El Dios de verdad

27 Jul

El Sermón Dominical
Domingo 25 de Julio del 2010

El Dios de verdad
Pastor Tony Hancock

Una de las estafas más interesantes de la historia del negocio
sucedió a mediados de los años sesenta. La compañía
norteamericana American Express perdió millones de dólares
debido al engaño. Lo que sucedió fue que un empresario, dueño de
una compañía que vendía aceite comestible, descubrió que podría
sacar préstamos usando el aceite como garantía.

Empezó a sacar grandes préstamos usando como aval sus buques
aparentemente llenos de aceite para ensaladas. Los buques
llegaban a los puertos donde los inspectores certificaban que
estaban llenos de aceite. El problema radicaba en la cantidad de
aceite; la realidad era que sólo contenían una mínima cantidad
de aceite, flotando encima de una gran cantidad de agua.

Con esta estrategia el empresario logró engañar a sus acreedores
durante mucho tiempo, pero al fin la estafa salió a la luz. Los
acreedores perdieron mucho dinero, y el dueño de la compañía que
había cometido el delito sirvió siete años de cárcel. Ahora
bien, ¿en qué consistía el problema aquí? Simplemente en que el
aceite que garantizaba los préstamos no era de verdad. Era sólo
una leve capa para crear la apariencia, pero no era de verdad.

El enemigo de nuestras almas tiene una estrategia similar para
destruir nuestras almas. El ha creado una gran multitud de
dioses que las personas adoran, colocando una leva capa de
apariencia sobre una gran cantidad de engaño. Con esta estafa,
pretende costarnos no sólo una fuerte suma de dinero, sino
nuestro destino eterno.

No es una estrategia nueva. Al contrario; ha existido desde hace
muchísimo tiempo. El usó la misma estrategia para engañar al
pueblo de Dios después de la muerte de Salomón, y
lastimosamente, funcionó. Unos cien años después del reinado de
Salomón y la división subsiguiente del reino, surgió un rey en
Israel que fue peor que todos los anteriores.

Aquí cabe aclarar que, después de la división del reino, las
diez tribus del norte se conocen como Israel y la tribu del sur
se conoce como Judá. Antes de la división, Israel era el nombre
de todo el pueblo de Dios; pero ahora representa sólo las diez
tribus del norte, con su capital en Samaria.

En el sur, en Judá, seguían reinando los descendientes de David.
Algunos de ellos eran hombres buenos que buscaban al Señor,
mientras que otros eran hombres malos que adoraban a los ídolos.
En el norte, en cambio, hubo una sucesión de reyes de diferentes
dinastías, y todos eran malos.

Cada uno de ellos siguió el mal ejemplo de Jeroboán, alejándose
de la verdadera fe en el Señor. Las cosas fueron de Guatemala a
Guatepeor hasta que llegó el peor rey de todos, un hombre
egocéntrico y malhumorado. Leamos de él en 1 Reyes 16:29-33:

16:29 Comenzó a reinar Acab hijo de Omri sobre Israel el año
treinta y ocho de Asa rey de Judá.
16:30 Y reinó Acab hijo de Omri sobre Israel en Samaria
veintidós años. Y Acab hijo de Omri hizo lo malo ante los
ojos de Jehová, más que todos los que reinaron antes de
él.
16:31 Porque le fue ligera cosa andar en los pecados de Jeroboam
hijo de Nabat, y tomó por mujer a Jezabel, hija de Et-baal
rey de los sidonios, y fue y sirvió a Baal, y lo adoró.
16:32 E hizo altar a Baal, en el templo de Baal que él edificó
en Samaria.
16:33 Hizo también Acab una imagen de Asera, haciendo así Acab
más que todos los reyes de Israel que reinaron antes que
él, para provocar la ira de Jehová Dios de Israel.

Quizás se acuerden de Acab y su famosa esposa, Jezabel. Ella era
de Sidón, un pueblo vecino, e impulsó en Israel la adoración del
falso dios Baal. Acab se dejó llevar por ella, y la nación llegó
al punto más bajo de su historia hasta ese momento. Fue
precisamente en ese momento tan oscuro que Dios levantó un
portavoz de la verdad. Leamos de él en el capítulo 17, verso 1:
“Entonces Elías tisbita, que era de los moradores de Galaad,
dijo a Acab: Vive Jehová Dios de Israel, en cuya presencia
estoy, que no habrá lluvia ni rocío en estos años, sino por mi
palabra.”

