Exprimiendo el evangelio

9 Ago

El Sermón Dominical
Domingo 27 de Junio del 2010

Exprimiendo el evangelio
Pastor Tony Hancock

Introducción

En un día fresco de la primavera, estamos en la larga cola que
se acerca lentamente a la frontera entre las provincias de
Galilea y Gaulanitis. En frente de nosotros está un grupo de
hombres; parece que uno de ellos es el líder del grupo. Los
demás prestan cuidadosa atención a todo lo que El dice.

Poco a poco nos vamos acercando al puesto del que cobra los
impuestos de aduana a los que llevan mercancía de una provincia
a otra. El cobrador se ve muy cómodo en su asiento. Se nota que
a nadie le cae bien este tipo que exige pagos para un gobierno
lejano, pero nadie se atreve a insultarlo en la presencia de los
soldados que guardan la frontera.

Finalmente el grupo que nos precede llega frente al puesto del
cobrador. Veremos si este grupo tiene algo que declarar, o si
pasarán rápidamente para que nosotros también podamos seguir.
Pero – ¡qué sorpresa! En vez de que el colector les exija algo a
ellos, el hombre que está al centro del grupo le exige algo a
él. ¿Qué es lo que le está diciendo? ¿Sígueme?

¡El hombre tiene que estar loco! Pero ¡espera! ¡Esto sí que es
increíble! ¡El recaudador se levanta de su asiento, deja atrás
todo lo que ha recibido, y se va con el grupo de hombres! Nunca
había visto nada parecido. Bueno, ¡qué suerte que ahora no
tendré que pagar impuestos sobre estas telas que me estoy
llevando!

Ese cobrador de impuestos se llamaba Mateo. Llegó a escribir el
primer evangelio. Su presencia en el grupo de los seguidores de
Jesús llevó a unos roses con los fariseos. Al analizar estas
confrontaciones, podemos aprender mucho acerca de la salvación
que Jesús vino a traernos – y entender mejor cómo vivir en la
plenitud de esa salvación.

Lectura: Mateo 9:9-17

9:9 Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que
estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le
dijo: Sígueme. Y se levantó y le siguió.
9:10 Y aconteció que estando él sentado a la mesa en la casa, he
aquí que muchos publicanos y pecadores, que habían venido,
se sentaron juntamente a la mesa con Jesús y sus
discípulos.
9:11 Cuando vieron esto los fariseos, dijeron a los discípulos:
¿Porqué come vuestro Maestro con los publicanos y
pecadores?
9:12 Al oír esto Jesús, les dijo: Los sanos no tienen necesidad
de médico, sino los enfermos.
9:13 Id, pues, y aprended lo que significa: Misericordia quiero,
y no sacrificio. Porque no he venido a llamar a justos,
sino a pecadores, al arrepentimiento.
9:14 Entonces vinieron a él los discípulos de Juan, diciendo:
¿Por qué nosotros y los fariseos ayunamos muchas veces, y
tus discípulos no ayunan?
9:15 Jesús les dijo: ¿Acaso pueden los que están de bodas tener
luto entre tanto que el esposo está con ellos? Pero vendrán
días cuando el esposo les será quitado, y entonces
ayunarán.
9:16 Nadie pone remiendo de paño nuevo en vestido viejo; porque
tal remiendo tira del vestido, y se hace peor la rotura.
9:17 Ni echan vino nuevo en odres viejos; de otra manera los
odres se rompen, y el vino se derrama, y los odres se
pierden; pero echan el vino nuevo en odres nuevos, y lo uno
y lo otro se conservan juntamente.

Después de empezar a seguir a Jesús, Mateo hizo la cosa más
normal del mundo. Dio una fiesta en su casa e invitó a todos sus
amigos para que conocieran a Jesús. De esta sencilla cena
surgieron dos acusaciones diferentes hacia Jesús.

Las respuestas que El dio a estas acusaciones son muy
importantes para nosotros. Es que nosotros también podemos
cometer los mismos errores que cometieron los del día de Jesús.
Podemos cometer errores que exprimen el evangelio, que no le dan
cabida en nuestra vida.

Miremos estas conversaciones, entonces, para aprender lo que
Dios quiere enseñarnos, y para evitar estos errores tocantes a
la salvación.

