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¿Ataduras o Libertad?

4 Sep

¿Ataduras o Libertad?

En Hechos 21 el apóstol Pablo se enfrenta a una de las muchas acusaciones que recibió acerca de la manera en que hacía la Obra que el Señor le había encomendado.

Apenas llegó a un lugar, compartió con todos lo que Dios estaba haciendo…

“Cuando llegamos a Jerusalén, los hermanos nos recibieron con gozo. Y al día siguiente Pablo entró con nosotros a ver a Jacobo, y se hallaban reunidos todos los ancianos, a los cuales, después de haberles saludado, les contó una por una las cosas que Dios había hecho entre los gentiles por su ministerio” (Hechos 21:17-19)
Ellos se regocijaron, pero inmediatamente encontraron algo para criticar…

“Cuando ellos lo oyeron, glorificaron a Dios, y le dijeron: Ya ves, hermano, cuántos millares de judíos hay que han creído; y todos son celosos por la ley. Pero se les ha informado en cuanto a ti, que enseñas a todos los judíos que están entre los gentiles a apostatar de Moisés, diciéndoles que no circunciden a sus hijos, ni observen las costumbres” (Hechos 21:20-21)
En seguida, le impusieron sus “costumbres y tradiciones”…

“Haz, pues, esto que te decimos: Hay entre nosotros cuatro hombres que tienen obligación de cumplir voto. Tómalos contigo, purifícate con ellos, y paga sus gastos para que se rasuren la cabeza y todos comprenderán que no hay nada de lo que se les informó acerca de ti…” (Hechos 21:23)
Pablo aceptó hacer lo que le decían…

“Entonces Pablo tomó consigo a aquellos hombres, y al día siguiente, habiéndose purificado con ellos, entró en el templo…” (Hechos 21:26)
Pero esto no fue suficiente para aquellos que no aceptaban cambios en las costumbres establecidas…

“Pero cuando estaban por cumplirse los siete días, unos judíos de Asia, al verle en el templo, alborotaron a toda la multitud y le echaron mano… y procurando ellos matarle… Pero entre la multitud, unos gritaban una cosa, y otros otra, y como no podía entender nada de cierto a causa del alboroto… la muchedumbre del pueblo venía detrás, gritando: ¡Muera!” (Hechos 21:27,31,34,36)
Esa multitud actuaba de manera enardecida y descontrolada, aferrada a tradiciones que arrastraban por siglos no permitiendo aún que los extranjeros pudieran conocer sus templos:

“Porque antes habían visto con él en la ciudad a Trófimo, de Efeso a quien pensaban que Pablo había metido en el templo” (Hechos 21:29)
Había reglas a respetar tal como habían dicho los ancianos…

“En cuanto a los gentiles que han creído, nosotros les hemos escrito determinado que no guarden nada de esto; solamente que se abstengan de lo sacrificado a los ídolos, de sangre, de ahogado y de fornicación” (Hechos 21:25)
Pero no debería haber legalismos que llevaran al descontrol (Hechos 21:34)

¿Cómo actuamos en nuestras iglesias, en nuestros lugares de reunión, en nuestros ministerios? Nuestras “reglas” impiden acercarse a los que no creen, aprisionan a los hermanos, nos arrastran a actuar descontroladamente?

Leamos lo que dice Gálatas 5:1,13…

“Estad, pues, firmes en la libertad con que Cristo nos hizo libres, y no estéis otra vez sujetos al yugo de esclavitud… Porque vosotros, hermanos, a libertad fuisteis llamados; solamente que no uséis la libertad como ocasión para la carne, sino servíos por amor los unos a los otros”
Recordemos: Si unos y otros, guiados por el Señor, hacemos lo que debemos… Su Palabra se extenderá con libertad…

TBS
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MANTÉNGASE EN EL AMOR DE DIOS

