La verdadera esperanza

2 Ago

El Sermón Dominical
Domingo 1 de Agosto del 2010

La verdadera esperanza
Pastor Tony Hancock

La joven lo siente acostada junto al teléfono, esperando que
suene. La familia lo siente cuando llega una carta de su hijo
que sirve lejos como soldado. El paciente lo siente cuando el
doctor regresa sonriente con los resultados del análisis. ¿Qué
es? Es la esperanza.

Alguien ha comentado que el ser humano es capaz de vivir sin
muchas cosas, pero no puede vivir mucho tiempo sin esperanza.
¿Qué nos ayuda a soportar los problemas del presente, pensando
que el mañana podrá ser mejor? Sólo la esperanza. ¿Qué nos
capacita para dar el último esfuerzo, pensando ver un buen
resultado? Sólo la esperanza.

Nos hace falta la esperanza. Pero ¿dónde la buscamos? Entre
otros lugares, muchas personas la buscan en el gobierno. Cuando
sucede algún desastre, dicen: ¿Por qué no hizo algo el gobierno?
Cuando enfrentan algún problema, preguntan: ¿Cómo me podrá
ayudar el gobierno? Su refrán es éste: el gobierno es mi pastor,
nada me faltará.

Es una gran bendición vivir bajo un gobierno relativamente
estable y relativamente justo, pero el gobierno se conforma de
personas humanas y defectuosas como tú y yo. Por más que se ha
intentado, no se ha podido construir una sociedad perfecta aquí
en la tierra.

¿De dónde, entonces, viene nuestra esperanza? Quizás deberíamos
de hacer como hacen algunos, y simplemente vivir sin esperanza –
tratando de sobrevivir cada día, divirtiéndonos lo más posible
para no enfrentar el vacío. Nuestro corazón nos dice, sin
embargo, que hay más en la vida que esta clase de existencia sin
esperanza.

La semana pasada vimos un episodio de la vida del profeta Elías.
Dios lo levantó como profeta al imperio del norte, conocido como
Israel. Estas diez tribus se habían separado del sur después de
la muerte de Salomón, y habían seguido las costumbres idólatras
de su primer rey, Jeroboán. No obstante, Dios no los dejó sin
testimonio; levantó profetas como Elías y su sucesor, Eliseo,
para llamarlos a regresar a El.

Aunque el pueblo volvió al Señor por un momento bajo el
ministerio de Elías, sus corazones pronto se desviaron
nuevamente. Un poco más de cien años después, Dios se hartó.
Vamos a ver lo que sucedió desde la perspectiva de un profeta
del sur llamado Isaías, y veremos dónde se encuentra la
verdadera esperanza. Leamos, para empezar, Isaías 7:1-2:

7:1 Aconteció en los días de Acaz hijo de Jotam, hijo de Uzías,
rey de Judá, que Rezín rey de Siria y Peka hijo de Remalías,
rey de Israel, subieron contra Jerusalén para combatirla;
pero no la pudieron tomar.
7:2 Y vino la nueva a la casa de David, diciendo: Siria se ha
confederado con Efraín. Y se le estremeció el corazón, y el
corazón de su pueblo, como se estremecen los árboles del
monte a causa del viento.

Las cosas entre Israel y Judá habían llegado a un nivel tan bajo
que Pecaj, el rey de Israel, estaba planeando atacar a Acaz, el
rey de Judá. No confundan a Acaz, rey de Judá, con Acab, el rey
de Israel que vimos la semana pasada. Acab vivió más de cien
años antes de Acaz, y reinó en el norte. Fue un rey malo, como
todos los reyes del norte. Acaz no fue un rey muy bueno, pero al
menos pertenecía a la descendencia del gran rey David.

Cuando le llegó la noticia a Acaz de que Pecaj, rey del norte –
aquí conocido como Efraín – y el rey de Siria se habían aliado
en su contra, nos dice el texto que su corazón se estremeció – y
también se estremecieron los corazones de todo el pueblo, como
los árboles estremecidos por el viento.

Lo que sucede es que, sin esperanza verdadera, el corazón es
inestable. Todo depende de lo que sucede a nuestro alrededor. Si
todo va bien, podemos estar de pie. Tan pronto se presenta un
problema, sin embargo, quedamos sacudidos. Gritamos: ¡Oh! Y
ahora, ¿quién podrá defenderme? Desgraciadamente, el Chapulín
Colorado sólo existe en la televisión, así que tenemos que
buscar socorro en algún otro lado.