Elías fue usado por Dios para dar su mensaje a este rey rebelde.
El mensaje que le dio fue un mensaje de juicio contra el pueblo,
y también contra Baal, su dios falso. Se creía que Baal mandaba
la fertilidad haciendo que lloviera, y que él cabalgaba en las
nubes. Elías anuncia, bajo inspiración de Dios, que el pueblo
sufriría la falla catastrófica de precisamente lo que ellos
buscaban de manos de su falso dios. No habría lluvia, y por
consecuencia, no habría cosecha.

Mientras tanto, Dios protegió a su vocero. Primeramente, lo
mandó a esconderse en un arroyo, donde los cuervos le traían de
comer. Luego, se secó el agua del arroyo, y Dios lo mandó a
refugiarse del peligro en la boca del león. Lo mandó al pueblo
de Sarepta, en Sidón: el lugar preciso de donde era Jezabel, la
reina malvada de Israel.

Veamos ahora lo que sucedió con Elías en Sarepta. Empecemos en
el verso 10 del capítulo 17, para leer hasta el 16:

17:10 Entonces él se levantó y se fue a Sarepta. Y cuando llegó
a la puerta de la ciudad, he aquí una mujer viuda que
estaba allí recogiendo leña; y él la llamó, y le dijo: Te
ruego que me traigas un poco de agua en un vaso, para que
beba.
17:11 Y yendo ella para traérsela, él la volvió a llamar, y le
dijo: Te ruego que me traigas también un bocado de pan en
tu mano.
17:12 Y ella respondió: Vive Jehová tu Dios, que no tengo pan
cocido; solamente un puñado de harina tengo en la tinaja,
y un poco de aceite en una vasija; y ahora recogía dos
leños, para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo,
para que lo comamos, y nos dejemos morir.
17:13 Elías le dijo: No tengas temor; ve, haz como has dicho;
pero hazme a mí primero de ello una pequeña torta cocida
debajo de la ceniza, y tráemela; y después harás para ti y
para tu hijo.
17:14 Porque Jehová Dios de Israel ha dicho así: La harina de la
tinaja no escaseará, ni el aceite de la vasija disminuirá,
hasta el día en que Jehová haga llover sobre la faz de la
tierra.
17:15 Entonces ella fue e hizo como le dijo Elías; y comió él, y
ella, y su casa, muchos días.
17:16 Y la harina de la tinaja no escaseó, ni el aceite de la
vasija menguó, conforme a la palabra que Jehová había
dicho por Elías.

Dios había visto el corazón de esta viuda, y sabía que ella le
tendría fe, si se le diera la oportunidad. Quizás por su acento,
cuando Elías le habla, ella se da cuenta de que es israelita.
Ella no comparte su fe todavía; se refiere al Señor “tu” Dios.

Pero Elías la llama a confiar. ¿Cómo mostraría esa confianza? Lo
mostraría preparando comida para Elías antes que para sí misma y
para su hijo. Podría parecer egoísta la petición de Elías: que
le hiciera de comer a él primero. En realidad, era una prueba de
la fe de la mujer; si ella suplía las necesidades del siervo del
Señor, mostraría así su fe en su Dios.

Como resultado de su fe, la mujer y su hijo fueron salvos. Esta
mujer extranjera, de la misma nación que la malvada reina
Jezabel, tuvo alimento milagroso mientras que los israelitas
rebeldes pasaban hambre. ¡Qué ironía! Pero aquí vemos la gran
realidad de que Dios no hace acepción de personas, y que El está
buscando personas de fe para bendecir.

¿Cómo se reveló la fe de esta mujer? Se reveló en obediencia. La
obediencia que agrada a Dios es una obediencia que nace de la
fe, que nace de creerle a Dios. La mujer creyó – no con muchas
ganas, por cierto – lo que Elías le dijo, y por consiguiente,
obedeció. El resultado fue bendición y salvación para ella y
para su hijo.

