Por beber agua con arsénico hay 4 millones de personas en riesgo

20 Jul

El origen de su presencia es geológico. El consumo prolongado puede provocar lesiones en la piel y cáncer. La Argentina es uno de los países con mayor población expuesta. Pero se puede prevenir. Expertos reclaman la intervención del Estado.

Parece poquísimo, 0,015 miligramos por litro. No se detecta a simple vista, ni tampoco lo percibe el gusto. Pero se trata de arsénico en el agua -tanto de pozo como de red-, y su consumo prolongado puede provocar lesiones en la piel y cáncer. Es un grave problema de salud pública, ya que más de 4 millones de personas corren riesgo de enfermarse e incluso morir por esta causa.

El origen del arsénico es natural, y se debe a procesos geológicos. Una investigación publicada en 2006 por la Secretaría de Ambiente de la Nación identificó áreas arsenicales en al menos 16 provincias (435.000 kilómetros cuadrados). De hecho, la Argentina es uno de los países con mayor población expuesta en el mundo.

Identificada desde principios del siglo XX, la enfermedad se conoce como hidroarsenicismo crónico regional endémico (HACRE), y puede aparecer luego de un período variable de exposición a niveles mayores a 0,010 miligramos por litro en agua de consumo diario (bebida y cocción de alimentos). Se caracteriza por numerosas lesiones y tumores en la piel, sobre todo en zonas no expuestas al sol.

“Estos tumores malignos pueden ser una manchita con escamas en la superficie. Hay lesiones que son nódulos, otras que parecen úlceras, otras como verrugas. También pueden aparecer lesiones en palmas de las manos y plantas de los pies, la queratodermia, donde se ve la piel engrosada y de color más oscuro”, explica la doctora Ana Acosta, de la Sociedad Argentina de Dermatología. Precisamente la SAD hará una campaña durante la semana próxima, para concientizar a la población y a los propios especialistas.

El consumo crónico de agua con arsénico también es un factor de riesgo alto para el cáncer de vejiga y de pulmón. Además está asociado a diabetes, neuropatías, hipertensión y nefropatías. Los más vulnerables son los niños, las mujeres embarazadas y en lactancia, las personas desnutridas y los pacientes renales y hepáticos. Sin embargo, se ignora por qué en un mismo hogar puede haber un nieto enfermo y una abuela sana.

“Todo el sistema de atención médica tiene una débil conciencia sobre el tema -señala el director de Determinantes Ambientales del Ministerio de Salud, Ernesto de Titto-. Hicimos un programa de capacitación en muchas provincias, pero no hay un registro adecuado: nadie puede decir cuánta gente enferma hay”. Acosta subraya que pocos dermatólogos saben reconocer una enfermedad que se puede frenar, pero no tiene cura.

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