EL CRUCE MILAGROSO DEL JORDAN

30 Ago

Retrocedamos en el tiempo para vivir de cerca como las aguas del Jordán se abrieron para que los israelitas cruzaran sobre tierra seca. Al morir Moisés surge Josué como nuevo jefe de los israelitas, el mismo que había librado batallas que finalmente dieron a los descendientes de Abraham la anhelada Tierra Prometida. Vamos directamente al suceso hermano lector, no se me duerma y sígame de cerca para ser testigos de este gran milagro. Ahí estaba Josué recibiendo órdenes y consejos del mismo Dios, me hubiera gustado estar en sus zapatos. Para los israelitas entrar a la Tierra Prometida no era una invasión más, sino un regreso al hogar. Cada movimiento era importante, no se podían cometer errores, las órdenes de Jehová tenían que ejecutarse al dedillo. Un par de espías que habían estado escondidos en las montañas occidentales de Jericó durante tres días regresaron al campamento.


Estos se reunieron a puerta cerrada con Josué replicando: “Rahab la prostituta nos ayudó, ella nos informó que los habitantes están completamente atemorizados, nos temen, ellos saben de cómo se dividió milagrosamente las aguas del Mar Rojo y la bravura de nuestros guerreros. Luego de la conversación Josué reúne a todos sus oficiales y les relató lo que los espías le habían informado, sus próximas palabras fueron, llegó el momento de atacar. Vayan al campamento y díganles a todos que preparen alimentos y que estén listos para marchar, porque dentro de tres días vamos cruzar el Jordán. Me imagino, la sensación y la excitación que se produjo cuando el pueblo escuchó las órdenes, este sencillamente era el momento que habían esperado durante tanto tiempo.


Heyyyyyyyyy, hermanoooo lector estas ahí, prepárate para cruzar el Jordán y entrar a la tierra que fluye leche y miel. Había solo un problema, el Jordán, como estaba crecido, tenía más de un kilometro de ancho, incluyendo la marisma (pantano) de cada lado. Como entonces Josué planeaba cruzar a un millón de personas, construiría un puente, traería botes… ¿qué?. Llegó el momento de la verdad, todos estaban felices, se prepararon los alimentos, se doblaron las tiendas, se empacó la ropa y se cargaron los carros. Pero, no había señales de que se hubieran iniciado ningún trabajo para construir un puente o botes. Se corrió la voz por el campamento que todos debían observar a los levitas cuya actuación serviría como señal de partida.

“CUANDO VEAIS EL ARCA DE LA ALIANZA DE JEHOVA VUESTRO DIOS, LLEVADA POR LOS SACERDOTES, HIJOS DE LEVI, DIJO JOSUE, PARTIREIS DE ESTE LUGAR DONDE ESTAIS ACAMPADOS Y OS PONDREIS EN MARCHA TRAS ELLA”.


Todos los ojos se volvieron hacia el centro del campamento, donde había estado el tabernáculo durante las últimas semanas. Ya no estaba más allí puesto que habían desmontado el armazón de madera recubierta de oro, se había doblado con cuidado las hermosas cortinas y se habían cubierto reverentemente los muebles. Los levitas estaban preparados esperando la orden seca de Josué para cargar la preciosa carga a través del Jordán, ancho, torrentoso y profundo.


No te quedes hermano lector, únete al grupo y gózate de este gran privilegio porque cuando cruces junto a los israelitas la mano de Dios obrara en tu vida. Habrá un milagro en tu vida, se irá tu enfermedad, vendrá la provisión, tu carga se aliviará, esa bendición que tanto esperas tocará a tu puerta, solo cree y el hará… bendito sea del nombre de Jehová, que se haga su voluntad.

Era la última noche, antes de cruzar, hay silencio en el campamento, padres, madres, niños y niñas, están orando pidiendo perdón por sus pecados.


Mientras escribo puedo ver esta escena, es grandiosa y significativa, hay que ver la gran entrega de santificación, seamos parte de esto hermanos. Al amanecer comenzó el movimiento y Josué reunió al pueblo y les replicó: “Acercaos y oíd las palabras de Jehová, vuestro Dios, en esto vais a conocer que el Dios vivo esta en medio de vosotros, el Arca de la Alianza del dueño de toda la tierra va a entrar delante de vosotros en el Jordán y cuando los sacerdotes que llevan el Arca pongan la planta de sus pies en la aguas del Jordán, estas se partirán y las que bajan de arriba se pararan en montón”. El pueblo al oír estas palabras se emocionaron diciendo: “Vamos a cruzar el Jordán en seco como nuestros padres cruzaron el Mar Rojo”.


Acto seguido los sacerdotes comienzan a moverse hacia el río, hay un silencio profundo, cada vez más y más se van acercando, la corriente es fuerte, nada ocurre, siguen caminando y finalmente sus pies tocan el agua. De repente el agua comienza a retirase hasta separarse unos cien pies y formar un camino seco en el medio. Los sacerdotes avanzan y a la orden de Josué se detienen en el medio del río, el pueblo comienza a cruzar, crucemos con ellos hermano lector, no olvides ponerte en las manos de Dios y que tu fe en este momento sea la llave de tu bendición.


De esta manera comenzó el desfile del pueblo de Israel a través de Jordán llevando consigo su ganado y sus carros tan rápido como es posible. Hora tras hora continuaron cruzando hasta pasar el último hombre, la última mujer, el último muchachito y la última niñita y llegar a salvo hasta la otra orilla. Ahora Josué envía a decir a los sacerdotes que sostienen el Arca en medio del río, salid del Jordán. Estos comenzaron a salir y en cuanto llegaron a la orilla las aguas volvieron a fluir cubriendo por completo el lugar donde ellos habían estado.


Todos estaban asombrados, un millón de personas habían cruzado sin valerse de un puente ni un bote, ese era el prodigio que Dios había prometido obrar. Para asegurarse de que el pueblo no iba a olvidarse jamás de ese milagro, antes de que los sacerdotes abandonaran el lugar, Josué pidió a doce hombres, uno de cada tribu que trajeran doce piedras y las amontonaran una encima de otra formando así un monumento conmemorativo de este evento.


Cuando un día os pregunten vuestros hijos: que significan esas piedras, instruid a vuestros hijos, diciendo: Israel paso este Jordán pie, porque Jehová, vuestro Dios, seco delante de vosotros las aguas del Jordán, para que todos los pueblos de la tierra sepan que es poderosa la mano de Jehová y vosotros conservéis siempre el temor de Jehová, vuestro Dios. Aunque es triste decirlo el montón de piedras desapareció con los años así como el recuerdo de lo que Dios había hecho.


EDWIN KAKO VAZQUEZ

ESCRITOR E HISTORIADOR

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