Cambiar lo que haga falta…

6 Ago

Cambiar lo que haga falta…

A algunas personas les gusta hacer cambios repentinos y drásticos en sus vidas. A otros, no tanto. Algunas personas se levantan por la mañana con la idea ya formada de las modificaciones que harán en su casa, su oficina o su persona. En cambio a otras aún les asusta encarar un nuevo día, si saben que hubo algún cambio durante la noche.

Hay cambios que no podemos evitar: que un terremoto destruya nuestra ciudad, que la gente a nuestro alrededor se aleje de nosotros o muera, que el clima sea impredecible… Otras, más a nuestro alcance podemos decidirlas o elegirlas…

En Marcos 10:17-21 leemos:

“Al salir el para seguir su camino, vino uno corriendo e hincando la rodilla delante de él, le preguntó: Maestro bueno, ¿qué haré para heredar la vida eterna? Jesús le dijo: ¿Por qué me llamas bueno? Ninguno hay bueno, sino sólo uno, Dios. Los mandamientos sabes: No adulteres. No mates. No hurtes. No digas falso testimonio. No defraudes. Honra a tu padre y a tu madre. El entonces, respondiendo le dijo: Maestro, todo esto lo he guardado desde mi juventud. Entonces Jesús, mirándole, le amó, y le dijo: Una cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven y sígueme, tomando tu cruz”
Este joven…

Tenía entusiasmo – “vino corriendo”
Reconocía al Señor – “hincando la rodilla”
Aceptaba su bondad – “maestro bueno”
Sabía que le faltaba algo – “¿qué haré?”
Cuando Jesús le responde en cuanto a lo que parecía “conducta normal” él reconoce que siempre lo ha hecho…

Cuando Jesús le responde con lo que parecía “una actitud nueva” él se entristece y se va…

“Pero él, afligido por esta palabra, se fue triste, porque tenía muchas posesiones” (Marcos 10:21)
¿Somos como este joven? ¿Creemos que por decir que creemos, por seguir las “reglas”, entonces tenemos suficiente para vivir vidas plenas y enfrentar con victoria la eternidad?

Dios nos pide: Que le creamos, que confiemos solo en él, que no dependamos de nada ajeno a El mismo. Y este hecho puede abarcar absolutamente todas las áreas de nuestras vidas y de nuestras relaciones con los demás.

Aceptar esta “condición”, ¿implicaría un cambio radical en nuestras vidas? Posiblemente no en cuanto a las formas, pues ya las tenemos incorporadas a la vida, quizás desde la juventud, pero con casi total seguridad podemos decir que sí en cuanto a actitudes…

“Y si invocáis por Padre a aquel que sin acepción de personas juzga según la obra de cada uno, conducíos en temor todo el tiempo de vuestra peregrinación” (1 Pedro 1:17)
Consideremos nuestro andar diario, y evaluemos qué cosas pueden impedirnos darle absolutamente todo al Señor.

Recordemos: Si caminamos estrechamente con El, todo lo temporal no nos parecerá tan valioso…

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