Dios todavía busca personas que simplemente creen lo que El
dice, y como resultado, lo obedecen. Bastantes personas hay que
hablan de su fe en Dios, que cantan de su fe en Dios, que
sienten su fe en Dios, pero pocos hay que llevan su fe a la
obediencia. Esto es lo que Dios está buscando en cada uno de
nosotros.

Sin embargo, llegó una prueba a la fe de esta viuda. Sigamos
leyendo los versos 17 al 24:

17:17 Después de estas cosas aconteció que cayó enfermo el hijo
del ama de la casa; y la enfermedad fue tan grave que no
quedó en él aliento.
17:18 Y ella dijo a Elías: ¿Qué tengo yo contigo, varón de Dios?
¿Has venido a mí para traer a memoria mis iniquidades, y
para hacer morir a mi hijo?
17:19 El le dijo: Dame acá tu hijo. Entonces él lo tomó de su
regazo, y lo llevó al aposento donde él estaba, y lo puso
sobre su cama.
17:20 Y clamando a Jehová, dijo: Jehová Dios mío, ¿aun a la
viuda en cuya casa estoy hospedado has afligido,
haciéndole morir su hijo?
17:21 Y se tendió sobre el niño tres veces, y clamó a Jehová y
dijo: Jehová Dios mío, te ruego que hagas volver el alma
de este niño a él.
17:22 Y Jehová oyó la voz de Elías, y el alma del niño volvió a
él, y revivió.
17:23 Tomando luego Elías al niño, lo trajo del aposento a la
casa, y lo dio a su madre, y le dijo Elías: Mira, tu hijo
vive.
17:24 Entonces la mujer dijo a Elías: Ahora conozco que tú eres
varón de Dios, y que la palabra de Jehová es verdad en tu
boca.

Esta viuda tenía una idea que nosotros a veces también tenemos.
Ella temía que, si se acercaba a Dios, El se empezaría a fijar
en todos sus defectos – y la castigaría por ellos. La presencia
del profeta Elías en su hogar había traído bendición, pero ella
pensaba que también le había traído tragedia.

Sin embargo, resultó ser más bien una oportunidad para que se
manifestara el poder de Dios – pero sólo después de la oración.
Elías intercedió por el niño, y Dios le devolvió la vida – la
primera vez que la resurrección se menciona en la Biblia. Como
resultado, su fe llega a otro nivel; “ahora sé”, dice ella.
Reconoció al Señor como el Dios de verdad.

La misma experiencia se repite en la vida de muchos creyentes.
Nos acercamos al Señor, y al principio, vemos muchas cosas
buenas, muchas respuestas a la oración. Sin embargo, llega el
momento de la prueba. Sucede algo inesperado, y decimos: ¿Qué
pasó? ¿Dónde está Dios? ¿De qué me sirve acercarme a El, si me
va a suceder esto? Reaccionamos exactamente cómo reaccionó la
viuda de Sarepta.

¡Si tan sólo supiéramos que es una oportunidad para que Dios se
glorifique, si respondemos con oración! Pero muchas veces,
cometemos el error de desanimarnos y alejarnos del Señor, y como
resultado, perdemos toda la bendición que El tiene para
nosotros. El es el Dios de verdad, el único; nunca lo debemos de
olvidar.

Luego llegó el momento en que Dios se mostró el Dios de verdad
ante todo el pueblo de Israel. Mandó a Elías para encontrarse
con Acab, el malvado rey de Israel, y citarlo a un
enfrentamiento. Elías primero se encontró con Abdías, un siervo
del rey, que aunque servía en el palacio, temía al Señor. De
hecho, él usó su posición para salvar a varios profetas del
Señor cuando la reina Jezabel los trataba de exterminar.

Elías se encontró con Abdías cuando él y Acab andaban
recorriendo la tierra buscando pasto para las bestias del rey.
¡Qué interesante comentario sobre el corazón de Acab! Su pueblo
se moría de hambre, pero él se preocupaba más por el bienestar
de sus animales, pues los necesitaba para hacer guerra.