4 Sep
David Wilkerson Today
FRIDAY, SEPTEMBER 3, 2010
MANTÉNGASE EN EL AMOR DE DIOS
Hace años, Dios puso en mi corazón empezar un hogar para niños en Long Island. En verdad, sentía que Dios estaba detrás de esta obra. Aun así, después de tan sólo dieciocho meses, los oficiales del estado impusieron reglamentos de tal restricción sobre el funcionamiento de un hogar, que no tuvimos otra opción que cerrarlo.
Habíamos conseguido cuatro niños durante el breve tiempo que estuvimos funcionando. Después de cerrar, perdí contacto con ellos. Siempre pensé que dicha gestión fue uno los mayores fracasos de todos los tiempos. Durante más de tres décadas, me preguntaba por qué Dios permitió que avancemos con ello.
Recientemente, recibí una carta de un hombre llamado Clifford, él me contó la siguiente historia:
“Hermano David, yo fui uno de los cuatro niños recibidos en el hogar en Long Island. Sus tutores fueron muy amorosos y tiernos. Nos enseñaban la Biblia y nos llevaban a la iglesia. Un día nos llevaron a una iglesia que estaba teniendo una campaña de avivamiento en una carpa. Yo estaba todo amargado e indispuesto. Fue allí, bajo la carpa, que el Espíritu Santo comenzó a llamar
a mi corazón. Oí al predicador decir: “Jesús te ama”. Todos los años de dolor, confusión y desesperanza afloraron. Me puse de rodillas y oré. Eso fue hace treinta y cinco años. Ahora Dios me ha llamado a predicar y me está llevando al ministerio a tiempo completo. Este “gracias” ha estado hirviendo en mí todo este tiempo. Sólo quiero agradecerle por preocuparse. Yo sé lo que es el amor de Dios”.
La carta de este hombre me demuestra que nada de lo que hagamos para Cristo es en vano. Ese hogar de niños no fue un fracaso, porque un perdido y confundido niño judío descubrió el significado del amor de Dios.

David Wilkerson Today
FRIDAY, SEPTEMBER 3, 2010
MANTÉNGASE EN EL AMOR DE DIOS
Hace años, Dios puso en mi corazón empezar un hogar para niños en Long Island. En verdad, sentía que Dios estaba detrás de esta obra. Aun así, después de tan sólo dieciocho meses, los oficiales del estado impusieron reglamentos de tal restricción sobre el funcionamiento de un hogar, que no tuvimos otra opción que cerrarlo.
Habíamos conseguido cuatro niños durante el breve tiempo que estuvimos funcionando. Después de cerrar, perdí contacto con ellos. Siempre pensé que dicha gestión fue uno los mayores fracasos de todos los tiempos. Durante más de tres décadas, me preguntaba por qué Dios permitió que avancemos con ello.
Recientemente, recibí una carta de un hombre llamado Clifford, él me contó la siguiente historia:“Hermano David, yo fui uno de los cuatro niños recibidos en el hogar en Long Island. Sus tutores fueron muy amorosos y tiernos. Nos enseñaban la Biblia y nos llevaban a la iglesia. Un día nos llevaron a una iglesia que estaba teniendo una campaña de avivamiento en una carpa. Yo estaba todo amargado e indispuesto. Fue allí, bajo la carpa, que el Espíritu Santo comenzó a llamara mi corazón. Oí al predicador decir: “Jesús te ama”. Todos los años de dolor, confusión y desesperanza afloraron. Me puse de rodillas y oré. Eso fue hace treinta y cinco años. Ahora Dios me ha llamado a predicar y me está llevando al ministerio a tiempo completo. Este “gracias” ha estado hirviendo en mí todo este tiempo. Sólo quiero agradecerle por preocuparse. Yo sé lo que es el amor de Dios”.
La carta de este hombre me demuestra que nada de lo que hagamos para Cristo es en vano. Ese hogar de niños no fue un fracaso, porque un perdido y confundido niño judío descubrió el significado del amor de Dios.
Read this devotion online: http://www.worldchallenge.org/es/node/9765