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La mujer en el ámbito evangélico argentino

15 Ago

10.06.2010 | CREDOS
La mujer en el ámbito evangélico argentino
Los roles religiosos se modificaron al ritmo de los cambios de nuestra sociedad, lo que les permitió a las religiosas ejercer actividades como Ministro, Pastor y hasta Obispo.

Pastor Rodolfo E. Couto
Desde tiempos inmemoriales, el rol de la mujer en nuestro medio, se mantuvo limitado a la familia y acompañamiento del hombre, quien tenía a su cargo las principales funciones y responsabilidades religiosas. Salvo honrosas excepciones, pudo desarrollar actividades en áreas como el diaconado. Pero, en la actualidad podemos admirar con sumo agrado, cómo la mujer ocupo un lugar preponderante, lo que permitió que el desarrollo de las Iglesias y comunidades evangélicas protestantes fuera muy importante.

No cabe duda que los cambios sociales, políticos y religiosos recientes, impactaron fuertemente en la vida de nuestras comunidades eclesiales. La mayoría de los miembros activos -incluyendo a nuestros Ministros- desarrollan actividades laborales particulares y, a la luz del deterioro laboral y social de los últimos tiempos, tuvimos que dedicar más tiempo a nuestros trabajos, para no sólo atender nuestras necesidades familiares, sino también sostener nuestro culto, situación por demás desafiante. En este sentido, las posibilidades de dedicar tiempo y recursos necesarios a nuestra comunidad se vieron razonablemente afectadas.

Desde hace algunas décadas, la mujer en nuestras Iglesias ocupa cada vez más lugar en nuestra liturgia y tiene participación ya no sólo a través de la música, el canto, el trabajo con los niños y los necesitados. En muchas situaciones y ante la imposibilidad del Ministro de poder ejercer las actividades eclesiales vinculadas al culto, la mujer empezó a cubrir distintas responsabilidades litúrgicas, no sólo en la música, sino también en los aspectos teológicos, docentes y ministeriales.

Rápidamente, la mujer pasó de las actividades sociales (ropero comunitario, comedores infantiles, atención de personas carenciadas, trabajo con los niños, etc.) a las responsabilidades pastorales. Nuestros seminarios de formación teológica vieron de qué manera la asistencia de las damas aumentó considerablemente. Hoy no es difícil ver a la mujer desarrollar actividades como Ministro Religioso, Pastor y hasta Obispo.

También, debemos reconocer la gran labor que ellas desarrollan en las distintas Federaciones que nucléan a las Iglesias Evangélicas en nuestro país, incluso al ocupar cargos directivos en las mismas o el caso de Pastoras donde su esposo no desarrolla u ocupa responsabilidades eclesiales.

Es notable la capacidad de trabajo de las Hermanas en nuestra Iglesias. Hoy podemos dar gracias a Dios, y decir que no hay actividad y/o responsabilidad que no puedan cubrir, y lo hacen con altísima eficiencia y espiritualidad. Los roles religiosos se modificaron al ritmo de los cambios de nuestra sociedad. Por supuesto, hay instituciones o Iglesias más conservadoras que todavía no se benefician o entienden plenamente la seriedad, idoneidad y extraordinarias cualidades de nuestra mujer argentina.

Rodolfo E. Couto, Pastor de la Iglesia Evangélica Encuentro con Dios y Presidente de la Federación Argentina de Iglesias Evangélicas (FAIE).

http://www.entremujeres.com/actualidad/espiritualidad/mujer_ambito_evangelico_argentino_0_277772247.html

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15 Ago

Teología Del Banano.