Elías convocó a Acab y los sacerdotes de Baal a un
enfrentamiento en el monte Carmelo. Les animo a leer la historia
completa en sus casas, porque es emocionante. Leamos de qué se
trataba el enfrentamiento, en el capítulo 18, versos 22-24:

18:22 Y Elías volvió a decir al pueblo: Sólo yo he quedado
profeta de Jehová; mas de los profetas de Baal hay
cuatrocientos cincuenta hombres.
18:23 Dénsenos, pues, dos bueyes, y escojan ellos uno, y
córtenlo en pedazos, y pónganlo sobre leña, pero no pongan
fuego debajo; y yo prepararé el otro buey, y lo pondré
sobre leña, y ningún fuego pondré debajo.
18:24 Invocad luego vosotros el nombre de vuestros dioses, y yo
invocaré el nombre de Jehová; y el Dios que respondiere
por medio de fuego, ése sea Dios. Y todo el pueblo
respondió, diciendo: Bien dicho.

El propósito del enfrentamiento era ver quién era el Dios de
verdad.

Los profetas de Baal empezaron con sus danzas, cortándose y
haciendo cualquier cantidad de escándalo. Sin embargo, no hubo
ninguna respuesta. Duraron horas en su algarabía, pero no pasó
nada. Luego, se levantó Elías. Mandó primero que empaparan el
sacrificio del Señor con agua, para que se viera que lo que iba
a suceder no era ningún accidente.

Luego, hizo una oración. Leámosla, en los versos 36 y 37:

18:36 Cuando llegó la hora de ofrecerse el holocausto, se acercó
el profeta Elías y dijo: Jehová Dios de Abraham, de Isaac
y de Israel, sea hoy manifiesto que tú eres Dios en
Israel, y que yo soy tu siervo, y que por mandato tuyo he
hecho todas estas cosas.
18:37 Respóndeme, Jehová, respóndeme, para que conozca este
pueblo que tú, oh Jehová, eres el Dios, y que tú vuelves a
ti el corazón de ellos.

¡Qué sencillo! Nada de gritos, nada de cuchillazos y danzas,
sólo una sencilla oración – pero Dios respondió. El verso 38 nos
da el resultado: “Entonces cayó fuego de Jehová, y consumió el
holocausto, la leña, las piedras y el polvo, y aun lamió el agua
que estaba en la zanja.” Cuando nuestro corazón está bien,
cuando somos guiados por el Espíritu, no tenemos que hacer mucho
escándalo para que Dios nos escuche. Sólo tenemos que orar.

Con esta respuesta a la oración de Elías, se mostró quién era el
Dios de verdad. El pueblo respondió, declarando que el Señor es
el Dios verdadero. Su convicción no duró mucho tiempo; la
mayoría regresó a la idolatría, aunque muchos siguieron fieles
también. Pero Dios se mostró verdadero.

Siglos después, se levantó otro hombre en el espíritu y poder de
Elías. El se llamaba Juan el Bautista, y Jesús habló de él en
Mateo 17:11-12:

17:11 Respondiendo Jesús, les dijo: A la verdad, Elías viene
primero, y restaurará todas las cosas.
17:12 Mas os digo que Elías ya vino, y no le conocieron, sino
que hicieron con él todo lo que quisieron; así también el
Hijo del Hombre padecerá de ellos.

Como Elías, llamó al pueblo a regresar al Señor. Como Elías, fue
rechazado y hostigado por el rey de su tiempo. De hecho, perdió
la cabeza por el ministerio – literalmente, pues Herodes lo
mandó decapitar.

Vino a preparar el camino para Jesús, para que lo reconociéramos
como Señor y Salvador. Sobre un monte, Elías hizo un sacrificio
para que el pueblo reconociera que el Señor es el Dios de
verdad. Sobre otro monte, Jesús se sacrificó a sí mismo para que
lo reconociéramos como nuestro Señor, el Dios de verdad.

Sólo podemos conocer a Dios de verdad por medio de Jesucristo.
Como la viuda de Sarepta, tenemos que creer y obedecerle. ¿Has
llegado a conocer al Dios de verdad por medio de Jesucristo?
¿Reflejas en tu vida la obediencia que nace de la fe?

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– ¡Visita la página web del Pastor Tony Hancock!
http://www.pastortony.net

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