Pero hay un camino mucho mejor. Dios mandó a Isaías a
recordársela a Acaz, y a nosotros también. Leamos los versos
3-9:

7:3 Entonces dijo Jehová a Isaías: Sal ahora al encuentro de
Acaz, tú, y Sear-jasub tu hijo, al extremo del acueducto del
estanque de arriba, en el camino de la heredad del Lavador,
7:4 y dile: Guarda, y repósate; no temas, ni se turbe tu corazón
a causa de estos dos cabos de tizón que humean, por el ardor
de la ira de Rezín y de Siria, y del hijo de Remalías.
7:5 Ha acordado maligno consejo contra ti el sirio, con Efraín y
con el hijo de Remalías, diciendo:
7:6 Vamos contra Judá y aterroricémosla, y repartámosla entre
nosotros, y pongamos en medio de ella por rey al hijo de
Tabeel.
7:7 Por tanto, Jehová el Señor dice así: No subsistirá, ni será.
7:8 Porque la cabeza de Siria es Damasco, y la cabeza de
Damasco, Rezín; y dentro de sesenta y cinco años Efraín será
quebrantado hasta dejar de ser pueblo.
7:9 Y la cabeza de Efraín es Samaria, y la cabeza de Samaria el
hijo de Remalías. Si vosotros no creyereis, de cierto no
permaneceréis.

Acaz se estaba preparando para la invasión, revisando el sistema
de agua potable de la ciudad. Al menos no se había quedado
inmóvil ante la amenaza de una invasión; pero se le había
olvidado de dónde venía su verdadera esperanza. Su seguridad no
estaba en los preparativos que podía hacer para la guerra, en
tener agua disponible y soldados armados.

Isaías le dice que, aunque Pecaj de Israel y Rezín de Siria
planeaban quitarlo de su trono e instalar a otro en su lugar,
Dios sabía que eran sólo tizones humeantes. Acaz los veía como
antorchas encendidas que prenderían fuego a toda su nación, pero
el Señor los veía como tizones a punto de apagarse.

La razón por la que Pecaj y Rezín querían invadir la tierra de
Judá era para que los judíos se unieran a ellos en oponerse a
los asirios, que representaban el imperio de más poder de la
era. Isaías ve, por el poder de Dios, que este plan fracasaría;
que los asirios serían victoriosos, y que Acaz no tenía nada que
temer de la amenaza de Pecaj y Rezín.

Es más, dentro de sesenta y cinco años, las diez tribus del
norte serían dispersadas por otras tierras y suplantadas por
gente extranjera. Como lo declara el verso 8, dejarían de
existir como pueblo. Esta profecía se volvió realidad pocos años
después, como lo leemos en 2 Reyes 17:6-11 y 24:

17:6 En el año nueve de Oseas, el rey de Asiria tomó Samaria, y
llevó a Israel cautivo a Asiria, y los puso en Halah, en
Habor junto al río Gozán, y en las ciudades de los medos.
17:7 Porque los hijos de Israel pecaron contra Jehová su Dios,
que los sacó de tierra de Egipto, de bajo la mano de
Faraón rey de Egipto, y temieron a dioses ajenos,
17:8 y anduvieron en los estatutos de las naciones que Jehová
había lanzado de delante de los hijos de Israel, y en los
estatutos que hicieron los reyes de Israel.
17:9 Y los hijos de Israel hicieron secretamente cosas no
rectas contra Jehová su Dios, edificándose lugares altos
en todas sus ciudades, desde las torres de las atalayas
hasta las ciudades fortificadas,
17:10 y levantaron estatuas e imágenes de Asera en todo collado
alto, y debajo de todo árbol frondoso,
17:11 y quemaron allí incienso en todos los lugares altos, a la
manera de la naciones que Jehová había traspuesto de
delante de ellos, e hicieron cosas muy malas para provocar
a ira a Jehová.

17:24 Y trajo el rey de Asiria gente de Babilonia, de Cuta, de
Ava, de Hamat y de Sefarvaim, y los puso en las ciudades
de Samaria, en lugar de los hijos de Israel; y poseyeron a
Samaria, y habitaron en sus ciudades.

Alrededor del año 722 a.C., Israel fue invadida y conquistada.
Oseas, un usurpador que había matado a Pecaj y tomado su lugar
en el trono, murió y la gente fue dispersada.

Para que todo esto se realizara, quedaba muy poco tiempo –
Isaías lo sabía, porque Dios se lo había revelado; pero Acaz lo
ignoraba, y se afligía. Volviendo a Isaías 7:9, encontramos la
frase clave que le declara Isaías: “Si ustedes no creen en mí,
no permanecerán firmes”. En el idioma original, creer y
permanecer firmes son formas diferentes de la misma palabra.

Podríamos tratar de captar la idea diciendo algo así: “Si
ustedes no se afirman en fe, no estarán firmes”. La única forma
de estar firmes es afirmarnos por fe en el Señor. En otras
palabras, la esperanza verdadera viene de confiar en el Señor.
El es el único que conoce el futuro.

En este mundo de inseguridades, podemos desesperarnos por los
peligros. Podemos vivir intranquilos, perplejos, estancados
frente a las dudas. Si conocemos al Señor, ¡no tenemos que vivir
así! Podemos enfrentar el futuro con seguridad, porque conocemos
al que tiene el futuro en la palma de su mano.