15 Ago

Hace treinta años mi esposa Doris y yo vivimos en una finquita en Mata de Plátano de El Carmen (Guadalupe, Costa Rica).
Parte de la finca, cerca de la casa, tiene facilidades para retiros de las iglesias. La otra parte, mucho más grande, es cafetal y plantación de bananos.
Esa parte me toca a mí, y cuando pongo mis botas para salir a cosechar el grano rojo o andar revisando los bananos, siento una felicidad muy grande. Además, los bananos me han enseñado unas valiosas lecciones espirituales, que quisiera compartir en esta conversación.
Lo primero que me impresiona del vástago de banano es que da toda su vida para producir un sólo racimo de fruto. ¡Toda una vida, para un solo racimo! Una mata de banano concentra su ser entero en una sola causa: producir su racimo.
Después de cosechar el fruto maduro (ojalá antes de que las ardillas lleguen a comérselo), no queda más que cortar el vástago y dejarlo para enriquecer el suelo.
¿No les parece eso una lección para nosotros? Tenemos una sola vida, sin oportunidad de repetir. Lo que vamos a hacer para el Señor, tenemos que hacerlo ahora, en esta vida mientras dure, porque después será demasiado tarde.
Por eso debemos enfocar toda nuestra vida hacia una meta bien definida: cumplir la voluntad de Dios y producir buen fruto para su reino.
Los bananos nos enseñan también otra lección: ellos siempre se reproducen. Cuando tengo que cortar el vástago que ya dio su fruta, me doy cuenta que su tronco está rodeado de “hijas”.
No muere sin dejar atrás una nueva generación. Son estas “hijas” que van a continuar la labor de su “mamá” y mantendrá a la finca surtida de sabrosos bananos. De igual manera, nosotros como cristianos estamos llamados a reproducirnos, a sembrar en otras personas la vida que Cristo nos ha dado.
El proyecto cristiano no es solitario sino comunitario; cada cristiano o cristiana debe ser como aquella mata rodeada de sus tiernas “hijas”. Cristo nos ha llamado para que llevemos mucho fruto. Y a la hora de salir de este mundo, dejaremos la obra del Señor en manos bien preparadas para llevar adelante la causa del evangelio.
Otra cosa linda del banano, es que da su fruto en todo tiempo. No tiene “temporada”, como, por ejemplo, el café o los nísperos. Para el banano, todo tiempo es tiempo de producción y servicio. ¿Tenemos nosotros como cristianos la misma constancia? Me parece que hay “cristianos de temporada”, que a veces son y a veces no son. ¡Que aprendamos del banano!
El banano posee también otra gran virtud: a diferencia del mango o la naranja, el banano es muy fácil de pelar, muy fácil de comer y muy fácil de digerir, pero a la vez es muy nutritivo.
Nos alimenta y ayuda mucho para la salud. Nuestro mensaje también debe ser accesible al receptor, “fácil de pelar”, pero su contenido debe ser substancioso (con contenidos bíblicos) y alimenticio para la vida espiritual.
He observado otra cosas con los bananos: el vástago más grande y grueso no siempre da el racimo más abundante ni los bananos más sabrosos. A veces he visto algún vástago flaco y pequeño doblado por el peso de un enorme racimo, como también uno que casi toca el cielo pero su racimo más bien da tristeza.
Lo que importa no es el tamaño del vástago sino la calidad del banano. El mundo moderno tiene una obsesión con el tamaño, una idolatría de lo grande y un culto al éxito visible. En Apocalipsis 2-3, todas las iglesias que llamaríamos “exitosas” (Éfeso, Pérgamo, Tiatira, Sardis, Laodicea), para Cristo dejaban mucho que desear, y la más “exitosa” hasta le daba asco.
Y las dos iglesias que Cristo aprueba con gozo, nosotros llamaríamos fracasados (la pobre Esmirna, la Filadelfia con poco poder). Podríamos decir que nosotros miramos al vástago pero Dios mira al racimo de fruto.
Una observación final: he notado que muchos vástagos de banano “mueren desde arriba”. Me ha pasado muchas veces ver una planta, aparentemente en buen proceso de maduración, pero entonces cuando miro a sus hojas de más arriba, veo que están totalmente secas y muertas.
La muerte comenzó arriba. Este es un peligro también para cristianos hoy, especialmente líderes, cuando “la muerte comienza arriba”, en la vida pensante. San Pablo nos exhorta a superar esa “muerte cerebral” transformándonos diariamente “por medio de la renovación de nuestro entendimiento” (Rom 12:2).
En esa vida de continua renovación en el Espíritu, el estudio siempre fresco y creativo de la Palabra de Dios debe ser la fuerza renovadora de nuestra vida espiritual y nuestro ministerio.
Dr. Juan Stam.
juanstam@ice.co.cr

MÁS PRECIOSO QUE EL ORO

15 Ago

FRIDAY, AUGUST 13, 2010

MÁS PRECIOSO QUE EL ORO

La historia de la reina Ester una de intensa guerra, una de las mayores

batallas espirituales en toda la Escritura. El diablo intentaba destruir el

propósito de Dios en la Tierra, esta vez a través del malvado Amán. Este

hombre rico, influyente persuadió al rey de Persia a declarar un edicto que

condenaba a muerte a todo judío bajo su gobierno, desde India hasta Etiopía.

