Mirar alrededor…

7 Ago

Mirar alrededor…

Hay personas prácticas y las hay emocionales… Si hubiera algo para hacer, generalmente el práctico lo haría, más allá del estado emocional en que se encontrara. Muy rara vez dejaría a un lado responsabilidades para privilegiar estados de ánimo…

Jesús era un hombre práctico en todo sentido. Había llegado a la última etapa de su vida en la tierra y debía enfrentar numerosas situaciones que no eran fáciles de sobrellevar, sumadas a actividades que no podía dejar de lado:

Recordarles a los discípulos a qué había venido…

“He aquí subimos a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, y le condenarán a muerte, y le entregarán a los gentiles, y le escarnecerán, le azotarán, y escupirán en él, y le matarán…” (Marcos 10:33-34)
Afrontar el egoísmo de sus discípulos…

“Ellos le dijeron: Concédenos que en tu gloria nos sentemos el uno a tu derecha, y el otro a tu izquierda” (Marcos 10:37)
Satisfacer las necesidades de la gente que lo seguía…

“…Bartimeo el ciego… pero él clamaba mucho más… Respondiendo Jesús, le dijo: ¿Qué quieres que te haga?…” (Marcos 10:46-51)
Atender las falsas expectativas de la multitud…

“…muchos tendían sus mantos por el camino, y otros cortaban ramas de los árboles, y las tendían por el camino… diciendo: ¡Hosanna! ¡Bendito el que viene en el nombre del Señor…” (Marcos 11:7-10)
En medio de todos estos asuntos para atender, que podían llevarlo a entristecerse por los motivos egoístas que se manifestaban en la gente, El estaba atento a todo lo que ocurría:

“Y entró Jesús en Jerusalén, y en el templo; y habiendo mirado alrededor todas las cosas, como ya anochecía, se fue a Betania con los doce” (Marcos 11:11)
¿Qué es lo que miró Jesús? Pues… todo lo que había en el Templo: objetos, personas, edificio… Luego pasó la noche en Betania y volvió al Templo e hizo lo que correspondía hacer:

“Vinieron, pues, a Jerusalén, y entrando Jesús en el templo, comenzó a echar fuera a los que vendían y compraban en el templo; y volcó las mesas de los cambistas, y las sillas de los que vendían palomas; y no consentía que nadie atravesase el templo llevando utensilio alguno. Y les enseñaba diciendo: ¿No está escrito: Mi casa será llamada casa de oración para todas las naciones? Mas vosotros la habéis hecho cueva de ladrones. Y lo oyeron los escribas y los principales sacerdotes, y buscaban cómo matarle; porque tenían miedo, por cuanto todo el pueblo estaba admirado de su doctrina. Pero al llegar la noche, Jesús salió de la ciudad” (Marcos 11:15-19)
Esta no fue una reacción inmediata: El miró, luego consideró lo que debía hacer. Es interesante entender que Jesús, como hombre no actuaba llevado por impulsos o emociones… Meditaba lo que iba a hacer…

Todo lo que El hacía dejaba alguna enseñanza en los que lo rodeaban y observaban, y El aprovechaba cada oportunidad para enseñarles algo (Marcos 11:12-15 y 27-33)

¿Qué vemos cuando miramos a nuestro alrededor? ¿Actuamos en consecuencia a lo que vemos y somos sabios al hacerlo?

Recordemos: No nos dejemos llevar por impulsos… seamos coherentes en todo nuestro proceder…

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