En el desierto…¿Una voz?

24 Ago

En el desierto…¿Una voz?

Vivo en la ciudad de Buenos aires desde hace poco más de un año.
Nunca voy a olvidar la primera vez que la vi desde el aire: un mar interminable de edificios que se alzaban desafiantes ante las leyes físicas. Cuando desde la tierra pude recorrerla, tuve la misma sensación de sentirme diminuta e invisible.

Hoy, abro el diario del día y encuentro los titulares hablándome del acontecer de esta ciudad: “Crece la ola de inseguridad”, “Varios rehenes en asalto a un banco”, “Crecen las denuncias por violencia familiar”, “Aumentan los índices de desocupación y pobreza”.

Paradójicamente, la acumulación de personas no hace al crecimiento de la comunidad, sino al desconocimiento del otro y la desconfianza. Simplemente somos miles acumulados en un espacio. Cada uno preocupado en defender lo propio teniendo siempre la sensación de que van a arrebatárnoslo. Vivimos preocupados, llenos de temor y solos.

Ya no me siento en un mar… me siento en un desierto. Un desierto estéril de lazos, de amor, de comprensión, de solidaridad, de mutualismo. Muchas, muchísimas personas viven la soledad aún rodeadas de gente. Muchos vivimos y transitamos por desiertos. Andamos buscando un sorbo de agua fresca en la realidad tan cruenta que nos toca vivir. Muchos miles o millones en esta ciudad viven hoy en su desierto. Solos, sin rumbo, muriendo de sed.

Pero hay muchos vasos que ofrecen calmar este penar. Hay muchas salidas que se presentan al hombre en su búsqueda. Muchas voces dan sus fórmulas y orientan hacia la felicidad.

“VOZ de uno que GRITA en el DESIERTO…” (Marcos 1:3)
“Por tanto, VAYAN y hagan discípulos de todas las naciones…” (Mateo 28:19)

¿Quién levantará la voz de Dios? Tenemos que alzar nue stra voz más alto que las miles de voces que hoy se difunden. ¡Tenemos que gritar! Gritar el camino, gritar con nuestra voz y con nuestra vida que la sed sólo va a pasar el día que beban del manantial de vida eterna.

El “vayan” implica el esfuerzo de salir de nuestra comodidad, de nuestro lugar, para trasladarnos al lugar donde se necesite. Movernos, ponernos en marcha
Veamos los desiertos que habitan nuestros amigos, nuestras familias y cualquier persona que nos rodea. No acostumbremos nuestra vista a este paisaje, debemos tener la capacidad de verlo para poder alzar nuestra voz.

Porque Dios vio un día nuestro desierto, vio la soledad en la que vivíamos y nos cambió la vida, quiere que SALGAMOS Y GRITEMOS EN EL DESIERTO.
Equipo de colaboradores del Portal de la Iglesia Latina
http://www.iglesialatina.org
meryrueda

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