– La salvación que Cristo trae no es una nueva lista de reglas

Los fariseos se percataron de lo que estaba pasando en la casa
de Mateo. Según la manera de ver de ellos, Jesús estaba
cometiendo un grave error. La pregunta que ellos hacen no es
para solicitar información, sino que más bien es una acusación.
¿Por qué come su maestro con recaudadores de impuestos y con
pecadores?

La inferencia es, ¿no será El uno de ellos también? Los fariseos
tenían una opinión muy exteriorizada de lo que era mantenerse
puro como un miembro del pueblo de Dios. Estaban en lo correcto
en esto: se esforzaban en mantenerse puros y santos. Era una
meta admirable.

Pero el error que cometían estaba en su forma de lograr esta
meta. Ellos lo estaban tratando de lograr de una manera
exterior, con su sistema de lavamientos, de evitar el contacto
con ciertas personas, de purificación exterior.

Jesús les manda a examinar nuevamente un pasaje que debían de
conocer ya. La frase vayan y aprendan era usada por los rabinos
con sus estudiantes. Cuando había algún estudiante algo torpe
que no entendía bien la lección, ellos decían ve y aprende. Aquí
Jesús les dice a los maestros, Vayan y aprendan. Ellos mismos no
habían aprendido la lección de la misma Palabra de Dios que
enseñaban a sus estudiantes.

¿Qué era lo que debían de aprender? Se trata de un versículo del
Antiguo Testamento, cuando Dios le dice a su pueblo que sus
prácticas religiosas se habían vuelto huecas, y que El deseaba
la misericordia, el amor, y la justicia mucho más que el simple
cumplimiento de sus normas para el sacrificio.

Ellos se habían olvidado del centro. Como algún sacerdote
incaico, habían cortado el corazón vivo de su fe y se habían
quedado con un cadáver muerto de costumbres.

Me pregunto: ¿cuántas veces hacemos nosotros lo mismo? En vez de
darnos cuenta de que Dios nos ha salvado para que vivamos
amándole a El y a los demás, para que vivamos en santidad de
corazón y sinceridad de carácter, le cortamos el corazón a
nuestra fe y nos enfocamos en lo exterior.

Esto se demuestra cuando – consciente o inconscientemente –
empezamos a enumerar listas de cosas que tenemos que hacer para
ser buenos creyentes. Tengo que leer mi Biblia, tengo que ir a
la iglesia, tengo que dejar de decir groserías, tengo que, tengo
que, tengo que…

Dios no está interesado en que simplemente nos esforcemos en
cumplir con ciertos requisitos. Por supuesto, hay muchas cosas
que debemos de hacer. Pero Cristo vino al mundo para que
tuviéramos un nuevo corazón, no simplemente una lista más
completa de lo que Dios desea.

El problema surge cuando dejas de leer la Biblia porque quieres
conocer más de Dios, porque quieres leer esta carta de amor que
Dios te ha escrito, y lo empiezas a leer por obligación. La
respuesta no está en dejar de leerla; está en recordar por qué
la lees.

También surge cuando vienes a la iglesia porque se vería mal si
no vinieras, o porque sientes que un creyente debe de ir a la
iglesia, en vez de venir con el deseo de adorar a Dios y con la
expectativa de que Dios te va a hablar. La respuesta no está en
dejar de venir; está en recordar por qué vienes.

Cuando te encuentras, como los fariseos, con tu lista de reglas
de lo que Dios quiere de ti, vuelve a considerar el corazón de
la fe que has aceptado. Medita sobre el gran amor que Dios ha
mostrado por ti. Considera el perdón que El te ha entregado.
Piensa en el gran privilegio de ser su hijo, y aprende que Dios
no quiere tener un pueblo de fariseos que se saben todas las
reglas de memoria, sino que desea un pueblo de seguidores que lo
aman de todo corazón.

Había un segundo error que se presentó en base a la fiesta en la
casa de Mateo. Se trata de esta idea:

– La salvación que Cristo trae no cabe dentro de las formas
viejas

Llega otro grupo de personas para hacerle una pregunta a Jesús.
Esta vez, son los discípulos de Juan el Bautista. Algunos de los
discípulos de Juan se habían hecho seguidores de Jesús; otros
aún seguían a Juan.

El grupo de personas que siguió a Juan existió por muchas
décadas después de la muerte de Juan. De alguna manera, ellos no
llegaron a entender lo que Juan mismo decía, que él era
simplemente un precursor.

