRA!!!!!

Los comentarios están cerrados.

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