Amistad, comunión…

30 Ago

Amistad, comunión…

En Santiago 4:4 leemos:

“¡Oh almas adúlteras! ¿No sabéis que la amistad del mundo es enemistad contra Dios? Cualquiera, pues, que quiera ser amigo del mundo, se constituye enemigo de Dios”
El Señor Jesucristo dijo:

  • “Si el mundo os aborrece, sabed que a mí me ha aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo,, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo os aborrece” (Juan 15:18-19)

El sistema mundano no aprecia al hijo de Dios. El fiel creyente no puede ser amigo del mundo. Entonces, ¿qué queda? ¿Vivir como ermitaños, aislados de todos y sin amigos ni nadie con quien compartir?

Pues… ¡NO! La Biblia nos da excelentes opciones para sociabilizar y hacer amistades…

En el libro de los Hechos vemos una muestra de ello, en la relación que tenían los primeros cristianos:

Compartían los bienes y las alegrías…

  • “Todos los que habían creído estaban juntos… y comían juntos con alegría y sencillez de corazón” (Hechos 2:44, 46)

Compartían el dolor y los problemas…

  • “Y puestos en libertad, vinieron a los suyos y contaron todo lo que los principales sacerdotes y los ancianos les habían dicho” (Hechos 4:23)

Compartían los triunfos de la fe…

  • “Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló, y todos fueron llenos el Espíritu santo… y la multitud de los que habían creído era de un corazón y un alma… ” (Hechos 4:31-32)

Compartían las necesidades…

  • “En aquellos días, como creciera el número de los discípulos, hubo murmuración de los griegos contra los hebreos, de que las viudas de aquellos eran desatendidas en la distribución diaria” (Hechos 6:1)

Estos cristianos eran amigos. Desde el momento inicial de compartir el milagro de la salvación, su vida social giraba al compás de la comunión espiritual.

En 2 Corintios 6:15-16 vemos que no puede haber comunión ente el que es de Dios y el que no lo es:

  • “… ¿qué comunión la luz con las tinieblas? ¿Y que concordia Cristo con Belial? ¿O qué parte el creyente con el incrédulo?”

¿Cómo podría haber una amistad profunda entre creyentes e incrédulos, si no había una base espiritual sobre la cual compartir?

Jesús dijo:

  • “Nadie tiene mayor amor que este, que uno ponga su vida por sus amigos. Vosotros sois mis amigos, si hacéis lo que yo os mando” (Juan 15:13-14)

¿A quienes llamamos amigos? ¿Diremos “amigo” y tendremos comunión, con alguien que no hace la Voluntad de Dios?

Recordemos: Solo puede haber verdadera y profunda amistad entre quienes comparten lo más importante de la vida, la comunión espiritual.

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