En esta ocasión, se presentan para pedir una explicación del
hecho de que Jesús y sus discípulos no guardaban los días de
ayuno que acostumbraban ellos y los fariseos. Jesús les responde
con algunos ejemplos.

Con el ejemplo del novio, pone la comparación de una fiesta de
bodas. Nadie se viste de luto para una boda; no es apropiado. De
igual modo, su venida era algo nuevo, que merecía una
celebración.

Los siguientes dos ejemplos nos presentan una explicación mayor.
Enfoquemos el segundo. En los días de Jesús, era común hacer
odres para almacenar el vino y otros líquidos. Se usaba el cuero
de algún animal, cosiendo todas las aperturas menos una.

Cuando la piel era nueva, tenía cierta elasticidad. Al
envejecer, se endurecía y se ponía tiesa. Era lógico, entonces,
que se pusiera vino nuevo en odres nuevos. Los gases que emite
el vino durante el proceso de la fermentación harían explotar un
odre viejo y tieso, pero la piel nueva se ajustaría.

Las costumbres de la religión judía eran como un odre viejo. No
que la revelación de Dios en el Antiguo Testamento haya sido una
equivocación; más bien, la revelación que trajo Jesús era algo
tan novedoso y mejor que no podía caber dentro de las viejas
maneras de pensar que tenían los judíos de su día.

Si se tratara de hacer caber a Jesús dentro del sistema judío,
su mensaje se perdería, y el judaísmo mismo sería destruido
también. Se necesitaba una nueva manera de pensar para poder
recibir la nueva revelación de Jesús.

Aún es así. Nosotros no podemos hacer que quepa la verdad de
Jesús dentro de nuestras viejas maneras de pensar, de actuar, de
idear las cosas. Nos hace falta algo totalmente nuevo.

No sé si han notado que de vez en cuando los productos cambian
de envase, aunque no cambia el producto. Siempre me da risa ver
lo que se suele poner en el nuevo envase. Generalmente el
fabricante incluye un anuncio que dice algo así en letras
grandes: ¡Envase nuevo! Abajo, en letra pequeña, vemos: ¡El
mismo gran sabor de siempre! Con eso quieren decir lo siguiente:
no hemos querido gastar dinero en mejorar nuestro producto, así
que simplemente le hemos dado otra vista para que la gente crea
que es mejor.

Con Jesús es muy diferente. Se necesita un nuevo envase,
precisamente porque lo que El trae es radicalmente diferente. Si
tú estás tratando de hacer que Jesús quepa dentro de tu sistema,
de tu manera de pensar, de tus costumbres y tu cultura, nunca
puede funcionar. Terminarás en una confusión total, y te darás
cuenta de que no tienes nada.

Tienes que estar listo para que Dios cambie tus categorías, tu
modo de pensar, de actuar, de ver el mundo. No puedes poner el
vino nuevo del evangelio en los odres viejos de tu antigua
religión, de tu filosofía, de tu perspectiva.

No lo trates de hacer. Cuestiona lo que has creído, levantándolo
ante la luz de la revelación de Jesús para verlo en realidad.
Puede ser que eso que siempre has creído sea un odre viejo.
Deséchalo, y deja que Cristo lo reemplace con las Buenas Nuevas.

Conclusión

Constantemente queremos domesticar la verdad de Dios. Queremos
tomar el León de Judá y volverlo un gatito doméstico. Queremos
que Jesús sea nuestro compañero, nuestro amigo, pero jamás
nuestro Juez y Señor.

El nos llama a tirar por la ventana nuestros intentos de
domesticarlo y más bien permitir que El sea Señor. El nos llama
a dejar de reducir nuestro amor a Dios a una lista de
reglamentos. El nos llama a rechazar los moldes viejos de
nuestras ideas para recibir el vino nuevo del evangelio.

Si tú has estado viviendo con una lista de reglas, con un juego
de normas que te parece todo lo necesario, entrégale ahora tu
corazón a Cristo. Deja que El te transforme totalmente, y que te
renueve la mente.

¿Estás dispuesto a tomar esa decisión?

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Nota para los lectores: el pastor Tony se encuentra de viaje,
por lo tanto, en el día de la fecha estamos enviando un sermón
del Pastor de varios años atrás.

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