El primer judío en la puntería de Amán, era el justo Mardoqueo, el tío de

Ester. Amán había construido una horca, especialmente para Mardoqueo, pero

Ester intervino, convocando al pueblo de Dios a orar y poniendo su vida en

riesgo para oponerse a la orden de Amán. Dios expuso la malvada artimaña, y

Amán acabó colgando de su propia horca. El rey, no sólo revirtió el mandato

de muerte, sino que le dio la casa de Amán a Ester, una propiedad que valdría

millones en nuestros días.

Aun así, la mansión de Amán no fue el único botín tomado en esta historia.

La Escritura nos dice que: “los judíos tuvieron luz y alegría, y gozo y honra”

(Ester 8:16). Éste fue el verdadero botín ganado en la batalla con el enemigo.

Vea usted, nuestras pruebas no sólo nos traen riquezas espirituales, nos

mantienen fuertes, puros, bajo un mantenimiento continuo. A medida que ponemos

nuestra confianza en el Señor, Él hace que nuestras pruebas produzcan en

nosotros, una fe más preciosa que el oro. “Para que sometida a prueba vuestra

fe, mucho más preciosa que el oro, el cual aunque perecedero se prueba con

fuego, sea hallada en alabanza, gloria y honra cuando sea manifestado

Jesucristo” (1 Pedro 1:7).

“Despojando a los principados y a las potestades, los exhibió públicamente,

triunfando sobre ellos en la cruz” (Colosenses 2:15).

Jesús despojó al diablo en el Calvario, quitándole todo poder y autoridad.

Cuando Cristo se levantó victorioso de la tumba, arrebató, del poder de

Satanás, y llevó consigo, un innumerable ejército de cautivos redimidos. Y

dicha procesión de “comprados por sangre”, sigue marchando.

Asombrosamente, el triunfo de Cristo en el Calvario nos dio más que la

victoria sobre la muerte. Obtuvo para nosotros, despojos increíbles en esta

vida: gracia, misericordia, paz, perdón, fuerza, fe, todos lo que necesitamos

para llevar una vida victoriosa. Él nos ha dado toda provisión para el

mantenimiento de su templo: “Cristo como hijo sobre su casa, la cual casa somos

nosotros, si retenemos firme hasta el fin la confianza y el gloriarnos en la

esperanza” (Hebreos 3:6).

El Espíritu Santo nos está mostrando una maravillosa verdad aquí: Jesús nos

ha suplido de todos los recursos que necesitamos, en su Espíritu Santo. Pero

nosotros somos responsables de extraer de dicho tesoro, para mantener su

templo. Y los recursos para mantener el templo, deben venir directamente de los

despojos de nuestra guerra.

Cristo nos ha dado todo lo necesario para que este mantenimiento se lleve a

cabo. Él nos ha adoptado y traído a su casa. Él es la piedra angular de

dicha casa y Él ha limpiado la casa entera. Finalmente, nos ha dado acceso al

Lugar Santísimo. Así que, por fe, ahora somos un templo, plenamente

establecido y completo. Jesús no edificó una casa a medias. Su templo está

acabado.

Este templo debe ser mantenido. Debe estar operativo en todo tiempo. Por

supuesto, conocemos donde hallar los recursos: en el Espíritu de Cristo mismo.

Él es el tesorero de todos los despojos. Dichos recursos son entregados cuando

vemos nuestra necesidad y cooperamos con Dios.

Dicha cooperación comienza cuando estamos en medio del conflicto. Nuestros

recursos son la semejanza a Cristo que ganamos mientras estamos inmersos en la

batalla. Son las lecciones, la fe y el carácter que ganamos en la guerra con

el enemigo. Hay valor en la batalla. Y podemos estar confiados de que el bien

saldrá de ello.

Read this devotion online: http://www.worldchallenge.org/es/node/9544