¿Qué piensas del futuro? ¿Te asusta? ¿Lo tratas de ignorar? No
tienes que seguir viviendo así. Decídete hoy que te afirmarás en
el Señor. Sólo en El podemos encontrar la esperanza segura.
Isaías se lo dijo a Acaz, y luego le dio una profecía para
confirmárselo. La profecía tenía que ver con la situación
inmediata de Acaz, pero también tendría repercusiones que nos
llegan a nosotros.

Leamos los versos 10-17:

7:10 Habló también Jehová a Acaz, diciendo:
7:11 Pide para ti señal de Jehová tu Dios, demandándola ya sea
de abajo en lo profundo, o de arriba en lo alto.
7:12 Y respondió Acaz: No pediré, y no tentaré a Jehová.
7:13 Dijo entonces Isaías: Oíd ahora, casa de David. ¿Os es poco
el ser molestos a los hombres, sino que también lo seáis a
mi Dios?
7:14 Por tanto, el Señor mismo os dará señal: He aquí que la
virgen concebirá, y dará a luz un hijo, y llamará su nombre
Emanuel.
7:15 Comerá mantequilla y miel, hasta que sepa desechar lo malo
y escoger lo bueno.
7:16 Porque antes que el niño sepa desechar lo malo y escoger lo
bueno, la tierra de los dos reyes que tú temes será
abandonada.
7:17 Jehová hará venir sobre ti, sobre tu pueblo y sobre la casa
de tu padre, días cuales nunca vinieron desde el día que
Efraín se apartó de Judá, esto es, al rey de Asiria.

Isaías le invita a Acaz a pedirle a Dios una prueba de lo que le
acaba de decir. Acaz aparenta ser muy espiritual al decir: “No
pondré a prueba al Señor”. Sin embargo, cuando Dios te invita a
ponerlo a prueba, ¡no es una falta de respeto aceptar su
invitación! Por esto, Isaías le da una prueba.

Esta prueba tendría un cumplimiento inmediato. Una joven –
probablemente de la casa real – tendría un hijo, y
sorprendentemente, le pondría como nombre “Emanuel” – una
palabra que significa “Dios está con nosotros” o “Dios con
nosotros”. Sería una señal para Acaz en el sentido de ser un
nombre sorprendente en medio de la crisis que enfrentaba. Sería
una señal también porque, antes de que el niño supiera discernir
lo bueno de lo malo, los dos reyes a los que tanto temía Acaz
quedarían sin poder. Serían derrotados por los asirios.

Sin embargo, esta profecía no era sólo para Acaz. Isaías lo
indica dirigiéndose a la casa de David, la dinastía de David. Un
día, de esta dinastía nacería un hijo de una virgen, que no sólo
sería llamado Emanuel, sino que realmente sería Emanuel – Dios
con nosotros. Esta profecía tiene un doble cumplimiento, con el
segundo cumplimiento mayor que el primero.

Mateo así lo interpreta en Mateo 1:22-23:

1:22 Todo esto aconteció para que se cumpliese lo dicho por el
Señor por medio del profeta, cuando dijo:
1:23 He aquí, una virgen concebirá y dará a luz un hijo, Y
llamarás su nombre Emanuel, que traducido es: Dios con
nosotros.

Refiriéndose al nacimiento de Jesús, él declara que ha sucedido
para dar mayor cumplimiento a las palabras de Isaías. La joven
desconocida que dio a luz durante el reinado de Acaz y,
sorprendentemente, le puso como nombre a su hijo “Dios está con
nosotros” prefiguraba a una virgen que, siglos después, daría a
luz un hijo que sería realmente “Dios con nosotros”.

Aquí está la realización de la verdadera esperanza. La esperanza
verdadera se realiza por medio de Jesucristo. El vino
humildemente a nacer, a enseñarnos lo que Dios espera de
nosotros, y finalmente a dar su vida en sacrificio por nosotros.
Si nos mantenemos firmemente unidos a El por fe, sabemos que El
nos llevará a estar con El cuando regrese.

Podemos tener esperanza solamente por Jesús. En este mundo, hay
muchas incógnitas; pero hay una seguridad, y esa seguridad está
en Jesús. Sólo El puede darnos un futuro seguro, un futuro a su
lado después de la renovación de todas las cosas. Sólo en El
podemos saber que todo está bajo control, a pesar de las
apariencias.

Dime: ¿está segura tu vida en sus manos? ¿Te has encomendado a
El? ¿Estás viviendo firme en la fe? No tienes que vivir con tu
corazón sacudido como árbol frente al viento. Puedes
fundamentarte en la Roca firme y eterna. Ven hoy a Jesús.
Reconócelo como tu Señor y tu Rey. El es tu verdadera esperanza.

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