Dios purifica…

20 Jul

Dios purifica…

Leer Salmo 51

“Dios exige realidad, sinceridad, verdadera santidad, fidelidad del corazón. No tiene interés en la pureza pretendida; mira la mente, el corazón, el alma. El Santo de Israel siempre ha estimado a los hombres en su naturaleza interior, y no en lo que profesan exteriormente; para Él, lo interior es tan visible como lo exterior, y juzga rectamente que el carácter esencial de una acción se halla en el motivo del que la ejecuta” (Charles Spurgeon)

El Salmo 51 es uno de los clásicos pasajes de la Escritura acerca del arrepentimiento del hombre y el perdón de Dios. Junto con el Salmo 32 fue escrito por David después de su relación con Betsabé y el asesinato de Urías. La Biblia es bien certera acerca de la opinión de Dios sobre estos eventos: “Mas esto que David había hecho fue desagradable ante los ojos de Jehová” (2 Samuel 11:27)

Comienza el salmo pidiendo Perdón…

“Ten piedad de mi, oh Dios, conforme a tu misericordia; conforme a la multitud de tus piedades… Porque yo reconozco mis rebeliones, y mi pecado está siempre delante de mí. Contra ti, contra ti solo he pecado… He aquí, en maldad he sido formado, y en pecado me concibió mi madre” (Salmos 51:1-5)
Cuando David cometió su horrendo pecado, aunque las víctimas inmediatas fueron Urías y Betsabé, él reconoce su transgresión como una ofensa directa a la Persona de Dios.

David como un penitente clama por misericordia… El modelo del publicano presentado por el Señor Jesucristo nos da una idea de este clamor: “Dios, sé propicio a mi pecador” (Lucas 18:13). Aunque Natán le había asegurado “Jehová ha perdonado tu pecado, no morirás” (2 Samuel 12:13), su conciencia atribulada le impedía perdonarse a sí mismo, por lo cual su deseo era encontrar en la Misericordia de Dios el consuelo para su culpa y aflicción…

Continúa expresando su anhelo de Purificación…

“He aquí, tú amas la verdad en lo íntimo, y en lo secreto me has hecho comprender sabiduría. Purifícame, con hisopo y seré limpio; lávame, y seré más blanco que la nieve… Esconde tu rostro de mis pecados, y borra todas mis maldades. Crea en mí un corazón limpio…Y vuélveme el gozo de tu salvación…” (Salmos 51:6-12)
David sabía que El Señor escudriña lo más profundo de los corazones y es por eso que busca una purificación completa basada no en actos exteriores sino en realidades profundas del alma arrepentida.

Cuando dice “purifícame con hisopo” se refiere a la ceremonia legal por la cual se purificaba a quien hubiera tenido contacto con un cadáver. De esta manera David esperaba ser purificado para gozar nuevamente de la comunión con Dios sin manchas por el pecado.

Esperaba también que el perdón y la purificación trajesen aparejados la certeza, la seguridad y el consuelo que solo se encuentra en una relación viva con Nuestro Señor. Un “corazón nuevo” y la seguridad de que Dios puede seguir usándole son beneficios inapreciables para el salmista en esta etapa de su vida…

Termina el salmo esperando una nueva Participación…

“Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos… Señor abre mis labios, y publicará mi boca tu alabanza… Los sacrificios de Dios son el espíritu quebrantado; al corazón contrito y humillado no despreciarás, tú, oh Dios…” (Salmos 51:13-19)
Como dijera Mathew Henry: “Él mismo había sido transgresor y, por eso, podía hablar a los transgresores de su propia experiencia”. John Newton, el autor del himno “Sublime Gracia” y quien fuera en su juventud capitán de un barco que transportaba esclavos dijo antes de morir: “Mi memoria casi se ha ido, pero recuerdo dos cosas: que soy un gran pecador, y que Cristo es un gran Salvador.”

Recordemos: En Cristo hay perdón suficiente para un gran pecador…

DECH
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